Capítulo 28: Lazos
Se dice que los sueños son influenciados por nuestras experiencias. Si nos pasa algo malo cabe la posibilidad de que tengamos pesadillas, de la misma forma que si tenemos un buen día quizás resulte en un buen sueño.
Eso es asumiendo que soñemos en primer lugar, pues también es probable que no tengamos ningún sueño.
Lo miró intensamente. Tenía cabello negro muy oscuro, pero para ella esa oscuridad brillaba más que el sol. Sus ojos eran un azul más bonito que el cielo mismo, le cegaba el solo mirarlos. Su nariz era perfecta, no había otra palabra para describirla, simplemente perfecta. Sus labios siempre fruncidos, tan buenos en sabor como en imagen, . Sus mejillas que tenían tres bigotes, como los de un gato le daban un toque adorable a sus más que masculinas facciones.
Suspiro sin darse cuenta, y rogó porque él no se diera cuenta, no quería que pensara que ella era rara, pero es que podría mirarlo una eternidad y no se aburriría. 'Menma-kun…'
Y de repente todo oscureció...
"Hinata, debo serte sincero. Esto ya no puede seguir más. Debemos terminar." dijo Menma mirándola intensamente. Nunca se dio cuenta del dolor que sus ojos reflejaban, quizás porque en ese momento ella estaba más distraída con su propio dolor, pero ahora podía verlo, ahora podía ver a través de la mentira. Él no quería separarse de ella.
Su inmensa felicidad se convirtió en tristeza. Lágrimas brotaban de sus ojos, quería abrir su boca, gritarle que no la deje, que no se separe de ella, pero por más que intentaba las palabras no salían de su boca...
"Tch, ¿Sabes qué? No me importa, tú y yo no tenemos nada de qué hablar. Vete de aquí." dijo Menma cruelmente. Esta vez ella sabía que era mentira. Sus palabras le dolían como si fueran puñaladas, pero ya no lo permitiría más. Esta vez ella no dejaría que él se fuera.
El comenzó a alejarse, su imagen empezaba a ser absorbida por la oscuridad...
"Joder, ¡Lárgate! ¡¿Qué acaso no ves que estorbas?!" gritó Menma desesperado. Ella sentía como si la hubieran abofeteado, pero se lo perdono. Ella sabía que no era verdad, que lo hacía para protegerla, pero ahora ella no era la única que necesitaba protección.
Finalmente lo alcanzó, tomó su mano y lo jaló fuera de la oscuridad.
Pero ya era muy tarde...
Su oscuro pelo ahora era carmesí por la sangre, sus ojos azules estaban sin brillo, su nariz ya no inhalaba el aire vital que sus pulmones necesitaban, su boca estaba medio abierta y sangre corría por la comisura de sus labios, y sus mejillas estaban cubiertas por el líquido vital que había sido derramado.
No.
No.
No.
"¡NOOOOOOOOO!"
"¡Hinata!"
"¡Hay que calmarla, no dejen que se haga daño!" rápidamente Hinata se vio fuertemente agarrada por Naruto y Kakashi, quienes trataban de calmarla. Sin embargo Hinata siguió gritando y tratando de liberarse por la fuerza. ¡Debía salvarlo, debía salvar a Menma!
"¡Pensé que la vacuna no tenía efectos secundarios!" le escuchó decir a uno de los que la agarraban. Sin embargo ella no le prestó atención y siguió tratando de liberarse.
"Y no los tiene, quizás tuvo una pesadilla o algo." respondió una pelirrosa que estaba parada en la puerta de la habitación.
¿Sakura?...
"Demonios… Hinata, ¡Hinata!" su atención de nuevo regresó a la persona que le agarraba su brazo derecho, un chico de pelo rubio y ojos extraños. "Escucha, no te vamos a hacer daño. Vamos a hablar, pero tienes que calmarte."
Viendo que no podía hacer nada más que obedecer la Hyuga asintió lentamente. El rubio le dio una mirada a quien le agarraba su brazo izquierdo y juntos la dejaron libre. Por la esquina de sus ojos miró a esta persona notando su apariencia, un hombre de pelo plateado muy extraño. Tenía una bandana cubriendo uno de sus ojos y una máscara de tela cubriendo la parte baja de su cara. Era la primera vez que Hinata veía a alguien así.
"Joder, esto va a dejar marca." comentó el peliplata mientras veía su brazo que había sido arañado y estaba sangrando profusamente.
Sakura viendo esto se movió rápidamente a asistirlo. "Déjame revisar eso." dijo tomándole el brazo. Empezó a limpiarle la sangre pero esta no paraba de brotar.
"Yo… lo siento…" trató de disculparse Hinata, pero sus palabras no sonaban honestas. Estaba en un lugar desconocido llenos de personas desconocidas, lo último que le importaba era el bienestar de estos.
"Hinata," la pelinegra se volvió a enfocar en el rubio de ojos extraños. "Se que debes estar asustada, yo también lo estaría, pero te prometo que no te haremos daño." dijo el rubio.
Hinata lo miró fijamente.
"No tienes prueba de eso." dijo sin tartamudez. La pelinegra se hubiera sorprendido pues ella siempre se tropezaba en sus palabras, pero esta vez su vida no era la única que estaba en juego sino también la vida de su bebé, el hijo de su amado. No se podía permitir ser débil.
"Quizás no tenga pruebas, pero al menos déjame decirte mi nombre. Me llamo Uzumaki D. Naruto… y soy el hermano de Menma." dijo el rubio. Esto la sorprendió de sobremanera, ella sabía que Menma tenía un hermano pero no esperaba encontrarlo aquí, siendo el Mizukage.
"Quizás tú no me conozcas, pero yo sí te conozco a ti." continuó. "Menma hablaba mucho de ti. No había duda de su amor por ti. Él te amaba mucho y..." Naruto no pudo continuar, su voz se quebró un poco y tuvo que tomar aire. No lo culpaba, a ella también le dolía la muerte Menma.
"¿Podrían dejarnos solos?" preguntó Naruto después de calmarse un poco. Kakashi y Sakura viendo que Hinata no atacaría decidieron que no había problema.
"Ven conmigo Kakashi, debemos ponerle una venda ese brazo." dijo la pelirrosa.
"Hai." sin más preámbulos los dos se retiraron dejando a Hinata y Naruto solos.
El silencio inundó la habitación. Naruto había tomado asiento en una silla paralela a la cama mientras que Hinata solo miraba al frente perdida en sus pensamientos. El silencio se pudo extender por horas pero al final alguien debía hablar. Fue Naruto quien hizo los honores y honestamente Hinata le agradeció por lo bajo. Aún estaba un poco confundida con la situación.
"Así que estás embarazada." comentó Naruto evadiendo hablar de la muerte de Menma.
"H-hai." ahora que se encontraba sola y sabía que Naruto era el hermano de su amado ella deseaba dar una buena impresión, aunque eso solo la terminó ofuscando. Maldito sea el sonrojo de sus mejillas...
"¿Es de Menma?" su voz la sacó de sus pensamientos y tuvo que pasar un segundo para registrar las palabras en su cabeza. Cabe decir que estaba ofendida. Muy ofendida.
"Claro q-que sí." le dijo un poco molesta.
Lo vio volver a tomar aire y hundirse en sus pensamientos. ¿Qué estaría pensando? Seguramente de la muerte de Menma… Hinata rápidamente eliminó esos pensamientos, lo último que quería era romper en llanto.
Entonces Naruto pareció volver a la realidad, dándole una mirada tan intensa que casi le dio un escalofrío. Esa mirada se parecía demasiado a la de Menma...
"Yo me encargaré que a ti y a el bebé no les falte nada. Mientras se mantengan dentro de Kiri estarán seguros, más ahora que yo soy Mizukage."
Naruto tomó sus manos entre las suyas y su mirada se volvió intensa.
"No se si te interesa, porque ahora seguramente te preocupe más la seguridad del bebé sobre todas las cosas. Pero te juro… te prometo, que mataré el desgraciado que les robo su felicidad."
Sin más que decir Naruto se levantó de la silla en dirección a la salida, dejando a una estupefacta pero en el fondo agradecida Hinata.
En el mar un solitario barco se desplazaba veloz con rumbo a una isla del Gobierno. Era obvio para quien lo viera que su tripulación tenía prisa, pues el barco se enfrentaba a las olas de una forma salvaje sin importarle el bienestar de su estructura. Estructura que por cierto tenía dos gigantes serpientes marinas que ayudaban a cargar el barco, sin duda algo que no se veía todos los días.
Pero eso no era lo importante, lo importante era la capitana del barco: una mujer enamorada que no deseaba más que encontrarse con su amado.
¿El nombre de la mujer? Boa Hancock, claro está.
Hancock era muchas cosas. Bella, orgullosa, fuerte, y como ya mencionamos antes, estaba enamorada. Muchos dirían incluso que su enamoramiento rozaba la obsesión.
Ella no lo negaría.
¿Y cómo no podría estar obsesionada, si el hombre objeto de sus sentimientos no era nadie más Uzumaki D. Naruto? Era imposible no obsesionarse. O al menos eso pensaba ella.
Sin contar los múltiples títulos que se le reconocían al exquisito hombre, ( porque a ella no le importaban) Naruto fue quien la rescató de su esclavitud, él le dio su libertad. Y por si eso no fuera poco él no le pidió nada a cambio. ¿Tesoros? No. ¿Tierras? No. ¿Riquezas? Tampoco. El no le pidió absolutamente nada. Nulo. Cero.
Él también era todo un caballero, además de culto e inteligente. Gracioso incluso, pero sin rayar la estupidez que muchos (todos) los hombres tenían. Era perfecto.
Bueno... casi perfecto, pues también habían cosas que no le gustaban de su Naruto-sama. Para empezar está el tema de los dulces: a Naruto le encantaban los dulces. Ella no lo culpaba, pues ella amaba los dulces como cualquier otro ¡Pero Naruto-sama exageraba! Tenía una barra de chocolate para cada ocasión, comía postres en cada comida e incluso le echaba un frasco entero de azúcar a su café. ¡Un frasco entero!
Además estaba el tema del sueño: Naruto-sama tendía a pasar noches enteras sin dormir. Ella sabía por experiencia propia lo cansado que era pasar una noche sin dormir, al siguiente día era difícil mantener los ojos abiertos y los pensamientos no fluían con normalidad. El cuerpo necesita descanso y usualmente Naruto-sama no se lo daba.
Pero no hay de qué preocuparse, cuando ella sea su esposa se encargará de corregir todo eso. ¡Ella estará ahí para apoyarlo, y a cambio su Naruto-sama le dará todos los hijos que ella quiera!
Hancock se sonrojó, quizás se había vuelto un poco pervertida desde que se enteró cómo se hacen los bebés...
Sus (pervertidos) pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de la puerta, la cual reveló a una de las miembros de su tripulación, una joven de cabello rubio rizado. ¿Cómo se llamaba? Honestamente no se acordaba, llevaba poco tiempo como capitana por lo que le costaba recordar el nombre de sus Nakamas.
"Hancock-sama, llegaremos pronto a nuestro destino."
"Entiendo, estaré ahí en un momento. Gracias por el aviso." le respondió.
"A su servicio, Hancock-sama." dijo la joven en tono respetuoso mientras se retiraba.
Respeto. Eso era lo que todo su clan tenía hacia ella. Se sentía muy extraño pues en sus últimos años ella había sido tratada como basura, pero definitivamente no se sentía mal. Podría decir que lo disfrutaba, pero estaría mintiendo. A ella poco le importaba el respeto de unos desconocidos. Sí, podrían ser su clan y todo, pero al haber sido secuestrada desde muy pequeña y pasando la mayor parte de su vida en otro lugar hacían que todas las Kuja se convirtieran en desconocidas.
La única razón por la que logró convertirse en su emperatriz es porque las Kuja valoran belleza y lealtad sobre todas las cosas, y ella excediendo en estas dos características se le hizo muy simple tomar el control del clan. La anciana del clan había intentado evitar su ascenso como emperatriz, pero ella se había vuelto una Shichibukai y gracias a eso había firmado un contrato de protección para la isla. Básicamente mientras ella sea leal al gobierno este no mandaría sus Marinos a Amazon Lily, manteniendo sus secretos protegidos.
En resumen, se había convertido en una pieza clave para la supervivencia del clan por lo que la desgraciada anciana no podía quitarle su título de líder. Igual se lo tenía merecido por ser una mandona. La vieja no le caía mal, pero es que siempre andaba hablando de tradiciones y demás chorradas y eso a ella le sacaba de quicio.
Ahora que ella tenía a todo el clan bajo su mando se preguntaba: ¿Por qué regresó con las Kuja en primer lugar? Al principio había sido por orgullo. Cuando fue una esclava fue lo único que tenía, orgullo de ser una Kuja. En cierta forma fue lo que le ayudó a mantener la cordura, pero ahora que había regresado se había dado cuenta de que todo el clan no eran más que desconocidos para ella.
Que decepción.
Luego pensó que la razón de su regreso fueron sus hermanas. Pero además de la marca de esclavo que las unía como mártires la verdad es que ellas no eran muy cercanas, cuando eran esclavas ellas servían bajo distintas familias nobles, solo coincidiendo cuando estos hacían una fiesta o reunión.
Naruto-sama y los Samsara fueron más familia para ella en comparación con sus hermanas de sangre. Y eso teniendo en cuenta que solo convivieron por una semana.
¿Se arrepentía de rechazar la invitación a la banda de los Samsara? Sí, sí se arrepentía. Pero ella había aceptado ser la emperatriz de las Kuja y ella afrontaría la responsabilidad.
Tomando su abrigo de capitana y levantándose de su silla Hancock se dispuso a salir de su habitación. Quizás ser emperatriz no había estado en sus planes, pero mientras la responsabilidad no se meta entre ella y su Naruto-sama entonces no habría problemas.
Naruto se encontraba en su oficina. El lugar era un desastre lleno de escombros y polvo, pero era funcional.
Sin embargo a Naruto nada de eso le importaba al momento. Él se encontraba revisando unos archivos muy importantes, en específico los periódicos de los últimos días.
Quizás piensen que unos simples periódicos no eran tan importantes, pero es que en Kiri los periódicos no eran de dominio público, o al menos no lo han sido desde que Komura bloqueó el ingreso de información al país.
'Semejante estupidez. Todos los ciudadanos están completamente desinformados de lo que ha pasado en el mundo en los últimos años.'
Naruto pensaba cambiar eso, pero no había podido hacerlo porque habían otros asuntos más importantes de los que hacerse cargo.
Qué mala decisión.
Con lo ocupado que estaba no había tenido tiempo de leer los periódicos de los últimos días. Y como aún no había cambiado las leyes el único que tenía acceso a estos era él y nadie más que él, por lo que nadie le hubiera podido avisar de las últimas noticias.
Sino fuera por lo de Konoha no se hubiera enterado de la muerte de Menma en semanas.
"Y mucho menos de esto…" murmuró Naruto mirando al periódico del día, recién entregado por las aves del Gobierno. En la portada con letras grandes y negrita decía: 'El Gobierno convoca reunión de Shichibukai'.
Naruto apretó el periódico y suspiró molesto. Con lo lejos que le quedaba esa isla tendría que salir inmediatamente para llegar a tiempo, y con los problemas de Kiri los ancianos se la pondrían difícil para ir, y además con la decisión que había llegado acerca de la banda de los Samsara, y para rematar aún no se lo había contado a sus miembros, y…
"Argh…" Naruto apoyó su frente sobre el escritorio dando otro suspiro molesto. Tenía un dolor de cabeza intenso y se le habían acabado sus chocolates. Sin su consumo diario de azúcar los dolores de cabeza lo matarían. "Ya que… no hay nada que hacer."
Sin más Naruto se levantó y tomó su chaqueta, no se podía permitir desperdiciar tiempo.
Antes que pudiera salir sin embargo la puerta de la oficina se abrió mostrando a su secretaria, quien traía una pila de papeles.
"¿Va a salir a algún lugar, Mizukage-sama?" pregunto al verlo con su chaqueta puesta.
"Si. Es más, me demoraré unos días, por lo que agradecería si le pudieras avisar al consejo." le dijo el rubio.
La pobre secretaria se puso pálida.
"E-ellos no estarán muy felices con su salida…" comentó nerviosa la pobre secretaria. Realmente no quería ser ella la portadora de malas noticias.
Sintiendo su nerviosismo Naruto le sonrió.
"Me parece que aún no nos hemos presentado. Dime, ¿Cuál es tu nombre?"
La muchacha se sonrojó ante su sonrisa y respondió de forma tímida
"Karin, Mizukage-sama."
"Llámame Naruto."
"O-ok, Naruto-sama." la pobre chica por su parte estaba emocionada ¿Acaso el apuesto joven estaba tratando de conquistarla? ¿Será que ella se convertiría en la señora Uzumaki?
"Karin…" sus pensamientos fueron interrumpidos por el 'apuesto joven'. Naruto se acercó a ella hasta el punto donde podía sentir su respiración. Su cercanía hizo que la pelirroja se sonrojara aún más, su cara igualando el mismo rojo que su pelo. "...¿Puedes hacerme un favor?"
La pelirroja asintió como pudo, completamente excitada con la situación.
Naruto le puso algo en sus manos y acercó sus labios hasta que casi se estaban tocando.
"Dale esto al consejo y diles que no volveré en unos días." susurró Naruto, luego se alejó y salió de la habitación.
A Karin le tomó un segundo para registrar sus palabras, pero cuando lo hizo se derrumbó en el suelo.
"Me ha engañado…" dijo deprimida. Luego se lamió los labios. "Pero no importa porque es un bombón."
La chica se quedó en el suelo soñando en las cosas que le haría al rubio cuando regrese.
En un lugar lejano cierta emperatriz Kuja tuvo ganas de asesinar a todas las pelirrojas del mundo.
Naruto salió del bosque, en frente de él estaba la playa, oscurecida con la característica niebla del país. Habían pasado unas cuantas horas desde su enfrentamiento con Sasuke y los demás de Konoha por lo que ya estaba cayendo la noche.
Caminó lentamente y sus ojos captaron la imponente figura del 'Perla Negra', su adorado barco. Sus días como capitán de los Samsara habían sido divertidos, pero parece que llegaron a su fin. No quería que sus Nakamas se involucren en el camino que él iba a tomar, era demasiado oscuro y sangriento.
Sus pensamientos fueron cortados por el sonido de unos pasos que venían detrás de él, seguido de una voz conocida.
"Parece que llegamos justo a tiempo." dijo Kakashi. Junto a él venían Sakura y Suigetsu. "¿Dónde va, capitán? No nos dijo nada acerca de un viaje…"
Naruto no se volteó, les siguió dando la espalda mientras observaba al Perla Negra.
"El viaje al que voy a partir… es personal. No quiero que se involucren, es más, tengo algo importante que decirles."
Finalmente se dio la vuelta, su mirada era seria, sin emociones. Incluso Kakashi sintió un poco de miedo ¿Qué les iba a decir que lo ponía de tan mal humor?
Finalmente Naruto habló, sus palabras lentas y claras.
"Desde este momento la banda de los Samsara queda oficialmente disuelta. Son libres de hacer lo que deseen desde ahora."
El viento sopló con fuerza, sacudiendo los árboles y provocando que la temperatura baje considerablemente, pero ni eso enfrió el terrible calor que se podía sentir en la escena de la enigmática banda.
No fue sorpresa para Naruto cuando Suigetsu fue el primero en reaccionar.
"¡¿Qué mierda está diciendo, capitán?!" gritó confundido y furioso el peliblanco.
"Tal como lo escuchaste, te he liberado. Puedes unirte a otra banda si así deseas, pues los Samsara han quedado disueltos." respondió sin titubear.
"¿Disuelta? ¿Unirme a otra banda? Me disculpa capitán, pero todo lo que está diciendo son un montón de estupideces."
"Suigetsu, escúchame…"
"No, usted escúcheme. ¿Qué pasó con lo de conseguir la paz? ¿Qué pasó con lo de nunca abandonar a los Nakamas?"
"Mis objetivos han cambiado. No… no cambiaron. La verdad es que siempre me estuve mintiendo a mí mismo." un recuerdo le vino a la mente: La vez que Kakashi lo confrontó acerca de sus objetivos.
"¡No! ¡No me vengas con esa mierda de detener una guerra, porque a mi eso me suena sólo como una triste razón para cumplir tu venganza contra Konoha y todas las Naciones no afiliadas!"
"Me he dado cuenta que la paz es algo que el mundo no podrá alcanzar… al menos no hasta después que yo muera, quizá después de miles de años. ¿Cuál es el punto de buscar la paz si no estaré vivo para disfrutarla? Quizás no sea una persona malvada, de esas que van buscando el mal para los demás, pero tampoco soy un santo que desea la paz mundial. No lo soy, no lo fui y nunca lo seré. Les he estado mintiendo, a ustedes y a mí mismo, es por eso que no puedo seguir siendo su capitán."
"Así que sus objetivos han cambiado…" comentó Kakashi esperando que Naruto elaborara.
"Así es. Mi nuevo objetivo es venganza… no, no venganza sino redención. La muerte de Menma fue el último clavo del ataúd, es hora de hacer justicia por todos los males que le han causado a mi familia."
El rubio miró al cielo, pensando en todo lo que le esperaba. Con los desafíos de su objetivo en mente Naruto continuó.
"El camino que he tomado es muy oscuro, lleno de dificultades y sangre. Es algo que tengo que hacer solo, no quiero que ustedes sean expuestos a la oscuridad que me depara. Quizás haya abandonado mi sueño de la paz mundial, pero nunca abandonaré a mis Nakamas. Jamás me perdonaría si algo les pasara."
"Un poco tarde para eso ¿No?" dijo Kakashi.
"Así es, después de mandarnos a pelear una guerra y ponernos en mucho peligro, que mal capitán…" comentó Sakura.
"Yo casi me muero, si no fuera por Sakura ahora no la contaría. ¡Usted tiene que tomar responsabilidad!" declaró Suigetsu.
Naruto estaba shockeado.
"Chicos…"
"Lo siento, pero no podemos dejar ir a un capitán tan irresponsable. Tendremos que acompañarlo para asegurarnos que corrija su actitud." dijo Kakashi burlón.
"Así es capitán, ¡no crea que se deshará de nosotros tan fácilmente!" dijo Suigetsu.
Sakura también dio un paso al frente.
"No importa que tan oscuro sea su camino, nosotros estaremos siempre ahí, ¡porque nosotros nunca abandonamos a un Nakama!"
Naruto estaba sin palabras, simplemente demasiado sorprendido para hablar, para pensar. La situación era demasiado ridícula...
Parece que sí había elegido bien a sus Nakamas…
"Je… Jeje… ¡JEJEJEJEJEJE!" su risa retumbó por toda la playa. "Ok… supongo que deshacerme de ustedes no será tan fácil ¿eh? En ese caso no tengo más opción que reiniciar la banda de los Samsara. Bienvenidos de vuelta." dijo Naruto con una cálida sonrisa.
"Ja, nuestra separación no duró más de cinco minutos." comentó Kakashi.
"Hmp, es porque somos los mejores." dijo Suigetsu.
De repente Naruto pareció recordar algo, metiendo la mano en el bolsillo de su pantalón comenzó a buscar algo.
"Casi lo olvido." dijo al encontrar lo que buscaba: una barra de chocolate. "Aquí, Sakura."
Naruto le lanzó el chocolate a la pelirrosa que apenas logró alcanzarlo.
"Ese chocolate lo encontré en mi equipaje, es el último que tengo así que será mejor que lo disfrutes."
Sakura lo miró confundida.
"¿El último? ¿Pero por qué me lo da entonces? Yo no quiero chocolate."
"El rito de entrada a nuestra banda no está completo hasta que no te ofrezca un chocolate. Pensé que querías entrar, pero si no lo quieres…"
Sakura negó rápidamente.
"No no no, lo quiero ¡Lo quiero!" la pelirrosa agarró el chocolate contra su pecho. "Gracias, ¡muchas gracias! ¡No lo decepcionare capitán!"
"Jejeje, estoy seguro que no lo harás. Ahora, mientras me gustaría quedarme aquí celebrando la entrada de nuestra nueva Nakama, no nos queda mucho tiempo para llegar a nuestro destino. ¡Es hora de partir!"
"¡Hai!"
Pero cuando la banda de los Seis Caminos se disponía a irse, alguien los interrumpió…
"¡Esperad! ¡Hay alguien más que quiere unirse a su banda!"
Naruto y los demás se voltearon, quedando sorprendidos al ver quien era.
"...¡¿Ao?!"
Y de repente un meteorito gigante cayó en Kiri, matando a Naruto y su banda y destruyendo la isla entera. Fin.
…¿Se lo creyeron?...
Lol, ¿Si ven lo que pasa cuando no pongo el letrero de AN? XD
Nota curiosa: En la primera escena, 'el sueño', en vez de Menma hablando basura de Hinata lo que iba decir era "Hinata, lo que más me gusta de ti es tu trasero." aunque al final decidí cambiarlo lol
Por cierto, ¡Estamos cerca de los 100 reviews! ¡Yaaayyy!
Con suerte, superaremos la marca en este capítulo. Tener cien reviews cumpliría la meta de esta historia, haciéndola exitosa.
Sin más, me despido.
Fuck like hell and sleep well.
R&R
