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Regresa a mí

Capítulo 1

Primera parte (Rose)

Me desperté con la calidez del atardecer…

La habitación estaba tenuemente iluminada por los últimos rayos del sol que se colaban entre las cortinas, el edredón que me arropaba era afelpado y había un dulce aroma floral en el aire. Tal vez debido a los varios jarrones con tulipanes, girasoles, alcatraces, lirios y rosas que adornaban el lugar.

Pude sentir entre las mantas las mangueras que salían de mi cuerpo y que conectaban con los armatostes que no dejaban de emitir un molesto pitido. Mis ojos pesaban y sentía mi cuerpo muy débil. Traté de incorporarme, pero inmediatamente sentí un fuerte dolor en el pecho – ¡Maldición!

- ¿Kiz1 ...?

Con precaución en mis movimientos me volví hacía mi padre. Se encontraba en un sofá, en una esquina de la lujosa alcoba. Su saco de lino blanco estaba sobre el reposabrazos, él tenía los primeros botones de su camisa desechos y las mangas dobladas hasta los codos. Sostenía una especie de rosario entre sus manos. No sabía que era religioso el hombre. Lentamente se puso de pie y caminó hasta mí. Parecía agotado, como si no hubiera dormido en días, pero cuando comprobó que estaba despierta su semblante se suavizó – Te ves… terrible – Murmuré.

– Bueno, tú no eres precisamente la belleza andante en estos momentos – Esbozó media sonrisa – ¿No te parece que tomaste muy en serio eso del sueño reparador Rosemarie? – Me apartó del rostro un mechón de cabello.

– Deberías saber… que amo… dormir… y que odio… que me llamen… por mi nombre… completo – Tenía la garganta seca. Abe guardó el rosario en uno de sus bolsillos, fue a la mesita de noche y sirvió un vaso con agua fresca. Regresó, acomodó mi almohada para que estuviera más erguida y me ayudó a beber.

– ¿Cómo te sientes?

– ¡Fatal, duele como el infierno! – Y era cierto. Nunca me había sentido así en la vida y no me gustaba mostrar debilidad quejándome de dolor, pero me punzaban hasta las uñas. Era como si hubiera sido golpeada por un camión de carga a toda velocidad ¡Lo que puede hacer una pequeña bala!

– ¿Tienes dolor?, ¿dónde? ¡Voy a llamar al médico! – Volvió al sofá en busca de su teléfono celular.

– En todos lados, pero al menos estoy viva ¿no? Eso debe de ser bueno. No llames al doctor, estoy bien… de verdad.

Suspiró y su expresión se volvió melancólica, olvidando por completo la llamada telefónica – Es más que bueno Rose. Llegué a pensar que esta vez no lo lograrías – Terminó hablando en voz baja. Esta vez… ya perdí la cuenta de cuántas veces he estado a punto de morir o realmente muerta y "esta vez" me volví a acercar.

Mi relación con Ibrahim Mazur fue complicada y pantanosa desde un principio, no nos conocíamos lo suficiente el uno al otro. Aun así traté de reanimarlo, no me gustó verlo preocupado y menos por mí – Tranquilízate viejo, tú mejor que nadie debe saber que hierba mala…

Sonrió con altanería – Nunca muere. Al menos conservas tu buen humor, eres digna hija de tu maravilloso padre – Se señaló.

De pronto, me di cuenta de que no sabía dónde estaba o qué día era. Esto no parecía ser la habitación de un hospital, ni olía como uno. Aunque conociendo las excentricidades del viejo nada me sorprendería – ¿Dónde estamos?, ¿cuánto tiempo estuve inconsciente? y… ¿Janine? – Abe sonrió ligeramente al oírme vacilar.

– Nos encontramos en una de las mejores suites del palacio, dormiste durante tres días ininterrumpidos y tu madre pronto estará de vuelta. Tuvo que atender algunos asuntos con su cargo, ya sabes cómo es esto. Pero no te preocupes por nada, ¿qué no estoy yo aquí?

– No sé si eso me reconforta. Tal vez morí y estoy en el infierno.

Mi padre soltó una carcajada mientras encendía la luz de la habitación – ¿Y quién soy?, ¿el diablo? – Me encogí de hombros y él parecía divertirse más con mis niñerías. El silencio se hizo cargo, imágenes iban y venían a mi mente: un hechizo de identidad, el tribunal, Tasha, Lissa, un disparo… hermosos ojos marrones y la oscuridad – Creo reconocer esa mirada.

– ¡Hmm! – Me sacó de mis pensamientos borrascosos – No sé de qué hablas.

– Vamos kiz, tal vez no estuve presente en tu vida digamos… los primeros dieciocho años. Pero te conozco, eres la viva imagen de mi perfección ¿Qué es lo que quieres saber?

Tenía tantas preguntas que no sabía por cual comenzar, así que mi instinto decidió – ¿Cómo esta Lissa? – Intenté localizarla por medio del vínculo, pero fue inútil. Pensé que el enlace estaba dormido debido a los medicamentos que me administraron.

Mi padre se sentó a mi lado con cuidado de no lastimarme – Ella está bien, algo ocupada gracias a ti – Vio mi cara de confusión total y negó ligeramente con la cabeza.

– ¿Ahora de qué se me acusa? – Gracias a la última inculpación que se me hizo terminé en la cárcel y las circunstancias me obligaron a convertirme en prófuga de la justicia ¡Disculpen si sobrerreacciono!

– Como es costumbre Mazur, te saliste con la tuya. En dos días coronarán a Vasilisa. Será nuestra reina y todo gracias a ti Rose.

– ¡Genial! Ahora tiene fundamentos para odiarme – Y no la culparía si lo hiciera. Para empezar solo tiene dieciocho años, sus mayores preocupaciones deben ser de moda y por no enloquecer en el intento por dominar su magia. Debe asimilar que su padre engañó a su madre y que tiene una media hermana, a la cual conoce y por la que llegó a sentir celos. Apoyar y estar para Christian por la traición de su tía, aquella que pasa a ser su único familiar cercano y que lo salvó de morir cuando era niño y a la que muy posiblemente dicten sentencia de muerte ¡Ah! y gobernar a un puñado de necios y todo porque a su mejor amiga, o sea yo, se le dio la gana convertirla en reina.

– No lo creo, ha estado muy preocupada por ti. No quería dejarte, pero le prometimos que te cuidaríamos y que le avisaríamos en cuanto despertaras.

– Tenían mucha fe en que despertaría ¿no es así? – Ni siquiera yo estaba segura de que volvería a ver la luz del día. De hecho, estaba convencida de que no lo haría.

– Unos más que otros. Lo que me recuerda… espera aquí.

– ¿A dónde iba a ir viejo? – Abe se levantó y me dio una mirada de advertencia. Sin duda creía que sería capaz de fugarme aun estando convaleciente.

Suspiró y dijo – Mandaré por él.

– ¡NO! – Detuvo su andar y se volvió a mí con la confusión plasmada en la cara. Sabía perfectamente bien a que él se refería – No lo llames, no quiero que lo llames – Necesitaba echar a andar mi plan y qué mejor que Abe. Por algo tuve la buena fortuna de que él estuviera aquí al despertar y no alguien más ¡Al fin algo de buena suerte y de mi parte!

– Rose, no se ha movido de tu lado desde que te dispararon. De hecho, lo obligaron a salir para que se fuera a descansar. No ha comido ni dormido bien y le di mi palabra de…

– Por favor no quiero verlo… no puedo. Me alegro de que seas tú el que este aquí conmigo, porque mucho antes de que todo esto sucediera tenía claro lo que haría una vez que limpiara mi nombre y el de él. Aunque ahora tengo que hacer algunos ajustes – Comencé a divagar – Pero creo que puedo resolver algo y mal que bien esto me da la oportunidad perfecta.

Me miró como si me hubiera salido un tercer ojo – ¿De qué estás hablando kizim?

– Antes de decírtelo necesito que me prometas algo – Me observó inquisitivamente. Buscaba algún rastro de broma en mis facciones y al no encontrar nada, pensó un momento más antes de contestar.

– Bien, tú ganas ¿De qué se trata?

Iba a poner todo en la línea tras la declaración y verdaderamente necesitaba del hombre. Esperaba que no rechazara mi petición. La verdad es que no estaba obligado a ayudarme, como dije antes, la relación era frágil – Necesito tu palabra de que me vas a ayudar sea lo que sea que te pida. Tómalo como un favor que después podrás cobrarme y si no me ayudas ya me las arreglaré para…

Estaba nerviosa, desesperada y otra vez divagaba. Abe detuvo mi perorata, levantando ambas manos pidiéndome que ralentizara – Espera, espera niña. No he dicho nada y cómo puedes decirme algo así. No eres un socio más, eres mi hija – Se acercó y me miró a los ojos – Te ayudaré, siempre y cuando lo que sea que me pidas no sea perjudicial para ti. Mira que ya me han costado tus travesuras. Dime, ¿qué puedo hacer yo por ti?

Es ahora o nunca. Aquí vas Rose… que la fuerza te acompañe – Necesito que me lleves lejos de aquí. Necesito desaparecer – Mi padre me miró atónito – No te pongas así, ¿acaso no te dedicas a desaparecer gente?

Vi un atisbo de diversión en su rostro – Creo que el significado que tú tienes de desaparecer no es el mismo que yo tengo.

– ¡Dejémonos de juegos! ¿Me vas a ayudar o no? – ¡Di que sí!, ¡di que sí! – Sácame de la Corte, no te estoy pidiendo que me lleves contigo y que comencemos a jugar a la casita. Iré a donde tú decidas, solo sácame de aquí. Pero que nadie se entere, ni Lissa o Janine y mucho menos él ¡Te lo pido!

– Ellos te buscarán y sospecharán de mí. Además, no querías más que otra cosa ser guardián de Lissa.

– Todo el mundo ya sospecha de ti y para cuando lo sepan estaremos lejos y te las arreglarás para mantenerme oculta de todo y de todos. Por Lissa no te preocupes, estará bien. No pienso romper mi promesa solo la estoy postergando.

– Y tu madre, ¿por qué ocultarte de ella?

¡Santo Dios! El hombre es difícil de roer. No había duda, el personaje era mi padre – Porque ella siempre hace lo correcto, tú debes saberlo mejor y no necesito que eche a perder mis planes.

– ¿Y cuáles son esos brillantes planes? – Me preguntó mientras se acariciaba la barba de candado.

Suspiré ante los recuerdos, sobre todo ante los dolorosos y vaya que había un montón – Necesito reconstruirme y sanar mis heridas y aquí no lo voy a conseguir – No con él cerca, agregué en silencio.

– ¿De qué estas huyendo? ¿Qué quieres dejar atrás?

– ¡A Dimitri y sus afirmaciones de no amarme! – Lo miré expectante, no me dejó más opción que decirle la verdad. Me quedé esperando la reacción típica de un padre que acaba de descubrir que su hija estaba enamorada de un hombre siete años mayor y que además había sido su mentor. Debí saber que Zmey2 es todo menos ordinario. Puedo decir que estaba sorprendido, pero más que nada por escucharlo de mí. Seguramente ya lo sospechaba desde que estuve en Rusia, siempre me cuestionó mi estancia ahí. Además, no es como si hubiera hecho un gran trabajo escondiendo mis sentimientos y menos durante y después del funeral.

– Si… con respecto a eso.

– Te prometo que te contaré todo, pero no ahora. Estoy cansada de decir que estoy bien cuando obviamente no es cierto. Estoy harta de empujar mis sentimientos a un lado por el bien de los demás. No puedo reprimir mis emociones más y no quiero estar aquí para que todos lo vean. Papá, te necesito más que nunca. Por favor… ¡ayúdame!

– Esta bien Rose, no te aflijas. Te ayudaré, pero para que esto funcione debemos actuar inmediatamente ¿Estas completamente segura?

– Sí – Me alegré de poder responder sin demostrarle el temor que me estaba consumiendo.

– Pues no se diga más – Tomó su celular, marcó unos dígitos y esperó un momento – ¡Entren! – Colgó sin decir más, comenzó a desdoblarse las mangas y las ajustó a sus muñecas. La puerta se abrió y cuatro guardianes entraron, a dos los había visto con él en Baia. Abe se puso el saco, metió las manos en sus bolsillos y enfrentó a los hombres – Pavel, ligero cambio de planes.


1 Kizim o kiz: "hija" en turco.

2 Zmey: "serpiente" en ruso.