Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.
Capítulo 2
Primera parte (Dimitri)
Era ajeno a todo a mi alrededor… la que pudo ser su última mirada sacudió todo mi mundo.
Roza me amaba y me había perdonado… me amaba tanto o más como yo a ella.
Si la única persona a la que había lastimado tan profundamente estaba dispuesta a absolverme, ¿por qué no habría de perdonarme yo mismo? Por qué no intentar vivir con la cabeza en alto, cumpliendo con mi deber como guardián y como hombre.
Y ahí estaba yo, con la única realización que pudo traerme felicidad después de tanta culpa y dolor.
Tarde lo descubrí… Roza estaba inconsciente, tendida en un charco de su propia sangre. Con la vida escapándosele una vez más.
Me quité la cazadora y la usé como bloqueo para tratar de parar la hemorragia. Los gritos y sollozos no cesaban. Todo trascurrió tan rápido que después de que me la arrancaron de los brazos, todo lo que pude hacer fue ponerme de pie y ver como se la llevaban. Vi con horror mis manos temblorosas, estaban bañadas por su preciado líquido carmesí.
Probablemente morirá pensando que no la amo... creyendo que no significa nada para mí.
– Dimitri Belikov, quedas arrestado por cómplice y posible autor intelectual de la fuga de prisión de Rosemarie Hathaway. Todo lo que digas… – Un guardia real me dictaba mis derechos, mientras otro me esposaba por la espalda.
– ¡Él no va a ninguna parte!
El guardia habló con precaución – Sr. Mazur, tengo órdenes de…
Zmey lo observó con frialdad – No me importa cuáles sean tus órdenes o quién te las haya dado ¡Quítale las esposas! Él viene conmigo – Se expresó con notable autoridad. También estaba tintado por la sangre de Rose, ni siquiera me había dado cuenta de que se había acercado a ella.
– Gracias – Murmuré.
– Agradéceme después, cuando mi hija se recupere – Ambos salimos rumbo al hospital, a la espera de que ocurriera un milagro.
Me desperté temblando, empapado en sudor y con una extraña sensación.
Desde que volví a mi estado dhampir había tenido pesadillas constantes de mi pasado strigoi. Las más frecuentes involucraban a Rose, pero ahora estas imágenes eran las que no abandonaban mi mente.
Ya sea dormido o despierto no podía quitarme de la cabeza la escena de mi Roza muriendo delante de mí. Mi cazadora seguía en el mismo sitio y en las mismas condiciones, sería un cruel recordatorio si ella no regresaba a mí. Desde aquel fatídico día no dejé de recriminarme los pensamientos negativos, yo no podía darme por vencido, ella me enseñó esa lección.
Fui directo a la ducha, Alberta y Lissa me habían obligado a descansar, pero no pensaba dejar a Rose otra vez. Nadie me alejaría de su lado y menos después de que su médico había dado un mejor diagnóstico. Quería e iba a estar ahí para ella, así que me di prisa en alistarme para salir rumbo a su habitación.
Hoy será el día en que volveré a ver sus hermosos ojos mirándome, pensé al cerrar la puerta de la alcoba que la princesa amablemente me había dado en el palacio. Doblé la esquina y me encontré con Hans y Eddie.
– Buenos días Guardián Belikov.
¡Dios! No sabían cuánto había echado de menos el que me llamaran por mi título.
– Buen día Guardián Croft, Castile – Hans se veía cansado, mientras que Eddie le ayudaba a llevar un montón de archivos.
– Belikov, sé que no querías hablar de las asignaciones hasta que Hathaway estuviera en mejores condiciones, pero ya no puedo retrasar más la resolución. El Consejo me está presionando. La futura reina no puede subir al trono sin su Guardia Real completa, así que tomaré una decisión con o sin Rosemarie.
Eddie parecía tan molesto como yo. Al Consejo les importaba un carajo Roza; para ellos era solo un tutor más, pero para mí… lo era todo.
Hans estaba atado de manos, yo entiendo que tiene que cumplir con su trabajo – Comprendo. Más tarde pasaré a su oficina.
Consintió dejándome con una revolución mental. Tenía que tomar una decisión, aunque me hubiera gustado discutirlo con Rose para llegar a un acuerdo… juntos. Todo dependía de su recuperación.
Le había jurado lealtad a Vasilisa, protegerla hasta la muerte y pensaba cumplir mi juramento, pero no a costa de estar separado de Roza. Si se recuperaba merecía más que nadie ser su guardián y yo pediría un cargo diferente para poder hacer lo que habíamos planeado antes del ataque a la Academia, pero si su mejora no llegaba a ocurrir tendría que tomar su lugar en la Guardia Real. Ni siquiera quería pensar en la posibilidad, por esto había evitado la conversación con Hans.
Mi Roza era fuerte. De hecho, la persona más fuerte que conocía, pero… no era invencible.
Mis pensamientos se cortaron de tajo cuando llegué a su alcoba. Respiré profundamente, esperaba que al abrir la puerta la vería sonriéndome y saludándome con ese apodo ridículo que tanto me moría por volver a escuchar.
Llamé una vez para avisar a la persona que se quedó cuidándola que estaba por entrar. Giré la perilla y pasé, todo estaba en penumbra.
Mi corazón comenzó a golpear descontroladamente mi pecho, algo no andaba bien. Busqué el interrumpor de la luz y antes de presionarlo el silencio me consumió. El monitor que vigilaba los latidos de Rose no se oía más.
Encendí la luz y lo que vi me paralizó por completo.
La habitación estaba indiscutiblemente vacía.
Mil posibilidades pasaron por mi mente y temí lo peor. Tranquilízate Dimitri, acabas de ver a Hans, si Roza hubiera… si ella hubiera… él definitivamente lo sabría y alguien te lo hubiera notificado. Habría algún movimiento en el palacio y todo parece estar tranquilo. Tal vez la trasladaron. Pero entonces, por qué seguían aquí los aparatos y cables.
Me dirigí al cuarto de baño y me encontré con el mismo panorama. Volví sobre mis pasos y fui directo a palpar las mantas, estaban frías.
Sin pensarlo tomé el teléfono de la cómoda, pero detuve la marcación al descubrir algo sobre la almohada. Había unas hojas de papel con una dedicatoria, Para: Lissa.
Reconocí la letra, las emociones tiraban de mí en todas direcciones. No supe cómo reaccionar, si alegrarme porque Roza había despertado o alarmarme porque… de pronto, tuve una revelación.
Los recuerdos asaltaron mi mente dejándome saber que esto había sido premeditado y que el culpable había sido, yo.
*** *** Flashback
Había pasado varias noches en vela o durmiendo terriblemente debido a las pesadillas.
Pero ahora me sentía seguro, a salvo. En mi sueño comencé a escuchar el palpitar de un corazón, el sonido provocó la paz del mío.
Me despertó una suave caricia, me tomó algunos minutos despabilar. Sin moverme comencé a estudiar la situación: delicados dedos se paseaban entre mi cabello, mis brazos estaban alrededor de un cuerpo familiar y reconfortante, mientras mi cabeza descansaba sobre un cálido pecho.
Me sentía en casa.
Nuestras miradas se encontraron, tantas cosas pasando entre nosotros. Me moví, pero no para salir de su abrazo. Levanté la cabeza para poder admirarla. Me observaban los ojos más bellos, me embriagué con cada una de sus facciones.
Separados por pulgadas podía sentir su cálido aliento… quería besarla. Tomé su mejilla y comencé a inclinarme, pero entonces, todos los recuerdos me arremolinaron como una avalancha.
Me alejé de Rose exhalando y evitando a toda costa su mirada – ¿Qué está mal? – Dijo confundida e incorporándose.
Le hablé más duro de lo que pretendí – Elige, hay muchas opciones.
– Lo sé… sé que las cosas han cambiado. Pero dime, de qué manera te hago entender que te he perdonado…
– Y tú dime de qué manera te hago entender que no merezco tu perdón. No merezco nada de ti o del resto del mundo para el caso ¡Ni siquiera debería estar vivo! – La culpa no mostraba tregua.
– ¡No hables así! – Me reprendió.
– ¡No! Tú no hables así. Has sido más que dadivosa conmigo. Fuiste a Rusia únicamente para salvar mi maldita alma y dime, ¿qué obtuviste a cambio?
Rose seguía buscando mi mirada – Si piensas que lo hice por generosidad estas muy equivocado, hice lo que hice porque te amo y tú también lo haces ¡Date cuenta, querías besarme!
Era cierto, lo deseaba más que nada – Pero eso no significa que sea lo correcto o que vaya a ocurrir – Con brusquedad retiró sus mantas y se puso de pie.
Sus siguientes palabras fueron un puñal en mi pecho.
– Pues entonces me niego a ser un error – Suspiró entrecortadamente – No puedo más, ya no puedo más – Con eso salió de la casa de campaña dejándome totalmente confundido. Fui detrás, no iba a permitir que cometiera una locura, pero la autocompasión volvió a nublar mi juicio.
Ella caminaba lentamente en derrota y dudo que tuviera algo que ver con su tobillo lastimado; siempre con la vista clavada en el suelo.
Dimitri no puedes dar marcha atrás ahora, pensé – Rose, creo que deberíamos intentar ser… amigos.
– ¿Qué? – Se apoyó contra el auto robado y levantó la vista – Yo no puedo o quiero ser tu amiga ¿De verdad crees que podríamos entablar una amistad después de todo lo que ha pasado entre nosotros? ¡Lo intenté de acuerdo! y sigues excluyéndome. Así que no, no quiero ser tu amiga – Desvió la mirada – No puedo seguir.
– ¿De qué estás hablando?
Me miró a los ojos y todo lo que pude ver fue determinación en ellos – Se acabó, ya entendí – Descubrió mi confusión – No es necesario que lo entiendas, lo único que tienes que saber es que te amé con gran intensidad y con una fuerza que jamás podrás imaginarte, pero terminé con tu farsa.
Sentí pánico, al fin se estaba dando por vencida conmigo. Sin embargo, estaba lejos de sentirme desahogado – Parece una despedida.
– No puedo hacer más – Sonrió con tristeza – Seré testaruda, pero tengo sentido común y sé que el amor no hay que pedirlo de rodillas.
– Eso es porque estás buscando en el lugar equivocado. Ahora estas con Adrián y… – Mis palabras quedaron interrumpidas por la llegada de Sonya Karp.
– ¡No, no, no! Esto no está sucediendo.
Tomé la carta y salí disparado, sabía exactamente dónde buscar a mi Roza. Nunca me había alegrado tanto de los recién descubiertos efectos secundarios que quedaron después de haber sido strigoi. En un parpadeo estaba frente a la puerta de Ivashkov.
Cometí un gravísimo error, pero de ser necesario me pondré de rodillas pidiéndole perdón y profesándole todo el amor que nunca dejé de sentir por ella.
Adrián abrió empinándose una botella de ginebra, decir que se veía terrible está de más.
– Hoy debe ser mi día de suerte ¿A qué debo el honor ladrón de cuna? – Hizo una reverencia.
No pedí permiso e irrumpí en el departamento – ¿Dónde está? – Realicé la zonificación, pero Rose no estaba ahí y no había absolutamente nada que me indicara lo contrario ¿Qué esperaba ver? No lo sé, tal vez maletas.
– ¡Wow! ¿Problemas en el paraíso Belikov? – El moroi se dejó caer en el sofá, altanero subió los pies sobre la mesa de centro. Claramente divertido entrelazó los dedos alrededor de la botella.
No tenía humor para caer en sus juegos y provocaciones – ¿Dónde está ella Ivashkov? – Me expresé con rotundidad. Es difícil diferenciar cuándo está siendo afectado por la oscuridad de su magia, por el alcohol o cuando simplemente está siendo un completo imbécil.
Tomó un gran trago y se encogió de hombros – No lo sé, pero no voy a negar que tu amante estuvo aquí.
¡Y ahí va mi poca cortesía!
Le arrebaté la botella y la arrojé contra la pared – ¡No intentes llamarla así otra vez! – Comprendía su indignación. Tenía todo el derecho a estar colérico, pero a nadie le permitiría expresarse mal de Rose en mi presencia.
– ¿Me está amenazando Guardián Belikov? – Adrián se puso de pie, la mirada que me dio celebró su odio hacia mi persona.
– ¡Tómalo como quieras! – Tenía que controlarme, bien pudo ser la última persona en verla y algo me decía que no estaba muy dispuesto a cooperar conmigo – Mira Adrián, sé que tenemos una conversación pendiente, pero en este momento lo más importante es localizar a Rose. No sé dónde podrá estar.
Se mofó – ¿Una conversación? ¡El tipo ruso es gracioso! – Fue extraño escucharlo llamarme como solía hacerlo Iván. De una vitrina sacó una botella de vodka – ¿Sabes ladrón de cuna…? Te voy a ayudar y no porque me sienta benévolo. Es solo que alguien me dijo hace un rato que era "increíble", eso y que te ves más miserable que yo – No lo interrumpí – Como dije, ella estuvo aquí hace poco más de dos horas. Un matón literalmente la trajo, vino a darme un discurso de mierda de por qué no podía estar conmigo y esas cosas y antes de que preguntes ¡no!, no te mencionó o a sus planes. Aunque… dijo que ya no tenía nada que hacer aquí, ¿yo qué sé? No hagas mucho caso de un ebrio.
– ¿Cómo era el sujeto que la acompañaba?
Después de empinarse la botella, dijo – Yo diría que es miembro honorario del club Mazur.
– Gracias – Salí corriendo, no sin antes escuchar la advertencia final del moroi.
– Ya hablaremos Belikov, ya hablaremos…
Mikhail y otro tutor montaban guardia fuera de la sala principal de la reina. No perdí un segundo en formalidades, no tenía tiempo para eso. Roza me llevaba casi tres horas de ventaja. Abrí la puerta y exclamé.
– ¡Se ha ido!
Gracias por leer.
¡Ten un excelente día!
Isy.
