Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.
Capítulo 5
Dimitri
Mentiría si dijera que no estaba jodidamente desesperado. Con cada maldito día que pasaba perdía la esperanza de encontrarla.
Y la culpa era toda mía.
Abe estaba haciendo su mejor trabajo, Roza parecía haberse esfumado de la faz de la tierra. Desde el principio supe que no sería una tarea fácil, pero nunca preví la tortura y yo era mi propio verdugo.
Había sido un mes sumamente estresante; entre la coronación de Vasilisa, el puesto que no me corresponde como Capitán de la Guardia Real, los ataques de la oposición, la resolución para el juicio de Natasha, el resentimiento de Ivashkov, los señalamientos por haber formado parte de un grupo de muertos sanguinarios y por supuesto, la búsqueda de Rose. Tenía mi dotación de emociones al límite.
Mi autocontrol estaba a punto de reducirse a nada, Roza siempre lo puso a prueba, pero esto era demasiado para mí. Cada noche libraba una batalla conmigo mismo. Después de intentar inútilmente deshacerme de la frustración con el saco de box, me tendía en la cama sin llegar a conciliar el sueño y nada tenía que ver con las pesadillas que aún me persiguen.
No, ya no estaba seguro de que encontrarla fuera lo mejor. Quiero decir, para qué empañarla con la sombra de un ex-strigoi. Lo único que sería para ella son problemas, malos recuerdos y por ende, más sufrimiento.
¡Basta Dimitri! La amas, te ama y lo más importante… la necesitas para poder seguir viviendo.
Tomé aliento, relajé el rostro y entré en la sala – Alteza, ¿me llamaste?
– Dimitri, cuántas veces te he dicho que es solo Lissa ¿Somos amigos no? – Ella era un apoyo importante al igual que Alberta y sorprendentemente, hasta cierto punto, Janine. Qué después de nuestra charla se comprometió a localizar a Mazur; y si alguien puede saber lo que hay en la retorcida mente del hombre, es ella.
Le compartí gran parte de la historia y digo gran parte porque decidí guardar detalles que solo nos pertenecen a Roza y a mí. No me juzgó o reclamó, al contrario, escuchó atentamente. No es que estuviera contenta, de hecho sé que algo reserva y me dejó claro que la charla no había acabado.
– ¿Cómo estás? – Retomó Lissa.
– ¿Necesitas algo?
– Para empezar, que respondas a mi pregunta – Me mantuve en silencio – Vamos Dimitri, no nos hagas esto. No te hagas esto… te he visto, estas volviendo a ser el tutor rudo que solías aparentar y nos estas alejando. Eso no va a ayudar a encontrar a Rose.
Por eso huyó de ti – ¿Lo ves en mi aura? – Me moví incómodo.
– No hace falta – Entrecerró los ojos – Aunque también es inestable. Mira, no hay que perder la esperanza…
– Lissa, seamos realistas. Mazur no dejara que nos acerquemos, sin mencionar que es ella quien no quiere estar aquí. Janine ha agotado sus contactos y no ha logrado nada, al igual que los investigadores que contrataste. Yo he utilizado cada maldito segundo que tengo libre para buscarla y cada vez me siento más inútil, no estamos llegando a ningún lado.
Señaló una silla invitándome a sentar – Pensé que serías el último de nosotros en rendirse. Sigues luchando contigo mismo y eso está nublando tu juicio. Además, no ha pasado tanto tiempo – Exhaló – ¿Sabes…? cuando nos conocimos, no te vi solo como un guardián imperturbable o como el Dios que todos decían que eras. Sentí admiración y gran agradecimiento desde que la defendiste cuando la directora Kirova la quiso echar de la Academia, casi el mismo día en que nos encontraste. Fuiste lo suficientemente amable y la verdad es que no tenías por qué serlo, no la conocías e ignorabas el motivo de nuestra fuga; bien podríamos haber sido unas farsantes – Poco a poco comenzó a sonreír – Hubo una gran diferencia en ella desde que entraste a nuestras vidas, aunque me apena decir que no fui capaz de verlo en el momento. Rose es la hermana que siempre quise tener y si debía enamorarse de alguien me alegra decir que ese alguien es Dimitri Belikov, su primer y me atrevería a afirmar, único gran amor.
Suspiré con tristeza – Pronto dejaré de serlo.
– No va a dejar de amarte de un día para otro.
– Lo hará si no la encuentro – Aclaré mi garganta – Debo irme, tengo una reunión… – Comencé a levantarme, pero ella me lo impidió tomándome del brazo.
– Por eso te llamé. Tú mismo has visto y oído cómo se han desarrollado las cosas con tu caso. Los rumores no han cesado, ni lo harán. Ya antes se te consideraba único, pero ahora tu leyenda está iniciando. Fuera de la Corte se habla de un guardián que fue restaurado por medio de una magia ancestral, pero pocos saben que se trata de ti. La verdad no tardará en salir a la luz. Sé que no quieres recibir atención no deseada y menos con un tema tan delicado, así que antes de que eso suceda tienes algo importante que hacer – Hizo una pausa – Llamé a tu familia, irás a Baia.
Olvidé por completo mi fachada guardián – ¿¡Qué!? – Esto no está pasando.
– ¡Dimitri, escúchame! Deben saberlo por ti y no a través de rumores o comunicados oficiales. Hablé con tu madre porque sabía que tú no lo harías, al menos no pronto o ¿me equivoco? No le conté la historia completa, solo que estarás con ellos poco más de medio mes y que te encargarías de explicarles todo. Lo siento, decidí por ti y estuvo mal, pero pienso que ahí encontrarás el impulso que necesitas para llegar a Rose. Tienes muchas preocupaciones, ya es hora de que te deshagas de alguna. Créeme no tienes nada que temer, tu familia te ama. Me hubiera gustado que escucharas a tu madre…
– No estoy preparado – Murmuré.
– Quizás sí, quizás no, pero necesitas hacer esto. Alberta se hará cargo de tu puesto, la búsqueda no se detendrá y cuando regreses irás a Turquía y Janine te acompañará.
Y aquí estaba, frente a la casa en la que crecí. Desconozco cuánto tiempo me llevó salir del auto. Sin embargo, no he logrado atravesar el andador. La indecisión no era propia de mí; mi cabeza y corazón siguen en desacuerdo.
Roza tendría que estar aquí, conmigo.
Llegué antes de lo previsto, durante la noche humana. Al parecer no había nadie pues la casa se encontraba casi en penumbra, solo había un pequeño resplandor proveniente de la sala y era temprano como para que estuvieran ya en la cama.
Algo me empujó hasta la entrada principal, tal vez el instinto. Fue entonces cuando descubrí la puerta a medio cerrar, iba a empujarla cuando una voz me sobresaltó.
– Llegas tarde – Entré con el corazón latiéndome en la garganta. Yeva me esperaba sentada en su mecedora, trabajando en su crochet como cualquier otro día y yo, no logré reaccionar – Acércate y saluda a tu abuela como se debe – Lentamente y temblando me acerqué para abrazarla, ella me devolvió el gesto con gran fuerza. No obstante, las palabras se negaban a salir de mi boca. Se retiró, me miró a los ojos y preguntó con severidad – ¿Qué has hecho Dimka?
A pesar de ser considerablemente más alto y fuerte que ella, me hizo sentir diminuto. Pues si algo aprendí a la mala es que mi abuela puede llegar a ser muy intimidante, especialmente cuando se molesta. Jamás habla sin motivo o cuestiona a menos que conozca la respuesta, por lo que es inútil mentirle. Además, entre nosotros nunca nos habíamos andado con rodeos.
Aparenté sosiego, pero no era fácil – Fue lo mejor, la dañé profundamente como… strigoi. No se merecía nada de aquello y es injusto que también cargue con mis problemas – Prácticamente no había hablado de esto desde la fuga, eso y que tenía pánico por la reacción de mi familia. El dolor que les podría causar.
– Eres mi único nieto y espero que no te ofendas cuando te digo que eres un ¡idiota! – La sutileza no era una de sus cualidades – Cuántas veces te he dicho que sigas lo que te dicta el corazón, ese nunca se va a equivocar. Ignora de una vez por todas esa estúpida sesera tuya.
Rehuí a su mirada – No la merezco.
Lanzó algunos leños a la chimenea, volvió a su asiento y retomó su tejido – Tienes razón – Hasta este momento supe que estaba esperando que alguien, fuera quien fuera, me comprendiera. Que mi abuela me diera la razón no me trajo alivio alguno – Te has vuelto demasiado egoísta como para merecerla – ¿Qué?, ¿egoísta? – Me equivoqué, no debí someterla a una prueba para que demostrara que era digna de ti ¡La prueba debiste hacerla tú! ¿Sabes lo difícil que fue enviarla al mismísimo infierno?
– Por supuesto que lo sé, estuve ahí. Yo fui quien la acechó, quien la aterrorizó y el que la utilizó como alimento… ¡Dios! ¿Qué clase de ser humano haría algo así? – Me derrumbé en el sofá, escondiendo el rostro entre mis manos.
La tenía a mi lado en un instante y con delicadeza me descubrió la cara – Ese que describes no era un hombre, ni por asomo. Sino un demonio y no eras tú. Nada podías hacer contra él. Las cosas sucedieron como debían, es por eso que hoy estas aquí. Sin embargo, el miedo te dominó y decidiste actuar como un cobarde en lugar de decirle que tu amor por ella no se había desvanecido – Esas malditas palabras – Así no tendrías que lidiar con el dolor. La empujaste lejos cuando debiste decirle que la amas más que nunca y tus acciones han puesto en riesgo lo que se suponía debía continuar, pero Dimka, aún hay esperanza. Mi madre decía que la parte más oscura de la noche es siempre justo antes de que llegue un nuevo amanecer.
Sus palabras hicieron que me sintiera más culpable que nunca – Abuela, por favor…
– ¡Perderás todo si no haces lo correcto! ¡Sé un hombre, el que Olena crio y sé que eres, y ve tras ellos! Dile que lo sientes, dile la verdad.
– No sé dónde buscar – Me desaté el cabello – E incluso si la encontrara no desea verme, mucho menos perdonarme.
Tomó mis manos entre las suyas – Nunca dije que sería fácil, pero todo lo que necesitas está aquí – Señaló mi corazón y sonrió – Lo he visto… mi muchacho. Dimka, bienvenido a casa. Ahora prepárate, tu madre está llegando.
Desde que Lissa me habló de venir a casa, hasta el trayecto de regreso, pensé en la mejor forma de enfrentarme a ella; lo que menos quería era sobresaltarla. Pero nada, absolutamente nada, me hubiera preparado para este momento.
– ¿Dimka? – Murmuró.
Mi corazón dio un vuelco y estoy completamente seguro de que dejé de respirar, me levanté por inercia. Mi madre se paralizó a medio recibidor, dejando caer las bolsas que sostenía mientras se llevaba las manos a la boca.
Todo desapareció, lo único que podía escuchar era mi ritmo cardiaco. No sé de dónde obtuve el valor para hablar – Soy yo… Dimitri – Mis piernas temblaban y me sentía tan pequeño bajo su mirada, tenía miedo de verla a los ojos.
Habló casi en un susurro, lo que me pidió fue un suplició total – ¡Mírame! – Cuando me reuní con sus cálidos ojos fui recibido con lo único que he visto en ellos desde que tengo memoria, amor. En un instante la sostenía entre mis brazos, sus sollozos llenaron la habitación – ¡Oh, Dimka! – Dijo mientras me besaba el rostro en repetidas ocasiones – Mi niño está en casa – Más besos – ¿Realmente eres tú?
Yeva intervino – Olena déjalo respirar ¿O quieres asfixiarlo hasta la muerte?
El semblante de mi madre cambió – ¡Dimitri Belikov, no tienes ni idea lo que me hiciste pasar! Si vuelves a intentar algo así estarás castigado de por vida, ¿entiendes? – Volvió a estrujarme entre lágrimas. Sentí las mías formándose, pero me negué a derramarlas.
– Sí mamá, entiendo – Besé su frente.
– ¿Tío Dimka?, ¡Dios mío!, ¿Es él realmente?
No sé cómo pasó, pero de un momento a otro me vi rodeado por mis sobrinos y hermanas. Ninguna paraba de llorar y de decirme que me habían extrañado. Viktoria permaneció un poco más, me liberó hasta que estuvo segura de que yo era real. Luego recorrió con la mirada toda la habitación en busca de algo… – ¿Dónde está Roza? – Enmascarar el dolor que me provocaba escuchar su nombre y no saber absolutamente nada de ella, es un atizador en mi pecho.
Me miraron con expectación, excepto Yeva y las niñas pequeñas – Ella… no… no está aquí.
Vika continuó – ¿No pudo venir o llegará más tarde? – Mi madre notó mi incertidumbre y nos hizo instalar en la sala, dándome tiempo para recomponerme. Se sentó a mi lado al igual que Karolina; Yeva, Sonya y su bebé frente a mí y Vika, Paul y Zoya en el piso.
Había llegado el momento de las explicaciones.
Suspiré derrotado – No… ella no vendrá – Masajeé mi nuca – Y antes de que preguntes Vika, no lo hará por dos razones: uno, no estamos juntos y dos, desconozco su paradero. Abandonó la Corte y yo soy el responsable – Todas se dirigieron miradas desconcertadas – Les contaré todo, pero no frente a los niños.
Sonya los llamó para llevarlos a su habitación – ¡Espera! – Paul se acercó a mí – Tío Dimka, me alegra que ya no estés en el cielo – Me abrazó tomándome por sorpresa – Te extrañamos.
– Y yo a ustedes – Lo abracé también, al igual que a Zoya que se había sujetado a mi pierna.
Paul tomó la mano de su hermana – Vamos, tal vez mañana llegué la tía Roza y nos cuente sus aventuras con el tío Dimka.
¿La tía Roza? La opresión que me causa su recuerdo me sofoca cada vez más y el que mi familia la considere parte de ella solo lo hace más difícil – Ro-za, ¡Roza!– Aplaudió la niña.
Mi hermana no tardó en regresar y una vez que lo hizo, Karolina fue la que tuvo el valor de preguntar lo que supongo todas querían saber.
– ¿Fue la primera historia un error? ¿No fuiste realmente… un strigoi?
La palabra que he dicho desde que tengo memoria y que antes no tenía ningún efecto en mí o al menos no el que ahora me produce, me estremeció – No, fui un strigoi. Fui uno de ellos e hice… cosas terribles – Sus rostros se volvieron serios – Estaba perdido más allá de cualquier esperanza, excepto que Rose creyó en mí. Ella nunca se rindió…
Y así comenzó mi relato.
Les hablé del ataque a la Academia, del rescate que se organizó gracias a Roza y a su habilidad fantasmal, lo ocurrido en las cuevas, mi llegada a Rusia. A partir de aquí decidí omitir los detalles desagradables. Les conté del rumor que llegó a mis oídos sobre una cazadora implacable que estaba eliminando con facilidad a los que en aquel entonces consideraba los míos. El reencuentro con Roza y su cautiverio, la batalla a muerte que sostuvimos, regresar a América, secuestrar a Vasilisa y mi transformación por medio de espíritu.
Esta parte me llevó tiempo explicarla, ya que todo lo que involucra la desconocida magia es difícil de asimilar.
Durante la narración permanecieron en silencio, sabía que tenían preguntas, pero ni una sola vez me interrumpieron. Terminé por hablarles del trato que recibí una vez que volví a la Corte, las pruebas que me hicieron, mi rechazo hacia Rose, su acusación de ser la asesina de la Reina, el plan de fuga y la travesía que vivimos por encontrar a la otra Dragomir, la traición de Natasha, Roza a punto de morir y su escape.
Concluí a altas horas de la noche. No obstante, mi abuela no dio oportunidad de comentar nada enviándonos a dormir.
Cuando entré a mi antigua habitación no pude evitar pensar que así no era como tenía planeado volver a casa. Aunque el recibimiento fue mejor de lo que esperaba, mi felicidad nunca estará completa hasta que encuentre a mi Roza.
Me encontraba en la cama cuando un sutil golpe me sacó de mis cavilaciones.
Mi madre entró, se sentó junto a mí, llevó mi cabeza a su regazo y comenzó a acariciarme el cabello como solía hacer cuando me consolaba de niño. Esto me rompió por completo, las lágrimas que me había negado a derramar desde no sé cuándo fluyeron con desenvoltura.
– Cada lesión, cada momento de pánico que experimentó aquí… y no pude hacer nada por ella; son heridas que dudo sanarán en esta vida. Roza huyó y abandonó su sueño por mi culpa, abandonó a sus amigos, a Vasilisa… me dejó a mí. Esta vez la empujé demasiado lejos, lo sé. Por mi estupidez perdí a la única mujer que he amado, pero lo juró, creí que era lo mejor y tarde descubrí que la ahuyenté en el momento en que más la necesitaba.
Mi madre limpió mis lágrimas con ternura – Dimka, después de todo lo que has contado puedo decir que incluso como strigoi la protegiste – Intenté refutar la idea, pero no me dio oportunidad – ¿Dime entonces por qué te fuiste de América si no fue así? Ni el mal pudo conquistar tu amor por ella. Pensaste que no podías percibirlo, pero siempre estuvo ahí. La maldad tiene emociones fuertes y poderosas, no puede apreciar algo tan puro como el amor, así que lo sustituye con la única emoción que puede bloquearlo, más no desaparecerlo… el odio. Como uno de ellos a veces ganaba una, a veces la otra. Pero escúchame bien, eres digno de ella y nada está escrito. La encontrarás y todo se arreglará entre ustedes, solo necesitan tiempo para reencontrarse a sí mismos.
Ya no quería más falsas esperanzas, todo el mundo parecía creer que sería el único capaz de encontrarla. Todos menos… yo. La encontré en Portland gracias a la pista anónima que recibimos días antes; pista que hasta hace poco descubrí proporcionó Abe. El crédito en Spokane se lo llevó el espíritu de Adrián y ahora ha dejado claro que no contamos con su ayuda. No quiero recordar las demás veces que fui capaz de localizarla, solo diré que como strigoi nadie me decía que no.
Eso y que el único hombre que la ayuda a escapar es el mismo que se encargó de desaparecer a mi padre de nuestras vidas y hasta el día de hoy, tengo más de once años de no verlo.
¿Once años? No, un mes más sin mi Roza y no sé de qué seré capaz.
Volví a mi realidad, aún tenía algunas preguntas que hacerle a mi madre y este era el momento más oportuno – ¿Cuánto sabes de... nosotros? ¿Estas decepcionada? – La miré con timidez.
Me sonrió con afecto – Sé lo suficiente. Que Roza te ama lo bastante como para venir hasta aquí y arrebatarte de entre los muertos ¿No sé por qué piensas que estaría decepcionada? Sí es joven, pero también es noble, valiente, entregada y para mí esos son rasgos de una mujer maravillosa. Sin mencionar que le estaré eternamente agradecida por lo que hizo por ti y por tu hermana – ¿Por mi hermana? ¿Cuál de ellas, qué ocurrió? Notó mi confusión, pero la dejó pasar – Desconozco los detalles de su relación, si es que alguna vez hubo una. Porque te conozco bien y sé que hiciste lo imposible por evitarla; siempre has seguido los lineamientos que se nos han impuesto y aun no estando del todo de acuerdo cumples con tu preciado deber guardián. Y no me malinterpretes, ese es un rasgo admirable, habla de quien eres. Pero mi niño, hacer lo correcto es hacer lo que te dicta tu corazón.
– Lo sé y Roza me lo ha demostrado infinidad de ocasiones. La amo con todo lo que soy y por eso la voy a encontrar y voy a recuperarla, porque la necesito para seguir existiendo. Aunque muy propablemente ella a mí ya no.
– Y ella a ti hijo mío, no lo dudes... ella a ti.
Un saludo donde quiera que te encuentres, sea de noche o de día. Mil gracias por leer, seguir y comentar.
Nada más para aclarar, se supone que las conversaciones de Dimitri en Baia, son en ruso.
Besos, Isy.
