Coco no me pertenece, uso sus personajes sin fines de lucro.


La vida en la capital


De la Cruz está filmando su tercera película de ese año, su carrera había sido muy productiva desde que comenzó. Pero se había quedado varios días en el set por errores suyos, se equivocaba en algunas palabras y sus actuaciones eran poco creíbles; el director ya estaba perdiendo la cabeza ante su poco profesionalismo.

No era la intención de Ernesto cometer tantos fallos, por lo general todo lo hacía bien a la primera para evitar este tipo de contratiempos, pero su mente estaba en otro lugar. Hace días se había dicho que la Guerra Cristera tenía un cambio al grado de radical únicamente en Jalisco y sus estados alrededor; eso significaba que también Santa Cecilia estaría involucrada.

Estaba demasiado preocupado, no podía enfocarse bien en lo que hacía; solo pensaba en esas personas importantes… su familia envuelta en todo ese caos. Quería ir y buscarlos, pero los contratos y su representante le impedían hacer algo al respecto hasta que acabará de realizar la película; esto solo lo ponía ansioso e impotente, se había puesto las cadenas el solito.

¿Qué pasaría con ellos?

—Señor de la Cruz…—la voz de la asistente lo desvió de sus pensamientos.

—Sí, ¿qué ocurre? —intento sonar confiado, aunque su mente se ahoga de mortificaciones.

—Leticia llamó, dice que hay un señor con una niña afuera de la casa que dice conocerlo…

—Todos me conocen—suspiro un poco fastidiado.

Muchos llegaban y se hacían pasar por el "anónimo compositor" para torcerle el brazo, había otros más comprensibles que solo pedían dinero ya que algún familiar estaba gravemente enfermo o le ocurrió un accidente; con ellos era más amigable y les daba dicha cantidad. A los demás que se querían colar de su fama, los manda a la chinga…

—Dice que se llama Héctor Rivera…

¡Olviden la grosería! Ernesto se puso en friega las botas y agarro su abrigo antes de salir del camerino.

— ¡Señor de la Cruz! ¿A dónde va?

—Dígale al director que necesito unos días descanso, estaré en mi casa si me necesitan… ah, y dile a Margarita que los dejé pasar.

Con esa indicación, se fue como rayo, incluso no escucho al director gritarle que regresará de nuevo a filmar. Debía de llegar para recibirlos…

[…]

Coco bufó un poquito al ver por tercera vez esa casita con bugambilias, habían estado vueltas por la cuadra y apenas su papá se daba cuenta de ello, por estar concentrado en leer la fea letra que tenía su amigo. No sabía con exactitud donde era la casa.

Había seguido las indicaciones de mucha gente; que vete todo derecho, sigue esta la esquina, vete pa' tras o pa' delante… pero la capital era abrumadora por lo su gran tamaño, muy diferente en comparación con un pueblo.

― ¿Ya te perdiste?

―No me he perdido, solo agarre el camino largo…―Coco rodó los ojos y su mirada se fijó en una casa.

―Date la vuelta, hay que ir a esa casa, Clementina necesita agua…―jaló las ropas de su padre y señaló el inmueble.

―Bueno, bueno… Parece que quieres más a la mula que a mí.

Héctor le indicó al animal que diera vuelta, ya enfrente del cancel de una casa elegante tocó la puerta, solo bastó unos minutos para que una jovencita llegara con ellos.

― ¿Se le ofrece algo?

Héctor se quitó el sombrero―Buenas tardes ¿No nos podría ofrecer algo de agua para la mula?

La muchacha alzó la ceja confundida, era muy curioso que ese hombre solo pidiera eso― ¿Seguro?

―Sí, venimos de lejos y necesitamos llegar con un amigo…

―No sé si el Señor de la Cruz me dio el permiso para eso.

―Vamos, una chanci-… ¡Espere! ¿Dijo De la Cruz?

―Sí, está es la casa de Ernesto De la Cruz―dijo tranquila asumiendo lo obvio que era.

Héctor miró la carta ¡Pinche número culero! Luego miró a Coco, ella soltó una risita divertida por ser la única en entenderle a la letra fea de su padrino, Héctor se volvió a dirigir a la señorita.

― ¿Podría llamarle a su patrón? Es un amigo mío…

La muchacha iba a responder, pero un grito se lo impidió― ¡Margarita!

Respiró hondo, intentando guardar la calma y se dirigió a la mujer envuelta en ropas finas―Señorita Leticia, ¿Qué se le ofrece?

― ¿Quiénes son ellos?―señaló con desdén a Héctor y Coco.

―Dicen ser amigo del patrón…

―Todo el mundo es amigo de Ernesto ¡El mundo es su familia!

―Con todo respeto, señorita. ¿Ernesto esta en casa?

―No me hable, solo tendrá el derecho de hacerlo cuando este más presentable.

Coco frunció el ceño― ¡Óigame, no le diga eso a mi papá!

―Pero que niña tan mal educada.

― ¿Mal educada? Mal educada, usted. Pin-…―Héctor le tapó la boca a su hija.

Sí, tenía un punto a favor, no estaban del todo… "presentables" ¿cómo lo estarían? Han pasado varios días viajando sin detenerse, el miedo de ser asaltados hacían sus noches muy cortas y los días muy largos. El único aseo que tuvieron a lo largo de su travesía, si se podría decir "baño", fue una echada en los ríos o arroyos que encontraban.

Tenían hambre, cansancio y un profundo miedo. Dejaron muchas personas sin poder despedirse; ya que no pudieron mirar atrás, Héctor no quería que esta noche su más grande tesoro durmiera sin un techo. Se dirigió de nuevo a la muchachita, ignoró las miradas de furia que se lanzaban Coco y esa señorita de alta clase.

―Estamos cansados y con hambre, por favor, le puede dar el recado a su patrón.

―Margarita no le haga caso, de seguro es otro cola-…

―Señorita, está hablando conmigo, yo lo resuelvo.

Leticia solo se dio la vuelta y hecho pies con furia hasta la casa, ¿Cómo se atrevían esos vagabundos de aprovecharse de su Ernestito? ¿Qué se creían? Ella sabía que si seguía de esa forma, todo su dinero se iría al barranco y se lamentaría por el resto de su vida al desperdiciar de esa manera.

¡Que busquen trabajo! ¡No se puede vivir solo de limosnas!

Desvió su enfado al ver que Margarita regresaba y marcaba en el teléfono.

―Se puede saber ¿Qué planeas hacer?

―No me hará daño preguntarle al patrón…

―Vas a desperdiciar su tiempo.

―Solo es una llamadita…―comenzó a sonar, pero antes que pudiera contestar sintió un jalón.

Cuando se incorporó un poco de eso, pudo ver a la señorita Leticia con el auricular en la mano y encima de la bocina, tan pronto como contesto, le dio de nuevo el auricular con una cara de enfado.

― ¿Bueno, bueno? Oh, era Leticia. No, no cuelgue, le puede dar un recado. Por favor. Llegó un señor con una niña. Se llama Héctor Rivera, para que sepa. Gracias―colgó la llamada y miró a la visitante―Ni se te ocurra llamar, sale caro el servicio.

―Yo te lo pago.

―Como no―rodó los ojos, parecía que ella era la más responsable de la vivienda.

Desde que esa señorita se fijó en su patrón, tenía la política de tratarla bien, pero era exasperante, no sabía cómo le hacía Ernesto para aguantarla. Ella solo estaba a cargo de la casa cuando él no está, pero ahora se había vuelta como una especie de niñera (o más bien esclava) de esa mujer. La llamada regreso afirmando que si era un amigo suyo, agarro las llaves de repuesto y fue para abrir el cancel siendo seguida por Leticia.

―Tal vez te confundiste, el servicio no es tan bueno…

―Se lo que oí, fin del asunto. Son amigos del patrón.

Les dio la bienvenida y les dijo que en un rato llegaría Ernesto a recibirlos, también les sirvió comida, ya que ambos tenían hambre. Repitieron varios platos, aunque fue más por la niña quien repetía la comida. La puerta se abrió, y Ernesto apareció con algo de cansancio como si hubiera estando corriendo a pesar que tenía coche.

―Padrino…

Ernesto se echó para atrás el pelo y se fue directo a Héctor, lo agarró de los hombros con fuerza― ¿Quién eres?―Leticia sonrió en sus adentros, pero no le duro cuando el cantante lo abrazo con fuerza―No te pareces para nada al mocoso que conozco.

―Cabrón, ya sé que me falta una rasurada…―le respondió con algo de enojo, pero también le devolvió el abrazo.

Por un momento pensó que él lo había olvidado, que la fama le había consumido.

Que ya no era su amigo.

― ¡Padrino!

― ¿Y quién es esta chiquilla…?―intento cargarla, pero no pudo―Uh, ya estas pesada.

―Ya estoy grande…―dio un bostezo, sin poder terminar.

―Ya te pego el viaje, hija…

―Permíteme…―interrumpió Margarita―La llevaré a su cuarto, ustedes tendrán que ponerse al día.

―Muy bien, Margarita. Te lo dejo en tus manos.

Ambas salieron del comedor, Leticia hizo acto de presencia, ya que al parecer, no la notó―Ernestito.

― ¡Oh! ¿Desde cuando estás aquí, Leticia?

―Desde la mañana…―dijo algo malhumorada, pero suavizó su ceño―Pero no me voy a enojar contigo si mañana en la tarde vas a una comida a mi casa―exclamó de forma melosa.

―Claro, Leti…―dejo que le diera un beso en la mejilla y ella se fue toda orgullosa a su casa.

― ¡Uh! ¿Quién sabe Dios donde conseguiste esa vieja?

―Espero que no te oiga.

― ¿Desde cuándo no andas de mujeriego? ¿Ya te tiene bien amarrado, verdad?―se burló con algo de cansancio.

―Es la sobrina de mi representante, no me le puedo negar sino le cuenta el chisme a su tío.

―Eso si está cabrón.

―Ni me lo digas, ¿un tequila?

―Claro, amigo.

Ernesto no podía creer como estaba su amigo; su piel quemada por culpa de los rayos del sol, mugriento por la tierra del camino y su barba casi formaba un bigote, de ahí en cuenta seguía igual de bien, aunque lo notaba más decaído.

Y suponía el porqué, también pudo ver en Coco el inexistente brillo de sus ojos; ellos se habían marchado en una situación complicada y el relato de su amigo lo confirmaba. Ernesto odia verlo así de devastado, pero siempre Héctor lo reconforma con esa sonrisa triste, es un sello que no cambia de él; aunque las cosas podrían estar de la chingada, Héctor quería seguir sonriendo para ocultar todo el mal que le sucede tanto en su cabeza como en el alma.

Al caer la noche, ambos se fueron a sus respectivas habitaciones, la casa era lo suficientemente grande como para perderse en ella, y eso inquieto a Coco. Después de viajar varios días sin poder dormir bien, cayó rendida en los brazos de Morfeo al sentir la cama en su espalda, solo despertó ya muy tarde a causa de esas pesadillas y el rayo acompañado de un trueno que sonó por toda la capital.

Coco buscó a su padre entre el llanto chiquito, el miedo la consumía; aún podía oír las balas atravesar las paredes, el llanto de las mujeres y las plegarias de los hombres. De cuarto en cuarto fue en busca de su papá, y la desesperación de no ver un bulto en la cama solo hacía que sus lágrimas siguieran cayendo y temblaba con cada trueno.

Al final, pudo ver a un cuerpo en la cama de esa habitación, pero este era muy grande para ser el de su papá, con algo de miedo llego hasta él y se dio cuenta que era el de su padrino. Lo sacudió un par de veces; si no fuera porque roncaba hubiera dado un gran grito pensado que tal vez se murió porque no respondía a las sacudidas.

— ¿Sí? —exclamó soñoliento y confundido.

— ¿Dónde está papá? —preguntó asustada entre lágrimas.

Ernesto se rasco los ojos, con algo de pereza, pero también entendiendo su preocupación, la llevó de la mano hasta la habitación de Héctor, Coco al verlo fue corriendo en busca de refugio.

— ¡Papá! Papá—Ernesto se sobresalto.

Nunca vio a la niña tan exaltada y con mucho miedo ¿Tan mal lo había pasado? Solo sabía la versión de Héctor y comprendía que habían pasado un infierno, pero ¿y ella? Siendo la más pequeña, desconocida de los males del mundo, es decir, ella no sabe cuánto le dolió a Héctor la perdida de su madre.

— ¿Mija? —Héctor reaccionó medio adormilado.

Coco al ver la reacción, rápido se coló en la cama y las cobijas —Tengo miedo, papá.

Héctor aún tenía los ojos cerrados, pero sabía de su temor, la abrazó y acarició su cabeza—Ya, ya.

Para sorpresa de Ernesto, él comenzó a cantar, una canción tan linda como era su voz de cenzontle, pero melancólica como lo hacen el cri-cri de los grillos.

Era un bello arrullo, le hacía recordar la primera vez que lo oyó cantar, como su cantó le caló hasta los huesos, pero éste era un somnífero muy efectivo que quería quitar todos los males.

Ernesto se durmió a la orilla de la cama.

[…]

— ¡Despierta! —gritó Coco por quinta vez.

¿Por qué su padrino tenía el sueño bien pinche pesado? Se puso las manos en la cadera con algo de enojo, pero después sonrió con algo de malicia, fue al baño y volvió con una toalla húmeda, sin el mínimo cuidado se lo aventó a la cara.

— ¡Chingadama…-!—no había pasado ni cinco segundos con esa toalla.

Ernesto estaba desorientado ¿Por qué estaba en la cama? Pero no se concentró tanto en eso, prefirió lanzarle una mirada de reproche a su ahijada por hacerle algo tan vil, la cargó de la cadera como si de un saco de papas.

— ¿Viste que hizo tu condenada chamaca?

Héctor estaba cocinando, Ernesto dejó de cargar a Coco y esta tomó asiento para empezar a desayunar.

—Pues no te despertabas, tuve que tomar otras medidas.

— ¡Ya lo oíste!

—Yo le pedí que te despertará. Nunca le dije como, además ya es tarde.

—Es cierto, desde muy temprano nos levantamos y tú ni te movías—alegó la pequeña.

—Yo estoy de vacaciones—respondió.

— ¿Y eso que? Papá viene martillando desde que andamos de viaje.

— ¿Martillando?

—Sip, por los zapatos—dijo con orgullo.

—Nada de eso.

—Vamos, Ernesto—al fin habló Héctor sirviendo en un plato—Necesito conseguir un empleo temporal hasta que... las cosas se calmen.

—Ya lo tienes, compones canciones.

—No voy andar así, también necesito pagarte la renta.

—Ni siquiera lo pienses, eres mi amigo ¿Para que necesito yo tu dinero?

— ¿Y qué pasó con el varo que te prestaba? —pregunto con la ceja alzada.

—Eso es muy distinto.

—Muy bien, se lo preguntaré a; María, Alejandra, Sofía, Antonia y entre otras, haber si me responden lo mismo.

Ernesto quiso alegar, pero no encontraba nada para decirle, Héctor le arrimo el plato con el desayuno servido, sus ojos se expresaban de forma paterna y eso hizo que le provocará sonreír.

— ¡Ay! —el grito de Margarita hizo que todos la mirarán.

— ¿Margarita qué ocurre?

—Na-Nada, patrón—mintió mientras recogía el mandado que había tirado.

Claro qué había algo raro, un hombre desconocido junto con su hija llego a la casa de su patrón, de un día para otro. La casa se envolvió en un ambiente cálido y familiar, siempre se sentía algo fría por la soledad o el agobiante trabajo que tenía De la Cruz.

Pero Héctor (si mal no recordaba su nombre) estaba en la cocina preparándole la comida; no se vería nada raro, si Ernesto tuviera camisa y no hubiera visto como se miraron de esa forma. Tal vez solo estaba malinterpretando.

— ¿Cómo se despertaron tan temprano? —cuestionó Ernesto.

—Costumbre.

—Tus ronquidos—habló Coco con la boca llena de frijoles—Aparte, padrino, me estabas aplastando ¡No cabemos los tres en la cama! Yo aún estoy chiquita, aun puedo dormir con papá, tú no.

¡Bien, es oficial! Son jotos. Ernesto escupió el café al entender que las palabras de Coco se podrían malinterpretar, miró a Margarita y está los veía incrédula.

—No sé lo diré a nadie—dijo con nervios.

— ¿Decir qué…?—cuestionó Héctor.

—Nada—habló con rapidez la muchacha—Coco ¿No quieres salir a jugar?

— ¿Puedo? —preguntó la niña emocionada.

— ¿Ya acabaste? —preguntó su padre y ella asintió entusiasmada.

Héctor hizo como se lo pensó, haciendo que Coco lo mirará fijamente esperando su respuesta—Bien, ve.

Como los rayos de ayer, rápidos, la pequeña jalo a la muchacha al patio.

—Me alegra que se divierte…

—Esta tarde me vas acompañar.

—No te voy hacer el paro.

—No es por eso (a parte), es para que conozcas al representante y a Doña Laura.

— ¿Esa señora? —preguntó sin creer que fuera ella la que impulso a Ernesto al éxito.

—Anda, esa señora te quiere conocer a ti y a Coco.

—Bien.

—De paso necesitamos que tengas un traje para presentarte…

— ¿Dónde lo conseguiremos?

—De eso no te preocupes, Ceci se encargará de ello.

Desde aquí empezaba la vida en la capital para los Rivera.


Quiero hacer una aclaración, Leticia no debería existir, pero la pinche nube me borró casi todo el capítulo y me desquité de esta manera :)

Otra cosa, quiero hacer una dinámica, no diré cuáles son las opciones solo pondré.

1.

2.

Y ya, elijan sabiamente, ya que también lo contare en otras plataformas donde publico esta historia, su elección se tomará en cuenta para saber cómo se devolverá transcurrirá este Au (la neta es que no me puedo decidir :v) La fecha límite es hasta el 15 de mayo, de ahí se cierra las votaciones.

Después de este corte informativo…

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