Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.

A excepción de algunos nuevos personajes.


Capítulo 12

Rose

Me sentía tan… estúpida.

Lo mismo debe creer Dimitri.

¿Por qué? ¿Por qué tenía que pasar algo así, precisamente hoy? Pensará que sigo siendo una niña en busca de problemas.

¡Urghh!

Inestable me levanté del inodoro y fui a tomar mi cepillo de dientes para limpiar mi boca y eliminar el mal sabor.

Al principio la idea de un bebé dentro de mí me aterraba. Bueno,aún hay días en que lo hace, pero ahora me encanta el concepto. Aunque la parte de los vómitos y mareos no es divertida.

– ¿Por qué mi vida tiene que ser tan complicada? – Busqué mi bata para dormir y comencé a desvestirme – Veló por el lado positivo, tal vez algún día escribas un libro – Pensé en los posibles títulos – La vida inútil de Rose Hathaway; Crónicas de una dhampir; Ser Shadow Kiss, Volumen I – Me reí – Necesito terapia…

¡Toc, toc!

Llamaron, ajusté mi bata y me dispuse a abrir. Era típico de Abe, no podía esperar hasta mañana.

Abrí la puerta y al instante deseé no haberlo hecho. No sabía cómo lidiar con él ahora. Me sentía fatal, física y emocionalmente.

¡Recuerda Rose, sé profesional! Nada de deslumbramientos.

– ¿Necesitas algo Guardián Belikov? – Me recargué en el marco, pues todavía me desestabilizaba con cualquier movimiento brusco.

– Como cuestión de hecho, solo a ti.

Intenté con todo mi ser demostrar ninguna emoción. Era difícil, me encontraba frente a un experto.

– ¡Por favor Dimitri, ahora no!

Avanzó cauteloso – Si no es hoy, ¿entonces cuándo? Nos debemos una conversación… seamos honestos. Es todo lo que te pido.

Entré a la habitación y fui directo al sofá. Quería contestarle mil cosas, como que yo no le debía absolutamente nada. Sin embargo, los mareos empeoraban a cada instante y no me permitían pensar con claridad.

– Ya tuvimos una y no tengo nada más que decir.

Cerró la puerta y lentamente se aproximó a la pequeña sala – Esa no fue una verdadera plática y lo sabes. Tal vez no tengas más para agregar, pero yo sí tengo un montón que hablar.

¡Maldita sea! No tenía ánimos de discutir. Así que contra todo pronóstico terminé por señalarle un asiento – Adelante – Suspiré, esperaba que mi fuerza de voluntad fuera tan inquebrantable como su auto-control.

Dimitri se quitó el abrigo y lo colocó detrás de él. Posó los ojos en mí, mientras se refregaba las manos sobre los muslos.

– No me separé de ti ni un minuto desde que saliste del quirófano. Nadie pudo alejarme – Hizo una pausa solo para levantarse y arrodillarse a mi lado – Estaba aterrado, jamás había sentido tanto miedo – Su mano temblorosa tomó la mía – El pensar que morirías, que nunca volvería a verte sonreír, escuchar de tus labios el ridículo apodo que tienes para mí… no era nada comparado con el temor que me producía el saber que había altas probabilidades de que murieras pensando que no significabas nada para mí. Cuando es todo lo contrario… Rose, eres mi vida. Y quiero pedirte perdón por todo el daño que te he hecho… que nos hice.

¡No llores, no derrames ni una lágrima!

– Bueno, eso lo resuelve todo – Me libré de su agarre y hablé con insignificancia – Solo estaba esperando a que vinieras y te disculparas conmigo. Ahora, ¡volvamos a ser los de antes!

Se pasó una mano por el cabello – No soy tan imbécil como para creer que una disculpa lo arreglará todo. Me disculpo porque es lo menos que mereces y porque eso apacigua un poco mi conciencia – Exhaló – El no verte en la habitación y descubrir que yo era el motivo de tu huida fue un golpe muy duro ¿Sabes lo que sentí? Me obligaron a dejarte y cuando volví mi mundo terminó de desmoronarse.

Me levanté bruscamente y le di la espalda. Anhelaba poder hablar con él de esta manera, abiertamente y sin minimizar lo que sentíamos.

¿Por qué lo hacía justo ahora?

– Lo siento mucho, de verdad. Dime lo que quieres que diga, dime lo que quieres que haga, pero vuelve. Roza… te amo.


Dimitri


Lo había dicho, al fin se lo había dicho.

Saqué de mi pecho las palabras que debí pronunciar cuando volví a dhampir y que definitivamente nunca debí dejar de expresarle.

Aunque poco me duró la dicha.

– Pues lo lamento, porque yo ya no te quiero.

Seguía sin mirarme. Más allá de su declaración, fue su tono el que me asustó… e hirió.

Antes me resultaba natural descifrarla, era algo innato entre los dos. Sin embargo, su nueva actitud y las paredes que al parecer ha construido para protegerse me tenían contrariado.

Pese a ello, tenía que abrazar la esperanza y desechar la idea de que había llegado demasiado tarde.

¡Paciencia Belikov!, fuerza y paciencia.

Respiré profundamente, mientras me posicionaba frente a ella – ¡Mientes…! siempre has sido una terrible embustera.

– Te equivocas, seguí tu buen ejemplo y me di por vencida – Levantó la mirada, y sí encontró dolor en mis ojos, lo disimuló perfectamente – ¿Querías saber por qué me fui? Pues ahí tienes la respuesta. Ahora ya es…

– ¡No! – La interrumpí – No digas que es tarde. Las personas no dejan de amar a los demás en tan poco tiempo. Uno no es dueño de lo que siente o deja de sentir.

– No me tires una de tus reflexiones de maestro zen. Te aseguro que es lo último que deseo oír en este momento.

Intentó salir de mi camino, pero se lo impedí tomándola suavemente por el brazo.

– Pues no me mientas a la cara. Sé honesta conmigo, por favor.

Suspiró una vez más, parecía agotada y había otro sentimiento en sus fracciones que no pude colocar.

– Siempre lo fui… tú no – Comenzó recalcando – Sabías de mi amor por ti y de mis alcances. Aunque al parecer no fueron suficientes para que los apreciaras – Intenté hablar, pero su argumento me silenció – ¡Esta bien, lo acepto! Puede ser que aún tenga sentimientos por ti, pero también es verdad que me estaba acostumbrando a no verte… a estar sin ti. Y todo se fue al demonio en el momento en el que apareciste de nuevo ¿Y quién sabe? Unos meses más y habría sido capaz de decir que no te necesito y que no me haces falta.

De pronto, sentí que se encontraba muy lejos de mí. A pesar de tenerla a un paso de distancia, por lo que la sujeté del otro brazo para afianzar mi agarre.

– ¿Cómo te hago entender que lo hice por tu bien? Estaba dolido, confundido, furioso… pero nunca contigo. Actué como lo hice porque te amaba lo suficiente como para dejarte ir. Aún lo hago y por eso estoy aquí – Una de mis manos se fue a su barbilla – No deseaba arruinarte la vida – Murmuré.

Esta vez no intentó soltarse de mí – ¿Es que no lo has entendido Dimitri? Yo decido lo que es mejor para mí…

– Estabas con Adrián – Sin darme cuenta la frase salió de mi boca.

La sorprendí con la declaración, lo vi en sus ojos. No obstante, desconocía cuánto deseaba discutir el tema con ella – Tienes razón. Pero a diferencia tuya, yo sí puedo mantener mis promesas.

– Vuelvo a repetir – No pretendía perder el control, pero era complicadísimo cuando todo lo que deseaba era tenerla entre mis brazos – Si estoy aquí es para honrar el juramento que te hice en la cabaña. El cual no rompí del todo, te estaba previniendo de la amenaza… te protegía de mí. Y mientras seas la mujer que amo, nunca dejaré de preocuparme por tu bienestar o de protegerte. Además, ¿qué tiene que ver esto con Adrián?

– No es como si te lo tuviera que aclarar, pero lo haré porque quiero que de una vez por todas terminemos con esto. Es muy agotador y ya me ha costado un amigo – Hizo una pausa – Mantuve una relación con Adrián porque lo chantajeé para que me ayudara a llegar a Rusia ¿O cómo piensas que crucé medio mundo? – ¡No puede ser! – En aquel momento era mi única opción ¡Demonios! le habría vendido mi alma al diablo. Ahora me doy cuenta del gran error que cometí. Aunque él no está exento de culpa, me hizo prometerle que le daría una oportunidad una vez que regresara y no me dio alternativa.

– Cuando te lo pregunté, me dijiste que te hacía feliz… que lo querías – Mi voz se entrecortó.

Sus bellos ojos se hicieron cristalinos – Y es la verdad, lo quiero – Tragué, mientras mis manos se fueron soltando de ella – Pero nunca lo amé.

– Pues entiendo menos. Por qué te entregaste a él si no… si tú no… – No fui capaz de terminar la pregunta.

Tardó en contestarme, quizás recordando que había visto la mordedura en su cuello. El momento me pareció eterno.

– Dimitri, nunca estuve con Adrián – Solté la respiración que mantuve involuntariamente – Pero no te lo voy a negar, estuve cerca de dormir con él. Ese día… – Ese maldito día, pensé – … fue uno de los más difíciles que he tenido que pasar. Estaba destrozada y estúpidamente busqué en Adrián lo que no tenía contigo… amor.

Una lágrima resbaló por su mejilla. No pude contenerme y la abracé contra mi pecho; aproveché para ocultarle que mis ojos también habían comenzado a humedecerse.

– Rose, siempre lo has tenido – Vacilante envolvió sus brazos en mi cintura. Fue un momento único. Nos mantuvimos en silencio hasta que no lo soporté más y he de decir que me arrepiento de haberlo roto – ¿No entiendo cómo fue que creíste la mayor mentira que he dicho en mi vida?

– Es que no la creí – Nos apartamos al mismo tiempo – Siempre he sabido que tu amor no se había desvanecido como pretendiste hacerme creer – Decir que estaba confundido sería una falsedad – Pero te diste por vencido, te rendiste en nosotros y ni siquiera nos diste la oportunidad. Tomaste una decisión cuando me aseguraste que habías renunciado a mí y sabía que no había nada que pudiera cambiar tu forma de pensar – No refuté nada, ella tenía razón – No fue suficiente todo lo que hice como para merecer de ti al menos una oportunidad. No querías verme, mucho menos hablar conmigo – Comenzó a sollozar.

– No llores. Por favor, no llores Roza – No podía manejarlo.

– Me lastimaste… mucho ¿Pero quieres saber qué fue lo peor? – Asentí temeroso de escucharla – Que lo hiciste siendo tú mismo, me hiciste más daño como dhampir que como strigoi – Algo en mí se rompió. En mi afán por protegerla le causé más pena de la que pretendí ¿Cómo pude estar tan ciego? Limpió su rostro – Por qué no nos hacemos un favor y nos evitamos todo esto, vuelve con Lissa. Ella te necesita más que nunca.

Me preocupé; Rose tiene la posibilidad de seguir cuidando de Vasilisa sin necesidad de estar presente, pero yo no. Y desde que me había ido no tenía modo alguno de comprobar en mi cargo, no sabía nada.

– ¿Por qué lo dices? ¿Acaso se encuentra en problemas? ¿Podrías revisar el vínculo?

Sonrió sin humor – Lo haría gustosa solo para calmar la inmensa preocupación que te genera tu única salvadora ¡Pero no puedo! – No creía que se estuviera vengando de mí de esta manera – Sé lo que estás pensando y no, no es que no quiera o te esté castigando. Simplemente, ya no hay vínculo Dimitri – ¿¡Qué!? – Supongo que eso ocurre cuando mueres por segunda vez – Se encogió de hombros, como si su muerte no fuera nada.

Traté de redirigir mis ideas – Aunque estoy en un puesto que no me corresponde, Lissa es mi cargo y me preocupa. Te ayudó a traerme de vuelta y le debo lealtad, pero a ti… te debo el alma. Por ti estoy aquí y si no lo reconocía era solo para no amarte más de lo que ya lo hacía ¡Qué imbécil!

Pocas veces había jurado en su presencia. Que recuerde, nunca en un idioma que entendiera y eso le sorprendió.

– ¿No quieres ir a casa? Olena estará feliz de tenerte con ella – Susurró.

– Tú eres mi casa y a donde quiera que vayas, iré. No quiero pasar otro día sin ti – Le tomé ambas manos – Te amo.

Había algo que le impedía reaccionar a mi confesión y me mataba su renuencia. Sospecho que esto era lo que sentía con mi indiferencia.

– Dimitri, sabes que nuestra relación esta fracturada, fuera la que fuera. Porque profesionales nunca fuimos, ni mejores amigos o compañeros de guarda y mucho menos pareja – Soltó una risa – Es gracioso, a estas alturas y sigo sin saber qué carajos fuimos.

– Esta bien, hice mal y acepto las consecuencias. Pero no me estoy dando por vencido ahora que he recapacitado, que te tengo conmigo y que sé que aún puedo rescatar lo que tu corazón siente por mí.

Besé sus nudillos, aunque moría porque fueran sus labios.

Volverás Rose… no sé cómo ni cuándo. Pero regresarás a mí.


Antes habría tomado cualquier excusa para evitarla y el problema nunca fue ella, era yo.

Mi auto-control se tambaleaba frente a Rose, con ella siempre estuve en desventaja. Y tal vez no fui tan evidente, pero puedo constatarlo con todas las noches de insomnio que pasé, los sacos de box que desgarré y las múltiples duchas frías que tomé.

En fin, hacía lo que estaba en mi poder para no topármela y ahora, estaba haciendo todo lo posible para encontrarme con ella.

Nos vemos en las comidas y durante las prácticas con el equipo, que es en donde más tiempo compartimos y cuando me dirige más de tres palabras. Parecía molesta consigo misma; si algo detesta es mostrarse débil y fue obvio que nuestra conversación removió sentimientos en ambos.

De ahí en fuera, se encierra con el lobo en su habitación, hace yoga en el jardín con Sasha o practica el uso de armas con Atayán.

No ha abandonado la casa y luce expectante a la llegada de su abuela.

Al menos no está pasando tiempo con Zedrik.

– Necesito un plan…

– Y uno muy bueno – Me volví hacía Pavel que me observaba con simpatía y una taza de humeante café – ¿Puedo?

Señaló el banquillo a mi izquierda – Por supuesto – Me recorrí para que tuviera más espacio sobre la isla de la cocina.

– ¿Qué haces aquí, hijo? No es bueno dejar a un hombre solo con sus pensamientos – Suspiré, mientras él bebía – ¿Es Rose?

Me pasé una mano por el cabello – ¿Cuándo no se trata de ella?

Por extraño que parezca sentía una rara conexión con él. Es una de esas personas que te brinda confianza a pesar de acabar de conocerlo. Lo percibía como un hombre sensato y siendo honesto, necesitaba hablar con alguien y Pavel era mi mejor opción.

Lo cual es algo totalmente ajeno a mí, porque siempre he sido muy reservado. Incluso en algunas ocasiones, Iván llegó a molestarse conmigo porque interiorizaba mucho, palabras suyas.

Se aclaró la garganta – Quizá ese sea el problema: piensas mucho y no estas actuando según tus instintos. Ya tienes el apoyo del padre, la buscaste junto a la madre… – Reconsideró – … la cual tal vez te mate cuando la vuelas a ver por haberla traicionado, pero la aceptación estaba. Entonces, ¿qué es lo que te detiene?

Exhalé lentamente – ¡No lo sé! Esta nueva Rose es… diferente. La siento lejana y extraño la versión con la que podía hablar de todo y a la vez de nada y no nos importaba. Era suficiente tan solo con pasar tiempo al lado del otro.

Se rio, pero no de una manera burlona. Al parecer dije algo divertido… o muy obvio.

– ¡Es una chica, hijo! Y esta dolida, esas versiones siempre son las peores. Súmale a eso que es mitad turca. Tendrás que dar todo de ti, hasta que no quede nada más para dar. Mujeres como Rose no requieren palabras, ni flores o chocolates ¡Claro!, de vez en cuando en importante algún detalle de esos, pero sobre todo, necesita acciones que le demuestren lealtad y amor incondicional – ¿Podía hacer eso? Por supuesto que sí – Aquella noche de abril, cuando buscaste la ayuda de mi hermano. Supe que harías grandes cosas y con el paso del tiempo te dedicaste a darme la razón. No te imaginas cuánto te admiro a ti y a mi sobrina, ustedes me han dado una lección importante de vida – Desconcertado levanté una ceja – También fui joven y al igual que tú, ser guardián era todo lo que me interesaba. Por lo que no pensaba en el amor y mucho menos lo buscaba.

– ¿Y qué ocurrió? – No pretendía ser un entrometido, pero por algo me compartía esto.

Mi madre dice que nadie experimenta en cabeza ajena, pero que a las personas con experiencia siempre hay que aceptarles un buen consejo.

Suspiró con cansancio – ¡Nada! No pasó nada. Me enamoré de una mujer bella, noble, desinteresada y letal. La cual se convirtió en una de las mejores guardianas que he conocido ¡Y eso! No fui capaz de luchar por ella – Miró la ventana, afuera, los chicos se encontraban en medio de un entrenamiento aéreo con poleas. Bastante riguroso, debo admitir – Ibrahim y yo somos polos opuestos. Si él quería negro, yo blanco. El hecho está en que le importó poco lo que la sociedad dijera o pensara por casarse con una dhampir y formar una familia. Fue una decisión muy valiente, siempre ha demostrado más coraje. Y yo, no fui capaz de pelear por un amor que en aquel entonces estaba más condenado que ahora. Por miedos y prejuicios absurdos; las excusas llegan solitas cuando uno siente temor – Volvió a mirarme – Esa es una decisión que me va a perseguir de por vida, nada se puede hacer.

– ¿Aún vive? – Se limitó a asentir – ¿Tiene algún compromiso? – Negó – Pues entonces aún hay esperanza. Mi abuela cree que es mejor tarde, que nunca ¿Qué lo detiene? – Le regresé la pegunta que me hizo minutos antes.

Sonrió con simpatía – Lo mismo me dijo Yeva cuando la conocí – Terminó su café y se quedó mirando fijamente la taza – Y no puedo hacer mucho cuando ella protege a la moroi más importarte de nuestro mundo y cuida de tu puesto mientras recuperas a Rose.

– ¿Alberta? Quiero decir… ¿Guardiana Petrov?

Se levantó y colocó la taza en el fregador – Dejarla fue el peor error de mi vida – Volvió a observar el jardín; Zedrik había caído de la polea y todos reían – Al menos lo tuve a él, es un buen muchacho. Le falta un tornillo y tiene muchas manías de mi hermano, pero es muy noble. Lo que siempre deseé en un hijo – No sabía que decir, así que me mantuve en silencio – No tienes por qué preocuparte o sentirte amenazado.

– No sé de qué habla – Pero lo sabía.

Se cruzó de brazos – Yo creo que sí, he visto cómo lo miras. Y si las miradas matarán, él ya estaría tres metros bajo tierra – Me hizo una seña para que me asomara al jardín – Rose y Zedrik hicieron buena conexión, eso es todo. Tienen una relación de hermandad, se tratan como los primos que no son y no sé si te has dado cuenta, pero el pobre chico casi besa el suelo por donde pasas – Eso era lo que más me molestaba, que no podía sentirme completamente enojado cuando el sujeto hace las cosas bien y presta atención a cada una de mis peticiones – De niño, me acompañó a algunos de tus combates en Sn. Basilio. Creo que de ahí surgió su afición por ti. Asegura que quiere ser un guardián por mí, sin embargo, pienso que la razón eres tú y todos los triunfos del que fue testigo.

– Es difícil no sentir celos cuando ella pasa tanto tiempo con él. A mí me evita y con él sonríe – Reí sin humor – Hubo un tiempo en el que me sentía orgulloso de mi capacidad de concentración. Olvidar mis problemas para proteger a mi cargo, pero desde que la conocí esa capacidad se pulverizó. Es lo primero que pienso al despertar y lo último en mi mente antes de dormir, incluso ronda mis sueños. Rose misma dijo que la relación esta fracturada y tiene la razón. Fue mi culpa y no sé qué hacer con eso.

Apoyó su mano en mi hombro – Arreglarlo, tan simple como eso.


Rose


¡Malditas hormonas!, las culpo solo a ellas.

¿Cómo pude darme el lujo de flaquear frente a Dimitri? Llorar, dejarme abrazar y terminar abrazándolo.

¡Carajo! Cuánto me auto-odio en este preciso momento.

Terminé de arreglarme para recibir a mi abuela. Me coloqué frente al espejo y evalué mi apariencia.

Espero ser lo que espera que sea.

¡Uff! Estaba tan nerviosa que hasta pensaba en rima. Quiero decir, no sé cómo ser hija, mucho menos nieta.

Me ladeé un poco para apreciar mi abdomen – Sin evidencias…

– Estas preciosa, como siempre.

Su voz me sobresaltó – ¿Olena no te enseñó que hay que llamar antes de entrar?

Dimitri se aproximó sin apartar su intensa mirada de mí – Lo hizo. Golpeé tres veces, pero como no respondías, me preocupé y decidí entrar.

Rodeé lo ojos – ¿Qué puede pasarme aquí? Estoy bien, así que… – Señalé la puerta.

– Tu padre me envió, quiere reunirse con todos antes de que llegué tu abuela – Asentí tomando mi suéter. Él aclaró su garganta – ¿Rose…? Tengo la intención de pasar tiempo de calidad contigo, pero al parecer no soy capaz de coincidir con tus horarios ¿Qué has estado haciendo?

Odiaba ser tan perra, pero de alguna manera tenía que ahuyentarlo.

– He estado ocupada… evitándote.

Se quedó tranquilo por un momento y terminó por omitir mi comentario – Me he dado cuenta de que no estas entrenando como deberías con el resto del equipo ¿Te gustaría que entrenáramos? ¡Como en los viejos tiempos!

Detuve mi andar – ¿Para qué? ¿De qué serviría?

– Para empezar no es bueno perder condición, la misión requiere de todas tus capacidades. Pero lo más importante… – Se posicionó a mi lado – … para tener tiempo para nosotros, limar asperezas y reencontrarnos. Una oportunidad… es todo lo que te pido, Rose ¿Tan difícil es para ti?

– ¡Lo es! – Espeté molesta – Porque estoy harta de que la vida me tiré golpe tras golpe. Si me mientes una vez la culpa es tuya, pero su me mientes dos veces, la culpa será mía y eso no va a suceder. Ahora vámonos, mi abuela no tarda en llegar.

~•~

Nunca se me había hecho tan eterno el recorrido de mi habitación al despacho de Abe, que es en donde nos esperaban.

Los chicos lucían sus mejores galas de guardián y Shadow estaba recién aseado.

– Ya que estamos todos, terminemos con esto – Comenzó mi padre mientras arreglaba el pañuelo verde de su traje – Mi madre es la Señora de la casa, por lo que está estrictamente prohibido tutearla o hacer cualquier cosa que la incomode. Si les llegará a pedir algo, primero hay que avisar a Pavel. No necesito aclararles que los asesinaré si…

Mi amca intercedió – Lo que Ibrahim pretende decir, es que mantengan especial vigilancia sobre ella – Su hermano rodó los ojos, mi tío le quitaba lo intimidante – Dilara es una mujer muy simple, así que háganla sentir como en casa.

Sentí una mano en mi hombro – No te preocupes tanto, Buffy. Harás una buena impresión, la abuela es una mujer increíble.

Zedrik intentó calmarme, mientras veía por el rabillo del ojo al viejo y a Dimitri aproximarse – Jovencito… te recuerdo que la Señora Dilara no es tu abuela. Ella solo tiene una nieta.

– ¡Ibrahim…! – Sentenció Pavel, pero a Zedrik el comentario le pareció gracioso o eso me decía su sonrisa tipo Zmey.

La relación que tenía con mi padre era indefinida, había aprecio… creo.

Sin embargo, siempre había momentos como este, en donde mi padre le juega bromas un tanto pesadas, que inexplicablemente el moroi disfruta.

¡Qué loco! Uno se aferra a asegurar que es de la familia y el otro se encarga de negarlo.

Abe se cruzó de brazos – ¿Qué? Es verdad – Un coche se estacionó en la entrada – Relájate kiz, todo saldrá bien. Tiene toda la vida queriendo conocerte – Presuroso se dirigió a la puerta, dejándome justo al lado del ruso.

Nerviosa alisé mi vestido y esperé lo mejor – Te lo dije, estas preciosa – Murmuró Dimitri; me volví para verlo y al instante me sentí menos tensa.

Es increíble que aún tenga ese poder sobre mí.

– ¡Muchachos! – Resonó una voz con un acento muy pronunciado. Redirigí mi mirada bruscamente y me topé con una mujer un poco más alta que yo, pero que definitivamente me impresionó por el notable parecido… conmigo – Zedrik, mírate nada más ¿Cómo has crecido? Aunque no has aprendido a peinarte – Ambos rieron mientras se abrazaban y a pesar de hablar en turco, logré recoger el significado de la conversación – ¡Sasha! ¿Ya sentaste cabeza?

El ruso le besó los nudillos – Me temo que no he encontrado a una dama tan bella como usted.

Lo golpeó ligeramente en el brazo – Y jamás la encontrarás si no comienzas a buscarla y te recuerdo que no te haces más joven – Se giró a Atayán – Amir, es bueno verte.

Él asintió respetuosamente – Lo mismo digo, Señora.

– Anne… – Pavel la llamó – Ellos son Denis, Artur y Lev. Los nuevos reclutas – Los chicos la saludaron y gustosa les devolvió el gesto.

– Y ella… – Mi padre me introdujo, mientas sonreía con evidente orgullo – Es Rosemarie, mi hija.

– ¡Por Alá! ¡Eres bellísima! – Cambió al inglés – No puedo creerlo, la única vez que te vi eras como de este tamaño – Hizo una seña con las manos y sorpresivamente se arrojó a mí. Tomándome con la guardia baja, por lo que fue necesario que Dimitri me sujetara por detrás, o de lo contario habríamos caído una sobre la otra.

Se separó y me apartó algunos mechones de la cara.

– ¡Hola! – Dije con timidez.

¿Pero qué diablos me pasaba?

– Hola Rose, soy Dilara. Tu abuela y no sabes cuánto deseaba conocerte – Luego, su atención se fue al hombre alto a mi espalda – ¿Quién es este chico tan apuesto?

Pavel le respondió – Es el Guardián Dimitri Belikov. Se encuentra de visita y es…

– El novio de Rose – Agregó mi querido padre.

CONTINUARÁ…


Te pido una disculpa por la evidente tardanza, pero estos días han sido una locura.

Entre las celebraciones de día de muertos y las reuniones con padres de familia que no tenía previstas, me fue imposible subir el capítulo el día de ayer. De hecho, voy llegado de la escuela :)

Agradezco todos y cada uno de sus cometarios, me encanta saber qué es lo que piensas de la historia y conocer lo que esperas de ella.

Tal vez creerán que Rose ha sido una necia, pero ten paciencia, estoy preparando el terreno.

Aun así, me gustaría leer tu comentario.

Gracias por seguirme y ser paciente.

¡Hasta el próximo miércoles!

Besos, Isy.