Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.
A excepción de algunos nuevos personajes.
Capítulo 13
Rose
– ¿Baba, tienes un segundo? – Le sonreí dulcemente a mi abuela, mientras sujetaba por el brazo al perverso de su hijo – ¡Si nos disculpan! – No usé ni la mitad de mi fuerza, pero sí la suficiente como para demostrarle sutilmente mi descontento.
¡Bien! Estaba más que molesta.
– Después de ti, kizim – Respondió mirando a Pavel.
– ¡Ni lo intentes viejo! – Hablé entre dientes, con la sonrisa fija en mi cara – Esta vez, nadie te va a ayudar.
Prácticamente lo arrastré a su despacho.
Entré detrás de él, cerré la puerta y ya en la privacidad de su estudio…
– ¡Antes que nada! – Levantó las manos en rendición – Recuerda que te quiero.
Rodeé los ojos – ¡Pues no parece! – Me acerqué hasta tenerlo justo de frente – De hecho, comienzo a creer que es todo lo contrario ¿Qué diablos fue eso? – Señalé – Ya sé que eres el defensor de los derechos paternos del ruso, pero yo soy tu hija ¡Carajo! Y sigues complotando en mi contra ¿Qué pretendes y de qué maldito lado estas?
– No pretendo nada y estoy del lado de la razón – ¡Sí, claro! – Tu abuela es una mujer de principios, chapada un poco a la antigua. Cómo le íbamos a explicar que el muchacho Belikov se hospeda en la casa, cuando sabe perfectamente que todos mis tutores tienen su propio complejo y que él tiene que estar cerca de ti, porque a pesar de ser guardiana necesitas protección – Se encogió de hombros – Fue la solución más obvia que encontré. Además… – Concluyó – … no lo negaste.
– ¿Estás loco? ¿Viste su rostro? – El viejo cretino sonrió más ampliamente, como si eso fuera algo bueno – Parecía una niña en víspera de Navidad. Yo no seré la que acabe con las esperanzas e ilusiones de mi única abuela. Sobre todo cuando se trata de la mujer que crio a la maravillosa persona que es Pavel.
Hizo una mueca – ¡Oye! Olvidas que fue a mí al que parió.
Le devolví la sonrisa irónica – Nada es perfecto…
Un golpe en la puerta nos interrumpió.
Dimitri
Lo admito, no tenía ni idea de cómo manejar la situación.
Por un lado, Mazur dándome otra oportunidad… quiero creer. Aunque me gustaría que tuviera la gentileza de avisarme con un poco de anticipación.
Lo bueno es que controlo mis reacciones emocionales, cuando no se trata de Rose.
Y por otro ella, no negando la afirmación de su padre.
¿Qué significa eso?
¡Lo que daría por que fuera verdad!
Lo que me deja en esta incómoda situación. Con su abuela, quien pasa a ser la madre de Zmey y que no ha quitado sus ojos de mí.
¡Necesito una aspirina!
– Mi nieto me ha hablado maravillas de ti, Dimitri.
Pavel me alentó a contestar, asintiendo levemente – Le puedo asegurar que la mayoría son solo exageraciones – Agité su mano en saludo – Es un placer conocerla, señora Dilara.
– Olvida los formalismos guardianes – Sonrió genuinamente – Ahora eres parte de la familia, así que considérame tu abuela – Terminó entrelazando su brazo con el mío.
No sé qué me tomó más desprevenido: si la repentina afirmación de Mazur, que Rose no la refutara, o la rápida aceptación de su abuela para conmigo.
Un Zedrik demasiado alegre me sacó de mi estupor – ¿Quién lo diría? ¡Eh, nine1! – Me palmeó la espalda – Belikov, parte de nuestra familia disfuncional.
Negó divertida, mientras tiraba de mí – ¡Acompáñame, hijo! – Caminó por donde salió Rose con su padre, minutos antes – Quiero saber más de ti, de mi nieta y escuchar cómo es que se conocieron y enamoraron.
Me tropecé involuntariamente, al mismo tiempo que la señora esperaba una respuesta.
– En realidad… – Rasqué mi nuca – Es una historia que… – ¡Ella va a matarme! ¿Pero que más puedo hacer? – … Rose cuenta mejor que yo.
Llamó a la puerta y en momentos como este, hubiera agradecido una espera más larga.
¿En qué me metí?
Rose
El viejo se detuvo a unos cuantos pasos de la puerta.
– Piensa bien lo que vas a hacer, porque tal vez te arrepientas. Quizás no hoy, ni mañana, pero recuerda que el tiempo es el peor recaudador.
– ¿Te estas escuchando? – Bajé mi tono a pesar de las habitaciones insonorizadas – Me pides que le mienta a tu propia madre.
Él igualó el volumen – Es una media mentira. Porque si ustedes dos no están juntos, es porque tú no has querido. Y también lo hago para protegerla de una verdad que no tiene por qué conocer – Suspiró con cansancio – Ella no está mezclada con esta parte de mi vida y quiero que siga así ¿O piensas que será feliz de sabernos en constante riesgo?
– ¿No sabe a qué te dedicas? – Pregunté sorprendida.
Se sacudió pelusas invisibles del saco – Por supuesto que lo sabe… me lo recrimina a diario ¡Ahora, sonríe! – Y con eso abrió.
Revelando a mi querida abuelita, del poderoso brazo de un ruso imperceptiblemente incómodo.
Ella lucía contenta, casi radiante ¡No puedo creer que vaya a hacer esto!
La mirada de Dimitri, atrajo la mía. Quería prevenirme sobre algo, pero no logré descubrir qué. Digo, generalmente puedo leer en él lo que nadie más. Pero no mensajes completos, no he desarrollado telepatía a ese nivel.
– Tienes un novio encantador, eres muy afortunada Rosemarie – Palmeó su bícep derecho – Y parece saludable.
Me reí de su último comentario – Por favor, llámame Rose.
Dimitri agregó – Y yo soy el afortunado.
Elegantemente se soltó del brazo de mi abuela y entrelazó nuestros dedos. El muy maldito descubrió que iba con la farsa y tomó sus oportunidades.
– ¡Por supuesto! – Nos observó ilusionada – Hacen una pareja preciosa ¿Verdad, hijo?
– Ya lo creo, anne – Abe sonrió con descaro – ¿Qué te parece si subimos a tu habitación para que te refresques y descanses? Fue un lago viaje.
– No, iré a preparar un poco de chocolate caliente – Se dirigió a nosotros, que seguíamos como estatuas. Uno al lado del otro – Quiero saber cómo y cuándo se conocieron. Dimitri dice que cuentas muy bien la historia, Rose.
¡QUÉ! Sentí un ligero apretón en mi mano. Era eso… – No hagas mucho caso, es un adulador – Le regresé el gesto, aunque no de un modo reconfortante. Sin más, mi nine salió rumbo a la cocina – Cuando regrese a su casa… – Atraje la atención de ambos hombres – los asesinaré lenta y dolorosamente – Tomé asiento tranquilamente frente a la chimenea – ¿Veamos cómo reacciona cuando se entere de que me enamoré de mi mentor? – Sus caras se fueron de piedra – ¡Ah! Ya no es tan gracioso, ¿verdad?
Me crucé de brazos pensando en cómo librarme de esto y trágicamente la abuela no me dio mucho tiempo para idear algo creíble.
Maldije todas las veces en que me negué a ver películas románticas, a Lissa le encantan y de ahí habría sacado una buena historia ¡Seguro, mejor que la mía!
– Kiz – Mi padre se sentó a mi lado – Se amable.
~•~
– Ibrahim, deja que los jóvenes se sienten juntos – Colocó las tazas de cocoa sobre la mesa de centro. El viejo y Dimitri cambiaron lugares, mientras yo intentaba con todas mis fuerzas ignorar su cercanía y prepararme mentalmente para lo que venía – Y bien… ¿cómo fue?
Suspiré y arrancando la mirada de la alfombra, coloqué en mi cara una sonrisa soñadora.
Pensé que me resultaría más difícil hacerlo. Sin embargo y a pesar de estar separados y con nula probabilidad de iniciar algo que nunca comenzó, atesoraba en mi mente y en mi corazón los más bellos momentos que vivimos antes de que la desgracia callera con todo su rigor sobre nosotros.
Estábamos condenados, nada bueno saldría de algo que desde un principio estuvo destinado al fracaso.
– Roza… – Dimitri acabó con mi reflexión interna.
– ¡Ese es un lindo mote! – Apuntó mi abuela, a quien ya catalogo como una romántica empedernida.
E impensablemente, vi un ligero rubor en las mejillas del hombre a mi lado. Me aclaré la garganta para atraer mi propia atención, centrar mis ideas y no pensar en lo condenadamente lindo que… ¡ya basta!
– Compartí un vínculo mágico con Vasilisa Dragomir, nuestra actual reina – Opté por la verdad – Ciertas circunstancias nos llevaron a escapar de Sn. Vladimir y vivimos durante dos años con los humanos – Sonreí al recordar ese tiempo – En fin, los altos mandos se encargaron de conformar un equipo de búsqueda y rescate. El cual logró localizarnos, someterme y llevarnos de vuelta a la Academia… Dimitri era el guardián a cargo. Ahí fue cuando nos conocimos, en Portland – Me negué a mirarlo – Ya de vuelta. Digamos que mi relación con la directora no estaba en los mejores términos, por lo que intentó echarme y él lo impidió. Aunque en el proceso terminó convirtiéndose en... mi mentor.
Podía verla sacando sus propias conclusiones – ¿Por lo que él es mayor que tú? – Asentí – ¿Y también fue tu maestro? – Consentí otra vez – Mmm… ¿qué ocurrió después?
Me encogí de hombros – Supongo que fue la convivencia, realmente ni siquiera sé reconocer en qué momento pasó.
– Tampoco yo – Intervino Dimitri – Y fue mucho más que la convivencia. Simplemente sucedió, nos sobrepasaba y no hubo nada que pudiéramos hacer.
– Pero lo hicimos – Mi mirada se encontró con la profundidad de la suya – Decidimos negar lo que sentíamos. Ante el mundo y ante nosotros mismos… decidimos engañarnos.
Por primera vez Abe permaneció en silencio, parecía estar evaluando algo. Mi abuela nos sonreía con simpatía.
– Reprimir los sentimientos no es la mejor de las recetas ¡Si lo sabrán mis dos hijos! – Palmeó la rodilla del viejo – También sé que Dimitri fue strigoi, debió ser muy duro para los dos – Agregó cautelosa. Era innegable que no deseaba hacerlo sentir mal y he de decir que me sorprendió el no verlo inmutarse ante la mención, como ocurría anteriormente – Y que te embarcaste en un viaje suicida a Rusia, Rose. Nunca, en todos mis años de vida, había escuchado hazaña más heroica y por eso te admito ¡A los dos! Me alegro de que las cosas hayan salido bien para ambos y que todos los obstáculos que tuvieron que pasar no hayan quebrantado su espíritu – ¡Si supieras! – En su historia hay tristeza, pero sin duda, es de las más hermosas por la fuerza de su amor.
Dimitri
Jamás había estado más de acuerdo con alguien.
– Me gustaría seguir conversando con ustedes, pero creo que es momento de retirarme. El cambio de horarios me agota. Además, ya habrá tiempo para conocernos – Mazur la ayudó a levantarse y nosotros les seguimos – Tengo planeadas tantas cosas… me alegro mucho de estar aquí contigo, Rose ¡No sabes cuánto! – La abrazó y colocó un beso en su frente – Nos vemos más tarde, hijo – Me agaché para corresponder su abrazo y recibir un beso en la mejilla.
– ¿Nine? – La mujer parecía complacida al escuchar a su nieta llamarla abuela en su idioma oriundo – ¿Asistirás al cotillón? Podríamos ir juntas al salón, me urge la compañía femenina.
– No – Dilara hizo un gesto de enfado – Tu padre dice que es una mala idea. Que es por mi propia seguridad, pero la verdad es que pienso que se avergüenza de mí. Nunca he conocido a ninguno de sus amigos; forzosamente me presentó a tu madre y eso porque lo amenacé. Y en todos estos años me ha mantenido al tanto de tu vida, aunque jamás me dijo dónde encontrarte. Porque de saberlo, habría tomado el primer vuelo de Ibiza a donde sea que estuvieras.
El hombre le dirigió una peculiar mirada a su hija, una que he visto en incontables ocasiones en el rostro de Rose. Su parecido es excesivo.
– Anne, ya hemos hablado de esto. Infinidad de ocasiones en realidad y si no te presento amistades, es porque no tengo ninguna.
La mujer dio media vuelta y comenzó a salir – Sí claro, como si no supiera lo sociable que eras en la escuela y la cantidad de mujeres que los seguían. Nunca entendí cómo es que Janine y Betty formaron parte de su prestigiado círculo social, cuando ni siquiera tu madre puede ser participe.
– Gracias por eso, kizim – Zmey fue tras ella.
Sonreí, era agradable ver a Roza interactuando con su familia.
– Dimitri… – Me giré a punto de una torticolis – No puedo creer que te hayas aliado con mi padre, tú que eres todo rectitud y él… bueno, ya sabes ¿Por qué siguen haciendo esto?
– Rose, no tenía ni idea – Dije con sinceridad y no era más que la pura verdad – Aunque no lo niego, me encantaría que así fuera. De hecho, haré lo imposible por hacerlo realidad – Decidido me acerqué a ella, no podía darme el lujo de que me viera vacilante.
Alisó su cabello descuidadamente – Y no podías perderte la oportunidad que el viejo te sirvió en bandeja de plata ¿o sí? – Negué con la cabeza – Pues que sepas que esto es una farsa y que todo el contacto físico que tendremos se limitará a tomarnos de las manos. Siempre y cuando estemos en presencia de abuela Dilara ¿De acuerdo?
– Eso está bien para mí… por ahora – Murmuré.
Ella rodó los ojos y después consultó la hora – ¡Maldición! Nos perdimos la práctica.
¡Perfecto! – Podemos trabajar tú y yo – Mordió su labio inferior, estaba indecisa – Será solo un combate… ¿qué dices?
Sus hombros se hundieron – Bien, pero no te quejes cuando te pateé el trasero frente a tu adepto más odiado.
– No sé de qué hablas – Bromé amargamente.
Como hombre, no me hacía feliz que intuyera mis celos. Pero como un tipo enamorado, era bueno que creyera que los sentía. Aunque técnicamente, sí los sentía. Así sabría que me importa demasiado, tanto como para sentirme amenazado de perderla.
– ¡Ja! Eres un pésimo mentiroso, pero esta bien – Soltó la más bella de sus sonrisas juguetonas – Nos vemos en veinte minutos.
~•~
Al parecer, hoy todo me estaba resultando perfecto.
El gimnasio se encontraba vacío y totalmente disponible para nosotros.
Tenía muchas ilusiones de retomar nuestra rutina, algo me decía que el revivir viejos tiempos haría que sus paredes comenzaran a bajar.
– ¿Listo, Guardián Belikov? – Rose no tardó en aparecer.
Dejé mi toalla y botella de agua en una de las gradas – Por qué me sigues llamando así frente a los demás, pero cuando estamos solos vuelves a usar mi nombre – Até mejor mi cabello.
Se encogió de hombros y depositó sus pertenecías junto a las mías – Se le llama ser profesional y lo aprendí de ti – También se recogió el cabello – Qué te parece si hacemos algunas vueltas en la pista, volvemos y realizamos pesos y terminamos con un poco de combate ligero.
Algo no marchaba bien, lo intuía – Rose, ¿por qué no estas entrenando con el equipo como deberías?
Detuvo su andar – ¿De qué hablas? – Siguió de espaldas – Entreno con ellos todo el tiempo.
– Sí, pero por lo general en rutinas defensivas. Nunca ofensivo, no creo que desvalorices sus niveles de lucha o que ellos no quieran pelear con todo contra ti por ser la hija del jefe – Me detuve a su lado derecho – ¿Entonces qué es?
– Nada, ya te lo dije. Yo misma planifiqué las rutinas, las conozco de memoria y las ensayé con ellos día y noche – Se mostró a la defensiva – Soy la responsable y sé qué es lo mejor para el equipo. Ahora, ¿vas a seguir interrogándome o vamos a correr? Mira que tengo un montón de cosas por hacer para mañana por la noche y tú también, ya conseguiste un esmoquin.
Trataba de cambiar el tema, así que lo dejé pasar. Ya vendría a mí a su tiempo, espero – Sí, tu padre insistió y me envió algunos esta mañana. Más tarde decidiré por uno – Su respuesta fue solo un leve asentimiento.
Esa tarde fue… mágica, por cursi que suene.
Correr junto a ella y realizar unas simples series de pesas, me trasladó a nuestro tiempo en la Academia.
Cuando mi única preocupación era por ocultar mis sentimientos de Rose, del mundo y hasta de mí mismo.
Nos resultaba tan natural y el silencio solo atenuaba lo reconfortante del momento.
La perfecta sincronía en nuestros movimientos y en la capacidad de reacción, nos hacía la pareja perfecta de guarda para cualquier moroi.
La concordancia con la que descubríamos los pensamientos y sentimientos del otro, nos hacía la pareja perfecta de amantes.
– Dimitri… – Miré una versión de Roza, la que tal vez me llevó a enamorarme de ella. Su cuerpo cubierto de una fina capa de sudor, mejillas sonrojadas, respiración irregular, la ferocidad en sus ojos y algunos de sus cabellos más rebeldes enmarcando bellamente su rostro. Era hermosa a pesar de estar en ropa de entrenamiento… – Tengamos un combate.
Rose
Si no cedo a luchar con él, sospechará más de lo que ya lo hace.
¡Maldita sea! ¿Por qué tiene que ser tan observador? ¿A quién engaño? Eso es lo que lo hace uno de los mejores guardianes.
Anticipa sus movimientos, sé más rápida, lo conoces y sobre todo… aleja sus golpes de tu abdomen.
– Dimitri… – Detuve sus pensamientos, ya que teníamos un tiempo en apacible silencio y él parecía estarle dando vueltas a algo en la cabeza – Tengamos un combate – Me expresé lo más sencillamente posible, para evitar cualquier reacción extraña.
– ¿Estas segura? – Cuestionó con un toque de sorpresa.
– Por supuesto que sí. Aunque primero, beberé un poco de agua – Necesitaba un minuto, quizá dos, para mentalizarme.
Realizar la antigua rutina, solo me trajo recuerdos que no deseaba rememorar en este preciso momento. Ya me era muy difícil verlo a diario, sentir su mirada en mí todo el tiempo, percibir sus celos, escuchar sus palabras bonitas y no saltar sobre él para besarlo como si no hubiera un mañana.
Tal vez eso mismo pensaba Dimitri ¡Malditas hormonas!
Nos posicionamos sobre la colchoneta, nos miramos directamente y esperé. Esta vez no sería yo la que diera el primer golpe.
Había vuelto a ajustar su cabello y ¡con un demonio!, jamás había visto hombre más masculino y hermoso.
Desconozco si existe la perfección, pero a mis ojos, Dimitri Belikov se asemejaba bastante. Irónicamente, lo opuesto a Rose Hathaway. Muy pronto a ser Mazur.
Por favor bebé, ayuda a mamá. No la enloquezcas más y deja que le dé una paliza al responsable de tu existencia.
Descubrió que el inicio de la batalla no dependería de mí, así que de un solo movimiento, me lanzó un golpe alto.
Y así fue como nuestra danza mortal inició.
Golpe tras golpe, traté de no ser tan obvia al proteger mi vientre, al no reaccionar a su cercanía y al ignorar la creciente tensión entre los dos. Pienso que no notó nada, pues logré sorprenderlo con los ajustes y nuevos movimientos que mi amca y los maestros particulares que Abe pagó, me enseñaron ¿Qué puedo decir? Soy muy creativa.
De reojo vi que Shadow se había unido a nosotros, pero se mantuvo lejos y en reposo. A pesar de vernos en plena lucha, no me presintió amenazada.
¡Pequeño granuja, creí que estaba de mi lado!
Uno, dos, tres. Patada, golpe, patada, gancho, giro… cuando de pronto, mi suelo comenzó a moverse ¡ay no!
Dimitri me lanzó un golpe que conectó directamente en mi hombro derecho y que pese a no ser potente y debido a mi inestabilidad, provocó un intento de desvanecimiento. Di unos pasos hacia atrás, intentaba sujetarme de algo pues me encontraba totalmente desequilibrada.
– ¿Rose? – La preocupación en su voz era tan evidente como mi mareo – ¿Rose? ¿Qué pasa?
No fui capaz de responder, mi cuerpo entero se aflojó y esperaba un buen porrazo. Sin embargo, nunca llegó.
Dimitri se movió como nunca antes lo había visto y me sujetó a él, recargándonos ligeramente contra la pared – Estoy bien… solo dame, un minuto – Lo tomé por los brazos y apoyé la frente en su pecho para ganar equilibrio y recuperar el aliento.
– Roza…
¡No, no, no…! Por favor, no.
Sentía pánico de mirarlo cuando usaba ese tono en mi nombre ruso.
A penas había logrado calmar mi respiración, cuando ya había comenzado a agitarse de nuevo ¿Por qué tenía que tener este efecto sobre mí? Entonces, tomó mi barbilla y me obligó a verlo y por primera vez en largo tiempo, vi lo que sentía: anhelo, preocupación, amor, esperanza, pasión y una profunda tristeza… donde coincidíamos.
Todo en una sola mirada.
La electricidad entre nosotros era tan zúmbate que provocó que mi piel se erizara y mi corazón se disparara al mil, mientras me sujetaba por la cintura y cerraba más el espacio entre nosotros.
Su máscara de guardián se había ido completamente y lo único que podía ver era al viejo él, mi Dimitri… mi camarada.
– Roza – Repitió, podía sentir su piel caliente y su aroma embriagador me inundaba cálidamente.
De repente, con su dedo me acarició suavemente el labio inferior, mi respiración se enganchó a la suya y las mariposas explotaron en mi barriga.
Esto era una tortura para mi autocontrol.
Sus ojos marrones clavados en los míos, comenzamos a acercar nuestros rostros cuando…
– ¿Kiz, qué pasa? Tu cachorro no deja de jalar mi finísimo pantalón ¡Oh! ¿Interrumpí algo? – Abe parecía lamentar su intervención.
Me alejé de mi captor ruso – No, baba ¡Ya terminamos!
– ¿Te encuentras bien? – Tomó mi muñeca – No fue mi intención golpearte tan fuerte, lo lamento – Se veía afligido.
Negué y sonreí forzadamente, aún bajo los efectos del vértigo – No fuiste tú, yo… – Recogí mis cosas – … no he dormido muy bien. Es falta de descanso, no fue tu culpa.
Salí disparada hacia mi alcoba, seguida de cerca por mi pequeño lobo.
Estuve tan cerca de cometer el peor de los errores, pero ¡con un demonio!, cómo me hubiera gustado equivocarme.
– ¡Buenos días, mi bella flor! – La abuela entró canturreando a mi habitación con una bandeja de almuerzo que olía muy bien – Nos preparé el desayuno. Tal vez no vaya a la dichosa fiesta, pero eso no impide que te ayudé a prepararte ¿te gustaría Rose?
Me incorporé y alisé un poco el nido que era mi cabello – Me gustaría mucho, nine – Recibí el jugo de naranja que me ofrecía.
Desayunamos haciendo un poco de charla sinsentido; aprendí que estaba eternamente enamorada de mi abuelo y nos comparó a Dimitri y a mí con ellos. Cree que nuestro "amor" es innegable y que él es un monumento de hombre, literal. Le gusta cocinar y se ha ofrecido a enseñarme, tiene un apetito saludable para ser moroi y cree que eso lo heredé de ella, lo cual la hizo muy feliz.
Dilara me gusta mucho, no sé cómo crio un hijo como Zmey.
Después de un baño para despejarme de la mala noche que pasé, llegó la estilista que me arreglaría.
Hizo mis uñas, rizó y peinó mi cabello, me realizó un agradable tratamiento facial, me maquilló y su ayudante hizo exactamente lo mismo con mi abuela.
Fue un momento bastante agradable. Nunca he sido mucho de rutinas femeninas, pero descubrí que me hubiera gustado hacer algo parecido con Janine. Aunque supongo que ella tampoco es de este tipo de mimos.
Toc, toc…
– ¡Adelante! – Contestó mi abuela, ambas vestíamos afelpadas batas blancas y pantuflas.
– ¡Señoras! – Entró Sasha – Debo decir que lucen espectaculares, como siempre – Besó la mano de mi abuela, le guiñó a la estilista y me entregó una gran caja negra con un moño rojo.
– ¿Qué es? – Pregunté curiosa.
Dejó de coquetear con la joven moroi y respondió mi pregunta – Tu vestido, mujer. No pensarías que tu padre te dejaría ir a un evento de tal magnitud con cualquier cosa. Es un encargo especial que le hizo Donatella.
Fruncí las cejas – ¿Donatella?
– Versace, quién más – Respondió con obviedad – ¿Dónde vivías pastelito, bajo una roca?
Zedrik asomó su despeinada cabellera – Aquí están los zapatos – Le entregó la bolsa a mi abuela.
Lissa mataría por esa marca, pensé.
Coloqué la caja sobre la cama, deslicé el moño y retiré la tapa.
Mi aliento se cortó de tajo, nunca había visto algo más exquisito en mi vida. De color borgoña y recubierto por delicado encaje negro, lo tomé suavemente y lo levanté sobre la percha. Era corte corazón, ceñido al cuerpo con mayor amplitud al nivel de las rodillas y con un escote de espalda baja ¡Me encantó!
– Es bellísimo…
– Lucirás divina, Rose – Animó mi nine.
– ¡Pruébatelo! – Insistió el ruso.
Rodeé los ojos, siempre buscando una excusa – ¿Contigo aquí? No lo creo, amigo – Sonrió con descaro.
Entonces, apareció el viejo – Necesito saber si es la talla correcta, la misma Donatella se ofreció a hacer los ajustes, vino al país exclusivamente para eso. Ahora ve a tu cuarto de baño y haz lo que sea que las mujeres hacen para hacernos babear – Mi padre era un exagerado con montones de dinero.
Descolgué el vestido, tomé los tacones y me dispuse a probármelos en la privacidad de mi baño. Pues al parecer la gente presente no mostraba indicios de querer irse.
No llevaba mi veinte minutos cuando…
– Pastelito, has estado ahí por siempre ¡Vamos, que no puede tomarte tanto tiempo ponerte un vestido!
– ¡Lo siento! – Grité, mientras ajustaba el encaje y me ponía los elegantes tacones – ¿Cuánto te llevó la última vez que te pusiste uno? – Escuché risas y reprimí la mía para mayor efecto – ¿Están listos? – Anuncié a mi público y resonó un sí unísono – ¡Ta, tan! ¿Qué opinan?
Las reacciones de los hombres presentes fueron algo digno de ver.
– Ese es el tipo de vestido que rompe códigos de vestimenta…
– O inicia religiones – Zedrik terminó la frase de Sasha.
Mi padre me tendió una mano y besó mis nudillos cuando estiré la mía.
– Estas hermosa, kiz – Pretendió pensar – ¿Me pregunto…? ¿Cuántas rodillas romperá el persa para el final de esta noche?, por mandato mío claro. Pues con la forma en que estos dos te miran, seguramente Belikov será el primero.
Mi abuela se unió a la conversación – El muchacho es su novio, Ibrahim. Puede verla como quiera, siempre y cuando refleje el amor.
Poco después todos abandonaron, a excepción de mi padre – Dennis será tu chofer y por precaución, Atayán tu escolta. Belikov fungirá como invitado, a pesar de estar de servicio, su única misión es mantenerte a salvo. No te confíes, esta gente es muy peligrosa y no tendrán tientos para con nadie. No te separes, ni te quedes a solas. Investiga lo que tengas que averiguar y prepárate, esta noche arderá Troya.
– Eres un exagerado, ¿sabes? – Reímos.
Acomodó su pañuelo – Siempre quise decir eso y aunque esto es extremadamente arriesgado, un espectáculo como este estaba en mis planes.
– Tú también ten cuidado, no sabemos cómo puedan reaccionar.
Al parecer mi inquietud lo tomó por sorpresa, pero le agradó que se la expresara – No te preocupes por mí Rose, Pavel me tiene bajo control ¡Oh! Antes de que lo olvide, necesito hablar contigo y con Belikov. Búscanos cuando estés lista.
Salió y tomé cuidado de los últimos detalles.
El vestido me quedaba a la perfección, resaltaba mucho con la tonalidad de mi piel y no revelaba pancitas incomodas. Los zapatos a pesar de ser un poco altos, eran bastante convenientes; mi cabello estaba hacia un lado y en forma de cascada por lo que lo hacía lucir aún más largo.
Pinté un poco más mis labios, tomé mi bolso y me dispuse a bajar.
Iba por las escaleras, cuando vi en la parte inferior al hombre más atractivo que había visto jamás. Dimitri vestía un elegantísimo esmoquin azul obscuro que podría confundirse con el negro, e indiscutiblemente concordaba con el color de mi vestido y su pañuelo era exactamente del tono.
Alguien volvió a hacer de las suyas…
Su cabello estaba debidamente recogido, aun no llegaba a él y ya podía detectar su fragancia en el ambiente.
Subió unos cuantos escalones para encontrarse conmigo y me ofreció su brazo.
– Estas preciosa, Roza. Hoy tendré mucho trabajo alejando a los hombres de ti.
Sonreí ante su alago – Tú también te ves muy bien.
Al llegar al despacho de Abe esperaba encontrarlo ahí, pero no fue así. Estábamos solos, otra vez.
– Tengo algo para ti – Dijo vacilante – No lo compré yo y tal vez no te traiga los mejores recuerdos. Pero a pesar de las circunstancias es demasiado bonito para no ir en donde luce mejor, que es en tu cuello.
Fruncí el ceño, mientras me entregaba una caja gris – ¿Qué es?
Metió las manos en sus bolsillos y se encogió de hombros, lo que le daba un aspecto más sexy.
Si es que eso era posible.
– ¡Ábrelo y descúbrelo! – Y eso mismo hice ¿Cómo? – El hechizo ya no tiene su efecto, está limpio – Deslicé entre mis dedos el collar que Víctor me obsequió. Levanté la mirada hacia él – No pude dejarlo ahí, simplemente no se sentía bien y… pensé que este era un buen momento para devolvértelo ¿Hice mal?
Negué con la cabeza – El collar me trae malos recuerdos, sí. Sin embargo, es extrañamente especial – Murmuré.
– Como tú – Lo tomó de mí, se situó detrás y retiró un poco mi cabello para ponérmelo. Sus manos sobre mí, se sentían como la gloria – ¡Perfecta! Luces muy hermosa, Roza – Colocó un ligero beso en mi cuello, enviándome a la locura del estremecimiento.
La puerta se abrió, y el viejo y Pavel entraron con unos rostros de total seriedad.
– Tenemos que hablar.
1 Nine: "abuela" en turco.
Gracias por la paciente espera.
Ustedes son lo mejor de lo mejor con todos sus lindos y motivantes comentarios que tienen para esta historia.
Les confieso que vivo para ellos... y no me cansaré de agradecércelos personalmete y por este medio.
Así que gracias y espero que hayas disfrutado el capítulo, vienen cosas sumamente interesantes y los momentos entre la pareja van en aumento.
Ten un excelente día y tal vez no esté publicando cada ocho días, pero sabes que cada semana habrá capítulo.
Besos, Isy.
