Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.

A excepción de algunos nuevos personajes.


Capítulo 15

Rose

– Voy a besarte, Rose Hathaway.

Él va a besarme… ¿él va a besarme?

¡NO! ¡Reacciona, muévete! ¡Obedece cuerpo…! ¡Has algo carajo!

Pero todo fue inútil, pues cuando menos lo pensé, ya tenía su boca sobre la mía.

Mentiría si dijera que no lo deseaba ¡Porque demonios!, lo hacía, desde el día en que nos reencontramos. Y después de la práctica no he podido pensar en nada más que en sus brazos sosteniéndome protectoramente contra su cuerpo, o en verter en sus labios toda la pasión y anhelo que hay reprimidos en mí.

Mentiría si dijera que me desagradó, pero la verdad es que no es así. Estuve condenada desde el primer beso que compartimos y lo descubrí mucho antes de que sucediera, lo comprobé en el acto y lo acepté al instante.

Ya no hay labios que deseé, ni besos que me sacien como los de él.

Estaría mintiendo si dijera que estaba enojada, porque lo que en realidad sentía era rabia. Un coraje en bruto que no me permitía disfrutar o repudiar el hecho.

Y sería una estupenda estafadora si dijera que no le devolví el beso; como mirarme al espejo y quererme engañar.

Que mis brazos no hormigueaban por envolverse en su cuello, que mi respiración no se enganchó a la suya, que mis piernas no se hicieron pudín, que mi corazón no dio un vuelco doloroso en mi pecho y que a pesar de todo, el momento no fue perfecto.

Porque maldita sea… ¡lo fue!

¿Qué estaba haciendo? Se suponía que solo iba a ayudarme con la misión y luego tenía que alejarlo de mí… de nosotros y lo acepté de vuelta casi sin dar batalla. Le advertí que el trato sería exclusivamente profesional. En cambio, poco a poco volvíamos a la sencillez con la que siempre convivimos y no lo podía permitir.

¡Estoy jugando con fuego! Y si sigo así, voy a quemarme.

Necesitaba ahuyentarlo, no prendarlo más a nosotros.

Pronto nos encontrábamos sin aliento, su frente contra la mía. Suspendidos a media pista de baile, como todo indicio de sonido u movimiento.

¿Cómo es posible? Hace un minuto pensaba en lo lindo que era por confesarme que no sabía bailar y ahora tratábamos de estropear nuestros aparatos respiratorios.

– Roza, no sabes cuánto tiempo he deseado besarte – Susurró mientras nos concentrábamos en los ojos del otro – Tocarte… – Me acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja – … tanto que temo soltarte por miedo a que desaparezcas.

Aspiré – Yo…

Alguien se aclaró la garganta – ¿Rosemarie Hathaway? – Ambos nos volvimos hacía la voz con acento pronunciado.

– ¿Sí?

¡Tiene que ser una broma! Estas cosas solo me pasan a mí, pensé.

– Tal vez lo más apropiado sea presentarme antes de atreverme a pedirte un baile – Se irguió – Mi nombre es Alessandro Dunat y es un placer al fin conocerte – Tomó mi mano y besó mis nudillos.

Le agradecía su inoportuna interrupción antes de que hubiera dicho o cometido cualquier cosa de la que arrepentirme después. Sin embargo, no creía que Dimitri concordara conmigo. Puesto que se acercó más a mí, me sujetó posesivamente por la cintura e hizo su propia introducción – Dimitri Belikov – Ofreció su mano en saludo, con un tono que muy pocas veces utiliza – Capitán de la Guardia Real.

Alguien ha pasado mucho tiempo con Abe.

– Lo sé – El moroi contestó su saludo con elegancia – La sala entera no habla de otra cosa que no sean ustedes dos – Sonrió – Así que… ¿me concede esta pieza, señorita?

Miré a Dimitri pidiéndole no intervenir y suavemente deslicé su mano de mi cintura. Quería que entendiera esto como parte del plan: mezclarnos y ver qué encontrábamos. Que para nada trataba de sacarlo de sus casillas o ponerlo celoso.

Me volví de nuevo hacía el italiano – Será un placer.


Dimitri


Besar a Roza es algo que no lograré describir con exactitud.

Es… como si hubiera una hoguera en mi interior que nunca se apaga y que se aviva sin control cada vez que tenemos este intercambio. Inclusive después de tanto tiempo.

Rose es fiereza, devoción, la franqueza personificada, una fuerza a tener en cuenta, y llegó en un momento crucial para mí. Muchos en la Academia aseguraban que las había rescatado en Portland, pero la verdad es que ella me salvó a mí de un destino sin rumbo o propósito.

Uno solo de sus roces se sentía como un vendaval en medio del árido desierto que atravesaba en ese entonces.

Cada instante que compartimos, cada obstáculo que sorteamos, lo que reprimimos y todo aquello que hasta la fecha me hace sentir, lograron de alguna manera sanarme y devolverme al hombre que una vez fui.

Sí, puso mi mundo de cabeza y tiene la habilidad de empujarme más allá de mis límites. Sin embargo, es el inexplicable equilibrio que no sabía me faltaba en la vida.

Extasiado sería ironía; tenerla en mis brazos y volverla a besar fue tan poderoso que todo a mi alrededor se evaporó.

Nos hallábamos rodeados de personalidades peligrosas, comenzando por Zmey, y aun así me di el lujo de bajar la guardia. Y a pesar de que el hombre me ha manifestado su apoyo incondicional, no creo que le hagan gracia este tipo de demostraciones.

Pensándolo detenidamente, a mí tampoco. O al menos a mi yo antes de Rose.

Nunca he tenido una relación a la que le pueda dar el distintivo de formalidad. Nunca llevé una chica a casa para presentársela a mi madre. No era mi prioridad, nunca lo fue.

Todo lo que había en mi mente era ser un buen guardián para proteger a mi mejor amigo. Desgraciadamente ese ímpetu se fue junto con él.

Suponiendo… de haber tenido una novia seria, moroi seguramente porque es lo menos mal visto, sé que no me hubiera abierto a este tipo de demostraciones afectivas. Mucho menos frente a demás personas, estoy seguro que habría sido muy reservado en cuanto a la relación.

Pero con Roza es diferente. Siempre sentí la necesidad de gritarle al mundo de la amaba, aunque no pudiera ni susurrárselo a ella.

Sigo teniendo todo que perder, la diferencia está en que ya no me importa. Le diré que la amo hasta que me falte la voz, se lo demostraré cuantas veces sea necesario y no le quede la menor duda. Así tenga que exponerme frente a cientos de gánsters… como ahora.

– Roza, no sabes cuánto tiempo he deseado besarte – Murmuré mientras me hallaba en sus oscuras orbes – Tocarte… – Lentamente estiré la mano para acomodarle un mechón de cabello detrás de la oreja – … tanto que temo soltarte por miedo a que desaparezcas.

Tenía decidido hablarle con la verdad y decirle lo que había en mi mente, ir limpio.

No más mentiras, aprendí la lección.

Por lo que tomé como buena señal el que no me abofeteara.

Pese a ello no podía cantar victoria, pues no estábamos solos, no eran las mejores circunstancias y llevábamos a cabo una farsa – Yo…

Nos interrumpieron… otra vez, lo cual comenzaba a ser más que molesto – ¿Rosemarie Hathaway? – Nos giramos hacía la voz masculina. Yo con toda la intensión de ahuyentarlo, amablemente, pero que se alejara fuera quien fuera.

– ¿Sí?

¡Olvida la amabilidad! ¡Has que se vaya!

– Tal vez lo más apropiado sea presentarme antes de atreverme a pedirte un baile – El individuo corrigió su postura – Mi nombre es Alessandro Dunat y es un placer al fin conocerte.

Tomó su mano, depositó un beso en ella y mis celos explotaron.

¡Será mejor que la sueltes o te juro que le haré un reacomodo a tu fea cara! Espera, ¿te estás escuchando? ¡Piensa Belikov, piensa! ¿Qué hacer para espantarlo sin que quedes como un patán mosqueado frente a Rose?

Instintivamente la acerqué, sujetándola de la cintura ¡Civilizado! Actúa normal, ¡tienes esto! – Dimitri Belikov – Le tendí la mano, haciendo uso de mi tono más amenazador – Capitán de la Guardia Real.

Sentí la estúpida necesidad de dejarle en claro que ocupaba una posición importante… que no me correspondía, pero eso no tiene por qué saberlo.

– Lo sé – Me devolvió el saludo – La sala entera no habla de otra cosa que no sean ustedes dos – Sonrió para volverse a enfocar en la mujer a mi lado – Así que… ¿me concede esta pieza, señorita?

¡Absolutamente, no!

Rose me observó rápidamente. Pidiéndome que no intercediera, que lo entendiera como parte del plan.

Deslizó mi mano de su cintura ¡Respira, mantén el control! ¡Es parte de su plan! Nada de qué preocuparse… – Será un placer – El italiano le tendió la mano y Rose accedió tomando la postura de la danza.

Luchando contra mí mismo, me di la vuelta para salir de la pista de baile y dejarla en manos del único moroi del que suponía tenía que alejarla…

¡Carajo!

~•~

– ¡Relájate muchacho! Pareces tenso – Abe se detuvo a mi lado, siguiendo mi mirada – Era obvio que habría un acercamiento, pero no permitas que pase de esto – Cuidaba de cada detalle: desde la posición de sus manos sobre el cuerpo de mi Roza, la separación entre ellos ¡Maldita sea! Hasta intentaba leerle los labios para entender su charla– Conozco a Bardo desde hace muchos años y mientras estemos del mismo lado sé que puedo confiar en él. De su hijo es de quien no estoy seguro.

Asentí – ¿Qué es lo que sabe?

– Es de los jóvenes inmersos en este ámbito empresarial – Bebió de su copa – Comenzó su fama lejos de su padre, se abrió camino solo y sé que hay muchas cosas en las que están en desacuerdo. Pero no te preocupes, sigue siendo un principiante y está atado de manos conmigo – Levanté una ceja – Digamos que le conozco algunos secretos – Afirmé de nuevo – Además, no he venido a eso. Debo agradecerte, me has facilitado considerablemente las cosas con su pequeña demostración.

Palmeó mi espalda, mientras los invitados lo saludaban al pasar y aprovechaban para observar nuestro intercambio.

– Lamento si lo ofendí. Debe saber que no fue mi intención exponerla, que es importante para mí hacerle saber que me preocupo por ella… aun así asumiré las consecuencias de mis actos.

Estalló de risa – Dimitri, no sabes lo feliz que me hace y la tranquilidad que me da el saber que serás el hombre encargado de la seguridad y bienestar de mi kiz. Siempre y cuando ella se decida – Su sonrisa disminuyó un poco – Debido a mis negocios estuve más cerca de ti que de mi propia hija ¡Te vi crecer! Conozco a tu familia; a tus hermanas mayores que a pesar de todo luchan por sacar adelante a sus hijos, a tu abuela con sus extraños acertijos, a Viktoria que tiene un futuro brillante, y a tu madre que sé crio a un buen hombre. Y me lo demostraste desde que tenías trece años. A mí no me importa que no seas moroi, o cuánto dinero tengas en tu cuenta bancaria, o si eres siete años mayor… – Pavel se aclaró la garganta, hasta el momento había pasado inadvertido – ¡Bueno!, ya no me importa tanto. El punto es… ¿de qué hablaba? ¡Vez lo que ocasionas, Pavel! ¡Ah sí! Rose puede ser un puñado y nadie va a aprobar algo así tan fácil ¿Estás dispuesto a ir hasta las últimas consecuencias, a ser señalado y juzgado injustamente por un montón de gente que no sabe ni donde está parada?

– Lo estoy – Le aseguré – Y tiene razón, ella está lejos de ser perfecta – Regresé la mirada hacia la pista – De hecho, es la mujer más terca, imprudente, impaciente, exasperante, incorregible y me vuelve loco en más formas de las que puedo enumerar. Pero a pesar de todo y muy probablemente a causa de ello, la amo – Lo miré directamente para que viera que mis intenciones eran nobles – Y por eso estoy decidido a recuperarla para después convencerla de que se case conmigo. Me importa poco lo que los demás puedan decir u opinar, es nuestra felicidad la que está en juego.

– ¡Esa es la actitud! – Ambos Mazurs parecían satisfechos con mi disertación.

– Eso está muy bien – Zedrik habló por el intercomunicador – Quiero decir, me alegro. Es muy conmovedor su intercambio – Había sarcasmo en su tono, ¿será que esta celoso? – Sin embargo, sería importante hacerles saber que…

– ¡Rose y el italiano no están! – Terminó Sasha.


Rose


Alessandro Dunat… no creía que un tipo como él supiera algo que me fuera de ayuda.

Tal vez solo quiere lo mismo que los demás, la tan codiciada alianza con Zmey. O puede que me equivoque ¡Con esta gente nunca se sabe! Lo decía porque lo veía en mi padre.

Por lo que cautelosa medí sus intenciones, mientras me negaba a corresponder la fuerte mirada que sentía a mis espaldas. Dimitri… eso lo solucionas después ¡Ahora enfócate! Haciendo un gran esfuerzo, coloqué toda mi atención en el italiano frente a mí.

Dicen que los hombres son fáciles de leer, solo hay que prestar atención a los detalles y ¡Voilà! La solución a todos nuestros problemas.

En fin, parecía de veintitantos y su complexión era la típica moroi: alto, delgado, cabello castaño claro, ojos verde olivo, bien presentado… guapo, lo admito. Aunque con un aire misterioso del que no me fiaba y eso le hacía peligroso.

– Atraes demasiada atención para tu propio bien.

– ¿Qué diablos significa eso? – Espeté.

Puedo decir que mi peculiar forma de expresión lo sorprendió. Sin embargo, trató de ocultarlo sonriente – Significa que debes hablar conmigo. Sé quién eres y aunque claramente no eres lo que esperaba, tengo información útil sobre tu nuevo enemigo – Sutilmente me iba guiando hacia una orilla de la sala. Decidí dejarme llevar solo para comprobar qué más tenía que decirme – Pero para dártela, tendrás que confiar en mi palabra y escapar de Belikov por al menos veinte minutos.

– ¿Por qué haría algo así? ¿Y qué demonios es lo que piensan de mí, como para asegurar que no soy lo que esperaban?

– No lo sé – Se encogió de hombros – Quizá pretendía ver a una guardiana intimidante y letal. Y no a una finísima y bella dama; por no mencionar que resultaste ser la hija de Ibrahim – Hizo una mueca – No tienes opción y la verdad tampoco yo, porque no pienso abrir la boca en medio de toda esta gente. Aquí hay más de algún fanático – Dijo refiriéndose a los seguidores strigoi.

Sabía que no debía y que esto me atraería muchos problemas ¡Demonios! Pavel me lo pidió expresamente. No obstante, sentí que podía llegar a algo. Tal vez mi frustración por no saber más sobre el korol' estaba cegándome más de la cuenta.

– Bien, pero que sepas que no tendré consideraciones contigo por ser moroi. No me veré intimidante, pero puedo patearte el trasero con una mano en la cintura. Por lo que si intentas cualquier negocio divertido, lustraré el suelo contigo.

Lo pensó por un momento – Es un trato justo.

Bailando me giré para ver a Abe en una profunda conversación con la razón de mis desvelos.

¡Lo que daría por saber leer los labios!

– A la cuenta de tres – Esperé el momento para escapar, mientras echaba un vistazo en los demás. Parecían muy concentrados en las conversaciones y personas a su alrededor – ¡Tres!

Dimos la vuelta, nos perdimos entre los pilares y algunos meseros. Salimos a un pasillo angosto que nos llevó hasta una serie de pequeñas habitaciones – Aquí – Alessandro abrió una de ellas – Después de ti – Se hizo a un lado permitiéndome el paso.

Cerró la puerta sin seguro – ¡Olvídate de tus excelentes modales y habla! – Me crucé de brazos – ¿Qué es lo que sabes?

– Bueno Hathaway, tu franqueza es reconfortante. Me gusta, pero la charla amistosa tendrá que esperar – Metió las manos en sus bolsillos – Aunque no lo creas no soy nuevo en esto, estoy tras el korol' desde algún tiempo y he de confesarte que me ha costado mucho obtener la información que tengo – Caminó hacia mí – Cuando escuché de la cazadora que estaba aniquilando strigoi me di a la tarea de localizarla; hizo mucho ruido en Rusia y en sus alrededores. Lamentablemente cuando llegué ahí ya no estaba. Pasó el tiempo y fue casi tan imposible saber de ella como del strigoi en cuestión – Se detuvo a dos pasos – Pero hace poco salió a relucir un nombre… Zmey. Justo en ese momento supe que él estaba involucrado. Acepté venir a esta fiesta y unirme a la lista de pretendientes con la esperanza de encontrarme y tener una charla con la cazadora. O sea… contigo Rosemarie.

Fue mi turno de hacer una mueca – Pareces muy seguro.

– ¡No fue tan difícil! Eres la única dhampir invitada y llegaste junto con el equipo Takat. Sin embargo, reconozco que me tomó por sorpresa que seas una Mazur. No he tratado mucho a tu padre, pero se ganó mi respeto por su postura de no venderse al mayor postor. En este caso los muertos vivientes…

Entonces, la puerta se abrió furiosamente – ¡No te atrevas a tocarla! – Dimitri entró con toda la supremacía de un Dios.

Intentó avanzar hacia él, pero se lo impedí tomándolo del brazo. El moroi observó su reloj – Doce minutos, ¡wow! – No parecía tan extrañado – Te esperaba Belikov. Y puesto que ya que estamos todos, podemos comenzar – Dio la vuelta y se sentó en una silla, dándonos algo de espacio.

– ¿Te encuentras bien? ¿Te hizo daño? – Murmuró, mientras me estudiaba sin descuidar a Alessandro.

Rodeé los ojos – Sí a lo primero, no a lo segundo – Respondí sus cuestiones – Ahora no preguntes más, te lo explicaré más tarde. Esto parece interesante, démosle una oportunidad – Lo insté a seguirme.

Ambos tomamos asiento frente al italiano – Si revisan sus cintas de vigilancia se darán cuenta que hay una dhampir en el equipo de seguridad de mi padre. Su nombre es Kendra – Sonrió con cariño y algo de melancolía – Perdió a casi toda su familia gracias a la ayuda humana que los strigoi recibieron y hace algunos meses atacaron la Academia en donde estudia Bastián, su hermano pequeño. Desde entonces busco justicia para ella y los suyos.

Permanecí en silencio – ¿Sn. Vladimir? – Preguntó Dimitri.

Negó con cansancio – Sn. Vladimir no es la única Academia que existe y desgraciadamente tampoco es la única que ha sido atacada – Suspiró – Si les digo esto es porque sé que sabrán qué hacer con la información – Nos miramos el uno al otro para después consentir – No conozco al korol', nunca lo he visto y mis contactos no tienen ni una sola referencia. Al parecer protege mucho su anonimato. Lo que sí conozco, son sus planes… o parte de ellos y es una coincidencia, porque pensaba ir a la Corte y pedir una entrevista contigo, Guardián Belikov.

– Para hablar sobre qué – Insistí.

– Sobre la lista negra – Dijo crípticamente – Existe un listado con una serie de nombres… nombres que pertenecen a los mejores guardianes vivos y capaces de la actualidad – Del interior de su saco obtuvo un trozo de papel sumamente arrugado – No está completa.

Dimitri lo recibió y desdobló – Es cirílico – Me explicó.

– ¿Y qué dice?

Sus ojos recorrieron el pequeño papel. Después se volvió a mí – Dice… reclutas, dos puntos – Hizo una pausa – Dimitri Belikov, Arthur Schoenberg, Hans Croft, Pavel Mazur, Alberta Petrov, Janine y… Rose Hathaway. La lista sigue.

– ¿Reclutas? Para qué… – Esta vez no quería tener la razón.

– Un ejército, Rose. Y eso es solo un pedazo de la lista. El korol' arma un batallón con los mejores de ustedes. El listado no está actualizado si consideramos que Arthur murió hace bastante tiempo, pero los demás aun viven y ustedes los conocen bien. Los strigoi atacan Academias y comunas con el único objetivo de llevarse a los más capacitados para después convertirlos, someterlos al mandamiento de este rey strigoi y usarlos como peones de ajedrez. Por eso se están llevando niños y jóvenes de los albergues, porque nadie los va a reclamar. La jugada resultó mal en Montana porque jamás pensaron que se armaría una misión de rescate. Quiero decir, no era tan descabellado puesto que nunca se había hecho ¿Pero quién soy para hables de eso?

– Nunca escuché de esto cuando fui uno de ellos. Galina jamás lo mencionó.

Me sorprendió oírlo hablar con tal naturalidad – No me sorprende – Respondió Alessandro – Sé por alguna conversación que escuché de mi padre, que Rusia se la disputaban dos de ellos. Galina y supongo que el korol'. Ella le ofreció varios tratos a mi padre, pero el al igual que el tuyo, él se negó. No te fíes… – Agregó – … el tipo puede ser un verdadero imbécil para unas cosas, pero los pocos principios que le quedan van en contra de unirse a ellos.

Se puso de pie – Espero que les haya sido de ayuda. Sin duda ustedes son los indicados para resolver esto, aun así me pongo a su entera disposición.

– Gracias – Dijimos al unísono.

Él se dio la vuelta y se acercó a la puerta, donde ya me esperaba medio equipo – Alessandro, emm… ¿quién es la chica? – Tenía curiosidad.

Sonrió – Es mi media hermana.


Dimitri


– ¿Qué piensas?

El equipo se había retirado para dejarnos discutir el tema.

En menos de cinco minutos pasé de asustado a enojado y luego a muy contrariado. Aunque sabía que mi rostro no mostraba ninguna emoción, o al menos eso esperaba.

No podía creer que había perdido de vista a Rose, que ella cometió la imprudencia de irse con un individuo al que acaba de conocer y que al final de cuentas, el tipo del que tenía que alejarla sería el que rellenara los espacio vacíos.

¡Y vaya que eran varios!

– Que sabemos más ahora que hace cinco minutos.

Ella frunció el ceño – ¿Cómo puedes estar tan tranquilo cuando acababas de descubrir que eres el número uno en la lista de los más buscados? Eres muy raro.

Me reí de corazón, convirtiendo mi enojo en algo pasajero – Rose no podemos engancharnos con esto. Es cierto, lo que descubrimos es grande, pero en este momento es mejor centrarnos para poder ahondar más.

– Es verdad, esto es mucho para tomar. No creí que los alcances fueran tantos. Hay más gente en peligro de la que creí.

Tenía que decirlo, aunque sonara como un desgraciado – ¿Sabes que no podemos salvarlos a todos, vedad?

Roza me miró con reconocimiento y pesar – Lo sé y eso es lo que más coraje me da. Lo que me recuerda… – Se posicionó frente a mí y me propinó tremenda cachetada – Dimitri Belikov, no vuelvas a besarme sin mi consentimiento.

¡Auch!

Parecía molesta, casi indignada. La verdad no la entendía, a veces parecía querer ceder, pero otras, todo lo contrario. Había algo que la estaba frenando, lo presentía.

¿Tendrá que ver con el medicamento que está tomando? ¿Y si está enferma? No, Abe me lo habría dicho, pero y si también se lo oculta. Al ritmo que íbamos ya no estaba seguro.

Así que con el afán de librarme de una de mis dudas existenciales, decidí aprovechar el momento. Detuve su andar sujetándola del brazo y girándola para colocarla frente a mí.

– Roza por favor…

Vi su enojo en ebullición – ¡Detente, quieres! Mi nombre es Rose.

Lo volví a intentar, al menos ya tenía una reacción esperada – Roza…

Se libró de mi agarre – ¿Qué eres sordo o necesito hacerte un cartel con lucecitas?

– ¡No! – Elevé mi tono – Escúchame y escúchame bien, para mí siempre serás Roza… mi Roza – La volví a sujetar, esta vez de ambos brazos – No puedes decirme que no sentiste nada en absoluto. Me devolviste el beso y esa pasión; la necesidad de nuestros cuerpos no puede ser falsa. Roza por favor, no te des por vencida en mí… en nosotros.

La distancia entre los dos era mínima – ¡Basta, Dimitri! ¡Despierta! No hay un nosotros y no sé si lo recuerdas, pero nunca lo hubo – Sus palabras estaban destinadas a hacer daño – Fuiste el primero en renunciar a lo que sea que tuviéramos, incluso antes de iniciar. Así que no vengas aquí y trates de decirme que soy yo la que está declinando – Y logró su cometido. La liberé sintiéndome totalmente débil – Accediste a ayudarme con todo esto, te dije que nuestro trato sería profesional y eso es lo que va a ser – Retrocedió – Una vez dijiste que los sentimientos que teníamos por el otro solo nos nublarían el juicio y obstaculizarían nuestro trabajo. Así que te pido que tomes tu propio consejo y pares de una vez – Se acercó a la puerta – Todo lo que quedan son recuerdos, toma los que más hayan significado para ti y sigue adelante. No hay nada aquí para ti.

Salió dejándome dos minutos para recomponerme, en los cuales escuché la voz de mi abuela.

Nunca dije que sería fácil.

~•~

Me reuní con ella, golpeado emocionalmente, pero no derrotado.

Le ofrecí el brazo y salimos de nuevo a la fiesta; ambos en nuestros papeles.

Me preguntaba cuántas de estas personas hacían lo que yo, fingir.

Abe nos esperaba en la mesa, con el micrófono en mano. Fue entonces cuando noté que todas las miradas estaban sobre nosotros.

– Con ustedes… mi hija, Rosemarie Mazur Hathaway y su prometido, el Guardián Dimitri Belikov... futuros herederos de mi imperio.

Ambos nos detuvimos frente a una multitud pasmada.

Abe lo había hecho, otra vez.


Lamento la tardanza, este fin de semana estuvo de locura: desde tediosas reuniones de maestros asesores, el baby shower de mi prima y la fiesta de cumpleaños de mis dos sobrinitos ¡Uff! La verdad no sabía ni como me llamaba.

Tenía algo adelantado del capítulo, pero no quería publicar a medias. Así que aquí está y espero te haya gustado.

Yo disfruto mucho escribiendo y leyendo tus comentarios. Gracias por ello, sobre todo a mis nuevas lectoras y a las personitas que se preocupan cuando no estoy publicando ¡Son lo máximo!

Sabes que quiero saber lo que piensas :-)

Te mando un abrazo, Isy.