Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.

A excepción de algunos nuevos personajes.


Capítulo 18

Dimitri

– Y un, dos, tres…

Crucé los brazos por detrás de la espalda, observaba en silencio la danza de los dos moroi y es que no encontré la manera de zafarme de esto.

– Tu postura debe ser firme, eres el apoyo de tu pareja al bailar. Nada de ver hacia los pies, tú guías a la dama – Dilara me instruía con Zedrik como su acompañante – Ahora es tu turno – Se alejó de su nieto y sonrió expectante.

Nos miramos el uno al otro ¡Debe ser una broma!

– ¡Tranqui, nine! Seamos sensatos aquí. Tanto Belikov como yo somos hombres y guardianes serios – Levanté una ceja – No podemos… ya sabes, bailar juntos. Además, ¿por qué no bailas tú con él? Ya sé que soy un bailarín extraordinario, pero eres la única dama en cuestión y es tu deber como…

Me desconecté de su palabrería y no porque no quisiera oírlo, que es el caso, sino porque me golpeó una idea brillante.

– Iré por Rose, ella será mi pareja de baile.

– Pero no está, cariño – Me detuve en seco – Salió con su padre y Guardián Atayán – Me volví y pude ver a Zedrik algo incómodo – Creí que lo sabías.

– Por supuesto – Dije sin dejar de mirarlo – Lo olvidé – Hablé con calma y mi expresión era despreocupada, pero la realidad era otra totalmente diferente.

Yo era el peor de los mentirosos y un imbécil.

– Abuela, por qué no dejamos esto para después. Recordé que mi padre me pidió ayuda con algo.

Sin darle oportunidad de que le respondiera, salió del salón y yo tras él.

¿Dónde demonios había ido?, ¿por qué me mintió? ¿Y por qué Abe no me dijo nada?

Mi atención volvió a Zedrik, había entrado al gimnasio.

Es indiscutible que sabe algo, pero que me aspen si no le saco la verdad – ¿A dónde fue?

Entraba y salía con materiales del almacén – ¡No lo sé!

¡Sí, claro! – No voy a repetirte la pregunta, Esbra.

Dejó lo que hacía y me miró – ¡Al menos conoce mi nombre! – Murmuró – ¿Por qué crees que he de saber algo? Rose no le rinde cuentas a nadie y si no me equivoco, tú debes saberlo mejor.

Me crucé de brazos. Tenía planeado hablar con el sujeto de una manera civilizada, pero ese pensamiento se acaba de ir por la borda.

– Eres tú el que comparte más tiempo con ella: charlan, ríen y hasta practican juntos – Intentó debatir – Ni siquiera intentes negarlo. Últimamente los he visto demasiado… involucrados.

Levantó las manos en señal de rendición – Mira, es notorio que por alguna razón que no logro entender, no termino de caerte bien. Pero escucha…

– No. Escúchame tú, a mí – Había llegado el momento de aclarar algunos puntos – Rose y yo hemos pasado por mucho; cosas que nadie entendería porque no las han tenido que sortear jamás y fuimos tan afortunados como para salir con vida de todo aquello. Así que no espero que comprendas, pero que sepas que sobre mi cadáver voy a dejar que alguien venga he intente arrebatarme lo que me ha costado lágrimas, sudor y sangre. Ella es lo único que me mantiene en pie, por Roza estoy aquí y no dudes que voy a dar pelea por ella.

Se quedó en silencio por un breve momento – Belikov, creo que…

– ¿De verdad, vas a decirme que no tienes sentimientos por Rose? ¡Que no te preocupas por ella!

Parecía sorprendido, pensó que no me daría cuenta – Desde luego, me preocupa y mucho – Lo sabía – Pero de verdad creo que…

Pavel entró y por su expresión, percibió la tensión en el ambiente – ¿Sucede algo?

Su hijo negó con la cabeza y sonrió con descaro – ¡Nada! – Se encogió de hombros – Pero ya que estas aquí, tal vez le puedas esclarecer una duda a Belikov – Le dio una ligera palmada en el omóplato derecho y se fue sin decir más.

– ¿Qué ocurrió?

– Ocurre que no sé dónde está Rose, que me mintió a la cara y que Mazur no me dijo absolutamente nada de sus planes ¿Cómo se supone que haga mi trabajo si me esconden cosas? Cómo voy a protegerla si padre e hija se ponen de acuerdo para irse a dios sabe dónde con solamente un guardián. Y para colmo de males, su hijo.

Pavel escuchaba atento, mientras me dirigía a algún lugar fuera del gimnasio – ¿Mi hijo?, ¿qué pasa con él?

Respiré hondo – Yo tenía razón. Él… siente algo por Rose.

Su expresión era de sorpresa – ¿Zedrik te dijo eso?

Afirmé antes de entrar a la cocina – ¡Esto es un lío!

– Siéntate, prepararé té – Comenzó a moverse por los estantes – Salieron de compras antes de viajar a Rusia, supongo que no creyeron importante hacértelo saber – Dijo dándome la espalda – No estoy seguro del por qué te lo negó Rose y sé que tal vez creas que un solo guardián no es suficiente para mantenerlos a salvo, pero te recuerdo que ella también porta la marca de la promesa. Sin mencionar que Estambul es más seguro que hace unos meses.

– No es necesario que mienta – Confundido me entregó una taza – Es la primera vez que hablamos y no me mira a la cara – Parecía apenado – Descuide, sé dónde está su lealtad, pero eso no lo hace más fácil para mí – Suspiré – He hecho de todo… bueno, casi de todo y nada parece dar resultado. Hay algo que la está deteniendo y por más que busco no encuentro el motivo. O quizás ya lo sé y no quiero darme cuenta.

– ¿De qué? – Preguntó tentativamente.

– Que estoy perdiendo la esperanza. Que tal vez, haga lo que haga o diga lo que diga… ella no va a regresar a mí.

Se sentó a mi lado – Es admirable ver la paciencia y la dedicación que pones a recuperarla. No ha sido una tarea sencilla, pero si recapitulas, te darás cuenta que has logrado avances importantes con mi sobrina. Rose es terca por partida doble y puedo ver que le está costando mucho no ceder. No te adelantes creyendo cosas que no son, Zedrik no tiene ese tipo de interés por ella.

Dios sabe que quería creer sus palabras. Sin embargo, la realidad era muy distinta y comenzaba a dudar que estuviera a mi favor.


Seguía muy molesto. Tanto así que el saco de box no ayudó a disminuir mi mal humor ni en un diez por ciento.

Me encontraba tan ansioso; haciendo nada que no fuera esperarla, que en un arranque decidí hacer lo mismo, pero en su propia habitación.

Esta vez no tendrás alternativa.

Jamás había permanecido el tiempo suficiente como para observar alrededor. Parecía cálido y acogedor, con el toque de exoticidad exacto y algo del huracán que puede llegar a ser Rose Hathaway.

Desconozco cuánto tiempo transcurrió. Me acerqué a la ventana que daba al jardín y me encontré justo con lo que terminó con mi poquísimo auto-control.

¡Por supuesto! Sería al primero que buscaría al llegar.

Rose y Zedrik caminaban uno al lado del otro. Parecía entusiasmada, aunque juraría haber visto un dejo de melancolía y él, la verdad es que no me importa.

Permanecí ahí, con los brazos sujetos detrás de mi espalda para evitar destrozar cualquier objeto que estuviera cerca de mí.

Minutos después entró en la alcoba, cargada de bolsas y cajas. Con su lobo tras ella.

– ¿Qué estás haciendo aquí?

Levanté los brazos al nivel de mis hombros para luego dejarlos caer al costado de mis piernas – Dímelo tú. Te hice una pregunta, una sencilla pregunta, decidiste engañarme a la cara y me enteré de tu mentira por terceros ¿Dónde estabas, Rose?

Dejó sus compras en la cama – No tengo por qué decirte todo lo que hago o dejo de hacer ¿Quién te crees que eres?

– Ahí te equivocas – Avancé hacia ella – Abe me contrató para mantenerte a salvo y aunque no lo hubiera hecho, es algo que me juré a mí mismo hacer ¿O piensas que estaba tranquilo sabiéndote quién sabe dónde con todo el peligro que hay tras de ti? Creí que estaba claro que ahora es mi deber saber dónde estás, con quién estas y qué demonios estás haciendo – Grité, provocando un gruñido de Shadow – ¿Cómo se supone que haga mi trabajo si ni tú ni tu padre cooperan conmigo? ¿O es que ahora las compras son algo sumamente importante para ti? Tanto que solo confiaste en decírselo a Zedrik.

La furia era palpable es su rosto, no era la única.

– En primer lugar, ambos sabemos que tu puesto conmigo son patrañas del viejo. No necesito de nadie que me cuide, lo he hecho toda la vida y me ha ido más o menos bien. En segundo lugar, dado el punto anterior, no es necesario que sepas todo mi itinerario – Me golpeaba el pecho con su dedo índice – Tercero, si piensas que las compras son primordiales para mí, entonces no me conoces en absoluto. Cuarto, ¿qué carajos tiene que ver Zedrik en todo esto? y quinto, ¡obtén una vida!

Sujeté su mano contra mí – Tengo una y es debido a ti – Bajó la mirada ante mi declaración – Y tengo la esperanza que involucre despertar a tu lado cada mañana – Le retiré un mechón del rosto – Y desde luego tiene que ver todo con el moroi, ¿por qué no lo entiendes?

– Entender qué.

Me senté en la cama, realmente me iba a obligar a decirlo.

– Sus verdaderos sentimientos por ti y lo que tú haces con él.

Me miró con absoluta extrañeza – No sé de qué estás hablando, Dimitri.

La senté a mi lado y suspiré con cansancio – Es ruso, supongo. Digo, por su acento.

Frunció el ceño no sabiendo muy bien a dónde me dirigía – No, es romaní, pero creció en Moscú.

– Ya veo – Me enervaba, al parecer ya se conocían bastante entre ellos ¿Qué te sorprende? Pasan prácticamente todo el día juntos – Y… están saliendo – Traté de sonar uniforme, pero el veneno en la frase fue notorio y logré molestarla una vez más.

Se levantó inmediatamente – No es asunto tuyo y ultimadamente, a dónde quieres llegar – Se escuchaba enojada, pero también un poco dolida.

La seguí – Permíteme hacer un recuento para esclarecer tus dudas: ¿Es mayor que tú? – Se cruzó de brazos – Lo tomaré como un sí; vivió en Rusia, practican juntos todos los días, es muy posible que estén saliendo y déjame pensar… acaso también te llama Roza.

– ¿Por qué carajos haría algo así? – Su temperamento explotó.

– ¡No lo sé, dímelo tú! – Seguido del mío – Quizá me estás buscando un reemplazo, Rose ¿Lo amas? Dímelo, quiero escuchar la verdad de tu boca.

Por favor di que no, di que aún me amas… solo quiero la verdad.

– No, por supuesto que no ¡Grandísimo idiota! En mi corazón ya no hay cabida para nadie más que no seas tú – Sonreí como el idiota que era. Dando un paso hacia ella, pero frenándome cuando levantó su mano para impedírmelo – El amor nunca ha sido el problema, al menos de mi parte…

– De la mía tampoco, Roza.

Sus ojos brillaban por las lágrimas contenidas – ¡Ese es el punto, siempre ha habido algo u alguien! Antes fue Víctor, Lissa, Tasha, Adrián… . La lista puede continuar, ¿no te parece? – Se detuvo – No voy a mentir, quiero a Zedrik, pero como lo que es… parte de mi familia.

Solté a medias el aliento que sostuve desde que descubrí que se había ido.

– Bueno, pero no quiere decir que no esté celoso de sus intenciones contigo.

Eso terminó de atrapar su atención – ¿Lo estas aceptando?

No había motivo para no hacerlo – Sí, sí, sí… – Me pasé las manos por el cabello – Estoy que me lleva el demonio de solo pensar que puedas fijarte en él. Me hierve la sangre de solo imaginarme que te convenza de que le entregues tu corazón.

Sonrió con melancolía – Descuida, te puedo asegurar que jamás habrá otro hombre en mi vida – Clavó sus ojos en los míos – Dimitri… te amo, pero a veces el amor no es suficiente.


Intenté hablar con Mazur y darle algunas de mis impresiones sobre su pequeño acto de desinformación.

Pero o se negó a recibirme, o esta vez Pavel optó por decirme la verdad.

Al parecer tendríamos que adelantar el viaje a mi país, Janine nos pisaba los talones y por alguna razón el hombre no quería que madre e hija se enfrentaran todavía.

Lo que me situaba entre la espada y la pared. Por un lado estaba bien y no porque le temiera a la pelirroja, sino porque me sentía un desgraciado con ella.

Desde que me fui de la Corte no puede evitar el sentimiento. Janine puso mucho de su parte para ayudarme con el paradero de su hija y yo traicioné su confianza por seguir los lineamientos impuestos por Zmey. De no haber estado en riesgo de terminar en la calle, habría encontrado la manera de hacerle saber que Rose se encontraba bien y a salvo. Lo mismo pasaba con Lissa y Alberta.

Y en segundo lugar, no me apetecía volver a Rusia.

Abe y su hermano permanecerían en Estambul y nos alcanzarían a la brevedad posible. Mientras que el resto exploraríamos: Moscú, Ufá, Sn. Petersburgo, Samara, Ekaterimburgo, Nízhniy Nóvgorod, Kazán, Omsk, Irkutsk, Sarátov y Novosibirsk.

No en ese preciso orden, puesto que las pistas podrían cambiar los destinos…

– Deja de memorizar esa lista y bebe algo con nosotros – Sasha me quitó la pequeña hoja de las manos y colocó un vaso frente a mí – Es el mejor vodka que vas a encontrar aquí.

Pavel sugirió que saliéramos a realizar las compras que creyéramos oportunas para el largo viaje. Lo que me hace un hipócrita al haberle reclamado a Rose sin haberme detenido a preguntarle primero, y terminar aquí.

En un bar con todos los guardianes del equipo, a excepción del único que se autoproclama serlo.

Había seis bancos en la barra y los seis los ocupábamos – ¿Qué pasa Dimka, crees que es mucho terreno por recorrer? – Preguntó Denis.

Tomé el vaso sin levantarlo de la barra – Es bastante, sí. Podrían estar en cualquier parte.

– Al menos son ciudades muy concurridas, tanto de día como de noche – Opinó Artur.

¿Por qué no? Bebí el líquido de un sorbo. Honestamente, lo necesitaba – Pero no por eso menos peligrosas – Disfrute el ardor en mi garganta.

– ¡Maldición! ¿Tenías que beber, no es así?

Me volví hacia Sasha y lo miré como a un demente. Que es su estado natural casi siempre – Tú mismo me la diste.

Sacó su billetera – Lo sé, pero es el trago más caro que he pagado en la vida. Ahora debo cincuenta pagos – Cogió un billete y se lo entregó a un muy sonriente Lev – Supongo que eso hace el mal de amores en un hombre antisocial.

– ¿Disculpa?

Lev se encogió de hombros – Ya sabemos que la hija del jefe te trae cacheteando las banquetas.

El barman rellenó mi vaso – No es algo que este escondiendo y para su información… tengo amigos.

– ¡Claro! – Se burló Ivanov – Es solo que nunca los frecuentas.

Rieron y la verdad es que podría importarme menos. Mi mayor problema era otro.

– ¿Quieren callarse? – Exigió Denis – No es asunto nuestro – Al menos había alguien sensato y Atayán, que permanecía en silencio.

– Te equivocas – Lo contradijo Sasha – También es mi problema porque afecta a mi pastelito – Comió las aceitunas de su bebida – Ya hablando en serio. Si no tienes un plan para recuperarla, tal vez podamos darte algunos consejos.

Observé el licor, no puedo creer que vaya a hacer esto. Pero en casos desesperados…

– Siempre he tenido un plan… para todo, literal. Y un plan de respaldo en caso de que ese fracase – Sonrieron – Les sonará exagerado, pero me acostumbré a evaluar todos los posibles panoramas y siempre prever.

– Eso es lo que te hizo uno de los mejores guardianes – Atayán hizo su primera intervención.

– Puede ser… – Consentí – El caso es que ya no sé qué más hacer con Rose. Todo lo que intento es fallido y los planes se me agotan.

– Intenta con la verdad – Propuso el persa.

– ¡Bah! – Exclamó Sasha – ¡La verdad apesta! Mejor intenta con el único método que jamás le ha fallado a cualquier hombre.

Artur tomó de su tarro de cerveza – No hablarás del que usan nuestros padres, ¿o sí? – Dejó el tarro para hacer énfasis en el aire con las manos – "La indiferencia".

Ivanov se detuvo a pensar – No es lo que tenía en mente, pero puede que funcione. Yo hablaba de algo aún más milenario – Los jóvenes parecían interesados por conocer más de la mítica técnica – Se llaman "celos".

– Eso no va a funcionar, no con Rose – Consideró Denis.

– Mira a tu alrededor. Esas chicas de allá, por ejemplo – Señaló una mesa tras nosotros – Puedo decirte quién no te ha quitado el ojo de encima, la morena parece interesada. Un coqueto inocente por aquí, otro por allá y será pan comido. El pastelito caerá rendida a tus pies, cien por ciento garantizado – Les guiñó a las chicas, provocando que rieran y murmurarán entre sí.

Me volví hacia adelante – Si hago eso, el que terminará en el suelo y hecho una pulpa sanguinolenta, seré yo.

Bebí mi segundo vaso de vodka.

– ¡Maldita sea! ¿Otra vez, Belikov? – Sonreí, mientras él volvía a sacar su billetera.


Rose


Teníamos quince días en territorio ruso y mi relación con Dimitri era extrañamente incómoda.

Era como si no supiéramos actuar alrededor del otro.

Sabía que estaría molesto conmigo, pero no a ese nivel y en mi defensa, no tuve opción. Era eso o que descubriera que me dirigía a una cita médica con la Dra. Olendzki y su esposo.

Realmente no pensé que se sintiera así de amenazado por Zedrik, o que mi coraje me hiciera confesarle que a pesar de todo lo sigo amando.

– ¿Lo amas? Dímelo, quiero escuchar la verdad de tu boca – Me ha sido difícil olvidar la mirada de súplica que me dio.

No, por supuesto que no ¡Grandísimo idiota! En mi corazón ya no hay cabida para nadie más que no seas tú – Me costó mucho no saltar a sus brazos, llenarlo de besos y decirle que pronto habrá un pedacito de él y de mí. Nuestro hijo o hija – El amor nunca ha sido el problema, al menos de mi parte…

Tuve que callar. Por el bien de nuestro bebé, tenía que hacerlo.

Así que decidí gastar todas mis energías en la misión.

Se trazó una ruta tentativa iniciando en Moscú, que fue donde tuve mi primer encuentro con Tafari y una lista de los lugares que podrían ser el Chistilishche, en cada ciudad.

Desde luego no estaríamos solos, eso sería suicidio.

Por lo que nuestros amigos mafiosos pusieron a nuestra entera disposición sus relaciones públicas y a cada punto al que llegáramos, encontraríamos respaldo.

Quisimos hacerlo de esta manera para no generar sospechas. Mandábamos un mensaje encriptado, señalando el lugar y la hora, y ellos se encargaban de hacérselos saber a sus contactos para que estuvieran ahí en caso de acción.

Llevábamos tres ciudades barridas y buenas pistas.

Hoy nos encontrábamos en Irkutsk, una ciudad pintoresca.

Podría vivir aquí, fue lo que pensé al llegar.

Nos alojamos en un motel decente, nada llamativo ¡Digamos que es acogedor! Me encontraba en el baño, preparándome para la primera pesquisa.

– Al menos el viejo tuvo una buena idea al sugerir ir de compras antes de venir aquí – Le dije a Shadow mientras evaluaba mi reflejo en el espejo.

Últimamente me podían ver con blusas holgadas y vaqueros no tan entallados. Me acercaba a los cinco meses de gestación y ahora sí que era evidente que algo le sucedía a mi vientre.

La parte positiva es que el pequeño bache parece como de tres meses. Pero bien habían dicho los doctores: tal vez mañana te levantes y muestres una muy prominente barriga.

Salí de la pequeña habitación y lo encontré esperándome en el pasillo, de brazos cruzados y recargado contra la pared – Estas…

– ¿Lista? Sí – Pasé por su lado, dirigiéndome a las escaleras.

Me siguió – Iba a decir hermosa – Murmuró y no quise detenerme, ya que mi cerebro estaba en calidad de queso suizo – Rose, no me gusta nada la rutina. Te expones demasiado. Di un par de vueltas con Atayán, hay un mar de gente y todos parecen sospechosos.

– Conocemos los riesgos, para eso está el equipo… y tú ¿No es verdad?

Sujetó suavemente mi antebrazo, obligándome a parar – Jamás, por más molesta que estés conmigo o yo contigo, permitiré que te hagan daño. Ten mucho cuidado esta noche Rose, tengo un mal presentimiento – Y no era el único – No quieras ser la heroína, pide ayuda si la necesitas. Ahí estaré… siempre.

Salimos a la calle, ya nos esperaban en los vehículos – Ok Buffy, que comience la acción.


– Juro que cada establecimiento al que llegamos es peor que el anterior.

Sentí las náuseas provocadas por la cercanía de strigoi y puedo asegurar que más de alguno en el vehículo, lo notó.

– Ya lo sé – Respondió Sasha.

Los chicos ajustaron sus estacas e intercomunicadores antes de abandonar el auto, dirigiéndose al interior y dejándome a solas con Dimitri.

– Te veo adentro.

Sonreí – ¡Cuídate camarada! – Asintió y siguió a los demás.

Aproveché para encender la frecuencia – ¿Atayán?

– En posición – Un reflejo me encandiló desde las alturas, seguido de un aullido particular.

¡Ese es mi chico!

– Ruso tres, cuatro y cinco.

– ¿En serio, nos dio un número? Ni siquiera sé qué número soy.

Reí – Simplemente respondan.

– Al menos sabemos quién es el ruso uno…

– En posición, pastelito – Se escucharon carcajadas.

Entonces, un golpe sonó en mi ventanilla – ¿Amca? ¿Qué haces tú aquí? – Salí y lo abracé.

– Llevo días siguiéndolos y creí oportuno intervenir – Se puso su propio intercomunicador – Esto no se ve bien muchachos.

– ¡Pues a trabajar!

~•~

Llegué a la entrada principal. La música resonaba por todo el lugar, el olor a cigarrillo y sangre era penetrante. Definitivamente tenía mala pinta.

Abrí la puerta, azotándola en el proceso.

¡Wow! Sí que sé cómo atraer atención no deseada, ignoré las miradas e hice la zonificación.

Ajusté mi chamarra y avancé con mi seguridad característica.

Pronto, la música se detuvo junto a los murmullos. Escuché pasos detrás de mí. Levanté la mirada antes de girarme, encontrándome con Dimitri quien alejaba a una chica muy… "insistente".

Él no quitaba sus ojos de lo que sea que estuviera detrás de mí.

Es evidente que encontramos algo.

Asentí ligeramente para hacerle saber que estaba lista y me volví. Topándome con un strigoi pálido y bastante alto. Incluso más que Dimitri y eso es decir mucho.

– Tienes muchas agallas para venir hasta aquí sola, dhampir ¿O de vería decir… cazadora? – Observé como sus secuaces se posicionaban a sus costados, mientras se tronaban los nudillos – ¿No tienes nada que decir?

Me crucé de brazos – Sí, este lugar necesita un decorador con urgencia ¡El tapiz es espantoso! – Gruñó chasqueando su cuello. Debo decir que mi ruso ha progresado – Será mejor que todos los que no sean muertos vivientes salgan en este preciso momento – Zedrik abrió la puerta y varios humanos corrieron despavoridos – Solo lo preguntaré una vez… ¿dónde encuentro a Tafari? Ya que si conoces la ubicación del korol´, te estaré muy agradecida.

– Eres una idiota si crees que saldrás con vida de esto – Amenazó entre risas.

– Bueno, supongo que será por las malas – Saqué de detrás de mi chamarra mis sai1 – ¡Takat!

El equipo recurrió a la posición de ataque, aunque detrás, había más guadianés apoyándonos.

No dimos tiempo a nada, sellamos las salidas. Nadie saldría con vida para avisar a nadie. Sin embargo, muy posiblemente una gran matanza llamaría la atención tarde o temprano.

Dimitri y yo nos concentramos en el pálido. Me hubiera gustado decir que lo sometimos rápidamente, pero él había sido un buen guardián. Sus movimientos lo delataban.

– ¡Dinos, dónde encontrar el purgatorio! – Aún me provoca escalofríos escuchar ese tono de voz en Dimitri.

– No será necesario, ellos se encargarán de encontrarlos y liquidarlos – Escupió sangre – Él tiene mucho interés en ti, Belikov.

– ¡Eso lo veremos! – Lanzamos golpe tras golpe en completa sincronía, hasta que lo acorralamos en un rincón.

Dimitri lo apresó con su propio peso, mientras yo infligía el peor de los dolores. Puesto que mis nuevas armas habían sido un regalo de mi baba, hechas especialmente para mí y dotadas del espíritu de Oksana.

Obtuvimos algo de entre sus quejidos, una ciudad… Sarátov.

Estaba por acabar con su sufrimiento cuando se escucharon cristales romperse.

– ¡Hay más de una veintena afuera! Estoy solo con dos novatos – Habló Atayán.

Sasha y Denis derribaron una puerta y la batalla continuó en la calle.

Perdí de vista a Dimitri mientras buscaba a los novatos, pero no logré encontrarlos.

Estaqué a cuanto strigoi me encontré, con Shadow a mis espaldas y mi vientre perfectamente protegido.

La verdad es que el persa tenía un muy buen control de los daños. Entonces, se escuchó un grito femenino en uno de los callejones – ¡Vamos, chico! – Llamé a mi lobo.

Llegamos y lo primero que vi fue a un joven dhampir tirado en la acera, con una fuerte contusión en la cabeza y a dos strigoi sosteniendo a una chica mientras que un tercero bebía de ella – ¡Déjenla en paz! – Grité.

– ¿O qué harás cazadora?

El más fuerte de ellos, la tomó del rostro y apretó sus mejillas con una sola mano. Dándome una perfecta visión de la joven a punto del desmayo – Viktoria… – Susurré.

– ¿La conoces? Pues hagamos un trato, deja tus armas y ven con nosotros ¡Ah! y mantén a tu perro a raya.

Levanté las manos en señal de rendición y lentamente comencé a bajar las sai para después patearlas lejos – ¡Tranquilo, Shadow! – Me erguí – Primero, déjala ir… – De pronto, mis nauseas se intensificaron – ¡Los necesito! Ve por Dimitri, corre…

Y así lo hizo, esquivando a otros tres strigoi que salían de la oscuridad.

Luché lo mejor que pude, pero sinceramente temía por mi bebé.

Por lo que les dejé fácil el que me apresaran – ¿Y te dices cazadora? – Se burlaban.

Dimitri llegó al instante, tomando todo a su alrededor – ¿Vika? – Respiró – ¿Rose?

– No te acerques Belikov, o las asesinamos.

– No les creas, sálvala a ella – Miré a su hermana menor. Luego sentí un fuerte ardor en la mejilla.

– ¡No la toques! O te juro la peor de las muertes.

Por el intercomunicador escuchaba que los demás se aproximaban.

A partir de aquí todo sucedió tan rápido.

– ¡Dimitri! – Grité cuando vi al strigoi pálido caer detrás de él y morderlo con agresividad.

Lo aventó como a un saco de patatas y volvió su atención a mí – El korol´ estará orgulloso. Seré yo el que le entregue a la cazadora y le devuelva a Belikov, pero como uno de nosotros.

Se arrodilló junto a él, mientras se cortaba una muñeca y la acercaba a su boca.

– ¡NOOOOO! – Desgarré mi propia garganta.

Las tres farolas que había estallaron de la nada, el aire comenzó a cargarse y de las sombras emergieron siluetas oscuras que emitían un extraño sonido.

Fantasmas que se fueron sobre los strigoi.

Podía sentir emerger de mí un extraño poder.

El pálido se volvió con ojos de terror, no sé lo que vería.

El equipo llegó y fue testigo que todo aquello. Shadow aulló como nunca lo había hecho, sacándolos de su trance para que acabaran con los strigoi restantes.

Me abalancé sobre mi único enemigo, recogiendo en el proceso una de mis armas y de un solo golpe, le saqué el corazón.

Me derrumbé en mis rodillas, tomando con gentileza la cabeza de Dimitri, colocándola en mi regazo y apoyándola contra mi vientre.

Ahí, en sus labios. Había la única cosa que lograría parar mi corazón y acabar conmigo para siempre… sangre fresca.


1 Sai: Arma de origen asiático. Forma básica de daga; aguda punta con dos largas protecciones laterales unidas a la empuñadura.


Espero que hayan pasado una muy FELIZ NAVIDAD en compañía de todos sus seres queridos.

Que hayan comido rico, brindado y compartido un buen momento.

Sé que no las conozco lo suficiente, pero el solo hecho de que me dediquen algunos minutos de sus vidas para leer mi historia, me hace quererlas un montón y desearles lo mejor del mundo: salud, trabajo, paz, amor y dinero (sí $, la vida es muy cara chicas).

Y si ya tienes todo esto, pues espero que lo conserves y obtengas el mayor provecho.

Ojalá y todos sus sueños se hagan realidad! Porque ustedes hoy cumplen uno mío y no saben lo agradecida que estoy.

Les mando mi amor y mil bendiciones para ustedes y sus familias.

Gracias por leer, comentar y estar tan al pendiente de "Regresa a mí".

Espero sus impresiones sobre el capítulo y prometo actualizar antes de año nuevo.

Besos, Isy.


Nota feliz: Llegamos a los 100 comentarios! Gracias, Swimming the Same Deep Waters.

Nota calmadora de nervios: tengan fe en mí y en la historia. Pareciera un final trágico, pero no lo es ;-)