Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.

A excepción de algunos nuevos personajes.


Capítulo 19

Rose

No podía moverme, me faltaba el aire, mi cuerpo estaba frío, los latidos de mi corazón era lo único que podía escuchar y todo parecía ir en cámara lenta.

– ¿Dimitri…? – Sollocé – Mi amor… Dimitri, contéstame por favor.

– ¡No se acerquen! – Ordenó Pavel. Quizá para evitar el nerviosismo colectivo, pero la evidencia estaba ahí – Atiendan a la chica y a…

– ¿¡Nikolai!? – Denis reconoció y corrió hacia su hermano.

Pavel se arrodilló junto a mí – ¿Rose?

– Agua… necesito agua.

Alguien me pasó una pequeña botella. Entonces ladeé su cabeza, apreté su mandíbula hacia arriba y rocié un poco del líquido para lavarle el rostro y evitar que la sangre entrara a su boca.

Mi tío le tomó el pulso, asintiendo en señal de un buen ritmo encontrado – Necesitan atención; se ve más aparatoso de lo que realmente es ¿Qué quieres hacer? – No respondí – ¡Rose, mírame! – Su tono fue lo que me hizo acceder – Está bien, pero hay que ir a un médico. Necesitan atención – Repitió. Sé que quería sacarme del trance al mantener mi mente ocupada – ¿Qué hacemos?

Tenía que demostrar valor, no podía romperme aquí. Aunque me estuviera muriendo del miedo.

Me quité el colgante con el anillo infundado de espíritu que Oksana había enviado junto con las sai y se lo puse a Dimitri. Ya antes había ayudado, esperaba que ahora fuera igual.

– Traigan gasas, hay que vendarles el cuello – Señalé a Vika – También hay que parar la hemorragia de su cabeza – Apunté a Nikolai – Busquen un doctor o una enfermera y llévenlo al motel cuanto antes. Sean discretos.

Pavel miró detrás de él – Vayan por los autos – Se escucharon un par de pisadas.

– Él viaja conmigo…

Me miró con pesar – Pero Rose…

– ¡No! – Limpié mis lágrimas con agresividad – No termines la frase. Dimitri viene conmigo, al igual que Shadow y alguno de ustedes – Decidió no discutir, en cambio se ofreció a conducir.

Temblando me dirigí hasta Vika para comprobarla antes de acomodarme en el asiento trasero del vehículo, para que después colocaran a Dimitri con su cabeza en mi regazo.

Los demás se dividieron entre el otro coche y en el que llegó Pavel.

Con delicadeza le retiré algunas hebras de cabello que se aferraban a su hermoso rostro – Todo estará bien. Estoy aquí… estamos aquí – Besé su frente y lo acurruqué más junto a nuestro pequeño – Dirás que estoy loca, pero creo que la herida se cierra por sí sola.

El carro se sacudió al caer en un bache, lo que provocó un gemido del hombre en mis brazos – Lo siento – Mi amca se disculpó – Y es verdad. No son alucinaciones tuyas, la herida es más pequeña – Observó rápidamente por el espejo retrovisor.

– ¿Crees que… – Tragué – … que sea una característica strigoi?

Suspiró – Puede ser, Rose – Envolví a Dimitri entre mis brazos, queriendo borrar de mi memoria los últimos quince o veinte minutos – También podría ser debido a… no lo sé. Quiero decir, tendrán un hijo. Cualquier cosa podría suceder.

– Espíritu – Murmuré.

Escuchamos la frecuencia de la radio – Tengo al médico y a su esposa, que resulta ser enfermera – Anunció Sasha – Ya evaluaron a la chica. De hecho la atienden ahora mismo, camino al motel – Solté una bocanada de aire. Si algo le hubiera ocurrido, jamás me lo habría perdonado y Dimitri tampoco… – Afortunadamente no sufrió ningún desgarre o desprendimiento. Solo está débil por la pérdida de sangre y algo magullada, pero se repondrá.

– Eso es bueno – Respondió Pavel – Sean lo más discretos posible, nos vemos en cinco.

¡Aguanta camarada!


Jamás me había sentido tan desesperada e impotente; el trayecto se me hizo interminable.

Creí que enloquecería.

Zedrik nos recibió afuera de mi habitación – La enfermera atiende al hermano de Denis. La chica sigue inconsciente en mi habitación, Artur se quedó con ella y el doctor está adentro.

Entre Pavel, Sasha y Amir, cargaron a Dimitri. Quitándole el plumero para después depositarlo en mi cama – Gracias… – Dije antes de que salieran Atayán y Sasha.

El médico no perdió tiempo, le tomó los signos vitales y luego su mirada se fue a mi lobo.

– Descuide, es inofensivo – Lo tranquilizó Zedrik. El hombre simplemente asintió mientras retiraba el vendaje y procedía a limpiar la herida.

– ¡Aquí no hay nada!

– ¿Qué? – Exclamé estúpidamente.

El hombre mayor se retiró un poco – Que no hay herida. Mira, compruébalo tú misma – Señaló – ¡Nada! Solo está algo golpeado y débil, no tardará en volver en sí.

– ¿Está seguro? – Peguntó Pavel.

– Absolutamente – Shadow subió junto a Dimitri, le lamió la cara y lo empujaba suavemente con la nariz – ¿Es siberiano verdad? – Asentí – Mi abuelo decía que son muy difíciles de domar. Que rara vez abandonan sus cuevas y cuando lo hacen, es porque su espíritu ha sido llamado para cumplir con una noble misión.

Y así lo creía yo – Su abuelo era un hombre muy sabio – Abrí la puerta – Le agradecería si examinara al resto de los muchachos, alguno se encargará de regresarlos a su casa y pagar por sus servicios – Recogió sus cosas y salió de la pequeña habitación.

– ¿Ahora qué? – Era notorio el nerviosismo de Zedrik o el de todos para el caso.

Me quité la chamarra de cuero y me volví a ellos – Salgan, no quiero a nadie aquí. Me encargaré de él.

– Pero Rose, no sabemos si él. Si es… – Detuve a mi amca.

– No lo es – Suspiré – Miren, no me pregunten cómo lo sé, pero lo sé. Algo muy dentro de mí. De aquí… – Toqué mi corazón – … me dice que crea, que tenga fe.

Al poco tiempo abandonaron, renuentes, pero lo hicieron. Dejándome con el amor de mi vida y Shadow. Que reposaba cerca de la chimenea, muy calmado.

Eso debe ser buena señal.

Ágilmente me cambié a ropa más cómoda, recogí el desorden que era mi cabello y me lavé el rostro. Tentativamente me acerqué a Dimitri, le quité las botas y comencé a desabotonarle la camisa.

No quería seguir viendo su sangre.

Tiré todo aquello y con mucho trabajo logre ponerle la camisa limpia que me había traído Pavel de su habitación.

Luego tomé mi estaca y me paré frente a él.

Observándolo, parecía dormir plácidamente – ¡Dios, por favor! Por favor… no estoy muy segura de creer en ti y seguramente tú en mí tampoco. Pero no lo hagas por mí, hazlo por su familia y nuestro hijo.

Me senté a su costado y le coloqué la estaca sobre un brazo. Pasaron segundos y nada, ni muecas de dolor, quejidos u olor a carne quemada. Entonces, la clavé un poco en su piel. Provocando un leve sangrado y un gemido, pero nada que un strigoi haría.

Limpié la pequeña herida. Besé su mejilla, su frente y sus labios.

– Descansa amor, yo velaré tu sueño – Estaba segura de que esto le atraería malos recuerdos.

Me levanté y metí dos leños más al fuego. Apagué las luces, me coloqué junto a Dimitri con la espalda recargada en la cabecera y una almohada en mi pecho para descansar ahí su cabeza.

Poco a poco el cansancio fue reclamándome, hasta que me encontré en un sueño profundo.

Uno que me llevó a mi antigua habitación en Sn. Vladimir.

– ¡Eso es impresionante!

– ¿Señorita Karp?

– Nunca vi nada igual. El resplandor es tanto que me ciega – La realización la golpeó – ¿Él te encontró, no es así?

Me ruboricé pensando en lo que ella podría estar pensando de nosotros – No es lo que cree.

Luego procedí a contarle todo lo sucedido y lo hice lo mejor que pude.

– Si lo que dices es cierto. Hemos dado con un hecho maravilloso. Aunque podría haber muchas variantes…

– Lo descubriré cuando él despierte – El temor sobresalía de mí.

Sonya se acercó hasta tomar mis manos – No temas Rose, los colores de su aura son los mismos que vi en ustedes hace meses. Estoy segura de que sigue siendo un dhampir – Hizo una mueca – Es curioso, yo venía a prevenirte de que él había desaparecido. Pensé que estaría detrás tuyo, pero no pensé que tanto – Sonrió – En fin, me di una escapada a la Academia y pude acceder a la información de la que te había hablado.

Mis ansias volvieron al doble de su potencia – ¿Y?

– Tengo buenas y malas noticias – El temblor de las piernas me obligó a sentarme – Es un hecho que el vínculo se ha roto y la única respuesta que tengo para lo que has seguido experimentado, es tu embarazo – Asentí, hasta aquí no íbamos tan mal – No será el primer niño que nazca de dos dhampirs, al menos en este siglo. Pues existe otro caso poco documentado…

– Anna Shadow Kiss – Murmuré.

– Hay mucho misterio en torno a ese niño – Se sentó junto a mí – Mensajes crípticos y acertijos que no logro descifrar. Sin embargo, algo es seguro y es que este pequeñito de aquí – Tocó mi vientre – ¡Será extraordinario! – De pronto, su semblante cambió – La mala noticia es que Anna conocía los alcances que tendría su hijo y lo escondió de todos… hasta de su propio padre. Quien al parecer había sido strigoi y fue sanado por Vladimir – ¡Santo Dios! – El dhampir jamás supo que tenía un hijo. Lo que hay a partir de este punto son pequeñas piezas de rompecabezas. Lo esencial es que querían cazar al pequeño y darle muerte. Algo tan especial como él, fue considerado una amenaza.

Me incorporé bruscamente – ¡Nadie va a tocar a mi hijo! No lo permitiré… y sé que Dimitri tampoco.

– Y así lo creo – Parecía convencida – Sin embargo, la genética no estará de su lado. Si tu bebé tiene características dhampir, como ha señalado el médico. Entonces tendrá un parecido predominante a su padre, como el de todo dhampir y lamentablemente la gente hablará y no les será difícil sumar dos más dos, Rose.

Alisé mi cabello – No puedo seguir mintiéndole ¡Ya es bastante obvio! – Señalé mi estómago.

Me miró con simpatía – ¡Tendrás que hacerlo! Estas personas, la sociedad los condenará por su sola relación, rechazan a los ex-strigoi y no terminan de aceptar a los usuarios de espíritu ¿Qué crees que ocurrirá cuando se enteren de la existencia de un niño nacido de dos dhampirs? La jerarquía se ha levantado gracias a que ustedes dependen de los moroi ¡Y han desafiado todo aquello! Al menos espera a que sepamos un poco más, tengo que saber si el milagro lo hiciste tú por haber sido bendecida por las sombras, Dimitri por su transformación o ambos. También sería bueno que aguadaras a que el peligro disminuya para ustedes. Están tratando con mucho – El sueño comenzó a desvanecerse – Sé que es difícil, pero tendrás que hacerlo por el bien del bebé y el suyo propio.

~•~

Desconozco cuánto tiempo dormí, pero afuera seguía oscuro y en nuestro descanso terminamos aún más abrazados. Muy parecido a la posición en la que estuvimos en la casa de campaña. Solo que esta vez había una almohada entre los dos, justo en mi abdomen.

Dimitri comenzó a agitarse – ¡Shhh… tranquilo! Estoy aquí.

– ¡No, aléjate de mí! – Pidió, pero su agarre solo se afianzó.

– Muy bien – Suspiré, conocía la mecánica de esto. La diferencia estaba en que esta vez no iba a insistir.

Así que coloqué mis manos sobre sus brazos para separarlos de mí.

– No te vayas… no me dejes – Suplicó.

Escucharlo así, roto… me mataba.

Descubrí que su vulnerabilidad es mi propia debilidad. Siempre se mostró fuerte, controlado, tan entero; que llegué a creer ilusamente que nada podía doblegar su espíritu.

– Dimitri, todo está bien.

Negó con la cabeza. Seguía con los ojos cerrados y yo, reteniendo mis lágrimas.

– ¿Qué color…? – Murmuró muy bajo, tanto que casi no logro escucharlo.

– ¿Qué? – No comprendí lo que me pedía hasta que reformuló la pregunta.

– ¿De qué color son mis ojos?

A pesar de ser un hombre corpulento, lo percibí como un niño. Un pequeño que se encontraba aterrado.

– Ábrelos para poder saberlo – Volvió a negar – Dimitri… cariño, tienes que hacerlo.

Enterró su cara en mi cuello – ¿Y si te hago daño? La probé… la sangre entró a mi boca.

Tragué el nudo que era mi garganta – No eres uno de ellos, ¿me escuchas? – Seguía sin moverse – Mira, si no confías en mí al menos confía en espíritu ¿Sientes la cadena que llevas en el cuello? Pues portas un anillo infundado en él, Oksana me lo envió. Dimitri abre tus ojos, por favor – Y así lo hizo – ¡Son marrones! – Aunque estaban un poco irritados por sus lágrimas – Ves no hay nada que temer – Sonreí y tomé su rostro entre mis manos, mientas le quitaba hebras de cabello que caían sobre sus hermosas orbes – ¿Cómo te sientes?

Nos incorporamos – Bien… creo – Tocó su cuello.

– No estas herido – Me miró con incredulidad – Lo sé – Sabía exactamente lo que pensaba – Hablé con Sonya, en mis sueños – Asintió sin soltar mis manos – Ella cree que una vez que fuiste traído de vuelta, no puedes volver a ser uno de ellos.

– Pero no hay forma de comprobarlo, verdad.

Apreté sus manos – La hay… pero tengo que quitarte el colgante.

Lo sujetó a su pecho con una mano – ¡No! ¿Qué pasa si me convierto? ¿Y qué si esto lo está impidiendo?

– Razón de más para hacer algo muy valiente…

– O muy estúpido – Me interrumpió.

Sonreí con amargura – Esa es mi especialidad.

– Eso no es cierto – Se levantó de la cama – Rose lo que menos quiero es dañarte… más.

Tenía miedo, pues no era el único.

– Si te hace sentir mejor, mantendré mi estaca en tu pecho mientras te quitas el anillo. No podemos quedarnos con la duda – Lentamente y con el pulso errante se lo quitó. Dejándolo caer lejos de él – ¿Sientes algo raro? – Negó – Eso es porque sigues siendo tú – Levanté la cadena – Pero si te hace sentir mejor, puedes conservarla.

Se inclinó y volví a colocársela, quedándonos en esa posición más de lo debido.

– ¿Lo habrías hecho? ¿Me habrías estacado?

Respuesta sencilla – No.

Sonrió – Gracias, Roza – Luego recordó algo o más bien a alguien – ¿Y Viktoria?, ¿dónde está mi hermana?

Me puse un suéter holgado – En la habitación de Zedrik – Cosa que desde luego no le agradó – Lo último que supe es que seguía inconsciente. Débil por la pérdida de sangre, pero estable.


Zedrik descansaba en el sofá al mismo tiempo que Pavel velaba el sueño de Vika.

Como entramos, inmediatamente su mirada se fue al ruso a mi lado – ¡Dimitri…! ¿Te encuentras bien, hijo?

– Sí, gracias por cuidar de ella – Mi amca le dio un abrazo fraternal.

Era evidente que le tenía aprecio.

– Belikov – Zedrik se acercó cauteloso – ¿Cómo estás?

– Podría estar mejor – Ok, la tensión es obvia – Te agradezco las atenciones que has tenido con mi hermana – Artículo con imperiosa formalidad.

El moroi estaba por contestarle cuando Vika despertó.

– ¿Dimka? – Preguntó adormilada, después enfocó mejor – ¡Oh, Dimka! – Se arrojó a sus brazos.

– ¿Cómo te sietes? – Estudió sus lesiones.

– Bien… mucho mejor ahora.

Era difícil ponerme al día con la rapidez de su idioma, pero al menos entendía la conversación.

La expresión de Dimitri cambió – Viktoria ¿Qué haces aquí?, ¿cómo nos encontraste?, ¿acaso mamá sabe dónde estás? – Cosa que por su expresión era evidente que no. Pobre Olena… – ¡Pero en qué estabas pensando! – Intentó protestar a las acusaciones de su hermano mayor – ¡Ni siquiera lo intentes, señorita! ¿Tienes alguna idea del peligro en el que te pusiste, o a los demás?

Lo sujeté del brazo – Déjala hablar, escucha lo que tiene que decir.

Vika me miró agradecida y claramente apenada – Lo hice por ti, Dimka. Y si no se le dije a mamá fue porque sabía que no me lo permitiría. Así que decidí contárselo a Nikolai para que alguien supiera dónde iba a estar, pero él se negó a dejarme venir sola. Y como sabía que no podía hacerme cambiar de opinión, pues se ofreció a acompañarme.

– ¿Qué más? – Dimitri seguía que echaba lumbre.

Se sentía furioso porque estuvimos en peligro y él no fue capaz de ayudar.

Distraídamente me encontré frotando su brazo. Seguramente la chica tiene una buena excusa… ojalá.

Nerviosa comenzó a retorcer las magas de su suéter, sintiéndose observada – Los guardianes llegaron a Baia, a visitar a sus familiares supongo. Traían consigo el rumor de que alguien llevaba a cabo una caza en contra de un potente enemigo y que todo tutor debería estar pendiente al llamado en caso de ser requeridos. O al menos eso escuchó Sonya en la farmacia. Y recordé que cuando estuviste en casa nos hablaste de la estancia de Roza aquí, en Rusia – Se encogió de hombros – Pues supe que era ella. Y creí que aún la buscabas, como no llamaste… el caso es que quise buscarla por ti.

Dimitri se pasó las manos por el rostro – Lo que quisiste hacer fue noble, pero muy estúpido. Y no podía llamarte o a nadie, porque fue una condición que me interpuso su padre – Me señaló – Para darme su paradero…

Ella frunció el ceño – ¡Espera! ¿El padre de Roza? – Asentí cuando me miró con sorpresa absoluta – ¿Quién es?

– Ibrahim Mazur, pero tú lo conocerás como el único e inigualable "Zmey" – Aportó Zedrik.

– ¡Mierda!

~•~

A pesar de haber dormido un poco me sentía cansada, mental y físicamente.

– ¿Cómo está tu hermano?

Llevábamos a cabo una reunión de último minuto en mi habitación.

– Nikolai aún duerme. El doctor dijo que sufrió una conmoción leve, que no había habido fracturas – Asentí evaluando la situación y reconsiderando la decisión que me había prometido no tomar.

– Pese a ello… – Pavel se sentó a mi lado, ofreciéndome un hombro dónde apoyarme – … sería bueno que se practique algunos estudios para evitar problemas a largo plazo.

Caímos en un incómodo silencio.

– ¿Y ahora qué? – Lev se animó a hacer la pregunta que creo todos querían formular.

Los observé uno a uno hasta detenerme en mi antiguo mentor. A la mayoría se les notaba el cansancio, los golpes de la batalla y la incertidumbre por no saber qué pasaría.

– Iremos a Baia – Les informó, evitándome el desgaste de decir mis pensamientos en voz alta.

Porque ¡demonios!, no quería pisar la ciudad. Era demasiado riesgoso y no deseaba ser portadora de problemas para la buena gente del pueblo. Pero me sentía en la obligación de llevar a casa a Vika y a Nikolai, y entregarlos sanos y salvos. Y sé que lo mismo le pasaba a Dimitri.

– No hay opción – Señaló Pavel.

Froté mis sienes en círculo – Seremos como sombras; rápidos y sumamente cautelosos. Estaremos solo el tiempo necesario y en alerta constante. Ninguna precaución será absurda, así que si tienen preguntas, ideas o sugerencias este es el momento.

Sasha levantó la mano – Tengo una, pastelito. Aunque no tiene que ver con lo anterior.

– Sí, también yo – Zedrik se unió a su comentario.

– ¿Qué diablos ocurrió allá afuera? ¿Qué fueron todas esas… cosas que emergieron del suelo? ¿Y cómo es que Belikov sigue siendo, pues eso, Belikov?

Mi amca apretó mi hombro en apoyo – Esas son muchas preguntas – Sonreí sin humor – Y la vedad es que no lo sé. Nunca antes me había ocurrido nada ni remotamente parecido.

– ¿De qué hablan? ¿A qué se refieren? – Cuestionó Dimitri.

Por lo que los muchachos le contaron la versión abreviada – Entonces comenzó a escucharse una especie de sonido de alta frecuencia. No era molesto para nosotros, pero al parecer a los strigoi les cabreaba un montón y esas cosas salían de la oscuridad. Eran como sombras borrosas que los atacaban, facilitándonos la tarea de matarlos.

– ¿Fantasmas? – Me preguntó directamente, yo solo fui capaz de asentir – ¿Te encuentras bien? – Era la pregunta del día.

– Será mejor que descansemos lo que más podamos, mañana nos espera otro largo día.


– Yo soy un hombre culto, de ciudad. Odio venir a los pueblos, no hay nada que hacer, a dónde salir o gente qué conocer.

– ¿Quieres callarte? – Silencié a Sasha, mientras ayudaba a Dimitri con su hermana. Denis, Artur y Lev, llevaron a Nikolai a casa y Pavel y Atayán fueron por mi baba – Ayúdame aquí, ¿quieres? O llama a la puerta, pero has algo que no sea quejarte.

Tomé las pertenencias de Viktoria y caminé detrás de Sasha, quien ya se encontraba en la entrada principal.

– Ya me darás la razón, pastelito. Aquí no hay nada…

– Buenas tardes – Reconocí la voz de una Belikova – ¿En qué puedo ayudarle? – Pero no llegué a apreciarla gracias al ruso frente a mí.

– … interesante – Sasha terminó musitando.

Me hice hacia un lado y lo vi absolutamente hipnotizado.

¡Nada interesante, eh!

– ¿Roza? ¡Oh Dios, Roza! – Karolina me dio un gran abrazo. Amén por la bolsa de lona en mis brazos o habría notado mi pequeño secreto – ¿Eres tú? Estábamos tan preocupadas y con la desaparición de…

Detuve su divague – Lo sé – Mostrándole a Dimitri y a Vika que venían detrás – Será mejor que pasemos y reúnas a la familia.

~•~

Debo decir que esperaba este recibimiento, cálido y lleno de preguntas y abrazos que no quería responder.

Olena estaba enojada y preocupada, pero creo que su felicidad era más. Al igual que la de Sonya y Karolina. Yeva, brillaba por su ausencia.

– ¡Tía Roza! – La mini-versión de Dimitri se estrelló en mí – ¿Por qué te fuiste sin decir adiós? – Me miró con lágrimas en sus lindos ojos – Zoya y yo te extrañamos.

Me arrodillé y le aparté el cabello del rostro – Yo también los extrañé… un montón – La pequeña se abrazó a mi abdomen, frotando ahí su carita. Me tensé y esperaba que nadie lo hubiera notado – Pero tenía que irme Paul, tenía algo muy importante que hacer – Mi mirada se encontró con la de Dimitri.

Luego me puse de pie solo para recibir un ligero codazo – ¿No vas a presentarme, pastelito?

Rodeé los ojos – ¡Por supuesto! Ella es Olena Belikova y sus hijas Sonya y Karolina – Galante les besó los nudillos – Y este joven apuesto de aquí, es su hijo mayor Paul y esa hermosura de ahí es Zoya – No perdí de vista su expresión ante la mención de los niños – Todos, él es Guardián Sasha Ivanov… mi chofer.

Sonreí con malicia al mismo tiempo que él me daba una mirada de muerte – De hecho, soy su piloto.

Después de discutir un poco sobre mi abrupta desaparición porque no quería ser tan explícita con los pequeños presentes; sobre la irresponsabilidad de Vika y que por fin me presentaran a la adorable Rosella. Fingiendo sorpresa para no delatar que Dimitri ya me había dicho su nombre. Olena nos pasó a la cocina, al menos a Dimitri y a mí.

– ¿Dónde te quedarás, Roza?

Bebí de mi té, mientras escondía medio cuerpo detrás del desayunador. Algo me decía que si estas mujeres le daban una buena mirada a mi cuerpo todo se vendría abajo.

– No lo sé. Quiero decir, no pensé en ello, pero seguramente con Abe. Supongo que tiene alguna propiedad en la zona.

A Dimitri parecía no gustarle la idea y creo que su madre llegó a notarlo también.

¿Qué tanto sabrá?, pensé.

– Bueno, me gustaría que pasarás algún tiempo con nosotros, Roza. Cuando Dimka volvió le quisimos hacer una pequeño festejo con conocidos y vecinos para celebrar que seguía con vida. Sin embargo, él se negó. Alegando que festejaría el día en que te encontrara y como ya lo ha hecho…

– Mamá, no podemos llamar la atención. Solo llegamos a venir porque Vika nos encontró – Me miró – Aunque me gustaría que te quedaras aquí, Rose. No creo que tu padre tenga inconveniente.

El muy maldito jugaba sucio y en su papel de niño de mamá.

– ¡Ah, pero no será nada grande! Mañana podemos organizar una comida sencilla y reducir la lista de invitados a tu equipo de trabajo y nosotros ¿Qué les parece?

Era obvio que la mujer no desistiría – Opino que la comida es una buena idea.

Olena sonrió gustosa – Perfecto, tendré todo listo ¡Dimka, ve y arregla tu alcoba! Espero que tu antiguo sofá sea cómodo, ya que estarás compartiendo la habitación con Roza.

¡Santo infierno maldito!

Dimitri se levantó sin darme tiempo a negarme ¿Qué iba a hacer?

– Roza… quiero que sepas que no importa lo que pase, siempre serás bienvenida en esta casa – Acarició mi rostro amorosamente –No tengo con qué pagarte todo lo que hiciste y sigues haciendo. Gracias, te estoy eternamente agradecida – Sus ojos se rosaron – Por ello siempre serás recibida como parte de la familia, como una hija más. Llegaste a nosotros como una bendición.

Negué limpiando una lágrima traidora. Había extrañado en gran medida a esta mujer – Vika es como mi hermana, así que…

– Yo no hablaba de Viktoria – Limpió su propio llanto con el mandil de cocina – Pero gracias por eso también – Sonrió con dulzura – Rose Hathaway, parece que eres muy hábil para encontrar y salvar a mis hijos.

Reímos – Espero que no se convierta en un hábito.

– También yo.


Sasha se marchó a la casa de seguridad de Abe, pero prometió volver con él a primera hora de mañana.

Yo mientras tanto, requería de una cama con urgencia. Estaba deshecha del agotamiento, por lo que me dirigí a la planta alta.

Había pasado tanto en tan poco: Vika, Dimitri, Sonya Karp. Ni siquiera había tenido un tiempo justo para procesar. Sin embargo, el destino en forma de Yeva tenía otros planes para mí.

– El camino hacia el infierno esta pavimentado de buenas intenciones.

Salió a mi paso, sacándome un susto de muerte en el proceso.

– También te extrañé – Dije con sarcasmo. Tratando de nivelar mi ritmo cardiaco.

De pronto, se acercó a mí. Su vista clavada en mi vientre oculto por el amplio suéter.

Extrañamente, sabía que lo sabría.

– Tenemos que hablar.


Lo prometido es deuda, antes de año nuevo.

Bien, primero que nada: ¡Bienvenidos nuevos lectores!

Gracias a todas por leer, seguir y comentar.

¿Qué les parece? Espero cada una de sus impresiones.

Sé que puede parecerles que va un poco lento la historia, pero créeme, son necesarios estos pasajes antes del gran momento.

Ahora un anuncio:

PRÓXIMO CAPÍTULO, se devela lo que tanto te mueres porque sepa nuestro ruso favorito. Así que no te lo pierdas.

Y te adelanto, habrá opiniones encontradas nuevamente. Así que lo único que te pido son tres cosas: paciencia, confianza y que recuerdes que este drama es 100% Rose y Dimitri.

Te puedo asegurar que la historia no la voy creando al paso, es una inquietud que surgió hace tiempo y que me llevó un poco más plasmarla en ideas creíbles (tengo un cuaderno lleno de notas que me avala). Quería que fuera una historia alternativa con tintes de poder haber ocurrido. No solo una locura inventada y ya. Son cosas mínimas las que estoy improvisando. Hay que ponerle sal y pimienta para que nos sepa mejor el final.

En otro orden de ideas, te deseo un muy feliz año 2017.

Que por cierto, es mi número de la suerte =)

Saludos y apapachos, Isy.