Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.

A excepción de algunos nuevos personajes.


Capítulo 20

Rose

– No solo los moroi pueden llegar a ser especiales – Hablaba mientras tejía una especie de… algo cuadrado – Mírame a mí. Esto, mis sueños me han acompañado desde que puedo recordar y son una bendición con la que me costó bastante estar de acuerdo. Lo bueno es que tuve a mi madre. Ella creyó en mí y no me tachó de loca como muchos otros.

– ¿Por qué me dices esto, Yeva?

Dejó su tejido – Porque en algunas ocasiones, como en esta, la considero más una maldición – El corazón comenzó a golpearme fuertemente el pecho – No puedes decirle… Dimka no debe saber qué esperas un hijo suyo. Al menos no todavía.

Me desplomé en el sillón – ¿Y qué se supone que haga? – Protesté – Siguen diciéndome que no se lo diga, pero "esto" – Señalé mi barriga – No es como si la pudiera esconder por más tiempo.

Tomó mis manos – Sé que no lo parece, pero no es sencillo para mí ser portadora de malos augurios. Sobre todo cuando se trata de alguien de mi familia – Sonreí, ya que no se refería a Dimitri o al bebé. Ella hablaba de mí – Partiste y caí enferma a los pocos días. Jamás había hecho algo tan difícil en mi vida y mira que he vivido bastante. Te mandé directo al infierno, era lo que me correspondía hacer y callé porque ahí aguardaba tu verdadero destino. No me equivoqué contigo y saliste victoriosa.

Limpió mis lágrimas con su pañuelo – ¿Y ahora qué?

– Definitivamente Dimka sabrá de tu embarazo, no hay manera de evitarlo. Sin embargo, tendrás que ocultarle su paternidad o…

– ¿O… q… qué? – Tartamudeé.

A estas alturas y con todo lo que he pasado, creer en las visiones o sueños de Yeva ya no sonaba tan descabellado.

– O tanto el padre como el hijo morirán – Mi corazón se detuvo. Volví a sentir el peso del mundo sobre mis hombros – No temas. Aún hay esperanza, pero tendrás que callar por ahora.

Me levanté frustrada con la tranquilidad que mostraba la mujer – ¿Cómo me pides eso? ¡Que no tenga miedo! Cuando la vida de tu nieto y bisnieto… de mi hijo y el hombre que amo corren peligro ¿Sabes acaso lo difícil que es todo esto para mí? Y no se supone que me sienta así porque no es bueno para el bebé, pero la vida no ha dejado de ser una perra con nosotros – Hipé – Hace unos días creí que lo había vuelto a perder… me quería morir y tampoco se supone que piense así. Pues ahora tengo una razón muy poderosa por la cual vivir y no la estoy disfrutando como debería. Porque sí, estoy muy asustada, aterrada me describiría mucho mejor. Seré madre y eso me produce pánico extremo. Como también una felicidad inmensa que no puedo describir con palabras, porque no hay adjetivos que se acerquen ni remotamente – Abracé mi abdomen – Él o ella, ni siquiera ha visto la luz del día y ya está amenazado de muerte ¿Y tú quieres que no tema?

La anciana observó mi perorata – ¿Te sientes mejor? – Asentí, pues extrañamente lo hacía – No creerás que solo hay malas noticias, verdad. Así no funciona el equilibrio del mundo, Roza – Suspiró – Lo soñé entre feroces llamas, pero el fuego no lo dañaba. Y es exactamente el mismo presagio que tuve contigo.

Nos mantuvimos en silencio. Yo, procesando todo y ella, supuse que esperando una respuesta.

– Lo haré – Dije con determinación – Aunque termine ganándome el odio de Dimitri.

– Dimka nunca podría odiarte – Recogió su material de costura – Sí, estará molesto y dolido. Pero con el tiempo entenderá que lo hiciste por el bienestar de su pequeña nueva familia. Muy parecido a lo que él hizo cuando volvió a dhampir.

– ¿Les contó sobre eso? – Susurré. Yeva asintió – ¿Y?

– Le dije que era un completo idiota.


Dimitri


Me quedé en la habitación, en la que había sido durante años mi refugio particular. Observando por la ventana el patio trasero de la casa en donde crecí. Como lo había hecho tantas veces cuando mis preocupaciones eran otras.

Jamás pensé que mi vida daría un cambio tan drástico.

– No es para nada lo que habíamos planeado ¡Eh, Iván! – Lo imaginé tumbado en mi cama, protestando por tener que estudiar Álgebra, y maldiciendo una y otra vez a nuestro profesor.

Comencé a ir de un lado a otro. No podía llegar a un acuerdo con cómo me sentía.

¿Miedo…? Sí, definitivamente. Pero también: coraje, frustración, impotencia, inquietud, y extrañamente paz y un poco de alegría. Que era a lo que trataba de aferrarme con desesperación.

Rose estuvo conmigo durante ese momento tan amargo y el que estuviera ahí, sosteniéndome. No sé, hizo las cosas mucho más llevaderas.

Ojalá hubiera hecho lo mismo cuando… ¡Toc, toc!

Golpes suaves centraron mi atención. La puerta se abrió revelando a mi madre – Traje algunas mantas, almohadas y toallas extra para el cuarto de baño.

– Gracias – Las recibí y me dispuse a adaptar mi cama improvisada.

Sintiendo su mirada mientras me ayudaba – Y bien, cuéntamelo – Colocó un edredón en el reposabrazos antes de sentarse en el sofá – ¿Cómo fue?, ¿qué ha pasado?, ¿cómo estás?

Quité la liga de mi cabello y suspiré al aliviar un poco el dolor de cabeza. Esto ocurriría, pues si alguien conoce la mayoría de mis estados de ánimo, esa es Olena Belikova.

– Fue… inesperado, es… complicado y francamente… no lo sé.

– Justo ahora se encuentra con tu abuela, así que tenemos algo de tiempo – Me atrajo hacia ella para envolverme en sus brazos, como cuando niño.

No sabía por dónde empezar así que opté por el principio. Aunque terminé por darle la versión abreviada – La encontré hace casi dos meses. Fue el mismo Ibrahim Mazur quien me llamó un buen día; diciendo que me daría su ubicación exacta, siempre y cuando yo cumpliera con algunas peticiones suyas. Cuando llegué a Estambul habría aceptado cualquier cosa. Por lo que obtuve un nuevo puesto de trabajo y un panorama poco alentador.

Se incorporó un poco – ¿A qué te refieres?

– No puedo decir mucho – Me disculpé – Lo que hay que saber es que estamos en medio de una misión extraoficial.

Me miró con cautela – ¿Es peligrosa?

Recordé los últimos acontecimientos, por lo que no creí oportuno mentirle – Sí – Fue mi turno para abrazarla y tranquilizarla – Pero estaremos bien mamá, no estamos solos.

– ¿Eso significa que están juntos? – Su sonrisa comenzó a expandirse.

La mía por otra parte…

– Al menos me dirige la palabra y me dejó seguir respirando cuando me presenté en su casa como su escolta – Suspiramos – Es que… a veces siento que quiere ceder, pero hay algo que se lo impide y me está volviendo loco no saber qué es. Me ama, ella misma me lo confesó y aun así no logro comprender su lógica – Reí sin humor – No sé qué más hacer o decir. Hasta estoy tentado seguir los consejos que los…

La puerta chirrió – Umm… lo siento – Rose parecía avergonzada – No fue mi intensión interrumpir. Esperaré abajo.

– No interrumpes nada, querida. Ya me iba – Mi madre me dio un beso en la mejilla y se puso de pie – Buenas noches, descansen – Hizo lo mismo con Roza antes de cerrar tras ella, guiñarme en complicidad y pronunciar la palabra "suerte".

Y vaya que la necesitaría.

Nos quedamos ahí, de pie, sin movernos o emitir algún sonido. Simplemente mirando el uno al otro.

Era tan nuevo y extraño que no podía dejar de pensar que nunca había llevado una chica a mi habitación ¿Pero qué clase de pensamientos son esos, Belikov? – Yo… emm… ¿cómo estás? – Acomodó distraídamente su cabello, un claro indicio de que se sentía inquieta.

– Bien, estoy bien.

Di algo más, idiota.

– Es… genial ¿Te importa si tomo un baño?

Negué casi robóticamente. Agarró sus cosas y prácticamente corrió al cuarto de baño.

¡Genial! Dijo genial ¿De verdad, eso es todo lo que tiene que decirme?

Tranquilízate Dimitri, tampoco es que sea fácil para ella.

Dejé ir el pensamiento y organicé las cosas que necesitaría llevar a la ducha. De pronto, toda mi atención estaba en el sonido del agua que corría por los azulejos del baño. Agua que antes de caer recorría y acariciaba la suave piel de mi Roza.

Quien se encuentra a unos cuantos pasos… tragué.

¿Y si abro la puerta y la obligo a escucharme?

¡Te has vuelto loco!

Loco no, desesperado sí.

Por Dios, desde cuándo habló tanto conmigo mismo.

Tenía que hacer algo y tenía que hacerlo ya. La molestia en mis pantalones no me dejaba pensar bien. Así que caminé hasta la puerta y llamé – Roza – Salió con un murmullo, por lo que lo volví a intentar – ¿Rose, quieres…? – Aclaré mi garganta – ¿Te apetece algo de la cocina? Voy a bajar así que…

– Un chocolate caliente sería perfecto – Cerró las llaves de la regadera – Tengo un poco de frío.

Esa simple confesión me hizo correr de la habitación, pues el solo hecho de imaginarme su piel erizada… ¡Detente de una buena vez!

~•~

Jamás había tardado tanto en preparar dos simples tazas de chocolate caliente con bombones, pero tenía que calmar mi ímpetu antes de volver a la habitación con Rose.

O a cualquier lugar cerca de ella.

Tomé un par de respiraciones y entré. Encontrándola sentada en una esquina de la cama, de espaldas a mí, y cepillando su hermoso y largo cabello.

Todo el lugar olía dulcemente a vainilla, como ella. Tal vez debido a la dotación de cremas y lociones que llevó a la ducha.

– Aquí tienes – Le entregué la taza humeante. La cual recibió con la primera sonrisa sincera que había visto en días, y ambas manos. Lo que me dio la oportunidad de sentir el frío que la aquejaba.

Me volví y metí algunos leños pequeños para avivar el fuego y aclimatar la habitación.

Gracias al cielo vestía un pijama de dos piezas. De llevar camisón, habría matado al caballero que llevo dentro.

– Mmm… es justo lo que necesitaba – Se metió en la cama y se arropó. Pude ver ligeramente sonrosadas sus mejillas y su nariz. Estúpidamente sentí celos de la manta de franela que la cubría – ¿Te encuentras bien? Te siento un poco disperso.

– Sí, es solo cansancio – Cogí mis cosas – Tomaré un baño.

Estaba por entrar cuando me llamó por mi nombre – ¿Dimitri…? – Me giré involuntariamente mucho antes de que terminara de pronunciarlo. Y verla ahí, en mi cama, en pijama y con el cabello húmedo; supe que era lo que quería para mí, el resto de mi vida. Mordía su labio inferior, luchando contra algo – Yo… – Bajó la mirada y suspiró entrecortadamente – Gracias por el chocolate – Asentí, sabiendo perfectamente que eso no era lo que tenía que decir – Buenas noches.

– Descansa, Roza.

Apagó la lámpara de la mesa de noche y se acurrucó bajo las mantas.

Creí que me sentiría frustrado o ansioso por no saber lo que realmente deseaba comunicarme.

Sin embargo, ya sentía la intención de hacerlo. Por lo que tarde o temprano lo haría.

Lo cual significaba, que aún confía en mí.


Me despertaron las caricias y los besos más dulces, su cabello me hacía cosquillas en el rostro mientras que sus delicadas manos descansaban en mi pecho.

– ¡Despierta dormilón! – Suavemente rozó mi boca.

Cinco minutos más – Me quejé en sus labios, atrayéndola más a mí para enterrar mi cara en su abundante melena. Disfrutando de su aroma embriagador.

Soltó una carcajada, haciendo mi día por completo al oírla tan feliz.

– ¡Camarada, morimos de hambre aquí!

Abrí los ojos y quedé encandilado con la cantidad de luz que se colaba por las ventanas de la habitación. Rose parecía irradiar pura energía, su sonrisa era deslumbrante y lucía preciosa en su vestido de maternidad – ¿Roza? – El aliento quedó atapado en mi garganta – ¿Tú estás…?

¡Oh! – Hizo una mueca y una de sus manos se fue directo a su vientre, mientras que con la otra se sujetó del dosel de la cama.

¿Qué… qué es? – Dije alarmado y sin saber muy bien qué ocurría.

La alegría volvió a sus facciones. Tomó mis manos entre las suyas y las colocó sobre su creciente abdomen.

– Te preocupas demasiado, camarada. No es nada, mira, siente. Patea con mucha fuerza. Tal vez será futbolista, karateca o… simplemente quiere darnos los buenos días – Se encogió de hombros antes de regalarme un casto beso – ¡Buenos días amor!

Me quedé ahí, sin saber qué decir o hacer. Amando la extraña situación.

Giré hacia mi derecha y vi una imagen enmarcada en la pared.

Esto es un sueño, pensé. Era de Rose y mía, con… – ¿Ellos son…?

De repente, se escucharon pequeñas pisadas que bajaban en carrera por lo que me imagino eran las escaleras.

– Vamos, los niños esperan. Cinco minutos más cerca de su tío y los echará a perder de por vida.


Hoy era un buen día.

Dormí placida e ininterrumpidamente, como hace mucho no lograba.

Desperté muy temprano; Rose seguía durmiendo, abrazada a mi almohada. Formando ese lindo gesto que hace con la nariz al dormir, se veía hermosa.

Salí a correr aún con algo de oscuridad para evitar ser visto y al volver ayudé a mi madre con el desayuno. Gracias a mi buena estrella logré convencerla de que pospusiera la comida del festejo uno o dos días. Alegando que no deseábamos salir en las fotos repletos de hematomas verdes y negros.

Y ahora me encontraba preparándonos a Rose y a mí, un fantástico almuerzo a domicilio. Con fruta rallada, zumo y leche frescos, blinis recién salidos de la sartén, huevos revueltos con pimientos y el estelar, tocino crujiente.

Definitivamente ganaré algunos puntos con esto. Pero por si acaso, reservé un donut glaseado de chocolate.

– Amaneciste de buen humor.

– Hmm… – Fue mi respuesta. Pues me encontraba totalmente concentrado en la decoración de la charola con el almuerzo.

– ¿Tío Dimka? – Al parecer no era el único madrugador de la familia – ¿Eso es para la tía Roza?

– Así es – Coloqué los cubiertos y las servilletas – ¿Qué opinas, crees que le gustará?

Lo evaluó por un momento – Como que falta algo… ¡espera! – Salió corriendo hacia el patio y entró en seguida con un pequeño ramillete de flores silvestres – Ahora sí que le gustará – Mamá me dio un pequeño florero donde pusimos las flores – Abuela, ¿te diste cuenta de que ayer la tía Roza me llamó joven apuesto?

Me guiñó – ¿Oh, sí? Creo que no presté atención a esa parte Paul ¿y tú, Dimka?

El pequeño me miró con verdadero interés – Algo escuché.

– ¡Lo ves, abuela! Ella cree que soy apuesto, así que le pediré una cita – Volvió a salir disparado hacia algún sitio.

– Parece que tienes competencia – Mi madre reía.

– La tengo…

Y no me refería precisamente a mi sobrino.

No queriendo arruinar mi buen humor tomé la bandeja y me dispuse a sorprender a la bella durmiente que aún descansaba en la planta alta.

Para ser más preciso, en mi antigua cama. Cosa que por alguna razón me daba satisfacción.

Llegué al primer descanso de la escalera y el recuerdo del extraño sueño volvió a mí. Seguí caminando, pasando la habitación que le pertenece a mi abuela.

Desde que tengo memoria Yeva ha insistido en que tengo su don y que puedo desarrollarlo aún más, cosa que siempre he negado. Admito que he tenido algunos sueños y que estos con el tiempo se han convertido en realidad, pero supongo que solo se trata de coincidencias de la vida. Fantaseamos con aquello que deseamos y mi último sueño es prueba de ello. Aunque por más que anhele un futuro así con Rose, jamás lo tendremos.

Abrí con cautela, aún dormía. Dejé la charola en el escritorio, corrí las cortinas para que entrara la claridad y pudiéramos apreciar mejor el paisaje. Puesto que el dormitorio tiene las mejores vistas y quería que fuera tan especial para Rose, como lo era para mí.

La llamé un par de veces, pero no logré más que rezongos sinsentido.

Tenía días notándola agotada, sin embargo no creí que su cansancio fuera tanto. Me senté a su lado y no puede evitar sonreír al ver el revoltijo que era su cabello, le retiré algunas mechas del rostro. Acariciando sus mejillas con el dorso de mi mano – Roza… despierta.

Comenzó a estirarse, luego se frotó la nariz haciendo gestos y por último abrió los ojos. Me observó adormilada y sonrió – ¡Hola!

Le sonreí también – ¡Hola! – Entonces sus ojos se abrieron como platos, rápidamente se incorporó jalando las mantas consigo y tratando desesperadamente de arreglarse el cabello – Tranquila, no luces tan mal – Bromeé.

– Muy gracioso, Belikov – Se detuvo cuando olfateó el aroma de los alimentos – ¿Qué es ese olor?

– Eso… – Me dirigí al escritorio – … es nuestro desayuno exprés – Acomodé la charola frente a ella y esperé a ver su reacción.

– ¡Creo que te amo!

Se tensó en cuanto las palabras salieron de su boca.

No quitando la mirada de la comida casi podía escuchar sus pensamientos. Buscaba qué decir para aminorar el impacto.

Por lo que intenté ser yo el que aligerara el ambiente – ¿Me hablas a mí o a la comida?

Sus hombros se relajaron un poco – A la comida, por supuesto – Comimos en silencio, disfrutando de la compañía del otro. Es hipnótico ver el ritual que tiene con sus alimentos, la forma en que disfruta de ellos. Descubrir cómo algo tan sencillo la puede hacer feliz, así es mi Roza – ¿Qué?

Me sacó de mi ensoñación y noté que había colocado el florero en la mesita de noche – Nada es solo que… pensaba en que no puedo llevarme todo el crédito – Señalé el detalle – Paul las cortó para ti y creo que hay muy altas posibilidades de que te pida una cita.

– ¿Paul?

Me reí de corazón – ¿Qué es lo que tienes Rose Hathaway? Enamoras a todos los hombres que te conocen.

Logré hacerla sonrojar y me encanta verla así. Aunque no creo que comparta mi opinión.

– No sabes lo que dices – Prácticamente saltó de la cama y se metió al cuarto de baño.

¡Yo y mi bocota, todo iba perfecto! ¿Por qué tuve que hablar?

Las ansias me carcomían, empecé a ir de allá para acá, al pie de la portilla. Esperando a que saliera para intentar arreglar lo que sea que haya desarreglado.

La puerta se abrió y ella salió, sorprendiéndome a medio paso. No pude corregir el curso y fue inevitable la colisión. Rose se tambaleó hacia atrás, la atraje hacía mí para evitarle una caída que habría sido dolorosa por la fuerza del impacto conmigo.

No había espacio entre nosotros y francamente, no me importaba.

– Lo siento, no fue mi intensión ¿Estás bien? – Algo andaba muy mal con su equilibrio.

– Sí – Susurró.

No hizo ningún intento por salir de mi agarre y honestamente yo no iba a desaprovechar la grandiosa oportunidad de tenerla entre mis brazos. Que es a donde pertenece.

– Tu ojos – Dije al notar algo diferente en ellos – Parecen tener un brillo especial; te hace ver más… hermosa.

– Dimitri yo…

Me debatía entre primero dejarla hablar y luego besarla, o primero besarla y luego dejarla hablar.

Ganó la segunda opción.

Afiancé mi agarre en ella y comencé a descender a su boca. Podía sentir su cálido aliento y llegué a rozar sus labios cuando un golpe en la puerta nos interrumpió.

– ¡Mierda! – Juré.

– ¡Adelante! – Rose concedió soltándose de mí.

Vika entró vacilante – Yo, emm… – Aclaró su garganta – Tengo que hablar con los dos.

~•~

– No es necesario que hagas esto, Vika. No tienes que disculparte conmigo porque no tengo nada que perdonarte.

Mi hermana insistió – ¡Eso no es cierto y lo sabes! Fui muy injusta, grosera e hiriente, una total perra contigo y no te lo merecías.

Limpió rápidamente las lágrimas que se les escaparon y si algo sé es que odia mostrarse débil, por lo que mi preocupación fue a más.

Me senté frente a ella y tomé sus manos – Tranquilízate y cuéntame qué fue lo que pasó.

Asintió tomando respiraciones pausadas. Rose se unió a mí; su postura me indicaba que no me gustaría nada lo que estaba por escuchar.

– Me enamoré… – Negó – … creí estar enamorada de un chico. Un moroi – Me miró con vergüenza – Era dulce, detallista, todo un caballero y juraba que no había nadie más para él que yo. Dijo que me amaba – Susurró – Me pidió que nos mantuviéramos en secreto porque quería hacerlo público cuando formalizáramos. Por lo que nunca vino a buscarme a la casa y no se lo dije a ninguna de nuestras hermanas. Así que quedábamos en distintos lugares – Hizo una pausa y con cada segundo que pasaba mi cuerpo se cargaba de tensión – Un día discutimos, ni siquiera recuerdo por qué. El caso es que me pidió que nos encontráramos y que le demostrara que de verdad lo amaba – Su respiración se aceleró – Me citó en…

– ¿En dónde? – Soltó mis manos y se cubrió el rosto con las suyas. Ocultando su llanto de nosotros – Vika, responde…

– En un burdel – Respondió Rose.

– ¿¡QUÉ!? – Me levanté con brusquedad, pasándome las manos por la cara y el cabello – ¿Cómo fuiste tan… ingenua, Viktoria? ¿Qué acaso no ves a Sonya y a Karolina? Creí que… creí que eras más inteligente que eso – Rose se sentó a su lado para confortarla, dándome una dura mirada que me decía que mi reacción no era la mejor. Y tal vez no lo era, pero es que no podía controlar el enojo que sentía – Dime que no… que él no…

– Sí, ya sé que fui una idiota. No tienes que restregármelo – Elevó la voz – Y no, nada ocurrió porque Roza lo impidió. Me contó cómo se fueron enamorando el uno del otro y yo quería creer que tenía algo tan especial como lo de ustedes – Nuestras miradas se encontraron – Así que la invité para presentarle a Rolan.

– Con que ese es el nombre del bastardo.

Vika se puso de pie, totalmente descompuesta – De verdad lo siento – Se dirigió a Rose – Me salvaste de cometer el mayor error de mi vida y yo en cambió te taché de embustera y algo mucho peor – Sorbió y cambió su atención a mí – Lo lamento Dimka, no quería decepcionarte – Salió corriendo de la habitación.

Quise seguirla, pero Roza me lo impidió – Déjala, necesita tiempo.

– También yo – Me desplomé en el sofá.

Hubo un momento de silencio – Dimitri sé que es difícil, pero ten en cuenta que no hay nada que lamentar. Parece arrepentida y ha reconocido su error. Aprendió la lección.

A la mala, pensé.

Me miró con preocupación, hecho que calentó mi corazón.

– Gracias. No tengo cómo agradecerte lo que hiciste por ella.

– No lo hagas – Sonrió con melancolía – En todo caso agradécele al viejo, fue él quien me previno sobre Rolan.

– ¿Qué sabes?, ¿dónde lo encuentro? ¿Y qué tiene que ver mi hermana Sonya en todo esto? Porque está involucrada, ¿no es así? – Desvió la mirada – Dímelo por favor.

– Te lo diré con una condición – Asentí – No lo busques, Abe ya se encargó de él ¡Júramelo! – Dudé – Dimitri, ¡júramelo!

No pude negarme – Lo juro.

– Rolan es el padre de Rosella.

Y ahí va mi buen humor.


Los dos días siguientes fueron relativamente normales.

Sonya y Vika huían de la habitación en la que yo estuviera, los niños se turnaban desesperadamente por mi atención, la abuela no daba señales de querer interactuar. Bueno, una vez me pidió que la llevara a comprar estambre, pidiendo mi opinión en cuanto a la gama de colores.

En fin, aprendí a no cuestionarle nada.

Los chicos pasaron a saludar una mañana, ofreciéndose a ayudar a mi madre y a Karolina que organizan el festejo.

El cual se llevaría a cabo en casa de Oksana y Mark. Quienes generosamente la ofrecieron por ser la propiedad más alejada del pueblo; lo cual nos da la privacidad requerida.

Por otro lado, Sasha que busca cualquier excusa para estar cerca de mi hermana mayor; Atayán continuó los entrenamientos matinales de Rose con las sai y Shadow.

No había visto a Mazur o a Pavel y Roza… pues digamos que también se ha dedicado a desestimar mi presencia.

Y eso es ni bueno, ni malo, ni nada.

No es como si me evitara o rehuyera, simplemente es como si no estuviera. No ha habido acercamientos, ni momentos oportunos. Ella no quiere abrirse a la posibilidad y así no puedo hacer mucho.

¡Ah! pero Zedrik sí que no ha perdido la ocasión de estar cerca de ella.

Tan servicial él.

Por lo que recurrí a mi viejo mejor amigo, el saco de box.

Creí que vendría a mí, pero no lo ha hecho.

Pensé que darle tiempo sería la clave, pero no.

¿Qué estoy haciendo mal?

Me sentía al borde del precipicio.

– Dimka, eso es todo ¡Vamos, Oksana y Mark están esperándonos! – Al menos podía ocultar decentemente de mi madre, el mal rato que estaba pasando.

Cogí el resto de las cosas, las acomodé en el auto y partí con un mal presentimiento.

~•~

Mark y los muchachos me ayudaban a bajar las charolas con los aperitivos cuando Yeva se acercó. Ahuyentándolos a todos, la mujer tiene su fama.

– El tiempo que se pierde no se puede recuperar, pero a veces es necesario perderlo.

Bufé en silencio – Ahora no abuela, no estoy de humor. Si vas a decime algo, solo hazlo.

– ¡Presta más atención! – Me golpeó con su bastón – Solías ser más observador – Refunfuñó antes de marcharse.

– Olena preparó comida para un batallón – Pavel me recibió la ensalada. Estaba tan distraído que ni siquiera me di cuenta en qué momento llegaron ¡Vaya guardián! Cabe mencionar que Rose se pasó toda la mañana en la mansión de su padre, con él seguramente y mi presencia no fue requerida – ¿Te encuentras bien, hijo?

– Sí – Dije secamente.

Levantó una ceja – ¿Por qué no me dices la verdad? Quizás te ayudé – Dejamos el último abastecimiento y salimos al patio trasero, que en realidad son las afueras del bosque – ¿Qué es?

Suspiré como por novena vez en el día.

– Pensé que tenía algo por lo que encontrarla… pero supongo que me equivoqué.

Nos sentamos bajo un viejo roble, alejados del barullo, con cerveza en mano – Lo dices porque estas bajo mucha presión. Rose me dijo que tu hermana menor te habló del incidente – Asentí – Yo mismo me encargué de él y te puedo asegurar que no se acercará a ellas nunca más.

– Te lo agradezco Pavel, pero no es solo eso lo que me tiene así, tan frustrado. Es… todo – Destapé la bebida – Tal vez tiene razón, siempre va a haber un obstáculo – Reí con amargura – Yo mismo fui uno. Quiero decir, la tenía dispuesta a cualquier cosa por nosotros. Solo dependía de mí para estar juntos y lo arruiné una y otra vez.

– No hables así – Shadow llegó a hacernos compañía, se echó a mi lado – Mira, no voy a mentirte, cometiste un error. No obstante, lo hiciste pensando en ella. Que es una de las tres mujeres más tercas que conozco, solo hay que explicárselo.

Negué con la cabeza – ¿Cómo hago eso cuando claramente está tratando de seguir adelante? ¡Tiene a tu hijo! – Quiso protestar – Y no lo culpo, Roza es maravillosa y él… es alguien que no tiene miedo de luchar por ella – Suspiré acariciando al lobo.

Palmeó mi espalda – Tú haces lo mismo y te lo he dicho, las cosas no son así hijo. Estás viendo el vaso vacío.

– ¿Tú crees…? Él la hace reír mientras yo la hacía llorar – Comencé a sentir un nudo en la garganta – Me duele saber que fui la causa de su dolor. Alejarla de mí fue el error de mi vida y estoy pagando las consecuencias a un precio muy alto – Exhalé – Ya no seré capaz de abrazarla o de besarla, y me mata el solo pensarlo ¿Cómo voy a aceptarlo? – No sabía cuánto deseaba ser escuchado hasta este momento – Todo lo que una vez fuimos y lo que pudimos llegar a ser, ha desaparecido ¡Yo acabé con eso! Sé que no va a perdonarme, no importa lo que diga o haga. Rose no va a dejar que la lastime de nuevo – Di un gran trago – Y me molesta aunque no tengo el derecho; siempre he creído que es mucho más fuete que yo y últimamente no hace más que demostrarlo. Porque después de todo el amor que nos teníamos y de cuan duro fue para ambos, es la única capaz de renunciar a él con facilidad y yo simplemente no puedo… me es imposible.

Pavel escuchó atentamente – En lo poco o mucho que estuve involucrado en su historia, me di cuenta de que no era fácil para Rose. Saltaba a la vista. Ella no ha renunciado, lucha día con día. Pero no puedes verlo porque la frustración te ciega – Quería creer – Hace años, Yeva me dio una gran lección y me dijo que algún día yo reglaría esas mismas palabras. Ahora sé que hablaba de ti. Ella dijo: "no se conoce a la gente por accidente. Siempre hay una razón, una lección o una bendición. Algunas personas llegan a tu vida para ponerte a prueba, algunas para utilizarte, otras para enseñarte algo y otras para sacar lo mejor de ti". Yo te pregunto, ¿qué es Rose para ti? Si cumple con más de alguna de estas certezas, entonces no dudes… lucha por lo que quieres.

Volvimos a la celebración, no puedo decir que con aire renovado. Pero sí con la intención de hacer algo que fuera definitivo.

Todo pareció transcurrir bien: los niños se divirtieron, la familia compartió un buen momento, mis compañeros no dejaron de comer. Hubo un ambiente agradable, de no ser por el moroi que casi no se despegó de Rose y los celos que no me daban tregua.

– No he tenido tiempo de hablar contigo, las mujeres de mi vida se encargan de hacerla más complicada de lo que ya es – Abe me alcanzó antes de partir y ya me imaginó el encuentro que tuvo con Janine, muy parecido al que posiblemente tendré – Mi kiz me contó lo sucedido – Señaló el anillo en mi pecho – Me alegro que te encuentres bien, muchacho.

– Gracias.

Descuidadamente buscó a su hija, se despedía de nuestros anfitriones – Hice algunos arreglos, Rosemarie y tú volverán a casa solos ¡No lo eches a perder! – Sonrió en complicidad.

No cabía duda, el hombre cada vez me sorprendía más. Nada que ver con la imagen que tenía de él a los trece años, o después de eso. Ha sido una sorpresa agradable y me alegro de que Rose lo tenga para apoyarla – Gracias por eso también.

Me acerqué al trío – Muchas gracias por las atenciones, espero no haberles dejado destrozos.

– Descuida Dimitri, a nosotros nos agrada tenerlos aquí.

Nos despedimos del matrimonio prometiendo volver antes de partir a Estambul, si así lo decidía Rose.

Ella no dijo nada ni se sorprendió al ver que viajaríamos solos.

La mayor parte del trayecto sucedió en silencio, con la radio encendida como único sonido.

Aparqué a unas cuantas cuadras de la casa, quité la música, seguida del motor y esperé. Con la mirada fija al frente y ambas manos sobre el volante.

– ¿Qué quieres de mí? – Dijo al poco tiempo.

Desabroché mi cinturón de seguridad y me volví hacia ella, con toda la intención de solucionar nuestro conflicto.

Reordené mis pensamientos al notar sus lágrimas.

– Te quiero a ti, pero al parecer tengo que decírtelo una y otra vez. Y lo comprendo, la culpa es mía. Yo fui quien plantó en ti la desconfianza, pero eso no lo hace menos desgastante – Barrí su llanto con mis pulgares – Rose por favor, comprende. Date cuenta que no funcionó correctamente sin ti. Todo lo que necesito es una oportunidad, una real.

– Dimitri, no puedo hacerlo – Lloró – Me cansé… me cansé de ser la última cosa en tu mente. No pretendía enamorarme y cuando lo hice, descubrí que quiero ser el todo de alguien y no fuiste capaz de verlo.

– Roza, tú jamás has sido la última cosa en mi mente – Tragué – Cuando te miro, todo lo que veo es tu luz. La mujer con la que quiero despertar todos los días por el resto de mi vida. Mi mejor amiga, la que me hace reír y me cuida cuando estoy siendo un culo obstinado. Eres mi mundo Roza y nada de lo que hagas o digas va a cambiar lo que siento por ti.

Negó – Eso crees…

– Estoy seguro.

No le di tiempo a reaccionar y la besé con pasión. Misma que devolvió; probé sus besos bañados por la salinidad de sus lágrimas.

Se alejó bruscamente y salió del auto, afuera lloviznaba con fuerza.

– Roza, espera… – Se detuvo a unos cuantos pasos, se giró y pude verlo.

– Estoy embarazada, Dimitri.


Perdona la espera, pero resulta que se atravesó mi cumple =) y había que festejar, dijeron mis hermanos.

¿Qué les pareció? Espero no haberlas dejado con más ansias que antes, pero no creí prudente extender más el capítulo, pues había algunas cosas a las que darles cierre.

Haré mi mejor esfuerzo para tratar de publicar antes de volver al trabajo, pero es complicado. Aun así, prometo un capítulo seguro cada semana.

Gracias por sus comentarios, sobre todo a beaPleites7 y a Rosa C, que se pusieron al corriente súper rápido y por supuesto, a mis fieles lectoras. Como a las nuevas, o sea a todas (las quiero).

Una vez más, feliz año y gracias por seguir conmigo.

Un besote, Isy.

¡Ah, y feliz regreso a clases!