Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.
A excepción de algunos nuevos personajes.
~•~•~• Capítulo Especial •~•~•~
Capítulo 21
Rose
Justo cuando comenzaba a cavilar la posibilidad de confiarle a Dimitri el mayor de mis secretos… llegan Sonya Karp y Yeva.
Y tal parece que la mujer tiene la "agradable" habilidad de dejarme con un quebradero de cabeza.
– Al menos en esta ocasión tuvo la decencia de abandonar todo el rollo misterioso – Sin embargo, eso no le impidió dejar en mi mente un verdadero revolú ¡Uff! – ¡Como si esto no fuera lo suficientemente incómodo!
Para mí lo era. Me sentía como la típica chica que llega por primera vez a casa de sus suegros.
– ¡Y definitivamente no es el caso! – Me detuve a mitad del pasillo cuando me di cuenta de que literalmente andaba de puntillas – ¿Y desde cuándo carajos hablo en voz alta conmigo misma?
¡Lo haces de nuevo! Mi mente canturreó.
Entonces, Zoya salió corriendo de su habitación clamando por galletas – ¡Privet, tetya Roza!1 – Saludó alegre. Ni yo misma tenía una idea clara de cuánto había extrañado a los enanos. Le sonreí y le revolví el cabello al pasar – ¡Do svidaniya, rebenok!2
Volví a detenerme. No había manera de que lo supiera… ¿podría? No, eliminé la idea de mis demás pensamientos revoltosos.
Llegué a la única habitación de toda la casa en la que no pretendía estar; giré la perilla, medio abrí la puerta y por tercera vez consecutiva volví a detenerme. Pues cuando intuí que Olena y Dimitri estaban teniendo uno de esos momentos "madre e hijo", me sentí una intrusa.
– Umm… lo siento – Fue lo más inteligente que logré articular – No fue mi intensión interrumpir. Esperaré abajo.
Quería salir corriendo de ahí y cualquier situación era excusa para hacerlo.
Habría preferido quedarme con Vika en su alcoba. Sin embargo, no sé en qué punto nos encontramos. Eso y que Olena se adelantó – No interrumpes nada, querida. Ya me iba – Nos dio las buenas noches y se despidió de ambos con un beso en la mejilla.
¿Y ahora? Las manos me sudaban ¿Por qué me siento tan… expuesta?
Parecíamos estar suspendidos; no existía el tiempo, el espacio ni el sonido. Solo éramos dos personas que se miraban, pero realmente contemplándonos como hace mucho no hacíamos.
No me atrevía a moverme y en honor a la verdad, no quería. Pocas veces tenía la oportunidad de admirarlo tan abiertamente.
Dimitri es peligrosamente atractivo, es evidente que no es de aquellos que pasan desapercibidos. Aunque cuando la ocasión lo amerita es sublime haciéndolo.
Si me preguntaran qué es lo que más me gusta de él, no sabría qué responder. Pues independientemente de su monumental físico; es un hombre justo, honesto, de buenos principios, sentimientos e intenciones. Un infierno de guardián y… padre de mi bebé.
Sé que tiene defectos. No obstante a mis ojos, es perfecto.
¡Piensa cerebro! ¡Vamos, utiliza tu lógica!
– Yo… emm… ¿cómo estás?
¿De verdad, es lo mejor que pudiste pensar?
– Bien, estoy bien – Esto no podía ser más torpe.
– Es… genial ¿Te importa si tomo un baño?
¡Retiro lo dicho!
Tomé mis cosas e hice algo muy maduro de mi parte, corrí a esconderme al baño. Deseaba que la tierra se abriera bajo mis pies y me tragara. Me recargué contra la puerta, resistiendo el impuso de golpearme la cabeza contra ella. Suspiré mientras evaluaba mi reflejo en el espejo. Parecía cansada y lo estaba.
En conclusión: yo era un completo desastre, por dentro y por fuera.
Asenté las manos en mi vientre. Estamos demasiado cerca, pensé. Y de alguna manera tenía que establecer y mantener una distancia mucho más amplia con él. Lo cual no sería fácil, no cuando Dimitri esta decido a recuperarme.
– Si tan solo supieras que ya lo has hecho, camarada– Murmuré.
Me desvestí y me metí a la ducha, el agua caliente hacía maravillas con los nudos de mi espalda. Cuando Dimitri salió a la cocina, no pude dejar de soltar el aliento ¡Y mejor no hablemos del aromaterapia!
Estar aquí, así fuera por pocos días, iba a ser una auténtica tortura. El lugar entero estaba impregnado de su aroma y por más que me apliqué gel y crema para el cuerpo, no logré disipar su intenso olor.
– Lo lamento, pero no me estas dejando más opción. Voy a tener que decepcionarte.
~•~
Se tomó su tiempo y supuse que no era la única que necesitaba espacio o privacidad para organizar las ideas.
Cuando volvió con el chocolate caliente, sentí su mirada incluso antes de que pasara el umbral.
– Aquí tienes – Lo recibí agradecida, pues no podía quitarme la sensación de la piel erizada. Aunque a nuestro contacto se intensificó.
Se acercó a la chimenea y metió más leños, atizando el fuego. Parecía ensimismado, más tranquilo de lo habitual, como si se estuviera conteniendo de decir o hacer algo.
Mataría por conocer sus pensamientos en este y en muchos otros momentos que vivimos.
Acuné la taza, soplé y bebí – Mmm… es justo lo que necesitaba – Me acomodé en la cama, cuidadosamente ocultando la evidencia de su vista. Volví la mirada y lo encontré observándome. Su ojos reflejaban… no sé, era como si hubiera hecho un descubrimiento. Casi podía escuchar las tuercas girando en su cabeza y eso me asustó – ¿Te encuentras bien? Te siento un poco disperso – Dije ocultando mi ansiedad.
– Sí, es solo cansancio. Tomaré un baño – Estaba por entrar cuando sentí el impulso de decírselo de una vez por todas.
¿Por qué? ¡Buena pregunta! Ya que para variar, no lo sabía. Como muchas otras cosas que he decidido hacer sin motivo aparente.
– ¿Dimitri…? – Me miró como si estuviera esperando que algo así sucediera, lo que me maximizó mi nerviosismo. Me mordí el labio – Yo… – Desvié la mirada ¡Maldición! – Gracias por el chocolate – No tenía el corazón para romper el suyo, al menos no hoy – Buenas noches.
– Descansa, Roza.
Su tono disfrazaba un: "tómate tu tiempo, ya hablaremos".
Apagué la luz, le di la espalda y me acurruqué bajo las mantas. Oí el clic de la puerta – ¡Oh, definitivamente lo haremos!
No puedo quejarme.
Pasé una buena noche de descanso a pesar de que la vejiga me hizo levantar en un par de ocasiones; y mi trabajo me costó no despertar al enorme ruso con quien compartí habitación.
Quien al parecer también cayó como tabla. Lo que era de esperarse, el equipo se había esforzado mucho en los últimos días.
Y este, comenzó para mí con una voz sedosa que pronunciaba mi nombre – Roza… despierta.
Abrí los ojos con lentitud, amando la sensación de una cama agradable – ¡Hola! – Hablé más dormida que nada.
– ¡Hola! – Me concedió una hermosa sonrisa, que fue cuando la realidad se me vino encima. Un solo meneo involuntario y alcanzaría a notar la inflamación de mi abdomen. Además de que debía verme como un espanta pájaros, tiré de las cobijas e intenté arreglarme el cabello – Tranquila, no luces tan mal – Bromeó.
¡Ja, ja! – Muy gracioso, Belikov – De pronto, un aroma glorioso llegó a mis fosas nasales – ¿Qué es ese olor?
– Eso… es nuestro desayuno exprés – Frente a mí colocó una olla de oro. Convertida en una gran variedad de exquisiteces gourmet, acompañadas de unas bellas flores.
Nadie, absolutamente nadie había tenido un detalle como este conmigo. Me hizo sentir especial y lo odiaba.
¿Por qué tenía que ser tan lindo cuando yo comenzaría a darle un mal rato?
Recordé la abundante colección de pelis románticas de Lissa. Siempre me burlé de las situaciones, pero es increíble como algo tan sencillo puede hacer que tu corazón se infle de felicidad
Razón por la cual no pensé antes de hablar.
– ¡Creo que te amo!
¡No mires! Me ordené ¡Hagas lo que hagas no lo mires, Rose! Porque no confiaba en mí misma. Mi mente estaba completamente en blanco.
– ¿Me hablas a mí o a la comida? – Inesperadamente fue él quien eliminó una poca de tensión, aunque el comentario no dejó de ser coqueto.
– A la comida, por supuesto – Compartimos un tiempo mágicamente tranquilo; disfrutando del silencio, la comida y la compañía del otro. No quería admitirlo porque es doloroso, pero me habría encantado que fuera así todos los días. Dimitri es el único que puede brindarme comodidad con solo estar a mi lado, confianza con su fortaleza y consuelo con su mirada. Sin embargo, también me hace sentir vulnerable bajo su escrutinio – ¿Qué?
– Nada es solo que… pensaba en que no puedo llevarme todo el crédito – Vio las flores junto a mí – Paul las cortó para ti y creo que hay muy altas posibilidades de que te pida una cita.
– ¿Paul? – Se rio de mi impresión.
– ¿Qué es lo que tienes Rose Hathaway? Enamoras a todos los hombres que te conocen.
El calor subió a mis mejillas y el maldito lo disfrutaba – No sabes lo que dices.
Me escabullí al cuarto de baño. Estaba molesta, sí. Pero también fui acatada por las malditas náuseas y es que todo esto me enfermaba. Nosotros aquí, jugando a lo que no somos… elevar sus esperanzas solo nos complicará más.
Debía hablarle del embarazo y tenía que hacerlo ¡ya!
Hice un ejercicio de respiraciones para evitar devolver mis tripas, me salpiqué con agua el rostro y abrí, dispuesta a contárselo.
Lamentablemente el destino tenía otros planes, pues de repente, tenía su cuerpo muy cerca del mío.
Chocamos accidentalmente, me desequilibré y él respondió al instante atrayéndome. No existía ni el más mínimo suspiro entre los dos – Lo siento, no fue mi intensión ¿Estás bien?
– Sí – Respondí a duras penas.
No podía moverme, nuestras respiraciones eran agitadas. Dimitri me sostenía con fuerza y delicadeza al mismo tiempo. Estaba en casa.
– Tus ojos – Exclamó – Parecen tener un brillo especial; te hace ver más… hermosa.
¡Hazlo! – Dimitri yo…
Me contuvo la determinación que encontré en sus rasgos, él iba a besarme.
Reforzó sus fuertes brazos a mí alrededor y comenzó a inclinarse sin apartar su intensa mirada.
Llegué a sentir su aliento y a rozar sus labios. Entonces… un golpe suave terminó con el encanto.
– ¡Mierda! – Él lo dijo, yo lo pensé.
– ¡Adelante! – Rehuí, que es exactamente lo que tengo que hacer.
Alejar a Dimitri Belikov.
~•~
No tenía pensado charlar con Viktoria estando su hermano presente. Sé que él desea saber qué fue exactamente lo que ocurrió, pero me hubiera gustado haber tenido un acercamiento previo con ella. Disculparme por el daño que tuve que causarle.
Sin embargo y como de costumbre, la vida no me pide opinión.
– No es necesario que hagas esto, Vika. No tienes que disculparte conmigo porque no tengo nada que perdonarte – Y lo decía de corazón, pero ella parecía no dar marcha atrás. Sonreí internamente pues no quería que pensara que era por burla. De hecho, era de orgullo, pues me topé con una de las personas más tenaces, dispuestas a reconocer sus errores y pedir perdón. Yo era muy afortunada de haberla conocido.
– ¡Eso no es cierto y lo sabes! Fui muy injusta, grosera e hiriente, una total perra contigo y no te lo merecías.
Observé su postura, jadeo y expresión, parecía molesta consigo misma. Supongo que es superable un "hombre" como Rolan, o al menos lo es cuando te das cuenta de que era un verdadero hijo de puta. No obstante, cuando descubres que tú fuiste aún más imbécil por creerle a ese idiota, el coraje viene contra una misma. La comprendía, me habría sentido igual.
Dimitri se sentó y le tomó las manos – Tranquilízate y cuéntame qué fue lo que pasó.
Me senté a su lado por apoyo. Desconocía cómo iba a reaccionar una vez que escuchara la versión… eso si no explota antes.
Ojalá ese bastardo se encuentre muy lejos de Rusia.
Y no lo decía por él, francamente me importa un bledo lo que le ocurra. Lo decía por el bien de Dimitri, para evitar una tragedia.
– Me enamoré… creí estar enamorada de un chico. Un moroi – Valientemente se tragó su vergüenza – Era dulce, detallista, todo un caballero y juraba que no había nadie más para él que yo. Dijo que me amaba – Musitó – Me pidió que nos mantuviéramos en secreto porque quería hacerlo público cuando formalizáramos. Por lo que nunca vino a buscarme a la casa y no se lo dije a ninguna de nuestras hermanas. Así que quedábamos en distintos lugares – Podía sentir la tensión irradiando de Dimitri, hasta he de decir que era contagiosa – Un día discutimos, ni siquiera recuerdo por qué. El caso es que me pidió que nos encontráramos y que le demostrara que de verdad lo amaba. Me citó en…
– ¿En dónde? – No contuvo más el llanto, usando sus manos como un escudo a la vista – Vika, responde…
– En un burdel – No pude contra el tono de súplica de su voz.
Vi la realización en sus ojos, un torrente de pensamientos pasar y detenerse en un sentimiento.
La ira.
– ¿¡QUÉ!? ¿Cómo fuiste tan… ingenua, Viktoria? ¿Qué acaso no ves a Sonya y a Karolina? Creí que… creí que eras más inteligente que eso – Me acerqué a ella. Esperaba una reacción así de su parte, pero no era la mejor manera para apoyar a su hermana. Y Dimitri lo sabía – Dime que no… que él no…
– Sí, ya sé que fui una idiota. No tienes que restregármelo. Y no, nada ocurrió porque Roza lo impidió. Me contó cómo se fueron enamorando el uno del otro y yo quería creer que tenía algo tan especial como lo de ustedes – El magnetismo persistente atrajo nuestras miradas – Así que la invité para presentarle a Rolan.
– Con que ese es el nombre del bastardo.
Y aún falta lo peor…
– De verdad lo siento. Me salvaste de cometer el mayor error de mi vida y yo en cambió de taché de embustera y algo mucho peor – Me miró con dolor, pero el que reflejó cuando lo vio a él era significativamente más grande – Lo lamento Dimka, no quería decepcionarte – Sin más, salió de la habitación.
Intentó ir tras ella, pero no lo dejé. Requería serenarse y dominar en sus sentimientos – Déjala, necesita tiempo.
– También yo – Se derrumbó en el sofá, reflejando su ánimo.
No sé si es hormonal, pero últimamente el ver sufrir a las personas que más me importan me daña el doble – Dimitri sé que es difícil, pero ten en cuenta que no hay nada que lamentar. Parece arrepentida y ha reconocido su error. Aprendió la lección.
Me estudió antes de hablar – Gracias. No tengo cómo agradecerte lo que hiciste por ella.
– No lo hagas – Esto era lo que pretendía evitar, que se sintiera en deuda conmigo. Cuando lo que hice fue por honrar su posición de hermano mayor. Pero sobre todo, por el cariño que le tengo a Vika y a su familia entera – En todo caso agradécele al viejo, fue él quien me previno sobre Rolan.
– ¿Qué sabes?, ¿dónde lo encuentro? ¿Y qué tiene que ver mi hermana Sonya en todo esto? Porque está involucrada, ¿no es así? – Mire hacia otro lado. No iba a mentirle, pero tampoco deseaba ser quien le contara la otra parte de la historia. Y por sobre todo, tenía que parar su sed de venganza – Dímelo por favor.
– Te lo diré con una condición – Esperaba que no se resistiera a hacerme un juramento – No lo busques, Abe ya se encargó de él ¡Júramelo! – Vaciló – Dimitri, ¡júramelo!
– Lo juro – Solté el aliento, no había forma de decir esto sin dañar a terceros. Así que simplemente lo dije.
– Rolan es el padre de Rosella.
Me atiborré de actividades.
No quería pensar ni pasar más tiempo del necesario con Dimitri en la misma habitación.
No abandoné a mi nueva mejor amiga: la gran ropa holgada.
O el entrenamiento con Shadow y el persa, quien me ayuda a afinar mi técnica con las sai. Jugué con los niños y hasta cuidé de Rosella. Que es la bebita más adorable que he visto jamás, lástima del moroi que tiene por padre. Intenté pasar tiempo con Vika, pero ella gastaba el suyo haciendo compañía a Nikolai.
Ayudé a Olena y a Karo en cuanto pude con los preparativos de la comida, ahuyenté a Sasha de esta última y Zedrik se ofreció a ser mi ancla en los momentos en que quería mandar todo al demonio ¡Que fueron varios!
Denis, Artur y Lev hicieron sus apariciones. No lo dicen, pero es obvio que extrañaban su tierra, su casa y a sus familias. Y Dimitri no es diferente, puedo verlo claro como el agua.
Como también que lo estoy frustrando y el desgaste en el saco de box es prueba de ello. Lo he observado desde lejos, ataca con cierta agresividad, lanza golpes precisos y su respiración se vuelve irregular en un corto período de tiempo.
No hace ni el más mínimo esfuerzo por contenerse y eso me asusta.
Hoy me levanté temprano: uno, porque Sasha me recogería para llevarme con mi baba. Quien por alguna razón retrasó su llegada al país y dos, no quería toparme a Dimitri.
¡Y tuve suerte! Ya que no se encontraba en la alcoba.
Quizás fue a correr, pensé. Me vestí rápidamente y bajé las escaleras de puntitas para no hacer ruido. Sin embargo, el sonido proveniente de la cocina llamó mi atención.
Me asomé y lo encontré hurgando en los armarios – ¿Dónde están? – Buscaba – ¿Dónde carajos están…? ¡Ajá! – Exclamó triunfal. Tomó un recipiente de plástico, el que Olena saca cada vez que va a premiar a los niños y que contiene gominolas y golosinas.
Reí, llevándome las manos a la boca para silenciarme. Al parecer seguía sufriendo con los antojos.
– ¡Suerte con eso, camarada! – Murmuré antes de salir.
– ¡Buenos dí…
– ¡Shhh…! – Interrumpí al ruso – ¿Quieres bajar la voz?
– ¡Buenos días, pastelito! – No cambió su volumen, puse los ojos y abordé el vehículo.
Debido a la hora el camino estaba despejado, como mi buen humor ¿Qué puedo hacer? No soy una persona de las mañanas – … y ese chico, Paul. Me parece que sufre de un grave caso de culto al héroe. Aunque supongo que puedo entenderlo, porque después de todo hablamos de su único tío. Pero en desmedida podría causar un daño permanente.
– ¡Serías tan amable de cambiar de tema o mejor, cerrar la boca! – Espeté.
– Vi los diplomas de sus hermanas en la sala – Prosiguió – Tenían buenas notas. Hmm… no mejores que las de Belikov, pero la hermana menor destaca ¡Debe ser genético! – Crucé los brazos – Me pregunto cómo es que nunca vi a Karolina en Sn. Basilio… ¿su esposo estudió ahí?
Sonreí – Sé lo que estas tratando de hacer y la respuesta es no – Me miró por el retrovisor, con su carita de "no sé de qué me hablas" – Mira Sasha, eres un buen tipo, pero sigues siendo un pervertido – Mostró fingida indignación – Puede ser que Karolina sea joven, bella y madre soltera. Sin embargo y corrígeme si me equivoco, ¿no es una de las muchas mujeres que reúnen casi todas las absurdas cualidades de las que todo hombre debe huir? Además, ¿tú odias a los niños?
– ¡Detalles! Lo resolveré enviándolos a un internado, que sean un problema para otro.
Lo miré asombrada – ¿Serías capaz? – Soltó la carcajada – ¡Idiota!
– Estoy bromeando, pastelito ¡Jesús! ¿Y tu sentido del humor? Tenías uno la última vez que hablamos.
Rodeé los ojos – Lo olvidé en casa, está junto a mi paciencia ¡Así que no empujes, Alexander!
– ¡Eres un vil mentiroso! – Azoté la puerta.
– Le miento a todo el mundo ¿Por qué te crees tan especial?
– Será porque… ¡soy tu hija! – Abe sonrió orgulloso – Cuando hablamos después del incidente con los strigoi, dijiste que viajarías inmediatamente. Te necesitaba para que me sacaras de esa casa – Iba de aquí para allá – ¿Pero para qué demonios me tomo la molestia de decírtelo? Tú has estado de su parte todo este tiempo ¡Felicidades, espero que estés satisfecho! Porque lo que es yo, estoy que me lleva el demonio.
– ¡Cálmate, Rose! – Pavel me detuvo, abrazándome ligeramente – ¿Qué sucede?
Apoyé la frente en su pecho – Tengo miedo.
– ¿Qué? – Preguntó el viejo.
– Dije que tengo miedo – Subí el tono, separándome de mi amca – Esto es muy… muy difícil – Sollocé – ¡Y desgastante! Se me está acabando el tiempo – Acaricié mi barriga – Tengo que confesarle que estoy embarazada, pero no puedo decirle que él es el padre. Pues según Yeva eso le traerá la muerte y mi bebé correrá con la misma suerte – Ambos hombres se miraron con gravedad – Démosle algo de crédito a la vieja bruja, ha sido muy asertiva.
Abe se acercó, me hizo enfrentarlo y levantó mi rostro – Kiz, nada va a pasarles – Me envolvió en brazos, posando su barbilla sobre mi cabeza – Yo no lo permitiré jamás y mataré con mis propias manos al desgraciado que tan solo piense en hacerle daño a mi nieto – Se alejó sin soltarme – Y para que conste, de haber estado aquí te habría traído conmigo. No me gusta verte en tanto estrés.
– Sí Rose, no es bueno en tu estado – Dijo mi amca.
Sorbí – Lo lamento.
– No lo hagas – Exclamó mi padre, mientras aflojaba su corbata – Tu madre me dio un infierno de tiempo y después de describir la muerte lenta y dolorosa que sufriré, tuve que hacer un trato con ella para evitar que me siguiera – Hice una mueca – Pero ya hablaremos de ello. Por ahora, después de la comida en casa de Oksana y Mark, recogemos tus cosas y te vienes para acá – Asentí – No obstante, retomando el tema del ataque strigoi. Belikov sigue estando a cargo de tu seguridad y eso no está a discusión. Pavel me relató lo sucedido y honestamente no sé qué pensar.
Suspiré – Tampoco yo, baba. Lo que pasó con Dimitri fue increíble y lo mío…
– Alucinante y aterrador – Entró Zedrik.
– Los strigoi nos esperaban, es obvio que estamos cerca – Señaló mi tío – Él se siente amenazado y es ahora cuando más cuidado debemos tener.
~•~
Toc, toc…
– Adelante.
– Papi Zmey quiere saber si ya estas lista.
– Lo estoy, pero antes… ¿dime cómo luzco? – Salí del cambiador.
El moroi me observó – Muy…
– ¿Embarazada?
Negó – Iba a decir linda. El vestido oculta bien… ya sabes, eso.
– ¡Otra vez, Zedrik! Se llama vientre, barriga o panza – Lo jalé – ¡Vámonos ya!
Caminamos juntos – ¿Belikov sigue creyendo que tú… y yo…?
Me encogí de hombros – Tal vez eso sea lo mejor.
– ¿Para quién? – Se detuvo – No entiendo cómo es que crees en las predicciones de una anciana.
– Esa anciana Zedrik, está más cuerda que tú y yo juntos ¡Maldita sea! Le creo, ella sabe cosas que los demás no ¿Cómo lo hace? No sé y la verdad, no me importa. Pero yo de todas las personas debo creerle, porque sé lo que se siente ser diferente – Tomé aire – Hacer y ver cosas que los demás no pueden, acojona. Pensé que enloquecía y hoy sé que hay personas muy especiales, sensitivas o como quieras llamarles y Yeva Belikova es una de ellas.
Llegamos a la casa y al parecer fuimos los últimos en hacerlo. Cuando Oksana nos recibió, su vista se fue directo a mi abdomen.
Sonreí con nerviosismo y negué esperando que entendiera el mensaje o leyera mi aura.
– Más tarde… – Musitó.
Todo lucía encantador. La casa, la comida y la gente reía, charlaba y convivía. Como una gran familia...
– ¿Tía Roza? – Paul se acercó temeroso – ¿Podemos compartir… el postre?
Sonreí – Por supuesto – Feliz, salió corriendo.
– Él te quiere mucho – Olena apareció por detrás.
– También lo quiero.
Me sonrió con dulzura – No hablaba de mi nieto – ¡Oh!, pensé – Dimitri, él esta perdidamente enamorado de ti – Intenté detenerla – Me prometí no entrometerme, pero veo que los dos están sufriendo y sí es así, no entiendo ¿Qué está pasando, Roza?
Bajé la mirada – Es algo que tengo que hablar con él, lo siento.
– Pues entonces, hazlo. No hay nada que no tenga solución, excepto la muerte. Sin embargo, ya has demostrado que ni eso es un obstáculo para ti – Besó mi frente y se alejó a donde mi padre charlaba con Mark.
Busqué a las chicas, se encontraban en la sala. Era ahora o nunca, me acerqué – Quiero hablar con ustedes. Sé que no soy nadie y que probablemente me esté metiendo en lo que no me importa. Pero pienso que evitando a su hermano no va a hacer las cosas más fáciles, o que desaparezcan – Si lo sabré yo – No está molesto – Miré a Sonya y luego a Vika – Ni decepcionado, pero necesitan acercarse a él y hablarlo. Dimitri solo quiere lo mejor para ustedes – Karolina permaneció en silencio – Piénsenlo, ¿quieren?
Me alejé solo para ser interceptada por Oksana – ¿Cómo? – Fue lo primero que me dijo al entrar en su habitación.
Me encogí de hombros – No lo sé – Me senté junto a ella – Y a decir verdad esperaba que me iluminaras un poco.
– ¡Es un milagro!
– Eso he oído – Recordé las palabras de la señorita Karp – Sin embrago, él no lo sabe.
Me miró con incredulidad – ¿Por qué?
– Es muy complicado y te pido de favor que me guardes el secreto. Hay mucho en juego.
Me observó con detenimiento, seguramente leyendo los colores de mi aura – No lo podrás esconder por mucho más tiempo.
Suspiré – Es por eso que voy a decírselo muy pronto.
– Pero no le dirás que él es el padre ¿verdad? – Asentí – ¡Ay, Rose! La vida puede ser muy injusta con algunas personas – Palmeó mis manos – Sé cuánto sufriste por él y si crees que guardarte el secreto es lo mejor, lo haré – Subí la vista y la encontré mirando mi veinte – ¿Ya sabes qué es?
Sonreí – Aún no. Pero sé que es dhampir, que se encuentra sano y en crecimiento.
– Me alegro por ti – Me devolvió el gesto – Será mejor que regresemos o se preguntarán en dónde nos hemos metido.
~•~
Decidí pasar una tarde agradable, sin segundos pensamientos. Comí de todo un poco y disfruté de una deliciosa tarta de queso en compañía de Paul y su pequeña hermana.
Cosa que no lo hizo muy feliz.
Cuando menos lo imaginé, me estaba despidiendo de nuestros anfitriones – Gracias, Mark.
– Es agradable tenerte de vuelta, Rose – Vi a Abe muy sumido en una plática con Dimitri.
¿Qué estarás tramando esta vez, viejo?
¡Y efectivamente!
El hombre organizó todo de tal manera que Dimitri y yo fuéramos los últimos en salir y por lo tanto, viajaríamos juntos.
Sorpresivamente no tuve problema con ello. De hecho, era la primera vez que estaba de acuerdo con su proceder. Puesto que me daba una oportunidad, no diría que perfecta pues ningún momento sería el adecuado para hacerlo.
Al principio todo fue silencio. Solo el sonido de la radio, la lluvia y mis pensamientos. No encontraba las palabas para iniciar la conversación más complicada que he tenido nunca.
Se estacionó a unas cuantas cuadras de su casa. Llegó el momento. Despegué la mirada de la ventana y lo contemplé, tenía los ojos fijos al frente y las manos sujetas al volante.
– ¿Qué quieres de mí? – La pregunta salió por sí sola.
Soltó su cinturón y me enfrentó con toda la seguridad en su rostro, pero vaciló y fue entonces cuando sentí mis lágrimas correr.
– Te quiero a ti, pero al parecer tengo que decírtelo una y otra vez. Y lo comprendo, la culpa es mía. Yo fui quien plantó en ti la desconfianza, pero eso no lo hace menos desgastante – Limpió mi llanto con dulzura ¿Por qué lo hace tan difícil? – Rose por favor, comprende. Date cuenta que no funcionó correctamente sin ti. Todo lo que necesito es una oportunidad, una real.
– Dimitri, no puedo hacerlo – Lloré sin vergüenza – Me cansé… me cansé de ser la última cosa en tu mente. No pretendía enamorarme y cuando lo hice, descubrí que quiero ser el todo de alguien y no fuiste capaz de verlo.
Al parecer aún tenía temas qué discutir con él – Roza, tú jamás has sido la última cosa en mi mente – Reunió sus ideas – Cuando te miro, todo lo que veo es tu hermosa luz. La mujer con la que quiero despertar todos los días por el resto de mi vida. Mi mejor amiga, la que me hace reír y me cuida cuando estoy siendo un culo obstinado. Eres mi mundo Roza y nada de lo que hagas o digas va a cambiar lo que siento por ti.
Yo no lo pensaba – Eso crees…
– Estoy seguro – Afirmó.
Y en un parpadeo, lo tenía devorando mi boca con pasión desmedida. Misma que devolví y me odiaba por ello. Lo amaba con intensidad y una vez más tenía que poner mis sentimientos a un lado y pensar en la vida de nuestro bebé.
Salí del auto no importándome la fuerza de la lluvia ni la del viento.
Sentía que me asfixiaba, necesitaba poner distancia o de lo contrario no podría alejarme de él nunca.
– Roza, espera…
Me detuve de golpe, "Eres fuerte, la persona más fuerte que conozco".
Extrañamente era su voz la que retumbaba en mi mente. Sin pensarlo me giré, completamente empapada en agua, llanto y derrota.
– Estoy embarazada, Dimitri.
No obstante, el que lo dijera ya no contaba. Él lo había descubierto por sí solo.
– ¿Qué…? ¿Embarazada? – La expresión de su cara y su cuerpo, era un conjunto de emociones que no había visto en él nunca. Dimitri era un hombre derrotado, totalmente aniquilado y yo era la responsable ¡No puedes dar marcha atrás! – Esto no… – Avanzó perplejo – ¿Por qué…? ¿Por qué me engañaste?, ¿por qué no me lo dijiste?
– Porque no se supone que lo supieras – Mi corazón moría junto con el suyo, pero nuestro hijo es mil millones de veces más importante que lo que nosotros sintamos – Yo no te quería aquí ¿recuerdas? ¡Esto! – Señalé lo que nos rodeaba y entre los dos – Fue idea de Abe y tú estuviste de acuerdo.
Su voz era baja – ¿Cuánto tiempo? – No era capaz de apartar sus ojos de mi protuberancia.
– Tres meses – Le respondí con toda la seguridad de que eso era lo que aparentaba mi embarazo. No es que pensara que si le daba la fecha exacta creería que es suyo, porque estaría loco de solo cuestionárselo. Pese a ello, no deseaba arriesgarme más de lo que ya lo hacía.
– ¿Lo sabe el equipo? – Asentí y él sonrió con amargura – Debo ser su burla, creerán que soy un idiota.
– Eso no es cierto, ellos te respetan – Exclamé – Y si callaron fue porque yo se los exigí, a todos ellos.
Entonces levantó el rostro. No había nada en sus ojos, estaban vacíos… huecos. Muy parecido a la mirada que tenía el día que lo visité en su celda.
– ¿Es de él, no es cierto? ¡Esperas un hijo del imbécil de Esbra! – Los celos comenzaron a cegarlo – ¿Tanto me odias, Rose? Tanto es tu odio que no fuiste capaz de mirarme a la cara y decirme que estaba perdiendo mi tiempo contigo – Gritó – Me lo hubieras dicho el mismo día que nos reencontramos y en ese instante habría desaparecido de tu vida para que fueras feliz con él – Se detuvo a dos pasos de mí – Te prometo no matarlo, pero de una paliza no se salva. Con su cara de yo no fui y su absurdo entusiasmo con mis estúpidas hazañas… ¡Fui su maldito chiste!
Me herían sus palabras y muy merecido lo tenía – ¡Zedrik no tiene nada que ver en esto! – Parecía estupefacto – Él y yo no tenemos nada que no sea amistoso. No es el padre de mi hijo y eso es algo que como dije, no te incumbe. Este bebé… – Abracé mi vientre – … es mío y solo mío.
– ¿Entonces cómo es que…? – Fregó el agua de su cara y no puedo asegurar si también alguna lágrima – Yo… necesito pensar. No sé qué… olvídalo y ve a casa.
Apuntó a la suya antes de girarse e irse caminando por el camino en el que llegamos.
Lo vi desaparecer, no podía moverme o respirar correctamente ¿Cómo llegamos a esto? La respuesta era sencilla, por mi culpa.
No sé cuánto tiempo pasó. De repente, tenía un paraguas sobre mí – ¿Rose, que pasó? Los estamos esperando.
– Se lo dije, Zedrik – Sollocé – Y me odia.
Me abrazó reconfortantemente – Eso es imposible.
– Tendrías que haberlo visto – Sin soltarme me retiró hacia un tejado – ¿Qué fue lo que hice?
Quitó las hebras de cabello pegadas a mi frente y luego me entregó su sudadera – Algo muy valiente. Le acabas de dar la peor de las noticias al hombre que amas, es comprensible que dijera o hiciera cosas de las que arrepentirse.
Sorbí mi nariz – No de esto y lo peor es que lo entiendo, pero eso no lo hace menos doloroso ¿Por qué tenía que encontrarme?
– El que lo preguntes un millón de veces no va a cambiar la respuesta.
De golpe, me invadieron las náuseas típicas de alerta strigoi. Me doblé del malestar – Zedrik, hay… – Gritos y caos proveniente de la calle en donde vivía Dimitri nos alertaron – ¡Strigoi!
Corrimos para allá, con el corazón golpeándome en la garganta – ¡Takat! – El moroi habló por el intercomunicador – Tenemos un código negro en la casa Belikov. Repito, código negro.
A lo lejos y a mitad de la calle, lo vi. Su alta y corpulenta figura lo delataba.
– Tafari…
1 Privet, tetya Roza: ¡Hola, tía Roza!
2 Do svidaniya, rebenok: ¡Adiós, bebé!
Hola!
Perdón por el retraso, pero espero que haya valido la pena la espera (valga la redundancia).
Esta semana fue una locura con el regreso a la escuela. Ella es la única culpable, jeje.
Gracias, mil gracias por leer y comentar. Me encanta saber lo que piensan, que se preocupan cuando no actualizo y las felicitaciones que recibí por mi cumpleaños.
¡Son lo máximo y las quiero!
Bienvenidas nuevas lectoras, gracias por el apoyo y espero continúen hasta el final.
Disfruta de tu fin de semana, nos leemos la que viene.
Saludos a Chile, Venezuela y Argentina. Ponme tu país si como yo, no vives en alguno de estos =)
Besos, Isy.
