Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.

A excepción de algunos nuevos personajes.


Capítulo 24

Dimitri

– Tú y yo, tenemos que hablar.

– No veo de qué – Respondí planamente.

Zedrik avanzó – ¡Oh, sí que lo sabes! – Luego señaló a mi costado. Me volví para ver mi mano sobre el vientre de Rose. Pero… ¿en qué momento sucedió? Instintivamente comencé a evaluar la situación: la reacción de mi cuerpo, lo que me venía a la mente y los sentimientos que me producía el contacto. Extrañamente era una sensación casi… natural – Sé lo que estás pensando – Alcé una ceja – Bueno no con exactitud, eso sería muy raro. Pero sin duda crees que tuve algo que ver con su… – Dudó en busca de la palabra – ¿Estado? Y la respuesta es…

– Sé que no eres el padre – Lo interrumpí tajante.

Me miró sorprendido – Lo sabes – Asentí aún con la vista clavada – ¡Ah! Pero seguramente fue lo primero que te vino a la cabeza.

Efectivamente.

Quité la mano con tal cuidado; como si aquello fuera una delicada pieza de cristal.

– Es obvio que sabías de esto mucho antes que yo. Te has convertido en su incondicional – Dije con amargura y de frente a él – Por lo que también sabrás quién es el padre.

Esta vez tardó en idear qué responder, lo que supongo contestó a mi pregunta.

– No me pongas en esta situación, sabes perfecto que no me corresponde. Eso es algo que solo Rose decidirá compartirte y tal vez no lo creas, pero se lo he sugerido en varias ocasiones – Suspiró – Mira Belikov, sé que nuestra relación es complicada y me apena, porque tenía otras expectativas…

Irónicamente volví a interrumpirlo – Descuida, no deseo oír la verdad de tu boca.

– ¿Cuál es tu maldito problema? – Exclamó exasperado – De no ser quién eres y lo que significas para ella, te patearía el trasero. Aunque lo más probable es que yo acabaría con la cara en el culo – Me crucé de brazos – Sin embargo, por el bien de la misión y tomando en cuenta los cambios que dispuso Abe, no quiero que tengas más ideas erróneas. Sé que piensas que yo… – El sujeto no terminaba de ordenar sus ideas – ¡Con un demonio! Lo que quiero decir es: no.

– ¿No? – No lo conocía lo suficiente como para emitir un juicio y la verdad no era mi intención hacerlo, pero tampoco creí que fuera esa clase de moroi. Pues toda la aprensión que siento hacia él, se debe a que creo que es un buen hombre y que puede llegar a hacer feliz a Rose – ¿Me estás diciendo que ya no te interesa? ¿Qué ya no te preocupas por ella?

Volví a sorprenderlo – ¿¡Qué!? No, por supuesto que me preocupa su situación.

Me incorporé – ¿Es que ya no es lo suficiente buena para ti, Esbra? ¡Debido a su embarazo! ¿Es eso?

– ¡Que no es así! – Respondió exasperado, ¡pues ya somos dos!

– Entonces explícamelo – Lo reté, tratando de no elevar la voz – Porque es obvio que conocías su "situación" y aun así te quedaste a la espera de una oportunidad. Te pregunté si te preocupabas por ella y no lo negaste ¿Qué cambió, eh? ¿Por qué ya no es digna de ti? – Me detuve – No pensarás en ella como una sucia de sangre…

– ¡NO! – Me miró con decepción – Y es obvio que no me conoces. Porque si te hubieras tomado esa molestia, sabrías que jamás pensaría eso de ella o de cualquier dhampir para el caso. Pero ese es tu problema, no me has dejado hablar.

Reí sin humor – Es que no necesito escucharte.

– Ese es tu mayor error, oyes lo que quieres y supones muchas cosas – Caminó hacia la puerta – Si lo que deseas son respuestas, eso es en lo primero que tienes que trabajar para que ella te las dé. Y será mejor que lo hagas, y pronto. Porque puedes perderlo todo.


El estado de Roza comienza a preocuparme…

Me da rabia e impotencia no saber qué está pasando con ella. Lo que me hace sentir un inútil, así que para compensarlo ayudo en lo poco que puedo.

Como ahora, que la llevó en brazos a la suite del avión. Teniendo un déjà vu al dejarla con la Dra. Olendzki, quien no parece muy sorprendida de verme.

No pudiendo hacer nada más por Rose, salí y tomé uno de los asientos más alejados. Pues no era mi intensión amargar el estado de ánimo de mis hermanas o el del resto de los pasajeros.

Y es que mi plática con Zedrik me dejó mil y un pensamientos.

Reconozco que no he sido justo con él, pero cómo se supone que debo tratar al hombre que claramente tiene un interés por la misma mujer que yo.

¿Y a qué venían sus últimas palabras?

¿Fue una amenaza?

¡Carajo!

Suspiré metiendo la mano en mi bolsillo y encontrando uno de mis viejos occidentales, ni siquiera me apetecía.

– Lissa creyó que habías huido debido a lo que te dijo la última vez que hablamos – Ozera tomó asiento a mi lado – Se sentía muy culpable.

Negué – No podía decirle nada a nadie.

– Entiendo – Se pasó una mano por el cabello – Aun así, su reacción no fue ni la milésima parte de la de Janine. En lo poco que tengo de conocerla jamás la había visto más fúrica – Observamos a la mujer, charlaba con mi madre y Abe. Bueno, digamos que contestaba cortésmente las cuestiones que le hacían – Alberta y yo creímos que habías encontrado la manera de contactar a Rose. Sin embargo, también pensamos que para este momento ya estarías de vuelta en la Corte, con ella.

Me froté la cara – Ha sido un poco más complicado que eso.

– Puedo verlo – Observó al equipo – Fue una gran coincidencia que llegáramos al pueblo en el momento en que lo hicimos; habíamos pérdido el rastro de Mazur y estábamos por buscar un lugar en dónde pasar la noche. Cuando vi todo aquello… – Se encogió de hombros – … supe que habíamos dado con ustedes.

Apreté el puente de mi nariz, necesitaba cambiar de tema o me explotaría la cabeza.

– ¿Cómo va la propuesta? ¿Algún avance?

Suspiró con cansancio – Ninguno. He presentado todo el papeleo inútil que me han pedido. Tengo el setenta por ciento de lo que se requiere para iniciar un programa piloto, pero ellos creen que soy idiota y que no me he dado cuenta de que hacen hasta lo imposible por retrasarme con cualquier condición absurda.

– ¿Qué clase de condiciones?

– Entre lo más razonable, me piden tener algún conocimiento docente. Pero también exigen cierto número de horas de "prácticas de campo" – Hizo el ademán de comillas en el aire.

¿Qué? – No fueron suficientes las pruebas presentadas, la evidencia y los testimonios del Ataque a la Academia ¿O todo lo demás? – Comencé a sentirme molesto, el cambio de tema había sido mala idea después de todo.

– Al parecer no, por eso Mía y yo decidimos aventurarnos con tu madre en ley – Sonrió con frescura – Sabía que hallando a Rose encontraría los problemas que necesito. Por lo que compré esta preciosura – Me mostró una cámara – Les llevaré en video las pruebas de campo que tanto desean ver. Pues si esta gente no comienza a aceptar la idea de la magia ofensiva, pueblos como el tuyo terminarán convirtiéndose en cementerios.

– Y Lissa no conoce esta parte de tu plan – Intuí.

Rascó su nuca – Digamos que en breve, no serás el único que tenga problemas con su chica. Lo que me recuerda, ¿crees que Rose va a aceptar las condiciones de su padre?

Suspiré – No tendrá más remedio.

– ¿Y tú?

Exhalé más fuerte – Tampoco.

Palmeó mi espalda – Amigo, juro que ustedes son la versión moderna y vampírica de Romeo y Julieta.

Formaba parte de su personalidad, trataba de aligerar el ambiente o quizá mi mal genio era más notorio de lo que imaginaba – Si mal no recuerdo, ambos terminaron bien muertos.

– ¡Ok! – Levantó las manos en señal de rendición – Pésima analogía, dejémosla en tragedia griega – Reí atrayendo la atención de los más cercanos. Entre ellos, la de Esbra – Aguarda… – Bajó oscuramente su tono – ¿Zmey conoce las sucias intenciones que tienes con su hija?

– Así es – Lo miré con una pisca de diversión; hablar con Christian me había calmado lo suficiente como para seguirle la broma.

A mi manera, claro.

– ¿Y cómo es que sigues respirando? – Parecía convencido de que debería estar tres metros bajo tierra.

Estaba por contestarle cuando Paul decidió interrumpir la charla sinsentido – Tío Dimka, ¿puedo sentarme contigo? – Lo sujeté debajo de sus brazos y lo acomodé en el asiento junto a la ventana.

– ¿De dónde vienes? – Le pregunté.

A lo que él frunció el ceño – De la cabina del piloto, el guardián rubio nos invitó a conocerla.

– ¿Y no querías ir? – Indagó Ozera.

Asintió – Sí, pero no me gusta cómo ve a mi mamá – Levanté una ceja. Había llegado la hora de tener una conversación muy seria con Ivanov. Solo para aclarar algunos puntos – ¡Ya sabes! Es como cuando quieres invitarle de tu almuerzo a una niña, pero no te animas por miedo a que te diga que no.

Sonreímos de la inocencia de su ejemplo – ¡Dyadya1 Dimka! – Nos volvimos para ver a Zoya estirándome los brazos, la tomé en los míos y la senté en mi regazo.

– ¿Cuándo va a despertar la tía Roza? – Cuestionó mi sobrino, al parecer el tema de Sasha había quedado en el pasado.

– No sabemos, tu tía Roza siempre ha sido muy perezosa – Christian le respondió jugando.

¡Uh, oh! – ¡Eso no es cierto! – Enojado se cruzó de brazos – Ella es la mejor.

– Bueno Belikov, al parecer tienes competencia por compartir de tu almuerzo – El moroi se levantó para regresar a su lugar.

¡Sí supieras!, pensé.


Llegamos a Estambul a plena luz del día. Mi madre y hermanas estaban encantadas con los colores, la gente y los sonidos. Sobre todo los niños, parecían realmente felices.

Sin embargo, algo ensombrecía el momento y es que hacía falta la chispa característica de Rose.

Le hubiera encantado mostrarles la ciudad; es evidente que son importantes para ella. Sentimiento que es mutuo y que hace aún más difícil para mí tomar una decisión.

O tal vez no.

Me encontraba en su habitación, cuidándola. Se establecieron turnos y pedí el mío a solas.

Pensé que quizás hablándole o leyéndole reaccionaría, pero no, seguía exactamente igual a pesar de que lo intenté tanto en ruso como en inglés. Verla conectada a esas máquinas me trasladó a la última vez que estuvo hospitalizada.

Roza…

Mis pensamientos quedaron interrumpidos con la llegada de sus médicos – Guardián Belikov, ¿notaste algún cambio? – Preguntó Olendzki.

Suspiré bajo – Ninguno – Me moví para que su esposo pasara a realizar el chequeo rutinario – Y por favor, llámenme Dimitri. No es necesario ser tan formales.

Se acercó a Rose para levantarle un poco la blusa y descubrirle el vientre – Lo siento, es la costumbre – Sonrió y luego comenzó a colocarle una especie de parches, al mismo tiempo que John sincronizaba una de las máquinas.

Los observé trabajar en silencio. Admito que con absoluto interés, mismo que él notó – Creí que esto la ayudaría.

Y apretando un botón, la alcoba entera se llenó del sonido más reconfortante que hubiera oído nunca.

– ¿Es…?

– Sí – Asintieron – Es el corazón del bebé.

– ¿Cómo…? – Me aclaré la garganta y me crucé de brazos – ¿Cómo se encuentra?

– Es difícil decirlo – Respondió John, un poco renuente – Parece estar bien, pero necesitamos que Rose reaccione.

Al poco tiempo salieron, dejándome a solas con la mujer de mi vida y una cruda realidad que tenía que aceptar o rechazar para siempre.

~•~

En algún momento me encontré sujetándole la mano. Acariciando distraídamente sus delicados, pero al mismo tiempo potentes nudillos. Mientras dejaba que el latir del pequeño corazón dictará mis propias palpitaciones.

¿Por qué? Seguía repitiéndome una y otra vez. Entonces, mis ojos quedaron prendados de su vientre.

Extrañamente comencé a sentir la necesidad de volver a posar la mano ahí. Pese a ello, en alguna parte de mi mente creía que no me correspondía, que estaría invadiendo parte de su privacidad.

Los minutos pasaban y mi mano literalmente picaba por el tacto. Infierno, hasta sudaba frío de lo mucho que me estaba conteniendo.

Sin pensarlo y con un ligero temblor, comencé a descender poco a poco a la suavidad de su estómago.

Al instante, dejé salir el aliento que no sabía estaba conteniendo. Tuve la emoción que no experimenté cuando regresé a Baia después de tanto tiempo, fue como sentirme en casa.

Aunque no pude ahondar en su significado, pues de pronto, Rose suspiró entrecortadamente y comenzó a revolverse en la cama. Era como si estuviera despertando de un sueño profundo, pero al mismo tiempo no podía hacerlo por ella misma.

Me trasladé de la silla a un costado suyo – ¿Roza? – La llamé, teniendo como respuesta solo suaves quejidos – ¿Puedes oírme…? Abre los ojos, Rose. Vamos, déjame verte – Estaba por presionar el botón para llamar a Olendzki, cuando ella me sujetó la mano que aún mantenía en su vientre – Hazlo por tu bebé… – Sus ojos revoloteaban – … hazlo por mí, amor.

Y así lo hizo.


Rose


Me sentía muy, muy cansada.

Sin embargo, no podía dejar de caminar.

No sabía en dónde estaba, qué día era o cuánto tiempo llevaba aquí. Todo lo que veía era oscuridad, tan densa que ni siquiera conseguía distinguirme las manos.

Andaba a tientas sin avanzar o al menos eso percibía. Con los brazos bien envueltos en mi vientre y no porque tuviera frío, que lo tenía, sino por protección.

Entonces, comencé a notar una pequeña luz cálida que luchaba por no extinguirse. Como si se encontrara al final de un túnel muy largo.

No sabía si debía seguirla pues admito que sentí pánico, pero qué se supone que tenía que pensar. No quería morir, mi bebé merecía la oportunidad de vivir.

Poco a poco empecé a escuchar el cantar de las aves, y a percibir el aroma de la hierba fresca y la tibieza del viento en verano.

Cuando menos lo imaginé, estaba rodeada de hermosas flores que llegaban hasta mis rodillas. Llevaba un vestido de algodón blanco, corte griego y mi cabello volaba libre.

Aquel paisaje era hermoso y familiar – Pequeña dhampir…

Me giré bruscamente para encontrarme con él. Lucía mucho mejor de lo que lo hizo la última vez que nos vimos: sin ojeras y con la ropa limpia. Sonreí, su cabello seguía siendo un desastre.

No obstante, no sabía si esto era parte de mi imaginación o si de verdad se encontraba ahí conmigo.

– Ad… ¿Adrián?

– ¡Vaya! – Exclamó al descubrir mi vientre – Presentía que Sonya escondía algo, pero nunca me imaginé que fuera esto – Me estudió un rato más – Siempre supe que eras especial y no has hecho más que confirmar todas mis teorías. Belikov debe estar extasiado.

Su tono no guardaba rencor ni mucho menos, al contario, sonaba sincero – Yo… – Sentí una opresión en el pecho, la misma que me aqueja cada vez que pienso cuánto lo daño al omitirle la verdad. Pero la vida y seguridad de nuestro hijo es mucho más importante en este momento.

– Él no lo sabe – Se pasó una mano por el cabello.

Intenté explicarme – No puedo decírselo, al menos no todavía. El bebé estaría en grave peligro y no pienso arriesgarme a perderlo.

Suspiró y murmuró – No puedo creer que vaya a defenderlo… pequeña dhampir, el ruso tiene derecho de saber que será padre. Además, ¿quién mejor para protegerlo que él?

– No me preguntes más por favor, ya no quiero confundirme – Una lágrima rodó por mi mejilla – Esto ya es lo suficientemente doloroso para ambos.

Abrió sus brazos – ¡Ven aquí! – Y me envolvió en un reconfortante abrazo.

Lo había extrañado – Te eché de menos – Hablé sin pensar, pues independientemente de que estuviera aquí, la relación continuaba fracturada.

Sentí el retumbar de su pecho – También yo, pero antes de que nos pongamos sentimentales tienes que responderme otra pregunta – Me retiré para mirarlo de frente – ¿Por qué no has despertado? – Fruncí el ceño, pues desconocía de lo que hablaba – ¿Recuerdas el ataque strigoi?

Asentí a medias – Espera, ¿cómo lo sabes?

– Estoy en la Corte, con Lissa. Christian la ha mantenido al tanto de tu situación – ¿Mi situación? – Tienes más de dos días dormida, o al menos eso aparentas – Mis manos se fueron a mi barriga – Descuida, está bien.

Me estremecí – ¿Por qué estás tan seguro?, ¿Lissa lo sabe?

Negó llevándome hacia un banco de madera que yacía bajo un enorme sauce – Te lo digo porque puedo ver los colores sanos de su pequeña aura y no, ella no sabe nada de esto – Por un instante nos mantuvimos en silencio – Lo lamento…

Me volví hacía él – ¿Por qué te disculpas?

– Por cómo te traté y todo lo que dije antes de que abandonaras la Corte – Intenté protestar – Déjame terminar, por favor – Consentí ligeramente – Estaba furioso y herido, sí. Pero eso no justifica mi comportamiento ni las duras palabras que prácticamente te escupí – Sonrió con algo de nostalgia – Yo mismo decidí engañarme, nadie más que yo. Pues siempre supe que seguías amándolo y aun así quise seguir adelante.

Tomé sus manos – No Adrián, no trates de adjudicarte toda la culpa. Yo debí ser honesta contigo y conmigo. Te lastimé cuando todo lo que hiciste fue intentar protegerme.

– Y te perdoné por ello, lo juro – Empecé a escuchar un sonido reconfortante que me llamaba a alguna parte – Sin embargo, mi cólera explotó cuando me di cuenta de cuánta razón tenían tus palabras… cada frase – Esta vez sonrió con anhelo.

Le di un codazo juguetón – ¿Has encontrado a alguien especial?

Su sonrisa se amplió – Tal vez, pero es… complicado.

– Dímelo a mí – Ironicé – Aunque hablando en serio, me da gusto por ti Adrián. Te mereces eso y mucho más.

– También tú, Rose – Besó mi mejilla – Será mejor que despiertes, te están esperado.

~•~

Todo a mí alrededor se desdibujó.

Mis parpados pesaban, mis oídos se adaptaban al sonido de la habitación. Me sujeté de lo que sea que tuviera cerca, queriendo aferrarme a la conciencia.

– Hazlo por tu bebé… – Escuché – … hazlo por mí, amor.

¿Dimitri?

Abrí los ojos solo para encontrarme con la profundidad de los suyos.

Con pereza bajé la mirada, tenía mi mano sobre la suya. Pero eso era irrelevante, lo verdaderamente importante fue que él tenía su palma sobre mi abdomen desnudo.

Lo miré de nuevo – ¡Lo siento!

Dijimos a la vez. Desconozco por qué lo dije o la razón de él para hacerlo. Inexplicablemente sentí que era lo que había que decir.

Suavemente se zafó de mi agarre para presionar un botón. Estaba por incorporarme cuando me lo impidió rotundamente, colocando sus manos en mis hombros y obligándome a permanecer recostada – No te esfuerces, los médicos ya vienen – Su voz sonaba plana.

Limpié mi garganta – A… agua, por fa-vor – Terminé tosiendo. Ágilmente me sirvió un vaso y con delicadeza me ayudó a beber. No pude dejar de pensar que tal vez así me habría recibido el día que desperté del disparo – Gracias.

Asintió – ¿Cómo te sientes?

Sus movimientos eran casi robóticos, no estaba cómodo y conocía la razón.

– Dimitri… – Sus ojos custodiaban mi protuberancia. Así que sin saber realmente por qué, bajé mi blusa para cubrirme de él – … yo… – Era ilógico pensar que podría descubrirme.

Olendzki y John irrumpieron en la habitación – ¿Qué es lo que…? ¿Rose? – Entrando en acción en el momento en que me vieron con lucidez. Él silenció el eco cardiaco, mientras que ella se disponía a realizarme un chequeo – Dimitri, ¿podrías avisarle a sus padres en lo que comprobamos a Rose y al bebé?

¡No! No quería que se fuera. No te vayas… sin apartar la mirada se lo pedí en silencio y aun así, él retrocedió.

Era como si una grieta se estuviera abriendo entre nosotros hasta convertirse en un barranco que nos separaba. Por muy poético que se escuche.

Abandonó la alcoba dejándome con los médicos y sus múltiples cuestiones, las cuales respondí enajenada.

¿Qué esperabas, que te recibiera con los brazos abiertos

¡Solo Dios sabe lo que pasa por su cabeza en este momento!

O lo que piensa de mí.

Una cosa fue proponerme alejarlo de nosotros y otra muy distinta, darme cuenta que ya podría haberlo hecho.


Todo parecía marchar correctamente con el bebé y conmigo.

¿Qué sucedió? No lo sabía y tal vez nunca lo descubra.

De lo único que tengo certeza, es que no quiero volver a experimentar tal soledad.

Me cambié a ropa más cómoda, arreglé mi cabello y me quedé esperando en la cama. No muy segura de qué o a quién… ¡mentirosa!

De repente la puerta se abrió y Shadow entró corriendo, subió a mi costado y recostó su cabeza en mi vientre – Estamos bien, chico ¡Hiciste un buen trabajo! – Lo felicité acariciándolo, mientras me cercioraba que no tuviera lesiones.

Tras él llegaron mis padres.

Era una imagen totalmente inaudita y nueva para mí. Mi baba fue el primero en acercarse, sentarse a mi lado y darme un beso en la mejilla – Antes que nada, quiero que sepas que yo no tuve nada que ver con esto – Infantilmente apuntó a Janine – Lo juro kiz, ella me siguió hasta Baia.

La mujer resopló – ¿Y qué esperabas? ¿Qué me quedara cruzada de brazos? – Colocó las manos en sus caderas.

– Teníamos un acuerdo mujer, tú esperarías aquí…

– Te recuerdo que fuiste el primero en romper nuestros acuerdos, Ibrahim – Avanzó un poco – No se puede confiar en ti; eres un mentiroso, embustero y solapador – Terminó señalándome, como haciendo un punto.

Abe se apretó el puente de la nariz – Le miento a todo el mundo ¿Por qué te crees tan especial?

Rodeé los ojos, verlos discutiendo era muy cómico… o muy deprimente.

¡Cuestión de percepción!

– Soy tu es… – Mi madre se detuvo a media frase, mordiéndose el labio para evitar hablar de más y sonrojándose un poco. El hombre era todo lo contrario, parecía divertido con la situación.

– Eres su esposa – Decidí entrar en su intento de conversación – Lo sé – Sí las miradas mataran, el viejo ya estaría extinto – Ahora, ¿podríamos hablar como la familia decorosa que no somos?

La sonrisa de Abe creció – Por supuesto…

– ¡Lo ves! – Janine llegó hasta nosotros – ¿Cómo pudiste permitir esto? – Señaló mi barriga – Si no la hubieras ayudado a escapar, nada de esto habría sucedido.

– Janine… – Le advirtió – Ya hablamos de esto.

– No, está bien – Dije mirándola – Sé que tienes preguntas y reclamos, ya te hemos mantenido mucho tiempo en el anonimato. Sin embargo, antes de que nada ocurra, que sepas que aceptó la responsabilidad y no creas ni por un instante que esto, es un error en mi vida. Porque no lo es.

Le señalé una silla para que tomara asiento, oferta que aceptó – ¿Quieres que me marche? – Preguntó mi padre.

Afiancé su mano y sacudí la cabeza. Necesitaba de su apoyo, aunque fuera solo moral – Tienes todo el derecho de preguntar – Me dirigí a Janine – Y yo, el de decidir qué contestar y qué no – Intentó protestar – ¿Lo tomas o lo dejas?

– Bien, comienza tú.

Respiré profundamente – Sé que no eras ajena a mis sentimientos por Dimitri, o al menos algo intuías desde el rescate en las cuevas – Asintió, cosa que no me sorprendió – Bien, pues decidí huir de la Corte porque… – Y así inició una de las conversaciones más desgastantes que he tenido en la vida. Le conté la mayoría de los sucesos que han pasado desde que salí, mis razones para la misión y todo lo que he experimentado sin el vínculo. También le hablé de cómo descubrí que estaba embarazada; alterando un "poco" las fechas, pues por el momento ya conocía lo esencial – … y aquí estamos.

Ni una sola vez me interrumpió y su cara no regaló ninguna emoción – ¿Quién es el padre?

– Eso no lo sabrás todavía.

Ahora sí que lucía molesta – ¿Si quiera sabes quién es?

– ¡Janine! – Exclamó el viejo.

– ¿Qué Ibrahim? No entiendo por qué lo protege…

Apreté la mano de Abe para que me dejara arreglar el problema – Sé que te sientes decepcionada y lo lamento, pero eso no te da derecho a faltarme el respeto. Ni siquiera nos conocemos la una a la otra – Hablé con cierta melancolía – Y si hay alguien a quien estoy protegiendo, ese es mi bebé y tal vez no lo entiendas ahora, pero lo harás.

Guardó silencio, como evaluando la situación. Supongo que no le quedaba más remedio que aceptar mis términos. Se puso de pie y tentativamente se acercó a mí – No me has defraudado; yo soy la menos indicada para juzgarte por ello. Sin embargo, me apena pensar en todo lo que pudiste haber logrado. Tenías un futuro prometedor – Sinceró.

– Todavía lo tengo – La sorprendí con la declaración – Tampoco voy a juzgarte por las decisiones que tomaste en tu juventud, tuvieron sus razones – Me dirigí a los dos – No obstante, tengo pensado tener al bebé, mantenerlo y continuar con mi vida laboral. Sé que no será fácil, pero espero tener el apoyo de mi familia disfuncional – Reímos.

– ¿Puedo…? – Consentí no muy segura – Entonces, sucedió lo que menos me imaginé. Me abrazó – Te extrañé, Rosemarie.

– Mamá… – Me quejé ante mi nombre completo.

Se retiró para verme de frente – La próxima vez que pienses en hacer una locura como escapar, será mejor que me consideres en tus planes – Sus ojos se rosaron, provocando el picor de los míos ¡Malditas hormonas! – No puedo creer que vaya a ser abuela.

– ¡Y una muy sexy! – Fanfarroneó Abe.

– ¡Eww! – Exclamé, provocando las carcajadas del sujeto.

– Bueno, llegó el momento de hablar de negocios.


– Pijamas, listo; set de baño, listo; maquillaje, listo…

Me encontraba haciendo las maletas. Con mis pensamientos como mis únicos acompañantes y es que los últimos dos días han sido la locura.

Para empezar, pareciera que el bebé estaba esperando a que su padre supiera de su existencia. Pues de repente, al levantarme de la cama, mi barriga brotó. No exageradamente, pero digamos que a la gente le queda claro el estado en el que me encuentro: muy embarazada.

Después, aunque fueron lamentables las circunstancias de sus llegadas. Me sentía feliz de tener aquí a las Belikovas y ellas parecían estar disfrutando. Los niños brillaban encantados con la casa, el jardín y Shadow.

A pesar de que Abe no lo decía, sé que estaba entusiasmado con los pequeños. De hecho, hizo alusión a querer muchos torunlar2.

Por otra parte, el nerviosismo es evidente entre los integrantes del equipo, siguen preocupados por las represalias que pueda tomar el kuru'l. Pese a ello, Estambul sigue limpió de strigois por las noches. Al menos en un noventa y ocho por ciento.

Mi abuela Dilara es una historia completamente distinta. La mujer se encuentra en las nubes por mi embarazo y parece ser la única que no ha notado el ambiente pesado que nos envuelve a Dimitri y a mí. Quien fiel a mi petición, juega la farsa frente a ella.

Dimitri… suspiré.

Pues al fin ha tomado su papel de guardián con profesionalismo. No habla si no se le pide algo directamente, se mantiene a una distancia considerable de mí y ha decidido entrenar solo, en sus propios horarios.

– ¿Necesitas ayuda? – Salté un poco – Perdón no fue mi intensión asustarte.

Sonreí – Descuida Olena y no, gracias. Ya he terminado.

Me devolvió el gesto – ¿Puedo acompañarte?

– ¡Claro! – Le hice un espacio para que se sentara. Cayendo en un incómodo silencio – ¿Estas decepcionada?

Me miró extrañada – Por supuesto que no, confío en ti. Además, todos los bebés son una bendición – Suspiró – Dale tiempo, Roza – Me estremecí ante el sonido de mi nombre en ruso – Dimka te ama, solo necesita asimilar las cosas.

– Yo no estaría tan segura…

– Pues yo lo estoy – Tomó mis manos – Un día te dije que eras una hija más para mí y por lo tanto, este bebé es mi nieto. Sea cual sea la relación que decidas tener con mi hijo.

Me limpié una lágrima traidora – Si no lo mato antes – Murmuré – Lo prometo Olena, pronto tendrás un hijo menos si no logro regresártelo a la versión anterior.

Rio junto conmigo – Lo dudo mucho.

– ¡Rose! – Irrumpió mi abuela turca – ¡Hola Olena, querida! ¡Traje regalos para el bebé! No quiero que se vaya, pero qué más puedo hacer, así es la juventud de hoy – Desvariaba – Espero que te guste la casa, es un lugar precioso ¡Ya verás! Serán muy felices – Su semblante cambió – Tienes que prometerme que enviarás fotos, muchas de ellas. Ya hablé con Dimitri, le he dado un montón de recomendaciones, espero que no las olvide.

Miré a Olena, quien se encogió de hombros – No lo hará.

– Bien, abre los regalos entonces.


Entré al despacho del viejo, Janine estaba con él – ¿Baba?

– Pasa kizim – Me quedé de pie frente a él, entregándole la carpeta amarilla que tenía conmigo desde hace varias semanas – ¿Qué es?

– ¡Ábrelo! – Lo animé con cierta ansiedad.

Mamá parecía intrigada – ¿Rose…?

– Los firmé el día que me los diste, pero estaba esperando el momento adecuado para devolvértelos.

– ¿Puedo preguntar qué es? – Le preguntó ella.

Se puso de pie y con evidente orgullo me presentó – Janine, estas ante la Guardiana Rosemarie Mazur Hathaway, nuestra hija.

Sonreí, me gustaba tener algo de ambos – ¿Eso quiere decir que estas lista? – Preguntó Janine.

Asentí – Sí, ya tengo mi equipaje. Sin embargo, me gustaría hablar con el equipo antes de partir.

– Desde luego Rose, están en el gimnasio – Me alentó Abe – De Pavel podrás despedirte en privado; se ha ofrecido a llevarlos al aeropuerto.

– Nosotros también los acompañaremos – Agregó mi madre.

– No me gustaría otra cosa.

~•~

Busqué a los chicos. Afortunadamente estaban todos, incluyendo las nuevas adiciones.

– Ya te vas, Buffy – Aseguró Zedrik.

– En unas horas – Contesté – Pero antes de hacerlo, tengo algunas peticiones.

– ¿Por qué no me sorprende, pastelito?

Rodeé los ojos – Gracias por ser voluntario – Sonrió con galanura – Supe que te ofreciste a llevar a las Belikovas a casa y a realizar guardias por algunos días – Consintió con suficiencia – ¡Te lo adviento Ivanov! Si haces alguna idiotez te convertiré en comida para lobos, no pienses ni por un instante que esta barriga es un impedimento. Además, Karolina no necesita más problemas.

Levantó las manos en rendición – Primero Belikov y ahora tú – Lo miré fijamente – Está bien, lo prometo. Me comportaré.

Cambié mi atención – Denis, Artur y Lev, sé que harán un buen trabajo. Les pido que ayuden a los nuevos reclutas.

– ¡Exageras! Como siempre – Aportó Ozera.

– ¡Cállate, fuego mágico! De no ser porque necesitas pruebas para el proyecto, no te dejaría ir. Sin embargo, sé que Mía mantendrá tu culo con vida. Al igual que Nikolai – Ambos asintieron – Lo digo en serio, cuiden sus espaldas.

– Así lo haremos.

Me volví a Atayán – Te quedas a cargo del equipo – Asintió solemne – Cuida de Shadow, no quisiera dejarlo, pero el ambiente en donde viviremos no es óptimo para él – Los contemplé a todos – Takat, manténganse juntos y con vida. De lo contario, yo misma los asesinaré – Abracé a cada uno y al llegar a Zedrik, le murmuré – Acompáñame, necesito hablar contigo.

~•~

Una hora después, estaba por salir de mi habitación.

Miré a mi alrededor, me sentía extraña, me había acostumbrado al lugar. Pese a ello, no lo sentía completamente como mi casa.

– ¡Valor, Rose! – Me dije.

Serán como unas vacaciones. Solo tú, la arena, el bebé y el hombre al que tienes que mantener alejado.

Aunque en este momento él se encargaba de ese punto en particular.

Ya no había vuelta atrás. Le prometí al viejo que me retiraría cuando fuera necesario hacerlo y a mis más de cinco meses de gestación, había llegado el momento.

No nos iba a exponer, Tafari y por consiguiente el kuru'l, sabían demasiado.

No obstante, admito que me da mayor tranquilidad ir a donde nos dirigimos. Una de las zonas con menor índice strigoi.

– ¡Ibiza, allá vamos!


1 Dyadya: "tío" en ruso.

2 Torunlar: "nietos" en turco.


Hola! Espero que hayas disfrutado mucho el capítulo.

Al fin vienen momentos 100% Romitri, prometo que los disfrutarás.

Disculpa: esta vez la vida se me cruzó un poco ¡Pero aquí sigo!

Mil gracias por su paciencia y comprensión.

Déjame todos tus comentarios y bienvenidas nuevas lectoras.

Besos, Isy.