Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.
A excepción de algunos nuevos personajes.
Capítulo 25
Primera Parte (Dimitri)
– ¡Te voy a extrañar amca! – Rose se despidió de Pavel después de haberse tomado tiempo con sus padres. Él la abrazó, depositó un beso en su sien y le susurró algo al oído – Lo prometo – Murmuró antes de girarse y avanzar a mí.
No quise indagar en su intercambio, así que asentí hacia Abe y tomé el equipaje de mano que Rose insistió en llevar.
– Manténgase a salvo, hijo – El guardián palmeó mi espalda.
– Así lo haremos – Utilicé mi tono neutral.
Dándoles la espalda nos dirigimos al pasillo de abordaje, donde una azafata nos recibió amablemente y pidió nuestros boletos.
Se decidió que viajaríamos en un vuelo comercial humano, con identidades falsas y todas las precauciones necesarias para reducir el riesgo de ser rastreados por el kuru´l.
– Tengan un feliz vuelo… Sr. y Sra. Kozlovsky.
Escuché un leve y casi imperceptible bufido a mi lado – Spasibo1 – Respondí evitando sonreír al recordar las protestas de mi inexistente esposa por hacer uso de un apellido que ni siquiera puede pronunciar correctamente.
– Tomaré el asiento junto a la ventana – Anunció, mientras yo consentí al guardar su pequeña maleta.
Después de que pasaron el video con las indicaciones oportunas, saqué mi libro y me dispuse a leer. Por el rabillo del ojo vi que Rose hizo una mueca antes de colocarse los audífonos, ponerse cómoda en el asiento y dejar escapar un largo suspiro.
Supuse que la culpa era mía, los últimos días he sido lo opuesto a cooperador. En realidad, estaba seguro de estar siendo un idiota con casi todo el mundo.
Sin embargo y en mi defensa, tenía mucho en qué pensar.
Y francamente quiero obtener alguna reacción importante de su parte. Algo que me diga que aún tengo cabida en su vida… que me necesita a su lado.
Mi capacidad de concentración se encontraba en los niveles más bajos, por lo que me perdí entre las líneas de la historia y el desorden de mis pensamientos.
~•~
– ¿Puedo pasar? – No respondí, por lo que el guardián entró a la alcoba sin invitación – Si lo que estas esperando es una disculpa, pues entonces te ofrezco una… lo lamento, no te mentimos a propósito.
Cerré la maleta – ¿Se supone que eso tiene que reconfortarme? – Espeté. Lamentándome inmediatamente, puesto que Pavel siempre se ha portado a la altura. Y ciertamente es el menos responsable de los enredos que su hermano y sobrina se encargaron de tejer – Lo siento, no fue mi intención. Es que… ¡no sé dónde tengo la cabeza! – Suspiré derrotado.
Me hizo una seña para que lo acompañara a la pequeña sala. Se sentó y por un momento se dedicó a observarme – En mi posición, guardado a Ibrahim; pocas personas se han ganado mi respeto absoluto. Es grato saber que hoy puedo sumar un nombre más a la pequeña lista… – Alcé la ceja – … el tuyo, hijo. No cualquiera seguiría aquí, al menos no con la entereza que estas demostrando.
Reí sin humor – No crea que no ha pasado por mi cabeza. Me refiero a… – Vacilé en confesarle los arranques que he estado conteniendo – … salir corriendo.
– Sin embargo, no lo has hecho – Respondió, como si mi respuesta fuera lo más lógico – Tus ganas de quedarte son mayores. Eso demuestra lo importante que es Rose para ti y todo lo que estás dispuesto a sacrificar por recuperarla – Negué sin razón – Habla del hombre honorable, correcto y humilde que crio Olena, a pesar de tu procedencia real.
– ¿Mi procedencia real? – Lo miré confundido.
– Ivashkov, tu apellido – ¿¡MI QUÉ!? ¡No! ¡Eso no puede ser! Obviamente tengo un segundo apellido, pero jamás me imaginé que fuera uno perteneciente a las castas reales. Mucho menos que sería un… Ivashkov ¡Maldición! Significa que… Pavel se dio cuenta que desconocía el hecho, lo que lo hizo sentir humildemente apenado – ¡Por Alá, no lo sabías! Perdona mi indiscreción, no tenía idea.
– Descuide – Por su reacción supe que no había sido un acto deliberado. Además, el cúmulo de pensamientos que inundaban mi cabeza me impedían reaccionar de manera… bueno, en honor a la verdad, no tenía ni idea de qué sentir – Le puedo asegurar que nosotros tampoco – Guardó silencio – Lo único que conocíamos de ese hombre, era su nombre.
– Aun así no era mi lugar…
Lo interrumpí – Esta bien, de verdad. Supongo que algún día tenía que conocer la verdad.
Poco después recibí otro visitante…
– Dila… quiero decir, abuela – Rápidamente me levanté del mismo lugar en donde me mantuve desde que salió su hijo mayor – Permítame ayudarla.
Quité de sus manos la charola que llevaba con dos humeantes chocolates y galletas de nuez recién horneadas. Cerró la puerta, mientras me tomaba mi tiempo en acomodar la merienda en la mesilla.
A decir verdad, no sabía qué esperar de su visita – Olena es una mujer encantadora – Comentó – Nos puedo ver siendo buenas amigas.
– También lo creo – Y lo decía de verdad. La mujer turca es pura bondad, al igual que mi madre.
Tomó una taza – Ella fue quien me dijo que era tu favorito. Todavía no puedo creer que Abe te haya dado el secreto que tan celosamente guardaba de su padre. Lo cual significa que eres especial para él – Sonrió con cierta remembranza antes de despabilar un poco, quizá para salir de los recuerdos – ¿Quién iba a pensar que años más tarde terminarías siendo parte de la familia? El destino tiene sus métodos, ¿no crees?
Asentí – Absolutamente… – Tomé la bebida que me ofrecía.
Me miró divertida – Ya me había dicho Rose que eras un hombre de pocas palabras. Pero no te preocupes, haré la mayor parte de la conversación – Suspiró cambiando su expresión – No sabes lo agradecida que estoy de que mi nieta haya tenido la fortuna de encontrarse con alguien como tú. Lo que hiciste, haces y sé que seguirás haciendo por ella, es admirable. Además de muy romántico. A leguas se ve cuánto la amas y el que hayas aceptado formar una familia con ella a pesar de sus circunstancias dhampir, lo comprueba – Sonrió con dulzura – Dimitri, Alá me dio la bendición de ser madre de dos extraordinarios y muy diferentes hombres. Y aunque solo parí a uno de ellos, los amo por igual porque en mi corazón los dos son tan míos como la misma sangre que corre por mis venas – Comenzaba a entender el motivo de su acercamiento y se lo agradecía profundamente. No conocía el alcance ni la importancia que sus palabras tendrían para mí – Estoy segura de que el bebé de Rose te robará el corazón en el instante en que lo sostengas entre tus brazos. Tanto que podrás llamarlo tu hijo, amarlo como tuyo y elevarlo como el maravilloso padre que sé serás.
– ¿De verdad cree eso? – Pregunté en voz baja.
– Absolutamente… – Sonreí a la misma respuesta que hace un momento le había dado. Luego, observó mi embalaje a medio hacer – Veo que aún te estas preparando para salir – Consentí, tomando una de las galletas – Bueno, pues será mejor que tengas papel y lápiz o una excelente memoria. Porque tengo muchas recomendaciones para ti: lo primero que debes tener en cuenta de una mujer embarazada es…
~•~
Otra vez tenía mi dotación de emociones al límite.
Ya no solo se trataba del engaño sufrido o del dolor de estar cerca de Roza, pero a la vez tan lejos.
Nuevamente huíamos de un enemigo desconocido, aunque en esta ocasión nos refugiaríamos en un país ajeno para los dos. Casi toda mi familia se encontraba en el extranjero debido a que su hogar resultó dañado por el afán de dicho strigoi. Y si bien se puede decir que se ganó esa batalla, a mí no me sabía a victoria.
El hecho solo logró elevar mi responsabilidad como guardián de Roza y llevar mi preocupación a un nivel totalmente nuevo para mí.
Más ahora que sé hay un bebé de por medio.
Sumándole a todo esto, el asunto del apellido paterno. Cosa que desde luego no me atreví a preguntar a mi madre, por temor a traerle malos recuerdos.
Guardé la vieja novela sin saber cuánto tiempo llevaba sin pasar página. Exhalé vergonzosamente fuerte, recargué la cabeza en el asiento, cerré los ojos y masajeé mis sienes.
¿En qué momento se complicó todo?
¿Cómo es que llegamos a este punto?
De pronto, un movimiento brusco me sacó de mis cavilaciones. Rose se removía incómoda – ¿Qué ocurre? – Pregunté con cautela. Sin embargo, la única respuesta que obtuve fue un resoplido cuando presionó un punto en su espalda baja – ¿Te duele?
Estaba a punto de llamar a los médicos que se encontraban al final del pasillo. Que por disposición de Abe: viajarían con nosotros, nos alojaríamos con los humanos, cada pareja en su propio complejo y dispondríamos de seguridad discreta y exclusiva.
"Serán como vacaciones", dijo el hombre…
– ¿Su esposa se encuentra bien? – Pidió una azafata.
– Estoy bien – Dicha esposa se quejó – Solo necesito una almohada extra, por favor ¡Uff! O tal vez un par de ellas.
La mujer no tardó en complacer sus demandas – ¿Es su primer embarazo? – Cuestionó con simpatía.
Rose solo me miró – Sí… lo es – Respondí.
– ¡Felicidades! Deben estar muy emocionados – Asentí con torpeza – Descuiden, ya falta poco para aterrizar.
¡Vaya!
Lo cual significaba dos cosas: uno, que estuve divagando mentalmente mucho más de lo que creí y dos, que tenía que comenzar con mi plan antes de lo previsto.
El cambio de clima fue notorio y reconfortante.
El día era soleado, no muy caliente y el aire era refrescante.
Un par de guardianes camuflados como civiles, recibieron a los médicos. Tomaron sus equipajes y los guiaron hacia una de las salidas, mientras que una humana de entre cincuenta años, se acercaba a nosotros.
– Espero que hayas practicado tu español – Rose había estado gruñona desde que bajó del avión.
– ¡Bienvenidos a España, Señores Kozlovsky! – Afortunadamente ella hablaba inglés… o habría estado en un apuro – Ojalá hayan tenido un buen vuelo – ¡Ughr! Resoplido – Mi nombre es Leonor, soy el ama de llaves de la Sra. Dilara y seré la encargada de hacerlos sentir como en casa.
– Gracias – Expresamos juntos, aunque con diferentes tonalidades.
Luego nos llevó a una limosina en donde un muchacho se encargó de acomodar el equipaje y conducirnos al nuevo destino. A la vez que un vehículo negro dirigido por tutores, nos custodiaba desde la distancia.
Quedó claro que Zmey no arriesgaría la seguridad de su única hija y nieto.
– La casa es bellísima, les va a encantar – Comentó la mujer – Cada tercer día el trabajo quedará listo muy temprano por las mañanas, no notarán nuestra presencia – Me entregó un cuadernillo – La alacenas están surtidas: hay elementos turcos, rusos y españoles. Pero si necesitan cualquier cosa, esos son los teléfonos y extensiones que ocuparán; estaré gustosa de atenderlos – Hizo una pausa – Sin embargo, no conozco la disposición para la preparación de las comidas.
Una vez más Rose se limitó a observarme, dándome plena libertad para decidir – De eso me encargaré yo. Agradecemos mucho su hospitalidad.
Nos sonrió – Nada de eso, es mi trabajo.
Y el mío comenzaría una vez que el mal genio de Roza disminuyera… al menos a los niveles acostumbrados.
Rose
El vuelo fue una verdadera tortura para mi espalda baja y una pesadilla para mi trasero.
En fin, eso me valió dos días de quejas y resoplidos, y las hormonas no hacían mejor las cosas.
Sin mencionar el suplicio de la compañía, aunque supongo que no hay más culpable que yo.
Realmente era como hablar con un muro, un muro muy sexy que hacía sonidos ocasionales ¡Malditas hormonas! Por lo que no puse mucho esfuerzo en entablar una conversación a base de monosílabos.
Me sentía muy presionada por todo lo que estaba pasando, pero por el bien de mi bebé y la promesa que le hice a Zedrik, tenía que relajarme y disfrutar mi embarazo. Ese era el trato, tomar las cosas con calma y a cambio tendría toda la información sobre la cacería. Sin omitir detalles. Él conocía lo importante que era todo esto para mí y ambos sabíamos que Abe no dudaría en ocultarme las cosas.
Me perdí observando las hermosas vistas.
El lugar es totalmente maravilloso, mi abuela literalmente vive en el Edén.
Lo cual es muy irónico.
La residencia está ubicada en una zona muy exclusiva, rodeada por la naturaleza a orillas del mar. Es un complejo de cuatro o seis casas, de las cuales solo la mitad están habitadas, ya que el resto se usan principalmente para vacacionar.
Por lo que gozamos de mucha privacidad, los paisajes y el silencio matizado con el sonido de las olas.
Pero volviendo a la maravillosa vivienda: es de dos pisos, con la fachada en blanco y piedra caliza rosada. El perfil que enfrenta al océano es de cristal, recubierto por largas cortinas en color beige. Cuenta con cinco habitaciones; tres cuartos de baño con jacuzzi y dos medios baños; una cocina de ensueño; un increíble comedor, enorme sala de estar con chimenea; una excelsa biblioteca; dos albercas, una de ellas tiene su propio comedor y sala externa, y la otra conecta directamente con el mar.
Se me otorgó la habitación principal, que es muy acogedora y cuenta con todas las comodidades. Además de un balcón privado con tina de hidromasaje al aire libre.
Y la playa es hermosa.
Su arena es casi blanca, el agua es tan cristalina que se puede ver el fondo, algunos peces de colores y el contraste de los azules.
Jamás pensé estar en un lugar como este, mucho menos en compañía de Dimitri…
… omitiendo las terribles circunstancias.
Hoy amanecí con un ánimo renovado, sintiéndome mucho mejor que cuando llegué. Sin embargo, no estoy acostumbrada a la inactividad. Cerré la revista para madres primerizas y bebí un poco de naranjada.
– ¡Estoy taaan… jodidamente aburrida! – Me estiré antes de levantarme del camastro.
– Puedes escribir un libro o ir a abrazar un árbol – Dimitri opinó desde el tapete en donde se encontraba meditando, creo.
– ¿Sabes? No es mala idea – Abrió un solo ojo en mi dirección – ¡Voy a construir una casa del árbol!
Bajó sus brazos y me dio toda su atención; haciendo esa cosa increíble con la ceja – ¿En una palmera?
– Por supuesto que no. Quiero decir, construiré una casa del árbol, pero no en este preciso momento. Aunque puedo ir haciendo esquemas y la lista con todos los materiales que necesitaré.
Pude ver en él un pequeñísimo atisbo de una sonrisa – ¿Y desde cuándo sabes de carpintería?
– Cuando dije haré, quizá quise decir que buscaré algo de apoyo profesional – Tomé el directorio y comencé a hojearlo – Debe haber algún Home Depot por aquí…
– ¿En serio? No eres un poco grande para casas del árbol – Se cruzó de brazos.
– ¡No es para mí, listillo! – Me detuve sin saber si debía continuar.
– Ya veo… – Se incorporó cambiando su expresión – ¿Y en dónde la construirás?
Vacilante me encogí de hombros – No lo sé, depende de donde decida vivir – Consintió – He pensado en Estambul o… Rusia – Murmuré.
– ¿Y la Corte? – Continuó con la primera conversación que hemos tenido en días. No obstante, su mirada no estaba en mí. Se dedicó a recoger el tapete – Pensé que lo habías hablado con Lissa.
Me envolví en mis brazos, sintiendo repentinamente un frío proveniente de su indiferencia – No tocamos ese tema – Contesté a un más bajo, como mis ánimos renovados.
– Bien – Se volvió a mí. Mirándome por solo un instante, luego desvió la mirada hacia la profundidad de océano – Estoy seguro de que cualquier lugar que escojas será bueno para el bebé.
Mordí el labio inferior para evitar inútilmente decirle lo que había en mi mente – ¿Por qué aun estando en tu tiempo libre sigues en modo guardián? Sabes perfectamente que no trataré de huir, no tienes que cuidarme veinticuatro siete. También tienes derecho a disfrutar de todo esto – Extendí los brazos – ¡Pero no! Sigues con la máscara bien puesta y tus paredes bloqueando a todo el mundo o mejor dicho, a mí. Que soy la única que está aquí, pensé que teníamos una tregua – Lo dije sin saber sí seguía en pie – Aunque puedo ver que hay momentos en los que quieres abrirte de nuevo. Si lo que necesitas es una conversación definitiva solo pídela, ya que vamos a vivir juntos por algún tiempo necesitamos arreglar lo mejor posible esta situación. Porque francamente tus actitudes justificadas me alteran ¿Nunca has considerado un desorden de personalidad? – Intenté terminar con la tensión sofocante.
Me miró directamente y sonrió – ¿Cómo es que todavía lo haces?
– ¿Qué cosa? – Me moví insegura de su escrutinio.
– Ya sabes, leerme como un libro abierto – Avanzó a mí.
Acto seguido, bajé la mirada – Si mal no recuerdo era al revés – Musité.
Él negó – Yo tampoco podía ocultarte nada, Rose.
– No – Volví la mirada a la suya – Excepto lo que más me importaba saber.
Algo vi en sus ojos, pero no duró el tiempo suficiente como para descifrarlo – Tomaré una ducha y luego nos haré la cena – Su mano rosó discretamente la mía – Deberías hacer lo mismo.
Volví a mi habitación, dispuesta a tomar un largo y relajante baño.
Tenía que aclarar mi mente confusa, bajar mi creciente frustración y controlar las puñeteras hormonas.
– ¡Aghr! ¿Por qué tiene que ser tan frío y caliente? No se da cuenta que me está volviendo loca – Me observé en el espejo, mi reflejo me miraba acusadoramente – ¡Uff, ya lo sé! Soy la única culpable – Acaricié mi vientre – Por tu propio bien espero que no heredes mi gran bocota.
Aunque sus cambios tampoco son los más adecuados.
¿Y por qué tenía que recordarme mi charla con Lissa?
Ajusté la temperatura del agua y entré decidida a disfrutar de las velas aromáticas y la presión de la regadera en mi espalda. Sin embargo, mis pensamientos no me permitían apreciar el momento.
Pues poco antes de salir de Estambul, mantuve una complicada video llamada con la mismísima Reina Moroi. Por medio de una línea "segura", cortesía de mi querido y mafioso papi.
~•~
– ¡Rosemarie Hathaway! ¿O debería incluir el Mazur? – ¡También te extrañé!, pensé con ironía – No puedo creer que te fueras sin que nos permitieras ver que estabas bien – El verde de sus ojos se oscurecía cuando se enojaba. André solía llamarlos, verde Hulk – ¿Tienes alguna idea de lo asustada que estuve? ¿O tu madre, Alberta o el mismo Dimitri?
Me sentí como una niña regañada frente a la pantalla del computador. Teniendo la precaución de no dejarle ver más allá de mi busto.
– Majestad comprenda, tuve mis razones – Elegí el escudo de la diplomacia.
Bufó – Ni siquiera se te ocurra ir por ahí, que también tengo mucho para reclamarte – Suspiró entrecortadamente – Rose, ¿qué haces? ¿Cómo estás? ¿Por qué sigues escondiéndote de nosotros? ¿Cuándo volveremos a vernos? ¿Qué significa todo eso de la cazadora? ¿Acaso piensas regresar? ¿Por qué diablos tuviste un cotillón? No quiero que te sigas exponiendo a tanto peligro – Terminó susurrando.
Su preocupación era palpable – Respira Liss, estoy bien – Rendida bajé los hombros – Lamento haberme ido en la forma y momento en que lo hice, pero francamente no me sentía capaz de enfrentar nada. Además, te dejé una carta.
– Lo sé. Es solo que… – Cerró los ojos para tratar de serenarse.
– Fue difícil, pero realmente requería de un tiempo para juntar las piezas – Su expresión me decía que no le gustaba mi decisión, pero que comprendía mis motivos y los respetaba – Y para responder a tu interrogatorio… – Tomé aliento – Todo comenzó como una promesa a Mason, alguien estaba engañando a los humanos para que sirvieran de ayuda a los strigoi con la promesa de la inmortalidad. Después descubrí que ese alguien me buscaba y las cosas solo se complicaron cuando nos dimos cuenta de sus verdaderas intenciones.
– ¿De qué intenciones hablas? – Musitó.
– Pretende formar un ejército con los mejores guerreros y para ello asalta familias, comunas y casas hogar con la intención de raptar a niños y jóvenes dhampir. Comprenderás que no podía no hacer nada.
Parecía incrédula, aunque no a mis palabras – Eso es muy grave y horrible… ¿por qué no ha llegado esta información a la Corte o al Consejo?
Fue mi turno de suspirar – Debido a que una parte de la mafia esta de su lado. Y nunca se ha dado una misión de búsqueda de esta magnitud, mucho menos para rescatar a dhampirs sin nadie que los reclame – Me miró horrorizada y la verdad no era para menos – ¡Todo es un lío! Lo que curiosamente contesta otra de tus preguntas: no sé cuándo nos volvamos a ver en persona. Tengo que parar al kuru´l, y para ello hay un equipo y una misión cuidadosamente estructurada que me respaldan.
– Comprendo…
Lo siguiente que comentamos fue un poco de lo mismo: detalles del plan, Takat y la información que tan dificultosamente hemos ido recabando.
Creí que la llamada había llegado a su fin cuando amablemente ofreció cualquier ayuda que se requiriera en un futuro, pero descubrí que estaba equivocada cuando optó por cambiar el rumbo de la conversación.
– No puedo creer que tengas una abuela y hasta un tío. Quiero decir… puedo creerlo, pero tú me entiendes. Pensé que siempre seríamos tú y yo contra el mundo. Debes amar tener una familia – Sonrió con tristeza.
– Lissa, tú formas parte importante de esa familia. Eres mi hermana y lo sabes – Asintió limpiándose una lágrima y contagiándome el sentimiento.
Su expresión se volvió reservada. Algo en mi interior me dijo que conocía el motivo.
– Ya no hay vínculo, ¿verdad?
Negué – No, lo siento.
– ¿Por qué te disculpas? – Me miró con simpatía.
Y yo a ella con pesar – Por dejarte sola lidiando con la oscuridad.
Coincidimos con una estridente exhalación – No Rose, yo soy la que lamenta haberte puesto en esa posición, aunque no haya sido a propósito. Fuiste tú quien sufrió la peor parte.
– No ha sido fácil para ninguna – Caímos en un cómodo silencio. Fue entonces cuando entendí que necesitaba al único familiar que ha estado conmigo desde que comencé a jurar. Pese a que no podía decirle toda la verdad – Liss… – Inicié – Tengo algo más que confesarte…
~•~
Salí de mi ensoñación cuando sentí la piel de gallina debido al agua helada. Cerré las llaves y apresuradamente me puse la bata de baño.
Después de mi confidencia, la charla con Lissa se extendió una hora más. En un abrir y cerrar de ojos pasó del asombro, a la suspicacia, para terminar en la absoluta felicidad. Más no ejerció presión sobre la paternidad del bebé. Supongo que se dio cuenta que de querer compartírselo se lo habría mencionado.
Me estaba cepillando el cabello cuando Dimitri llamó a mi puerta – La cena esta lista, Rose.
– ¡Un minuto! – Abrí el armario. Aun había un poco de luz y hacía calor, por lo que decidí que era un buen momento para usar uno de los vestidos que me regaló el viejo.
No era uno maternal, pero va amplio en la zona abdominal y es largo. De tirantes delgados; escote v; color marrón, con dos franjas gruesas en magenta y carmín al nivel de los tobillos.
Tomé el nazar que me dio Janine y para completar el atuendo, dejé mi cabello suelto y me puse unas cómodas sandalias cafés.
No es que estuviera esforzándome por lucir bien para Dimitri… o tal vez sí, no lo sé.
El caso es que quería verme bonita para no sentirme como la enorme casa rodante que soy.
Con un ligero toque de perfume y un último vistazo, salí de la habitación.
Justo cuando toqué las escaleras, recibí un glorioso golpe olfativo ¡Y es que olía divino! Lo que hizo rugir a mi estómago.
Llegué a la planta baja y vi que todas las luces estaban apagadas, luego sentí la brisa correr y pensé que Dimitri había resuelto cenar al aire libre. Cosa que para mis bochornos estaba más que bien.
No obstante, nada en la vida me habría preparado para lo que me encontré una vez que salí.
Antorchas encendidas que me guiaron al comedor de la alberca, la cual tenía pequeñas velas flotantes, y pétalos púrpuras y lilas esparcidos en el agua.
Sonreí a la música ochentera que sonaba a volumen bajo.
La mesa estaba puesta para dos personas; con un mantel bordado, velas granate, copas de cristal, servilletas de tela roja y la mejor de las vajillas.
Todo era precioso.
Sin embargo, mi atención absoluta se la ganó el hombre frente a mí.
Vestía un pantalón holgado color caqui y una camisa azul marino con las mangas dobladas hasta los codos. Su cabello fluía suelto, enmarcando la perfección de su rostro cincelado por los dioses.
Dimitri era lo más bello de aquel paisaje y me miraba solo a mí, con tal emoción que me aceleró el corazón e hizo mis piernas débiles.
Definitivamente logró sorprenderme y él lo sabía. La verdad es que no me esperaba nada de esto, teniendo en cuenta su anterior comportamiento.
– ¿Q…? – Lo volví a intentar – ¿Y esto? Quiero decir, me refiero a la cena de lujo ¿Celebramos alguna ocasión especial o… – Tragué ¡No lo digas! – … es una especie de cita?
Su sonrisa se amplió – ¿Sería terrible de mi parte si así lo fuera?
Negué automáticamente – Yo… emm – Se acercó para entregarme la única rosa que había en el lugar – Gracias – Susurré.
Me acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja y me miró directamente a los ojos para dejarme en claro la importancia de sus siguientes palabras.
– Roza… – Un escalofrío recorrió mi cuerpo – … la tregua se terminó – Fruncí el ceño – Sé que puedo disfrutar de este y cualquier otro lugar, pero quiero hacerlo contigo en mis brazos – Contuve la respiración – Y sí, quiero una conversación definitiva, aunque no solo para que podamos vivir en paz por un corto tiempo. La quiero para poder vivir juntos por el resto de nuestras vidas – Tomó mi mano libre y la colocó sobre su pecho – Voy a ir por ti con todo lo que tengo y voy a esperar lo que sea necesario para que me veas por lo que soy.
– ¿Y qué eres? – Sentí su corazón igual de acelerado que el mío.
– El hombre que ha estado perdidamente enamorado de ti desde prácticamente el día en que entraste a mi solitaria vida – Sonrió al recuerdo – En la Academia no tenía la libertad de decirte o demostrarte cuánto te amaba. Sin embargo hoy, puedo gritárselo al mundo entero. Por eso te pido que no me empujes lejos, no me apartes de ti y dame una oportunidad. Es todo lo que pido.
Hasta que limpió mis lágrimas con su pulgar, me di cuenta de que lloraba – ¿Por qué? – Pregunté.
– ¿Por qué, qué?
Sorbí mi nariz – Por qué haces esto tan condenadamente difícil – Me retiré un poco, todavía con la mano en su poder – ¡Mírame Dimitri! Estoy bastante embarazada ¿Qué acaso no te molesta? ¡Deberías odiarme, despreciarme en este momento! No estar proclamándome tu amor.
– Y lo seguiré haciendo. Porque te amo con cada pulgada de mi ser, con cada fibra de mi cuerpo – Afianzó su agarre en mi mano – ¿Qué no lo sientes? Te amo y jamás podría odiar a la mujer que dio todo por mí. Te amo por lo que soy cuando estoy contigo. Amo todo de ti y por lo tanto, amo a tu hijo – Miró mi vientre con cariño – Y si me lo permites, me gustaría criarlo como mío.
Dimitri
– No respondas ahora – Solté su mano y coloqué la mía en su espalda baja – Por qué no nos relajamos, disfrutamos de lo que Leonor me ayudó a hacer para ti y dejamos que la conversación tomé su propio curso.
Limpié sus lágrimas y le sonreí esperando calmar su llanto, que sabía no era de tristeza.
Asintió y la guie detrás de mí – ¿Hiciste todo esto? – Preguntó con asombro al ver la segunda mesa puesta con el bufete y los postres. Cosa que creo fue lo que más feliz la hizo.
– Sí… bueno, tuve un poco de ayuda – Fingí petulancia.
– ¿Solo un poco, eh? – Miró a su alrededor, tomando cada detalle. Lo cual me hizo condenadamente feliz, pues logré mi cometido. La sorprendí gratamente y logré abrirle mi corazón.
Tomé ambos platos, entregándole el suyo – Creí que sería bueno experimentar un poco. Así que nuestro bufete es ochenta por ciento español – Parecía conforme con la decisión – No hay nada picante, ni con mariscos y todos incluyen elementos saludables. A excepción de los postres – Bromeé.
Soltó la más hermosa de las risas – Estoy segura de que todo estará delicioso.
Nos servimos de todo un poco. Desde la tortilla de patatas, el gazpacho, la paella de pollo, las migas, la escalibada; había variedad para elegir.
No obstante, mi antojo lo tenían la tarta y las hojuelas. Seguía sin saber de dónde me venía el repentino gusto por las cosas dulces.
La ayudé a llevar su placa a la mesa, me adelanté para colocarlas y poderle abrir la silla caballerosamente, para después colocarle la servilleta en su regazo. Destapé la botella, mientras Rose me miraba como si no pudiera creer nada de lo que veía. Cosa que me hastió un poco, pues merecía ser tratada como una reina.
Serví su copa – Es néctar de uva – Llené la mía y en lugar de sentarme frente a ella, lo hice a su costado derecho. Necesitaba estar cerca – Por los nuevos comienzos.
Elevó la copa – Por la perseverancia y creatividad de las personas – Sonreí al chocar el cristal.
– ¡Salud! – Dijimos.
Pasamos un momento único: comiendo, bromeando, charlando. En fin, disfrutando de la compañía del otro.
Era casi como en los viejos tiempos y digo casi, porque esto era aún mejor.
Roza se veía espectacular y su embarazo solo la hacía lucir más hermosa. Me perdí observándola en más de una ocasión; en sus ojos, su cabello, sus labios. Siempre ha sido muy impresionante.
– Mmm… no sé qué postre elegir. Todos se ven tan suculentos.
– Pues entonces… – Cogí una charola y puse un poco de cada uno – ¡Probémoslos todos! – Mi boca literalmente se hacía agua.
Esbozó una sonrisa con malicia – Pensé que no te gustaban los dulces, camarada.
Y ahí estaba, su apodo para mí. Logré lo que más deseaba, hacerla sentir lo suficientemente cómoda conmigo como para tratarnos como siempre lo habíamos hecho.
Noté su sonrojo. Sin embargo, no quise arriesgar mi suerte – Tampoco yo.
Le tendí la mano y la llevé al columpio que previamente arreglé con una manta y almohadones.
Me senté y le abrí mi brazo para que se recargara contra mí. Degustamos por algún momento, solos con el sonido de las olas.
– Dimitri, me estas poniendo nerviosa – Expresó con timidez.
Desperté de mi aturdimiento al caer en cuenta de que la observaba con detenimiento – Perdón, es que estas impresionante esta noche – Aparté la charola y me moví para enfrentarla – Rose, podemos simplemente dejar de luchar contra lo que sentimos y dejarnos llevar. Probar a dónde nos lleva todo eso, por favor.
Se mordía el labio inferior – Yo… solo necesito tiempo – Acarició mi mejilla con dulzura – Te amo Dimitri, realmente lo hago. Pero primero he de llegar a un acuerdo conmigo misma. Y aunque tal vez no lo entiendas ahora, hago lo que hago por nuestro propio bien y el del bebé.
Mi pecho se hinchó, sonreí y deposité un beso en su frente – Eso está bien para mí – La atraje hacia mí, recordando la parte final de este plan – ¿Quieres bailar?
– Creí que tenías dos pies izquierdos – Se burló.
Reí – Muy graciosa, te recuerdo que la abuela me dio clases particulares. Y es buena instructora, ya no soy un desastre en la pista. Mínimo prometo no pisarte.
Se levantó con un poco de esfuerzo – Más te vale – Me incorporé y la envolví en mis brazos, sorprendiéndome agradablemente al notar que seguía encajando perfectamente en mi cuerpo. Nos balanceábamos lentamente, creo que ni siquiera íbamos al ritmo de la música, no la necesitábamos. Todo lo que me quedaba era esperar y ver qué nos deparaba el destino en los próximos meses. De pronto, se detuvo para mirarme y parándose de puntillas, me devolvió el beso. Solo que en los labios – Gracias camarada, este es por mucho, el detalle más maravilloso que nadie ha tenido conmigo nunca.
– De nada, Roza.
1 Spasibo: "gracias" en ruso.
Mil disculpas, pero estos últimos días he tenido una cantidad ridícula de trabajo.
En ocasiones me gustaría tener cinco de mí, para todas las actividades que tengo que realizar.
Espero que hayas disfrutado de la lectura, déjame todas tus impresiones.
¡Bienvenidas nuevas lectoras! Y de nuevo, gracias a todas por ser pacientes y comprensivas.
Lamentablemente y lo más probable, es que vuelva a retrasarme un poco en actualizar. Pero sabes que haré mi mayor esfuerzo por escribir.
Un beso enorme, Isy.
