Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.

A excepción de algunos nuevos personajes.


Capítulo 25

Segunda Parte (Rose)

Ya no recordaba los días en los que todo iba bien y me sentía plenamente feliz.

Y estos últimos han sido… mágicos, es la palabra.

Pero también intensamente complicados. Pues en más de una ocasión me he contenido de decirle toda la verdad a Dimitri, para después saltar a sus huesos.

Eso, en el remoto caso de que me crea y decida perdonarme por haberle ocultado algo tan importante para los dos.

Y es que las cosas no podrían estar mejor entre nosotros: desayunos en la cama, silencios al ocaso, largas caminatas por la playa y un poco de entrenamiento. Al menos los ejercicios que tengo permitidos dada mi enorme barriga en evolución.

No obstante, el tema de la paternidad del bebé sigue siendo el gran elefante azul en la habitación. Pues pese a que Dimitri ni lo menciona, sé que el pensamiento aún ronda su cabeza.

Independientemente de ello, vamos con la tapadera del joven matrimonio a la espera de su primer hijo.

Que no es tan alejado de la realidad.

El viejo nos consiguió identidades falsas y se encargó de darnos un "papel" a interpretar. Sin mencionar el espantoso apellido que no soy capaz de pronunciar.

Dimitri es el empresario exitoso y yo, la heredera de algún magnate rico.

¡Ja, muy original!

En fin, la farsa nos valió conocer a los Martínez. Un matrimonio de más de cincuenta años: con diez hijos, veintiocho nietos, seis bisnietos y sus respectivas mascotas. Son dulces, pero muy expresivos para mi gusto. Llegaron un buen día a darnos la bienvenida, trayendo conservas caseras como presentes. Ellos fueron los que nos presentaron a nuestros otros vecinos, los Ferrer.

Tres hermanos que al parecer viven del prestigio de sus padres, quienes siempre están ausentes. No tenemos mucho contacto con ellos, solo los típicos saludos cuando coincidimos por la playa. Además, algo me dice que el ruso no está del todo conforme con sus presencias. Más específicamente la de Iker, el hermano mayor.

Comienzo a creer que no soy la única hormonal.

Lo que me lleva a este momento. En donde me he visto en la necesidad de tomar medidas drásticas para mantener mi mente ocupada y libre de pensamientos peligrosos.

Detallo; uno: Dimitri en traje de baño y con un frasco de bloqueador solar; dos: Dimitri durmiendo sin camisa al otro lado de mi alcoba; tres: Dimitri después de nadar… Dimitri, Dimitri, Dimitri.

¡Uff! El punto es obvio ¿no?

En conclusión: si fuera lo suficientemente buena escribiendo, me gustaría llevar un diario con las mejores memorias, ya que estamos viviendo un poco de la fantasía que llegamos a soñar en aquella olvidada cabaña de Montana.

Sin embargo sigue siendo eso, una fantasía.


Veintidós semanas de embarazo…

– ¡Júrame que no me estas mintiendo, viejo! – Lo amenacé con la espátula directamente en la pantalla.

– Te lo prometo, kizim. Encontraron el purgatorio, lo redujeron a cenizas y bailaron sobre ellas. Pero ahí no había kuru´l alguno, ni siquiera el infeliz de Tafari – Suspiró – Sin embargo, no voy a negar que esta vez hay pistas importantes – Levantó la mano para impedir que lo interrumpiera – Aunque Pavel no desea adelantarse a los hechos.

Asentí bajando el arma mortal; confiaba en el buen juicio de mi amca – ¿Cómo están?

– Con algunos rasguños, nada grave – Pude ver que me decía la verdad – Pero no te llamé para darte un informe detallado, quiero saber de ti y mi torun: ¿cómo estás? ¿Te alimentas adecuadamente? ¿Hay alguna molestia? – Negué con la cabeza, pues al parecer él sí requería de un reporte completo – ¿Y qué haces en la cocina?

Volví mi atención al corte de vegetales – Estamos bien, sí, no y cocino – Me encogí de hombros.

Soltó una sínica carcajada – ¿Tú, cocinando? Niña, pensé que a estas alturas ya sabrías cuáles son tus límites.

¡Hey! – Me quejé – Busca en internet, hoy en día cualquier subnormal cuelga recetas en YouTube ¡Si ellos pueden cocinar, también yo! – Resoplé acomodándome un mechón de cabello.

– ¡Pobre de ti, muchacho! – Dimitri se encontraba detrás mío, tomando de la nevera una botella de agua – De hecho, te ves un poco verde. Recuerdo que la primera y última vez que probé algo preparado por Rose, sufrí serios problemas digestivos.

Se colocó a mi lado – Lo más importante es que aún sigo con vida – Lo golpeé ligeramente en el brazo, pues al parecer decidió que era una buena idea unirse a las bromas de Abe; y su sonrisa lo delataba.

– ¡Ja! Eso fue porque saboteé la receta, lo merecían.

– Esta bien kiz, no te enojes. Solo jugábamos contigo – Miró hacia la puerta – Tu abuela les manda saludos. Ahora tengo que irme, me están esperando ¡Cuídense! – Estaba por despedirme cuando agregó – ¡Ah! y llama a tu madre.

– Lo haré – Sonreí – Y baba… seni seviyorum1 – Era la primera vez que se lo decía. Tal vez no fue lo mejor hacerlo por video-llamada, pero lo sentí como un buen momento.

Su alegría fue cien por ciento genuina – También yo, hasta pronto.

Alejé la pantalla y volví al trabajo. Sintiendo todo el tiempo su intensidad sobre mí – ¿Qué? – Exclamé nerviosa.

Se cruzó de brazos mientras se recargaba en el mostrador – ¿Por qué pones tanto empeño en aprender a cocinar? Sabes que no te dejaría morir de hambre.

– Lo sé – Salpimenté las milanesas – Es solo que quiero ser capaz de cocinar algo más que solo bocadillos de jamón y queso – Hablé pensando en lo que me hubiera gustado que Janine hiciera por mí y quizás lo hizo, más no lo recuerdo. No quiero lo mismo para nuestro hijo, él o ella definitivamente probará la especialidad de su madre ¡Cuando tenga una, claro está! Dimitri caminó hasta el mostrador y de ahí sacó dos bolsas de papel – ¿Los conseguiste?

– Sí, lo hice – Mi estómago chilló de emoción – Pero no preguntes cómo, porque no fue fácil.

Rodeé los ojos – Sí claro, señor secretos de guardián – Sonreímos al recuerdo – Bien, dejaré esto a fuego lento y podremos comenzar – Coloqué las cacerolas sobre la estufa.

– ¿Ahora mismo? – Parecía divertido con mi impaciencia.

– Desde luego – Lo enfrenté con las manos en las caderas – Y además, tendrás que utilizar uno de estos – Señalé el delantal de la abuela.

Negó mientras limpiaba exhaustivamente el mostrador y ordenaba los ingredientes – ¡Jamás lo verán tus ojos!

Quince minutos después…

– ¡Luces taaan lindo! – Reí, pues el mandil parecía de juguete en comparación con su altura – El melocotón y los holanes van contigo, camarada.

Aparentó seriedad – No te burles, es bastante incómodo y ya tuve suficiente de esto con mis hermanas – No pude evitar carcajearme al recordar la anécdota – ¿Ya puedo quitarme esto y comenzar con la elaboración del pan?

Me limpié una lágrima para verlo muy sonriente – Ok. Lo siento, no fue mi intención revivir tu oscuro pasado con las muñecas – Levantó una ceja en advertencia y yo las manos en señal de rendición. Colocándome junto a él y frente al mostrador.

Dimitri se quitó aquella ridiculez que le obligué a ponerse e inició hablándome de los ingredientes del pan negro. Acomodándolos por orden de integración – Tú trabajarás en tu pan y yo en el mío.

Hice una mueca – ¡Eso no es justo! ¿Y si sabe horrible?

Se arremangó las mangas de la camisa – Será tu merecido por burlarte del chef.

Escuché atentamente todas sus indicaciones, imité cada uno de sus movimientos y fui extremadamente cuidadosa en la medición de los menjurjes. Por nada del mundo iba a arruinar esta obra de arte comestible.

No obstante, experimenté serias complicaciones cuando llegamos al amasado. Y según Dimitri, depende de la calidad del mismo para que el pan crezca y quede tan esponjoso como el que prepara Olena. Pero tanto mi abdomen como mi evidente inexperiencia en el ramo me impedían hacer algún progreso.

– Mi masa está chiclosa – Resoplé – ¿Por qué no se parece a la tuya? He hecho todo exactamente igual que tú – Frustrada me apartaba el cabello del rostro.

En cambio, él palmeó mi masa con total tranquilidad – Casi esta, solo le falta un poco más. Déjame ayudarte.

Creí que se colocaría en mi lugar y amasaría la pasta o que la llevaría a su zona de trabajo.

Pero nada de esto sucedió.

Se acomodó detrás de mí, tomó un puño de harina y la espolvoreó sobre la masa. Luego sujetó delicadamente mis manos y las llevó a la preparación – Con tus dedos contraes y con tus palmas expandes – Me habló al oído. Descontrolándome la respiración, el ritmo cardiaco, la temperatura y mis locas hormonas – ¿Sientes la diferencia? – Asentí, ya que la crepitante electricidad de su cuerpo no me permitía hablar o apartar la vista de sus grandes manos sobre las mías – Esta listo – Susurró.

Me volví hacia él, con las piernas temblorosas y la respiración irregular – Gracias – Musité.

Sonrió dulcemente – Tienes harina en… – Señaló mi rostro entero. Lo cual me hizo sonrojar furiosamente, pues él no tenía ni un pelo fuera de su lugar ¿Por qué estas cosas solo me pasan a mí? Antes de que pudiera limpiarme, tomó una toalla y frotó mi nariz, frente y mejillas. Sus ojos anclados a los míos – Roza…

– ¿Sí…? – Involuntariamente lamí mis labios.

– ¿Puedo besarte?

Todos mis sentidos se enfocaron en él: en su tacto, su respiración, su olor, su fuerte mandíbula. En fin, en sus hermosos detalles. Mi mundo se redujo a un solo hombre – Sí.

Cuando sus labios tocaron los míos, fue como alcanzar la gloria.

Lo rodeé con mis brazos al tiempo que Dimitri me atraía por la cintura. Fue un beso muy dulce, lleno de amor y ternura. Nos apartamos para recuperar el aliento, pero nuestros cuerpos seguían unidos. Picoteó mis labios una vez más y luego besó mi frente – Pongamos el pan al horno y dentro de unas dos horas sabremos qué tan buena eres haciendo pan tradicional ruso.

Él se encargó de eso mientras que yo servía la comida, la cual transcurrió en completa calma. Creí que estaría más ansiosa, pero la verdad no fue así. Disfrutamos el momento y del delicioso aroma que se propagó por toda la casa.

Cuando volví de una ducha muy necesaria, Dimitri me esperaba con ambas piezas desmoldadas sobre la mesa – Adelante, has la prueba.

Me ofreció un cuchillo y señaló una de las hogazas – ¿Cómo sé que no las has cambiado?

– Sería incapaz – Corté un trozo, lo olí, soplé y degusté ¡Mmm! – Además, lo sabrás si alguien termina devolviendo sus tripas.

– ¡Estoy tan jodidamente feliz que voy a ignorar ese comentario! – Tomé otro bocado – No es tan bueno como el de tu madre, pero creo que no está mal. Es más, te dejaré comer un poco – Corté otra pieza y se la di.

Copió mis actividades previas – Tienes razón Rose, es bueno – Probamos con la mantequilla, jalea y miel. Y honestamente no sé cuál era mejor – Me gusta esto – Dijo. Lo observé esperando a que fuera más específico – Que tú y yo compartamos actividades tan sencillas y comunes como esta.

Asentí – A mí también me gusta.

Suspiró – Últimamente hacías todo con Zedrik – Hice una mueca – Lo lamento, no debí mencionar eso.

– No, está bien – Dejé el pan de lado; decidida a quitarle la absurda idea de una vez por todas – Si lo mencionaste es porque es importante para ti. Pero Dimitri, ya te dije que no tienes por qué sentirte amenazado o celoso de él.

– ¿Y qué esperabas? – Se encogió de hombros – No me gustaba la naturalidad con la que te hablaba, sonreía o bromeaba contigo ¿Sabes lo mucho que quería estar en su lugar? Porque solías hacer todo eso conmigo, al menos hasta donde nos lo permitíamos – Se pasó una mano por el cabello – Lo siento, pero la realidad es que no puedo verte con otro hombre sin sentir la necesidad absoluta de querer arrancarle la cabeza.

– Tú eres incapaz de hacer algo así – Tomé su mano – Además, aquí solo estamos tú y yo…

Su mirada se fue a mi vientre – Y el bebé.


Dimitri


Iba a paso lento, pero con pies de plomo.

La cena resultó excelente y a partir de ahí las cosas han mejorado significativamente.

Conseguí que Rose se sintiera a gusto con mi presencia como para que me incluyera en sus actividades de diario, mantuviéramos conversaciones como las que solíamos tener y el trato fuera el mismo, sin presiones.

Estoy seguro de que con el tiempo logrará abrirse plenamente a mí, que llegara el día en que me compartirá los hechos de la paternidad del que espero, pueda llamar nuestro hijo. Y pese a que no estoy completamente seguro de querer saberlo, no deseo que haya más obstáculos entre los dos.

Tenemos que ser honestos y confiar en el otro.

Desperté bruscamente al escuchar que algo se estrellaba contra el piso. Me levanté, tomé mi estaca y salí rápidamente al pasillo, que fue de dónde provino el estruendo.

Pero ahí no había ningún asaltante o strigoi – ¡Mierda!

Se encontraba en penumbra, apoyada en la pared, sosteniéndose de la mesilla y con el florero hecho añicos a sus pies – ¿Rose?

– Lo siento, no fue mi intención despertarte – Quiso incorporarse, pero se tambaleó en el intento.

Arrojé el arma y preocupado corrí hasta ella – ¿Qué sucede? – Tomándola por la cintura para adjudicarme su peso y evaluándola por lesiones de pies a cabeza.

– Es… estoy mareada – Dijo entre respiraciones.

– ¿Pero qué estás haciendo aquí? – Descansó su cabeza en mi brazo – ¿A dónde ibas? – Creí que en cualquier momento podría desvanecerse, por lo que te tenía que mantener su atención.

– A la cocina, por un poco de agua – Su voz era pastosa.

Alcancé el interruptor de la luz y lo encendí, se veía pálida y sudorosa – ¿Con el celular en la mano?

Toqué su frente para comprobar su temperatura. Sin embargo, estaba fresca – Era para alumbrarme, no quería encender las luces y despertarte.

– Roza, no me molesta que me despiertes si te sientes mal o no puedes dormir. La razón no importa, estoy aquí para cuidar de ustedes – Suavemente la tomé entre mis brazos – ¿O es que ibas a llamar a Olendzki?, ¿te sientes mal?, ¿te duele algo?

Negó con la cabeza en mi pecho – Solo llévame a mi cuarto, por favor – Y así lo hice. La recosté en su cama dejándola lo más cómoda posible, fui por el agua para hidratarla y tratar de hacerla sentir mejor. Mi hermana mayor sufrió vértigo casi todo su primer embarazo, por lo que recuerdo algunos de los remedios que mi madre utilizó con ella – ¿Por qué no deja de girar la habitación? – Se quejó.

Me vi obligado a apagar las luces porque el brillo le molestaba – Bébete la infusión, te hará bien – Le ayudé a sostener la taza – Sabe un poco extraño, pero sé de buena fuente que es efectiva. Mamá se la preparaba a Karolina cuando estaba esperando a Paul – Limpié su rostro con un paño húmedo – ¿Te sientes mejor?

– Solo un poco, sigo sintiendo que mi cuerpo está en una batidora.

Ella parecía fatigada – Hay otra cosa que mi madre hacía, no sé si quieras probar – Me miró cautelosa – A ellas les funcionaba así que… – Rasqué mi nuca.

– De acuerdo, confío en la sabiduría de Olena – Antes de que cambiara de parecer, me recosté junto a ella. Su espalda contra mi pecho, mis brazos rodeándola, con las manos tentativamente en su vientre. Acto que nos estremeció.

– Concéntrate en mi respiración – Sus manos se aferraron a mis brazos antes de que su cuerpo se relajara contra el mío – Te tengo.

– Gracias camarada.

Desconozco en qué momento nos quedamos dormidos. Sin embargo, algo volvió a despertarme exactamente a las seis de la mañana.

Despabilé buscando la causa y al no encontrar nada evidente, mi atención se fue a la mujer entre mis brazos.

Descansaba a mi lado, con esa linda mueca que hace al dormir, su camisón se había recorrido hasta dejar su vientre desnudo, sus rizos se esparcían salvajemente sobre la almohada y su respiración era pacífica.

Para mí, nunca había lucido más hermosa.

Velar su sueño era todo lo que podía hacer. Hasta que aquello que me despertó, volvió a suceder.

Proveniente de debajo de mis manos, las cuales, descansaban protectoramente sobre el estómago de mi Roza.

Observé con asombro el sutil movimiento, algo se removió en mi pecho cuando el pequeño golpe resonó en mi palma – Privet2 – Murmuré en mi idioma. Obteniendo como respuesta otra patada, misma que provocó que Rose comenzara a agitarse. Esperé unos segundos para continuar con lo que sea que estuviera haciendo – Soy… verás, estoy enamorado de tu mamá y ha sido así desde hace algún tiempo – Sonreí – ¿Y cómo no estarlo? Si es la mujer más fuerte, inteligente, aguerrida y hermosa que he tenido el privilegio de conocer – Acariciaba suavemente su piel tersa – Mucho ha pasado desde que nos conocimos: cosas buenas, malas y peores. Situaciones de las que no teníamos control alguno y que nos llevaron a tomar decisiones erróneas, siendo yo el último en cometerlas. Pero tengo la intensión de corregir todo aquello y para ello, me gustaría mucho estar con ustedes y ser tu papá. Prometo cuidarlos y amarlos por…

– Me encantaría que el bebé hablara idiomas – Rose habló adormilada, apartándome el cabello que me caía sobre la cara para acomodarlo detrás de mi oreja y descalzar su mano en mi mejilla – Pero no creo que por ahora entienda el ruso.

Quité mis manos inmediatamente, lo que menos quería era darle motivos para que se molestara conmigo. Con las hormonas nunca se tiene certezas – Bueno, pues me gustaría ser el que lo enseñe, ya que tú decidiste recurrir a Sasha – Bromeé.

Rodó los ojos – Si te hace sentir mejor, se negó a enseñarme las palabrotas. Así que todavía puedes enseñarme a jurar, camarada – Alcé una ceja – ¿Qué? Hay estudios científicos que afirman que la gente que maldice es más feliz.

~•~

El vértigo de Rose duró algunos días, mismos que pasé a su lado. Los médicos realizaron un chequeo y dijeron que todo era perfectamente normal. Que si el remedio de mi madre había sido efectivo lo siguiera utilizando, aunque solo se referían a la infusión ella siguió durmiendo en mis brazos.

No habíamos llegado a compartir una cama de esta manera, me refiero a solo para descansar. Pero en estos pocos días ya se me hacía imposible pensar en dormir de nuevo en mi alcoba.

Rose logró reposar tranquilamente y he de decir que también yo – ¿De verdad te sientes mejor?

Me sonrió desde su puerta – Sí, ya es justo que tengas una buena noche de sueño. Con tu tamaño y el mío, la cama es insuficiente.

– Por mí no hay ningún problema – La abracé – Prométeme que me llamarás si comienzas a sentirte mal.

– Lo haré, descansa Dimitri.

Desgraciadamente, no pude hacerlo.


Tú realmente no quieres dañarla… ¿o sí?

Me reí, tanto del miedo que despedía su cuerpo como de su ridícula pregunta. Pues para mí la razón era más que obvia.

¿Por qué no querría hacerlo? – Cruzándome de brazos me apoyé casualmente contra la pared de ladrillo – Fue mi aprendiz, yo la formé – Hablé con jactancia – Sé de lo que es capaz y todo lo mortal que puede llegar a ser – Rasqué mi barbilla – Y realmente no tengo muchas ganas de ser cazado durante los próximos cuarenta años.

Su temor y desesperación incrementaban por segundo – Dimitri yo estuve ahí, la noche en que te fuiste y ella no podía dejar de llorar. Sabía lo que sentían el uno por el otro, sé que era más que tu aprendiz ¡La amabas! No se mata a la gente que amas.

Tienes toda la razón princesa, no se mata al ser amado. Sin embargo, le di a Roza la oportunidad de unirse a mí y ella la rechazó. Todo… gracias a ti – El odio y rencor tintaban mis palabras – Roza y yo no podíamos haber estado juntos como dhampirs, pero sí como strigois. Pudimos haber gobernado juntos, pero ella se negó… y por eso va a morir.

~•~

– ¡No, no, no! ¡Roza…! ¡Ella no, por favor!

Sentía el frío sudor de mi frente, mientras me revolvía bruscamente entre las mantas.

Y aún en mi estado de somnolencia percibí movimiento en la cama – ¡Shhh…! ¡Tranquilo, estoy aquí! – Suaves manos me sacudían por los hombros – ¡Abre los ojos para que puedas verme! – Negué fervientemente antes de que me retirara el cabello aferrado por la traspiración y depositara un beso en cada uno de mis parpados – Vamos Dimitri, estas aquí conmigo. Fue solo una pesadilla… abre los ojos, amor – Accedí a su súplica, esperando no derramar ninguna lágrima. Las luces seguían apagadas, pero reconocería el cuerpo de Rose pese a cualquier condición adversa. Con cuidado de no lastimarla en mi desesperación, la atraje a mí. Acomodando su cuerpo de tal forma que mi cara quedara al nivel de su cuello, que fue donde me escondí – ¡Shhh…! – Besó mi frente – ¿Quieres hablar de ello? – Peguntó mientras acariciaba dulcemente mi cabello.

– No ahora. Solo… no me sueltes, por favor.

Odiaba sentirme así y había pasado algún tiempo desde la última vez. Desconocía cuál había sido el detonante y a pesar de que no iba a dejar que fuera en contra de mis planes con Rose, hoy me sentía extremadamente vulnerable como para lucha

– Nunca – Me rodeó con sus brazos – Vuelve a dormir, que yo me quedo contigo.

Asentí y coloqué mi mano sobre su vientre, pues descubrí que el contacto me brindaba cierta paz y confort – Buenas noches Roza, te amo.

– También nosotros.

A la mañana siguiente desperté primero que Rose y exactamente en la misma posición. Creí que me sentiría estresado y hasta deprimido, como en las otras ocasiones. Pero no fue así.

El verme ahí, en sus brazos, me hizo darme cuenta de lo idiota que había sido por rechazar todo esto de ella. Mi recuperación emocional habría sido a pasos agigantados de haber aceptado su amor desde el día uno.

Subí apoyándome en el codo para poder admirarla mejor. Sigo preguntándome cuando llegara el día en el que no me encuentre sorprendido por su belleza natural.

No pude contenerme y besé sus labios, acto que la hizo abrir sus preciosos ojos – ¡Hey! – Dijo – ¡Buenos días!

– Sí que lo son – La volví a besar.

Gesto que me devolvió de buena gana para después tomarme del rostro y retroceder un poco – ¿Te encuentras bien?

– ¡Magníficamente! – Sonreí aspirando su esencia, enredando mis dedos en su cabello y colocando besos en donde me fuera posible. En su cara, cuello, hombros; mi cuerpo tiene mente propia cuando se trata de Rose Hathaway.

Con mucho cuidado me coloqué sobre ella, mordía su labio inferior mientras me miraba con la misma intensidad, anhelo y pasión que podía ver en mí.

Así que sin pensarlo mucho me incliné para devorar sus deliciosos labios, obteniendo gemidos incitantes. Enredó sus brazos en mi cuello, acercándome más al calor que nos envolvía. Mis manos comenzaron a vagar por su perfecta anatomía, levanté su camisón y lentamente fui arrastrando mis dedos por su vientre hasta llegar a sus pechos. Haciéndola retorcerse ante el más ligero de mis toques.

– Di… Dimitri – Se quejó.

Con la poquísima cordura que me quedaba me separé de ella, apoyando mi frente contra la suya. Con mis manos aún en su glorioso cuerpo – Roza, pídeme que pare ahora o no voy a ser capaz de hacerlo.

– Yo… – Tragó – … el bebé.

Suspiré – Lo sé – Entonces, hice algo que nos sorprendió a los dos. Me incliné y deposité un beso en su barriga, subí la mirada para encontrarla con los ojos cristalinos – Despiertas tantas cosas escondidas en mí, que me asusta el no saber hasta dónde puedo llegar – Sonreí – Pero, prometo controlarme si tú me prometes algo a cambio…

– ¿Y qué es?

– Permíteme compartir esto contigo – Acaricié su abdomen – Habla abiertamente del bebé, de lo que esperas, de tus miedos y dudas. Roza… estoy aquí.


Rose


Veinticinco semanas de embarazo…

– Todo marcha a la perfección… y por lo tanto, ¿esta vez sí quieres conocer el sexo? – John indagó con casualidad mientras escribía en su registro. Luego, cuando descubrió que no compraba su acto, bajó sus gafas – Disculpa que ejerza tanta presión, pero tu padre lo pregunta cada vez que tiene la oportunidad – Reí conociendo lo impaciente que puede llegar a ser el viejo.

Tomé la mano de Dimitri y mirándolo a los ojos respondí – Sí, queremos saberlo – Aunque me moría de los nervios.

El doctor suspiró aliviado – Bien, pues felicidades. Pronto tendrán con ustedes un muchacho sano y fuerte.

– Un muchacho… – Susurré – ¡Es un niño!

Dimitri besó mi frente – Felicidades, tenías razón – Limpió de mi cara una lágrima traidora.

Podía ver que se sentía feliz, pero su felicidad no sería la misma de saber toda la verdad – Lo ves camarada, no vuelvas a cuestionar la intuición de una madre.

– Ahora pueden ir comprando todo en azules para cuando llegue el momento de darle la bienvenida – Intervino Olendzki. Podría decir que se sentía incómoda, pues en teoría me ayudaban a engañar al padre del que ahora sé es un niño.

Mi pecho se llenó de orgullo y anhelo, deseaba con todas mis fuerzas que fuera la viva imagen de Dimitri. Pues el imaginarme una versión pequeña de él me llenaba de una inmensa felicidad que no creía que existiera. Era una imagen tan nítida que casi podía tocarla – ¿Estás bien?

– ¡Más que bien! – Respondí entrando a nuestro hogar temporal.

– Me da gusto verte tan feliz – Se cruzó de brazos.

– ¿Qué sucede? ¿Tú no eres feliz?

Suspiró – Claro que lo soy, pero no sé – Se encogió de hombros – Yo como que me había hecho a la idea de una pequeña de largos cabellos marrones corriendo por todos lados – Me envolvió con sus fuertes brazos desde atrás – Trepando árboles y suplicándome por dejarla tener una tarántula o algo así.

Reí – ¿Y por qué iba a querer una tarántula?

Besó mi mejilla – ¡Qué sé yo! Es de tu hija de quien hablamos.

– Te recuerdo que es un muchacho y será un niño extraordinario. El primero de su clase al que le fascinen las historias de vaqueros, el pan negro y deteste la música ochentera – Me giró hacía él – Y no habrá más mascota que Shadow.

Alzó una ceja – ¿Ah sí?

– ¡Claro! Nada de tarántulas, boas, animales exóticos o que se arrastren. No importa cuánto suplique, promételo Dimitri Belikov.

Besó mis labios – Lo prometo.

– ¡Ahora hay que convencer a Abe! – Reímos rumbo al teléfono.


Dimitri


Me sentía feliz, de verdad que sí.

Bueno, tal vez no más que Mazur cuando se le contó la buena nueva. Pero pensándolo bien, no creo que nadie le gané a la reacción que tuvo el hombre. Prácticamente estaba fuera de sí. Ya podía verlo enorgullecido por las travesuras que cometa el chico.

El chico… ahí es donde entraba en conflicto.

Me emociona que Roza me deje compartir todo esto con ella, pues significa que ve una vida conmigo. No obstante, me había hecho a la idea de una chica porque… no lo sé. Sería más fácil para mí ver una versión más joven de ella.

Sin embargo ahora, ¿qué tal si el chico se parece a su padre? ¿Y si es un crudo recordatorio rubio de ojos verdes o castaño de ojos grises?

¡Sea el bastardo que fuera! La genética moroi perturbaba la integridad de mi salud mental.

Hacía mal clima, afuera lloviznaba por lo que decidimos pasar una tranquila tarde de películas.

Preparamos palomitas, jugo de frutas y vegetales en palitos con una pizca de piquín para darle gusto a los antojos de la mujer de mi vida. Quien se tomó muy en serio lo de la alimentación saludable, aunque de vez en cuando se da sus gustos con los donuts de chocolate.

– Esto es tan triste… e injusto – Volví a la realidad cuando la escuché sollozando.

– ¿Qué pasa, Roza? – Levanté su barbilla para mirarla tendida en llanto.

– Es que… míralos. Sus vidas cambiaron radicalmente y nadie lo supo, pasaron por tanto que ya no serán los mismos. Es más, Frodo no es capaz de seguir adelante. Tanto que decidió dejar a sus amigos de toda la vida e irse a carajos sabe dónde.

Francamente, no sabía si reír o llorar con ella. Digo, por una parte entendía la similitud con su propia "aventura", pero por otra, seguía siendo ficción.

– ¡Oh, Roza! – La abracé tratando de consolarla – No llores. Las amistades son para toda la vida, independientemente del tiempo y la distancia.

¿Qué más se supone que debía decir?

– Lo sé, siempre quise ver toda la saga y ahora… – Sorbió – … ¡qué tonta! Ni siquiera sé por qué estoy llorando – Hizo un puchero.

La acomodé en mi regazo – Eso es porque eres una persona noble y desinteresada, tanto que puedes llegar a ponerte en los zapatos del otro. Y, por eso te amo tanto.

Estaba por besarla cuando – ¡AUCH!

– ¿Qué, qué pasa? ¿Te lastimé?

Me preocupé al verla sobando su vientre – No, no fuiste tú. Es el bebé ¡AY! – Golpeó de nuevo – ¡Esto es tu culpa, Dimitri!

– ¿Mi culpa? – Exclamé.

Parecía enojada – Esta mucho más activo desde que le hablas en ruso, así que arréglalo.

– Esta bien – Dije concentrándome tentativamente en su vientre – Malen´kiy3, se un niño bueno con tu madre y no la golpees tan fuerte o los dos estaremos en serios problemas – Murmuré.

– Te ves tan lindo cuando haces eso – Me sonrió antes de volver a cambiar sus facciones – Sin embargo, espero que esto no se convierta en un mal hábito.

– ¿Esto? – Pedí confundido.

– Hablarle a mis espaldas.

Reí, acción que no trabajó a mi favor – Pero Rose, estas frente a mí.

Se cruzó de brazos – Con más razón, eso fue muy descarado de tu parte. Se supone que eres el correcto y yo la provocadora… – Decidí dejarla hablar y guardar silencio para evitar meterme en más problemas.


Rose


Veintiocho semanas de embarazo…

Entré a la habitación en cuestión, haciendo uso de mis súper e inigualables habilidades ninja.

Hmm… muy ordenado, pensé ¡Ubícate Rose!

– Si yo fuera un ruso enorme, amante de los vaqueros y la música que apesta ¿en dónde guardaría las camisas que mi madre me enseñó a doblar tan pulcramente? – Comencé a husmear entre sus cajones – ¡Eureka!

Dicho ruso se aclaró la garganta con evidente estridencia – ¿Qué haces? – Salió del baño con solo una toalla en su cadera.

– Emm… hurtó tu ropa – Respondí, ya que la evidencia colgaba de mis manos.

Se cruzó de brazos apoyándose contra el marco de la puerta – Y confiesas tu crimen por qué…

Exhalé con enfado – Mírame Dimitri, estoy enorme y mi ropa ya no me queda. Pronto tendrás que ayudarme a rodar.

– Eso no es cierto, Rose – Se acercó para abrazarme fuertemente – Eres hermosa y quiero que entiendas algo muy importante – Asentí inocente – Tú no estás gorda, estas compartiendo tu cuerpo con el bebé y eso te hace ver aún más bella para mí – Posó su cabeza sobre la mía – Y lo de la ropa tiene arreglo, ¿qué te parece si nos organizamos y mañana salimos de compras?

Sonreí ampliamente – ¿De verdad?

– Sí claro, podemos tomar el desayuno afuera y…

Negué con la cabeza – Eso no, me refería a… – Comencé a intimidarme bajo su mirada – ¿Crees que sigo siendo bonita?

Sonrió con cariño – Siempre has sido hermosa y ahora aún más.

Sentí mis mejillas acaloradas – No te atrevas a mentirme, Dimitri Belikov ¡Nunca le mientas a una mujer hormonal!

Puso la mano en su pecho – Nunca te mentiría. Ahora que te parece si me permites cambiarme y discutimos la excursión de mañana.

Asentí tomando la camisa y uno de sus suéteres favoritos – También robaré este – Le dije antes de salir. Situación que lo hizo reír libremente y he de decir que amo su risa.

Preparé un poco de chocolate, me puse mi "suéter nuevo", quité mi sujetador, que es una de las sensaciones más liberadoras que he experimentado en los últimos días y desaté mi cabello.

Salí al balcón, me recargué sobre el barandal y disfruté de la vista nocturna y los sonidos.

Aquello era muy relajante – De verdad, ignoro por qué no te había dicho lo condenadamente hermosa que te hace lucir el embarazo.

Fuertes brazos me rodearon desde atrás. Me es muy difícil ignorar la atracción cuando estamos tan cerca: la electricidad de su piel, el aroma de su cuerpo, el brillo de sus ojos, la fuerza de su mandíbula.

¡Dios, que es hermoso!

– Eres un adulador – Tomó mi taza y bebió – ¡Hey!

– Ya sabes lo que dicen… ladrón que roba ladrón…


1 Seni seviyorum: "te quiero" en turco.

2 Privet: "Hola" en ruso.

3 Malen´kiy: "pequeño" en ruso.


Gracias, gracias, gracias, por la paciencia y la comprensión.

Esta vez el retraso estuvo fuera de mis manos. Pasé unos días muy difíciles, pues estuve realmente enferma. Escribía a ratitos, pero la verdad no tenía ánimos de nada, me sentía muy mal y todavía estoy saliendo de ese trauma. Por lo que si hay más de algún error, lo siento, prometo corregirlo a la brevedad.

Espero que te haya gustado el capítulo, pequeños momentos Romitri. Sé que pareciera que el gran enigma de Rose está tardando en descubrirse, pero créeme cuando digo que es indispensable para la trama de la historia.

Gracias de nuevo y espero que me dejes todos tus comentarios, que aunque no han sido muchos, siguen siendo especiales y significativos para mí.

Besos, Isy.