Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.

A excepción de algunos nuevos personajes.


Capítulo 26

Dimitri

¡Respira Belikov!

Es solo tu vecino humano; platicando, sonriendo y coqueteando con tu esposa… bueno, con Rose.

Arranqué la mirada de la ventana al sentir que mis dedos se entumecían al estrangular el cuchillo con el que picaba fruta.

Durante estos meses y en demasiadas ocasiones, me ha sido casi imposible distinguir la verdad de la mentira. Y es que nada me gustaría más que hacer a Roza mi esposa y había días en los que realmente me creía la "farsa". La facilidad con la que convivimos, cada momento, cada detalle… no puedo dejar de disfrutarlos independientemente de las circunstancias.

Francamente jamás pensé en el matrimonio como una posibilidad, ni siquiera cuando Natasha me hizo su propuesta. Para mí era una salida rápida y fácil que llegó en el momento oportuno. Y me avergüenza admitirlo, mi conflicto interno era otro; no le di un pensamiento sensato a la verdadera oportunidad de convertirla en mi mujer y formar una familia a su lado. Hasta que de cierta manera, Rose me lo hizo ver al pretender seguir adelante sin mí.

Me avergüenzo tanto de mi comportamiento en esos días, realmente actué como un adolescente imprudente y celoso.

Y el que me animara desinteresadamente a que aceptara la petición, lejos de ayudar,complicó mi decisión por el hecho de hacerme amarla aún más.

Roza me amaba lo suficiente como para hacerse a un lado y desearme la felicidad que no podía tener con ella.

Negué, por ahora debería saber que es la única que puede hacerme sentir completo e inmensamente feliz.

Es por ello que por primera vez me voy a permitir ser egoísta. Quiero todo y mucho más con Rose, y de cierto modo estos días me han dado un panorama claro de lo que podrían ser nuestras vidas juntos.

La Señora Belikova… sonreí a la idea y al infierno que sé me dará cuando trate de obtener el sí, quiero.

Levanté de nuevo la mirada solo para que mi buen humor me abandonara al instante. El tal Iker se encontraba demasiado cerca y posaba su mano sobre el brazo de Rose.

Calma, no es lo que parece. Cuenta hasta diez: uno… ¡Dios! estoy a punto de perforar a un humano.

Ella retrocedió rápidamente, despidiéndose y girando para volver a la casa. Movimiento que parecía complacer al imbécil ese, quien descaradamente se atrevió a admirar sus curvas traseras. Hasta que me vio observándolo con cuchillo en mano.

Corre y escóndete… le di la mirada más siniestra que tengo y sin necesidad de mover un musculo, huyó de ahí.

Cuando Roza entró a la cocina yo aún tenía los ojos clavados en donde había estado hace un momento – El tipo no me agrada.

Suspiró – Vamos Dimitri, solo estaba haciendo un poco de plática agradable.

– ¿Agradable? ¿Realmente piensas eso? – Me burlé – En lo que a mí respecta, sus intenciones contigo están demasiado claras – Se cruzó de brazos – ¿No me crees? – Limpié mis manos – Siempre está buscando un pretexto para acercarse a ti y casualmente son los momentos en los que no estoy presente – Incrédula rodó los ojos – ¡Por Dios! Utilizó la excusa de la taza de azúcar…

– No puedes saber con exactitud si realmente la necesitaba o no – Se dirigió a la sala para sentarse cuidadosamente en el sofá.

La seguí tratando de bajar mis niveles de frustración ¿De verdad no se da cuenta?

– ¡El sujeto es millonario! Le paga a alguien para que se encargue de esas cosas y ha expresado en numerosas ocasiones lo "mucho que le gusta el ejercicio", y "lo rigurosa que es su dieta" – Me pasé una mano por el cabello al verla mirándome con una pequeña sonrisa ¡Demonios, ahora no le queda la menor duda de que eres un cavernícola celoso! – A lo que me refiero, es que no creo que dicha dieta integre azúcares. Eso y que él está interesado en ti, bastante diría yo. Tú le…

– ¿No me ves? ¡Estoy enorme!, ¿a quién podría gustarle? – A mí, pensé – Y no digas que a ti porque tu percepción no es un buen parámetro. Además, ante el mundo eres mi esposo y te aseguro que no ha intentado nada – ¿Realmente no se daba cuenta de lo impresionante que es y lo que puede provocar en cualquier hombre? Me tendió la mano para atraerme a su lado – ¿Sabes? Pienso que es dulce que estés celoso… y sexy – Besó mi mejilla y sonreí – ¡Y culpo a las hormonas de ello! Sin embargo, creo que te estas mosqueado de más – Levanté una ceja – No hay, ni habrá: dhampir, moroi o humano, que logre reemplazarte aquí adentro – Colocó nuestras manos al nivel de su corazón.

Tenía razón, estaba exagerando, pero el solo hecho de imaginarla con otro. Digo, su vientre era la prueba más nítida. No vayas ahí…

Observé el aparato en su regazo y opté por cambiar al tema que llevaba un tiempo haciéndome ruido, ya que no me gustaban los escenarios que dibujaba mi mente – Últimamente no sueltas para nada tu teléfono celular ¿Acaso esperas una llamada importante?

Suspiró colocando el móvil en la mesilla – Quiero estar lista para cuando llamen y me informen cualquier detalle sobre el ataque que sufrió el equipo – Su tono demostraba la culpabilidad que sentía.

Pasé mi brazo por sus hombros tratando de confortarla – Ya sabes lo más importante, todos ellos están bien – Apoyé mi mejilla en su sien – Abe salvó el día.

Rio sin ganas – Sí y ahora no deja de alardear. Infierno, ha decidido inmortalizar sus experiencias en una biografía que sus nietos tendrán que memorizar – Solo Zmey – Pero lo más importante, él no estará ahí siempre. Ambos sabemos que fue una coincidencia que llegara justo a tiempo para calcinar cualquier amenaza… – Se perdió un momento en sus cavilaciones.

– Sé lo que estás pensando – Saltó un poco de lo inmersa que estaba – Crees que era tu deber estar ahí para protegerlos. Y pese a que eres su líder, tienes que confiar en ellos. Son hombres hechos y derechos que saben de qué va esto, y están conscientes de que lo más importante es tu seguridad y la del bebé – Besé su cabello – Independientemente de que reciban un cheque firmado por tu padre.

Reímos – Lo sé, pero eso no era lo que estaba pensando. Bueno, no del todo – Vacilante se mordió el labio inferior, así que asentí para animarla a continuar – Yo… pensaba en tu padre.

Decir que me sorprendió sería una falsedad, no me esperaba que él rondara sus pensamientos. Incierto me aclaré la garganta.

– ¿Y… qué pensabas? – Quise sonar casual, pero había descubierto cierta información con la que no sabía qué hacer o pensar y la verdad es que estaba evitando el tema hasta conmigo mismo.

Se encogió de hombros – Quizá solo sea una tontería. Me preguntaba… – Se acomodó para mirarme de frente – ¿Cuál es su elemento?

– Lo desconozco.

Y aquí estaba con la voz de mi conciencia – ¿Y crees que…?

La curiosidad pudo más que yo y terminé por invertir algo de mi tiempo libre en la búsqueda de mi línea de sangre. Admito que estuve tentado a hablar con Abe y pedirle el favor, pero sentí que me correspondía solo a mí. La casa real Ivashkov es tan extensa, que pensé que la investigación me llevaría algún tiempo. Por lo que comencé por el último de ellos que había ocupado un puesto importante en nuestra sociedad: Tatiana.

Y cuál fue mi sorpresa al encontrar una foto de mi padre con el que supuestamente es su hermano. Y que resultó ser nada más y nada menos que el padre de Adrián.

Jamás… nunca me imaginé que mi sangre estaría tan cerca de la realeza o que Adrián sería mi primo hermano. Tenía mil dudas en la cabeza: ¿Qué tanto sabe mi madre?, ¿Tatiana lo sabría?, ¿Adrián lo sabe? Sin embargo, había una que prácticamente me quitó el sueño y que fue la razón por la que le conté todo a Roza.

– No lo sé, es posible. Teniendo a Adrián como antecedente es probable que Randall pudiera ser un usuario de espíritu.

Se abrazó a mi cintura con fuerza – Sabes que estoy aquí, ¿verdad?

– Sí, es solo que… – Suspiré soltando mi cabello – … no sé qué pensar. Cumple con muchos de los "síntomas": conducta extraña, agresividad, su alcoholismo. Y por loco que se escuche, cuando se embriagaba lo percibía más centrado. Aunque terminaba siendo sumamente violento – Negué evitando aquellos recuerdos – Pensé que su adicción era solo una maldita enfermedad que atormentó por años a mi familia y hoy sé que tal vez… solo tal vez, eso era su escudo para no volverse loco.

– Sé que es difícil – Su sola presencia me reanimaba – Me gustaría tener respuestas, pero con espíritu hasta ahora todo ha sido posible ¿Por qué no creer que puede heredarse? Sé que no es un consuelo, pero hay altas probabilidades de que fuera la oscuridad en él la que lo obligaba a herir – Apreté el puente de mi nariz, seguía muy desconcertado – Quizá por eso has logrado… milagros – Murmuró acariciando distraídamente su vientre hinchado.

– ¿A qué te refieres? – Pregunté un tanto perdido.

Roza soltó rápidamente su agarre en mí y con bastante dificultad se puso de pie – ¡Piénsalo! – Dijo – Sí las teorías son ciertas, puede que hubiera algo de espíritu corriendo por tus venas mucho antes de que Lissa te trajera de vuelta. A lo mejor fue una serie de circunstancias especiales que coincidieron.

– Tal vez… – Seguí sus movimientos. Por alguna razón sentí que no era todo lo que deseaba decirme y por otro lado necesitaba tenerla cerca. Así que la envolví de nuevo en mis brazos, de espaldas a mí y descansando mis manos en su vientre.

– Quiero que sepas que te apoyaré en cualquier cosa que decidas camarada y mejor cambiemos de tema, no me gusta verte afligido – Asentí agradecido antes de cepillar nuestros labios y dejarla ir – Entonces dime, ¿hablaste con Olena? ¿Cómo están?

– Se encuentran bien – Regresé a terminar de preparar la canasta para nuestro picnic – La casa quedó como nueva. Pese a ello, mamá dice que aún después de que ha pasado tiempo es imposible no imaginarse la devastación que dejó la batalla.

Se sirvió un vaso con agua – Es bueno que hayan vuelto a la mayor normalidad posible – Tragó sus vitaminas.

– Y mucho es gracias a tu padre – Me crucé de brazos – Aunque debo decir que fue muy insistente en cuanto a hacerle mejoras y ampliaciones a la vivienda. Cosa que desde luego no aceptó mi madre – Como había dicho, la perspectiva que tenía de Mazur había cambiado radicalmente una vez que llegamos a entendernos. Lo cual sucedió bastante rápido. Sin embargo, su persistencia y atenciones con la mujer que me dio la vida me hacían dudar de sus intenciones con ella. Y siendo su único hijo varón, es mi deber velar por su bienestar. Rose me miraba sonriente, parecía leer mis pensamientos – ¿Piensas que él…? ¡Ya sabes! Tenga un interés…

– ¿Camarada, no te has dado cuenta? – Me tensé involuntariamente – El viejo forma parte de tu club de fans – Jugaba conmigo – No temas, solo está siendo agradecido con Olena. Es más, estoy muy segura de que él y Janine se traen algo entre manos – Tomó algunas de las cosas que ya tenía listas para nuestro día en la playa – Me adelantaré con esto; morimos de hambre – El rugido de su estómago lo confirmó.


Hizo un día y una tarde perfectos. Buen clima, oleaje tranquilo, comida deliciosa, pero lo mejor de todo fue la compañía.

Roza lucía hermosa su embarazo en un vestido largo de gaza beige que dejaba ver el rojo de su bikini.

Hablamos de todo y nada; bromeamos, reímos, también nadamos pese a que fue difícil convencerla de despojarse del vestido. Pues está segura de verse "enorme", cuando para mí es devastadoramente bella.

Disfrutamos de nuestros momentos de silencio en donde me perdía a la vista de su cabello volando suelto, en el brillo de su piel expuesta al sol o en la sensación de su cuerpo contra el mío mientras observamos el ocaso.

Por más que luché y me opuse ocurrió lo que tanto temía, pero no me arrepiento.

Una de las muchas razones por las cuales me negué a aceptar y a actuar sobre mis sentimientos cuando estuvimos en Sn. Vladimir. Y es que ya me es imposible imaginar mi vida sin ella o el bebé, y estoy dispuesto a todo con tal de no perderlos. Así signifique ir en contra de la creencia moroi y renunciar a mi título de guardián, que era la única vida que conocía.

El tiempo voló y la pasamos tan bien que decidimos extender el día en la playa hasta la cena. Rose regresó a la casa para preparar algo ligero qué comer y cambiarse al viejo suéter que robó de mi armario, mientras yo hice una pequeña hoguera y establecí algunas antorchas para iluminar alrededor.

Regresó contoneándose con unas cuantas cosas, por lo que me ofrecí a volver por el resto para traer conmigo la pequeña sorpresa que le tenía.

Cuando me acercaba la percibí sumida en sus cavilaciones, con la mirada perdida en las llamaradas de la fogata – ¡Un centavo por tus pensamientos! – Exclamé cauteloso para evitar asustarla, pues me ha reclamado sobresaltarla por ser sigiloso y prometo que no lo hago intencionalmente.

La cautela y rapidez serán el recordatorio resistente a mi pasado strigoi.

– Pienso en todo y a la vez en nada – Interrogante me senté a su lado – ¿Nunca te has preguntado… por qué? – Aún sigo haciéndolo – Me refiero a que hace algunos años en Portland, nunca me habría imaginado que Lissa y yo seríamos víctimas del vínculo o que un ruso enorme me arrastraría a la Academia para poner a prueba los límites de mi autocontrol – Sonriente empujó su hombro contra el mío – Que me enamoraría, que iría sola a Rusia, que conocería y mantendría una relación con mi padre, que sería inculpada y encarcelada… o que volverías a ser – Susurró – No concibo cómo fue que terminé aquí, ¿en qué momento se fue todo al carajo? La idea que tenía de una vida al graduarme no se parece en nada a esta.

Señaló en torno a nosotros. No obstante, no se refería al lugar sino a la situación y la comprendía, entendía perfectamente.

En mi caso, siempre creí que viviría para ser guardián de Iván y que me limitaría a eso. Sin intereses ni aspiraciones, ¿para qué? la vida de un tutor puede acabar en cualquier momento.

– ¿Te arrepientes de… nosotros? – La cuestión emergió por sí sola.

Con seguridad tomó mis manos entre las suyas – No, nunca. Al menos yo no cambiaría nada independiente del sufrimiento vivido. Aprendí que mi existencia no tiene que ser blanca o negra, asimilé los matices así fueran duros golpes y eso me ha hecho crecer y valorar – Triste sonrió, por lo que ahora yo sujetaba sus manos – Sin embargo, si hay algo de lo que me arrepiento profundamente y lo haré por el resto de mi vida – Cerró los ojos para contener el llanto – Lo siento tanto, Dimitri. Yo… te fallé.

Su lamento me tomó inadvertido. Pronto descubrí de dónde venía y aunque deseaba tratar el tema, no había encontrado el valor para hacerlo.

– Roza, tú nunca podrías fallarme – La miré tratando de reflejar el orgullo que me provoca – Me aterraba que en un acto de valentía regresaras, sabía que lo intentarías y estaré eternamente agradecido con quienes te lo impidieron – Aspiré la dulce esencia de su cabello – Aún con el alta de las endorfinas temí por ti… tuve tanto miedo de que murieras – Tragué, apartándome para descubrirla llorar en silencio – Fuiste lo último que vi y recuerdo haber pensado: me voy en paz porque sé que ella está a salvo.

Sorbió mientras negaba profusamente – Pero pude haberte salvado, pude impedir que tuvieras ese destino – Estiró su delicada mano y suavemente limpió las lágrimas que se me escaparon – Pude habernos ahorrado tanto sufrimiento.

La atraje hasta abrazarla – Este es el destino que nos tocó vivir, no me gusta pero lo acepto, puesto que no hay nada que podamos hacer para remediarlo. Y tal vez te arrepientas, pero yo no. Estoy feliz de que no hayas vuelto por mí, te habrían matado de haberlo intentado.

Distinguí enojo en sus características – ¡Habría muerto contigo! – Espetó – Gustosa habría dado la vida si eso significaba una oportunidad de salir los dos juntos de ahí.

Me pase una mano por el cabello ¿No podía ver lo importante que es su vida para mí?

– Pues yo no habría estado bien con eso. No teníamos una oportunidad ahí, mi estado era crítico… era una batalla perdida y lo sabes.

Bajó su rostro – Pero te prometí que no permitiría que te ocurriera nada – Musitó – Y luego, cuando volviste… – Suspiró derrotada – ¡Fui terca y estúpida! Debí verme tan patética, debí escucharte, debí dejarte en paz.

Levanté su barbilla – No Roza, el único estúpido aquí fui yo. Si hubiera corrido a ti; si no hubiera estado tan aterrado mi recuperación habría sucedido hace mucho tiempo – Tomé aire – Te quería a mi lado, lo juro. Pero me lo negué porque no deseaba dañarte más y me autocastigué negándome lo que más necesitaba.

Se encogió de hombros – Todo lo que pedía era una explicación y aun así debí darte espacio – Sonrió con nostalgia – Pero en mi ansiedad por tenerte conmigo nunca consideré lo que pasaría cuando te restauraran ¿Qué sentirías?, ¿qué pensarías…? ¿O qué necesitabas? – Observó nuevamente el fuego, las llamas reflejaban la de sus orbes – Esa desesperación fue la misma que casi me convence de aceptar que me convirtieras – La miré en shock ¿De verdad lo consideró? – Habría dado todo por ti. Porque pese al estado en el que te encontrabas, te amaba demasiado…

Sujetando delicadamente su rostro con ambas manos, dirigí su mirada a la mía – Eso no era amor, habrías hecho cualquier cosa que te obligara por las malditas endorfinas – Los recuerdos me asqueaban.

– Te equivocas – Se acercó lo más que su estómago le permitió – Sé que no eras el mismo, ni por asomo. Sin embargo, sentía en mi interior que aún estabas ahí. El hombre que tanto amaba seguía luchando por salir de aquella prisión y protegerme. Esa lucha persistente fue la que obligó a tu cuerpo a mantenerme a salvo. Independientemente de las razones – Agregó.

– ¿Cómo puedes estar tan segura de ello? No mientas, sentiste miedo – Fue mi turno para desviar la mirada – Puede olerlo.

Me recogió un mechón y dirigió mi cara a la suya – La prueba más contundente es que hoy te tengo frente a mí. Y no lo voy a negar, sentí miedo, pavor incluso. Pero las razones fueron muchas.

– Dime una.

Suspiró – Que no fuera lo suficientemente fuerte para cumplir nuestra promesa y liberarte.

Y ahí estaba de nuevo, un motivo más para amarla con locura.

– Sin embargo, lo hiciste y por eso te amo – La besé suavemente, sintiendo al instante un golpe entre los dos – Parece que alguien todavía tiene hambre – Sonreímos – Lo que me recuerda, te tengo una sorpresa – Tomé la bolsa detrás de mí y se la entregué.

– ¡Bombones!

~•~

Tostamos algunos y disfrutamos de ellos en completo silencio. Cada uno discutiendo consigo mismo o al menos eso hacía yo.

No entendía cómo afortunado era al encontrar y enamorarme de esta mujer tan valiente, aguerrida, talentosa y desinteresada.

Y pensar que hiciste todo para mantenerla alejada – ¿Dimitri?

La miré atentamente – Todavía hay algo que quiero saber – Asentí ¿Qué podría ser? Prácticamente lo hemos hablado todo. De pronto una idea me golpeó ¿Será esta la introducción para al fin contarme lo que deseo saber acerca del bebé? Pensamientos similares inundaron mi entendimiento, fue un movimiento que hizo el que me sacó del aturdimiento.

De debajo de su manta sacó un pequeño trozo de papel, que cuando me lo entregó, descubrí que se trataba de un viejo recorte de periódico:

"Arthur Schoenberg evita tragedia real, junto a novato de Sn. Basilio".

– ¿Cómo…? ¿De dónde obtuviste esto? – Pregunté extrañado.

Sonriente se encogió de hombros – ¿De dónde crees? O mejor dicho, ¿de quién crees?

– Zedrik – Es la única persona que ambos conocemos que sería capaz de coleccionar este tipo de cosas.

– Hmm… – Consintió devorando sus dulces.

Estudié la imagen – No puedo creer que te la haya dado – Pasaron años desde la última vez que la había visto y siempre tenía el mismo efecto en mí.

Arthur se mantuvo firme y sin emociones, como el excelente guardián que era. Yo me negaba a salir en la fotografía, pero muchos insistieron, así que me paré a su lado e intenté reflejar la misma postura. No obstante, Iván lo hizo imposible. Pues se nos unió colocando su brazo en mis hombros, tan alegre y vivo.

Me estremecía solo de recordarlo inerte y sin vida.

– No me la dio, la robé – Explicó con naturalidad, apretando ligeramente mi mano – Quería tener una imagen tuya y a pesar de que fue tomada hace años, me parece que es perfecta. No has cambiado nada, tal vez más alto y corpulento, pero me es increíble verte joven y sin todas las preocupaciones que tenemos ahora – Le devolví el gesto – ¿Así fue como conociste a Arthur? – Cambió el tema, atiborrándome de preguntas – ¿Y por qué nunca me dijiste que eras un héroe adolescente famoso? No es de extrañarse que te consideren un Dios.

Puse los ojos – Ya conocía a Guardián Schoenberg. Quiero decir, quién no. Pero sí, en esa ocasión tuve la oportunidad de tratarlo personalmente y debo decir que las condiciones no fueron las más adecuadas – Vinieron a mí un montón de recuerdos – Y no fui un héroe, él sí…

– Digamos entonces que fuiste un héroe de apoyo – Interrumpió con gracia.

Sonreí – Y lo que dicen de mí… eso de ser un… Dios – Rasqué mi nuca – ¿No sé de dónde lo sacaron?

Soltó una carcajada – ¡Ay, ajá! ¿Cómo si no supieras, camarada? Tú mi amigo, eres considerado una deidad debido a tu record de lucha, altura, marcas y batallas. Y te encanta, no lo niegues.

¿Qué tiene que ver mi altura en esto? – Admito que es muy útil cuando se trata de mantener a raya a los novatos, pero de ahí en fuera no sirve de nada.

– ¡Como si los Guardianes activos no hablaran de lo mismo! Pero bueno, dejaré que vivas en la negación. Ahora, ¿me vas a contar o no la historia?

Se acomodó entre mis piernas; sujetando mis manos, las cuales a su vez, mantenían el viejo pedazo de papel y descansaban en su vientre.

Suspiré – Anteriormente se llevaban a cabo ciertas convenciones. Reuniones muy exclusivas a las que solo asistían los reales y por ende, los mejores guardianes de aquel tiempo. Iván y yo teníamos buenas referencias sobre ella, por lo que le rogó a su padre para que este a su vez le rogara a la mía y me dejara ir con él – Rose sonrió – Tal vez muchos piensen que nunca me he salido de los lineamientos. No obstante y al igual que tú, Iván Zeklos tenía un talento innato para hacerme cometer locuras – Besó mi mejilla – Aunque debo decir que hacerle caso en aquel momento nos salvó la vida…


Rose


Treinta y cinco semanas de embarazo…

Vivimos en una burbuja, aunque no hemos bajado la guardia.

El estar y compartir diario con Dimitri Belikov me distrae de todos los problemas, más no hasta el punto de olvidarlos. Incluso dudé de los vecinos pese a que no se lo dije. Él no era el único que desconfiaba de Iker, pero cuando descubrí sus intenciones románticas me relajé un poco y tampoco se lo conté al ruso. No necesitaba confirmárselo, para qué estresarlo más.

He disfrutado de mi embarazo, de la compañía y de los momentos únicos y maravillosos que hemos construido. Lo amo y lo sabe. Quizá siga ocultándole algo importantísimo para los dos, pero en mi defensa, ya había decidido decirle toda la verdad. Olvidándome de las advertencias de Karp y de mis propios miedos.

Dimitri es el padre y ¿quién mejor que él para proteger a su propio hijo? ¡Lo sé, muchos me decían lo mismo!

Sin embargo, justo cuando iba a revelárselo, cuando había reunido el valor suficiente para hacerlo, sucede esto ¡Maldita sea mi suerte!

Hoy había sido un día perfecto, de los mejores que hemos tenido. Qué mejor final que estar junto al amor de mi vida, admirándolo dormir y con nuestro bebé entre nosotros.

De repente, el móvil comenzó a zumbar. Solté el aire que estaba conteniendo y con mucho cuidado salí de su agarre para atender la llamada que había estado esperando.

Caminé de puntillas y entrecerré la puerta. Sabía que Dimitri sospechaba de mi ansiedad con el teléfono, pero no podía correr ningún riesgo. Pues si la evidencia se comprobaba iba a tener que hacer algo radical para excluir al padre de mi hijo de esta misión.

En penumbras me instalé en la sala y esperé a que se me pasara la pequeña incomodidad que sentí en la espalda baja. Leí que estas cosas eran completamente normales en esta etapa del embarazo.

Respiré profundamente y contesté – ¿Zedrik?

~•~

Creo en el equipo, en la destreza de sus integrantes y en la sabiduría de Pavel. Pero esta batalla seguía siendo mía y yo no estaba para apoyarlos.

Han avanzado con las pesquisas, encontraron buenas pistas, se toparon y eliminaron enemigos. No obstante, sufrieron las consecuencias de un ataque que mi padre logró detener.

Nunca me había sentido más impotente y lo peor es que seguimos en peligro – ¿Estas completamente seguro?

– Lamentablemente lo estoy, Buffy. Y he de decir que no me gusta nada este plan tuyo.

Masajeé mis sienes – A mí tampoco, pero ambos sabemos que es lo mejor.

– Tal vez si le contaras a Belikov… – Seguía susurrando.

– ¡No! – Exclamé – Si las sospechas son ciertas y esto es en contra suya, correrá grave peligro. Sabemos que hice enemigos potentes cuando estuve en Rusia, pero él conoció a la peor de las escorias. No quiero ni pensar en lo que pudo haber hecho para llegar a tener la posición que tuvo entre ellos. Más de algún resentido debió dejar atrás – Acaricié mi vientre – No voy a dejar que mi hijo crezca sin su padre. No ayudé a traerlo de vuelta para perderlo otra vez.

– Rose, pero ni siquiera sabe que es su hijo.

Me recargué en el respaldo del sillón – Ya lo sé, no tienes por qué recordármelo – Caímos en un silencio incómodo – Mira, lo único que te pido es que hagas tu parte. Por nada del mundo voy a dejar que la gente que amo salga lastimada, no si puedo evitarlo. Él, su familia, la tuya y muchas otras, ya lo han hecho lo suficiente ¿Puedo seguir contando contigo?

– Sí – Se rindió – Espero que lleves flores a mi funeral. Si no me mata el ruso lo hará tu padre y francamente no sé cuál opción es peor.

Reí silenciosamente – Gracias Zedrik, eres un buen amigo y por eso te quiero. Encárgate de todo y seguimos en contacto…

– ¡Lo olvidaba! Sonya Karp te envió un paquete, lo recogí y lo tengo escondido. No sé qué sea, pero en cuanto me sea posible te lo enviaré – La curiosidad me invadía, así que aparté temporalmente el pensamiento – Ten mucho cuidado y suerte, la vas a necesitar.

A la mañana siguiente llamé a mis doctores de cabecera y los invité a desayunar con nosotros.

Nos encontrábamos haciendo la sobremesa cuando decidí que había llegado el momento de actuar – Este pan sabe fenomenal – Felicitó John.

– Me alegro que les guste, Dimitri y yo lo horneamos – Sonreí nerviosa.

Olendzki agregó – ¿En serio? Pues es muy bueno.

Mi camarada se sirvió un poco más de café, mientras nuestros invitados charlaban entre ellos. Se sentó a mi lado y aproveché para atraer su atención tomándolo de la mano. Sé que pudo ver una intención en mí, aunque seguramente no logró colocarla.

– ¡Volveremos a Rusia! – Anuncié sin apartarme.

Podía sentir todas las miradas encima – ¿De qué estás hablando?

Me encogí de hombros – Pues eso, regresamos a Moscú. Saldremos esta tarde.

Miró rápidamente a la pareja – Te recuerdo que estamos aquí por protección tuya y del bebé; pese a que me gustaría no son vacaciones. Además de que tú no puedes viajar.

– Dimitri, lo sé. No lo he olvidado, justamente por eso tomé la decisión – Intuía que había más de trasfondo, pero se contuvo como sabía que haría frente a la visita – Y aún estoy en tiempo – Los doctores desviaron la mirada ante la mentira – Nada ocurrirá en un vuelo de cinco horas. Los tendré a ellos, el instrumental que se pueda necesitar, el trasporte adecuado y a ti. Abe lo ha dispuesto todo – Cosa que también era falsa, ya que mi baba no tenía ni la menor idea de lo que pretendía.

– No comprendo, explícame tus razones – Pidió.

Tomé sus manos, nos alejé unos pasos y mirándolo a los ojos, le dije – Camarada, ¿confías en mí?

– Sí, absolutamente – Respondió al instante.

– Pues cree en esto, es primordial que viajemos al país – Estaba indeciso y con justa razón. Solo esperaba que comprara mi argumento y no se le ocurriera comprobar con Abe o Pavel – Sabes que hago muchas cosas que casi nunca tienen lógica, pero son por una buena causa y hoy más que nunca necesito que confíes ciegamente en mí ¡Por favor, te lo explicaré después!

Lo meditó – Tendremos que extremar cuidado y precaución. Además, tienes que prometerme que nos comunicarás cualquier indicio de dolor o malestar y que hablaremos más tarde.

– Lo prometo – Volví la mirada al matrimonio – ¡Hagamos las maletas, nos están esperando! – Sabía que podían no estar de acuerdo conmigo, pero realmente no tenían mucha opción y requería de su apoyo pues no iba a arriesgar la vida de mi hijo.

Él es mi prioridad y siempre me aseguraré de ello. Ya después averiguaría cómo despistar al dueño de mi corazón.

Solo espero no perderlo en el intento por mantenerlo a salvo.


Antes que nada, quiero agradecer su paciencia infinita y la preocupación mostrada.

La vida ha sido una locura y hasta hoy pude sentarme tranquilamente a la mesa y terminar de escribir el capítulo. El cual espero haya sido de su agrado.

Las cosas comienzan a caer en su lugar, se podría decir que entramos a la recta final.

Déjenme sus impresiones en forma de comentarios, les aseguro que leo cada uno de ellos, los considero y trato de responderlos.

También agradezco el interés mostrado en el proyecto conjunto, el tiempo que nos brindaron para leer nuestros trabajos y la motivación que dejaron con sus lindos comentarios.

Realmente espero que mis horarios no se vuelvan a alocar y si no es así, nos vemos en ocho días.

Un beso enorme, Isy.