Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.
A excepción de algunos nuevos personajes.
~~~ Capítulo Estelar ~~~
Capítulo 27
Dimitri
– ¡Nunca debí aceptar esto!
– Ya es un poco tarde para eso, ¿no crees camarada?
Lamentablemente se encontraba en lo cierto, así que opté por no responder… ¿qué podía argumentar?
Con lentitud y cuidados ayudé a Rose a bajar del jet. En el hangar nos esperaba un pequeño aunque significativo grupo de guardianes visiblemente bien armados.
No reconocí a ninguno de ellos pero tampoco le di mucho al pensamiento, ya que estas horas han sido de las más tensas y preocupantes de mi vida. Puesto que casi en cuanto estuvimos en el aire y justo cuando creí que iba a recibir algún tipo de explicación que justificara al menos en un bajo porcentaje el motivo de este viaje, ella comenzó a sentir una incomodidad en su espalda baja. Hecho que prácticamente me hizo no despegarle la vista en todo el trayecto a Rusia.
Me brindaba cierta seguridad el ir acompañado de sus médicos, quién mejor para atender cualquier emergencia. Sin embargo, no fue razón suficiente para tranquilizarme. Y pese a que trató de disuadirnos diciendo que solo era una molestia y que no sentía ningún tipo de dolor, sus muecas y la preocupación en el rostro de John dispararon mi ya creciente zozobra.
Literalmente escuché el suspiro de alivio que los especialistas dieron; supuse que al igual que yo no veían la hora de aterrizar. Aunque pensándolo bien puede que su nerviosismo haya sido mayor al mío, debido a que Abe los contrató personalmente con un fin único. Y nadie, absolutamente nadie con dos dedos de sentido común, desea estar en su lado obscuro.
– Bienvenidos, Guardianes Belikov y Hathaway – Se acercó un tutor – Mi nombre es Igor y soy el encargado de escoltarlos.
Correspondimos su saludo de mano, yo sin retirar mi izquierda de la cintura de Roza, mientras dos elementos cargaban las maletas en automóviles diferentes – Gracias Igor, pero llámame Rose. No me gustan mucho las formalidades.
Asintió de una manera neutral – Por aquí – Señaló el coche polarizado frente a nosotros, a la par que guiaban a Olendzki y su marido a otro auto – Ellos viajarán aparte. Tenemos instrucciones de mantener un perfil bajo, por lo que tomaremos rutas distintas, pero se reunirán y alojarán en un mismo punto.
Escuchaba con suma atención lo planeado, puesto que en la prisa por salir al aeropuerto me fue imposible comunicarme con Pavel o el mismo Zmey y evidentemente no obtuve muchas respuestas por parte de su hija. No obstante, juraría que Abe esperaba a bordo del vehículo. Pero cuando la portezuela reveló el interior vacío, hubo algo que me exigió mantenerme alerta.
– ¿Y el Señor Mazur? Creí que él mismo nos recibiría.
– ¿Mazur? – El guardián parecía descolocado; dirigiendo su mirada a la mujer a mi lado.
– No vendrá… – Contestó ella, posando sus ojos en mí – … a estas alturas todos corremos el mismo peligro y creyó arriesgado venir. Por lo que decidió reunirse después con nosotros ¡Lo conoces, encontrará la manera! – Volvió su atención al tutor – Realmente estoy muy cansada, ¿podríamos irnos?
La ayudé a abordar y una vez en movimiento le hablé al oído – Aún me debes una buena explicación y que sepas que hay algo que no me gusta nada.
Sopló los rizos que le caían al rostro – Lo sé Dimitri. Como también lo que estás pensando en este preciso momento y no, no he olvidado que aquí está la mayor de nuestras amenazas. Pero piénsalo un segundo, el korol´ creerá que no somos tan imbéciles como para venir a la boca del lobo. Estamos más seguros cerca del peligro.
Suspiré atrayéndola para que descansara su cabeza en mi hombro – No se puede discutir con tu lógica, Rose.
– ¡Eso lo sabe todo el mundo! – Sonrió con cansancio.
Un carraspeo llamó nuestra atención – Tienen reservaciones en un hotel en el centro de la capital, nos mezclaremos con un grupo de excursionistas que está por arribar. Por la seguridad no deben preocuparse, se alquiló todo un piso y controlamos un amplio perímetro.
El que fueran vestidos de civiles tenía su elocuencia. Sin embargo, el riesgo era significativo, las variables arriesgadas y en conclusión, me parecía una idea terrible – Eso nos deja bastante expuestos.
Igor me miró rápidamente por el retrovisor – En otro momento estaría de acuerdo, pero créanme cuando les digo que lo más conveniente es pasar desapercibidos como personas comunes y corrientes. El mundo humano es lo más seguro ahora.
Rose se tensó – ¿A qué te refieres?
– A que las calles, callejones y hasta los barrios de más mala muerte han tenido casi nula actividad strigoi – Ella se volvió a mirarme con total incredulidad.
– Eso es… – Fui interrumpido a media frase.
– ¿Imposible? – Consentí aprensivo – Lo mismo creímos y no es que dejaran de atacar, simplemente cambiaron de objetivo.
Cerré la puerta de la habitación no sin antes cerciorarme que nadie estuviera ocultándose en los pasillos.
Teníamos un tiempo considerable sumidos en nuestros pensamientos por lo que creí prudente terminar con aquel silencio extraño – ¿Qué piensas?
– Francamente, no lo sé – Exhaló agotada – Todo esto me parece tan irreal… ¿qué pretende ese maldito strigoi?
– Solo él puede responder a eso – Se quitó los zapatos y lentamente se acercó a su equipaje para sacar su ropa de dormir.
– ¡Demonios! Esto tiene que acabar, Dimitri – Se sentó a la orilla de la cama – Dios sabe que si no estuviera embarazada ya habría dado la cara.
Me arrodillé frente a ella – Eso no habría ocurrido porque yo no te habría dejado – Sonreí – ¡O…! Habrías encontrado la manera y seguramente ya le habrías arrancado la cabeza.
Continuó un poco más relajada – De lo único que estoy segura, es que haré lo que tenga qué hacer para mantener a las personas que amo a salvo.
Me senté a su lado – Y yo estaré contigo – Besé su frente – Desgraciadamente y por el momento, lo único que podemos hacer es esperar las respuestas que tiene tu padre. Eso y que tenemos una conversación pendiente.
Hizo una mueca – No lo he olvidado y te aseguro que hoy lo sabrás todo. Pero primero, ¿por qué no tomas una ducha? Así más descansados hablamos de lo que tengamos qué hablar.
– ¿Tú no tomarás una? – Fui a la maleta en busca de mis cosas de aseo y ropa fresca; ciertamente me urgía afeitarme.
– No sé tú camarada, pero yo muero de cansancio y la verdad no creo que pueda mantenerme más en pie – Su agotamiento era evidente y me preocupaba.
Caminé hacia ella para colocar ambas manos en su hermoso vientre – Ha sido un viaje largo y fatigante. Recuéstate en lo que me ducho, saliendo pido algo de cenar y platicamos – De pronto, sentí una potente patada proveniente de su barriga.
– ¡Con un dem…! – Retrocedió un poco por el dolor.
– ¿Estás bien?, ¿aún tienes la molestia?, ¿quieres que llame a John? – Acaricié su barriga esperando mitigar el enérgico golpe.
Rose posó sus manos sobre las mías – No te preocupes tanto, Dimitri. Este tipo de síntomas son perfectamente normales durante el embarazo. Estoy bien, solo necesito descansar – Antes de pasar al cuarto de baño me detuvo tomándome del brazo y poniéndose de puntillas besó mi mejilla – Gracias por cuidar de nosotros, es muy dulce de tu parte.
– Lo hago encantado – Aventurado besé sus labios – No tardo.
~•~
El hotel es un lugar promedio. No tiene los lujos a los que Abe se empeña en mal acostumbrarnos; servía perfecto de tapadera y lo mejor es que cuenta con un sistema decente de seguridad.
Me quedé un momento más debajo de la regadera, solo con el sonido del agua corriendo y el de la televisión en la habitación. Los músculos de mi espalda estaban agradecidos de haberse librado de tanta tensión.
Cerré las llaves, sacudí un poco mi cabello, me envolví la toalla a la cadera, caminé hasta el lavabo, me puse crema de afeitar, limpié el vapor del espejo y tranquilamente comencé a quitarme los años de encima.
Unos días sin rasurarme y parezco naufrago…
De pronto, el sonido familiar de una llamada entrante perturbo mi aparente paz. Pulsé para contestar, pero la persona al otro lado no me dio la oportunidad de hablar – Muchacho… ¿podrías explicarme la interesante y seguramente divertida razón por la cual están en ¡RUSIA!?
Me quedé de piedra. Mi cerebro procesó las palabras, pero mi cuerpo no – ¿C… cómo?
– Ibrahim, tranquilízate y permítele explicarse – Intervino Pavel.
¡Infierno! ¿Qué es lo que…?
– ¡Estamos esperando, Belikov! – La voz exigente de Janine fue la que me hizo salir de aquella parálisis.
Aclaré mi garganta – Abe, tú mismo enviaste al aeropuerto a un grupo de guardianes por nosotros. Te estamos esperando en el hotel, con los extranjeros.
– ¿Pero de qué carajos me estás hablando? Yo no he enviado a nadie, ni siquiera estoy en Moscú – Hubo un momento de silencio – Espera… ¿quién demonios te dijo todo eso?
No, no, no… ¡No puede ser cierto!
Contrólate Belikov, seguramente Rose tiene una explicación para esto.
Tomé la perilla, respiré hondo y abrí la puerta para encontrarme con lo cruel de la realidad traducida en forma de una habitación vacía.
– ¿Roza?
¡Maldita sea!
Sabía que algo no iba bien.
¿Por qué no obedecí a mi intuición?
Debí estar más alerta.
¡Y tú que creías haberte librado del estrés!
Azoté la puerta con teléfono en mano Es que… ¿por qué tiene que ser tan malditamente terca?
Di un par de respiraciones para intentar serenarme, ejercicio que sabía era inútil .
¿Por qué me haces esto, Rose?
Sus palabras seguían resonando en mi cabeza – … haré lo que tenga qué hacer para mantener a las personas que amo a salvo – Ella y su maldita necesidad de salvar al mundo.
Obtuve respuesta al primer tono – ¿Qué sabes?
Era momento de olvidar al hombre y mostrar al guardián impasible – Lleva consigo estaca y un teléfono celular que no se molesta en contestar – Fijé la mirada en su maleta a medio cerrar, lo que significa que tiene intenciones de regresar… ¿verdad? – Solo los médicos y nosotros estamos hospedados en todo el piso y no hay rastro alguno del tal Igor o sus acompañantes – ¡Qué imbécil! – Alguien en recepción la vio salir con rapidez, dijo que estaba sola, pero que un vehículo la esperaba en la entrada principal.
Me froté la cara, como si la acción pudiera despertarme de la pesadilla – Tienen vigilancia, ¿puedes acceder a sus vídeos? – Inquirió Pavel.
Suspiré – En minutos tendré las grabaciones.
– ¿Y ahora qué pretende? – Janine se escuchaba genuinamente preocupada. Nadie veía venir algo así, al menos yo no.
¿Por qué se exponía?
¿Por qué arriesgaba al bebé…?
¿Dónde estás Roza? La incertidumbre me mataba y por partida doble.
– ¿No es obvio mujer? ¡Esta niña mía quiere matarme de un ataque al corazón! Ahora sabemos que el mundo jamás podrá manejar dos de mí – Le siguieron una serie de maldiciones y juramentos turcos. Al parecer se estaban movilizando por la cantidad de ruido que podía escuchar al otro lado – Ya mandé por Olendzki y su esposo; tendrás a tu disposición transporte y recursos ilimitados – Ajusté mi gabardina y las participaciones en ella. Quién lo diría, saldría a cazar a la cazadora – Tengo a todos mis contactos de Rusia en jaque. La van a buscar hasta debajo de las piedras y la voy a encontrar así tenga que traerla a rastras.
Me apresuré a recoger nuestras pertenencias. Sea cuál sea su plan, no vamos a quedarnos. En cuanto la localice nos iremos lo más lejos posible de aquí, ya habrá tiempo para darle un buen pedazo de mi mente. Después, la abrazaré como si no hubiera un mañana.
– No puedo creer que me haya engañado – Dije a nadie en particular – Pensé que estábamos bien.
– Nos lo ocultó a todos, hijo – Sé que la intención de Pavel era hacerme sentir menos culpable, pero bien sabemos que la verdad es otra – Pese a ello no es momento para lamentarnos buscando culpables, tenemos que pensar con la cabeza fría. Es obvio que actuó premeditadamente y que alguien le ayuda.
– ¡Es un suicidio! Cualquiera que conozca la situación tiene que estar amenazado, desesperado, trastornado o ser muy imbécil para arriesgarse a una muerte segura...
– O ser leal a Rose – Interrumpí a la pelirroja.
– ¿Pero quién sería tan estúpido como para…? – Abe se detuvo abruptamente – Pavel, ¿dónde carajos está tu hijo? ¿Dónde está Zedrik?
Rose
– ¿Falta mucho, Igor?
– Casi estamos ahí, Rose – Me contestó con total serenidad, como si no le hubiera preguntado lo mismo unas… ¿cinco veces?
Me removí incómoda, cansada, nerviosa, con sueño y un hambre del demonio que me debilitaba con rapidez.
¡Y esta maldita opresión que no me deja en paz!, froté mi adolorida espalda baja.
En las últimas horas me sometí a mucho estrés por el temor de que, uno: mi plan no resultara y dos: las consecuencias que traería con todo esto. Me fue imposible tranquilizarme aun cuando sabía que podía ser dañino para mi pequeño. Me alarmé al sentir la molestia, pero realmente no es dolorosa, por lo que lo atribuí al mismo nerviosismo. Y ahora, ya no estaba tan segura de querer conocer la información que tenían para mí.
Algo en mi interior me decía que esto no era bueno para Dimitri.
¡Uff, mi ruso! Ya me imagino cómo estarás. Te sentirás engañado, molesto, desesperado e indudablemente muy preocupado.
¡Genial! Elegiste el mejor momento para sentir remordimientos, consciencia.
El bebé protestó aporreándome las tripas, probablemente también resentía la falta y traición a su padre… o el apetito.
Protectoramente envolví los brazos en mi enorme barriga. Lo siento tanto, nunca quise ponerte en esta situación y si supiera que no iba a poder protegerte no te habría expuesto. Suspiré apoyándome en el asiento. Sabes que te amo con todo mi ser, pero esto lo hacemos por papá y muchos más inocentes. Cuando seas un guardián tan rudo como él me comprenderás. Mientras tanto, sé un buen niño y no des más golpes a mami. Entiendo que tengas hambre y estés cansado, pero ya casi terminamos aquí. Solo… aguanta un poco más.
Levanté la mirada con aire renovado y la seguridad de que lo que hacía era por un bien mayor – ¿Me aseguras que el guardián Belikov no corre ningún peligro?
Después de aproximadamente veinticinco minutos de trayecto aparcamos frente a una modesta cabaña no muy lejos de la ciudad.
El guardián bajó del vehículo, abrió mi puerta y amablemente me ayudó a salir – Él se encuentra bien protegido. No encontrará rastro de nosotros en el hotel; dejé personal infiltrado y vigilamos todas las entradas y avenidas circundantes. Sin embargo y si me permite el atrevimiento… – Consentí ligeramente – Conociendo la situación y la impecable reputación que le precede, no creo que se quede de brazos cruzados.
Distinguí una tenue luz en la vivienda, quizás proveniente de alguna chimenea – Y no lo hará, Igor. Es más, estoy convencida de que pronto entrará por esa puerta – Apunté delante mío.
– Pues entonces no perdamos tiempo, el jefe espera.
~•~
Con dificultad me moví hasta la marquesina de la cabaña, inusualmente me percibía lenta y más pesada. Gracias al cielo no tuve que esperar a que atendieran a la puerta, pues mi anfitrión me recibió en un traje impecable.
– ¡Mírate Rosemarie! – Tomó mi mano con la intención de besar mis nudillos – Te ves tan…
– ¿Enorme y jodidamente fatal? – Seguramente lucía como me sentía.
Sonrió – Iba a decir hermosa.
– ¡Vaya! Al parecer nunca sales sin tus excelentes modales, Alessandro – Retiré mi mano de la suya – Si te conociera mejor diría que intentas aligerar el ambiente. Lo que significa que tal vez lo que tienes que decirme no va a gustarme en absoluto.
Su expresión se tornó seria – Y no lo hará, Rose. No obstante, será mejor que entres y conversemos con calma – Se dirigió al tutor que me escoltaba – Monten guardia y avísenme de cualquier cambio.
Dentro esperaba una mesa puesta para dos, una cálida chimenea y la luz sutil de algunas velas esparcidas por aquel sitio.
Fruncí el ceño, lo que tenía delante era una escena sacada de una película romántica – Lamento la iluminación – Exclamó Dunat – Ayer explotó el regulador de energía que alimenta la zona y no ha sido reparado – Afirmé en la comprensión – Toma asiento por favor, debes estar muerta de cansancio y hambrienta.
– Preferiría terminar con esto lo antes posible – Acepté la silla que me ofrecía – No sé de qué tanto tiempo dispongamos con Dimitri.
– Siempre tan contundente, debe ser un mal de familia – Murmuró al dirigirse por su portafolio y sacar algunas carpetas con el logotipo de "Confidencial" – Estos son los informes que…
Los recibí con renuencia – Odio hacer y leer informes, no me agradaba la escuela y Stan Alto puede dar fe de ello.
– Descuida, son solo algunos datos. El propósito principal de esta reunión lo detallaré lo mejor que pueda – Abrí los documentos encontrando bien estructuradas fechas, lugares y listas de nombres con el estatus de desaparecidos y… muertos.
Alessandro se mantuvo expectante en silencio, dándome tiempo para empezar a asimilar las acciones provenientes de una de las mente más retorcidas con las que he tenido la desgracia de encontrarme – ¿Qué es todo esto?
Se sentó frente a mí. La comida seguía intacta y a pesar de verse suculenta mi apetito desapareció por completo – Desde un inicio supiste perfectamente que Zmey te ocultaría toda información que creyera no debías conocer. Dejaste a Zedrik como aliado y aunque ha sido de gran ayuda en nuestra alianza, hubo detalles que le ocultaron precisamente para evitar que llegaran a oídos tuyos – Cerré las carpetas – Pormenores que no pudieron esconder de mí – No me sorprendía, sabía que algo así pasaría. Aunque eso no me impedía sentir molestia – Los ataques se han incrementado. Principalmente saqueos y capturas dhampirs y morois. De buenas a primeras dejaron de molestar a los humanos. Sus objetivos son comunas, orfanatos y albergues. Hemos llegado a la conclusión de que siguen adelante con su plan, la diferencia radica en que van a marchas forzadas.
– ¿Cuál es el motivo?
Se encogió de hombros – Creemos que han decidido ir tras los peones para dejar las presas letales al final. Eso y que el rumor de que la cazadora y su equipo siguen exterminándolos y truncándoles sus planes, los han obligado a actuar.
– ¿Piensan que sigo cazando?
Asintió – Aún lo haces… o al menos eso es lo que parece – Hice una mueca no entendiendo muy bien la situación – Tu padre corrió cierta información para mantenerte en el anonimato. Si ellos creían que seguías en la batalla nadie pensaría que estabas fuera del país.
¡Lógico! – Comprendo… pero, cómo lo hicieron.
Se cruzó de brazos – Te buscaron un reemplazo y mi hermana se ofreció voluntaria – ¡UN QUÉ! – Kendra dimitió con nuestro padre, dejó a Bastián a mi cuidado y ahora trabaja con tu equipo.
– ¿Por qué no sabía nada de esto? – Exclamé.
– Tu tío le prohibió terminantemente a Zedrik que te lo contara a ti o a Dimitri y tus padres me exigieron lo mismo. Nos ataron de manos, pero francamente este es el dato menos relevante de todos.
Negué profusamente – Es muy arriesgado ¿Por qué lo permitiste?, ¿cómo es que estuviste de acuerdo? Y sobre todo, ¿cómo es que esta locura ha funcionado hasta ahora?
– Conocíamos los riesgos, a nadie se le endulzó u ocultó nada – ¡A excepción de mí, claro está! – Kendra puede ser muy terca y sus motivos son tan válidos como los de muchos otros, por lo que no dudó ni un instante en levantar la mano ¡Y solo Dios sabe cómo es que la tapadera no les ha reventado a la cara! Por lo general evitan separarse, ella se tiñó el cabello y simplemente hace acto de presencia en un equipo conformado en su mayoría por hombres.
– ¡Santo infierno maldito! ¿En qué carajos nos hemos metido? – Volví a sentir la opresión en mi espalda baja, aunque intenté no prestarle atención.
Bebió del líquido rojizo de su copa – Lo que es indiscutible es que han hecho un trabajo extraordinario. Tus amigos moroi se han acoplado bien, lo que les ha facilitado el trabajo a los guardianes – Esto me enorgullecía, confiaba plenamente en la capacidad de Christian, Mía y Zedrik – Les han frustrado más de algún plan y no han dejado de hacer muertes. El problema es que Takat opera en Rusia y sus alrededores, Pavel no ha querido extenderse para que no se les salga de las manos. Cosa que desde luego los strigoi han aprovechado.
– ¿Y dónde queda Dimitri en todo esto? – Tragué.
Suspiró con desazón – Lo que voy a contarte a continuación son una serie de sucesos ligados y el por qué pienso que el korol´ tiene un interés especial en Belikov. Cabe mencionar que nada de esto lo he hablado con Ibrahim o alguno de sus hombres – Un nudo áspero se formaba en mi garganta – Después del ataque a Baia ha habido dos intentos más y ocurrieron justo después de que Olena Belikova y sus hijas regresaran de sus vacaciones en Turquía – Me volví a tensar – Por mandato de la Reina Dragomir se reforzaron las defensas mágicas de las Academias y la mayoría de las comunas dhampíricas. Sin embargo, el pueblo que vio nacer a Dimitri es el único que ha tenido más intentos de asalto. Por lo que Abe envió un grupo discreto de seguridad que protege a la familia sin que esta lo sepa. Las órdenes que tienen los strigoi no han sido modificadas, los quieren con vida y sin corromper. De hecho, son amenazados de muerte en caso de faltar al mandato. Y la recompensa para los humanos es la transformación inmediata, en el remoto caso de que sean capturados y entregados por ellos – Pausó para recuperar el aliento – Seguimos sin conocer el rostro del korol´, pero ya sabemos dónde encontrarlo…
– ¿Qué has dicho? – La confesión me descolocó por completo – ¿Ya saben dónde se esconde? ¿Por qué no me habían informado? ¿Y cómo es que Pavel no ha planificado una ofensiva?
Alessandro levantó las manos pidiéndome que ralentizara – Sí, sabemos dónde encontrarlo y no, no se esconde. Es más, creo firmemente que sus intenciones son llamar su atención. No te lo dijimos porque es un tema delicado y quise hacerlo así, de frente – ¡Mierda! El pánico comenzaba a invadirme – Takat no ha podido idear una ofensiva porque simplemente es imposible penetrar la fortaleza que Tafari ha construido por orden directa del rey. Es arriesgado introducir al equipo sin llamar la atención, los muros rezumban strigois. Zedrik lo llama "Mordor".
No rodeé los ojos solo porque entendí el alcance de la analogía – Bueno y dónde es ¿Dónde lo encuentro? Hay que poner punto final a tanta maldad.
Se aclaró la garganta – En la finca donde Belikov te mantuvo cautiva.
– ¿Cómo? – Sentí que la sangre se me helaba.
Afirmó – Y eso no es todo – ¿Es que hay más? – El korol´ no solo se apoderó de esas tierras, también escrituró la propiedad y al parecer lo hizo por la vía legal. Aunque seguramente la mafia de su lado tuvo que ver con ello.
– Es comprensible, ambiciona el poder. Obviamente querrá tener todo a su nombre.
Negó con la cabeza – Es que precisamente aquí reside mi mayor prueba. La finca no está a su nombre, sea cual sea.
Esto no tenía sentido pues no conocíamos al strigoi, ni por nombre u apariencia – No entiendo, ¿cómo sabes que no es su nombre el que está en el documento?
– Porque el propietario es una persona que conoces perfectamente.
– ¿Quién es? – Me extendió lo que parecía un documento oficial.
– El dueño es, Dimitri Belikov.
Al ver su nombre en el título de propiedad no me quedó la menor duda, va tras él – Esto es… – Distinguí la firma de Dimitri al final de la hoja – … falso, ¡no puede ser cierto!
– Y no creo que lo sea. Al principio pensé que cuando Belikov fue uno de ellos cambió todo a su nombre para mantener el poderío que tengo entendido le arrebató a Galina, pero al ver la fecha en la que se expidió el documento, no coincide con el tiempo en que estuvieron aquí. Alguien lo nombró propietario y para ello falsificaron su firma. Piénsalo Rose, cuál es el nombre con que inicia la lista de reclutas.
– El suyo… – Susurré – ¿Cuál es su maldito plan? ¿Qué quiere con él?
– No lo sé – Se puso de pie para acercarse a mí y ponerse en cuclillas – Investigué un poco – Fruncí el ceño – Hablé con Olena y le pregunté sobre los posibles enemigos que podría tener su hijo. Y mencionó a un solo hombre… Randall Ivashkov.
Estaba segura de que se me había ido el color de la piel – ¿Su p… padre?
– El inconveniente es que él lleva meses internado y en vías de recuperación – Para este punto mi mente iba a mil y cada idea era peor que la anterior – Al parecer la difunta reina lo sometió a este tratamiento poco después de que se diera a conocer la existencia de espíritu.
– Adrián… Randall – ¡Por Dios!
Colocó sus manos sobre las mías – Medita muy bien lo que vas a hacer, Rose. Quizá sigamos sin saber bien quién es el enemigo. No obstante, lo que es innegable es que Belikov corre más peligro del que sospechamos.
Nos turbó el rechinido de unas llantas, seguidas de un enérgico – ¿DÓNDE ESTÁ? Si la han dañado les juro que los mato – De pronto se armó un alboroto y fue entonces cuando la puerta azotó el suelo con Igor sobre ella – ¿Roza? – La expresión de Dimitri era determinante. Sus ojos se clavaron sobre las manos de Alessandro, las cuales seguían en mi regazo. Hizo una zonificación rápida para volver a posar su mirada digna de un Dios furioso sobre los simples mortales – ¿Qué demonios está pasando aquí?
– ¡Vaya! – El moroi se levantó para ayudar a su guardián caído – Tal parece que te sigo subestimando Belik…
– ¡Cállate Dunat! – Habló entre dientes – Y será mejor que te largues de aquí porque estoy a punto de olvidar que eres moroi y juro que te moleré a golpes hasta que me canse de hacerlo.
Ya me imaginaba las ideas que asaltaban su mente. Con mi escape, el lugar y la manera en cómo nos encontró ¡Ay Dimitri! Sin quererlo encontré la coartada perfecta para alejarte de aquí y ponerte a salvo en la seguridad de la Corte.
– Vete Alessandro – Me incorporé – Igor necesita atención médica, se ha luxado el brazo – Pretendió hablar – Descuida, yo me encargo.
Salieron en silencio, pasando a un costado del furioso ruso quien me desafiaba con la mirada sin inmutarse por el tono de mis palabras – ¿Era esto? – Abrió los brazos punteando el interior de la cabaña – ¿De esto se trataban todas las llamadas furtivas que recibías? – Avanzó algunos pasos – ¡Y yo creyendo ilusamente que se trataba de Zedrik!
Intenté serenarme, preparándome para lo que venía – ¿Así que lo sabías? – Me crucé de brazos – ¿Por qué nunca dijiste nada?
Se pasó una mano por el cabello suelto – Al parecer por imbécil – El que jurara en un idioma que conocía es un indicativo de cuán cabreado estaba – Dime, ¿para qué tanto espectáculo? La Rose que creía conocer me habría planteado las cosas claras desde un inicio.
– Sé más específico, ¿quieres? Porque esta "Rose" – Me señalé con sarcasmo – No sabe a dónde quieres llegar.
– ¿Ah no? – Observó la mesa intacta – Me refiero a todo: a Rusia, a Ibiza, la cazadora, nosotros y tú huyendo nuevamente. Hablo de que hace menos de una hora nos tenías a tu familia, amigos y a mí, sumidos en la maldita desesperación por no saber en dónde diablos te habías metido. Hablo de que me dejaste botado en un hotel del país en donde somos los más buscados por nuestros enemigos más letales y al salir me encuentro con que tengo gente del cretino de Dunat que me vigila a distancia – Estaba tan exaltado que podía ver sus venas brotadas del esfuerzo que hacía por mantener el control – ¡Hablo de que me mentiste jodidamente a la cara!
– ¡Cuidado Dimitri! Bien podría reclamarte lo mismo. Porque si de mentir descaradamente se trata, déjame decirte que no eres mejor que yo – Me miró con una incredulidad que dolía – Y no es como si te hubiera dejado desprotegido, esa gente cuidaba de ti. No te vigilaban, o acaso trataron de impedirte que llegaras hasta aquí ¿No verdad?
Dio dos pasos más – Pues si tan segura estabas de que vendría explícamelo, porque entiendo un carajo… ¿qué es esto, una especie de venganza macabra? Mientras estuvimos ocultándonos decías amarme, ¿para qué? Para ilusionarme, tenerme a tus pies y luego tirarme desde lo más alto, ¿no es así? – Rio sin humor – ¡Claro! Si es tu pasatiempo favorito, te encanta volver a los hombres locos por ti – Coloqué las manos en mi vientre al sentir una ligera punzada – Primero todos los estúpidos pretendientes, luego Zedrik, después Dunat y hasta el tal Iker – Bajó un poco su cara a la mía – Tú no pierdes el tiempo, la prueba está en que ni siquiera fuiste capaz de decirme quién fue el desgraciado que te dejó embarazada – Hacía lo posible por no hacer muecas pues la punción comenzaba a intensificarse – Quizá ni tú misma lo sabes…
El dolor se agudizó y no solo el de mi zona baja, también él de mi corazón – Entonces la que no entiende soy yo – Me tragué unas inmensas ganas de llorar – Por qué razón llegaste hasta aquí conmigo si piensas tan poco de mí, obviando que no es la primera vez que me llamas sutilmente una puta – Distinguí arrepentimiento en su mirada – Ese es tu mayor coraje, ¿no es así? No saber quién es el padre de mi hijo, pues bien guardián Belikov… – Apreté la mandíbula para soportar la dolencia – … te lo voy a decir – Retrocedió instintivamente – Es Jesse Zeklos.
Dimitri
– ¿Satisfecho? Al fin saciaste tu jodida curiosidad – En ese instante sentí que se me escapaba el alma del cuerpo.
¿Zeklos… cómo es posible que cediera cuando les hizo la vida imposible a ella y a Vasilisa en Sn. Vladimir?
Obscuramente todo comenzó a cobrar sentido; comprendí entonces la furia que mostró cuando me defendió y se enfrentó a los padres en la cena gala de su presentación con la mafia: – Ahora sabe por qué envié a Jesse por donde vino el día que decidió aparecer con su absurda propuesta – Las fechas coincidían, se vieron cuando él se presentó con la dote.
¡Maldita sea!
– ¿Por qué? – Logré preguntar, pues la opresión en mi pecho me impedía respirar.
– ¿Por qué, qué? – Apoyó la cadera contra la elegante mesa.
– ¿Por qué estuviste con él después de todo el daño que les hizo? – Ya no había ira en mi voz, sino pura y simple derrota.
Fue entonces cuando me dio la respuesta que terminó por matar toda esperanza entre nosotros – Porque quise, pues según tú no me iba a quedar con las ganas – Se encogió de hombros – Además, no es como si hubiera tenido una virginidad que defender.
– ¿Cómo pudiste caer tan bajo? – Sus ojos se cristalizaron – Yo… me largo de aquí – La observé detenidamente para grabarla en mi memoria antes de dar la vuelta e irme.
– Eso es exactamente lo que exigí el día que llegaste a Estambul – Llegué al marco de la puerta cuando su grito de dolor me detuvo abruptamente – ¡Ahhh!
De repente sentí como si fuera en cámara lenta. Me giré para verla inclinada y sosteniéndose el vientre con un charco a sus pies – ¿Rose? – Sus piernas temblaban, no lo pensé e inmediatamente corrí a su lado.
– Mi bebé… – Dijo con pánico, sosteniéndose de mí con dificultad.
¡Dios! Es demasiado pronto, pensé.
– No te preocupes, te llevaré al hospital. Todo va a estar bien, Roza – La levanté en brazos y ella se aferró a mi camisa como si su vida dependiera de ello – Trata de controlar la respiración.
Salí para toparme con un guardián – ¿Qué ocurre?
No me detuve – Necesita un médico, se ha puesto de parto – La subí con delicadeza en la parte trasera del auto. El tutor volvió a acercarse junto a su equipo – Vaya con ella guardián Belikov, yo conduciré y ellos nos escoltarán – Ni siquiera lo pensé, le entregué las llaves.
Este fue por mucho el viaje más difícil del que haya sido participe.
Tenía los sentimientos encontrados predominando la culpa y la congoja. Pues si algo le ocurriera a Rose o al niño estando bajo mi cuidado o debido a mis errores, jamás me lo perdonaría.
¿Por qué no pude contenerme? El arrepentimiento inundaba mi pecho haciendo la respiración dolorosa.
Con cada contracción ella estrujaba mi mano con una fuerza descomunal, sudaba frío y retenía el aliento hasta que pasaba el espasmo. Sus quejidos eran soportables, lo cual era bueno ya que aún era capaz de manejar la dolencia. Pretendí que fuera más cómoda y lograra tranquilizarse al masajear los puntos de presión de su espada baja.
– ¿Falta mucho? – Preguntó entre dientes.
– Estamos a un semáforo – Respondió el guardián.
Había contactado a su padre sin darle oportunidad de reaccionar, hablar o cuestionar; no había tiempo para eso. Y en menos de diez minutos Abe había dispuesto del lugar y todo lo que fuera necesario. De hecho, los médicos ya se encontraban en la clínica a la espera de nuestra llegada.
Al doblar una esquina nos encontramos con un hospital absurdamente custodiado por guardianes, difícilmente pasaríamos desapercibidos – Estamos aquí – Asintió entre sofocos – Tranquila, todo va a estar bien – Abrí la portezuela y la acuné para colocarla en la camilla sin soltar su mano.
– ¿Qué ocurrió, Rose? – John y un par de enfermeras empezaron a atenderla en una carrera por los pasillos.
– Rompí fuente hace unos veinte minutos – Volvió a exprimir mi mano – Y las jodidas contracciones… son cada vez más frecuentes.
– Ha estado muy alterada – Agregué.
El moroi no dejó de hacer su labor – Haré un chequeo para comprobar. Busca a mi mujer, ya salgo.
– No permitas que nada les suceda – Asintió llegado a un pasillo solo para el personal – Estaré aquí, Roza – La solté solo para sentir cómo se me partía el corazón.
La doctora llegó corriendo – ¿Dimitri, qué pasó? – Vestía para entrar a cirugía.
Me pasé una mano por el cabello – La encontré y tuvimos una fuerte discusión – Negué apretando el puente de mi nariz – Vi que tenía las manos en su vientre, pero nunca dijo nada y la verdad es que tampoco pregunté. Mi atención estaba turbada y de pronto, rompió aguas – Parecía preocupada, pero no tanto cómo pensé que estaría por ser un parto antes de tiempo – ¿Estará bien? ¿Y si algo le ocurre al bebé por ser prematuro?
Bajó la mirada – Solo hay que checar y cuidar la presión de la madre, si los cambios no son drásticos todo saldrá bien.
John salió quitándose las gafas – Esta lista, no pasará mucho para que dé a luz. Sus signos son buenos, no como me gustaría que fueran, pero no hay peligro inminente – Sentí como se me caía un enorme peso de encima – Prepárense, los veo adentro.
Regresó por dónde salió – ¿Qué ha dicho?
– Lo que has oído – Me tomó del brazo – Ven vamos, tenemos que lavarnos y vestirnos.
Hice un poco de fuerza para detenerla – No creo que Rose me quiera a su lado en este momento.
– Dimitri… – Suspiró – … Rose es terca, testaruda y los sabes mejor que yo. No quiero inmiscuirme en sus asuntos, pero te puedo asegurar que independientemente de su altercado ella va a necesitarte ahí dentro. Dadas las circunstancias requiere estar relajada y sentirse acompañada de gente que la quiera y la conforte. Además Ibrahim dijo que estabas a cargo, tu lugar es a su lado.
~•~
¡Respira, Belikov!
Mantén la calma…
¡Mierda!
Estaba jodidamente nervioso y extrañamente también me sentía impaciente. Frente a la puerta y a la espera de que alguien me pidiera entrar.
Los pasillos estaban desiertos, prácticamente teníamos el piso a nuestra disposición – Ya puede pasar – Anunció una enfermera.
Puedes hacerlo Dimitri, solo camina.
Mis piernas temblaban, las manos me sudaban y mi respiración era irregular.
Rose se encontraba lista para dar a luz, la cambiaron a la típica bata verde de hospital, la cual estaba doblada hasta su vientre dejando descubiertas sus piernas. Tenía conectados monitores que registraban ritmo cardiaco y demás signos tanto de ella como del bebé. Habían recogido su cabello con una cofia, otra enfermera le pasaba un paño húmedo por el cuello y la frente al tiempo que se sujetaba aguerridamente de los soportes de la cama.
– Acércate Dimitri – John me sacó de mis cavilaciones – Será un parto rápido, el niño ha coronado.
Tragué colocándome a la izquierda de Roza, le retiré la mano del soporte para sujetarla con seguridad – ¿Cómo te sientes?
– Como si estuviera muriendo.
Su respuesta me descolocó: – Para muchas mujeres este es el momento más importante de sus vidas. Puede convertirse en el más hermoso recuerdo o en el más traumático – Mi madre fue por muchos años la partera del pueblo – Dimka, quédate junto a Karolina. Ella necesita sentirse querida y apoyada – El nacimiento de Paul es una buena memoria de mi hermana, lamentablemente yo no puedo decir lo mismo.
Debía tener mucho tacto y escoger bien mis palabras. Así que intenté darle ánimos, aunque tal vez lo que decía era para confortarme a mí – Descuida, lo estás haciendo bien…
– ¡Cállate, no hables! ¡Todo esto es tu culpa! ¡Maldito, infeliz! – Espetó.
– Está con mucho dolor, te aseguro que no quiere decir nada de lo que dice – Dijo la enfermera mayor que le limpiaba la frente con dulzura.
– ¡El infierno que lo hago!
– Vamos Hathaway, esto será pan comido para ti – La animó Olendzki.
– Necesitó que pujes en la siguiente contracción – Demandó John.
– ¡Ahhh! – Hizo varios esfuerzos cayendo exhausta sobre la almohada – No puedo, necesito estar más erguida.
El médico asintió hacía su esposa – Dimitri – Habló ella – Colócate con las piernas extendidas detrás de Rose, serás su apoyo – Bajaron los soportes y la ayudaron a incorporarse mientras me sentaba a sus espaldas.
– Coloca tus manos sobre el vientre de tu esposa. Y tú puedes apoyarte en los brazos de tu marido, cariño – Instruyó la enfermera.
– Vamos de nuevo, están a punto de ser padres.
Mataría porque eso fuera verdad.
– ¡Ahhh! – Sus uñas se enterraron en mis brazos.
– ¡Uno más Rose, lo tengo aquí!
– ¡Ahhh! – Y fue entonces cuando oí el sonido más hermoso que he tenido la oportunidad de escuchar, el llanto de una nueva vida.
El cuerpo de Roza se relajó sobre el mío, respirando con pesadez – ¿Dimitri, quieres cortar el cordón? – Preguntó él.
Negué – No creo que sea…
– Hazlo… – Musitó Rose – … por favor – Con cuidado y ayuda me levanté, recibí las tijeras que me ofrecían y corté el enlace sin atreverme a mirar al niño.
¿Por qué lo hice? No lo sé.
John lo entregó a una enfermera para que lo pesaran y limpiaran – Lo hiciste bien – Le dije no sabiendo qué hacer conmigo mismo.
Asintió con los ojos cerrados – ¡Felicidades Rose! Tienes un niño sano de dos kilos setecientos gramos, y cincuenta y siete centímetros – Sonrió aún a ciegas, con los sollozos de fondo. No obstante, era la sonrisa más hermosa que le haya visto jamás.
– Salgamos de aquí – Propuso la doctora – Pronto la trasladarán a otra habitación y ahí podrás verla.
Lo último que escuché fue a la enfermera preguntándole a la feliz madre por el nombre del bebé.
No me atreví a quedarme… es que simplemente no podía hacerlo. Salí de ahí sintiendo como si se me estuviera acabando la vida, tenía mucho en qué pensar.
Rose
Me sentía viviendo un sueño. Nunca imaginé que el nacimiento de nuestro hijo sucedería así. Tenía la ilusión de que fuera aquí en Rusia, pero sobre todo, de que Dimitri estuviera con nosotros. Y así pasó, él fue mi más grande apoyo.
Nuestro hijo es hermoso, una copia exacta de su padre: mismo tono de piel y facciones.
A excepción de la nariz, esa es completamente mía y el cabello que es cien por ciento Mazur ¡Mi baba estará encantado!
Lo sostenía como si fuera el mayor de los tesoros, una sola mirada me bastó para jurarle amor eterno e incondicional. Estaba segura de que si Dimitri lo observaba con detenimiento no tardaría en atar cabos, o al menos dudar de mis palabras.
Un golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos, subí la manta que lo cubría para taparme el pecho – ¿Puedo pasar? – Era mi camarada.
– Adelante – Sentía el corazón en la garganta.
– ¿Cómo te sientes? – Se posicionó al pie de la cama.
– Cansada, pero bien.
Asintió sin apartar la mirada del bultito azul entre mis brazos – Me gustaría hablar contigo – Algo en su tono no me gustó – Quiero que sepas que cada vez que te veo hay tantas cosas que quiero decir y muchas veces no sé cómo decirlo, así que simplemente lo diré – Se pasó una mano por el cabello, lucía abatido – Perdóname Rose – Me quedé atónita – Siento que pasaras por tanto problemas en la Academia; muchos de los cuales no supe sobrellevar. Lamento haber pretendido renunciar a ti cuando te di mi palabra de que te cuidaría para siempre. Lamento todas y cada una de las palabras duras e hirientes que hemos compartido… siento lo de hoy… fui muy grosero e hiriente contigo. Lo que quiero decir es que te pido perdón y sé que me faltó decirlo a tiempo. Nunca quise ponerte en peligro o al bebé, me siento culpable y responsable de haberte incitado el parto. Y como bien dijiste… será mejor que me marche.
– Dimitri, yo…
– No, no digas nada – Sonrió con tristeza – Quiero que sepas que te estoy eternamente agradecido, no solo me volviste a dhampir, también me salvaste de mí mismo. Y no me arrepiento de nada de lo que viví contigo. Siempre tendrás mi corazón, Roza.
Dio media vuelta y tomando una respiración profunda abrió la puerta para no mirar atrás.
Sollocé aferrándome a nuestro milagro – Y tú siempre has tenido el mío, camarada.
Sigo aquí! =)
¿Qué les puedo decir? Espero que el capítulo les haya gustado y que no las haya hecho sufrir demasiado, todo tiene su razón de ser. Como siempre, las invito a dejar sus comentarios y opiniones.
Y sobre todo quiero agradecerles infinitamente su paciencia de oro y sus bonitos comentarios ¡Son unas hermosas!
Mis agradecimientos especiales son para: todas las lindas personas que comentan anónimamente, Juanita, Rosa C, aurahoran1d15, herlandy88, Bar HerreraSilva, Kathyo05, lorena2017, Rosario, DaniBelikova16, Lizy de Belicov, Sabrina, Maria elena, Yael, sassySassenach, TeamSuiza96, Brenda-I, Jhossy, villasa, Recerfi y a mis buenas amigas CARLET 77 y Jcastillo.
Lo lamento si he olvidado a alguien, pero ya somos muchas (lo cual me llena de alegría) y se me puede pasar por alto alguna. Sepan que no lo hago a propósito.
Saludos con todo mi amor hasta: Colombia, Costa Rica, Alemania, Perú y aquí mismo en mi bello país, México.
Además de un abrazo fuerte y mis mejores deseos para el pueblo de Venezuela ¡Fuerza!
Un beso mega enorme, Isy.
