Todos los derechos son propiedad de RICHELLE MEAD.
A excepción de algunos nuevos personajes.
Capítulo 28
Dimitri
No me detuvo… ella no me detuvo.
Grabarme en la memoria la más bella de sus imágenes para después girarme; caminar hacia la puerta y cerrarla dejando detrás lo mejor que me ha ocurrido jamás… fue, es y seguirá siendo terriblemente doloroso.
Una vez más dejaba una gran parte de mí en Rusia, aunque en esta ocasión sentía que renunciaba a la mitad de mi alma.
No obstante, alejarme de Rose era la única opción y así me lo repitiera un millón de veces lo seguiría haciendo hasta llegar a creerlo plenamente.
Tiene gente que se preocupa y ocupará de su bienestar, ya sea su padre, Alessandro o quien ella decida. Lo que sé con certeza es que lo que menos necesita justo ahora es a alguien como yo.
Alguien que no ha sido capaz de protegerla correctamente, que la ha insultado, que solo le ha traído desgracias, que fue el motivo de muchos de sus llantos y que la llevó a tal límite en donde no solo puso en peligro su vida, sino también la de su hijo… su hijo.
¡Maldita sea, soy un completo idiota!
Tantos años esforzándome por dominarme, perfeccionando los matices de mi carácter para lograr el autocontrol ¿Y para qué? Para llegar hasta este momento y mandarlo todo al carajo con una increíble facilidad.
Salí completamente destrozado: física, mental y emocionalmente hablando. Tanto que no me rehusé a que el mismo guardián que nos llevó a la clínica me escoltara junto a otros cuatro de sus compañeros al aeropuerto más cercano.
– ¿Puedo ofrecerle algo para su mayor comodidad? – Una azafata me sacó del aturdimiento.
– No… nadie puede – Murmuré.
La mujer me miró totalmente confundida para después marcharse. Y no la culpaba, tenía una idea de cómo debía verme: un ruso alto, fornido y abatido que lucía como un condenado a muerte.
Que es exactamente como me sentía…
¡Infierno! No tenía noción del tiempo, ni siquiera sabía cómo había llegado hasta aquí.
Todo me parecía irreal. Vivía una pesadilla en donde no tenía el control de nada.
El último recuerdo coherente que tengo es haberme bajado de la camioneta, abrir el maletero y sacar únicamente mis pertenencias – ¿Y esa? – Me preguntó uno de los tutores, refiriéndose a la valija de Rose.
– No es mía… – Hice una pausa mientras miles de pensamientos me atacaban – … y tal vez nunca lo fue.
Clavé la mirada en la ventanilla solo para encontrar la más cruda de las penumbras – … ¿qué es esto, una especie de venganza macabra?
¡No! Mi Roza no es un ser que albergue resentimientos, no está en su noble naturaleza.
– ¡Claro! Si es tu pasatiempo favorito, te encanta volver a los hombres locos por ti.
¿Por qué me dejé consumir por los celos y la rabia? ¿Por qué no fui capaz de ver su sufrimiento?
– Tú no pierdes el tiempo, la prueba está en que ni siquiera fuiste capaz de decirme quién fue el desgraciado que te dejó embarazada. Quizá ni tú misma lo sabes….
Me pasé la mano por el rostro, no podía creer que toda esa porquería haya salido de mi boca y con la única intención de lastimar.
Quizás… después de todo no soy tan distinto al moroi que me dio la vida.
La herí profundamente, no le permití explicarse, me tiré a matar con mis demandas y ataques.
Extinguí cualquier oportunidad que pudiéramos haber tenido de una vida "normal".
Yo mismo terminé con nosotros.
Apoyé la cabeza en el asiento y cerrando los ojos dejé escapar lentamente el aliento.
De pronto me sentía como en una olla a presión que estaba a punto de explotar.
¡Contrólate Belikov, mantén el control!
No comprendía muchas cosas y eso me frustraba, porque lo más probable es que nunca conozca el verdadero propósito del viaje a Moscú y su reunión con Dunat. La forma en la que trabaja la mente de Rose; es que había cientos de posibilidades ya que su lógica es complicada. Siempre hay algo de trasfondo, una buena intensión que solo ella maneja con planes e ideas que podrían catalogarse de irracionales.
Las cuales han salvado muchas vidas, entre ellas la mía.
De lo poco que era consiente es que tendría que aprender a vivir sin Rose en lo que restara de mi miserable existencia. Levantarme cada mañana con la certeza de que no la vería o escucharía y el solo pensamiento me mataba. No iba a poder continuar sin ella y aun así tendría que hacerlo. Pues quizás no fui capaz de mantener una de las promesas más importantes que he hecho en la vida, pero había una que podía cumplir perfectamente. Una que solo implicaba mis habilidades como guardián.
Volvería a ser el tutor impasible que aparentaba ser mucho antes de conocerla y cumpliría con mi obligación así mi cordura se estuviera derrumbando lentamente.
Vasilisa es importante para Rose, y Rose es importante para mí.
Mientras ella y el equipo no den muerte al korol´ seguiré ocupando su lugar como había dispuesto en un principio y si algún día decide regresar y tomar lo que por derecho le pertenece, me haré a un lado para dejarla ser feliz con los suyos.
Pues independientemente de todo…
– Siempre tendrás mi corazón, Roza.
– ¡Guardián Belikov! – Exclamó el tutor de turno de la caseta de vigilancia al tiempo que se incorporaba dejando de lado su café – No lo esperábamos…
Tomé el registro de entrada, comprobé la hora y firmé mi ingreso a la Corte – En realidad, es Capitán Belikov – Levanté el equipaje – Y no tenía por qué anunciar mi regreso cuando mi deber se encuentra aquí – Contesté monótono.
Asintió torpemente mientras presionaba el interruptor que abría la pesada reja – Tiene razón, lo lamento Capitán ¿Desea que dé aviso de su llegada a la guardia real o a la torre central?
– No, a ninguna. En cambio le pido total discreción al respecto – Traspasé el umbral – Me reportaré mañana a primera hora.
– ¡Claro que sí, señor! – Parecía incomodarse cada vez más con mi presencia. Lo cual no ayudó mucho a mi espantoso ánimo, pues conocía perfectamente todo lo que se murmuraba de mi "obscuro pasado strigoi".
– Y guardián… – Leí el apellido en el carnet – Simons. Le sugiero que trabaje más en su capacidad de reacción.
Me alejé rápidamente. No deseaba encontrarme con nadie pues no me sentía en condiciones de dar explicaciones, al menos no todavía. Así que aumenté el ritmo y opté por la ruta que aunque más larga, es menos transitada.
Por instinto iba realizando la zonificación, aquello parecía estar en orden, cada quien en sus actividades del diario. Es extraño saber que fuera de estas murallas hay un sinfín de peligros y que gran parte de nuestra sociedad nunca se da por enterada. Por ejemplo, desconocen que en este momento existe un grupo de guerreros desconocidos que luchan y arriesgan la vida por exterminar la que podría ser la mayor de nuestras amenazas.
No pienses en eso ahora, Dimitri.
Ros… ella estará bien protegida.
Sin embargo, siendo el responsable directo de la reina habría que tomar precauciones. Medidas más estrictas de seguridad; Takat no necesita cargar con la preocupación de nuestra gobernante moroi.
Distinguí los departamentos asignados a la guardia real, el mío era la suite ubicada en el último piso de un edificio de diez. Solo habría que llegar al elevador y…
– ¿Ladrón de cuna? – ¡Maldición! Mi suerte no podía ser peor – ¡Hey, Belikov! – No me detuve, esperando que Adrián comprendiera el mensaje. Lo que al parecer fue mucho pedir – ¡Dimitri! – Logró frenarme sujetándome del brazo.
– Señor Ivashkov – Me coloqué en posición de firmes e hice mi saludo con propiedad, mientas él intentaba recobrar el aliento.
– ¿¡Señor!? – Se pasó una mano por el cabello – Si mal no recuerdo hace algún tiempo estabas muy dispuesto a arrancarme la cabeza.
Ignoré su sonrisa astuta – Le pido disculpas, estuve fuera de lugar.
Completamente extrañado observó detrás de mí, buscaba algo o a alguien – ¿Qué haces aquí? ¿Rose vino contigo?
Cada uno de mis músculos se tensó, estas preguntas eran justo las que no pretendía contestar – Ahora no puedo hablar. Así que si me permite…
Quise continuar, pero bloqueó mi camino – ¿Te encuentras bien? No pareces ser tú, Belikov – Miró con detenimiento por encima de mi cabeza – ¿Qué sucedió? Los colores de tu aura están muy turbados, cargas una gran lucha interna. Hay frustración, furia, tristeza, desesperanza, pero sobre todo… – Bajó la mirada a mis ojos – Dolor – Eso lo alarmó – ¿Se trata de Rose? Ella es…
– ¡Dije que no, Adrián! – Lo esquivé retomando el paso – ¿Qué no tienes algo mejor que hacer?
– ¡Ya vuelves a ser el mismo ruso de siempre! – Se burló – Para un segundo, ¿quieres? Entiendo que no somos amigos ni mucho menos – Si supieras que somos más que eso, somos familia – Solo quería tratar de llevar la fiesta en paz por el bien de Rose, ella es importante para mí.
Gruñí – Eso lo has dejado claro, infinidad de ocasiones para ser exactos.
– Estoy hablando de su amistad. No pretendo más, ya no es así – Distinguí verdad en sus palabras – Y sé que si algo te tiene tan mal es porque tiene nombre y apellidos: Rose Hathaway, Mazur o ambos. Como sea, tú me entiendes.
Suspiré sabiendo que no dejaría ir fácilmente el tema – Se encuentra bien, es todo lo que tienes que saber por ahora.
– ¿Y tú?
Llegamos a la entrada del edificio – Estoy bien.
– ¿Lo dices para convencerte a ti? Mira, tal vez no haya oscuridad de espíritu en ti, pero percibo que estas a punto de explotar y no quiero ni pensar en las consecuencias que un guardián de alto rango como tú pueda provocar – Hoy más que nunca detestaba la lectura de auras – No me lo tomes a mal y si no deseas hablarlo conmigo, que es muy razonable, te aconsejó que busques un amigo que te escuche. Quizás Alberta, es notable el aprecio que te tiene.
Apreté el puente de mi nariz, sintiendo los indicios de una fuerte jaqueca – Sé exactamente lo que tengo que hacer señor Ivashkov, que tenga buen día.
Sin más entré en el complejo departamental.
~•~
Abrí la puerta, dejé la maleta en el recibidor, encendí la luz y cerré detrás de mí. Caminé hasta la pequeña sala de estar descubriendo que todo seguía igual al último día que estuve ahí.
Sin embargo, para mí todo había cambiado.
Solté entrecortadamente el aliento que me impedía respirar, extendí el brazo y tomé el primer objeto que estuvo a mi alcance.
Lo sostuve frente a mí, pero en realidad no lo vi y con toda la furia que reprimía lo tiré contra la pared.
Seguido de un profundo grito gutural – ¡AHHH! – Mi respiración y ritmo cardiaco se aceleraron mientras mis manos seguían lanzando, desgarrando, quebrando y destruyendo todo lo que había a su paso.
– ¡Maldita sea, Rose!
Estaba tan jodidamente enojado con ella, pero lo estaba aún más conmigo.
Al fin comenzaba a pagar todas mis culpas y de la peor manera; ya no podría protegerla, mucho menos amarla.
Sujeté el pequeño estante con mis libros y lo lancé con violencia contra el suelo – ¡Ahhh!
Tendría una vida vacía y miserable gracias al cúmulo de errores que cometí al volver a dhampir. Todo habría sido tan distinto si hubiera aceptado mi segunda oportunidad, si me hubiera aferrado a mi Roza.
Mis piernas se debilitaron y caí de rodillas golpeando brutalmente los puños contra el piso – ¡Roza!
Me negaba a levantar la cabeza, como si eso pudiera esconder mis lágrimas de nadie.
Finalmente me di cuenta de que en realidad la había perdido para siempre y el peso de la realización me estaba aplastando.
No podía creer que este había sido nuestro final… todo había acabado.
Rose
– No se requirió incubadora ya que a pesar de que se adelantó el parto, él nació perfectamente de salud. Supongo que la unión de los genes dhampir tiene mucho que ver.
Asentí atenta a todas y cada una de las recomendaciones de John – Aun así estaré monitoreándolo cada sesenta minutos por si se origina cualquier cambio – Me entregó al niño después de haberlo revisado nueva y minuciosamente de pies a cabeza – Aunque todo parece marchar correctamente, puedes estar tranquila.
Y lo estaba… más o menos.
– ¡Es bellísimo! – Olendzki le acarició la mejilla.
– Y tan pequeño – Lo acurruqué contra mi pecho – Tengo miedo de hacerle daño.
Ella lucía conmovida – No lo harás y créeme; crecen en un abrir y cerrar de ojos. Además, parece haber heredado tu buen apetito y la complexión corporal de Dimitri – Se hizo un silencio incómodo.
– Tu padre llamó… él y tu madre vienen en camino y no se escuchaba muy contento. Acordonó de guardianes el hospital entero.
Suspiré – Pienso apelar a su lado de abuelo, porque se pondrá peor cuando se entere que Dimitri se ha ido.
– Realmente espero que no te arrepientas de esta decisión, Rose.
Besé la pequeña frente de mi hijo – También yo.
~•~
Desconocía cuánto tiempo llevaba admirando su sueño.
El ver su pechito subiendo y bajando mientras emitía lindos sonidos de bebé, me transmitía una inmensa paz.
En la vida creí posible sentir un amor tan grande y puro por un ser tan pequeño y delicado.
Eres igual de hermoso que tu padre… suspiré aferrándome a nuestro milagro. Pues mi felicidad no podía ser completa por la falta de Dimitri, la disputa que mantuvimos y la tristeza que me provoca sentir que le robó estos momentos con su hijo.
Nunca nos habíamos gritado u ofendido de esta manera, jamás habíamos discutido a tal punto de decir un acervo de estupideces. No hicimos más que herirnos con un montón de falsedades, porque eso es lo que fueron.
Lamento mucho de lo que dije, con razón o sin ella y hasta cierto punto comprendo su reacción. Se dejó llevar por los celos y el dolor de sentirse timado y aunque sus palabras dolieron, no le guardo rencor porque sé que está arrepentido al igual que yo.
Toc, toc…
Levanté la vista para ver la puerta abriéndose – ¿Estas decente, Buffy?
Una sonrisa se forma en mi cara al verlo entrar con flores y algunos globos con la leyenda de: "¡Es niño!" – Llegaste…
– Así es, vine en cuanto me enteré. Tío Zedrik no podía perderse esto por nada del mundo – Dejó los obsequios en la mesa cerca de la cama y se inclinó para conocer al nuevo integrante de la familia – ¡Vaya! Es igualito a Belikov – Asentí seriamente – Por tu reacción me imagino que el plan resultó.
Exhalé – Mejor de lo que esperaba. Hace un momento me confirmaron que abordó el primer vuelo con destino a la Corte – Hice una pausa para calmarme y no romper en llanto – Solo espero que el día en que nos volvamos a ver sea capaz de aceptar mis disculpas. No podría vivir tranquila sabiendo que me odia.
– ¡Hey, no! – Limpió una lágrima traicionera – El planeta entero sabe que él jamás podría odiarte y menos cuando descubra los motivos.
Sorbí la nariz, cambiando radicalmente el tema – ¿Viniste solo? – Se cruzó de brazos y se sentó al pie de la cama.
Es curioso, teníamos meses sin vernos y pese a que mantuvimos el contacto había algo en él que lo hacía lucir diferente, no sé, quizás maduro.
– Sí, aunque no fue fácil despistar a Atayán – Indudablemente el persa sabía dónde encontrarlo – También le avisé a Alessandro. Dijo que vendría en cuanto arreglara un asunto pendiente con uno de sus guardianes – Esperaba que Igor se encontrara mejor – ¡Pero prepárate! A Zmey no le ha hecho gracia y no necesitó mucho para unir las piezas. Pavel me ha llamado mil veces pidiéndome explicaciones, pero me he hecho el loco desentendido.
– Perdóname por ponerte en esta situación – Dije con sinceridad.
Negó – Descuida, yo acepté sin presión alguna. Además, qué sería de la vida sin un poco de adrenalina – Reímos provocando que el bebé se removiera un poco – Antes de que lo olvide – Susurró mostrándome mi maleta – Un guardián de Dunat me entregó tus cosas, dentro puse los documentos que envió Karp para que los leas cuando creas oportuno.
Con tanto que ha ocurrido ya los había olvidado – Gracias. Pero mejor cuéntame qué ha pasado con el equipo, cómo están y qué han descubierto.
– Hmm... ¿por dónde empiezo? – Rascó su nuca, tal vez creyendo que me molestaría por haberme ocultado lo de Kendra.
– Descuida, yo también tengo mucho que contarte.
Charlamos sobre los ataques, las acciones que implementaron para hacer creer a los strigois que yo seguía con Takat y los detalles que le ocultaron para que no hablara más de la cuenta. Y al igual que yo estaba indignado, sorprendido y preocupado.
Después de un buen rato intercambiando ideas y puntos de vista; de otra visita de John; de volver a alimentar a mi hijo y cambiarlo de pañal (lo cual fue una hazaña para ambos), Zedrik dijo que se quedaría con nosotros hasta que aparecieran mis padres y ardiera Troya. Por lo que decidí tomar una siesta para ganar energía y enfrentarlos después.
Esto apenas comenzaba.
Repartía besos por su carita y eso parecía gustarle – Te imaginas cuando vaya a la Academia, será el terror de Sta…
De pronto la puerta se abrió de golpe, sobresaltándonos a los tres. Por instinto abracé a mi hijo y tomé la estaca que tenía bajo la almohada, mientras Zedrik se posicionaba frente a nosotros.
El hombre que entró como un huracán no era mi padre, era Zmey.
– Tienen un minuto para explicarme qué diablos hago en Moscú.
Tanto Zedrik como yo nos relajamos… un poco, dadas las circunstancias. Entonces, la creatura que protegía hizo gala de su presencia llorando y ganándose la atención de los presentes.
– ¡Eres un bruto, Ibrahim! – Exclamó Janine – Asustaste a tu nieto, ¿esta es la primera impresión que quieres que tenga de ti? – Pavel cerró la puerta en silencio, al mismo tiempo que mi madre se aproximaba a mí – ¿Puedo? – Señaló al pequeño.
– S… sí – Asentí entregándoselo.
Lo acunó entre sus brazos, meciéndolo delicadamente y logrando calmar su llanto – Mira Ibrahim, qué cosa más linda – Acarició suavemente sus mejillas, observándolo con ternura. Si conociera mejor a la mujer diría que intentaba apaciguar la furia de mi padre. Además de que para mí era increíble verla siendo cariñosa con alguien – Es muy apuesto, yo diría que tiene tu cabello.
A lo que mi baba reaccionó inmediatamente, sacándolo del estupor en donde nos encontrábamos todos – ¿De verdad, tú crees? – Vacilante se acercó a ellos y en un instante su semblante cambió por completo. No podía ocultar la gran sonrisa que parecía partirle la cara – ¡Ah, solo lo mejor de los genes Mazur! – Presumió como me temía que haría.
– Pues aquí tienes. Disfrútalo porque crecerá en cuanto menos lo imagines – Mi madre besó su frente antes de entregárselo y llegar nuevamente a mi lado. El hombre verdaderamente parecía no saber qué hacer con él o el niño y si no hubiera estado tan nerviosa habría reído de la comicidad del momento – ¿Cómo te sientes, Rosemarie? – Preguntó tomándome de la mano.
– Bien… mamá – Seguía sin despabilar – Solo… cansada.
Pavel se acercó a su hermano menor para ajustarle los brazos y este mantuviera mejor al bebé.
– Es comprensible… – Hizo una pausa – ¡Es hermoso! – Sonrió como nunca la había visto hacerlo – Estoy orgullosa, aunque de esta charla no te escapas jovencita – Murmuró para luego aclararse la garganta – Y los médicos han dicho que su salud es excelente – Observamos a Abe que había comenzado a hablar en turco a su torun – Tal parece que ya se lo ha ganado.
– Así parece – Toda esta situación no podía ser más extraña.
Mi amca se aclaró la garganta – Ya que hemos comprobado que se encuentran bien, ¿podrían explicarnos qué está pasando?
– Bueno pues… – Miré a Zedrik que seguía en silencio, esperando que explotara la bomba – No pretenderían que me quedaría de brazos cruzados cuando estaban escondiéndome información sumamente importante, ¿o sí?
– Se los dije, sabía que esto ocurriría – Protestó mi baba – Sin embargo, lo esperaba de ti considerando tu historial delictivo ¿Pero de ti? – Se dirigió a Zedrik – Tú mejor que nadie ha visto la gravedad del asunto. No puedo creer que la hayas fomentado a venir aquí, poniendo en peligro su vida y la de mi nieto – Lo devolvió a su cuna y Janine lo arropó.
No podía creer su argumento ¿De verdad pensaba que esto era una especie de arranque mío? – ¡Papá! – Comencé atrayendo toda su atención – Sé perfectamente cuáles son los alcances del korol´, por lo mismo no debieron ocultarme nada. Si lo hubiera sabido no habría actuado por mi cuenta para descubrirlo – Los miré uno a uno – ¿No creen que debía conocer el peligro en el que estábamos? ¿Sobre todo Dimitri y su familia? Además no culpes a Zedrik, él no tiene nada que ver en esto.
Desafiante se cruzó de brazos – ¿Ah, no? ¿Entonces quién te alertó de todo? ¿Quién te ayudó a llegar hasta aquí? Porque sé que Belikov ni enterado estaba.
– Fui yo – Alessandro entró tranquilamente con un enorme ramo de rosas, mismo que colocó en el mueble frente a mí.
– ¿Dunat? – Espetó Abe, conteniéndose de vociferar – Siempre supe que no se podía confiar en ti, teníamos un acuerdo – Apretó la mandíbula ante su indiferencia – ¿Quién demonios te crees que eres para ignorar mis decisiones y desafiarme?
Despreocupadamente el italiano se asomó a conocer al bebé, dejando un oso de peluche junto a él – Lo lamento Ibrahim, pero mi lealtad nunca estuvo contigo… – Confesión que cabreó más al viejo, algo que no estaba dispuesto a demostrar – … sino con tu hija. Rose y el guardián Belikov tienen todo el derecho de conocer la verdad. Deben saber a lo que se enfrentan para ser capaces de proteger a su familia.
– Tú fuiste el imbécil que puso en peligro a la mía – Sentenció – Y ésta me la vas a pagar caro – Mi madre lo tomó del brazo para impedirle un arrebato.
– ¡Basta! – Me incorporé lo mejor que pude – No discutan por lo que pudo ser y no fue. Todos estamos del mismo lado y así como tienes tus contactos y aliados, viejo, yo tengo los míos.
Pavel suspiró – Rose tiene razón Ibrahim. Ya estamos aquí, ahora hay que pensar en la forma de salir ilesos de Rusia.
Como era de esperarse el hombre decidió reacio a seguir la voz de su conciencia. Sin embargo, estaba convencida de que no habíamos visto el fin de esta discusión ¡Ya se le ocurrirá la forma de cobrárnosla!
– Y a todo esto, ¿dónde está Belikov?
– Volvió a la Corte – Hablé con toda la serenidad que pude reunir.
– ¿Qué hiciste, Rose? – Preguntó exasperado.
Tomé un par de respiraciones tragándome el sollozo – Lo puse a salvo, eso es lo que hice. Y ya que estamos juntos escuchen y escúchenme bien: se acabaron las mentiras, no más excluir a nadie – El viejo puso los ojos a sabiendas de que eso es lo que yo hacía – Descartando a Dimitri, que aunque parezca una hipócrita no pienso ponerlo en riesgo. Él ya ha sufrido demasiado y su familia también. El korol´ se ha metido con gente muy importante para mí y tiene planes para muchos otros – Miré a mi madre y a Pavel. Sabían de quienes hablaba, pues ellos mismos estaban en su lista – Esta guerra es mía y la voy a ganar. Así que si no están conmigo, están en mi contra.
~•~
– Rose… – Recosté al bebé mientras terminaba de preparar sus cosas para salir del país. Algo que no me alegraba, pues amaba Rusia por distintas razones y si por mí fuera ya habría comenzado la cacería final. Pero primero tenía que estar para mi hijo y ponerlo a salvo a él también. Tarea de la que se ocuparía Abe una vez que volviera al campo de batalla. Sin olvidar que habría que idear un plan maestro que nos garantizara salvar vidas, evitar nuestras muertes y asesinar al korol´ – Hija… – Mi baba se sentó junto a su torun, observándome embalar – ¿Te encuentras bien?
– Claro, ¿por qué no lo estaría? – Dije indiferente.
– No lo sé, dímelo tú – Su mirada seguía en mi pequeño gran milagro – Quiero saber si de verdad te encuentras bien para enfrentar lo que se avecina. Si realmente meditaste tu decisión de alejarlo o si es que hay algo más – Dejé lo que hacía para prestarle atención, pues no me dejaría tranquila hasta tener una respuesta honesta – ¿Discutieron? ¿Terminaron mal? ¿Te hizo algo?
– Dimitri Belikov es incapaz de hacerme daño y lo sabes perfecto.
Al menos no intencionalmente, pensé.
Acariciaba distraídamente su barba – Bueno… no está de más ir pensando en "algo". Ese muchacho no es fácil de intimidar.
Sonreí sin ganas, sintiendo cómo se hundían mis hombros – Sí… discutimos; se marchó pensando horrores de mí y… – No logré contener mi sollozo – Seguramente me odiará para siempre.
Mi padre se levantó y me envolvió en un fuerte abrazo – Eso jamás ocurrirá y como tú has dicho, lo sabes perfecto.
Negué en su pecho – Esta vez no estoy tan segura.
– Yo sí y siempre tengo la razón – Me alejó un poco para limpiar mi llanto con su fino pañuelo – Cualquiera que los conozca un poco es capaz de ver el vínculo que los une, es tan fuerte que casi es tangible. Más ahora que comparten lo maravilloso de la vida – Sonreímos hacía el niño profundamente dormido.
– Perdóname papá – Solté – No era mi intención hacerte sentir traicionado o menospreciado. Me has ayudado y a los que quiero, como nadie en el poco tiempo que tenemos de conocernos y no solo te estoy enormemente agradecida, te amo por ello – Una gran emoción brilló en sus ojos – Sin embargo te pido que no lo tomes personal contra Zedrik o el mismo Alessandro, que sé no tienen buena relación – Bufó enfatizando mi punto – Todo esto es algo que la mente de tu querida hija ideó y que sepas que siempre serás mi mejor aliado, mi primera opción, pero seamos sinceros, ¿pensabas decírmelo en un corto período de tiempo?
– No – Confesó sin dudar.
– ¿Lo ves? – Tomé sus manos entre las mías – Necesito que me prometas que no vas a involucrar a Dimitri en esto y no es solo por él, también por mí y ahora por nuestro hijo. No podría sobrevivir sabiendo que resultó perjudicado cuando nuevamente tuve la oportunidad de evitarlo – Lo miré directamente a los ojos – Entiéndeme por favor. Hace años hiciste los sacrificios que creíste necesarios para proteger a tu familia, pues este es el mío por proteger a la mía.
Besó mi frente – Bien, los dejaré ir ilesos solo porque ustedes están bien y a salvo. Mantendré en ojo en Belikov y te ayudaré a cuidar de tu familia, que al fin de cuentas también es la mía – Sonrió – Y… también te amo, Rose… mucho.
Hola! Espero que les haya gustado esta entrega.
Cada vez falta menos para el desenlace, pero no sufran, ni mueran (ya que muchas dicen estar a punto del colapso;) Auguro un final plagado de romanticismo.
Me hace muy, pero muy FELIZ encontrarme con lectoras nuevas, con otras que aunque me leían no se habían aminado a dejarme comentarios y yo disfruto de todos y cada uno de ellos. De verdad, hacen que todo valga la pena.
Gracias por su paciencia y buena disposición: Fernanda.1905, rozaxdimitri, Agustina M, Lorena2017, Fernanda21, Angy Ramrez, Jhossy, Duendha, Allie, Dani Yael (eres una hermosa y créeme que te entiendo).
Igual les mandó un enorme beso a mis más fieles seguidoras.
Saludos hasta Argentina, Chile y Colombia.
Nota:
Las invito a leer Vampire Academy (POV Dimitri) (TRADUCCIÓN), que es un gran trabajo el que está haciendo TeamSuiza96, traduciendo al español la extraordinaria versión de Gigi256, una de mis autoras favoritas.
Un beso, Isy.
