Moe aquí con el capítulo dos! Yaaaay~ al fin avanzando algo… le tomé cariño a este fic feo con todo… espero que les guste mucho mucho como a mi e divirtió escribirlo, corregirlo, patearlo, besarlo y todo eso (?)
Disclaimer: Axis Power Hetalia y todo no me pertenece! Larga vida a Himaruya-sama!
La campana le había salvado de los demás, los pasillos ya vacíos, permitían al italiano caminar en aparente calma, de seguro como pensaba, ya nadie le encontraría en esa situación tan miserable, por lo que ya más aliviado, subía las escaleras que daban a la azotea, sin otra intención que la de recostarse en el piso y observar las nubes y quizás dormir para olvidar todo lo que le había ocurrido.
-Pero miren nada más a quien tenemos aquí –sonriendo seductoramente, acompañado de su acento francés, se acercaba a Feliciano una figura muy conocida para él.
-F…Francis…-mencionaba el menor, cubriendo su rostro nervioso, intentando secar el rastro de lágrimas que cubrían sus sonrojadas mejillas- ¿q-qué haces aquí? –con voz temblorosa, obviamente nervioso por la situación que le acontecía y por la reputación del francés.
-Lo mismo de siempre mon amour, intento encontrar un hermoso chico que abra su corazón y deje que las llamas de mi pasión le hagan enloquecer de amor –sonreía galante, entregándole una rosa hábilmente confeccionada en un fino papel, inclinándose frente a él para descubrirle el rostro y entregársela- p-pero… -una mirada sorprendida y paralizada se reflejaba en los azules ojos del ferviente amante- Feliciano... ¿qué te ha ocurrido? – como fácil le era parpadear, de la misma manera dejó de lado casi por completo su malicia. Dejarla completamente aislada no era propia de él.
El francés se acercó a él como si fuese a darle el pésame de alguna tragedia, le abrazó, intentando confortarle en lo que podía describir claramente como soledad, angustia, desesperación y sentimientos no correspondidos
-y…yo, es mejor que me vaya –pronunciaba mientras su voz y su cuerpo no dejaban de temblar, más su rostro contradictorio intentaba sonreír por costumbre, para no preocupar a los demás- no sucede nada, descuida –intentó soltarse del eterno abrazo que le entregaba el mayor, que más que confortarlo, sólo le hacía sentir lo que su cuerpo pedía… de otra persona - por favor, suéltame…
-Feliciano… -le miró dolido, abrazándole con mayor firmeza, sin intención alguna de querer soltarle- quédate, no estás bien, y no creo que estando solo vayas a ponerte mejor – con un rápido movimiento, el mayor le hizo bajar junto a él para ambos sentarse en el frío y duro piso- no te obligaré a que me cuentes, pero, no quiero que deambules en éste estado por la escuela, si quieres puedes desahogarte y llorar lo que te plazca, no me iré de tu lado hasta que estés mejor.
-no es nada… e-estoy bien, en serio, no ocurre nada Francis –sus ojos aún vidriosos y las mejillas rojas luego de frotarlas un momento con su sweater hicieron que el otro le presionara más contra su cuerpo, brindándole un cálido y dulce abrazo- s-sabes… si alguien nos viese, no pensaría muy bien de ti –hablando entre espasmos el menor intentaba reír al imaginar aquella situación-
-Lo sé, pero en estos momentos nada me importa más que tú… ¿sabes? Te ves muy tierno cuando lloras, tanto que en otras circunstancias ahora mismo te atacaría~
-¿no me estás atacando ya acaso? – la voz del italiano sonaba algo menos quebrada que antes, eso alivió un tanto más al francés que por su parte no mostraba intenciones de querer liberarle.
-pero por supuesto que no mon petit chéri, ¿cómo podría ser eso posible? De estar atacándote, yo hubiera hecho algo como esto – sin más, las hábiles manos del francés se dispusieron a tantear, averiguando vagamente que tan lejos podría llegar de esa manera. Las palabras resonaban delicadamente en los oídos de Feliciano, mientras pequeños besos se hacían espacio para bajar sin chocar con el estorboso cuello de su camisa.
Ambos en solitario sobre el techo. Francis ocupado deseando cada centímetro de piel del italiano, mientras que el otro en silencio intentaba resistir a las caricias que su cuerpo tanto tiempo había anhelado.
-Sé que él está aquí… como presidente del consejo de estudiantes es mi deber el de inculcarle respeto hacia la institución y responsabilidad llevándole a clases – una voz molesta y autoritaria se escuchaba desde las escaleras que daban a la azotea, aún así, las súplicas de Feliciano para que el mayor se detuviera, rebotaban en el abismo del espacio que los contenía.
-Eso ya lo sé presidente, pero ¿por qué debe traerme a mí consigo para esto? Que sea el vicepresidente no quiere decir que mis notas sean sobresalientes como las suyas. Yo necesito estar en clases en este momento.
-Son sólo unos momentos, no tienes de qué preocuparte, tenemos el permiso y es por una buena causa. Él tiene cierta debilidad si se trata de ti pidiéndole algo – el mayor parecía convencido de lo que decía al hablar con el de gafas mientras abría la puerta que les dejaba ante el amplio espacio. – prometo que no tardarem…. – el silencio lleno su boca mientras la ira le carcomía las entrañas por observar lo que el francés hacía – ¡ya sabía yo que no podía dejarte solo un momento sin tenerte bajo observación! Como siempre estás haciendo de las tuyas… ¡en terreno de la escuela! – con dos pasos fue que se aproximó al mayor para jalarle abruptamente de la coleta en la que llevaba recogido el cabello, apartándole así del que en ese momento sufría uno de sus ataques-
-¿No deberían estar en clases? –estaba molesto, el tono de su voz denotaba molestia, y como no si su faena había sido interrumpida por el estirado presidente del consejo estudiantil: Arthur Kirkland. –ah~ no me digan, ¿es que ustedes también vinieron a hacer de las suyas aquí y se molestaron al ver que ya se encontraba ocupado? – de un solo movimiento el francés logró que el otro le apartase las manos de encima con algo de repulsión mientras sus ojos vagaban para ver entre aquel ser que tanto odiaba y a aquel que le acompañaba fielmente en cada estrategia para hacer de la escuela "un lugar mejor"-
-Deja de decir disparates y vete a clases de una vez, suficiente con que tenga que soportarte en la residencia como para que ahora encima vengas a la escuela exclusivamente para romper cada regla que estratégicamente se ha impuesto.
-Ya, ya, baja un poco los humos que no eres un policía… -se giró ignorando completamente a las siguientes palabras del inglés, ya había tenido suficiente como para una sola mañana, por lo que recogió al italiano, que hasta ese momento se había quedado de piedra al ver como esos dos actuaban – ¿estás mejor?
-u-un poco… -miró algo nervioso ya que a espaldas del francés parecía que Arthur le golpearía de la impotencia- mejor será que hagamos caso y que vayamos a clases, ¿no crees Francis?
-no exactamente, no me apetece obedecer las órdenes de este tipo – señaló con ademan de desprecio al que estaba detrás de él- yo me volveré a los dormitorios, a ver si allí tengo la paz que no consigo aquí.
-¡no me desafíes Bonnefoy, sabes que si vas ahí, iré a buscarte!
-desafío aceptado mon ami~ te veo allí en 15 minutos, escolta a Feliciano a su clase s'il vous plaît, así me darás algo de tiempo para prepararme para ti – dijo esto mientras le guiñaba y soltaba su cabello, alejándose luego a paso rápido de los otros, arrastrando consigo al canadiense que esperaba escuchar las excusas de siempre expelidas como agua de una fuente por el francés.
-Tu -el inglés miró a su par castaño de reojo, notando lo desaliñado que se encontraba esa mañana- procura no juntarte con ese tipo…. Una sola manzana podrida es capaz de podrir un cajón – acercándose al italiano con cara de pocos amigos, hizo que este retrocediese un par de pasos, más no le importó, continuó acercándose, hasta llegar a él –quédate quieto, tienes desarreglada la corbata
-S-sí… sabe, él no es una mala persona como todos dicen, debería darle una oportunidad…
-claro que sé que no es una mala persona, pero su actitud es irritante, lo sabrías de haber crecido con él –su mirada focalizada en arreglar las vestimentas del castaño le distraían de hablar, por lo que empezó a contar como ambos habían casi crecido juntos, y como es que nunca se habían soportado-
-él nunca me había contado nada de eso… supongo que el ser primos no quiere decir que tengamos que contarnos toda la vida de manera tan abierta… -el italiano se llevó una mano a la boca como si estuviese pensando y procesando todo lo que el otro le contara-
-sí, supongo que así es…. –una reflexión por parte del inglés le hizo casi gritar de la impresión- ¿¡son primos! Ya sabía yo que era tan descarado y depravado como para estar con quien fuese…. ¿¡Pero con su propia familia! ¡Es un enfermo!
-supongo que no lo sabía…. –la conversación se había tornado llena de vida, el punto focal de todos sus problemas no parecía aflorar por ninguna parte, por lo que durante unas horas, podría distraerse y ser feliz sin pensar en sus problemas.
Please! No me golpeen por escribir estas cosas. Lo hago porque... no sé... me hace feliz ... Besososososo~
Larga vida a Lehi que es un amor por ayudarme con todo.. es super cute y linda...
