La tensión en la tienda se podía sentir, así como el miedo, es más, incluso se olía, y lo que era más aterrador para mí, también provenía de Aquiles. Podía percibir como cada vez era mayor el miedo que sentía, el lazo me estaba asfixiando con las sensaciones, o puede que fuera los aromas a los que no estaba acostumbrado.
--¡Principe Aquiles, Patroclo!-- Se escucho que aclamaban a gritos fuera de la tienda.
En un rápido movimiento Aquiles tomo una de las muchas lanzas que habían en la tienda y me posicionó detrás de el en una pose defensiva, retrocediendome los pasos que había avanzado por inercia al escuchar las diversas voces de mando de los alfas allá a fuera, incluso Briseida se había sobresaltado con ellas. Cuando el alfa intento dar un paso hacia el exterior lo tome fuertemente del brazo. No, no podía salir de aquí.
--No salgas, no me dejes...--Murumure con un nudo en la garganta, el pensamiento de perderlo o de que lo hirieran bastaba para sentir una opresión en el pecho, la mano cálida de la morena se hizo presente, intentando reconfortante pero eso no era lo que yo necesitaba en esos instantes, necesitaba a mi alfa y su estabilidad, lo necesitaba a mi lado, fuera de peligro, asi que con un sutil golpe la aparte de mi y la encare--Briseida, vete. Sal de aquí por detrás de la tienda, no puedo arrastrarse con nosotros a esto.--
La morena dudo un momento antes de encaminarse rumbo al lugar más alejado de la entrada, nuestro nido.Su mirada herida e indecisa fue lo ultimo que ví antes de que desapareciera entre las cortinas que protegían la entrada a aquel lugar, dejándome una sensación incomoda al saber de que estaría cerca de nuestro nido. No era momento para pensar en ello, me reprendí antes de volver toda mi atención al alfa a mi lado posicionandome frente a él.Pude percibir en sus ojos el deseo de Aquiles de mandarme con ella, pero lo detuve antes de que hablará.
-- Aquiles, mi alfa, si quieres salir lo haré contigo--Tome su mano, apretándola suavemente antes de seguir hablando mirándolo fijamente y con decisión a los ojos-- Juntos, como siempre lo hemos estado.
--Amor, yo no... No puedo...-- Se interrumpió antes de terminar de hablar, indeciso. Quería hacerle saber lo hermoso que se veía ahí parado, brillando con su esplendor divino que lo caracterizaba, su porte sublime y su hermoso cabello rubio resplandeciendo aun mas que el mejor de los tesoros. Pero podía ver lo tenso de su cuerpo, no estaba de acuerdo, pero temía que con ese acto contradijera todo lo que había prometido en los días anteriores.
Con una fuerte inhalación soltó mi mano rotando un poco su cuerpo para tomar la espada que estaba atada alrededor de su cintura y con un ligero temblor en sus manos la puso sobre las mías.
--Esta bien, ven conmigo.--Suspira, pareciendo ahogar todos sus miedos en esa simple acción, escondiendo perfectamente la ansiedad que percibía por medio del lazo-- Pero en el instante en el que estés en peligro no dudaré ni un segundo en enviarte de regreso y protegerte como siempre he hecho.
Sin poder evitarlo lo abrace contra mi, dejando que el me empapara en su aroma sacando fortaleza de sus firmes brazos que siempre me mantenían anclado a este mundo. Con último roce ligero en los labios decidimos salir, con el aristos achion dirigiendo la marcha mientras apretaba de tal manera el mango de lanza que podía ver como sus nudillos se ponían blancos, de la misma forma que yo tomaba aquella espada intentando imitar la forma en que había visto que el hacia.
Cuando salí cerré mis ojos al instante, tantos días encerrado en nuestra tienda cobraron factura y la luz era demasiado resplandeciente para mi; con suaves parpadeos fui abriendo mis ojos, jadeando de la sorpresa casi al mismo tiempo que Aquiles.
Enfrente de lo que había sido nuestro hogar durante toda nuestra estadía se encontraba reunido todo el ejercito mirmidon, con lanzas y espadas en alto, brillando con el reflejo del sol. Pero lo mas sorprendente de todo fue cuando tiraron sus armas al suelo y se arrodillaron con una sincronización casi perfecta. Podía ver a muchos soldados que en algún momento atendí, así mismo podía ver que había un grupo conformado por diversos guerreros de otras tropas y las omegas que había entre nuestras filas.
Por un momento comprendí que era lo que le gustaba a mi alfa de esto, el porque anhelaba la gloria mas grande de todas, tener a tantos hombres arrodillados ante ti te hacia sentir poderoso. Ese instante que se sintió como años me enseño mas de la grandeza que tenia nuestro pueblo que una vida que llevaba conviviendo con ellos. Y con la misma sincronización se levantaron todos escuchándose un fuerte y potente grito proveniente del grupo de foráneos de nuestro ejercito.
--¡Bienvenidos príncipe Aquiles y principe Patroclo de Ftia!--
Un coro de gritos de acuerdo se hizo escuchar como respuesta, envolviendonos a ambos en una marea de festejo y confusión. Me vi rodeado de numerosos alfas y betas intentando felicitarme pero con el pánico y miedo tensandome los músculos me moví lo mas rápido posible hacia a mi pareja y tal como esperaba me rodeo rápido con sus brazos y soltó las feromonas suficientes para que fuera las únicas que pudiera respirar.
Y de esa forma pasamos el resto de la mañana y gran parte de la tarde, recibiendo múltiples felicitaciones y canastas llenas de diversos frutos y aceites, montones de telas y vinos, cada cual entregado con frases que escuche repetidas veces durante toda esa semana Solo el mejor de los griegos se podría acoplar con un guerrero tan fuerte como él o incluso comentarios con un tenue tinte amargo El aristos achion y nuestro mejor medico, que gran y poderosa pareja. De vez en vez pude sentir a Aquiles frotando su mejilla contra mi, dando pequeños toques a mi cadera y gruñendo a todo aquel que pasaba mas tiempo del necesario con sus labios sobre mi mano o cuando los halagos y abrazos se prolongaban mas de lo debido.
Poco después de que se fueran todas las personas y quedáramos a solas llego Ayax, con una gran y pesada canasta llena de diversos platos y copas de oro con piedras preciosas. Nos dio las felicitaciones por nuestra unión y nos dijo lo complacido de que estaría de que algún día fuéramos a cenar a su tienda. Justo antes de despedirse dejo caer un aviso y noticia al ojiazul.
--Perdona por ser portador de malas noticias justo este día, pero tengo que decirte a lo que se a llegado de acuerdo con la demás realeza aquí reunida.-- Se acomodo mejor en los almohadones en los que estaba sentado, ya que yo estaba un poco fatigado después de tener que lidear con tantos alfas en un solo día; nos acomodamos en aquel lugar donde estábamos acostumbrados a comer y como se estaba haciendo costumbre yo estaba sobre el regazo de mi alfa, recibiendo relajantes caricias en mi espalda baja mientras ambos escuchábamos atentamente lo que nos decía.-- Creemos que para que esto no se repita y así evitar la ira de nuestro dios Apolo tenemos que demostrar que no es apropiado desafiar los designios de los dioses.--Toma un poco de su copa antes de continuar y ambos lo imitamos-- Así que tendríamos que demostrar contigo que esto no es aceptado, que ni siquiera el mejor de los griegos puede desafiar a los dioses sin un castigo.
La tensión se hizo presente en el cuerpo del pelida tensandome a mi por igual, pero la disimulo muy bien antes de hablar y en un intento de relajarme a mi apretó mi muslo y soltó algunas feromonas-- ¿Que harán? No les permitiré tocar a mi omega si a eso va todo esto.
--No, nadie tocara a Patroclo-- Hablo un tanto indignado, sonriendome conciliadoramente antes de seguir -- Pero no podrás asistir a la batalla durante dos semanas, así como tampoco tus hombres podrán tomar su parte del motín.
Un silencio se hizo después de aquello, sabía que Aquiles estaba relajado por ello, pero no se lo dejaría ver a él, a pesar de sus deseos de querer mostrar un castigo este era muy blando a comparación de la grave falta que habíamos cometido, y ambos estábamos muy agradecidos por ello .
--Muy bien, acataremos a las ordenes.--Hablo, bajandome de el suavemente de él y levantándose para despedir a nuestro invitado. Sabíamos muy bien que algunos reyes y príncipes no quedarían satisfechos con aquel castigo y aquello se reafirmo en aquella semana que se vio repleta de visitas de los demás guerreros ahí reunidos, ya que se hizo muy notable la poca disposición de Menelao y sus cercanos a aceptar la situación.
Estábamos recostados en nuestro nido esa noche, tenía al moreno sobre mi mientras acariciaba inconscientemente mi cabello y mi pecho arrullandome suavemente. Llevábamos buen rato de aquella forma, mientras recordábamos nuestra estadía con el centauro ya que aquella tarde había llegado por medio de mi madre una gran manta de parte del instructor, acompañada de una nota con sus felicitaciones. Y sorprendentemente mi madre no dijo nada sobre ello o mi recién lazo con el omega, en sus ultimas dos visitas nunca hablo sobre el moreno, no reprocho o se quejo por ello, simplemente se veía agotada.
Sentí como la mano de Patroclo bajaba más allá de donde estaba hace algunos momentos sacándome de la ensoñación que habían provocado sus caricias. Podía oler perfectamente como el omega se estaba excitando, lo que me altero el pulso y provoco que mi excitación creciera conjunto a la de él. Sus labios iniciaron un recorrido desde mi cuello a mi oreja la cual mordisqueo antes de continuar su camino a mis labios sacando de mi un jadeo lleno de deseo. Cuando tuve su boca sobre la mía la bese con suavidad, dejando que él llevara las riendas.
El beso fue aumentando cada vez más su intensidad, mientras sentía como él se restregaba contra mi, dejándome en muestra de su deseo como se humedece con cada giro de su cadera. Deje que mis manos recorrieran sus piernas, su torso, lugares que había recorrido con anterioridad pero que seguían siendo nuevos, podía escuchar a la perfección sus jadeos y gemidos mal disimulados. Me llenaba de gran satisfacción saber lo que le hacía sentir a mi omega. Cuando intente rodar y dejarlo debajo de mi para darle la atención que se merecía me detuvo, mordisqueando mis labios antes de separarse de mi para hablar con su voz ronca por el deseo.
--No, Aquiles-- Murmullo antes de besarme otra vez y ponerse a horcajadas sobre mi, con su trasero húmedo y cálido sobre mi excitación-- Dejame a mi.
Con lentitud su boca descendió por mi torso, dejando pequeñas marcas en el, chupando y mordisqueando mis pezones en el proceso logrando sacar de mi bajos gruñidos de placer. Guió una de mis manos a aquel lugar húmedo donde me moría por adentrarme dejándome en claro con esa acción lo que quería que hiciera.
Cuando el estuvo perfectamente abierto para mi y el deseo entre los dos nos se volvía casi asfixiante me introdujo en él suavemente y con lentitud fue bajando, provocando que cuando terminó de descender ambos soltaramos un fuerte gemido de satisfacción. Al pasar un pequeño lapso de tiempo, el suficiente para que no se lastimara, inicio a empujar contra mi, dándome poco lugar para que me pudiera mover, estaba a merced de él y de sus deseos.
Entre besos lentos y profundos que solo eran interrumpidos por nuestros gemidos fue aumentando la velocidad hasta que en una de las embestidas toco un lugar que lo estremeció por completo llenándolo de tanto placer que dejo de moverse, por lo que valiéndome de las puntas de mis pies bien ancladas al nido empuje contra él, llevándolo con cada empuje mas cerca del orgasmo. Cuando di de nuevo con aquel dulce lugar grito antes de que su deseo cayera entre nosotros, arrastrándome por igual al mas grande los placeres.
Con la respiración agitada lo acosté mejor sobre mi, esperando que el nudo bajara mientras llenaba de besos su cara y le masajeaba las piernas para que no se le adormecieran por la posición en la que nos encontrábamos.
--Creo que Quiron nos debería mandar regalos mas seguido.--Susurre contra su cuello mientras lamía con cuidado la herida que lo marcaba como mio.
Su melodiosa risa no se hizo esperar mientras manoteaba uno de mis brazos.
--¡¿Como te atreves?!--Exclamó antes de reírse aún más fuerte-- Ahora me haces sentir culpable, nunca lo volveré a ver a los ojos después de esto.
Mi buen humor se vio opacado por su ultima frase, nunca lograría ver eso, no vería envejecer a mi omega, o todo lo que él haría cuando terminara está guerra.
Bese sus labios antes de que preguntara que es lo que estaba mal y le cante una canción para que pudiera conciliar el sueño. Era mejor que el durmiera antes de que entristeciera por las tragedias de un futuro incierto.
El campo de batalla era igual a otros días, la sangre se podía ver desde cualquier punto donde pusieras la vista; las diversas partes del cuerpo mutiladas así como montones de cuerpos heridos o en sus últimos instantes de vida acumulandose por todas partes. Esto era común en este sitio y demasiado seguido me sentía abrumado por la facilidad con la que mis manos podían destruir a una persona. Lo peor era es que al contemplar todo desde la altura me sentía orgulloso de ello.
No en ese día, no en esos días en los que él estaba en el campo de batalla. Nunca lo dejaba escapar de mi visión, aún si estaba varios metros delante de él lo cuidaba; cuando los soldados se sorprendían de ver a una presa tan fácil con tan solo un movimiento los derribaba antes de que pudieran pensar en dañarlo. Y algo que recientemente venía sucediendo, cuando atraídos por su aroma se acercaban, intentando tener algo que era mío. A ellos eran a los que hacía de su muerte algo lento y doloroso. Pero en esa mañana estaba preocupado y distraído de ello.
En los días anteriores había visto a Patroclo decaído, lo olía en él cuando llegaba de la batalla. Tambien sabia que estaba comportandose extraño, por el campamento iniciaron a escucharse murmullos de que el único omega varón que ahí vivía estaba enfermando, pues llegaba tarde a sus turnos en el pabellón de medicina, lo habían visto detenerse a tomar aire a mitad de sus paseos con Briseida y como esta lo veía preocupada. Pense que era por el tiempo que pasamos separados, nuestro lazo era nuevo y era normal en los omegas que sufrieran de dependencia a los alfas en los primeros meses de enlazarse, por eso lo invite a que viniera conmigo a las batallas pero eso solo hizo que mi preocupación aumentara.
Fue muy distinto ver su estado durante el dia y no escucharlo, luego de caminar unos metros más allá de la playa se detenía a descansar, caminaba enterrando la lanza en la arena y con la frente bañada en una ligera capa de sudor, por lo cual no me aleje de mi omega. Los ultimos dos dias habia estado detrás de él, sosteniéndolo cuando resbalaba y ayudándolo a caminar por encima de los cuerpos y en cuanto llegamos a la tienda lo recostaba en el nido y lo cubría con las telas y pieles por lo que caía en las redes de Hipnos muy rápidamente presa del cansnacio que acumulaba en el dia.
Esa mañana le había pedido que se quedara en nuestro nido ya que la ansiedad de verlo mal me comía por dentro, le ofrecí quedarme con él aquel día pero de inmediato se negó y se aferró a ir un dia mas.
--Patroclo-- Le hable mientras observaba como resbalaba en el camino fangoso por la sangre. La mayoría de mirmidones se mantenían a nuestro alrededor, vigilando al omega e impidiendo el paso a los troyanos que intentaban acercarse.-- Regresemos, por favor. Te encuentras agotado, lo se y no trates de negarlo-- Segui antes de que lo negara, ganándome en respuesta un resoplido de su parte y una mirada irritada.--Pat...
Dando pasos tambaleantes se intentó alejar de mi, subiendo lo mas rapido que podia a una pequeña duna de arena conmigo -y un batallón entero- siguiendo sus pasos.
--Aquiles,puedo hacerlo. Puedo estar aqui, no estoy tan cansado.--Mintió apoyándose una vez más en la lanza de madera que traía entre manos, volteando a verme con reproche y sus mejillas coloradas desde la altura que le daba su posición.-- Tu dijiste que no cambiaría nuestra relación por la marca o por el hecho que resulte ser un omega, ¿Sabes algo? No deberías hacer promesas si tu no piensas en...--
Se detuvo abruptamente y palideció mientras tocaba entre sus muslos bajo mi atenta y horrorizada mirada, tenía sangre en sus manos, resbalando por sus muslos y piernas. Corrí a su encuentro en el preciso instante en el que se tambaleaba y se derrumbaba inconsciente entre mis brazos, sintiendo en ellos su peso y lo afebriado de su piel.
En el instante en el que tuve al moreno en mis brazos e ignorando los gritos de auxilio y exclamaciones preocupadas corri lo mas rapido que podia al campamento, evadiendo a múltiples troyanos que eran matados a sangre fría por los miembros de mi manada, abriéndome paso entre los heridos que se acumulaban a las afuera de aquella tienda. En cuanto llegue a aquel lugar donde mi omega pasaba gran parte de sus días proferi gruñidos cada cual más demandantes y desesperados por ayuda hasta que Macaón llegó y al ver el estado del omega el olor de su preocupación mal contenida llegó a mis fosas nasales.
Me sentó a un lado de Patroclo con una instrucción muy concisa Mantente calmado, por él. Haz que sienta estabilidad por el lazo y no entres en pánico. Durante toda la revision me mantuve dándole suaves besos en su cien, con sus cálidas manos entre las mías y un nudo en mi garganta. Incluso evite gruñirleal beta cuando sus manos se metieron entre sus piernas y palparon eficazmente en ellas.
Después de un un instante que se sintió eterno en el que administraron al castaño diversos brebajes y escuche los bajos murmullos del médico en los que especulaba lo que había pasado con él cuando por fin dijo algo que me tranquilizo.
--Aparentemente esta bien, no tiene fiebre ni heridas-- Habló con su voz ronca y gastada por la edad mientras se encorvaba sobre la cara del omega y retiraba el cabello sudado de su frente sin importarle mis gruñidos inconformes.-- El que se haya desvanecido fue causa del cansancio y la sorpresa. El sangrado no se porque sucedio, tengo mis sospechas pero necesito que esté bajo vigilancia antes de que pueda decir lo que padece. Por el momento puedes llevartelo a su tienda, es mejor que descanse en su nido y como en cuanto este descansado.--Con una última mirada de preocupación pero con una chispa rara en su mirada se alejó, atendiendo a un hombre con una flecha enterrada en su brazo.
Rápidamente cargue a mi omega en mis brazos y lo saque de ahi dando una escueta respuesta a los mirmidones que estaban fuera de la tienda y mandandolos de regreso a la batalla. Mientras lo llevaba a la calidez de nuestro hogar para que descansara ideaba un plan para mantener lejos todo este dia a Briseida cuando vi a mi madre parada dentro de la tienda, viendo con desprecio al mi pareja entre mis brazos.
--Siempre dije que no te merecia--Hablo tan fría y distante como siempre hacía cuando se dirigia a él, sorprendiéndome ya que últimamente no lo hacía.--Y ahora tienes que cargar con él y con...--
--Mamá.-- La detuve mientras acomodaba al omega en el nido y dejaba un nuevo beso en sus labios.-- Ya te he dicho que en eso no estamos de acuerdo.
--Si tan solo hubieras marcado a Deidamia...--Contesta, con su voz apretada por la ira mal contenida.
--Seria como los otros reyes y principes de aqui que tienen un lazo, estaría amargado.--Como tú,agrege sin realmente decirlo.
--¡No seas insolente!--Exclamó alzando la voz y provocando que Patroclo se despertara sobresaltado.
Ignorándola por completo me acerque al omega que me veía confundido, arrullandolo en voz baja mientras esparcía mis feromonas para calmarlo y que mi madre no percibiera el miedo que le provocaba en su aroma.
--Madre.--Murmulle dándole la espalda mientras revisaba a Patroclo, sabia que mientras ella estuviera aquí mi omega no estaría tranquilo.-- Será mejor que te retires por ahora. Patroclo no se encuentra bien y debe descansar.
--Ahora lo pondrás sobre de mi-- Contesta con el rencor marcado en su hablar, la había herido por lo que voltee a verla para pedirle disculpas cuando siguió hablando dirigiéndose ahora a mi pareja ignorandome por completo.--Sera mejor que ya no lo sigas a todos lados, vas a dañar a ese niño que llevas.
Y desapareció, como muchas veces vi que hacía.
