¡Hola! Después de tanto tiempo de no actualizar he regresado con un nuevo chap de mi fic favorito en lo personal, me he divertido mucho escribiendo aunque creo me tardé bastante tiempo, este chap es algo especial. Y espero les guste tanto como a mí me. Espero en verdad no decepcionarl s ya que he perdido práctica y releí muchas veces M.I ya que no me acordaba de cosas, lo dejaba pasar y se me olvidaban, espero no haya errores, si no con gusto los corrijo. Quiero hacerle una felicitación especial a "mimato bombon kou" por su cumpleaños, espero y te la hayas pasado muy bien y este fic va por ti, ya que siempre te digo que actualizaré y nada. ¡Gracias por apoyarme linda! Al igual gracias a las lectoras que no dejan reviews, al menos sé que alguien lo lee. También gracias a Alberick, ya que también me anima a continuar con todos mis fics, nunca pierde la esperanza. Me gustaría que en este chap si comentaran que les pareció, ya que así me podré dar una idea. En fin, los dejo con la lectura y sugerencias o quejas ya saben…

*Btw

Hay algunas cosas como los separadores que no pude agregar, en dos días agregó eso, pero por el momento utilice "_" guion bajo como separador. Espero y comprendan. Gracias.


Matrimonio Imprudente

Chapter IV

"Confusión"

Me moví incomoda en la cama. Era un hecho, no podía dormir. Mire a los lados. No era un lugar incomodo, si no todo lo contrario. Un lugar bastante acogedor.

Me giré quedando de lado. Toda esta situación la estaba matando lentamente, no dejaba de pensar en nada que no fuera Yamato Ishida y eso la frustraba de sobremanera.

Todos sus problemas pasaban a segundo plano, como lo era su boda, que estaba sin dinero y sin obviar que estaba en la habitación de huéspedes en la casa de su mejor amiga de la infancia cuyo esposo es su primer amor, y claro que tienen un hijo.

Suspiró.

Todo era tan irreal. Ella no debió haber aceptado la invitación de su amiga. Si la hubiera rechazado se hubiera evitado varias situaciones de las cuales no le hubiese gustado enterarse. Si la hubiera rechazado, no sabría de Yoshiro. Si la hubiera rechazado no estaría en aquella incomoda situación.

Si la hubiera rechazado no sabría que Yamato aún la busca.

¿A quién trataba de engañar?

Sora solo la había ayudado y si la hubiera rechazado ella estaría en la calle, en un puente o en una banca.

Pero todo eso le sonaba mejor que caer en la realidad. Y vaya que era dolorosa.

Mi monólogo interior se vio interrumpido al escuchar voces, mire a donde se encontraba la puerta, las voces cada vez se hacían más claras.

Fruncí el ceño, Sora y Jyou ya habían llegado hace tiempo. Y por la hora ya deberían estar durmiendo. Todos deberían, incluso ella. Se recriminó mentalmente. ¿Por qué cuando tienes que dormir no puedes? Lo único que quería era dormir para arreglar todo.

—Si, no te estoy mintiendo.—Alcanzó a escuchar. La voz era masculina, por lo que dedujo que era Jyou. No obtuvo respuesta.—¿Por qué desconfías de mi?—Escucho decir un tanto irritado de quién provenía la voz.

Me dispuse a parar de la cama para averiguar con quién hablaba.

Escuche la perilla de la puerta moverse. Volví a recostarme y ponerme de lado, fingiendo dormir.

Escuche la puerta rechinar.

El piso de madera crujió.

Mi corazón latía más rápido de lo normal, casi igual que cuando se enteró que aún seguía casada con Yamato. Abrí los ojos desmesuradamente al sentir como el colchón se sumía de la parte inferior derecha.

La habitación se inundo de un silencio abrumador, solo se escuchaban ambas respiraciones y el sonido de la noche.

Logró percibir un suspiro de parte del intruso.

—Mimi.—Volvió a suspirar.—¿Por qué te fuiste? ¿Por qué nos dejaste?—pausó.—¿Por qué me dejaste?—La castaña pudo notar como el colchón rechinaba indicando movimiento de parte de su intruso, sintió como poco a poco se acercaba a ella.

Apretó los ojos.

Poco a poco fue abriéndolos al no sentir la esperada acción de su intruso.

Si no todo lo contrario. El colchón dejó de hundirse y fue recuperando su superficie. Las pisadas hacían eco. Y pararon.

—Te extrañé.— Al escuchar esas palabras un escalofrío recorrió su espalda. ¿La había extrañado?

El sonido chirriante de la puerta cerrándose informó que ya no había intruso. Se puso boca arriba. Estuvo así por varios momentos, hasta que agarro el valor necesario para levantarse de la cama. Fui en dirección a la puerta y sostuve la perilla. Recargue mi cabeza en la puerta.

Una lagrima acaricio mi mejilla.

Su vida en esos momentos era un caos.

Puso seguro a la puerta.

Suspiró.

Corrección. Toda su vida fue un caos.


—¡Salud!—Brindo el moreno de cabello alborotado.

—¡Salud!—Respondió un señor de unos treinta años, pelo negro y ojos caramelo,fornido y con un traje de ejecutivo. La corbata desabrochada y unas pequeñas manchas en el pantalón.

—¡Salud!—Se les unió un señor robusto de entre cuarenta y cincuenta años mal rasurado. Cabello grasiento y Semi canoso, ojos azabache y a diferencia del trajeado el pareciera que no se ha cambiado de ropa por varios días.—¡Salud por los amigos!—concluyó el robusto tambaleándose de su silla giratoria.

No entendía cómo lo habían convencido para ir a un bar de mala muerte. Bufo mientras veía a su amigo tomar del tarro. Claro que lo sabía. Todo fue por culpa de la reunión que tuvieron los cuatro digielegidos. Especialmente el que tenía el emblema del valor y la poseedora del emblema del amor.

—¡Hey Matt!— dijo el castaño mientras le estiraba una cerveza esperando que la aceptará el rubio.—¡Qué?— Hipó—¿No quieres?— pregunto escandalizado.

Lo mire inquisitivamente.—Taichi..—Sentencié. Estaba perdiendo la paciencia.

—No seas marica.— continuó el robusto.—¡A la próxima no traigas a tu amiga o novia, cabron!— se dirigió al mayor Yagami.

—¿Qué!¿Yamato marica!—río el moreno.—Estimados colegas,les informo—dijo mientras se levantaba y se ponía entre ambos hombres abrazándolos de lado a lado.—Que mi queridísimo amigo de la infancia. Que digo de la infancia,de la vida!

—Es gay.—comenzó a reír el fornido y el robusto.

Taichi los fulminó con la mirada y yo rodé los ojos.

—¡Noo!—dijo moviendo la cabeza completamente.—Señores, más respeto.—dijo mirando a ambos.—Están ante el ninfomano más grande de Japón!—finalizó riendo y saltando apoyándose de los señores.

Tosí descaradamente. Me estaba ahogando.

—¡Se lo tenía muy guardado el mariquita!—dijo el canoso.

—Yo no lo creo.—tosió el restante.

—Pues les contaré que mi amigo Yama, lo hace todos los días con su novia la presumida top model Catarina.— comentó orgulloso.—Y más las otras.—susurro pero su intento fue en vano.—¿Y les cuento un secreto?

Me pare bruscamente, quería arrancarle la cabeza. ¿Por qué tenía que contar eso precisamente AQUÍ? No es que le importará mucho la opinión de esos ebrios, pero esos temas se hablaban en privado. Entre amigos.

—¡SI!— gritaron al unísono.

Me dejé caer derrotado. No valía la pena discutir con su mejor amigo y sus amigos ebrios.

—¿Quieren saber porque es así?— repitió el moreno.

—¡Quiero saber porqué la estirada de Mariquita es así!— exclamó el mayor mientras daba golpes en la tabla con su cerveza.

Genial. Ahora un par de borrachos le ponen apodos. Gire mi silla dándoles la espalda.

—El es así porque así como yo el tiene una Sora.—dijo con los ojos cristalinos.

—¡Todos queremos una zorra!—dijo el mayor alzando su tarro.—Digo Sora.

—¡Hey más respeto por Sorita!—gimoteó el castaño lanzando puñetazos a la nada.

Yo sonreí de lado, después de todo estos sujetos no eran tan malos. Le gustaba ver en esas situaciones a Taichi, a eso se le llamaba karma.

Mi sonrisa se borro cuando se acercó una chica del otro lado de la tabla. Complexión delgada,tez pálida, ojos azules cielo, cabello negro como su camisa indicando que trabaja ahí. A pesar que estaba sentado era más alto que ella. La chica era... Bonita. Tenía un estilo misterioso.

—¿Y bien?—Dijo sonriendo de lado mostrando uno de sus hoyuelos. Yo alce una de mis finas cejas rubias. Ella rodó los ojos.—¿No consumirás?—dijo sin interés mirando sus uñas.

—¡Susy!—interrumpió el robusto.— ¡No pierdas tu tiempo con mariquita y ven aquí conmigo!—exclamó mientras hipaba.

—Ya te dije, me llamó Sussane—dijo irritada—Y vaya Bob, tienes nuevos amigos.—soltó la pelinegra.—Ya es un progreso.—Dijo mientras se acomodaba un mechón atrás de su giró para verme.—¿Y bien "mariquita"? —dijo burlonamente.

—Mira "Susy"— soltó con cizaña.— No me digas ese ridículo apodo que me otorgó el gran Bob.—dijo lacónicamente.

La chica lo miro fríamente, acercándose mientras se apoyaba en la tabla con ambas manos lo cual le ocasionó un escalofrío. Estaba comenzando a sentirse incómodo. La chica retrocedió lentamente y sonrió.— Bien.— agarro el tarro vacío de un cliente y lo comenzó a lavar con un trapo.

—¡Señorita!—dijo el de cabellos no dejaba de verme con esos ojos cielo.—Deme otras dos, una para mí y otro para mi amigo .—dijo señalándome.

Ella hizo caso y lleno dos tarros con cerveza. Los colocó sobre la tabla y los empujó a donde estaban los amigos.

—Vamos Yamato, vamos a brindar!—dijo acercándose al asiento más cercano del mío. El moreno agarró el tarro y lo acercó a mí esperando que yo hiciera lo mismo.

—Taichi, ya te dije que no.—advertí.

—Vamos amigo—dijo tratando de sonreír, un intento inútil.

Iba a seguir la discusión pero el moreno ya no me veía. Estaba con el ceño fruncido.—¡Hey esa era para mí amigo Matt!—dijo tratando de quitársela al canoso.

—¡El no la quiere! No te enojes men.—dijo abrazando al Yagami. Provocando el enojo de mi amigo.

Yo por mi parte vi a la chica que veía divertida la escena. Se encogió de hombros, me guiñó el ojo y se dispuso a ir, cuando estuvo a punto de dar la vuelta para el otro extremo del bar. El impulso me gano.—¡Espera!— ella se giró y me vio detenidamente.—Tráeme un trago de whiskey.— Ella asintió y se perdió de mi vista. Me apoye en la tabla. ¿Por qué hice eso? ¿Por qué simplemente deje que se fuera y así Taichi y los ebrios dejarían de insistirme en que tomará? Recargué completamente mi cabeza en la superficie resignado. Escuchaba las risas y las peleas que se situaban a mi alrededor especialmente la que se presenciaba a mi lado. Pero mi mente estaba en otra parte, o en otra persona, él había hablado de Mimi con Taichi, bueno de Mimi Stevens, pero su amigo lo había ayudado a progresar, ahora solo tendría que buscarla y merecía una explicación. ¿Dónde estará? Cuando fue a su apartamento no le dijo dónde estaría. Esa era otra incógnita, pero sería fácil de localizar, o eso creía. El no debería estar perdiendo el tiempo en un bar con su mejor amigo. Si su mejor amigo quería estar así, el no. Se dispuso a pararse pero cuando levantó la cabeza se encontró con los cielos de alguien.

—Aquí tienes.— dijo sonriendo de lado.

—Gracias.—dijo mientras sostenía el vaso entre sus manos. —¿No tienes trabajo que hacer?— dijo sin mirarla, estaba concentrado en el vaso de Whiskey.

Ella se encogió de hombros.—Quizá si, pero es más entretenido ver a los clientes y más si son nuevos. Como tú Jack.— el chico levanto la cara sin dejar de tocar el vaso con Whiskey.

—¿Perdón?— dijo con un mohín en la cara.

— Si, tú eres Jack, así como el tiene cara de Bob aunque se llame Shunta. Y aquel de allá.—Dijo señalando a un señor en las últimas mesas de fondo.— Tiene cara de Fred.— dijo divertida.

—En algo si tienes razón,el si tiene cara de Fred.— dijo sonriente mientras negaba con su cabeza.

—¡Yamato hasta que te animas!—dijo el moreno colgado de su su tarro esperando su aprobación.—¡Por las mujeres que nos han hecho tanto daño!— tomé el vaso y lo choque con el del moreno.

—¡Salud!— dije animado.

—¡Por Sorita!— dijo alzando nuevamente su tarro.

—¡Por Kyoko!—dijo el fornido. Levantándose.—¡Y también por Sora!¡Salud!

—¡Por zorrita!— dijo el canoso.—¡También por ti Susy, no te enojes ¡Salud!

Todos me miraron esperando a que brindará, hoy brindaría por Mimi, Mimi Tachikawa.—¡Por Mimi! ¡Por el amor de mi adolescencia!—dije alzando mi vaso.

—¡Por Mimi!¡Salud!— dijeron al son. Todos bebimos de nuestros respectivos vasos.

Deje mi vaso vacío en la tabla, y sentándome de esa mini presentación. Vi a la chica con brazos cruzados. Con una ceja alzada.—Tus amigos sí que saben divertirse.— dijo mientras veía como estaban tambaleándose los tres. —Y sabes... No sé que es más patético.—Sonrió.— Que Bob el ebrio sea la única persona que haya brindado por mí o qué alguien haya brindado por el amor de su adolescencia.

—Tráeme otro.— dije tajante. Esa actitud comenzaba a molestarle.

La chica le sirvió otra ronda.—Vaya, no sabía que fueras tan delicada.

—Y lo soy.— dijo tomando de su vaso.

—¿Quién fue ella para que aún brindes por ella?— pregunto curiosa la pelinegra. La mire por unos momentos. ¿Quién fue Mimi? Mejor dicho ¿Quién no fue Mimi?

— Salí con ella durante un par de años, la conozco desde los 11 en un campamento, también fue mi novia. Estuve estúpidamente enamorado de ella. Y créeme cuando te digo estúpidamente es por qué fui un completo estupido. Estuvimos en preparatoria juntos, bueno, la mitad de ella. Con ella viví mis mejores y peores momentos. Ella se fue un día. Y no supe de ella. O quizá si pude saber de ella, mas no quise.— sonrío sarcástico.

—Vaya, ella fue alguien. Yo también tuve a alguien así pero no tan bonita historia. Y el no fue tan idiota como tú y si me busco.— rió.— Se llama o llamaba, no lo sé, ese chico está completamente loco. Richard, su apodo era el gran Rich. Nos conocimos en un supermercado de Tennessee.—pauso y me miro sonriendo.— Bien, yo te lo advertí no es tan cursi como la tuya.—Reí.— Continuaré, lo conocí ahí peleando por una oferta. Al final como buen caballero termino dándome esa oferta. Y por cómo me ves, no, no te diré que era esa oferta. Bueno, yo como toda dama orgullosa, ya no la quería, al final ambos nos quedamos sin oferta. Seguimos nuestro camino, cada quien con su respectivo departamento. Cuando estuve por llegar a una caja, el llego primero, no tengo idea de dónde salió. Pero ese pedazo de escoria me había ganado el lugar, como es de suponerse, me ofreció el lugar y obviamente como orgullosa que soy no sé lo acepte, me moví de caja, un poco irritada. Cuando al fin salí de ese infernal visita al supermercado, decidí tomar taxi ¡Y adivina a quien se le ocurrió hacerle la parada al mismo taxi que yo esperaba! Pero he aquí cuando todo es distinto, él me abrió la puerta del taxi, me ayudó a acomodar mis compras y me dijo su nombre, yo el mío acompañado de un gracias. El taxi dio marcha y un hormigueo recorría mi estómago. Y si, si volteaba a ver si él seguía ahí. Bueno en mis compras estaba su número celular. Le hable y desde ahí comencé a salir con el. Luego de unos meses me tuve que ir, él me fue a buscar me dijo que no me fuera y bla bla bla, típico cliché.— suspiro.— Y heme aquí. Trabajando por las noches en un bar de Japón.— sonrío.

Vaya su historia era un tanto peculiar, pero parecida a la suya, haciendo que sintiera empatía.—Vaya.— dije mientras bebía lo que quedaba de mi Whiskey.— Que buen truco por parte del gran Rich.

—El mejor.— me guiñó el ojo.—Solo a ese cabeza dura se le ocurriría tal cosa.

—¡Yamato!—dijo en mal estado el moreno, chocando con las sillas.

—Creo que ya es hora de irnos amigo.—dije para luego mirar a la chica la cual sonrió. Y desapareció en el otro extremo del bar.—Vamos Taichi.— dije parándome intentando ayudar al moreno a estar de pie.

—¡Pero no me quiero ir!¡Ellos son mis hermanos!—dijo abrazando a el fornido y al ese momento El fornido vomita en los zapatos de Taichi, provocando que este vomite.

—¡Tienen estómago de mujercitas!— Dijo el canoso intentando estar de pie. Estaba completamente en un estado deplorable.

Intenté tomar a mi amigo, pero no podía, no movía sus pies, no tenía conexión con sus piernas. Haciendo casi imposible que sacara de ahí al moreno. Taichi se deja caer, logrando arrastrar al rubio, en una caída segura al sucio suelo del lugar. Pero esto no pasó. Del otro lado, con el brazo de Tai, estaba la mesera con ojos cielo y una historia poco convencional.

El le sonrió agradeciendo la ayuda. Ella devolvió la sonrisa.


—¿Falta mucho?—dijo una cansada y molesta chica.

—No, es en ese edificio.— dijo señalando el edificio donde su amigo residía desde la niñez. Un poco dañado, pero muy lindo a la vista. Con unos toques modernos hacían que aparentará que lo acaban de construir como los edificios vecinos.

La chica solo asintió y siguió con la tarea de sostener al moreno del lado izquierdo.

—¿Por qué Sorita?— dijo mientras hipaba, indicando un seguro llanto venir.

—¡O le dices que deje de hablar de "Sorita" o yo lo calló!—dijo furiosa la chica. —¡Todo el camino no ha parado de hablar de ella! Es irritante.

—Cállalo.— dijo mientras con el brazo de Tai en su cuello se encogía de hombros.

—¿No interferirá?— dijo desconfiada.

—No, inténtalo.—suspiro.—Y solo por qué me agradas, te diré que con eso no lo harás que se calle. Habrá un efecto contrario.

—¿Por qué estás tan seguro?— dijo tratando de verlo ignorando lo que decía el moreno.

—Por tres razones Sussane, primera lo conozco desde los 11, segunda con Taichi los golpes no funcionan provocan que saque su lado agresivo y créeme eso es mucho mejor que la tercera razón.

—¿Cuál es?— pregunto curiosa.

— Seguirá hablando de Sora por un largo tiempo. Te lo digo por experiencia.— dijo parando.—Llegamos.— la chica lo miro asintiendo. El chico empujo la puerta con su codo y ella introdujo al castaño. Se dirigieron al elevador. Cuando esté llego, entraron con dificultad. — Oprime el 7.— la chica obedeció.

2

—Oye ¿No has notado que algo lindo pasó hoy?— hablo la chica mirando de frente. El rubio se tensó, el estaba en una relación y tenía problemas sentimentales gracias a cierta castaña, no quería hundirse más.

4

—Sussane… eres muy bonita pero …— la chica lo miro confundida. Provocando que el callara.

—¿Qué estabas pensando? — abrió la boca con asombro— Oh, no jodas Yamato. Yo te iba a decir que por fin Soritaliber se había callado. — Desvíe mi mirada para ver a mi amigo que definitivamente, ya no lo había escuchado. El castaño cayó en brazos de Morfeo y al parecer ya tenía un rato, a juzgar por su baba escurriendo por la comisura de su labio. Mire a la chica un poco avergonzado. Pero los ronquidos provenientes del moreno lo interrumpieron de su disculpa visual.—¡Oh no puede ser! ¡Es acaso que ni dormido puede estar en silencio?— grito frustrada.

6

—Oye Sussane, yo… lo siento.—Dije mirando al suelo.—Yo confundí la situación.

7

—No tienes por qué disculparte.— bufo—Pero si tanto insistes, yo te perdono, Yamato.— el rubio levanto la vista y vio a la chica mirándole a los ojos.

Las puertas del elevador se abrieron dejando ver un pasillo.

Salieron y se dirigieron al final del pasillo. Siendo él, el guía. ¿Lo perdonaba? ¿Sin ningún tipo de reproche? Esta chica no era tan complicada como Mimi y Catalina…

—¿Cuál es? ¿Familia Miyamoto o Familia Yagami? — dijo observando ambas tarjetas a lado de las puertas.

—Yagami. — respondí. La chica tocó. No obtuvo respuesta.

—¿Seguro que hay alguien en casa?— dijo la chica. El chico simplemente hizo el ademán de que lo intentará de nuevo. La chica entendió y obedeció.

Se escucharon pasos detrás de la puerta.

—¿Si?—Escuche a la menor Yagami, del otro lado sin abrir. Así que me puse al alcance de la endidura de la puerta. —¿Yamato?

Hice una expresión triunfal hacia la pelinegra. —Vaya que te conocen.

La puerta se abrió dejando ver a la menor Yagami. Vio a la chica analizándola, luego me miró a mí y me sonrió. Le correspondí de inmediato. Para después pasar a ver a su hermano. Se sorprendió al verlo en ese estado tan miserable. Me cuestiono con la mirada acusadora mente. —¿Lo llevaste con Sora!—dijo afirmando lo que era obvio.—Te hemos dicho que lo evites, todos estamos advertidos. —Dijo frotando su sien.—Aguarden aquí.— la castaña entro al departamento. La pelinegra me miró expectante.

La menor apareció con un bote con agua. —Apártense.— la chica le lanzó el agua con todo y bote. Dejando un confundido,empapado, adolorido y ebrio Taichi.

—¡Hey Hikari!—gruño mientras tocaba su cabeza.—¿Así recibes a tu hermano?

La pequeña lo fulminó con la mirada.— ¡Cómo quieres que te reciba si llegas totalmente ebrio a la casa después de buscar a Sora! ¡Taichi ya lo hemos hablado antes!— dijo y bajo la mirada.

—¿Yo? ¡Yo no he ido a buscar a Sora!— chillo ofendido.

La menor hizo ignoró completamente a su hermano mayor. Abrió completamente la puerta dejando el paso.—Matt, déjenlo en el sillón.

—¿Qué! ¡Pero si yo puedo! ¡Estoy completamente soberbio!— dijo el moreno. La menor le dio un golpe en la cabeza.

—¡Se dice sobrio! —dijo enfurecida.—Sabes Matt, yo me encargo de el.— dijo mirando con odio a su hermano mayor.

— De eso estoy totalmente de acuerdo.— dijo sonriendo de lado, la menor sonrió.

—¡Ve adentro y espérame ahí!— dijo mientras abría paso y señalaba al interior. El mayor ni se inmutó en despedirse simplemente acató las órdenes de su pequeña hermana mientras resoplaba y susurraba "Si Mamá". Cuando el castaño entró la castaña suspiro sonoramente. Me miró y luego a Sussane que se portaba indiferente a la situación. — Yo… Lo siento, que mal educada. Matt, si tú y tu amiga quieren quedarse por la hora. Son bienvenidos. Sabes que eres como de la familia, literalmente, bueno en parte por tantos años conociéndonos y por Takeru…—comenzó a ponerse nerviosa.

—Tranquila Kari, no hay problema. —Además tengo que dejar a Sussane, ya es tarde.

—Insisto.— se dirigió a la chica—Si quieres quedarte no hay ningún inconveniente, además estoy agradecida por qué hayas contribuido a traer a mi hermano. —sonrió sinceramente.

—Muy amable, pero por la mañana tengo trabajo al otro extremo de la cuidad, y estoy algo lejos, no creo que sea conveniente.

La chica sonrió mientras asentía.— Ya veo, bueno, Matt, me hablas por cualquier cosa. Y suerte en tu trabajo.—La chica se recargó en la puerta. Pero un sonido proveniente del apartamento la alarmó.—Creo que me tengo que ir.— dijo avergonzada.

—Adelante.— finalizó el rubio.

La puerta se cerró dejando a ambos jóvenes. Expectantes ante la situación. La chica dio un suspiro.—Vaya, esa chica tiene un carácter angelical.— dijo sarcásticamente .

—Ella es buena chica, es muy paciente solo que cuando se trata del masoquismo de su hermano,se comporta así.—bufo.—Además se lo tiene merecido.

—Yo creo que tú eres el culpable, de haber hecho que tu amigo estuviera en ese estado, eres un mal amigo.— Dijo la pelinegra mientras negaba con la cabeza.

—¡No soy el culpable, él me llevo con Sora!— dije a la defensiva.

—Claro que eres el culpable. Si hubieras sido buen amigo, no lo hubieras llevado al bar, ni hubieras dejado que tomara esa cantidad de alcohol. Eres un pésimo amigo.— dijo mientras caminaba al ascensor. Permanecí en mi lugar mientras la veía alejarse.

¿Acaso era un mal amigo? No, él a pesar de su forma de ser él era buen amigo y hace años atrás lo probó siendo el portador del emblema de la amistad. Vio a la chica con recelo. Estaba ya adentro del ascensor.

—¿Vas a quedarte ahí con tus desplantes de niño inmaduro o vendrás al elevador?—dijo mientras ponía la mano para que las puertas no se cerrarán.

—Vete.— dijo mientras se giraba.

—No te debes molestar por la verdad.—dijo quitando la mano de las puertas del ascensor. Se introdujo.— Adiós Yamato.

Las puertas comenzaron a cerrarse pero un brazo repentinamente impidió que se cerrarán.

Azul cielo y zafiro se observaron sorprendidos. Ambos sorprendidos por la misma acción.—Yo te llevaré.— dijo el rubio acomodándose a lado de ella.

—No eres mal amigo.—dijo la pelinegra sonriéndole tímidamente.

Sonrío de lado mientras se adentraba al elevador a ponerse junto a la pelinegra.


Me asomé por el espacio de la puerta, vi pasar a una cabellera rojiza. Respire profundamente y empuje la puerta.

Camine por el pasillo cautelosamente.

—¿Qué está haciendo tía Mimi?— agache mi mirada para ver al pequeño que me miraba curioso.

—Yoshi, buen día.— dije poniéndome derecha y sonriéndole.— ¿Están tus papás?—pregunte para saber al peligro al que me enfrentaba.

El pequeño alzó una de sus pequeñas cejas.—Mami está en la cocina preparando el desayuno.—dijo mirando en dirección a la cocina.

El pequeño no parecía comprender lo que trataba de decirle o mejor dicho ella se refería si estaba su papá.

La castaña inhaló sonoramente.—¿Y papá Jyou?— fue directa.

El pelirrojo ladeó la cabeza.— Mi héroe está en el hospital.

Abrí los ojos de golpe. Toque mi pecho.

El Niño vio que entendí mal.—Tía, él es un doctor, aquí en Japón los doctores trabajan en hospitales.— dijo preocupado.

Mi sonrojo fue notorio y se pronunció más cuando la pelirroja apareció en el pasillo. —¡Mimi! ¡Buenos días!— me sonrió amablemente.—¿Quieres desayunar algo?— pregunto, su mirada paso a su primogénito.—¿Aún no te cambias Yoshiro? —regaño.—¿No te da vergüenza que tu tía Mimi ya esté arreglada lista para salir y tú no?— dijo mientras movía el cucharón con la mano izquierda. El pequeño se encogió de hombros y fue a una habitación.—Que momento tan penoso Mimi, lo siento.— dijo mientras sus mejillas tomaban el color de su cabello.

Yo sonreí sinceramente.—No te preocupes, es algo normal.— mentí.

Yo no sabía si eso era normal, no convivía con niños desde que era una adolescente. Bueno tenía una vecina de unos 4 años pero nunca ha convivido tanto con la pequeña.

La pelirroja asintió mientras observaba en dirección donde había ido su primogénito. Luego sus orbes ámbar me miraron con curiosidad.—¿Vas a algún lado? — dijo mientras me examinaba con la mirada. Yo esquivé su mirada y me cruzaba de brazos.—Entiendo, ¿Quieres que te acerque? ¿O sí recuerdas andar en Japón?— contesto risueña.

—¡Claro que lo recuerdo!—dije indignada. La pelirroja rió.

—Te creeré Mimi, pero por si las dudas…— interrumpió su oración, pasó de lado y fue a la mesa donde saco un papel y comenzó a apuntar. Me miro sonrió y se dirigió a mi. Me extendió el papel, lo mire insegura.—Toma.— Con cautela agarré el papel arrugandolo un poco. Mi amiga me sonrió de oreja a oreja.—Es la dirección, quizá conozcas Japón pero aún no sabes exactamente dónde vivo, al igual que mi teléfono.

La puerta se entreabrió, ambas volteamos. En la apertura se encontraba una cabecita pelirroja asomándose.

—Mamá, tenemos un problema.—dijo susurrando. La pelirroja me miró, me tomo de las manos y con los ojos me deseó suerte. Yo sonreí, al soltarnos cada quien fue a su dirección.

Lo bueno.

Ella seguía siendo igual de comprensible, seguía siendo su amiga.

Lo malo.

No le gustaba la dirección que tomó.


Cerré los ojos fuertemente. Tomé bruscamente una bocanada de aire.

No le había gustado para nada lo que le habían dicho. Pero estaba desesperada. Y no le quedaba otra opción.

Tocó levemente la puerta. Y espero pacientemente.

Aunque todo eso la impacientaba. ¿Cómo alguien tardaba tanto en abrir? Su pie tomo vida propia y comenzó a moverse frenéticamente.

Pero dejo de tener vida al momento de que esa puerta se abriera. Dejó de respirar por un segundo, el cual se le hizo eterno. Ahí enfrente de ella estaba el dueño de sus peores miedos. Yamato Ishida.

—Mimi…— dijo confundido el rubio, a la vez que la hacía despertar de su especie de shock.

—Hola, Yamato.— dije mientras mi cara me engañaba y sonreía de lado. Él hizo exactamente lo mismo.

Se miraron por varios minutos, pero el corto ese contacto.—¿Qué ocupas?—dijo mirando al suelo.

—Hablar contigo.—dije apartando mi mirada de el.

—De acuerdo, pasa.—dijo haciéndose a un lado, lo miré sorprendida, no había puesto obstáculos, esto era… un gran avance ¿No?

Al poner el primer pie dentro de aquel departamento un olor a menta con moras penetro mi olfato, era tan característico de Yamato ese olor, pero al parecer tenía algunos cambios. Cerré los ojos para disfrutar aquel aroma que embriagaba mi nariz. Al abrirlos me encontraba en un departamento lujoso, amplio, limpio y moderno. Sonreí. Yamato había cumplido su sueño.

El se encontraba de pie observándome con un trago en la mano. Y ahí fue cuando lo vi detalladamente. Sus ojos estaban cansados, no tenían aquel brillo de hace varios años. Tenía unas ojeras pronunciadas. Se veía sumamente cansado, pero a pesar de todo lucia igual de atractivo que la primera vez que lo vio. El me miro con sus zafiro, con la mano que sostenía el trago me señaló el sillón de cuero negro a unos pasos de mi. Asentí y me senté. El no parecía nervioso, es decir no mostraba ni un ápice de sentimientos por mi. Mire la pequeña mesa de estar y ahí me enfoqué, no quería verlo. Me sentía una tonta, al creer que aún estaba interesado en mi tanto como yo en el, sin embargo él aún buscaba a Sora. No quería verlo ya que si lo hacía lloraría. Y vaya que por el ya había derramado muchas lágrimas. —Lo que quería decir es...—comencé a decir con un tono de voz irritada, ya que estaba irritada conmigo por el sentir. — Hable hoy con el juez.

—¿Así que es cierto?—dijo, yo lo miré .—Estamos casados.—dijo con la mirada perdida.

Fruncí el ceño ¿Cómo no le creyó en aquella situación? Estaba indignada ella podría ser muchas cosas menos una mentirosa.

—Que ironía, ayer fui el soltero más codiciado y ahora soy casado.—rió.—Y tú eres Mimi de Ishida.—dijo burlonamente.—Que irónico.

¿Yamato soltero? Fue lo único que pasó por la mente de la castaña, eso debía ser una broma.—Así es, y hable con el juez encargado de esto y dice…—mis mejillas se tornaron completamente rojas. No me sentía preparada para decir lo que le iba a decir. Pero era necesario. Apreté mis puños y me aferré al sofá de cuero. —Para poder divorciarnos, tenemos que tener mínimo un mes compartiendo residencia, ya que según el juez no podemos saber si queremos estar juntos si no hemos vivido y convivido como un matrimonio.—dijo exaltada la castaña.

La castaña levanto la vista. Vio como el rubio se tensaba y comenzaba a temblar levemente.

Pasaron varios minutos. El ambiente era muy incomodo, al parecer el había entrado en un especie de shock , me estaba inquietando su silencio y más cómo actuaría después de su shock—¿No dirás o harás nada Yamato?— dije suplicante, suplicante de que el silencio acabará, me estaba carcomiendo.

El miró atendiendo mis súplicas, esa mirada tan fría y calculadora.—Ven.—dijo caminando furiosamente hacia mi, tomó de mi mano y me arrastró a la salida.


Caminamos por varias cuadras, yo permanecía en silencio mientras el murmuraba algo no entendible para sus oídos.

Me detuve para ver a ambos lados de la acera. ¿Por qué se le hacía tan difícil ir a un lugar que él conocía muy bien? Iba a seguir con mi camino pero algo me interrumpió. Miré a la "prisionera" que acababa de soltarse de mi agarre. No había notado que la había llevado agarrada de mi mano varias calles. Me sentía mal al llevarla sin decirle nada, pero la presión pudo más, ella no quería seguir con el ni el con ella, así que el ayudaría y aceptaría todo para romper ese falso matrimonio.

Maldije.

—¿A dónde vamos?—pregunto evitando mi mirada. Notaba su nerviosismo era tan palpable al aire.

—Con un amigo.—conteste mientras finalizaba la conversación mirando una vez más a la acera.

—¿Para qué?—dijo desconfiada con un ápice de superioridad.

—¿No es claro?—dije regresando a mi típica pose, restándole importancia a su pregunta.—A solucionar todo este embrollo.—dije mirándola inquisitivamente.—Y vaya que no has ayudado mucho.

La castaña apretó sus puños, levantó el pecho. Indicando que algo le molestaba y no sé quedaría callada.—Mira Yamato Ishida, no entiendo por qué me estás culpando de todo esto. Si tú fuiste el que nos llevó con aquel amiguito tuyo, el que falsificó nuestras edades y nuestro matrimonio. Todo fue ilegal yo no tengo 26 años, tengo 23, aún soy joven. Básicamente no existo o no soy quien creo ser bajo las leyes. Y peor aún no me casaré por primera vez como creía, sino será mi segunda boda, y espero acordarme ya que no recuerdo haber tenido una primera. —dijo sulfúrica, con un tono sarcástico característico en sus berrinches.

El la miró molesto.—"Bingo" acertaste, vamos con ese maldito idiota a que nos explique qué fue lo que hizo.—dijo mientras se acercaba a ella molesto. Ella no se movió de su lugar, con la cara en alto. Lo enfrentó.

Zafiro y caramelo se veían desafiantes, ninguno mostraba debilidad, al parecer ninguno pensaba ceder.

Ambos desafiándose, mirándose intensamente logrando reconocerse.

Los zafiro impenetrables, se hacían penetrables, mientras los caramelo cedían ante los zafiro, dominándolos. Los caramelos cedían y sus finas cejas se levantaban lentamente, cediendo por completo. Acto seguido los zafiro hicieron lo mismo.

Dos almas se estaban reencontrando.

Las manos de él se acercaron a las de ella, sorprendiéndose al encontrarlas en su camino, comenzaron a reconocerse al tacto, todo era igual a los recuerdos. Las manos comenzaron a acomodarse a su lugar de origen, encajando perfectamente. Volviendo a reencontrarse. Logrando que en ese momento algo reviviera. Algo resurgió entre todas las tormentas.

—¿Yamato?—dijo una tercera voz, un poco aguda.

Logrando que todo lo que se había reencontrado, se esfumará, tan rápido como resurgió se lo llevó el viento.

Ambos se soltaron como si quemasen. Centrándose únicamente en la chica que miraba divertida al chico.—¿Sussane?—dijo con nerviosismo. La castaña le dedico una mirada curiosa.

—Hey, si, soy yo.—rió.—Creía nos volveríamos a ver, pero no creí que fuera tan pronto.—dijo mientras golpeaba el hombro del pelinegra me miró detenidamente.—¿Y bien?—dijo volviendo a ver al rubio.

El río nervioso.—Si, no creí que fuera al día siguiente, y ella es…—dijo pero la chica de orbes celestes lo interrumpió. Pasó a su lado y se acercó a la castaña ofreciéndole su mano.

—Como el tonto de Yamato ya lo dijo, soy Sussane.—dijo sonriendo amablemente.

—Mucho gusto, yo soy Mimi.—dije mientras le correspondía el saludo. Ambas chicas estrecharon sus manos.

—Un gusto Mimi.—dijo mientras volvía a mirar al rubio. Termino el saludo y fue directo al rubio.—A proposito,Yamato, hay algo que me inquieta.—dijo mezquina.—No sé si debo preocuparme que estés tan cerca de mi casa, sin olvidar que me conociste ayer, eso es psicopata.—dijo fingiendo indignación.

La castaña veía la escena detenidamente, veía los gestos de aquella chica, y como los gestos de él lo delataban. Esa chica era alguien en la vida de Yamato.

Me crucé de brazos. Y tosí un poco para que notarán mi presencia. Él parecía entenderlo. Así que le dijo algo a la chica esa, que era de buen ver, atractiva. Ella le contesto y el río.

Me acerqué un poco para escuchar esa amena conversación.

—Bueno, apunta, que no lo repetiré.—dijo poniendo sus manos en su cintura.

—De acuerdo.— El sacó su teléfono y comenzó a anotar el número que ella le dictaba.

—Bueno Yamato, me encantaría acompañarlos, pero no me gustaría ser mal tercio, eso no va conmigo.—dijo divertida mientras le guiñaba un ojo.

—No estoy para esas bromas Sussane...—Amenazó el rubio.—Mimi y yo no somos …

Antes que terminará aquella frase, algo me domino por dentro logrando sacar y mantener firmemente la siguiente oración.—No te preocupes, nosotros encantados que nos acompañes. ¿No es así Matt?—dije cortésmente,orgullosa.

Pero me retracte al instante al notar que eso no era algo digno de cortesía, si no algo vulgar, soné …

Celosa.

—Por tu "amiga" Mimi, no hay problema, ¿Entonces a donde iremos?—dijo la pelinegra sujetando el brazo de Yamato.

Respire profundamente, esta chica no entendía lo que quise decir.

—De acuerdo, si eso quieren…—dijo el rubio mientras comenzaba a caminar. Dejando a ambas atrás, ella lo siguió de inmediato , yo me quede atrás observando aquella escena.

Nadie entendió su mensaje, incluso ella misma no lo entendió.

Lo que salía de sus labios era algo completamente distinto a lo que pensaba, no estaban conectados. Logrando una interferencia.

Me crucé de brazos, y dignamente seguí los pasos del rubio que a su vez lo seguía la chica de cabello negro con estilo rockero,bufó, este sería un largo día y ella una vez más lo había "mejorado".


Espero y les haya gustado este chap, y comenten que les pareció ,en que puede mejorar, o bien si no entendieron algo. Bueno, muchas gracias lectores.

By

D.A.N.G