Lo que llevo por dentro.
Los personajes de la serie le pertenecen a Naoko Takeuchi. Yo escribo sobre ellos porque me entretiene.
Ya que el publico lo pidió seguí un poco hilando la idea que tenía en mente. Ojala te guste, lector o lectora
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Sus manos se movían nerviosas mientras trataba de encontrar alguna respuesta que dejara contento a su esposo más no había palabra que pudiera pronunciar para aliviar lo que sentía. Aunque ella supo que él tampoco estuvo con ella todo el tiempo, trató de que su convivencia (y su matrimonio) fuera tolerable. Se rio de sí misma al pesar en esa palabra: "tolerable". Claramente no era lo que había imaginado años atrás sobre su futuro en Tokio de Cristal ni lo que alguna vez se prometieron sería una historia de amor que los haría construir un mundo de felicidad. Pero las historias de amor no se tatúan en el alma por ser perfectas sino por el valor que pongas en mantenerla a flote. Y ese esfuerzo, ambos reyes, habían dejado de lucharlo hacía tiempo.
Mucho tiempo.
Tal vez si alguien les hubiera dicho que evolucionar una relación adolescente a una de adultos conllevaba tantos problemas y dificultades entre ellos, podrían haber dimensionado o meditado con más calma lo que aconteció después. Cuando se dieron cuenta que discutían hasta por el color del tapiz en el baño y no lograban superar esas pequeñas tonterías que dejaban pasar pero que luego se transformaban en verdaderas batallas por ver quien tenía o no la razón.
Lo veía molesto pero no estaba celoso. Lo que le pareció curioso. Más bien estaba frustrado y ese sentimiento lo llevaba a hilas millones de posibles escapatorias a lo que ahora se les venía encima: la realidad.
- Ya te lo dije – se escuchó el timbre femenino en el aire – Podemos decir que tengo un resfrío. Puedo irme un par de días a la cabaña del lago y nos daremos un tiempo.
- ¿Y tiempo para qué, Serena? – la vio sobre la cama. No solo sus ojos sino que su rostro entero estaba hinchado tanto llorar.
- Para que pensemos. En todo.
- Me acabas de confesar que querías a ese chico. Lo cual es obvio al ver el estado en el que te encuentras tras saber que ha fallecido. Y que superpusiste tu deber antes que tus sentimientos para tener este futuro que Rini nos mostró cuando éramos jóvenes ¿Qué quieres que piense? – sus ojos estaban inyectados de un sentimiento que mezclaba rabia y angustia.
- Pues, que hice lo que tenía que hacer. Lo correcto – declaró la mujer con tono orgulloso.
- No, querida. Lo correcto es actuar siempre desde lo que nuestros corazones quieren – él por primera vez desde que comenzaron a conversar se acercó a su cama y se sentó frente a ella - No me digas que nunca has pensado que no servimos para estar casados.
- Yo… p-pues – ella desvió su mirada. Sabía que coincidían en eso pero no quería aceptar que estaban equivocados. Que el destino había errado la suerte con ellos.
- Tú sabes que este reino es mi vida. Adoro ver a nuestra gente en paz y felices. Pero ¿no crees que es tiempo que nosotros también lo seamos?
- Sí… - las palabras le llegaron hasta el fondo del alma a la reina.
- Pero, si quieres que sigamos juntos… - tomo suavemente sus manos - … pondré todo mi esfuerzo para hacerte feliz.
- Darien… - esa promesa podría ser cumplida, después de todo no llevaban tanto tiempo juntos para desperdiciar su relación. Pero ¿cómo podrían seguir? – Tengo que pensarlo.
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- Quiero que alguien me explique en este instante por qué nunca me informaron lo que ocurrió cuando estuve cautivo por Galaxia – resopló con voz profunda el Rey de Tokio de Cristal.
- Le recuerdo, su majestad. Que usted tiene una esposa que le habló y lo puso al tanto de los hechos que pasaron en su ausencia – Habló Sailor Venus exasperada por esta charla que parecía interrogatorio.
- No juegues conmigo – si pudiera fulminar con la mirada, el rostro de Mina hubiera sido desintegrado en ese instante.
- Su alteza ¿Podría especificar con respecto a cuál de todos los hechos le interesa saber? – la siempre sabia Mercury trataba de calmar los ánimos.
- Seiya Kou – arrastró ambas palabras y las diversas expresiones presentes en las Sailor Scouts no logró aclararle al Rey si era bueno o malo haberlo nombrado – Ese asunto me interesa.
- ¿Qué hay con ese sujeto? – bufó Uranus con el tono molesto que no ocupada hace tiempo.
- No lo sé ¿Qué tienes que decir sobre eso? – la miró fijamente desde su puesto tras el escritorio y la rubia de cabello corto tragó saliva pesadamente.
- ¡No hay nada que decir! – Explotó Venus otra vez – ¡Han pasado muchos años! ¡Siglos para nosotros y a usted le importa revivir cosas sin importancia que pasaron en nuestra adolescencia en vez de preocuparse por la salud de Serena ahora! – ella iba a continuar pero sintió la cálida mano de Júpiter sosteniendo la suya para no abalanzarse sobre Darien.
- No son cosas tan sin importancia si todas han reaccionado así ¿cierto? – inquirió una vez más escrutando a cada una de las ocho mujeres frente a él.
- Él fue un buen amigo para nuestra reina – Neptune fue la que respondió ahora impasible como siempre.
- Es cierto – secundó Uranus – Fue alguien que siempre luchó junto a ella y la defendió, a pesar y en contra de nuestra voluntad incluso.
- Puedo imaginar por qué lo querían lejos de ella. Lo que no me cuadra es la reacción de ella al saber que él falleció – Uranus se mordió la lengua al escuchar eso.
- Fue algo que no pudimos evitar – murmuró Mars a modo de disculpa.
- Al corazón no se le manda, su alteza – acotó Júpiter.
- Precisamente es al tema que quería llegar. Ustedes saben y yo sé que él estaba prendado de Serena – todas lo miraban en silencio – Lo que quiero saber es qué sentía ella por ese tipo.
- ¡Nada! Por supuesto – se apresuró Uranus.
- Sólo eran amigos – siguió Neptune.
Pero lo que le decían no era lo que quería saber pues le interesaba más lo que debían saber las que presenciaban silentes el intercambio de palabras.
- ¿Y ustedes dos que opinan?- miro a Saturn y Plut que no pronunciaban palabra.
- No sabría decirle… nunca hable de ello con la reina – dijo sinceramente la de cabellos color mora oscuro. Entonces el moreno dirigió su atención a la que podría ayudarlo en serio.
- Setsuna… – llamó su atención a propósito al decir su nombre.
- Usted sabe que no puedo abrir las puertas por un capricho, su majestad – fue la respuesta definitiva – Y no, tampoco puedo decirle nada al respecto.
- Está bien – se rindió al fin – Váyanse – se hundió en el sofá exasperado de que sus guardianas tuvieran tanta lealtad por Serena que ni aún que les hubiera amenazado con expulsarlas, haya logrado sacarles algo. Pues luego de la conversación con su esposa había quedado más confundido que antes. Confundido y frustrado de haber confirmado que ese brillo alejado de los ojos azules de su esposa hubiera viajado al otro lado del Universo irremediablemente. Y lo peor es que no podía hacer nada. Seiya Kou le había ganado y ni siquiera podía tener la idea de romperle el rostro porque ya no estaba en este mundo.
Se rio de la ironía y sus labios hicieron juego con su sensación.
- Su majestad – se sobresaltó al escuchar la antes chillona voz.
- ¿No tienes ropa que probarte, Minako?
- Yo… quería disculparme – agachó la cabeza y su voz apenas se escuchaba.
- Está bien, lo siento también. Aun no termino de entender todo.
- Darien, no hay mucho que comprender – aun hundía sus ojos en el suelo que ahora se volvió infinito.
- Ilústrame, por favor – la miró exasperado pero con un dejo de súplica en sus ojos – Tú eres su amiga más cercana. Yo sé que la entiendes mejor que nadie y la conoces muy bien. Dime que sentía Serena.
- Esto no está bien. No les hace bien ni a ti o a ella – se sentó en el sofá frente a él ahora.
- Rini será coronada en un par de días como la soberana del Reino. Y no veo porque no aclarar las cosas ahora que aún hay tiempo de decirnos la verdad.
- No lo estás viendo desde la perspectiva correcta – él clavó sus ojos en los celestes de la rubia más ella continuo – Ella sabía que lo correcto era ser tu novia. Desde que nuestros recuerdos del pasado fueron revelados ella lo aceptó y te amo. Y bueno, luego cuando vino Rini todo quedó plasmado.
- ¿Pero qué ocurrió, entonces?
- La vida, Darien – declaró ella – El destino no existe y tú lo sabes bien. Aunque estaban destinados a esto que tenemos ahora, era normal que en ese entonces, a esa edad se confundiera. Y era más que probable que hubiera conocido a muchos chicos diferentes que le llamaran la atención…
- Seiya no sólo llamó su atención y tú lo sabes. No me tomes por tonto, Mina.
- Sólo estoy tratando de mostrarte otro punto de vista. Ella no identificó lo que sentía pero imagínate que tenía 16 años y decidió aceptar un destino impuesto por un amor pasado.
- Bueno… es cierto. Antes de saber nuestras identidades no congeniamos mucho.
- Por favor, no la juzgues.
- No lo hago. Pero me siento engañado porque toda mi vida he creído que ella me amaba y…
- ¡Ella te ama! – Se exaltó la rubia – No dudes que lo hace.
- Pero a él lo ama más.
- Y ¿qué harás al respecto?
La pregunta llegó a su cerebro como una punzada aguda. Era un adulto y sabía que la situación era delicada pero tenía la posibilidad de también hacer lo que quería
- Su majestad ¿qué lo tiene tan molesto en verdad? – irrumpió Plut en la sala pues estaba intrigada.
- Serena está enamorada de él – declaró con voz seria – Siempre lo estuvo. Desde que me subí a ese avión la perdí.
- Señor, yo sé para que usted me convocó – se aceró a su rey - Pero ya le dije que no puedo abrir las puertas para usted.
- ¡¿Qué?! Darien no tienes derecho a hacer esto – interrumpió Venus.
- Tú lo sabías todo ¿crees que no es justo que quiera saber que ocurrió en esos meses?
- ¡Claro que no! Lo estás viendo del ángulo errado.
- Y ¿Cómo debería verlo según tú?
- Ha pasado tanto. Sólo déjala. Ya verás que unos días de retiro en la cabaña del lago le harán bien. Él era muy importante para Serena. Déjala vivir su duelo en paz y ella volverá a ser la misma.
- Es que no sé cómo explicarme lo que ocurre.
- ¡Es como si Rei se muriera! – exclamó la rubia en un agudo sonido que apagó los demás. Plut lo miró consternada, casi como si le hubiera lastimado lo que escuchó.
- ¿Qué quieres decir? – la morena seguía con su vista clavada en el rey. Y este no pronunciaba palabra o ejecutaba movimiento.
- No quiere decir nada. Por favor Plut vuelve a las puertas y si hay alguna alteración me avisas.
- Sí, señor – y salió sin decir más. El soberano acarició su muñeca donde descansaba una pulsera de plata lisa con un adorno color carmín intenso.
- ¿Desde cuándo lo supiste?
- Eso no es lo relevante. Estas armando un escándalo innecesario –contestó seriamente – Deja a Serena en paz un par de días. Tú sabes que ella nunca ha sido desleal contigo. Lo que no puedo decir de su esposo – vio una mueca de desagrado marcarse en su serio rostro - y lo que ha pasado… bueno todos sabíamos lo que Seiya sentía por ella.
- Siempre lo he sabido pero Serena nunca ha sido clara con ese asunto.
- ¡Por dios Darien! Solo era una niña, es obvio que no sabía lo que sentía en realidad.
Él se quedó pensando en eso. Era cierto. Los acontecimientos de ese tiempo habían ocurrido muy rápido y sin darles más que un par de años para decidir lo que querían hacer el resto de su vida. Una que estaba marcada por un destino pre impuesto y que por culpa de una niñita de cabello rosa había terminado por sellar su futuro. Uno que ahora los había alcanzado irremediablemente para decirles que no todo estaba bien en su vida.
- Por favor, yo estaré todo el tiempo con ella en el lago – escucho la súplica de la rubia que ahora sostenía sus manos.
- Cuídala – le dijo concluyendo la plática.
- Siempre… - y salió convencida de hacer lo correcto.
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Daba vueltas sin poder conciliar el sueño y pensando en todo lo ocurrido. La última carta de Seiya descansaba en la mesa de noche haciéndola recordar que él ya no estaba en este mundo. Sus ojos ya no podían más de hinchados y seguían emanando tristeza cómo si sus lágrimas no quisieran acabar y la conversación con su esposo había ayudado para aumentar el dolor que sentía pues aun que lo quería mucho, no podría soportar más tiempo esta careta que se había destruido con la noticia que trajo la ya adolescente hija de Seiya. Entre sus pensamientos pudo obtener el descanso que tanto anhelaba y se introdujo en una bella ensoñación.
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- Me parece que hoy estamos muy calladas ¿verdad? – le habló la conocida y melodiosa voz del cantante.
- Es… sólo una noche muy nostálgica – pudo responder luego de un minuto de meditación.
- ¿Recuerdos?
- Deseos… - suspiró la rubia mirando el cielo estrellado.
- ¿Y puedo saber que desea la chica más bella? – su característica voz la hacía reír y le daba la impresión de poder hablar de lo que fuera con él.
- Yo quiero… - nunca había pensado en cosas que no fueran salvar el mundo o traer paz a la tierra formando el sueño lunar de Tokio de Cristal - … solo quiero que todos seamos felices.
- Eso es muy noble. Pero no te pregunté qué quieres para el mundo – se inclinó hacia adelante afirmando su rostro con sus brazos descansando en sus piernas – Me gustaría saber qué quieres tú, para tu vida… para tu felicidad.
La pregunta le llegó sorpresivamente y no supo que contestar mientras veía la sonrisa del moreno desvanecerse ante tu mutismo. Su mirada se posó ahora en el suelo y sintió una mano posarse en su hombro. Después subió a su mejilla y el gesto le estremeció el cuerpo entero.
- Seiya… - vio en sus ojos un profundo mar de sensaciones que la hizo temblar. Se asustó, se confundió. Él era su amigo, así tenía que verlo porque ella tenía novio y no podía traicionarlo aunque en ese minuto necesitara con desesperación que la rodeara con sus brazos para dejar de sentir esa soledad que la carcomía sin piedad desde que Darien se había esfumado sin comunicación y dejando que la desconfianza se apoderara de su alma por la inseguridad que él mismo se había encargado de plantar.
- Bueno, veo que lo tienes muy claro – lanzó una carcajada.
- ¡No seas grosero, Seiya Kou! – se levantó desde donde observaban el cielo estrellado.
- Está bien, lo siento Bombón – se rascó la cabeza – Sólo preguntaba. Ya no te enfades y vamos por algo de comer.
- ¡Quiero un helado! – dijo caprichosa dándole la espalda
- ¿A estas horas?
- Si no quieres, me iré sola
- ¡Claro que no! – Lo miró sorprendida - ¿Cómo crees que te dejaré ir sola? – se acercó a ella.
- Sei…
- Vamos, bombón. Si quieres helado, comerás helado – se adelantó para emprender camino. Se detuvo – Aunque no me culpes si después te duele el estómago.
- ¡No lo haré, no te culparé! – corrió tras él para encaminarse a la heladería más cercana.
- Sí lo harás… - suspiró rendido pero contento al ver la pícara sonrisa que se dibujaba en el rostro de la chica.
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Se sintió feliz de poder soñar con él nuevamente, recordando una de las tantas veces en que la consentía sólo para verla sonreír. Al despertar nuevamente recordó lo ocurrido y sintió unas ganas enormes de volver a sentirse así. Tenía que hacer algo sino se consumiría por dentro. Abrió los ojos en el momento que Sailor Venus se adentraba en su habitación junto a su hija. Le traían algo de comer y Rini se veía muy preocupada, la chica le dijo que debía reponerse de algún modo sino tendrían que hacer algo al respecto.
- Debes cuidarte, madre – le dijo mientras le entregaba una bandeja con varias delicias.
- Claro que lo hará – acotó Venus ante lo cual la miraron madre e hija algo confusas – Nos iremos unos días a la cabaña del lago para que descanses del estrés del castillo.
- Pero no sé si sea buena idea
- Es una excelente idea, madre. Es más creo que deberías pasar más de un par de días allá- no te preocupes por nada, yo me haré cargo de todo lo que necesite tu atención – le sonrió su hija y se sintió afortunada de haberla criado bien ya que se había convertido en una joven muy madura y amable. Algo distinta a la Rini de niña pero con éxito Serena vio que su hija era toda una mujer ahora.
- ¿Lo ves? Tu hija está de acuerdo también. No se hable más, esta tarde nos vamos – dictó Venus emocionada para luego sacar una maleta y empezó a meter ropa para Serena. Quien sólo la miro alegre de poder compartir un tiempo con su amiga.
Llegaron a la cabaña de verano que poseían los soberanos del reino de cristal y se sentó pesadamente sobre un sofá. De pronto vio que un papel salía de entre las cosas de Sailor Venus. Dudosa la tomó y la leyó. Era un mensaje de la princesa Kakyu donde le informaba sobre las formalidades de una ceremonia para homenajear, luego de su muerte, a Seiya.
¡¿Qué?!
- ¿Por qué Mina tiene esta carta?
- Porque soy la encargada de la seguridad del Reino – escuchó a sus espaldas la voz de su amiga – Y porque con la muerte de Seiya, la barrera que cubre el sistema solar se debilita.
- ¿De que estas hablando?
Mina le explicó cuidadosamente de lo que había ocurrido hace un tiempo en Kinmoku cuando, tras haber reconstruido su planeta y sus ciudades, varios seres externos trataron de conquistar el planeta pues suponía una sociedad muy poderosa. Estuvieron involucrados en varias batallas para defender su hogar más siempre salieron triunfantes. Pero con esta amenaza era probable que ciertos enemigos se enteraran de que el Reino Lunar hubiera vuelto a la vida y Seiya no soportaría que su amada estuviera en peligro, por lo que creó una barrera extendida que cubriera todo el sistema solar para que nadie que quisiera atacar este sistema solar pudiera entrar sin que lo supiera Seiya o Sailor Venus.
Serena oía sin poder creerlo. Él no sólo se dedicó a amarla como nadie más sino que también se aseguró que viviera segura y sin preocupaciones poniendo su vida en peligro para que ella tuviera una llena de paz y son disturbios en su reino.
- ¿Plut sabe de esto?
- Claro que sí, ella es la guardiana de las puertas del tiempo. Saturn también está al tanto de esto puesto que ella es la encargada de este lado de la barrera.
- No puedo creerlo ¿Por qué nunca me dijiste nada?
- Seiya me hizo jurarlo. Perdóname pero también creo que era lo correcto.
- ¿Y ahora qué ocurrirá?
- Bueno ellos hace tiempo que no tienen indicios de enemigos cercanos pero de todas formas la esencia de Seiya mantenía la barrera activa y ahora que… no está… bueno, se debilita – Venus la miró pensativa hasta que luego de meditarlo un momento Serena se levantó, miró por la ventana y se quedó inmersa en sus pensamientos. Sentía que debía hacer algo más que quedarse llorando por la pérdida de un ser amado. Es más, debía hacer algo para continuar con ese ambiente de paz que había reinado por tanto tiempo y gracias a Seiya. Se acomodó en su lugar y sacó su broche de transformación. Venus la vio sorprendida pues hacía tiempo que no lo ocupaba y le intrigaba saber que buscaba con eso. Con grandes ojos vio aparecer a Sailor Moon ante su presencia y salía por la ventana cuando la otra rubia la tomó por el brazo adivinando sus intenciones.
- ¿Qué piensas hacer allá? – Sailor Moon volteo para encontrarse el rostro de su amiga preocupada.
- Lo correcto – sentenció y pensaba partir rauda cuando nuevamente sintió retener su brazo.
- Entonces iré contigo
- No puedes, tu deber es cuidar el reino.
- No, mi deber es cuidarte a ti. No importa donde estés – le dijo con una sonrisa sincera.
- Gracias – ambas se abrazaron y se tomaron de las manos para convertirse en dos columnas de luz.
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Sus pies se posaron en el suave césped que le ofrecía ese lugar. Le gustaba pasear por ahí pues enfriaba su temperamento generalmente efervescente. El suave contacto con el agua del riachuelo cristalino azotó contra sus dedos y se estremeció al sentir una presencia.
- Quizás puedas escapar por todo el reino pero sabes que te encontraré – su profunda voz la trajo de vuelta de sus pensamientos.
- Lo sé – dijo abatida – Sólo quería pensar un momento. Luego de esa escena en el castillo quedé perturbada. Me pregunto cómo podremos superar esto de la muerte de Seiya.
- ¿Por qué tanta conmoción por ese sujeto?
- Porque aunque no queramos admitirlo él la amaba, mucho. Y bueno no podemos dudar que eso haya tenido impacto en la Reina.
- Estoy seguro que es así – se sentó pesadamente en el suelo – Siempre fue así.
Ella se acercó y se sentó a su lado. Lo miró fijamente y acarició su mejilla con ternura. Lo había visto rendirse ante la realidad, tratando de luchar en vano contra la verdad que lo asecho durante mucho tiempo. Aun que luego de la boda y de vivir un par de años felices, su ánimo comenzó a bajar estrepitosamente ante el peso de una madura relación – "No puedes dejarla" – le dijo cuándo se dio cuenta que su amor no era como el que se le da a la persona que amas y se debatía entre seguir con ese sueño o dejarlo todo para vivir su verdadera felicidad.
- Darien, debes calmarte. Serena meditara y cuando vuelva todo estará mejor. Ya lo verás – le dijo mientras veía sus ojos azules estacados en el correr del río.
- ¿Por qué insistes en esto, Rei? – le dijo con voz queda.
- Porque es lo que decidiste y no te puedes retractar – miró sus ojos cambiar al oír el ligero tono de reproche en su voz.
- Sé que aún te duele. Yo me siento igual
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Las cosas estaban bien en el reino cuando un mensaje de Neptune diciendo que había visto a su reina inerte en el suelo de aquella batalla conmociono a todas las Sailor. Mars fue la que tenía que informar al rey de cualquier disturbio pero al confirmar que la Neo Reina Serena estaba desaparecida y llevaba días así era inevitable decírselo al Rey Endimión.
Su reacción no tardó en llegar y se sumió en el alcohol. Endimión pasó días bebiendo en el castillo mientras la mitad de los soldados buscaba incesantemente a la reina aún desaparecida, dado que Sailor Venus y Sailor Uranus no aceptarían que ella había muerto hasta ver su cadáver. Pero el rey no siguió luchando, simplemente se rindió ante aquella ínfima posibilidad de perder a su esposa. Una posibilidad que jamás había pasado por su mente.
Cuando Mars lo encontró tirado en el suelo del baño de su habitación con la ropa sucia y la conciencia perdida, decidió que era hora de volver a traerlo a la realidad.
El rey sólo sintió el helado manto caer sobre él y su ropa pegada al cuerpo le decía entre sus alucinaciones que el agua que corría por su cuerpo estaba fría, muy fría.
- Que está pasando – balbuceo con dificultad.
- Te estoy sacando la putrefacción del cuerpo. Eres un desastre.
Mars terminó de bañarlo y le sacó la ropa mojada para cambiársela. Cuando estuvo listo lo arrojó sobre la cama sin ningún cuidado y azotó las mantas de la cama sobre él. Luego le trajo caldo y lo obligó a tomarlo sin sutileza. Pero luego de reponerse un poco de la resaca se quedó ahí compadeciéndose de sí mismo lo que terminó por agotar la paciencia de la chica que le gritó que dejara de ser un cobarde y moviera su trasero de la cama para que volviera a hacer sus deberes reales. Él la miró, vio con desamparo que estaba solo y ella estaba a su lado, haciéndolo reaccionar, tratando por todos los medios de recuperar su voluntad. En verdad le preocupaba él, no el rey ni su posición. Y en un giro que pareció un instante de lucidez la tomó entre sus brazos y la atrajo a su cuerpo, abrazándola con todo lo que necesitaba entregar en ese minuto.
La acción la dejó sin habla entre los brazos que ahora la aprisionaban, sin perder tiempo trató de zafarse pero no lo consiguió. Quizás no trató con toda su voluntad. Encontraron sus miradas y lo vio acercarse para sentir sus labios, fuerte contra los suyos. Una y otra vez la besó, la abrazó y ella en su sorpresa, o por alguna fuerza sobrenatural, no lo detuvo. Porque no quería pues anhelaba tenerlo para ella en lo más profundo de su ser y ahora entre la desolación, la conmoción y la soledad se dejó llevar. Con cada caricia, con cada beso desprendió sus más profundos deseos junto con cada prenda que dejaba su humanidad para fundirse en esa sensación maravillosa y culpable que conoció sólo por esa noche.
Al despertar, esa mañana se vio entre sus brazos. Cómo si nunca la hubiera querido dejar ir. Más los momentos mágicos carecen de tiempo cuando son maravillosos e incorrectos cómo ese. Se levantó y fue al encuentro de sus compañeras que felices llegaban con las hermosas noticias de que habían encontrado al fin a su reina, malherida pero viva al fin. Razón por la cual todo volvería a ser normal en el reino, otra vez.
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- Nunca te lo dije – dijo ella acariciando su larga melena oscura – pero a mí fue la primera que le dijo que estaba embarazada. Venus aún me lo recuerda – sonrió.
- Por eso me dijiste que no la dejara – Endimion se lamentó en silencio.
- Se desmayó en medio de una batalla y Sailor Uranus la ocultó en una cueva. Luego nos enteramos que había sido uno de los síntomas.
- Venus, sabe – suspiró – Ella lo sabe.
Ella lo miró sorprendida antes de sentir sus labios sobre los suyos, como no lo había hecho desde aquella vez.
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Hola!
Gracias por tomarte el tiempo de leer.
Bueno al parecer gustó la primera parte. Confieso que quedé sorprendida de que todos quisieran que lo continuara pero creo que quedaba algo más por decir y eso hice. Me parece que podríamos saber que más hay tras la muerte de Seiya y lo que trae consigo.
A parte de que siempre me pareció que había mas que química entre Rei y Darien.
Ojala te haya gustado! Cuentame que te parecio :)
Nos leemos
Bye
