Lo que llevo por dentro.
Los personajes de la serie le pertenecen a Naoko Takeuchi. Yo escribo sobre ellos porque me entretiene :)
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- Bombón… estás brillando – le dijo con una carcajada atorada en la garganta.
- No seas así – le reflectó – Tú también estas todo rojo – apuntó a sus mejillas.
- Imposible. El gran Seiya Kou no se sonroja.
- ¿En verdad eres tú?
- Por supuesto, Bombón ¿Quién más?
- No lo sé. Una ilusión – dijo con voz queda. Bajo la mirada con tristeza. Él tomó su rostro entre sus manos.
- Mírame bien – juntaron sus miradas – Dime que estos no son los ojos de un tonto enamorado – lo observo y una sonrisa divertida se dibujó en sus labios.
- Pues, sí. Te ves bastante chistoso Seiya, tonto – ambos rieron y besaron suavemente los labios del otro. Al separarse la miró pero su mirada se tornó seria.
- Bombón… en verdad, estas brillando – le dijo ahora con preocupación.
- ¡Qué! – se miró, y efectivamente una luz dorada se apoderó de su cuerpo levemente.
- Mira – apuntó al tobillo saliente entre su vestido – Se está volviendo más intenso.
- ¿Qué es esto? – iba a tocar el brillante fulgor cuando sintió un jalón en su brazo.
- Vamos por Minerva – exclamó Seiya y prácticamente se la llevó volando en una dirección desconocida.
Estuvieron caminando mucho tiempo, demasiado para la reina de Tokio de Cristal. Pero ir de la mano con Seiya y sentir ese calor que emanaba le hacía olvidar que en esos momentos sus zapatos no eran aptos para una larga caminata. Lo malo es que el moreno se había quedado callado casi todo el tiempo y la rubia no sabía cómo iniciar una conversación amena tras ver que el brillo dorado comenzaba a manifestarse en las yemas de sus dedos.
- Seiya… - lo llamó agitada por la marcha. Él se detuvo y la miró preocupado.
- ¿Te ocurre algo malo? – pregunto presuroso.
- Siento que me falta el aire – se sentó en el suelo y llevó sus manos al pecho.
- Bombón… - puso su mano en la frente de la rubia y luego tomó sus manos para descubrir el espectáculo de luz naciente en sus dedos - ¡Demonios! – exclamó y conectó sus zafiros con los celestes, ahora confundidos.
- ¿Me vas a decir que ocurre o seguirás maldiciendo solo? – logró sonreírle en medio de su malestar. Él se puso de pie y le dio la espalda un minuto.
- El brillo dorado es tu esencia. Los destellos son polvo de estrellas, es lo que utilizamos para viajar.
- Entonces yo… ¿me estoy desvaneciendo?
- Estas… regresando a tu mundo - sentenció mientras parecía que otra vez le faltaba el aire a la rubia. Él volvió con su amada y la estrechó entre sus brazos, dejando ver sus orbes cubiertos de nubes.
- P-ero aún no… es… es muy pronto – decía ella con dificultad cuando vio con terror que el brillo comenzaba a consumir sus nudillos - ¡Ah! – sacudió sus manos como si eso detuviera el efecto.
- ¡Minerva! – gritó desesperado el de cabellos azabache. Serenity miraba fijamente sus manos y el brillo comenzaba a aumentar su intensidad volviendo translucidas las puntas de sus dedos luego de ser cubiertos de dorado. Su angustia creció sin saber cuánto tiempo más le quedaba. Se aferró fuerte a la camisa suave.
- No puedo irme. Aún no… – susurraba más para ella que para su acompañante.
- ¡No te la lleves!
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-¡Esto es tan frustrante! – reclamaba Mars mientras daba vueltas en la habitación. Al otro lado de la sala, Júpiter entre su curioseo había encontrado unos libros de cocina del planeta de las flores y lo leía con mucha atención mientras balbuceaba algo para responderle a su compañera.
- Creo que pudo haber sido un viaje mucho menos ajetreado si "alguien" nos hubiera dicho lo que tenía planeado – refunfuñaba Uranus.
- ¿Qué quieres decir con eso? – dijo Plut confusa por el comentario. Neptune la miró y la rubia se acomodó en el sofá en que se encontraba.
- En que… - dudó un momento y todas las presentes pusieron atención a su respuesta - … Si era su deseo, la habría ayudado – dijo con las manos en su rostro. Sus ojos brillaban mientras sus compañeras tenían cada cara de asombro que hubiera sido gracioso verlas. Plut fue la primera en sobreponerse de la sorpresa y habló.
- Uranus… ¿Cómo se te ocurre decir algo así?
- ¡Se me ocurre! Sí, se me ocurre decirlo – se levantó de golpe – Me siento una traidora al ver que Venus estuvo dispuesta a enfrentarse a nosotras por defender a Serenity, mientras le reclamábamos por una tontería.
- ¿De qué hablas? Lo que paso pudo evitarse – interrumpió Mars. Sin embargo Plut continúo sin prestarle atención.
- ¡NO ES UNA TONTERÍA! – Retumbó la voz grave de la peli verde dejando a las Sailor estáticas – Serenity maneja una herramienta muy poderosa que mantiene la estabilidad del reino y de las personas. No se puede dar el lujo de tener dudas en su corazón porque el Cristal de Plata necesita que su portador esté en paz. ¡Por Cronos! ¡Ella ya es una mujer adulta ahora!
- Por favor, ya basta – se escuchó la firme voz de Júpiter – Dejemos las discusiones.
- Pero… - Uranus quiso protestar pero sintió la mano de Neptune sujetar la suya.
- Esto no es una simple discusión, es una cuestión de la vida en el reino. La pequeña dama aun no puede tener la responsabilidad completa y Serenity tiene que… - se detuvo al ver la mirada reprobatoria de la castaña sobre ella. Plut pareció retroceder.
- Sí, lo sabemos – dijo tristemente la de atuendo verde – Ella tiene responsabilidades, pero siempre hemos tratado de ayudarla para que sea una persona feliz. Además te recuerdo que la pequeña dama ha escapado de varias dificultades que su madre tuvo que pasar siendo mucho más joven e inmadura.
- Es verdad – acotó Mars – Pudimos sobrellevar el duro momento que nos toco vivir con los seguidores que quedaban de Black Moon y logramos hacer que Rini fuera una niña feliz para que no sintiera la necesidad de regresar en el tiempo.
- Fue un trabajo arduo – sonrió Neptune – Esa niña era muy inquieta.
- Pero pudimos ser de mucha ayuda para que Serenity no colapsara con sus deberes reales y su deber primero de ser madre – Siguió Júpiter.
- ¿Por qué no puedes ponerte en su lugar, Plut? – ahora la rubia de cortos cabellos la miraba con desdicha en los ojos.
- Porque me aterra que esto tenga repercusiones apocalípticas para el reinado de la pequeña dama – apuñó sus manos ahora.
- No te preocupes – Plut no supo en que minuto la castaña llegó junto a ella y posó su mano en la hombrera de su traje – Todas velaremos porque Rini tenga un futuro tan prometedor como lo ha sido el de su madre. Es nuestro deber… pero antes tenemos que resolver las cosas con Serenity.
- Pero en el futuro…
- El presente es el que está en nuestras manos, Plut – concluyó la siempre sabia Júpiter.
- Ahora tenemos que apoyar a nuestra amiga – sorprendentemente fue la de cabellos aguamarina la que dijo eso.
- ¡Claro que lo haremos! – exclamó Uranus emocionada de haber logrado un cambio de mentalidad propia y de sus compañeras.
- Hemos visto cómo nuestros reyes han logrado hacer este reino un lugar de paz y amor – sonrió Mars.
- Que interesante que digas eso – la voz de Plut sonó extraña, molesta, y rompió al instante la atmosfera que se había formado. Mars tragó saliva pesadamente.
- ¿P-por qué lo dices? – tartamudeó y de inmediato las Sailor se pusieron alerta. La peli verde se quedó callada.
- Plut… ¿qué sabes que nosotras no? – Neptune activo su sexto sentido.
- Que nuestra compañera ha tenido más cercanía que nosotras con…
- ¡Endymion! – gritó la chillona voz , que hace tiempo no escuchaban, de Venus que había irrumpido en la sala agitadamente - ¡Endymion está aquí!...
Todas enmudecieron.
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- Tranquila, Bombón. Sólo quédate quieta – susurraba suave al ver que la rubia examinaba cada parte, ahora dorada, de sus extremidades.
- ¡Pero se expande muy rápido! – decía lloriqueando – No sé ni cuánto tiempo me queda – un puchero adornó su cara y el moreno la apretujó entre sus brazos.
- No importa… yo nunca… jamás olvidare estos momentos a tu lado – clavó su mirada en los ojos celestes, preocupados, que ahora dulcificaron su expresión. Por un momento ella dejó de poner atención a los cambios de su cuerpo y se concentró en aquel que la contemplaba agradecido. Dejó que sus brazos abandonaran la tensión y se dejó acurrucar por un minuto.
- Yo digo lo mismo. Siempre llevaré en mi corazón este regalo – sus labios encontraron consuelo por un momento y uniéndose en acuerdo se dejaron llevar por el otro. Pero la falta de aire vino más presurosa y la opresión que comenzó a sentir la antaño Princesa de la Luna en el pecho la hizo debilitarse.
Seiya suplicaba que esto fuera lo menos traumático posible pero con el correr de los minutos el estado de la rubia empeoraba, entonces recordó a quien había estado llamando momento atrás.
- ¡Minerva! ¡No te la lleves así! – gritó a todo pulmón.
- No soy la que decide eso – se escuchó una voz omnisciente.
- No es justo que tenga que verla irse así ¡No es justo!
- Yo no soy quien la está llamando – respondió una vez más.
- ¡Seiya! – gritó quién se refugiaba en sus brazos. Sus codos ya eran la meta del fulgor dorado y de un golpe arrebató el brazo completo.
- ¡Tranquila! ¡Cálmate, mírame! – Tomo su rostro entre las manos – Respira profundo.
- Es que… es que… tengo tanto por decirte – apretó la camisa del moreno - ¡hay mucho que necesito que sepas! – exclamó angustiada aún.
- ¡No! Bombón. No es necesario decir mucho, tranquila – le dijo mientras veía que el fulgor cubría su rostro por completo y sus ojos se nublaron. Acarició su mejilla, teñida de dorado, con suavidad.
Ella comenzó a derramar lágrimas que se perdían entre los destellos de su rostro. Se sintió muy liviana ahora y la opresión del pecho desapareció al instante. Ahora vio que se elevaba y trató de aferrarse a su compañero. Con angustia se apretó a él pero la fuerza que la atrajo fue tan fuerte que era inevitable sucumbir a ella.
- ¡No! No me quiero ir aun.
- Tu hora se cumplió descendiente lunar
- Bombón… - la llamó en un murmullo –… hasta que el destino decida juntarnos, cuídate y sé feliz – le dijo con una sonrisa en el rostro y ella abrió mucho los ojos ahora abarrotados de liquido tibio. En el aire ya, sujeto con fuerza los brazos de él.
- ¡Tengo mucho por decir! Quiero… tengo que…
- Calma, no debes decir nada – sonrió otra vez. Le tranquilizó verlo apacible entre su angustia. Lo miraba mientras comenzaba a desaparecer y se debatía entre que decir en esta tan odiada despedida. Otra vez uno de los dos partía inevitablemente pero esta vez no había nada que pudiera hacer para que no pasara. No podía decir nada que lo cambiara. Nada.
- ¡Te amo! – le salió del fondo del alma y Seiya se sorprendió tanto que casi se desmaya de la impresión. La atrajo lo que pudo y alcanzaron a unir sus labios en un último beso en el que se les fue la vida.
Viciados por el éxtasis del momento y queriendo decirse más de lo que podían, sólo se separaron y lentamente Serenity se dejó llevar mientras se despedía en silencio con una sonrisa y sus manos aferradas. Seiya, de igual manera, sonreía en silencio y sostuvo lo que pudo la extremidad de la rubia mientras se desvanecía, hasta que al final apretó la mano en el espacio vacío que dejo ella cuando su cuerpo dejo de divisarse en lo alto del cielo.
Esta despedida fue más dulce y más amarga para ambos.
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Su cuerpo, después de sentirse liviano, pareció de plomo. La extraña fuerza la atrajo a lo que fue un torbellino de vueltas y emociones. Una montaña rusa hubiera sido menos agitada, pensó para sí misma. Y cuando iba a sucumbir a sus propias emociones arrebatadas cerró los ojos con fuerza y se detuvo.
- ¡Serenity! – la inconfundible voz de Venus la hizo reaccionar. Abrió los ojos de pronto y se sorprendió de ver, no a su compañera que la sostenía entre sus brazos, sino a quien se encontraba agotado frente a ella y sostenido por Sammy y Taiki.
No salieron palabras de su boca y confundida, miraba alrededor tratando de adecuarse a la luz y al lugar. Fue entonces que vio los ropajes rojos rodearla y un suave sollozo de parte de Mars que agradecía que hubiera vuelto. Luego vino Uranus quien la ayudo a levantarse del suelo y la llevó a un sofá que se encontraba cerca. Vio el rostro preocupado de la rubia y escuchó algo de una frazada. Después de escuchar unos gritos y ver el mundo temblar, oyó una conmoción y se desvaneció.
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Pudo sentir de pronto algo cálido en sus pies, luego las piernas, más arriba en la cintura y se sintió completa cubierta de una manta que le proporcionó calor. Justo ahí sintió que tenía mucho frío. Y abrió los ojos cuando se vio mas compuesta. Estaba en una tina cubierta de agua y unas flores que no reconoció.
- ¿Dónde estoy? – preguntó débilmente.
- ¡Gracias al cielo! – exclamó alguien desconocido - ¡Señoritas, ya despertó!
En eso momento se agolparon Venus, Mars, Uranus y Júpiter en la puerta de lo que pareció ser un baño y cada cual suspiró aliviada. La mantuvieron ahí hasta que la morena dijo que sus mejillas estaban rosadas otra vez y la sacaron envuelta en una bata acogedora hacia la habitación y la recostaron bien cubierta mientras Júpiter le traía un caldo caliente.
- Nos diste un buen susto – suspiro Venus sentándose pesadamente.
- Sí, lo siento. Aun no estoy muy segura de lo que ocurrió pero les agradezco que se preocuparan – sonrió levemente aun sumergida entre las cómodas frazadas cálidas.
- La reina Kakyu dijo que te transportaste – habló Uranus – Que esa reacción es típica luego de hacer un viaje astral. La hipotermia y tendrás mucha…
- Quiero agua por favor – interrumpió dulcemente la reina que ahora parecía una niña.
- … sed – sonrió la de cabellos cortos y le alcanzó un vaso con agua. Y en ese minuto entró con un tazón de caldo que la rubia disfrutó de sobremanera.
- ¿Quieres hablar de lo que ocurrió? – Mars estaba ansiosa por saber si le había pasado algo terrible o no.
- No me pasó nada malo – se cubrió el rostro pero para ninguna paso desapercibido el sonrojo de sus mejillas – Les contaré luego ¿Si?
- Está bien. Ya tendremos tiempo para eso – sonrió Venus que aliviada iba a cambiar el tema para decirle a su amiga la conmoción que había ocurrido luego que se fue pero alguien más las interrumpió.
- ¿Puedo pasar? - abrió un poco la puerta y asomó su cabeza por el umbral.
- Adelante, Endymion – dijo Serenity. Las Sailor hicieron una reverencia ante el rey y Uranus les hizo una seña para que salieran de ahí. Las cuatro abandonaron la sala luego de recomendarle a su amiga que descansara.
- ¿Te encuentras bien? – se sentó a su lado y acarició su mejilla.
- Sí, lo estoy – lo miró por un segundo.
- ¿Porqué te fuiste así? – se levantó y comenzó a dar vueltas alrededor de su cama - Tú sabes que las chicas son exageradas con tu seguridad y yo no supe qué hacer cuando me dijeron que te fuiste. Sólo… me preocupé. Me preocupaste.
- Gracias.
- ¿Por qué? – la miró curioso.
- ¿Tú me trajiste, verdad?
- Eres mi esposa. Lo menos que puedo hacer es traerte conmigo cuando estés en peligro.
- No estaba en peligro – dijo con amargura.
- Pues nosotros no lo sabíamos. Debiste ver a la histérica de Venus o Mercury trabajando a todo motor – rio con gracia – Nos tenías los nervios de punta – le dijo seriamente ahora.
- No fue mi intensión – entonces se quedaron en silencio. Ambos meditaban qué decirle al otro pero principalmente la rubia se debatía sobre cómo llevarían a cabo el siguiente paso de su vida.
- Entonces ¿fue una experiencia traumática o te divertiste? – interrumpió él, ansioso por el silencio prolongado.
- No tengo porque decírtelo – sonrió bajo las frazadas y miró al ventanal.
- Por ese brillo en tus ojos puedo adivinar con quien…
- No es asunto tuyo. No, ahora – dijo con una voz que no pareció la suya. Ella se prometió guardar cada segundo en su corazón. Esa felicidad que nadie podría arrebatarle o reprocharle. Él no tenía porque saberlo, por su salud mental y por respeto a su matrimonio.
- No, pero te lo dije. Sí quieres que sigamos juntos, haré lo que esté a mi alcance para hacerlo funcionar.
- ¿Te das cuenta a lo que hemos llegado? – se sentó en la cama - ¿Hacerlo funcionar?
- Creo que ya luchamos bastante ¿no?
- Sí, es posible seguir pero nos haríamos daño ¿no crees? – la decisión en su expresión fue tan atractiva que el rey se sintió embelesado. Deseo mandar todo a un mejor lugar y llevarse a esa nueva mujer que tenía en frente. Pero, esa pasión que ella le provocaba a veces podía llegar a ser dañina. Y ella no se lo merecía.
- No deseo hacerte daño. Yo puedo ser muy terco pero te amo y no dejare que arruinemos esto.
- Entonces… ¿Estamos de acuerdo? – él asintió - ¿Nos separaremos? – fue más difícil decirlo que pensarlo.
- Creo que ya lo hemos hecho, querida – movió sus dedos nervioso antes de sostener su mejilla otra vez. Tomó sus manos y las besó suavemente
- Me pareció más fácil en mi mente – sonrió con amargura.
- Recuerdo una vez, que nos fuimos a la playa. Fue la primera vez que estuvimos juntos – ella se sonrojó.
- Recuerdo… esa noche – sonrió avergonzada de sus propios pensamientos.
- Esa madrugada dormías, tranquilamente. Sin perturbaciones, sin peligros ni enemigos – relataba él pausadamente – Tu piel relucía con la luz de la Luna y tu cabello se tornó más brillante por su resplandor. Te observé durante mucho tiempo, vi llegar el día a tu lado y te envolví en mis brazos. Cuando te dije que iba a preparar el desayuno me dijiste algo curioso.
- ¿Algo curioso? – confundida se detuvo a pensar.
- Sí, dijiste "No podemos comer hamburguesas al desayuno…" – ella iba a reírse cuando concluyó la frase – "…Seiya, tonto" – su cara se deformó a tal punto que el rey no sabía si estaba asustada o si se retorcía por dentro. Ella sentía ambas cosas.
- Eh… Endymion… yo…
- No digas nada – le sonrió amable mientras sellaba los finos labios con su dedo– En ese momento lo deje pasar porque ellos se habían ido hace poco. Yo sabía que eran amigos y, por supuesto, el nombre tuvo menos importancia en ese tiempo que ahora – su sonrisa la contagió de calma.
Ambos estaban en silencio, uno que hace tiempo no compartían y en el cual se dijeron muchas más cosas que emitiendo algún sonido. Él se acercó, quiso tenerla entre sus brazos una vez más. Un contacto ultimo para saber que esto era el punto de partida para los dos. Estuvieron así un momento, un instante que todo pareció avanzar más lento y pacífico.
- Así que… ahora ¿Qué haremos? – preguntó la rubia separándose.
- Acompañaremos a Rini en su camino. No será la primera vez que los padres de una chica se separan ¿verdad? – rio para sí mismo. Tal vez para su hija sería difícil pero ella era casi una adulta, quienes le preocupaba más eran sus guardianas.
- Está bien. Sí. Podemos ser buenos padres aunque no estemos juntos.
En ese momento alguien tocó la puerta. La reina le dio la autorización y lentamente vieron aparecer una cabellera azabache y unos profundos ojos azules. La chica sonrió y pregunto tímidamente si podía entrar mientras ambos reyes se miraban una vez más.
- Debo hablar con esta señorita.
- Me retiro entonces. Descansa, Serenity – y besó tiernamente, casi fraternal, su frente antes de salir. Ella lo siguió con la mirada, lo vio saludar a la recién llegada y retirarse con solemnidad.
Seika vio la acción y aguardó estática en su puesto hasta que escuchó una suave voz llamarla.
- Ven aquí, querida – le señaló un puesto al lado de donde estaba sentada sobre la cama aún. La chica caminó y torpemente se sentó. Contempló a la mujer frente a ella por un segundo y se lanzó a sus brazos.
- ¿Se encuentra bien, su majestad? – susurró nerviosa.
- Sí, estoy bien – sonrió amable. La morena se removió en su puesto, ansiosa. La reina adivino lo que quería saber.
- Eh… esto… u-usted… - suspiró - ¿Lo vio? ¿Cómo estaba? ¿Se veía bien? ¿Estaba triste? ¿Le habló…? – las preguntas se agolparon en sus labios, entonces se sonrojó y Serenity sonrió.
- Bueno…
- ¡No! ¡Mejor no diga nada! – se levantó y comenzó a reprenderse a sí misma - ¡Pero qué impertinente! No me haga caso yo… yo… sólo… - comenzó a respirar agitadamente y la rubia le hizo una señal para que se tranquilizara. La llamó para que se sentara a su lado otra vez.
- Él está bien y te quiere mucho – eso bastó para derribar la poca calma que le quedaba a la morena. Se lanzó a llorar desconsoladamente en las piernas de la soberana y se mantuvo así por un largo rato. Pero ante todo lloró de felicidad.
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Salió del encierro del castillo. Necesitaba despejarse de todas las emociones vividas previamente y, como siempre, tenía que salir a caminar o por lo menos alejarse lo más posible de todo y de todos, sobre toda las cosas de la gente. Lo cual era una pésima y desconocida noticia para quien la seguía sigilosamente y con mucho cuidado. Pero para su desgracia, Sailor Venus era una experta en espionaje y detectó a pocos metros de caminar que alguien venía tras ella.
- Te recomiendo que te largues – escupió sin temor a quien viniera detrás.
- Vaya, eres muy buena – admiró una voz femenina que dejó ver, luego que saliera de su escondite a una chica peli rosa y con el traje de Sailor Healer bien ajustado a su delgado cuerpo.
- No estoy de humor, en serio. Vete – dijo secamente pero la chica no se movio.
- No puedo irme. Necesito saber algo – dijo sin ni una gota de timidez.
- Uff – resopló y masculló alguna cosa inentendible – Habla, rápido.
- Tienes un aura muy atractiva – habló la chica y la rubia se sorprendió por el comentario.
- ¿Qué? – no se creía que la hubiera seguido para decirle algo así.
- Que despides muchas feromonas – movió sus manos apuntándola - ¿Es así cómo lo hiciste? – se acercó ahora estudiándola y examinándola por todos lados.
- ¿Hacer qué? ¡Hey! – emitió un gritillo cuando la chica le picó la cintura con la punta de su enguantada mano.
- Llamar su atención, por supuesto – respondió con obviedad. Acarició el cabello rubio y se decía a si misma lo suave y largo que era mientras lo comparaba con el propio. Ya para cuando la intrusa quiso comprobar si su ombligo era igual al suyo, Venus perdió la paciencia y exigió su espacio personal.
- ¡Ya basta! ¿Quieres explicarme qué demonios quieres? – dio varios pasos atrás y la peli rosa la miró fijamente.
- Es que… yo… nunca había visto que él le prestara tanta atención a alguien que no fuera la reina – juntó sus manos y jugueteó con sus dedos.
- ¿Él? ¿A quién te refieres? – la naturaleza curiosa de Venus no podía quedarse enterrada por mucho tiempo.
- Lord Yaten… - dijo con las mejillas rojas - … él no mira a nadie, no convive con nadie a parte de la reina y Lord Taiki. A penas habla con sus subalternos y…
- ¿Me estás diciendo que… él te gusta? – dijo la rubia entre sorprendida y burlona.
- No, no… él bueno… – sonrió picara la peli rosa.
- Y si te gusta ¿por qué no se lo dices y ya? – refunfuñó molesta.
- Es que eso no funciona, muchas chicas lo han hecho y las rechaza a todas.
- ¡Ah! ¿Y por eso eres odiosa con él? ¿En serio?
- Pero sabe mi nombre – dijo la chica de negro con aire triunfal y al instante cambio su expresión otra vez – Pero… desde que estas aquí, él ha estado a tu lado y te ha hablado más que a muchas de las personas que han vivido con él durante años. Ni siquiera la lata agitada resultó – dijo con una risilla.
- ¡Fuiste tú! – la acusó apuntándola con el dedo.
- Pero tampoco funcionó – hizo un puchero y pensativa llevó una mano a su barbilla.
- Oye, en verdad lo siento por ti. Deberías fijarte en otra persona. Pero ahora en verdad necesito estar sola y me estas estorbando – se dio la vuelta para irse pero la chica la detuvo otra vez.
- Está bien ¿entonces te irás pronto? – preguntó casi con esperanza. La rubia resopló de nuevo y su temple se quebró.
- ¡Ya vete si no quieres que te dé una lección, mocosa! – le apuntó amenazante con el brillante dedo a punto de destellar. Pero lejos de asustarse la peli rosa sonrió con arrogancia y se puso en guardia. La rubia se sorprendió pero no bajó su tensión.
- Si te la doy a ti, quizás vea que soy mejor – dijo altanera. Ya para esas alturas Venus estaba a punto de explotar. Pero de la nada llegó una interrupción que salvó a ambas de una peligrosa e innecesaria batalla. Se escuchó una melodía del comunicador de Healer y ofuscada respondió. Alguien le dijo que la reina la buscaba y que fuera pronto a su encuentro. Cortó y miró de reojo a la rubia que ahora estaba cruzada de brazos y con los ojos fijos en ella. La chica iba a protestar pero alguien apareció para calmar los ánimos… o alterarlos más.
- ¡Healer! Al fin – exclamó con la respiración agitada el peli plateado afirmándose en sus rodillas – La reina te necesita.
- Eh ¡Sí! Acaban de avisarme – reaccionó y se puso firme. Él clavó sus ojos en los de la chica ataviada en negro.
- Y ¿Qué estas esperando? – Su voz sonó seria - Ve, niña ¡Muévete! – la chica asintió y luego de titubear un segundo desapareció de su vista.
Venus se iba a ir por su lado también pero él la detuvo. Aferró su mano a la muñeca de la rubia que forcejeó por salir de ahí.
- Suéltame.
- No – acompañó su negativa con el movimiento de su cabeza - Tenemos que hablar.
- ¿Acaso olvidaste decir algo? – resopló la rubia quedándose a regañadientes.
- Ya basta. Sólo fue un malentendido. Un error y me condenas, maldición.
- ¡Sí! ¡Porque eso fue lo que pasó! – Estalló de su calma y le escupió la cara al peli plata, de paso - Un error, un desliz, ponle el nombre que quieras pero olvidémoslo y sigamos con nuestras vidas ¿sí?
- ¿¡Vas a seguir con eso!? – la paciencia de Yaten también tenía tope, uno muy cercano.
- ¡Tú lo dijiste!
- ¡ME EQUIVOQUÉ! – gritó sin previo aviso dejando a la rubia paralizada – Lo siento. Me puse nervioso y dije cosas sin pensar ¿Está bien? – ella agachó la mirada luego de ver la reacción de sus ojos verdes que parecieron brillar.
- Dijiste que fue un error – Le reclamó ella haciendo un puchero – Que nadie debía saberlo y que casi era intolerable ese "descuido"… ¿No te das cuenta lo que me hiciste sentir?
- Te lo dije. Estaba perturbado, nervioso… ¡Es que tú me alteras! – admitió.
- Ah, ahora te altero… - suspiró – Eres increíble, Yaten.
- ¡D-de una manera positiva! ¡Eso quise decir! ¡Demonios!
- ¿Manera positiva? – Sus labios se arquearon una sonrisa - ¿Esa es tu extraña manera de decir que te gusto?
- Ya me disculpé – resopló molesto - ¿Acaso tengo que hacerte el amor de nuevo para que me creas? – vio a Venus incrustar sus ojos celestes en los suyos esmeralda. Los que esperaban, con su típica expresión gruñona una pronta respuesta de su compañera.
- Puedes intentarlo – murmuró para luego rodear su cuello y cubrirlo en besos. Aun que al principio él se resistiera, al final admitió para sí que terminaron por gustarle. Todo de esta mujer parecía perturbarlo… pero "de manera positiva".
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- Eso fue intenso – apareció Minerva de pronto, mientras Seiya contemplaba el último lugar en que había visto a su Bombón.
- Todo lo es… junto a ella – susurró al viento. Meditaba sobre lo que había pasado, lo presente y lo que vendría. Pero la calidez y amargura de su corazón se debatían para ver cuál de las dos lo inundaba. Pero ya que lo agrio había vivido mucho tiempo ahí, ganó la calidez.
La chica lo miró perderse en sus pensamientos y lo interrumpió de la manera mas abrupta.
- Puedo ayudarte – las palabras hicieron eco en la mente del moreno.
- ¿Qué has dicho? – él suplicó haber escuchado bien.
- Pero no será sencillo
- ¡No me importa! – exclamó y camino para quedar más cerca de aquella que había pronunciado tan bellas palabras.
- La prueba para llegar a tu princesa será muy dura. Es posible que sufrir más.
- He vivido una vida sin ella. No puede haber nada peor que eso – dijo entusiasta, como un niño.
- Podrías sorprenderte.
- Haré lo que sea que no tenga que lastimarla.
Ella asintió y lo condujo hacia su castillo de Cristal.
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Continuará…
Hola
Procuré no demorar mucho porque soy impaciente jiji Ademas aproveche que estoy muy estresada porque son los momentos de mas nitidez para escribir. Lo se es extraño pero parece funcionar.
Selene kou chiba: gracias por tus hermosas palabras y por seguir la historia. Espero que te agrade este capi
Serena Lucy: Muy agradecida y tratare de no tardar :D
A las que no puedo identificar les agradezco enormemente su tiempo para leer y comentar. Me hace muy feliz leerlas.
Los demas coments los respondere en unos momentos mas pero igualmente les agradezco a todas sus palabras de aliento y me agrada mucho saber que se toman este proyecto con tanto aprecio como yo.
Me despido por ahora
Tengan un lindo día ;D
