Lo que llevo por dentro.

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Los personajes de la serie le pertenecen a Naoko Takeuchi. Yo escribo sobre ellos porque me entretiene :)


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El soberano del reino utópico de Tokio de Cristal salió de la habitación con una sonrisa leve en su rostro luego de dejar a Serenity con su visita en la habitación. Camino por el pasillo y buscó a quien quería ver ahora. Se topó con varias de sus Sailor pero la chica de cabellos oscuros no estaba a la vista. Se rindió cuando pasó dos veces frente a Kakyu y esta le miró con curiosidad, entonces se dirigió a la habitación que le habían facilitado y entró, abatido. Cerró la puerta y apoyó la frente en esta. Alguien aclaró la garganta tras sus espaldas y él sonrió al reconocerla sin mirar de quien se trataba. Se volteo para caminar hacia ella.

- Te estaba buscando, desaparecida.

- Yo te estaba esperando – respondió ella levantándose de su cómodo puesto. Él la rodeo entre sus brazos pero la mujer no correspondió la acción.

- ¿Qué te ocurre? – se separó un poco para mirarla a los ojos.

- He venido a decirte que no voy a continuar con esto - Endymion la miro confundido y retrocedió dos pasos.

- Te escucho - dijo con una extraña calma, tal vez ya se lo esperaba.

- No podemos hacerlo. No podemos vivir esta locura.

- ¿Por qué no?

- Quiero mucho a Serena y mi responsabilidad con ella es primero – su mente variaba entre los tantos escenarios dantescos que le esperaban si daba pie a lo que él le ofrecía. Tantas incertidumbres que quedarían luego no se comparaban con el remordimiento de haber quebrado una lealtad y una amistad que se había forjado con sangre en su corazón. No solo pensaba en Serenity, las demás nunca la volverían a ver de la misma forma y el solo pensar en los reproches que vendrían tras su confesión la hacían estremecer. Este amor había estado guardado por tanto tiempo que ya no tenía el valor para dejar ese espacio tan seguro que había construido en su interior. Se hizo una prisión de silencio y oscuridad que se olvidó que siquiera existía, a veces su corazón le daba alguna alerta suave pero comprendió que nada podría hacerlo revivir a pesar de que guardara un deseo muy en el interior. Lamentablemente se había acostumbrado a querer del lado oscuro y no tenía el valor para salir a la luz. Ya no.

- Mi esposa y yo nos vamos a separar…

- ¡¿Qué?!

- Rini tomará la corona luego de su boda y… - los ojos amatista quedaron petrificados.

- Ustedes…

- Lo decidimos juntos

- ¿Es que acaso están locos?

- No, no lo estamos. De hecho, creo que es la decisión mas cuerda que hemos tomado últimamente – esbozó una sonrisa para ella pero la mujer no se percató de su acción. Sus maduras facciones mostraron una expresión de angustia que acompañó con un ir y venir haciendo sonar el suelo con su marcha histérica.

- Ustedes son un precedente para muchas de las civilizaciones emergentes en el universo. No sólo son un ejemplo de paz y armonía sino que también…

- ¿Qué? ¿Qué somos? ¿Una pareja perfecta? ¿Un ejemplo para los demás? ¿Tú crees que las parejas normales no tienen problemas o no se separan? – Endymion no podía creer que estaba teniendo esa discusión con Mars.

- No… bueno sí – admitió – P-pero tenemos muchos seguidores que nos ven caminando un paso delante de ellos. La gente confía en ustedes por verlos tan firmes ¿Qué va a pasar cuando se enteren de esto?

- ¿Cuándo se enteren? ¿Qué dirá la gente?... Que yo sepa, es Neptune la que cuida la imagen. Estas hablando como ella – y eso no le agradó.

- Sólo estoy velando por los mejores requerimientos para el reino…

- ¡El reino! Sólo saben hablar del reino ¡Todas ustedes! – dijo molesto y se dio la vuelta para dejarla ahí – El reino se mantendrá o se caerá hasta cuando tenga que hacerlo ¡No por nosotros! - la mujer abrió los ojos y se congeló en su lugar. Tal vez él tenía mucha razón... Pero ya era tarde para ellos. Para ella.

Él sintió la garganta apretada.

- Me enferma la discusión del bienestar del reino y lo que más detesto es que no me había percatado de lo seguido que hablan de esto.

- Debemos decirlo, es nuestro deber - insistió testaruda como era.

- Aun cuando lo sea… Serenity debió sufrir mucho oyéndolas hablar así – la miró con el ceño fruncido para que viera la dureza de sus ojos azules.

- Endymion…

- Cuando te canses de ver esa realidad te darás cuenta que estamos salvando al reino de una pantalla que no se necesita y que las personas normales pasan por esto. Además podrían hacer algo por ella, como las amigas que eran, para variar.

- Pero ustedes no son personas normales – su voz quebrada estaba a punto de abandonarla.

- Eso era lo que yo creía. Que éramos capaces de lograr todo – y se dirigió a la puerta para irse cuando se dio cuenta que estaba en su propia habitación. Se quedó estático frente a esta y escuchó los tacones rojos caminar tras él para abandonar el espacio. Sin decir palabra y con la mirada en el suelo, la Sailor del fuego se retiró, dejando a un rey sintiéndose cómo un esclavo a merced de un poder incontrolable. Sabiendo que ya había dejado de ser un actor importante en esta nueva etapa en la vida de... bueno la suya propia. Ya que desde ahora su hija sería la soberana de reino él pasaría a ser parte del consejo real hasta el día de su muerte. Tendría tiempo de acomodar las piezas que ahora estaban desordenadas en su existencia y su corazón pero por ahora sólo quería salir de ahí y volver a su preciado planeta que lo llamaba a su encuentro.

Y hacia allá iría.

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Las manos de Serenity se sentían cálidas sobre su cabello. Seika levantó la cabeza para ver el regazo húmedo de la reina y le miró suplicante de una disculpa.

- Está bien – le dijo amable a la morena.

- Lo siento – repitieron sus labios lo que antes habían dicho sus ojos.

- Te lo dije. No hay problema – y le alcanzó un vaso de agua.

- No por eso – dijo mirándola con los zafiros brillantes.

- Y ¿porque sería entonces? – la rubia vio como la muchacha se sentaba frente a ella dejando un espacio en la cama.

- Por haber llegado tan tarde… - la reina la miró confundida.

La chica le explicó que tras la muerte de su padre, las cosas en su hogar se desvanecieron. La alegría que caracterizaba a sus padres ya no se veía pues faltaba el actor principal de sus días. Su madre guardo luto por un par de meses pero sus ojos se apagaron y poco a poco la luz de su vida se extinguió.

- Disculpa… ¿acabas de decir que…?

- Sí – dijo la chica no tan apesadumbrada como quiso sonar – Mi madre falleció a los pocos meses de haberse ido mi padre.

- ¡Oh, cielos! Lo siento mucho – Serenity no sabía qué hacer pero ver la impasible postura de la joven se extrañó. Entonces se dio cuenta del tono con el que la Sailor de Kinmoku había pronunciado las últimas palabras y se estremeció.

- Ella… - la pausa fue para componer el amargo sabor que se formó en sus labios - … ella hizo algo malo – la severidad de sus palabras y el apretón que sus guantes negros le dieron a la colcha de la cama dieron cuenta de una profunda angustia que llevaba por dentro la hija de Seiya.

- Tranquila, si no quieres contarme…

- ¡Debo hacerlo! – exclamó y al instante se compuso de nuevo – Usted tiene que saberlo - Comenzó relatando cómo habían sido los últimos días al lado de su madre. Las largas conversaciones y la confesión que había hecho en su lecho de muerte. Esa que había cambiado su percepción y todos los sentimientos que tenía por la mujer que le había dado la vida.

Antes de saber que cerraría sus ojos para siempre, la mujer había aceptado que al principio soportó la situación con su esposo. Pero poco a poco se fue dando cuenta que era una intrusa en esa vida y luego de eso siempre fue infeliz debido a los sentimientos tan poderosos que Seiya poseía por alguien con quien había compartido tan poco tiempo y que nunca pudo igualar con su devoción. Días, meses, años pasó tratando de hacer que él la viera como una mujer digna de compararse con aquella princesa lunar de una galaxia tan lejana pero nunca pudo hacer que él la aceptara genuinamente. Fue entonces cuando le pidió que tuvieran un hijo, tal vez ese lazo los uniría más y pasaría a otro lado su atención pero fue inútil. Con la llegada de la bebé, el amor que profesaba a la princesa se transmitió a esa pequeña parte de su ser. Y llegó a ser insoportable. Su corazón sufría y cuando uno se rompe no hay forma de componerlo. Entonces vienen los oscuros sentimientos. Ella llegó a odiarlo tan profundamente que prefirió guardar esas emociones y continuó con su vida como si nada por fuera, cada día alimentando más ese deseo interno de arruinar su posibilidad de soñar con otra vida para encontrar y hacer realidad ese amor verdadero. Tan cegada estuvo por sus celos e inseguridades que maquinó una forma de atarlo a ese mundo y que no se pudiera desprender de ella.

- ¿Tiene idea de adonde lo envió? – inquirió a la sorprendida reina. Esta negó con la cabeza pues no le salían las palabras de los labios – Es una dimensión que está entre el mundo de los vivos, el reino de los sueños y el otro lado. Un lugar que no es nada y no va a ninguna parte. No avanza el tiempo ni el espacio y las almas pasan sus días perdiéndose del descanso junto a las estrellas – finas lagrimas decoraban nuevamente sus mejillas rosadas.

- ¿Cómo fue que él llego hasta ahí?

- Fue… ella – miró a un lado con ojos enfurecidos - Le entregó su alma al guardián del limbo para que él fuera enviado a ese lugar.

- Pero ¿porque hizo una cosa así? - inquirió Serena horrorizada, con las manos cubriendo la boca.

- Para evitar que renazca - dijo con vergüenza la chica de cabellos oscuros.

- ¿Qué?

- Él le dijo que luego de esta vida deseaba renacer junto a… usted.

- Esto es demasiado – llevó sus manos al rostro. Pasó así un par de minutos, luego se levantó y suspiró - ¿Cómo será ese lugar? - miraba hacia afuera por la ventana - Yo estuve en un prado verde con una leve brisa y hermosos árboles. Una chica llamada Minerva me llevó ahí, donde estaba él

- ¿Minerva? ¿Quién es ella?

- Dijo que era la guardiana del reino de los sueños y que conocía a Seiya. Me llevó con él luego de examinar mi corazón.

- No estoy muy enterada de eso... La reina Kakyu me dijo que lo dejara, pero no podía – se levantó y comenzó a dar vueltas por la habitación - ¡Es mi padre! No podía dejar que eso le ocurriera…

- Debemos tratar de averiguar más ¡Vamos a preguntarle a Taiki! - exclamó la rubia

- ¡Sí! - secundó la morena y ambas salieron corriendo por el pasillo cual niñas pequeñas.

El castaño vio invadido su espacio de estudio por las dos mujeres chillonas que hablaban entrecortadamente sin parar. Cuando logró hacer que hablaran de a una se interrumpían por lo que hizo salir a Serenity quien debía cambiarse de ropa y escuchó lo que Sailor Star Fighter tenía que decir. Se asombró al enterarse de lo ocurrido con la esposa de Seiya. Al terminar su turno y derramar palabras hasta no poder más, Seika salió del laboratorio y encontró a la reina terrestre acompañada de un chico rubio que la había escoltado hasta la puerta.

- Ve con cuidado, enano – rieron ante el comentario pues él la superaba mucho en altura.

- Cuídate también, hermana boba – se abrazaron y luego de depositar un beso en la masculina frente. La rubia observó cómo, luego de saludar con formalidad a Seika, Sammy se retiró. La chica le dijo que ya había terminado de hablar con Taiki y que era su turno. Abandonó el lugar no sin antes regalarle un apretado abrazo que a la reina dejó impresionada.

- Nunca me agradó esa mujer - admitió Taiki al tiempo que la punta de su lápiz se hacía añicos.

- Ella... sólo estaba equivocada - Serenity quiso intentar buscar alguna explicación para sus actos.

- No hay excusa para comportarse como un ser insensible y desalmado. En especial con alguien tan sincero como Seiya - dijo duramente quien parecía haber perdido las ganas de seguir estudiando cuando encontró algo que llamó su atención. Se levantó de golpe y leyó con más ahínco la página repasando varias veces hasta que se convenció de haber hallado algo útil.

- ¿Que encontraste?

- "El ser conocido como guardián del reino de los sueños es una esencia pasajera y curiosa que se vale de sus deseos por conocimiento para alimentar las fantasías de las personas" - volvió a sentarse. Se revolvió el cabello y pasó sus manos por los ojos.

- Minerva dijo que era la guardiana de los sueños y dijo que estaba interesada en nosotros. Aunque no recuerdo exactamente qué mas dijo - se llevó un dedo a los labios pensando en si había notado algo más. Resopló.

Taiki no le dio importancia a esos detalles pero le dijo que sería mejor ir a ver a Kakyu para ver qué es lo que sabía ella y que se podía hacer.

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- Entonces fuiste a buscarme… - la chica de cabellos azabache asintió y volvió a sentarse en el sofá. Luego de que llegaran con Kakyu, ella y Taiki se encerraron en su oficina y dejaron a Serenity con Seika para que salieran al jardín. Después de todo, la rubia aún debía recuperarse de su estrambótico viaje.

- Aquí no se habla de ella. Lo que hizo es imperdonable… pero a pesar de todo es mi madre - bajo su zafira mirada. El sufrimiento que debía estar pasando era algo que la antaño guerrera lunar no alcanzaba a imaginarse. Pero al menos podía estar junto a ella para confortarla. Atrajo su cabeza para que se recostara en sus piernas, la chica no se quejó, al contrario, se dejó mimar y se quedó estática ante las caricias de las maternales manos de la reina

- ¿Cuánto tiempo pasó desde su muerte?

- Seis meses… - dijo en un suspiro la chica que ahora parecía una niña pequeña

- ¿Seis… meses? – Serenity sacaba cuentas mentales de lo que hizo en ese tiempo.

- Yo me enteré después de lo que había pasado y no sabía qué hacer. Además no vi sus cartas porque ella las escondió y… - la mirada celeste estaba fija en algún lugar lejano. Contemplando los viajes y todo lo demás habían sido mucho más de seis meses claramente. Repasó ese tiempo en su vida, su rutina en esos meses, las fiestas, los paseos y… nunca se percató que algo había pasado en el mundo. Un cambio importante que no había notado. Estaba segura que había sonreído, en las reuniones o en algún cumpleaños mientras Seiya, su Seiya se había ido.

No podía creer que no lo hubiera sabido. No sintió nada, ni una señal.

Hay quienes dicen que uno tiene un presentimiento cuando la persona que quieres está en peligro o le ha pasado algo malo. Tienes una angustia en el pecho y algo te dice que las cosas no están bien. Ese no fue el caso de la soberana del Tokio de Cristal.

Y eso la destrozaba aún más por dentro.

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Uranus contemplaba la imagen de su reina mimando a esa chica. Serenity encontraba la forma de llegar a toda la gente y sacar lo mejor, incluso de personas malvadas y en este momento había sacado a la niña que había en esa joven lastimada. Ella en cambio era mala con las palabras, no tenía tacto y generalmente sus pasiones se superponían a sus pensamientos por lo que en más de alguna ocasión hería susceptibilidades o sentimientos. Pero estaba segura que haría lo que fuera para quitar esa expresión de profunda tristeza que inundaba los celestes ojos de su querida amiga, así le costara la vida.

- Ya tienes esa cara - se escuchó a sus espaldas. La inconfundible voz profunda de Neptune la saco de la intimidad de su mente.

- ¿Cual cara? - dijo acomodando los mechones rubios que caían sobre su rostro.

- Esa cuando tienes una gran preocupación en mente y no encuentras la solución - acarició el contorno que enmarcaba su rostro.

- No es eso... es que ¿estuvimos tan equivocadas, Mitchiru? - la de cabellos aguamarina pestañó al oír su nombre.

La razón que las hubiera traído a este lugar las tenía en una completa nebulosa y todas sentían lo mismo. Porque estuvieron acostumbradas a saber lo que venía y tener el control de las cosas junto con los acontecimientos que ocurrieron. No había para qué preocuparse, tenían el destino escrito frente a ellas y sólo debían seguir las instrucciones. Lo malo es que se fiaron de esto y se despreocuparon de los imprevistos. Esos condenados acontecimientos que no se esperan y que viven apareciendo.

El leve encanto que ese chico cantante había ejercido en la rubia ahora se había convertido en un profundo sentimiento era un problema que a todas les afectaba.

- No - respondió firme en su hablar - No estamos equivocadas, sólo desviamos nuestra atención por un momento de lo que realmente es nuestra misión.

- Esa es estar con la reina... - dudó la rubia

- Apoyar a la reina, velar por el funcionamiento del reino y vigilar a la pequeña dama. Pero sobre todo ser feliz con nuestras vidas - las siempre tranquilizadoras palabras de la observadora Neptune traían a su compañera al lado más claro de los peores problemas. Le sonrió y quiso decir algo pero sus labios fueron asaltados de improviso.

- ¿Que fue eso? - la tonta sonrisa no se le borraba a la Sailor del viento.

- Nos habíamos puesto muy serias - dijo traviesa sacando un espejo y retocando su brillo labial - Ahora, vamos. Debemos despedir al rey.

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- ¡De ninguna manera! – exclamó iracundo ante lo que acababa de oír. Luego de que Minerva le dijera lo que quería conseguir a cambio de devolverlo a la vida, se quedó sin palabras. Al menos sin palabras amables.

- Es una buena opción – respondió la chica con una leve sonrisa - ¿Quieres o no estar con tu princesa?

- Me pides que cambie una mala opción por otra peor – llevó las manos a su rostro, frustrado - Permanecer aquí o volver a cambio de que tú sacies tu estúpida curiosidad no es una buena idea.

- Vamos querido, no te pongas así – se acercó para acariciar su cabello.

- Eres un ser perverso, Minerva – murmuró ante su caricia.

- ¡Ay! Me has dado justo en el corazón… Oh es cierto ¡No tengo uno! – exclamo con fingido dramatismo y se levantó para caminar de vuelta a su trono – Solo quiero aprender de ustedes que son unas criaturas sentimentales. Yo no soy capaz de sentir esas... cosas tan fuertes que ustedes viven con tanta intensidad. Lo único que manifestamos nosotros es curiosidad.

- Que mal por ti – el sarcasmo fue más agudo.

- Yo no tengo un corazón que me invite a hacer locuras: cómo enviar al ser amado a una dimensión desconocida por no ser correspondida - sus palabras terminaron en una carcajada burlona que a Seiya le produjo un calor infernal.

- ¡Me quieres tomar por tu experimento!

- Si te quisiera a ti no tendría objeto. Te apagarías en poco tiempo por la tristeza. Dame algo con que divertirme en mis ratos libres. Algo que brille más que una semilla estelar. Un sentimiento.

- No te doy nada – Seiya se levantó – Me has traído en vano. No seré parte de tu estúpido juego.

- Así que crees que ella no estará de acuerdo.

- ¡Por supuesto que no estará de acuerdo! Cambiar algo tan puro por estar juntos no será ni tomado en consideración por ella. Y yo no trataré siquiera de convencerla.

- Seiya… - lo llamó con una nota suplicante en su voz – He vivido por siglos atrapada en este maravilloso mundo haciendo que los sueños sean ligeros susurros en los oídos de las miles de millones de personas en este universo. Sola. Y desde que vi tu corazón brillar con esa intensidad, quedé impactada. Deseo con todas mis fuerzas ser capaz de conocer eso que me has mostrado a través de ti.

- No me convences aún – resopló buscando algo que ver que no fuera el rostro de esa mujer.

- Querido – le habló seriamente cruzando cada dedo entre los de su mano hermana - Yo tengo el poder de hacer que tu esencia y la de esa mujer vuelvan a estar juntos.

- Ya trataste por ese lado y no te resulto así que…

- ¡No sólo en esta vida! – ella vio satisfecha como los zafiros se posaron en sus ojos, expectantes – Puedo enlazar sus almas para que renazcan bajo cualquier forma, después de esta vida y las que sigan, juntos. Para siempre – arrastró las últimas palabras mientras se deleitaba con cada expresión que logró en el hombre que estaba frente a ella.

- No lo haré a menos que me des una opción menos drástica.

- Entonces puedo recordarte quien fue la que te salvó de quedarte en el limbo de las dimensiones y te trajo a este hermoso reino de los sueños para vivir una eternidad en paz y no en ese feo por no decir desagradable destino al que te habían confinado ¿verdad? – dibujo una sonrisa que a Seiya le produjo una escalofrío atroz.

- Desearía estar vivo para poder matarme

- Que dramático eres - lo miró con los ojos destellantes sabiendo que lo tenía en sus manos - Te propongo esto: te doy una semana en Kinmoku para que me consigas un hermoso sentimiento tan hermoso como el que sientes por esa princesa lunar, que pueda tener para mí, pero debe ser de alguien que esté dispuesto a entregarlo para quedarse aquí. Y yo te dejo terminar tus días con la mujer del cristal de plata.

- Terminar mis días suena a muy poco tiempo

- Soy una mujer de palabra, querido. Te daré las vidas que quieras para estar con ella, a cambio.

- ¿En verdad crees que accederé? – al terminar la frase el ambiente se tornó frío, una oscuridad comenzó a cubrir el espacio en el que estaban y una metálica voz salió de su interlocutora.

- Soy la guardiana de los sueños, Seiya. Tengo más poder del que puedas imaginar ¡Si no me traes lo que quiero, atormentaré a cada uno de tus seres queridos! Invadiré sus sueños con las más horrendas pesadillas, hare que vivan en carne propia lo que temen sus subconscientes y los haré tener miedo hasta de irse a dormir – lo vio abrir sus ojos al tiempo que palidecía - Pero lo mejor es que tú estarás a mi lado para verlo sin que puedas hacer nada para detenerme.

- ¡Demonios! - resopló abatido y mientras pensaba cómo iba a salir de este enredo se sentó a los pies de la escalinata que yacía bajo el trono de cristal. Pronto el ambiente lúgubre se esfumo y la habitación volvió a la normalidad.

- Así me gusta - sonrió satisfecha – Eres un buen chico.

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Las manos de Yaten estaban frías, sentirlas en sus piernas era estremecedor y la presión que ejercían sobre estas la obligaba a pensar en otra cosa para no ver el desastre que estaba hecho en sus extremidades.

- ¡Mas fuerte! - gritaba agitada la rubia.

- ¡Lo hago lo más fuerte que puedo! - exclamaba con las piernas de la chica presas entre sus manos.

- Tira más. No voy a llorar - decía mientras hacía presión hacia atrás.

- ¿Acaso quieres que te la rompa? - se rindió molesto - ¡Si serás torpe que te atoras en una enredadera constrictora!

- ¡Y cómo iba yo a saber que esta cosa estúpida te atrapaba más si la tiraba!

- ¿No puedes lanzar tu rayito de luz? - dijo restándole importancia y sentándose a su lado.

- ¡Voy a destrozar mis piernas desde tan cerca! - resopló cansada por el esfuerzo que le había tomado tratar de zafarse de la prisión que atormentaba sus piernas entre ellas y que ya comenzaban a acalambrarse - Ahora me serviría Sailor Healer - dijo con tono burlón mirando de reojo a su compañero.

- Claro... y seguramente su técnica no te haría daño.

- Pero al menos hacerlo a distancia no lo haría tanto - lo vio levantar una ceja incrédulo - Además podrías curarme luego - le sonrió. Él se quedó pensativo un momento y se levantó de su lugar, se quitó su armadura y la dispuso sobre Sailor Venus de modo que la cubriera hasta la parte que sobresalían las plantas.

- Quédate quieta - le advirtió y caminó un par de metros lejos de ella. Venus alcanzó a ver cómo sacaba un artefacto de entre sus ropas y par de destellos dorados cubrieron su cuerpo. Vio aparecer la delgada figura de una chica de cabello plateado reluciente y comenzó a temblar cuando la vio ponerse en posición de ataque.

- ¿Y-Yaten? - emergió un ligero jadeo de sus labios y sintió recorrer en su rostro una fría gota de sudor.

- ¡Que te quedes quieta! - gritó la firme voz de la chica a lo lejos. Pronunció las conocidas palabras de su ken y la rubia cerró los ojos. Sintió un calor terrible bajo sus muslos y se mordió los labios para no chillar del dolor que le produjo el apretón final de la planta para posteriormente soltarla del todo acompañada de una quemadura que pareció hacer arder su alma. Se zafó y corrió como pudo lejos de la plata para refugiarse bajo la sombra de un árbol cercano. No quería mirar hacia abajo pero el ardor era tan intenso que quiso comprobar la gravedad de sus quemaduras, se sorprendió de ver que las marcas tenían un rojo brillante que parecía una marejada de dolor ardiente al contacto con la brisa. La chica platinada se aseguró de enterrar bien la odiosa enredadera para que nadie más cayera en ella y vino en ayuda de la lastimada Venus que, aunque sus ojos despedían finas lágrimas de ellos, no emitía ningún quejido. Los verdes ojos se posaron en las heridas que se habían formado y acumuló toda su energía en ambas manos para sanar a su compañera.

- ¿Debo prepararme o algo así? - preguntó con temblorosa voz la rubia. La peli plateada la miró y respondió rápidamente.

- Podrías poner algo en tu boca... - la otra se quitó un guante y lo dispuso entre sus labios sin decir nada más - ... q-que conste que fue tu idea - la rubia asintió decidida y Healer comenzó con su labor.

Pasó un tiempo antes que pudiera quitar el guante blanco de su boca, no porque no pudiera sino que el dolor persistió un rato más luego de que sus piernas volvieran a lucir su piel rosada, aunque algunas marcas aún quedaban en ellas dejando un vestigio de la torpeza de la rubia según su compañera. Logró dar un suspiro y vio a la chica a su lado, agotada también.

- ¿Te encuentras bien? - pudo decir con claridad después de acomodar su mandíbula. La sudorosa peli plateada la miró notablemente cansada y asintió con dificultad.

- Hace mucho... que no hacía esto. Gasta... bastante... energía – cerró los ojos adormilada.

- ¡Oh, cielos! - quería llegar más cerca pero le costó mover sus acalambradas piernas. Estiró su brazo cuanto pudo para acariciar su mejilla. La miró largamente, sus ojos se abrieron para encontrar los suyos y no supo exactamente lo que quisieron decir sus brillantes esmeraldas pero cuando iba a hablar ella se le adelantó.

- No podía dejarte... así. D-después tendría que haberte cargado - dijo mirando a un lado y sentándose para recuperar en algo el aliento. Venus rio por dentro y apenas sintió que sus piernas recuperaron su autonomía se lanzó a sus brazos.

- Gracias - dijo en un susurro antes de besar la comisura de sus labios.

Por un minuto recordó momentos de su infancia, cuando Minako se abrazaba a Yaten y éste la regañaba por pegársele tanto. Hubiera sido un momento digno de un retrato pues solo con traer de vuelta sus memorias, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Venus lo notó y podría haber acotado algo divertido para burlarse sino hubieran sido interrumpidas.

- ¡Yateeeeeeeen! - sus oídos zumbaron con la voz que invocó su nombre. Se giró molesta a ver quién la buscaba y ambas se sorprendieron de ver a la nueva Sailor Healer correr hacia ellas. Disimuladamente la peli plateada se alejó un poco de la que vestía traje naranjo y ésta captó su intensión por lo que simuló estar estirando las piernas, hasta que vieron llegar hasta ellas a la chica presurosa.

- Esta mocosa otra vez – masculló la rubia entre dientes.

- Niña, pero que te pasa – la joven venía agitada e ignoró el seco comentario pero logró notar el peculiar estado del habitual caballero y se asombró de ver a Yaten en su forma femenina. Se quedó sin habla después de tartamudear algo que no entendieron.

- Tranquila, respira y trata de hablar otra vez - le aconsejó la rubia tratando de parecer compuesta. Intento mover sus piernas para poder levantarse pero no le respondían del todo aún

- Me han enviado a buscarte porque el rey de la tierra se va y la reina Kakyu nos quiere a todos allá para despedirlo – Venus se sorprendió pero intuyó cual podría ser el motivo.

Las tres caminaban lo más rápido que podían, lo cual no era a mucha velocidad dado el estado de Venus y Yaten (aun luciendo como chica) tras su infortunio con la planta pero pronto llegaron al jardín real de Kinmoku, donde Kakyu estaba reunida con Endymion y este llevaba una maleta. A su lado estaba Sammy.

- Lamento mucho que su visita fuera tan corta - decía la peli roja con pesar.

- Ya cumplí con lo que debía hacer pero dado el estado de Serenity, se tendrá que quedar un tiempo aquí.

- Sí, es necesario que se quede ya que no puede viajar de vuelta en su condición. Tiene que recuperarse muy bien.

- Además, debo volver para estar con mi hija. Ella debe estar preocupada por nosotros y debo informar de las circunstancias por aquí – quiso sonreír pero sus labios no lo acompañaron. Echo una rápida mirada por el salón y al encontrar a quien quería ver se acercó a ella.

- Sailor Venus, eres la persona más molesta del mundo – miro a la rubia a los ojos.

- Concuerdo contigo – murmuró la chica de cabellos de plata.

- Pero estas cumpliendo la promesa que hiciste y estás con ella a pesar de todo – él puso una mano en su hombrera ignorando el comentario anterior que alcanzo a escuchar – Te la confío de ahora en más.

- No hay problema, acepto gustosa la responsabilidad – le regalo una pequeña sonrisa al soberano de la tierra y se despidió.

Endymion estaba a punto de partir cuando se escuchó un estruendo en el pasillo y todos voltearon a ver qué ocurría. La dispersa cabellera dorada esparcida por el suelo les hizo saber que Serenity había chocado con algún adorno dispuesto y se cayó. No tardó mucho en levantarse y esbozar una tierna sonrisa, adornada con un rubor adornando gran parte de sus mejillas.

- ¡No me dolió! – exclamó y fue al encuentro de quien partía ya – Buen viaje – le deseo y se abrazó fuerte al moreno de cortos cabellos.

- Gracias. Tú cuídate ¿sí?

- ¡Lo haré!

En otro suave abrazo se fueron los mejores deseos de quienes ya no volverían a estar juntos luego de esa velada. Las miradas eran de complicidad pero de esa que ya no incomoda ni emociona, el lazo que no se rompe de las promesas de permanecer juntos a pesar de todo. Y eso harían, no había forma de mantenerlos lejos pero ya no habría esa frialdad que fue tan característica de su entera relación. Aunque tampoco habría fuego porque quizás nunca lo hubo.

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Sus pies sintieron el peso de su cuerpo. Se sentía bien tenerlo de vuelta y procuró disfrutar el momento al máximo antes de encaminarse al lugar tan conocido por él, donde vivió su entrenamiento y posterior reconstrucción de Kinmoku. La brisa era real, sus manos sentían la rugosa superficie del árbol que estaba a su lado y por supuesto, las hojas nunca fueron tan bien recibidas en sus pies como en este minuto. Era una realidad tan hermosa que apenas recordaba lo que era estar muerto. Pero no olvidaba su condena, su cruz que era un asunto que debería resolver pronto, lo bueno es que ahora tendría más apoyo.

O eso era lo que esperaba.

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Continuará...

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Hola

Uff al fin salió esta capitulo. Admito que estuve estancada por que entré en conflicto con la linea que llevaba y lo que venía ahora, pues realmente me entristeció separar a mis tórtolos preferidos. Espero seguir con este ritmo para llegar a un buen puerto tengo el final listo pero me falta el desarrollo para llegar ahí xD siempre me pasa jajajaj pero no abandonaré esta hermosa historia. Se los aseguro.

Me han causado algunos dolores de cabeza las circunstancias técnicas actuales pues no tengo un pc todo el tiempo pero ya veré como le hago para seguir :)

Agradezco en demasía sus comentarios porque he visto diversas reacciones y eso me pone contenta.

Ahora...¿Que pasará?

Me gustaría saber sus teorías al respecto xD

Ya vimos las triquiñuelas que habían tras todo el entorno de Seiya y pues

¡Que mala mujer!

Pero he visto como hay gente que si se pone algo demente cuando les rompen el corazón aunque aquí nuestra estrella esta libre de culpa, ella es la fallada jajajaj

Otra vez agradezco su atención para esta historia y les deseo tengan un lindo día :)

Nos leemos

Bye