Lo que llevo por dentro
- Capítulo 9 –
Los adorables personajes de este escrito pertenecen a Naoko Takeuchi. La historia es de mi autoría porque me encanta escribir sobre ellos y enredarlos en mi mundo
Fue como un reiterativo deja vu, sólo que esta vez era distinto porque el hombre que se iba ya no dejaba un vacio inconsolable. De todas formas siempre sintió que él había sido egoísta.
No. Ella había transformado su vida para él y eso era lo que la atormentaba siempre. Haber dado tanto para alguien que la consideraba un anexo a su rutina.
—No seas injusta, Serena – se dijo a si misma mientras veía partir a Endymion junto a su actual inseparable guardián. Sí. Había sido injusta porque nunca fue sincera con lo que realmente sentía y su esposo tampoco fue muy comunicativo para comprender lo que creía iba de maravilla.
— ¿Injusta con qué? – fue interrumpida por la voz de Venus que estaba a sus espaldas.
—N-no... no es nada – le sonrió y su amiga comprendió que era una reflexión interna a la cual, ella era ajena. Lo cual, hizo sentir a la rubia del moño rojo aislada.
—Deberías volver a descansar, majestad – Serenity no supo en qué momento llegaron Uranus, Neptune y Júpiter. La primera fue quien habló.
—Me siento bien. Por favor no me hagan regresar a esa habitación – pidió con los ojos tiernos.
—Creo que estaría bien dar un paseo, Serenity – Kakyuu pareció comprender su deseo y se ofreció a acompañarla el resto de día.
—Pero, alteza – refutó Sailor Maker -, Usted tiene mucho que hacer... - un suave gesto de mano de la pelirroja y se calló.
—Querida Maker, podemos dar un pequeño paseo y luego Serenity me puede acompañar en el resto de mi rutina; ¿Está bien para ti? – le dijo con una sonrisa.
—Como usted desee, majestad – hizo una reverencia –. Le informaré de cualquier otro cambio en el itinerario – y se retiró.
—Vamos al jardín – invitó Kakyuu a la rubia reina antes de que pudiera hablar. Ella sólo asintió y la siguió.
—Chicas, hoy están libres – anunció Serenity antes de salir de la habitación –. Descansen o recorran el lugar. Pueden hacer lo que quieran – sonrió y salió del brazo de Kakyuu quien era escoltada por la nueva Sailor Healer. Todas las presentes salieron en distintas direcciones, con excepción de Venus y su peli plateada compañera.
— ¿Por qué está tan estresada? – preguntó despreocupada la Sailor del amor viendo en la dirección en la que Sailor Maker se había ido.
— Porque ella es la líder del equipo – respondió Healer.
— ¡Qué raro!, pensé que Fighter era la líder.
—La reina tiene otros planes en estos tiempos.
—Sí, pero están en paz; ¿Qué puede ser tan urgente?
—Nuestro planeta aún tiene mucho trabajo por hacer – refutó la platina –, y aunque no estén en batalla, ellas tienen funciones que si no son cumplidas al pie de la letra, puede traer dificultades. La gente debe tener un sentido de continuidad y seguridad.
—Taiki era más tranquilo – dijo mientras se sentaba en un sofá y cruzaba las piernas en el brazo del mueble.
—Eso no puede estar más lejos de la realidad – rio de lado la chica del cabello de plata –. Él siempre tuvo muchas preocupaciones... con nosotros dos – una chispa en sus manos, le advirtió de alguna perturbación en su energía. Tal vez ya estaba regresando a la normalidad.
—Me lo imagino – meditó por un minuto las palabras de su compañera. En ese tiempo, el castaño era el que velaba porque Yaten y Seiya mantuvieran la cordura en sus adolescentes mentes –. Pobre Taiki.
— ¿Que quisiste decir con eso? – la escrutó con sus ojos verdes.
—Nada, no seas gruñis– Cerró sus celestes ojos y algo pareció iluminar su mente –, Bueno, hoy tengo el día libre – se volvió a mover en el sofá y su falda color naranja se agitó.
— ¿Y? – levantó su plateada ceja.
— ¿Que quieres hacer? – preguntó Venus con un tono que le pareció demasiado provocativo a la kinmokiana, sumado a la intensa mirada que la rubia le lanzó y que la intimidó un poco.
—Tú tendrás el día libre. Yo tengo mucho que hacer aún – una sonrisa cruzó su rostro al ver la expresión de la rubia.
— Qué extraño – puso un dedo en sus labios pensativa – Hace un rato no mencionaste tu trabajo – se acomodó en el sofá poniendo una pierna sobre la otra. El sonrojo en el rostro de su interlocutora no se hizo esperar.
—T-tú necesitas mucha atención ¿Verdad? – dijo rápidamente y volteo para irse.
—Antes no pareció molestarte – Venus dejó ver sus dientes en una sonrisa amplia al ver que la otra chica detuvo su primer paso.
—Tss...Nos vemos más tarde – y caminó aun de espaldas a la Sailor terrestre. La rubia vio como su caminar las alejaba y no quiso dejarla perderse de vista sin una última frase.
— ¡No sé si esté disponible más tarde! — pero no causo el efecto querido y la platinada sólo levanto la mano para despedirse al dar vuelta en un pasillo. Venus bufó en su asiento e inflo los cachetes, ahora tendría que encontrar algo más para divertirse durante el resto del día. Entonces se levantó y percató de que sus piernas dolían aun pero ya podría caminar con normalidad. Quizás encontrara a alguien que quisiera divertirse un rato por ahí y pensando en esto salió a los jardines.
Healer afirmó la espalda contra la pared, luego de dar vuelta en la esquina del pasillo y asegurarse que nadie la veía. La verdad es que aún se sentía muy cansada y la interacción con Sailor Venus no ayudaba a que se relajara. Se percató de las chispas verdosas que despedían sus manos. Eran intermitentes.
—Creo que ésta no ha sido mi mejor idea – se rio de sí misma. Tendría que ir con Taiki – ¡Demonios! – masculló entre dientes. Sabía el regaño que se le venía encima.
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Parecía que el día le daba la bienvenida de vuelta a su mundo. Estaba hermoso y una suave brisa le refrescaba el rostro al tiempo que las hojas de los arboles se meneaban al ritmo las movía. Vislumbró el castillo que se alzaba a lo lejos y con paso dudoso se encaminó hacia él pues le temía a la reacción popular, no era fácil volver y que lo vieran de buenas a primeras dado su supuesta condición. Meditaba paso a paso el cómo se presentaría y nada se le ocurría.
Llegó hasta donde comenzaba el jardín real, la arboleda se extendía hasta las puertas del castillo y se congeló en el portal. Echó un vistazo a ver si alguien se veía. Nadie en frente. Luego se apartó y se sentó en el suave césped.
¿Qué le esperaba?
¿Quién lo apoyaría?
No estaba seguro de nada. Ni siquiera si Serena lo creería.
¿Cómo se lo diría? "Hola, Serena. Estaba muerto pero ya no. ¡Sorpresa!"
— ¡Rayos!
— ¿Seiya?
—Ahora no, estoy pensando.
— ¿S-Sei-ya? – la voz era suave, melodiosa y vagamente conocida. La había escuchado antes, lo sabía pero no podía recordar a quien pertenecía ese tono tan fuera de lo común, un tanto grave y profundo. Levantó la vista lentamente y vio el atuendo de marinero tan conocido que adornaba el cuerpo de las guardianas del sistema solar. Sus ojos, esos eran inconfundibles pues no había otra persona que pudiera transmitir lo que esos orbes tan singulares dibujaban.
—Sí, soy... yo – pronunció con dificultad.
—Soy Sailor Mars; ¿Me recuerdas? – él la miró un momento y volvió al minuto en que la chica con traje rojo había caído y perdido su semilla estelar. Y no solo a esas, tantas otras distintas aventuras que vivieron con ellas.
—S-sí... – ella abrió sus ojos y acercó su mano hasta tocar su hombro.
— ¡No eres un fantasma! – el comentario tan desprevenido hizo que Seiya sintiera ganas de hacer algo que hace tiempo no hacía. La miró cambiar sus adultas facciones serias en una expresión de asombro y sus labios dejaron salir una entrecortada carcajada que luego se transformó en una ligera risa –; ¿Qué haces aquí? – él cayó en cuenta de que tampoco lo sabía muy bien.
—Tengo un asunto por resolver – respondió mientras se levantaba.
—Tiene que ver con… - la chica era perspicaz, pero ¿Podría confiar en ella?
—No, cualquier cosa que estés pensando… no es – sus ojos brillaron y atrapó su mano entre su guante blanco.
—Tranquilo. Puedes confiar en mí – le sonrió sincera.
— ¿Por qué no estás asustada? He vuelto de la muerte.
—Soy una sacerdotisa – dijo para agregar veracidad a su discurso –. Puedo ver cosas con mis poderes que no tiene que ver con mis habilidades de senshi. Entre ellas, espíritus. Y tú, no lo eres – dijo dándole un golpecito en el hombro.
—Es algo complicado – él agachó la mirada, un tanto confundido.
—Está bien – ella se sentó a su lado. Al parecer Seiya había dejado de ser una amenaza para ella.
— ¿Qué?
—Quieres verla ¿No? – le acercó su mano enguantada.
—Más que nada, pero no puedo llegar así de pronto… ¿Y no me darás un sermón o algo así?
—Seiya... ya estamos grandes para eso – lo pensó un momento –, y todos sabemos lo que pasa en tu corazón. No hay que ser adivino para averiguarlo – él se sonrojó como un niño de 15.
—Creo que soy muy evidente.
—Es parte de tu encanto. Parte también de lo que le gustó de ti…creo – la Sailor se hundió en su propia mente un minuto.
—Debo buscar algo. No tengo mucho tiempo. No quiero que me vea y luego…
— ¿Qué? ¿Tener que despedirte al completar tu misión? – dijo ella como una aguja en su cerebro.
—Sí – resopló más que responder.
—Bueno, tengo una idea – dijo la Sailor con una sonrisa. Seiya la miró inquieto, esa sonrisa se parecía a la de Yaten cuando tenía algún plan maquiavélico – ¡Sígueme! – le apremió pero él no pudo moverse. Alguna sensación de profunda nostalgia lo invadió por un segundo, luego se repuso y fue tras la mujer de cabellos oscuros.
En otro mundo, alguien sonreía al ver la reacción del chico ante su energía. Le gustaba ver que sentía un tipo de conexión con él.
—Estas muy contenta, Minerva – resonó una grave voz a su lado tras aparecer de la nada.
—No molestes, Jerome – bufó la guardiana.
—Que lastima que él esté movido por algo tan positivo, sino sería un buen guardián.
— ¿Estar en el limbo te ha vuelto tan amargado?
—Solo soy más analítico; ¿Para qué lo enviaste de vuelta?
—Para que disfrute un tiempo. Él fue en busca de un regalo para mí, a cambio de su libertad – decía la chica emocionada.
—Pero qué ambiciosa; ¿Qué fue a buscar?
— ¡Qué importa! Lo que quiero es que fracase. Deseo ese brillo, su estrella... voy a tenerlo para mí, por siempre – su voz sonó un poco más grave con esa afirmación y se mordía los labios.
—Si fueras humana diría que quieres un amorío con ese chico.
—Shh... No digas eso. Me puedo sonrojar – dijo con sarcasmo.
—Ten cuidado, querida. Jugar con los seres sentimentales nunca ha sido asertivo.
— ¿Por qué lo dices?
—Porque siempre encuentran una salida.
—Bueno, ya veremos cómo se dan las cosas – y continuó observando lo que se desarrollaba en su esfera de cristal.
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Su corazón latía tan fuerte que dolía. Caminó del brazo de Kakyuu durante un rato, mientras su cercanía le transmitía una paz enorme. Se sentía feliz aunque no encontraba la verdadera explicación puesto que había perdido algo que durante mucho tiempo fue lo más importante para ella. Endymion se iba lejos de ella pero eso ya no le dolía, Seiya estaba al fin junto a ella aunque sólo fuera en espíritu. Al final en este desenlace de la historia le tocaba quedarse sola, pero de manera increíble no le pesaba. Después de todo, desde que encontró a Luna en ese lejano día de colegio, jamás se había sentido sin compañía realmente.
Un suspiro se escapo de sus labios rosa.
—Tu nostalgia es evidente, Reina Serenity— la suave voz de la pelirroja que la acompañaba la saco de sus pensamientos—, Acaso ¿Estás triste porque el Rey de la Tierra ha partido?
Sí, estaba algo pesarosa por tenerlo lejos pero no era esa la sensación que la invadía por completo.
—No realmente – sonrió –: Me temo que de ahora en mas, tendré que lidiar con muchas cosas – Kakyuu la miró.
—Toda tu vida tendrás que hacerlo, es nuestra realidad. Es parte de nuestro deber – rió al tiempo que se adelantaba un par de pasos y sentía la brisa en su rostro.
La rubia la observó por un momento. Ella la comprendía, también tuvo una vida muy dura junto a sus Starlights. Y justo en ese momento Serenity se percató de un detalle.
—Kakyuu... – la llamó algo apenada.
—Dime – contesto distraídamente la reina de Kinmoku.
—... No me has contado que ha pasado contigo, con tu vida — vio a la pelirroja tambalear en su puesto y al voltear, vio brillar sus carmines ojos.
—Algo parecido a tu vida. También me case – la rubia abrió la boca con asombro –, y tengo un hijo – la pelirroja se divertía viendo las reacciones de su compañera, mientras le relataba a grandes rasgos como había sido su vida en esos años.
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Venus retomó el paseo que había empezado más temprano ese día, con entusiasmo. Este planeta era hermoso y se dio tiempo para recorrer el castillo en toda su extensión, ver múltiples salones y jardines era algo abrumador pero muy entretenido. Después de todo, Tokio de Cristal era una fortaleza alejada de la naturaleza que tanto le fascinaba y eso apagaba el entusiasmo de la siempre animada diosa del amor. Caminó por un sendero cuando se topo con alguien que le llamó la atención, o sea guapo. Se quedó tras un árbol para observar lo que hacía, pues la curiosidad era una característica que la antaño Sailor V no había superado. El chico estaba concentrado en sostener firme su arco entre las manos varoniles, sus ojos se concentraban en el blanco que se erguía a lo lejos para dificultar su puntería. El viento mecía las hebras cobrizas que adornaban su pálido rostro. Al momento de inspirar profundo y exhalar el aire contenido, la flecha salió disparada con dirección al blanco y sólo se escuchó el silbido de aquella antes de chocar en el medio rojizo del panel. La rubia estaba maravillada con tal demostración de habilidad e iba a salir de su escondite para halagar al apuesto joven cuando escuchó un par de palmas chocar entre sí a las espaldas del chico.
—Excelente puntería, su majestad - felicitó una voz femenina, que Venus no alcanzaba a ver. Él se volteo sonriente para recibir a su interlocutora.
—Tuve una buena compañera de práctica. Y ¿No deberías llamarme por mi nombre? Hace tiempo dejamos la formalidad atrás...
—Lo sé – se dejó ver el perfil del uniforme negro intenso.
—... Sailor Fighter — apunto a quien ahora ya podía ser identificada por la curiosa que los espiaba.
—Bueno, ahora soy una Sailor, Pollux – se afirmó en un árbol.
—Arg… no digas así mi nombre, parece que fuera "extrakinmokiano" – el chico se cruzó de brazos e inflo las mejillas un poco. A Venus le pareció adorable desde su escondite.
—Sí es de otro planeta. A tu madre le gusta mucho la historia y mitología de la Tierra; ¿Recuerdas? – rio la morena —. Como sea, no te desvíes del tema.
—Tengo deberes que cumplir— él cruzó el arco sobre su pecho y se ubicó junto a la chica.
—Sí, como escapar en tu primera misión a la Tierra y traer a un montón de desconocidos a Kinmoku — el chico arrancó una rama del árbol con molestia.
—Aún no apruebas lo que hice... – dijo con tristeza en su voz la morena.
—Seika.
—... aún cuando sabes que era muy importante para mí – ella miraba la hierba del suelo moverse con la brisa, sus ojos intentaron humedecerse pero lo contuvo.
—Fue arriesgado y estúpido — el fijo sus ojos en ella.
—Era algo que debía hacer, por mi padre...
— ¡Podría haberte ayudado! – exclamó en un tono que fue superior a su intención y la chica se percató que su mirada estaba en ella.
—Pero...
—Ahora todo será más difícil – la rodeo con sus brazos antes de que pudiera replicar o cuestionar sus palabras.
—No tiene porqué serlo – dijo ella en un suspiro. Él apoyó la frente en el hombro de la chica.
—Es más complicado pedir la mano de una Sailor que la de una doncella... – se escuchó un gemido casi ahogado de los femeninos labios de la morena – ... sobre todo si eres el príncipe – sus ojos se encontraron con los de la asombrada chica cobijada bajo sus brazos.
Casi al instante la rubia lo vio atrapar los labios de la chica de cabellos color noche y Venus podría haber tocado el suelo con su labio inferior de lo abierta que tenia la boca por el asombro de ver y oír la escena. Se volteo y apoyó su espalda contra la corteza del árbol que la cubría. Ese paseo había salido más divertido de lo que había imaginado. No sabía porque pero le causaba mucha felicidad ver esos romances juveniles desarrollarse ante ella. Quizás era porque añoraba tanto haber tenido ese tipo de aventuras románticas en su adolescencia y ahora que era adulta las cosas se veían distintas. Además siempre era emocionante saber algún secreto de los demás. Y ¿Para qué disimular? El ánimo de la diosa del amor se encendía al ver ese mismo sentimiento en el aire.
Que emocionante hubiera sido vivirlo en carne propia. Con este pensamiento se encaminó de vuelta al castillo. Tal vez podría molestar a Yaten un rato. Sonrió ante este pensamiento cuando vio pasar corriendo a Mars con un chico rubio de su mano.
—No tardo mucho… se lo tenía bien guardado – pensó para sí la Sailor del amor. Pero luego de examinar bien la situación se dio cuenta de algo, que la dejo perpleja.
Mars corría presurosa, cuanto antes llegaran a ver a la reina más rápido podrían buscar "el algo" que Seiya necesitaba. Él por su parte, regañaba entre dientes. Nunca le gustó el cabello rubio, sentía que no le sentaba en lo absoluto pero precisamente por eso es que la sacerdotisa había conjurado algún maleficio (a su parecer) para dejarlo de ese color. A parte de que su rostro había sido levemente modificado. Y parecía un chico de 16 años.
—Detente ahí mismo… — Venus se cruzó en su camino.
—Ahora no, tengo prisa – le refuto Mars.
—No iras a ningún lado hasta que me digas… – dijo refiriéndose al chico –, adónde vas, Seiya Kou – él se puso pálido y Mars comenzó a tartamudear.
— ¿C-como q-que Seiya Kou? ¡Pues no estás viendo que es…es! K-kou…ta… ¡Kouta, así se llama! – trato de explicar la morena. Mientras el ahora rubio movía la cabeza.
— ¿Cómo lo notaste? – pregunto confundido.
—No me subestimes, querido.
—Está bien – se rindió.
—Además eres pésimo no actuando como tú, si me lo preguntas – lanzo una carcajada melodiosa.
—P-pues no estoy acostumbrado a esta apariencia aún. Debo pasar desapercibido ¿Qué haría el resto del mundo si me ven aparecer de la nada? Causaría pánico en el reino por decirlo menos.
Luego de explicarle a la rubia en qué consistía su "visita" y quedar de acuerdo en que ella los ayudaría. Se puso de pie y afirmando una mano en su cadera, lo apuntó.
—Entonces – dijo ceremoniosamente –, tendremos que darte una identidad para que puedas andar libremente por el reino y no causar sospecha – lanzo un suspiro y luego de varios "veamos", algo pareció iluminarle – ¡Kouta! Te llamarás así – mientras Mars la regañaba por robarle su idea, el chico solo pensaba en volver a ver a su bombón.
—Está bien. Me agrada tener aliadas.
—Pero… - sus ojos celestes se volvieron de hielo –, si haces algo que la dañe. Te mataré. No importa adonde tenga que ir a buscarte – él la miró fijo y su compañera asintió.
— ¿Entendido?
—No es mi deseo hacerla sufrir – les sonrió –, Solo estoy siendo un poco egoísta – dijo esto en un murmuro que se perdió entre sus labios.
...
...
...
— ¡Eres un inconsciente! – Le regañaba Taiki con un tono de preocupación que alertó al peli plateado -con su cuerpo masculino nuevamente- más de lo que pensó.
—Lo sé... – sus ojos verdes estaban fijos en el suelo.
—Mira nada mas en qué estado has quedado.
—P-pero no podía dejarla ahí...
— ¡No me refiero a eso! – Lo miró con sus violáceos ojos y luego se permitió una pausa de calma para continuar –; ¿Lograste drenar todo el veneno?
—S-sí.
— ¿Entonces ella está fuera de peligro?
—Eso creo. Por algo vine a verte – miró hacia un lado.
—Dioses, ni siquiera después de tanto tiempo puedo dejar... – respiró una vez más el castaño y se dirigió a su compañero –, Yaten; ¿Qué tan grave fue?
—No lo sé a ciencia cierta. Sólo evaporé todo el veneno que sentí en su cuerpo con mi técnica.
—Y lo hiciste bien — dijo con sarcasmo.
—Fue valiente… ni siquiera gritó.
—Ashhh… Me alegro que ella esté bien porque ha disminuido considerablemente tu fuerza vital. Sin mencionar que usaste tu poder senshi y perdiste parte de tu morfología durante bastante tiempo, resopló –. Al menos a ti puedo tratarte, pero si Sailor Venus quedó con algún gramo de veneno en su cuerpo, esto podría ponerse grave. Yo no tengo la habilidad para tratar a alguien de otro planeta afectado con esa sustancia.
—Maldición ¿De dónde salió esa condenada planta? – apretaba los puños mientras Taiki lo miraba divertido.
—Bueno, por lo menos pudiste reconocerla... ¿La enterraste?
—Sí.
— ¿Muy profundo?
— ¡Sí!
—Ok, ok… y ¿Qué tal salió esa cita? – las mejillas del peliplateado se encendieron al instante y miró hacia un lado.
—No molestes con eso.
—Por lo menos hiciste las paces con ella, Romeo.
— ¡YA CALLATE!
—Ja ja ja Tranquilo — y mientras se reía de su gruñón compañero pensaba "¿Quien iba a pensar que de verdad le gustaba?"
...
...
...
Serenity sonreía mucho y se alegraba que la vida de Kakyuu hubiera dado un giro tan positivo. Se encontraban en los jardines, atendiendo a algunos asuntos diplomáticos que la soberana de Kinmoku debía estudiar. La rubia contemplaba a su alrededor sin ver nada en especifico cuando divisó la oscura cabellera de Plut dirigirse a ellas, se levantó desde donde estaba sentada para hacerle señas a su amiga. La morena le indicó que se acercara y así lo hizo. Camino un par de pasos y cuando iba a preguntarle a la Sailor el motivo de su llegada, se dio cuenta de que no estaba sola.
Quedo petrificada.
— ¡Tú!... p-pero...
—Puedo explicarlo — fue lo único que logro decir Seiya al verla — Lo juro.
La Sailor vio divertida la reacción de la rubia. Podría tener 90 años y su expresión infantil al recibir sorpresas nunca dejaría de causarle gracia. Todos los presentes se sorprendieron con la naturalidad que Serenity se lanzó a los brazos de Seiya y como éste mismo le correspondió. Parecía una escena sacada de alguna revista y ellos no se veían menos felices. Todo fue alegría y romanticismo hasta que se escuchó el golpe de un cuerpo contra el suelo. Todos miraron al instante y descubrieron a Kakyuu desplomada sobre el césped.
—Parece que a ella le sorprendió más que a nosotras — dijo Plut al tiempo que la ayudaba.
— ¡Pero qué demonios! – la voz alterada de Mars al aparecer no sonó menos sorprendida.
Los que acompañaban a la morena no estaban menos asombrados por la inesperada aparición de "Seiya" quien con toda naturalidad se quedo abrazado de la reina rubia mirando a todos con una expresión divertida. Venus tuvo que tomar la mano del verdadero Seiya para que no se abalanzara sobre el impostor que había causado la conmoción que él había querido evitar.
— ¿Que está pasando aquí? — se escuchó la juvenil voz masculina. Y tras esa voz un balbuceo femenino.
— ¡Kouta! — Exclamó Venus sosteniendo su mano –. Recuerda que aun eres un desconocido – le susurró al oído la guardiana del amor.
—Oh, hiciste un amigo, Mina – dijo alegremente Serenity – ¡Qué bueno! – y rió, esa risa cantarina que inundó el corazón de su fiel estrella.
Vieron con frustración al falso Seiya rodear nuevamente a Serenity con sus brazos y acariciar con ternura su cabello, recorrerla con sus ojos y depositar un tierno beso en sus labios.
Seiya jamás pensó que esa visión sería tan dolorosa.
Continuará…
Notas de la autora:
Chaaaaaaaaaaannn
Sé que muchas querrán matarme, apedrearme, tirarme por un barranco... o cosas peores xD quien sabe.
Siempre he sido amiga de las palabras directas y sin rodeos: asi es que
Gomen!
Lo siento mucho, mucho mucho mucho!
Algunas sabrán las penurias por las que he pasado para poder subir este capitulo y a otras les valdrá un comino xD pero les cuento que no tengo pc y estoy desde el de mi cuñado que muy amablemente me lo prestó.
Quizás ya perdiste el hilo querid Lector o lectora, por suerte puedes leer los capítulos anteriores y asesinarme luego. Aun que si lo haces jamás sabrás en que termina, por lo que pido piedad -.-
En este punto me detengo porque debo agradecer a PaulaLunatica que muy amablemente me prestó asistencia :D Te adoro nena ¡sos grosa! (lo dije bien? xD) Me alegró mucho que fueras parte de este cap tan especial.
Por supuesto no puedo dejar de agradecer a ti amable lectora o lector que te detienes a leer las locuras de esta autora, las comentas y en otros casos las detestas. Simplemente GRACIAS Tú me haces el día
Los comentarios los veré con mas detenimiento, porque debo darme el mismo tiempo de responder a sus reviews que el que uds se tomaron en escribirlos, ahora si se me pasó alguno me dicen por fis. Mi cabeza está en venus en estos dias .-.
Cuidate
Bye
