Lo que llevo por dentro

- Capítulo 10 –

Los adorables personajes de este escrito pertenecen a Naoko Takeuchi. La historia es de mi autoría porque me encanta escribir sobre ellos y enredarlos en mi mundo


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Los rayos del sol se sentían más cálidos sobre sus mejillas, el ventanal por el que miraba al horizonte le permitía tener una hermosa vista de las afueras del castillo. Probablemente sería la mejor vista de todo el edificio. Obviamente si era el príncipe tenía ciertos privilegios, sonrió ante este pensamiento, ya que ser miembro de la realeza nunca le había molestado en forma significativa. Salvo por las últimas circunstancias, que lo habían hecho cuestionar y poner en una balanza los privilegios y deberes que traía ser el heredero de Kinmoku. Y las adversidades que venían con eso.

Pólux estaba de pie contra la luz del sol entrante en su ventana, digiriendo estos pensamientos y meditando, cuando sintió removerse entre las sabanas de su cama a quien descansaba ahí. Volteo para verla abrir sus azules ojos y desperezarse. De pronto ella se exaltó al verse en un lugar desconocido.

— ¡¿Dónde estoy?! — gritó antes de ver al príncipe que estaba a su lado

— Estás en mi habitación — respondió él, calmadamente.

— ¡¿Qué?! — se alarmó, primero porque Sailor Maker la regañaría; y segundo porque no recordaba de qué modo había terminado en ese lugar —¿Cómo llegue aquí?

— Yo te traje — volvió a decir pero con un tono de obviedad que le causo incomodidad a la chica.

— P-pero… que… — ahí recordó lo que había pasado un rato antes en los jardines reales.

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Flashback

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Seika y Pólux caminaban de vuelta al castillo, él tenía una clase con uno de los asesores de Kakyuu y ella debía presentarse ante su líder. Parecía que aunque tuvieran dificultades, su ánimo mejoraba cuando estaban juntos. Se encontraban entrando al portal de flores doradas que recibía a los invitados al ingresar al castillo cuando vieron un alboroto. Gente que corría de un lado a otro y todos parecían congregarse en las afueras del balcón real.

— Vaya ¿Por qué tanta prisa? — le preguntó Seika a una niña que llevaba una linda corona de flores.

— ¡Es Lord Seiya! ¡Ha regresado! — la chica quedó pasmada ante la revelación de la niña

— Eso es imposible ¡Quien te dijo eso! — exclamó asustando un poco a la pequeña.

— Todos... ¡Dicen que esa reina con cabellos dorados hizo un milagro! — la muchacha salió disparada hacía los jardines del castillo. El príncipe fue tras ella tratando de seguirle el paso.

Llegó a donde estaban reunidos recibiendo al milagro regresado de la muerte. Seika entró al lugar hecha un cohete y al entrar a la terraza real…

… lo vio.

Su cabello, el porte, su andar y su encanto. Todo estaba ahí. Lo vio y las lágrimas brotaron sin cesar de sus ojos. Casi se desmayó pero Pólux llego a tiempo para sostenerla.

— Padre… — su voz apenas salió de sus labios pero fue suficiente para llamar la atención de los presentes.

— ¡Seika! — la recibió Serenity, que no había notado la rápida fuga de Venus y compañía tras la aparición de la actual Sailor Figther.

— ¡Ven aquí pequeña! — Kakyuu la llamó también, sabiendo el peso que debía tener encima con el encuentro con su padre.

Todos estaban felices de haberla visto llegar. El falso Seiya, sin embargo, permanecía impávido. Ver a su hija no parecía haberle causado mayor revuelo y sus ojos inexpresivos no pasaron inadvertidos para el príncipe, que lo miraba con desconfianza. A él no le parecía tan milagroso el regreso abrupto de Seiya.

Seika se acercó a su padre. Paso a paso su corazón latía más y más fuerte. Cuando logró llegar hasta él para alcanzar su mano, una sensación de desasosiego se apoderó de la peli negra y un peso en el pecho se le hizo tan insoportable que se desvaneció.

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Fin del flasback

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— Luego te traje aquí. Pensé que sería lo más seguro — dijo el chico de cabellos cobrizos con un tono seco y duro.

— ¿Lo más seguro? — la chica trató de sonreír — No es como si estuviera en peligro.

— No me digas que no te sentiste extraña junto a él — la muchacha se mordió el labio, no quería admitirlo. No podía. No después de tanto tiempo extrañando y sufriendo para dudar que su aparición no fuera un hermoso milagro. Sus zafiros encontraron la mirada inquisitiva de su compañero, él estaba convencido de lo que sentía y si Pólux se destacaba en algo era en que su intuición jamás lo traicionaba.

— No sé qué pensar realmente — abrazó la almohada más cercana y apenas sintió el peso del chico al sentarse en la cama.

— Bueno, no importa si no confías en lo que te digo…

— No he dicho que no confío en ti — su tono seguro sorprendió al chico, que luego de darle una sonrisa, continuo

—…sólo quiero que tengas cuidado ¿sí? — acarició con suavidad una de sus mejillas.

— Estaré bien — sus femeninos labios dibujaron una sonrisa burlona — Además tengo un príncipe a mi disposición para cuidarme ¿Qué mejor ventaja? — una almohada terminó golpeando su rostro y devolvió el gesto, riendo.

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Se paseaba tanto que Venus podía ver un surco en el suelo a los pies del pelinegro. Seiya (el verdadero) lo sabía, lo tenía más que claro. Esta era una treta de alguna entidad divina que lo odiaba. Porque no podía ser de otra manera. Algún ser de las alturas se ensañó con él porque hizo algo terrible al enamorarse de la princesa de la Luna.

- Debería caerme un rayo y listo. Problema resuelto, no mas Seiya , no mas dilemas – la que escuchaba, enfundada en un traje de marinero naranja, a su lado, lanzó un soplido en su cómoda posición recostada sobre su cama.

— ¿Puedes calmarte? — pedía la rubia, aburrida de ver el ir y venir de Seiya, que se había hartado de estar disfrazado y había tomado su forma nuevamente

— Esto es una locura — al fin encontró el borde de la cama y se sentó pesadamente sobre ella.

— Iré a ver a Mercury — dijo sorpresivamente Mars, quien había permanecido en silencio y luego de decir la frase salió rápidamente de la habitación. Dejando a los otros dos, curiosos y angustiados. Venus miró a su compañero.

— ¿Te encuentras bien? — el moreno tenía sus ojos clavados en el techo.

— He estado mejor — una amarga sonrisa se dibujo en sus labios

— Tranquilo, las cosas saldrán bien — de pronto él se vio acunado entre los brazos de la rubia. Su esencia era muy cálida y le transmitió un sentimiento muy reconfortante. Incluso su enguantada mano sobre su cabeza fue un gesto que se le antojó cordial. Tal vez porque había pasado mucho tiempo en un mundo frío y solitario, algo que para un ser de contacto como era él se hacía muy difícil de asimilar — Debes confiar en ella — susurró en su oído.

— Gracias — sonó como un suspiro y Venus sintió que había logrado su fin: él estaba más tranquilo. Después de todo, Seiya era uno de los pocos hombres que le hacía sentir un cariño fraternal que le despertaba un instinto al que podría llamarse materno. Quizás hubiera sido lindo haber formado una familia alguna vez, pensó la rubia con su guante entre los oscuros cabellos.

El sonido seco de la puerta los sorprendió. Venus sintió un escalofrío intimidante en su espalda. Yaten estaba de pie tras cerrar la puerta de la habitación de la rubia.

— ¿Qué no sabes tocar una puerta? — Venus advirtió que Seiya intentaba ocultarse tras de ella.

— Explícame, ahora — el peli plateado se cruzó de brazos.

— ¿Qué quieres que te…?

— No tú… — en dos pasos estaba frente a la rubia y en un movimiento sacó de su mal escondite a quien ya no tenía escapatoria —… ¡Seiya! — su voz salió como un regaño.

Venus estaba pasmada y su compañero no atinaba a hablar. Yaten lo miraba de arriba abajo esperando que el otro hablara.

— Yo… — su hermano apretujaba sus brazos y le daba pequeñas sacudidas.

— ¿En verdad eres tú?

— Al parecer — Seiya retomó su habitual personalidad y lanzó una carcajada

— ¡Eres un idiota! ¡Cómo demonios regresas y no nos contactas! — Yaten lo sacudía de los hombros — ¿Tienes alguna…idea de lo que hemos pasado?

— Yaten…

— Eres un inconsciente… como siempre — y abruptamente lo apretujo entre sus brazos. Seiya lo sintió estremecer un poco y luego lo separo de su cuerpo para regañarlo nuevamente — Ahora ¡explícame!

— Yo iré a ver cómo va Mars — Venus había zafado olímpicamente la situación y estaba a punto de llegar a la puerta.

— Minako… — la rubia sintió los verdes ojos clavados en su espalda — ...regresa aquí, de inmediato — lentamente volvió sobre sus pasos y se sentó sobre la cama otra vez. Se sintió como cuando su madre la regañaba en sus días escolares.

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Serenity sonrió. Desde su habitación el jardín del castillo real de Kinmoku se veía hermoso, tanto como recordaba los jardines del Milenio de Plata y eso le daba tranquilidad. Aunque últimamente tranquilidad era lo que menos había tenido

—Tenemos que hablar — dijo Serenity, aun sentada en su lugar y bebiendo té. El hombre que había estado a su lado se sorprendió de la seriedad de sus palabras. Obedeciendo tomó su lugar frente a ella. Se sintió observado y la mirada azulina de la Reina de Tokio de Cristal, le revolvió las entrañas y le hizo sentir una calidez que le pareció asquerosa.
— ¿Sobre que? — trató de permanecer calmo.
— Quiero que me cuentes quien eres y porqué estas aquí — le dijo con un tono afable y comprensivo. Como cuando una madre aconseja a su pequeño. El rumbo de la conversación se volvió tenso y él sólo sonrió para tomar su taza y beber del propio líquido.
— Muy astuta... — unos destellos salieron de su cuerpo dejando atrás la figura masculina que entre chispas de colores y luces se dejó ver una muchacha de largos cabellos castaños con atuendo griego.

— ¡Minerva! — la reina del Tokio de Cristal recordó lo que Taiki le había comentado sobre la existencia de la Guardiana del Reino de los Sueños. Debía ser cuidadosa pues era un ser caprichoso y si se había tomado la molestia de llegar hasta ella era por una razón no menor

— Sí, me descubriste muy fácil.

— Cuando el cristal de plata despertó y pude controlarlo completamente, he desarrollado mas algunos sentidos — la rubia miro a su compañera y esta sintió un poco de presión en sus palabras.

— ¿Cuando te diste cuenta?

— Bueno, me engañaste por un segundo. Incluso su esencia es parecida pero el beso... fue demasiado ¿No crees? Él...

— Sí, ya lo sé. Fue exagerado. Pero, escucha, he venido a advertirte algo.

— Tu disfraz fue muy particular — Serenity bebió de su té, parecía no prestarle atención a la advertencia de Minerva.

— Eso no importa, debo decirte algo importante.

— Y trataste a Seika con mucha descortesía — el regaño por parte de la rubia causo el efecto deseado pues la muchacha se mordió los labios

— No lo noté — mintió la castaña.

— Muchos sospechan de ti ahora — Serenity seguía bebiendo su té con mucha calma mientras la chica a su lado estaba impaciente.

— Eso no me interesa ¿me vas a escuchar?

— ¿Qué sucede?

— Seiya… — la chica vio como los ojos azules se abrieron enormes —… él está aquí

— ¿Qué? — Serenity se levantó de su puesto.

— Pero debes tener cuidado. Él vino en busca de una solución para volver a vivir.

— ¿Cómo puede ser?

— Quiere volver a estar contigo pero como está atrapado en el Reino de los Sueños no tiene posibilidad de reencarnar. Aunque puede hacer un intercambio

— ¿Q-que quieres decir?

— Puede volver a la vida, si cambia la suya… por otra — una pequeña sonrisa imperceptible para la rubia se dibujo sobre los labios de la chica.

— ¡Eso es mentira! Seiya no haría algo así.

— Sólo vine a advertírtelo. Él me pidió volver porque después de verte no soportaría estar sin ti en el otro mundo. Estaba tan triste.

— Y… ¿qué puedo hacer?

— ¡Debes impedir que tome esa vida! Yo cometí un error al decirle pero está decidido y no se echara para atrás.

— Aún no puedo creerlo. No puedo creerte

— Bueno, es que hay una salida. Tú puedes… no, no puedo pedirte algo así —se volteó con una maléfica sonrisa en los labios.

— Dímelo — la voz de la rubia sonó como una orden

En ese momento entró Venus a la habitación. Estaba algo apresurada y le hacía gestos a Serenity para que le pusiera atención. Miró a la extraña chica que la acompañaba pero no le dio importancia.

— Mi reina, debo comunicarle algo con urgencia.

— Adelante, no se preocupen por mi — concedió Minerva, contrariada por la interrupción pero sin dejar que vieran su molestia. Solo siguió bebiendo su té. La Sailor rubia se acercó y le habló al oído a su reina.

— Serena, necesito que vengas conmigo de inmediato — susurró.

— ¿Porqué? ¿Qué ocurre?

— Ese que estaba contigo antes no es el verdadero Seiya, es un impostor…

— Lo sé — murmuró y Venus se sorprendió.

— Él está en mi habitación ahora. Quiere explicarte y…

— Está bien. Espérame un momento.

— Pero…

— Iré en seguida — Venus hizo una reverencia y se retiro. Serenity volvió con Minerva.

— Puedo decírtelo ahora mismo y salvaras a Seiya, querida — la chica la miró, segura que la reina de Tokio de cristal estaría desesperada por una solución para recuperar a su amado.

— Minerva, no digas más. Seiya está muerto, eso no se puede cambiar. Ni yo, ni tú o nadie tiene el poder para hacerlo — el rostro de la chica castaña se deformó en una mueca de incredulidad inesperada. La rubia ignoró su expresión y continuó — Ahora, si hay alguna probabilidad de que él haya vuelto, necesitamos ver que ocurrió y ayudarlo a descansar otra vez— Minerva sonrió socarronamente.

— Veo que lo tomas con mucha madurez, princesa de la Luna.

— Te agradezco los momentos que gracias a ti pase con él. Pero no sé porque vienes a mí para decirme estas cosas.

— Bueno — la joven se levantó de su lugar — quería divertirme un poco. Pero ustedes se empeñan en no seguir mi juego.

— ¡La vida de las personas no son un juego!

La castaña la miró desafiante

— Entonces ¿no escucharas lo que tenía que decir, alteza?

La rubia negó con la cabeza. Entonces la muchacha se dirigió a la puerta con su danzarín caminar. Le lanzó una ultima mirada antes de abrir la puerta y le advirtió

— Luego no te quejes que no te di la oportunidad — el tono sombrío en sus palabras fue aterrador — Me llevaré lo que es mío, no lo impedirás — y desapareció con una brisa congelada.

Venus entro rápidamente

— ¿Qué fue eso?

— Un problema

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Era la tercera vez que Yaten le hablaba a Seiya y este, inmerso en sus pensamientos, dejaba de prestarle atención. Así que cuando sintió que le arrojaron un cojín en la cabeza, se dio por aludido.

— Te estoy diciendo que cuando la buscaras, Seiya.

— No lo haré

— ¿Qué? ¿Por qué no?

— No puedo…

— Es tu hija.

— Precisamente. No puedo causarle mas problemas

— Esa niña muere por verte otra vez

— Yaten... — pero no pudo continuar, la brisa cálida y el aroma a flores que despedía la presencia que acababa de llegar a la puerta de la habitación fue mas fuerte y se llevó toda la atención de Seiya.

La puerta se abrió de par en par, el vestido pálido asomó por el portal y los largos cabellos rubios hacían lo suyo al compás de su andar. Al verla entrar su sentido de la cordura se fue al demonio, sólo deseaba ver esos ojos mas de cerca, oler su aroma mas fuerte y tener su piel entre sus brazos.

En tres pasos Seiya estaba frente a ella. Él definitivamente sí era el real, lo decía el brillo de su cristal que adivinaba sus deseos y añoraba lo mismo que su corazón. Lo vio detenerse a mirarla y de pronto se vio entre sus brazos. Sus manos fueron a su pecho instintivamente y le reconfortó saber que él estaba ahí. Ya luego se preguntaría mas cosas o lo interrogaría, ahora sólo quería estar entre sus brazos. Para siempre.

La dama de vestido blanco sintió un extraño cosquilleo recorrer su espalda y comprendió que este sí era el verdadero, su Seiya. Su piel fue recorrida por el contorno que definía el escote del vestido desde los hombros hasta la cintura. Sin duda esa sensación era idéntica a la que alguna vez tuvo en un lejano día escolar cuando salió en su cita con él. El que ahora batía sus pestañas mirándola con ternura y que había regresado del otro mundo para…

— Seiya ¿Por qué has vuelto?

— Bombón… yo… sé que tengo mucho que explicar pero dame un minuto

— ¿Un minuto? ¿Para q…? — sus labios fueron abrazados por sus cómplices en el gesto que demandaron por años y que sólo habían completado en el mundo de los sueños. Pero este era uno real, un beso que traspasó la barrera de las sensaciones y que les regaló el momento más fantástico del universo.

Yaten y Venus los miraban pasmados, el primero con molestia y la segunda con los ojos brillantes ante el romántico instante.

— Hey, Yaten — Venus le dio un codazo al peli plateado mientras susurraba — Podríamos aprovechar de practicar a ver si nos sale tan bonito — y estiró sus labios en un ademán del beso.

— Ni de broma. Las demostraciones públicas de afecto me molestan. Además lo último que me gustaría sería verme así — apuntaba a Seiya con desdén.

— ¡Yaten! Aceptaste que me tienes afecto. Oh, eres tan romántico — pestañaba con ilusión mientras decía esas palabras.

— Cierra la boca — y se cruzó de brazos mientras la rubia se colgaba de una de sus extremidades, muy alegre.

Seiya terminó por darle pequeños besos a su amada en los labios rosa y la aferró a él tanto como le fue posible. Pero luego de unos minutos Serenity se apartó un poco y con los ojos brillantes le suplicaba una respuesta.

— Escucha, he venido porque tengo que decirte algo muy importante.

— ¿Es verdad?

— ¿Qué cosa?

— ¿Que vienes a buscar un vida a cambio de la tuya? — hizo un puchero tal cual hacía antes de llevar la corona en su cabeza — ¿Es cierto?

— Bombón, claro que no. ¿Quién te…? — súbitamente muchos pensamientos inundaron su cabeza — ¿Quién te lo dijo?

— Fue Minerva, ella estuvo aquí

— ¡¿Qué?!

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— Entonces, señorita vanidosa ¿aceptaras que yo gané esta vez? — decía el muchacho contorsionado sobre el cuerpo de la joven que luchaba por liberarse de su agarre.

— ¡Nu-nunca! — replicaba la chica de largas coletas azabache que con un movimiento de sus piernas hizo una pirueta y logró quedar sobre el chico y tomarlo por ambas muñecas — Sailor Star Fighter nunca se rinde — sonrió con sorna y el de cabellos cobrizo aflojó sus manos.

— Está bien, está bien. Tú ganas, siempre ganas — dijo derrotado, sentándose en el suelo mientras sobaba sus muñecas.

— ¡Así es! — la chica mostraba sus blancos dientes en una sonrisa que al fin dejaba de lado su malestar anterior. Eso le alivio al joven príncipe de Kinmoku

— La próxima vez te... — el chico se puso alerta, una presencia maligna se acercaba y la sintió llegar peligrosamente a las afueras de la habitación donde estaban — Que es eso

De pronto las puertas se abrieron, una fría brisa inundó el lugar y el chico vio entrar a un ser translúcido que flotó por el cuarto.

Que linda escena — dijo con múltiples voces el ser extraño. Parecía buscar algo y cuando localizó su objetivo, Pólux vio a Seika envuelta en un torbellino azul, trató de acercarse pero al tocar el remolino salió disparado en dirección contraria. Sintió un peso sobre su cuerpo y luego vio desaparecer a la morena junto con el ente extraño. Sus ojos se cerraron contra su voluntad. El grito silente de la muchacha fue lo ultimo que vieron sus ojos antes de la oscuridad.

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Continuara...


Notas de la autora

Pensaba subir dos capítulos pero no se va a poder xD

Aunque trabajo en el próximo, así que no sera mucha la espera

Espero múltiples verduras contra mi, no solo tomates