Lo que llevo por dentro
Los personajes le perteneces a Naoko Takeuchi. Yo escribo sobre ellos por que me entretiene
Palabras de la autora
Supongo que no hay perdón para mi constante retraso. Sólo puedo dejarte, amada lectora o lector, la promesa que esto seguirá...
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Corría como si alguien se hubiera llevado su alma, y en parte así era. El gélido resplandor salido de la habitación del príncipe fue una alerta grave de que algo siniestro estaba cerca y mucho tenía que ver con la presencia de Minerva en el lugar.
Seiya fue el primero en entrar y ver al príncipe inconsciente y con un librero sobre él. El de oscuros cabellos se acercó rápidamente para ver si estaba con vida y se quedo más tranquilo al ver que respiraba. Rápidamente quitó el mueble y arrastró con cuidado al chico hasta su cama. Sus cabellos cobrizos se mezclaban con las manchas de sangre que tenía sobre la frente. Seiya lo contempló y se sorprendió de cómo había pasado el tiempo para él y para la gente que se había quedado en Kinmoku. Recordaba que había dejado a un aprendiz muy talentoso pero inexperto y ahora veía a un joven que había crecido fuerte para ser un apropiado sucesor de Kakyuu.
— ¿Dónde está Seika? — Serenity, que llegó tras Seiya junto con Venus. Examinaron la habitación sabiendo que la chica estaba con el muchacho. Pero no había rastro de ella. El moreno, con fuego en los ojos, salió hecho una furia de la habitación y casi choca con su reina en el camino.
— ¡Santo Cielo! — Kakyuu había advertido lo mismo que los demás y había llegado tan rápido como le dieron sus pies a la habitación de su hijo. Lo llamó sin éxito, el joven parecía haberse quedado sin energías. La reina rápidamente ordeno que trajeran un médico para examinar al príncipe. Los demás se quedaron en el cuarto. Serenity percibía un aura obscura que había dejado un gran rastro por todo el lugar sin embargo lo que más le llamó la atención fue ver la tiara con detalles de estrella tirada en el suelo, la cogió y salió de ahí para mostrársela a Seiya, que no podía creer lo que veían sus ojos.
— Se la llevó — murmuró angustiado el hombre que estaba a punto de desfallecer — ¡Se atrevió a tocarla!
— Seiya, debemos pensar en un plan — intervino Yaten, que los alcanzó presuroso tras dejar a la reina Kakyuu junto a su hijo.
— ¡Yo te diré mi plan! Ir y destruirla — Seiya salió del pasillo con la tiara entre sus manos.
— ¡Espera! — Serenity quería ser la voz de la razón pero comprendía cómo se sentía él — Tranquilo, comprendo como estas, pero debes calmarte un poco — tomó con suavidad una de sus mejillas y lo sintió desplomarse sobre su hombro.
— Tengo que volver. Ya no importa nada más que salvarla— apretó los puños sobre el abrazo de la rubia y decidido, se irguió — Debo hacerlo… lo siento — murmuró con dolor en la voz, cualquier plan descabellado para quedarse se iría al olvido con toda la esperanza que pudieron tener de estar en paz. Seiya sabía que el destino jugaba con él pero que involucrara a las personas que amaba lo destrozaba.
La rubia lo observó un momento, conocía esa mirada y la determinación dibujada en ella fue suficiente para unirse a él. Rápidamente tocó su broche de transformación y en un tris, Eternal Sailor Moon estaba ahí.
— ¡Vamos! Iremos juntos a traerla de vuelta.
— En verdad me sorprendes, Bombón — la tomó por los hombros — Pero no puedo dejar que vayas conmigo
— ¿Por qué no? Soy la Reina del Tokio de Cristal, he mantenido la paz en mi reino durante mucho tiempo, he luchado contra muchos enemigos y aparte de eso soy Sailor M… — en medio de su discurso sintió los labios del moreno sobre los suyos, cada vez el contacto le parecía más y más agradable. Se separaron y la mirada de él sobre sus ojos le transmitía algo que la hizo sentir tranquila.
— Iba a decirte que no quería ponerte en peligro pero no importa lo que diga me seguirías de todas formas ¿verdad?
— No te creas el único con trucos bajo la manga, Seiya Kou — y su sonrisa fue lo más hermoso que vio en ese momento.
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Seika abrió los ojos de par en par, las muñecas le dolían y pronto averiguó el por qué. Estaba encadenada a una especie de soporte cristalino en el cual sus piernas parecían haberse fusionado y parte de ellas se perdía entre los destellos brillantes y multicolores. Intento moverse pero fue en vano. Elevó con dificultad su mirada y encontró a una chica de cabello castaño, vestida con una toga en el cuerpo, sentada en un trono. Paseaba sus delgadas manos por una bola de cristal, a la cual estaba muy atenta, hasta que escucho las cadenas de su prisionera moverse. Entonces miró a la chica morena y lentamente se puso de pie para acortar la distancia entre ellas.
— ¡¿Quién eres tú y qué pretendes?! – grito Seika sintiendo que con cada movimiento, incluso con cada respiro sus fuerzas se debilitaban. La chica le sonrió arrogante y acarició su mejilla.
— Vaya, sí que eres hija de Seiya – dijo con calma provocando el asombro en el rostro de Sailor Fighter.
— ¿Por qué conoces a mi padre? ¿Quién eres? — trataba con todas sus fuerzas de sonar estoica pero sus palabras sonaron como un lastimero sollozo.
— Soy Minerva, la sierva del mundo de los sueños, yo controlo esta dimensión plagada de deseos tanto puros como desagradables — se paseaba frente a un enorme espejo que cubría una pared completa — Este es el espejo que refleja los sueños de las personas de esta parte del universo… — parecía un ventanal al universo ya que estaba cubierta de estrellas —… ¡Ah! Aquí está. Esta es tu estrella mi pequeña amiga.
Luego de tocar el pequeño resplandor una imagen salto y cubrió el ventanal en toda su extensión. Seika vio con ojos húmedos lo que pasaba en la pantalla y que le apretó el corazón. Estaba ella misma de unos 8 años jugando en un columpio, iba y venía con el impulso de unas manos masculinas. Tenía unos protectores en las muñecas que lucían el escudo del consejo real de Kinmoku
— Vamos, pequeña — su voz sonó como una melodía maravillosa en sus oídos.
— ¡Mas alto, mas alto, papá! — Seika no podía detener los hilos cálidos que derramaban sus ojos.
Minerva observaba divertida lo que pasaba, sólo era un recuerdo para ella mientras que su prisionera lloraba con el corazón a punto de explotar. De pronto, se escuchó una tercera voz que hizo que la imagen se turbara en el espejo.
— ¡Hey! Ustedes dos, ya es hora de cenar — a lo lejos y desde la linda casa salió una figura delgada, con el cabello color miel y trenzado. No se podía distinguir muy bien porque el espejo, que parecía haberse vuelto liquido, no dejaba verla bien. Aunque Seika sabía que era su madre.
Minerva recitó unas palabras que la chica no entendió y trataba de calmar el "oleaje" que se había formado en el gran espejo. Mientras, dentro de este, los dos personajes se miraron con complicidad y corrieron hacia la casita. La imagen se disolvía entre la turba que se formó en el ventanal.
— Por favor… ya no lo vuelvas a hacer — con dificultad trató de hablar y encontró sus ojos con los marrones de la otra chica que la miró con una sensación extraña. Minerva no tenía la capacidad de sentir, pero luego de ver lo que provocó ese simple recuerdo en su prisionera, un malestar comenzó a removerle las entrañas.
— No me digas lo que tengo que hacer, niña — otra vez volvió a acercarse a Seika y la observaba con curiosidad.
— Ya verás, vendrán pronto por mí.
— ¿Ah, sí? — con un salto quedó junto a Sailor Fighter — Y ¿Quién vendrá? ¿Tus amigas? — Le sonrió y le hizo ver el espejo nuevamente, Sailor Maker y Sailor Healer corrían por un pasillo tras su reina — Ellas están ocupadas. O tal vez ¿tu novio? — el espejo mostró a Pólux inconsciente y con su cabeza sangrante sobre una cama.
— ¡No! ¡¿Qué le hiciste?! — en vano trató nuevamente de zafar de su prisión pero cuando pensaba que al fin había logrado trisar el cristal, este brilló y se apretó contra su piel.
— Por cierto, que buen gusto. Nada menos que el príncipe de Kinmoku… Creo que la arrogancia viene de familia — escupió con cierta molestia la chica que tras decir estas palabras pareció modificar un poco su morfología, su cuerpo de adolescente creció y sus caderas se ensancharon un poco, su busto también cambio de proporción y sus pómulos se marcaron dándole una apariencia más adulta. Seika la miró con extrañeza y Minerva hizo un movimiento de sus manos para que el espejo le mostrara su reflejo. Se vio con sorpresa, curiosidad y luego de estar satisfecha de mirarse, chasqueó los dedos y regresó a su apariencia de chica.
— Dime… que quieres… de mí… — Seika sentía que sus fuerzas la abandonaban, ya no le quedaba mucho tiempo para estar consciente y al menos quería saber porque estaba en ese lugar.
— ¿Qué quiero? — en un par de pasos estaba frente a la Sailor que ya se estaba rindiendo a la gravedad de su estado. Minerva apunto al centro de su pecho y algo parecido a su semilla estelar brilló frente a sus ojos, pero era transparente, parecía un cristal, pero se veían líneas opacadas que lo cruzaban — Quiero esto. Te voy a enseñar un pequeño truco, cuando el corazón de una persona está a punto de desaparecer esas líneas desaparecen, porque la persona olvida todos sus dolores y se entrega a la plenitud de su ser.
— ¿Y por qué… quieres el mío? — Minerva la miro divertida
— Oh, querida. Me alegra que tengas tanta confianza en ti, pero yo no quiero el tuyo. Tú sólo eres la carnada, para que mi presa regrese voluntariamente y sin retraso… — el espejo volvió a cambiar y mostró una última imagen ante ella. Seika a penas pudo sorprenderse antes de ceder ante el cansancio y perder la consciencia.
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Todos estaban en shock. Que algo o alguien hubiera irrumpido en el castillo y se haya llevado a una de las Sailor Starlights era un acto que no se podían explicar. Y menos aún que el príncipe estuviera herido de esa forma teniendo una habilidad sobre la promedio. Todos se tomaron un tiempo para prepararse porque lo que se venía, los separaría. Tal vez para siempre.
Esto daba vueltas en la cabeza de Yaten, quien le daba la espalda a Venus mientras ella, sentada a su lado, sólo contemplaba por la ventana. Nada de lo que dijera podría hacerle cambiar de parecer, estaba decidida y su semblante se lo decía sin mirarla.
— Pensé… — habló sorpresivamente —… tontamente, que ésta sería una oportunidad única en la vida.
— ¿A qué te refieres? — él se detuvo de lo que estaba haciendo. Su labor de acomodar algunas prendas que tenía a mano ya no tenía objeto al escucharla.
— Creí que al fin la maldición podría romperse ¿sabes? — sus ojos celestes estaban nublados — Tal vez podría escapar de sus palabras y… poder ser feliz, con alguien…
— Eres una tonta — se volteó para atraerla junto a él y la mantuvo firme entre sus brazos.
Sus delgados dedos femeninos se aferraron a las ropas del platino. Con fuerza, con temor. Se hundió en su pecho y descansó ahí un momento. Se estremeció al sentir una de sus manos sobre su cabeza rubia y la otra descansar en su espalda.
— Yaten…
— Silencio — su voz sonó autoritaria pero concediéndole un momento para hacerle saber que no le ordenaba nada.
— Debo irme con ella — su fina voz amenazaba con quebrarse
— Te dije que te calles — la atrajo aún más a su cuerpo.
— Lo comprendes ¿verdad? — elevó su vista para encontrar una firme mirada verdosa.
— ¿Quién podría entenderlo mejor que yo? Te vas y yo debo quedarme junto a mi reina.
— Lo sé, yo… — y sus labios se posaron sobre los suyos. Besarla siempre era arrebatado y sensual pero ahora su pasión le decía algo distinto entre sus labios. Le transmitía temor e inseguridad. Y no permitiría que se fuera de ese modo.
— Ahora… — le dijo el de cabellos plateados al separarse —…sal de aquí y cumple con tu misión— su voz otra vez sonó arrogante, con esa seguridad que le era tan característica y le regaló un amago de sonrisa mientras su mano limpiaba su mejilla y ella dejó escapar unas notas de risa.
— Lo haré — Su voz inundó el lugar y fue el sonido más dulce que él pudo escuchar antes de dejarla ir.
— Minako… — la rubia al fin escuchó su nombre y se volteó para admirar la expresión de platino —…no te atrevas a fallar.
— Claro que no fallaré. Además… — caminó a la puerta de la habitación —…debo regresar para enseñarte modales — sonrió la rubia antes de salir.
El ruido de la puerta hizo eco. En el cuarto tanto como en sus oídos mientras se repetía que debían volver a encontrarse. Sino no se lo perdonaría.
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— ¿Qué tanto estás pensando? — Taiki la interrumpió en sus pensamientos, había estado buscando una forma de hacer que el túnel al mundo de Los Sueños se abriera otra vez pero no encontraba una manera correcta de hacerlo y eso frustraba un poco a la Sailor de la Inteligencia. De todas formas siempre había sido muy complicado dedicarse a cosas científicas cuando a veces la respuesta estaba en lo más inexplicable.
— Estaba tratando de abrir un portal al Reino de la tal Minerva — miró al castaño con algo de molestia. Él estaba muy calmado, como siempre
— Bueno, en los últimos días ese portal se ha abierto en dos ocasiones y en ninguna ha sido por lógica. Deberías relajarte un poco — le sonrió acercándole una bebida caliente.
— Hablando de eso, me sorprende verte tan tranquilo con todo esto. Deberías ser un mar de nervios o algo así
— Amy, he aprendido con los años a confiar en mis hermanos. Yaten ya no es lo arrebatado de antes y Seiya… bueno, ya no era tan imprudente. Aprendió mucho de lo que le ocurrió, en los años posteriores a volver de la Tierra.
— Todos hemos aprendido con los años… ¿Me dirás qué conexión tiene Seiya con esa mujer?
— Vaya, creí que tardarías más tiempo en darte cuenta — río el castaño frente a la peli azul.
— Sí, bueno. No subestimes a quien diseñó el sistema de protección terrestre más eficaz de los últimos tiempos — tomó un sorbo de su café y vio a Taiki poner un par de libros frente a ella.
— Tenemos tiempo para planear algo — sonrió el castaño con complicidad
— Habrá que darnos prisa — y Mercury se puso a planear.
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Caminaba de su mano, la tenía fuertemente afirmada y quería por todos los medios mantenerla así.
— ¿A dónde creen que van tan apresurados? — la voz de Uranus interrumpió sus pensamientos.
— Ahora no es el momento, Tenoh. Tengo prisa — Seiya no tenía tiempo para jugar con ella.
— Es exactamente el momento, Kou. Silencia tu boca. Su alteza ¿adónde se dirige? — miró con una expresión temerosa a su reina.
— Vamos a rescatar a la joven Seika — dijo la rubia con determinación en su voz.
Uranus la miró un momento y sonrió. Puso su mano en el hombro de su protegida y presionó ligeramente.
— Acaso ¿crees que vamos a dejarte ir sola?
— No está sola…
— ¡Muérdete la lengua, Kou!
— Mi querida amiga — Serenity la abrazó — Gracias por tu lealtad.
— Iremos contigo — apareció Mars.
— Todas nosotras — continuó Venus.
— No te atrevas a dejarnos atrás — Jupiter y Mercury las seguían
— Y más cuando nos necesitas a tu lado tanto como nosotras a ti — la profunda voz de Saturn se escuchó también
Y la reina de Tokio de Cristal vio la imagen que siempre anhelaba ver cuando partía a la batalla, cuando peleaba y cuando regresaba. A sus amigas rodeándola para apoyarla y estar a su lado.
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Continuará...
Absolutamente leo todos los reviews. No pienses que no. Sólo me ha tocado vivir un momento difícil y no sé como expresar mi letargo. Pero aún estoy por aquí
