Lo que llevo por dentro

Capítulo 12

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Los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi. Yo escribo sobre ellos porque me entretiene


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Podría ser que estos fueran los únicos momentos que en verdad pudieran estar juntos, realmente. Y Serenity lo tenía claro. Por eso, su mano permanecía entrelazada con la de Seiya mientras caminaban por el jardín. Dentro de poco emprenderían su viaje hacia el mundo de los sueños, donde los esperaba una fuerza de la cual no tenían idea como enfrentarían. Se detuvo un momento al sentir que su compañero se había quedado atrás.

— Si quieres regresar, es tu oportunidad — la miro de reojo para captarla cuando frunció el ceño

— Ya te lo dije... — ella soltó su mano por un segundo para dar media vuelta y quedar frente a él —... no tengo intención de dejarte solo.

— Bueno, lo digo para que pienses un poco lo que tienes por perder, Bombón —acunó el rostro pálido con sus manos — El reino, tus amigas...

— ¡Ya pensé en eso!— unieron sus miradas — No quiero hacerlo más. Por ahora quiero hacer lo que deseo sin preocuparme de lo que vendrá... — sintió una pequeña caricia en su mejilla y vio el rostro sonriente de Seiya.

Se acercó a sus labios pequeños y brillantes y los unió a los suyos. Ya no se contuvo para explorarlos y hacer más cercano ese extraordinario contacto. Esa sensación tan lejana de soledad podía apagarse con ese solo acto de amor. Porque ese sentimiento, que permaneció oculto en su corazón mientras vivía, ahora temía tanto dejarlo salir otra vez y provocar un problema mayor. Pero aquí estaba, conquistando los límites de su piel y aceptando esa cálida sensación que lo invadía cuando estaba con ella, cuando podía rodear su figura diminuta con sus brazos y además tener la fortuna de darle este regalo, que le entregaba sólo una cosa y la agradecía.

Escucharon un carraspeo y se separaron levemente. Yaten los miraba con cara de "consigan un cuarto" y la nueva Sailor Healer, a su lado, sostenía una sonrisa un poco más que traviesa en el rostro cuando un ligero sonrojo adornó sus mejillas.

— Debemos planear la estrategia a seguir, Seiya. Taiki ya está investigando la anomalía en el espacio y enviará a alguien tras ustedes cuando tenga novedades…— el platinado detuvo su discurso al ver la expresión de Seiya. Estaba asombrado —… ¿Que te ocurre?

— ¿En verdad me quieren ayudar? — y sus ojos zafiro estaban brillantes.

— ¿Acaso te vino la idiotez? — Yaten lo obligó a separarse de Serenity y al voltear puso sus manos en ambas hombreras del moreno — Eres nuestro hermano, obvio que lo haremos. Además, esa niña es una senshi… es mi deber velar por ella — volteo la mirada un poco avergonzado. Evitó decir que Seika era como su hija para no hacer más penoso el momento y Seiya lo estrechó en un abrazo fraternal que demostraba su agradecimiento.

— ¿Qué haría sin ustedes? Incluso ahora les doy problemas

— Es tu propósito en la vida, al parecer — Yaten le sonrió con sus ojos verdes.

De pronto, Mars vino apresuradamente a su encuentro.

— ¡Necesito que me acompañen, rápido! — todos la miraron extrañados pero la siguieron de todas formas.

— ¿Qué ocurre? — preguntó Serenity mientras corrían tras la morena.

— Taiki y Mercury detectaron un flujo de energía extraño. Puede que sea una entrada al lugar que queremos ir.

Ambos sonrieron, esa era una buena noticia ¿verdad?

Llegaron con el grupo y el castaño les explicó que gracias al poder de transportación de las Sailor podrían captar fácilmente el flujo de energía estelar para poder seguirlo.

Todas estuvieron de acuerdo en que ir juntas era mejor para todos y así minimizar las posibilidades de un potencial fracaso.

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Serenity veía a sus amigas. Eran el mayor tesoro de su vida y las ponía en peligro todo el tiempo

— Sabes que daría mi vida por ti ¿verdad? — Venus interrumpió sus pensamientos cuando tomaba la mano de su reina y le daba una mirada profunda.

— Claro que lo sé pero jamás te pediría algo así — la elegante dama apretaba las enguantadas manos de su amiga.

— No estoy diciendo que lo pidas. Estoy hablando de otra cosa…— se mordió ligeramente los labios.

— Mi gran amiga, entiendo lo que quieres decirme. No sabes cómo sufro cuando ustedes han sido víctimas de grandes catástrofes por mi culpa.

— Perdóname, estoy pensando tonterías… —trató de contener el repentino sentimiento de escupir lo que pensaba— No es como si tuviéramos opción — se le salió de pronto mientras veía a Neptune acomodar el traje de Uranus con cuidado, lo que provocó un ácido y rebuscado sentimiento en su reina.

Serenity lo había pensado una y mil veces. Opciones, era lo que el resto del mundo tenía mas no así ellas que estaban atadas a un destino. Qué no daría porque sus amigas tuvieran una vida un poco más normal, que hubieran podido tener familias propias en vez de verla hacer la suya como espectadoras. Que tuvieran amoríos tontos o simplemente que pudieran proyectarse con alguien junto a ellas.

Cumplir su deber para el Tokio de Cristal las amarraba de muchas formas a ella pero todas habían aceptado sin protestar ya que la querían profundamente. Y se daba cuenta de su inocente egoísmo cuando sus miradas se volvieron rígidas y duras con el tiempo.

Venus se disculpó por su imprudencia y se iba a ir cuando Serenity acuno las manos en su rostro.

— No sabes lo que daría porque no fuera así — y depositó un beso en su mejilla. Lo que causó que su amiga se abrazara a ella con fuerza y la sintiera temblar entre sus brazos. Eso la sorprendió, que Venus se viera así de asustada no era una buena señal. Al parecer estaba sufriendo las consecuencias del viaje sin descanso y la angustia que provocó la misma Serenity con su desaparición.

— Min… — la rubia estremeció al saber que diría su nombre.

La Sailor ataviada en el traje color naranja se soltó del abrazo y salió de la habitación. Ese viaje había sido de muchas emociones y nuevas sensaciones. El lugar comenzaba a molestarla y un sentimiento de nostalgia se había apoderado de ella. Eso no era normal, jamás sentía eso antes de ir a luchar. Incluso con anterioridad cuando salían a una muerte segura, nunca se sintió tan desamparada y debía hacer algo para corregirlo. Sólo que no sabía qué.

En su apuro chocó con alguien pero no alcanzó a disculparse cuando fue arrastrada a una habitación y la acorralaron contra la pared. Él sostenía su mirada verdosa sobre ella.

— ¿Qué demonios fue eso? — inquirió con una molestia que no era característica de él. — No tienes porqué inquietar a tu reina de ese modo.

— ¿Me estabas espiando? — sonrió irónicamente — No sabía que además eras un acosador. — su voz intentó sonar burlona, sin embargo sus ojos tomaron otro rumbo lejos de los verdes, que la examinaban.

— Todo el mundo está bajo mucha presión. En serio ¿En qué estás pensando? — Yaten leía la angustia en sus celestes ojos pero no podía averiguar la razón.

La rubia llevó sus manos al rostro cubriendo lo que empezaba a emanar desde su interior. Era suave, húmedo y amargo. Muy amargo.

El de cabellos platinados vio asombrado como la mujer en frente suyo se quebraba y quedaba reducida a una débil e indefensa criatura. Quiso tocarla suavemente, pensó que podría hacerle daño si lo hacía muy bruscamente. Sus manos se adhirieron a esos brazos pálidos y ahora la vio estremecer al contacto con su toque.

— Tengo miedo. He causado… — trataba de enjugar sus ojos—…he causado todo esto sin medir las consecuencias de mi imprudencia. — sus manos temblaban.

— No es tu culpa… que tonterías dices.

— Ella no quería venir… yo puse esas ideas en su cabeza. Pensé que sería bueno que viniera a aplacar su dolor pero mira el daño que…

— ¡Ya basta! Mira el desastre en que estas convertida. No puedo creerlo

— ¿Te vas a burlar de mí? — le preguntó en un hilo de voz, temerosa de ser juzgada.

— Y sigues diciendo estupideces — acomodó un mechón de cabello tras su oreja. Mientras la miraba — Si quieres llorar o hacer un berrinche no lo hagas frente a ella o se sentirá culpable también.

— Yaten… — de sus ojos seguía brotando dolor mientras trataba de sostener esa mirada seria que se dulcificó el oír su nombre desde sus labios. Él se acercó lo suficiente para apreciar su respiración.

Al impactar un beso con la piel de su frente, se dio cuenta que la abrazaba, la hizo sentir protegida. Descansó en su pecho y se liberó de esa oscuridad que la había atormentado en sus pensamientos entre llanto y suspiros entrecortados. Y él se quedó ahí, junto a ella, en todo lo que tardó.

— ¿Tengo los ojos hinchados? — le preguntó cuándo se calmó por completo.

— No se ven tan molestos como siempre — negó con la cabeza y bromeó, tras examinarla.

Ella infló las mejillas y repitió lo malo que era después de lo que había tardado en dejar de llorar. Yaten sólo sonrió y acarició una de sus mejillas, haciéndola sonrojar.

— En verdad lo siento.

— ¿Por qué? ¿Por ser una malcriada? — ambos rieron.

— Ahora no podré dejarte ir tan fácil — acarició su mejilla mientras se perdía en sus orbes verdosos.

— ¿Planeabas hacer algo así? — él intentó endurecer su mirada.

— Sí. Acaso… — sonrió coquetamente traviesa —… ¿no soy una niña mala?

— Eres imposible — y se dejó llenar de besos dulces y apasionados hasta que tuvieron que separarse otra vez.

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— Entonces ¿por cuánto tiempo podrán mantener estable el portal? — Sailor Healer estaba impaciente, quería con todas sus fuerzas que la enviaran a la misión de exploración. Esa sería la única forma de saber de Seika y también mantenerse cerca de Yaten.

— No sabría decirlo con certeza — Taiki se quitó los anteojos, esto era un calvario sin precedentes y no quería admitir que después de tanto tiempo otra vez luchaban contra la incertidumbre.

— Pero…pero podremos hacer algo ¿verdad? — los ojos de la nueva Sailor Healer se clavaron en él — ¿Lord Taiki?

— Espero poder descifrarlo. Mercury me ayudó bastante pero ellas debían irse con Serenity. Su deber es protegerla.

— Sailor Fighter está ahí… Seika… no podemos abandonarla ¡Es nuestra hermana! — tomo suavemente la mano del castaño.

— ¡Ya basta, Satsuki! — la nueva Sailor Maker apareció para calmar el ambiente. La joven que portaba el uniforme con aplicaciones verdes bajo la mirada y se alejó unos pasos.

— Lo siento… — la chica no perdía el ánimo pero su ímpetu a veces la traicionaba.

— ¿Cómo sigue el príncipe? — Taiki indagó para sacar al chico de sus preocupaciones.

— Estaba dormido aún, la contusión no le causará mayores problemas, afortunadamente — la recién llegada hizo una expresión de alivio y todos quedaron más tranquilos.

Taiki les explicó que el tener figuras extrañas, o sea personas vivas, en el mundo de los sueños causaba anomalías espaciales que podrían afectar el futuro, el pasado e incluso otras dimensiones. No se explicaba el motivo de la ruptura del equilibrio en las fuerzas espirituales pero seguro tenían que ver con Minerva. Parecía que tendrían que ir por Seika tras las Sailor terrestres y averiguar lo que ocurría en el trayecto.

— Será una misión peligrosa — les dijo la Reina Kakyuu, siempre precavida, al contarle lo que planeaba Taiki.

Ya todos reunidos con su reina no querían perder más tiempo y seguir a quienes se habían marchado ya.

— Lo sabemos, mi señora. Pero no nos pida que abandonemos a Seika en ese lugar — los ojos de Sailor Healer brillaban.

— Tenemos claro que ustedes están fuera de peligro, esa criatura tiene una seria fijación con Seiya y su hija.

— Entonces tendremos que ponernos en marcha — Yaten se levantó para alistarse.

— Si entran… entramos… — Taiki nuevamente hablaba con cautela —… estaremos expuestos a lo que ocurra dentro de ese lugar. No puedo asegurarles que regresaremos todos o cuando lo haremos.

Era una difícil decisión, todos estaban de acuerdo pero también temían por lo que venía. Estaban conscientes de que ir allá era peligroso y sumamente impredecible. Pero para las Sailor de Kinmoku era su compañera de la vida y para los demás sus grandes amigas enfrentadas a peligros de una tierra que no era suya.

Silenciosa y expectante a lo que ocurría en la habitación, estaba una figura que pasó desapercibida por todos, escondida tras una puerta entreabierta. Estaban atentos a las indicaciones de Taiki y a las bendiciones de Kakyuu que no lo notaron.

Después de todo, el príncipe de Kinmoku tenía entrenamiento con los mejores guerreros del planeta y no podía ser descubierto tan fácilmente y menos cuando se trataba de algo relacionado con la chica que amaba desde que tenía memoria. Fingió estar dormido sin problemas, para que lo dejaran solo y poder salir cauteloso de su habitación para buscar la sala de conferencias y averiguar qué planeaba el grupo. Ahora sabía que el peligro era mayor de lo que habían pensado. Escuchó atentamente todo lo que hablaron y sonrió para rápidamente prepararse para partir. Era un chico audaz y conocía bien todo lo que necesitaba saber sobre el rastreo. Seguiría sin problemas a las Sailor que ya habían partido.

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La entrada al mundo de los sueños se veía mucho menos imponente de lo que hubiera creído Serenity. La verdad no le parecía para nada que fuera una entrada a un mundo paralelo ni menos que algo grandioso estuviera esperando al otro lado.

— ¿Estás seguro que esta es? — Serenity miraba todo con curiosidad.

— Sí — Seiya se veía serio.

Taiki había sido claro en decirle que esto no sería fácil pero al menos podía ayudar mostrándole el lugar. Le dijo eso y le dejó una advertencia. Debían hacerlo en el menor tiempo posible ya que el portal que habilitarían era inestable y podría ser que se quedaran atrapados ahí. Esto tenía muy tenso a Seiya, que no quería poner en peligro a nadie pero tampoco se echaría para atrás, era su hija la que estaba en peligro y la traería de vuelta no importando el precio. Aún si debía hacer algo muy drástico.

— Es una cueva, dentro de una laguna fangosa — exclamó Venus algo molesta. — ¡Esto es un asco! — la voz de desagrado de la rubia contagió a todos los que estaban ahí.

— No es para tanto — Seiya trataba de bajarle el perfil y afirmaba con fuerza la mano de su rubia compañera de coletas.

— Es un pantano, denso y sucio. Dime en qué parte exagero — la Sailor que vestía de naranja se cruzó de brazos.

La transportación había sido más cansadora de lo normal y era obvio que sintieran fatiga, en la rubia ataviada de naranja se expresaba con un humor de perros. Tal vez era porque en ese planeta sus poderes se manifestaban de otro modo. Estaban agotados, por lo que tuvieron que tomar un descanso al fin.

— Lo siento — la disculpa iba dirigida a la Sailor que vestía de rosa, la que descansaba en una roca y despojada de sus botas blancas, rozaba sus dedos en el césped. Ella lo miró con algo de curiosidad. No entendía el motivo de su disculpa si ella eligió estar ahí y hacer ese viaje. Negó con la cabeza y sonrió.

— No deberías decirlo así. Nosotras decidimos venir por nuestra cuenta. Porque nos preocupamos — habló mientras acarició suavemente su rostro.

No terminó de decirlo cuando un portal dimensional se abrió de la nada y una ventisca salió desde la cueva, atrapándolos en un remolino. En medio de la confusión no se dieron cuenta que fueron atraídos adentro en medio de torbellinos de colores luminosos y formas diversas que vieron.

Se vieron depositados en un suelo suave, casi aterciopelado, que los aceptó en su superficie. Cada par de ojos se exploraba los límites del enorme lugar, parecía una enorme cueva vacía y se asombraban con lo que encontraron en ella.

La imagen de un universo creador de fantasía que todos asimilaban de formas diversas. Todos veían sus propios recuerdos e infancias. Algunas más amables que las otras.

— No se dejen envolver por las ilusiones — les advirtió el moreno con su mano aún aferrada a la de Sailor Moon — Este mundo es engañoso.

Así que vinieron en grupo, que maravilla de amigos — se burló una voz omnisciente sobre ellos y las protectoras de Sailor Moon fueron atrapadas desde el suelo en cristales que se fusionaron con ellas.

— ¡Chicas, no! — Serenity trató de romper los cristales de su compañera más cercana a ella pero no podía sola con la cristalina prisión. — Es inútil…

El cristal que las tenía cautivas les drenaba rápidamente la energía mientras trataban de liberarse y poco a poco sus fuerzas decaían.

La imagen de Minerva envolvió todo el cielo de la cueva con una sonrisa de satisfacción en el rostro.

— ¡Devuelve a Seika! ¡Ahora! — ordenó Seiya.

Ay, pero qué carácter. No te preocupes por ella. Está bien, hemos hablado por un rato acerca de la familia — se rio — Ven a buscarme. Ya sabes por donde, princesa — se dirigió a Serenity. Y Seiya la miró interrogándola.

— Cuando fui atraída la primera vez ella me trajo aquí.

— ¡Ve con él, rápido! — la animó Venus.

— Nosotras nos liberaremos y te seguiremos— Uranus secundó a su compañera y miró a Saturn quien asintió.

— Vamos.

— Cuídense, chicas — Aun cuando seguía siendo despistada, esta vez tenía claro por donde tenía que ir. Después de todo debían salvar a Seika no importando lo que les pasara. Sino no podría perdonárselo.

Estaban en el camino cubierto de cristales rubíes y esmeraldas que ya era conocido por Serenity. A medida que avanzaban el corazón de Seiya palpitaba con más fuerza. Recorrieron el camino escabroso de piedras preciosas, casi en exceso y poco a poco los pasillos dejaron de verse cavernosos para empezar a parecer los pasajes de un catillo. La rubia reconoció los pasadizos y se dirigió a la habitación que buscaba, más por intuición que por otro motivo.

Llegaron al salón inmenso, tapizado de cortinas blancas inmaculadas y en medio una esfera de cristal ya conocida por Serenity. Seiya entró y examinó todo el lugar buscando a Seika desesperadamente. Verla fue como un golpe directo en el corazón, casi pasaba desapercibida en el entorno. Su cuerpo fusionado con su prisión de mineral brillante se perdía entre las demás columnas cristalinas, y apenas respirando daba a entender que luchaba por no perder las pocas fuerzas que le quedaban. Su padre corrió hacia ella y trató de liberarla sin resultado.

— Despierta, cariño… — susurró mientras sostuvo su rostro entre las manos. Sus mejillas estaban por debajo de la temperatura normal. Esto comenzó a desesperar a Seiya quien la abrazó tratando de darle un poco de calor —… Seika.

La chica escuchó su nombre a lo lejos, sintió un calor especial y pensó que deliraba cuando abrió sus ojos y se encontró entre los brazos de su padre.

— ¿Papá…? — el moreno se estremeció al escuchar esa palabra. Hacía años que no lo oía y que gusto le daba.

Serenity se acercó para ayudarle a tratar de liberarla y al tocar la piedra junto a las manos de Seiya, su cristal de plata pudo romper la prisión gélida. La joven se quejó de dolor al ser liberada ya que parecía que en verdad la había unido al cristal.

— Debemos irnos ¡Rápido! — dijo Serenity presurosa, deseaba dejar cuanto antes ya que ese lugar que le causaba escalofríos.

— Sí, tienes razón. Apresúrense y regresen cuanto antes. — Llevaba a su hija en los brazos pero no parecía querer salir de ahí junto con ellas.

— ¿Qué? No, debemos irnos todos juntos — Serenity se plantó frente a él. Presentía lo que quería hacer y no lo iba a dejar solo. Tomo sus manos entre las suyas y las apretó con firmeza — Tenemos que volver todos — le sonrió.

Seiya la miró una vez más, no dejaba de gustarle la determinación de esa mujer. Que aún en esas circunstancias pensaba que lo imposible era alcanzable. Pero esta vez él estaba consciente de la realidad y no podía dejar que les pasara algo malo a ellas que lo eran todo para él. Se acercó y le dio un pequeño beso en la frente.

— Se te olvida que yo pertenezco aquí — ese murmullo logró que la rubia clavara en el sus ojos húmedos y llenos de una silente suplica pidiendo que volviera a ser el impulsivo chico de su adolescencia y remara contra la realidad para que las palabras que había dicho fueran mentira. Eso quería creer.

Vaya, que poco aprovechan las oportunidades — la figura etérea de Minerva apareció tras una de las columnas que sostenía la habitación — Le muestro el camino para llegar, les doy tiempo para salir huyendo y dejar mi premio aquí y ¿Qué pasa? Se vuelven sentimentales ¡Justo ahora! — curiosamente su voz parecía irritada.

— Ya se van — dijo Seiya dándole la espalda a la aparición.

— Puedo caminar… — dijo la muchacha bajando de los brazos que la sostenían.

— Sigan directo por ese pasillo y luego sigan el camino que seguimos — le hablaba a la silente rubia que abrazó a la morena.

Él acarició a la muchacha en la mejilla y le dio un beso de despedida.

— P-pa…papá… — hablaba con dificultad.

— Tranquila, pequeña. Volverás a casa

— ¡Papá!… ella tiene… ella… tiene a mamá — murmuró la joven y Seiya se paralizó.

— Ayaka… — alguna pequeña remembranza se coló entre los pensamientos caóticos que ahora tenía en su mente. Minerva se removió al escuchar ese nombre. Serenity sólo los miró mientras compartían una mirada fraternal que ella conocía muy bien. Era la misma que compartía con su propia hija.

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Seiya solía bromear cuando estaba con su esposa acerca de su nombre ya que tiene dos significados: adorno y flor hermosa. Ella decía que durante su vida fue un adorno, siempre estaba para acompañar a las doncellas en el castillo real pero él solía sonreírle y decir que ella era más como una evolución, que había crecido a la sombra como un adorno para florecer como una linda flor, al final. Ella quedaba encantada y siempre le deba un beso respondiendo que él la había convertido en esa flor.

— Seiya… — lo llamó un día al llegar.

Él estaba ocupado con asuntos de la Reina Kakyuu y sólo hizo un sonido para responderle. Ella, agitó su cabello largo y reluciente y lo abrazó por la espalda.

— Necesito sólo un minuto… — le dijo el chico con amabilidad.

— Está bien pero en un minuto no podrás escuchar la gran noticia que te tengo justo ahora. — la joven se volteó, inflando las mejillas. A veces tener un esposo tan solicitado era frustrante para sus momentos a solas.

Seiya sonrió y se levantó de su lugar.

— ¿Qué es tan importante que no puede esperar ni un minuto? — acarició su cabello con suavidad y tocó su nariz, juguetonamente. Pero ella estaba seria.

— ¿Me prometes algo? — le dijo en un hilo de voz

— Mientras no sea un autógrafo de Yaten, lo que sea — bromeo pero el rostro de la chica seguía impávido. Él suspiro y asintió.

— Prométeme que seguiré siendo una bella flor — sus ojos amenazaban con inundarse en cualquier momento. — ¡Promételo! No quiero volver a ser un adorno, menos en tu vida.

Su angustia se vio liberada por un momento. Él la abrazo suavemente.

— No lo serás de nuevo… ¿A qué debe todo esto?

— Estoy embarazada…

Pero Seiya no pudo cumplir su promesa, no cuando su hija era lo que salvó su alma de morir solitaria.

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— ¿Dices que la tiene? — insistió con la muchacha que poco a poco recobraba la consciencia.

— La vi, en ese espejo enorme, había una imagen de mamá. Ella seguramente tiene su espíritu cautivo… papá — lo miró con esos ojos que reflejaban tan bien los suyos. Con inocencia aun plasmada en su mirada a pesar de ser casi una mujer.

— Váyanse, pronto — le dijo a Sailor Moon, luego se dio la vuelta mientras escuchaba los gritos de Seika para que no se fuera pero regresó para envolverla en un abrazo firme. — Por favor, cuida que lleguen a salvo.

— ¡Seiya no hagas esto! ¡Por favor! — pero él la ignoró.

— ¡Déjalas ir! ¡Ya estoy aquí! ¡Minerva! — Seiya gritaba con todo lo que le daba su voz pero la figura no parecía prestarle atención.

Minerva era un ser que pasaba la barrera de lo humano y no era capaz de sentir más emociones pero por alguna razón buscaba experimentar con sus visitantes.

— Aún no me das lo que quiero. Quiero que ese espíritu brille, que se desespere y se encuentre en su límite. Quiero que te veas así… — hizo un movimiento con su mano y varios cristales comenzaron a caer sobre Serenity y Seika. —…desesperado.

Seiya no perdió el tiempo y trato de detener las rocas cristalinas que caían desde lo alto. Pero no podría llegar a tiempo para rescatar a ambas.

— ¡Laser de…! — la chica de coletas oscuras se iba a desplomar en el suelo, no tenía las fuerzas para atacar ya que aún no recuperaba la energía perdida.

Sailor Moon estaba decidiendo si cubrir a la chica o detener la lluvia cristalina que les venía encima cuando se vio cubierta por un escudo que las cubrió con una telaraña hecha de luces carmesí, tras unas palabras dichas por su portador.

Seika sintió que sostuvieron su cintura antes de ser depositada suavemente en el suelo, abrió los ojos y se encontró con una encantadora mirada que la examinaba por todos lados.

— Al fin puedo ser un príncipe decente y salvar a mi dama — la voz del príncipe de Kinmoku fue un alivio de escuchar en muchos sentidos para ella, quién sólo sonrío y se abrazó a él.

Sailor Moon vio con sorpresa la rapidez del muchacho para ayudarlas, cuando ni siquiera sintió el momento en que llegó.

— ¿Puedes levantarte? ¿Tienes algo roto? ¿Por qué no hablas? ¿Te quitaron la voz? — Pólux examinaba a la joven con delicadeza a ver si encontraba alguna herida grave

Serenity escuchaba divertida el interrogatorio mientras esperaba atenta si algo más les venía encima

— Por los dioses… estás bien — la chica abrazada con fuerza al príncipe derramaba lágrimas de alivio. Después de todo, la última vez que lo vio fue herido e inconsciente.

— Sí, lo estoy ¿Qué tal usted, su alteza? — la pregunta iba dirigida a la Sailor rubia que le sonrió.

— Estoy bien, gracias a ti al parecer — el chico se sonrojó por un instante.

— ¡No se preocupe, Lord Seiya…Maestro! — le gritó al moreno para que no hiciera movimientos bruscos— Yo me encargo de cuidarlas. — Seiya lo vio y con alivio asintió a las palabras del chico

— Vaya, más molestias.

— ¿Por qué no lo entiendes? — resopló el moreno desde su lucha — Ganaste, te daré lo que pidas. Ya no tengo nada que perder…

— No quiero que suenes derrotado, ese no eres tú ¡No lo es! ¿Verdad? — le habló a alguien y su figura traslúcida comenzó a tomar forma. Se materializó y se acercó hasta donde estaba Seiya, quería alcanzarlo con su mano.

Seika, ya más repuesta entre los brazos del chico que no la soltaba, veía lo que ocurría y mientras Minerva se volvía un ser corpóreo pudo ver la extraña mirada que le dedicaba la soberana del mundo de los sueños a su padre. Eran ojos melancólicos, deseosos de sentir y expresar. Parecía que estaba atrapada dentro de sí misma y buscaba desesperadamente la manera de salir.

— ¡Laser de estrella fugaz! — antes de que la mujer tocara a su padre, Seika se interpuso entre ellos — Quiero saberlo, ahora mismo ¿Qué le hiciste a mi madre?

— ¿A tu madre? — Minerva la miró extrañada, no sabía de quien le hablaban — No sé de quién hablas — dijo restándole importancia y con un movimiento de su mano lanzó a la chica hasta el otro lado del lugar.

— ¡Seika! — el moreno iba a ir por ella pero Pólux la atrapó con agilidad.

— ¡Por todos los cielos! Deja de ser tan imprudente — la regaño el chico. Ella sólo agachó la cabeza y pequeñas gotas chocaron contra el suelo.

— Ella… ella era una buena persona…—comenzó a sollozar entre sus palabras.

Serenity se acercó cuidadosamente hasta donde estaba la muchacha junto al príncipe. La rubia alcanzó a escuchar la última frase. Lo pensó un momento y volvió a la última conversación que tuvieron, en el sufrimiento que suponía para Seika el saber que su progenitora había hecho algo malo y que había condenado a su amado padre a una muerte eterna en ese mundo desolado.

— ¿Te refieres a… tu madre? — posó su mano en la hombrera de la chica

—…quiero creer que fue engañada. Me niego a aceptar que la mujer que me crió haya sido cómplice de algo tan terrible — Pólux la abrazó y se quedó con ella. Después de todo aún estaba muy débil y confundida.

Sailor Moon miró hacia Seiya, estaba junto a la esfera de cristal, en la que Minerva le mostró las imágenes de su vida. Cómo deseaba que sus amigas estuvieran ahí. En ese momento en que veía que su amado se desvanecía y comenzaba a apagarse el brillo tan típico de él.

Seiya estaba llegando a su límite. Todo lo que había ocurrido en su vida para poder tener una vida tranquila le fue arrebatado tras su muerte. Y ahora quería terminar con todo de una vez.

— Por favor, deja de atormentarme y quítame esta cosa de una vez — se agachó y golpeó el suelo.

— ¿En verdad me lo entregarás sin más? — Minerva sonrió, de una forma siniestra que Seiya no alcanzó a notar. — ¿Dejarás que esa mujer se vaya? ¿No recuerdas lo que te hizo pasar? ¿Los días de sufrimiento al volver a tu planeta?

Seiya escuchaba sus palabras y el remolino de pensamientos que dominó su cabeza consiguió que volviera en sus recuerdos a esas angustiosas noches. A esos días solitarios donde todo era un mar de desesperanza y todo por amar a la persona equivocada.

— Cállate, tú no sabes nada de eso…

— Oh ¿en serio? — la mujer chasqueó los dedos y una imagen apareció en una de las cortinas blancas.

Era él, bueno ella –Sailor Star Fighter- en su habitación, cuando lograron encontrar un buen lugar, un planeta nuevo e instauraron su reino.

Abrazaba sus rodillas y sollozaba en silencio, estaba confundida y se sentía desamparada. Aun cuando su princesa intentó darle consuelo, no pudo alejar esa amargura de su corazón. Fighter luchaba contra su propia consciencia para entrar en razón pero el dolor era mayor.

"Nosotros siempre seremos amigos", la frase resonó en toda la habitación. Serenity se levantó. Atónita de recordar su odiosa voz en ese momento, su ser tan adolescente y perdido en el mundo, buscaba una forma de decir algo que le sacara esa expresión del rostro a Seiya. Esos ojos quebrados de un dolor que parecía no haber desaparecido aun cuando estaban juntos al fin.

Espera

No estaban juntos, jamás lo estarían. Él dijo que pertenecía a ese mundo y se había entregado al ser que los juntó solo para verlos separarse otra vez.

— ¿Por qué? — murmuró entre sus labios rosa. — ¿Por qué haces esto? ¡¿Por qué?!

Minerva ni siquiera la miró, estaba absorta en su presa, mientras su respiración pareció agitarse. Comenzaba a sentir la satisfacción de estar cumpliendo su cometido y eso le enseño una nueva sensación: emoción.

Seiya seguía siendo atormentado por recuerdos de su vida, las imágenes que aparecían eran más amargas cada vez ¿Qué esperaba Minerva? ¿Lo tendría toda una eternidad recordando los momentos tristes sin dejarlo descansar?

Entonces ¿Por qué en un principio lo ayudó?

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Continuará...


Notas de la autora:

Me hace feliz ver que aún me esperan. Espero seguir a este ritmo para llegar hasta donde nos dirigimos. En el próximo capítulo daré los agradecimientos mas personalmente a cada review que me dejan que me pone inmensamente feliz.

Agradezco a quienes siguen y agregan de favorito a mi historia. Este es un pasatiempo que me ha salvado en muchos sentidos y que es una adicción muy gratificante.

A propósito ¿Que opinan de Pólux? A me parece un amor, quise hacer alguien que le siguiera el ritmo a la traviesa Seika y que la amara por lo mismo. Espero que lo hayan aceptado :)

Gracias

Nos leemos, Bye