Lo que llevo por dentro
Capítulo 13
Los personajes pertenecen a Naoko Takeuchi. Yo escribo sobre ellos por diversión
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Minerva despertó un día siendo quien era, existiendo como una forma de vida que guiaba los deseos y temores de la gente. Era extraño poder controlarlo pero por alguna razón sabía que interferir en lo que los kinmokianos deseaban era malo. No lo hacía, no se interponía y por el contrario se deleitaba con los hermosos deseos de las personas.
Pero poco a poco fue descubriendo que con el pasar de los años, siglo tras siglo, la historia se repetía entre los seres mortales. Nacían, crecían, se reproducían y morían. Veía, entre su entretención, nacer grandes amores y los contemplaba desaparecer de la misma manera. Anulando sus almas y finalmente muriendo de manera inevitable. Entonces, Minerva descubrió algo que la hizo tener conciencia de esto. Se abrió a una sensación que le causó satisfacción y contrario a lo que su naturaleza insensible le dictaba, sintió curiosidad. Cuando descubrió lo que esto podría enseñarle, se entregó a ella totalmente. Y entre más curiosidad sentía, más deseos mortales consumía para satisfacerla. Descubrió que cuando un deseo se cumplía, el alma era deliciosa. Cientos de ellas fueron devoradas para incrementar el nivel de sensaciones que quería experimentar a través de ellas.
La primera que fue consumida era la de un joven príncipe de Kinmoku. Un ser tan inocente en su adolescencia que su mayor deseo era enamorarse y lo quería tanto que aceptó que Minerva le consiguiera un amor puro, a precio de entregar su propia existencia. Claro que los seres como ella sólo juegan si el premio es total. Le entregó amor al joven príncipe quien lo vivió a pleno y cuando derrochaba felicidad por los poros ella vino a reclamarlo, dejando un corazón roto por quitarle a su príncipe. Ese fue su segundo descubrimiento, un alma rota también es una delicia de devorar. Y ahí comenzó una carrera por tener entre sus manos el alma más llena de vida, la más brillante, teniendo también a su lado, la que fuera inmensamente desdichada.
Un día, sin embargo, jugó con los deseos de alguien muy poderoso, tanto que ni ella pudo contener la desgracia que trajo y la destrucción de su propio planeta fue el resultado de su experimento. Prometió no buscar seres tan irracionalmente poderosos ya que no podría manipularlos correctamente por estar ahogados en sus oscuros deseos. Entonces ella quedó deambulando en un mundo por el cual no tenía propósito ¿qué le deparaba el universo a un ser como ella?
— Vaya pero que desastre — escuchó una voz nueva, nunca antes oída. Minerva quedó atenta a aquella imponente entonación. — Ya veo porque hubo tantos pasantes por el portal de la muerte — un figura oscura apareció frente a ella.
— ¿Quién eres tú? — su voz sonó un tanto desoladora.
— Soy el guardián del Limbo: Jerome es mi nombre y velo por los muertos.
— Ya veo, eres quien recibe a mis presas — Minerva sonrió socarronamente.
— La guardiana de los Sueños es muy arrogante — el hombre la observó.
— Tengo más poder que tú… — sintió como las palabras se atoraban en su garganta.
— Y eso será tu perdición — el caballero sólo la miró con curiosidad.
El guardián del Limbo aceptó que Minerva se quedara en sus dominios, era una buena entretención, ya que, desde Kinmoku no volverían a ver almas nacientes en mucho tiempo.
Algunos años después, al tener su planeta de vuelta, Jerome le dijo que volviera a hacer su trabajo pero Minerva deambuló por un tiempo meditando sobre su existencia otra vez. Hasta que halló una miserable criatura que pedía a gritos un salvavidas a su despecho. Era una mujer que un día había sido la joven más feliz y que ahora sufría incesantemente por un desbordante amor no correspondido. De algún modo, Minerva se sintió identificada con ella y su curiosidad despertó de nuevo.
¿Qué era lo que esa pobre chica había sentido para desear perder la vida a cambio de aprisionar al hombre que amaba con tal intensidad?
Esa pregunta la llevó a investigar y casi a sentir lo que esa criatura desdichada sentía en su quebrado corazón. Ahí, Minerva se vio envuelta por una abrumadora sensación, un dolor tan profundo que quemó cada parte de su desinteresado ser, haciendo que cayera en la más desquiciada obsesión: la de sentir.
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Saturn logró liberar a Uranus mientras Júpiter y Venus sacaban a Mars de su prisión antes que incendiara todo el lugar.
— Bien ¿ahora qué? — Venus estaba impaciente. Serenity y Seiya se habían ido hace un rato pero parecían tener una clara idea de donde estaban, a diferencia de ellas que se encontraban en un lugar desconocido y lúgubre.
— Voy a tratar de buscar una salida a este lugar — Mercury se puso a trabajar en su computadora.
— ¿Por qué crees que hay que tener un plan aquí? Es un mundo surreal. He visto cambiar las paredes de color por lo menos tres veces — Venus se cruzó de brazos. En verdad estaban perdidas y todas se preocupaban por lo que podía venir.
— Debemos tratar de hacer lo que esté a nuestro alcance para llegar a ellos… — la peli azul no podía olvidar esa conversación con Taiki antes de partir con Serenity
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(Flash-back)
— Minerva… — el castaño escribía en una pizarra y trataba de hacer memoria de los pocos datos que habían sobre la entidad que cuida la dimensión de los sueños —… los datos que manejamos de ella son realmente escasos. Como dije los pergaminos y libros antiguos no dan mayores relaciones con ella, ya que es un ser multiforme que varía según la persona que lo invoque.
— ¿Dices que alguien la invocó? — Mercury estaba escéptica al pensar que Seiya pudiera haber hecho algo así.
— Sí y fue un deseo muy intenso para que tenga esa clase de poder. Nos enfrentamos a una oscuridad que no había visto jamás. Minerva se alimenta de los deseos y sueños de la gente. Según la mitología ella guardaba y guiaba los deseos y temores de los kinmokianos para llevarlos a buen término. Pero según estos pergaminos, ocurrió algo terrible hace muchos siglos. Fue cuando un príncipe de Kinmoku se quitó la vida para ofrecerla a Minerva. Hubo registros de algunos seguidores, ellos le daban su alma a cambio de un deseo — Taiki había respirado pesadamente — Es un aura maligna desde esos tiempos y oír de ella en verdad me descoloca, Mercury. Deben sacar a todos de ahí lo más pronto posible o una terrible desgracia podría ocurrir.
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Mercury vio la preocupación latente en Taiki y seguía perturbada desde entonces.
— ¡Lo tengo! Por allá — Les indicó el camino, emocionada y avanzó decidida a encontrarlos lo más pronto posible.
Caminaron por un par de pasillos y se encontraron con las nuevas Sailor Starlights quienes venían junto a Yaten.
— ¿Qué hacen aquí? ¿Dónde está Seiya? — exclamó el platino, alarmado por los ausentes.
— ¡Y Seika! — Sailor Healer escupió detrás de Yaten.
— ¡Nos tendieron una trampa! — se apresuró a contestar Venus.
— Ellos se han adelantado y los buscamos ahora — Mercury agregaba sin despegar la vista de su computadora.
— Está bien, vamos juntos y avanzaremos más seguros — Yaten les dio la instrucción de forma clara y concisa. Todas comenzaron a avanzar y él discretamente se acercó a la rubia.
— Yaten, estoy preocupada — dijo de forma angustiosa mirando sus verdes ojos. Él puso una mano en su mejilla y susurró.
— Los encontraremos, le daremos una paliza a esa tipa y regresaremos a casa — él sonrió arrogante — ¿O me dirás que ya te rendiste, rubiecita?
— ¡Claro que no! Vamos allá para que te tragues tus palabras — ella sonrió también con suficiencia y se encaminó. No sin antes depositar un beso fugaz en los labios del platino haciéndolo sonrojar levemente para después seguir a los demás.
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No podía ser que después de todo lo que le había ayudado, Minerva hubiera planeado todo esto, no encontraba explicación y ahora sólo quería que su alma desapareciera y no volviera nunca más a componerse. Ya no le importaba nada más que Seika y Serenity volvieran a casa.
Mientras, Pólux intentaba que Seika no se le escapara para ir a enfrentar a la chica de reluciente cabello castaño que examinaba a su padre.
— Por los Dioses, ya quédate quieta — forcejeaba con ella sin resultado, al parecer la morena había recuperado sus fuerzas y se liberó del chico que la aprisionaba con sus brazos.
— ¡Suéltame! Debo ayudar a papá — corrió hacia él, poniéndose en guardia para que la mujer no se acercara a Seiya.
Pólux fue tras ella.
— Oh, no. No más molestias — dirigió su mano hacia el joven e intentó aprisionarlo con sus cristales pero Sailor Moon reaccionó al fin y se interpuso con su cetro para salvarlo.
— Gracias… su majestad
Pero la rubia no le prestó más atención al joven, sino que volteó y caminó hacia donde estaban Seiya y su interlocutora.
— Ya has hecho mucho daño Minerva…
— Mira quien lo dice — replicó astutamente y viendo que el asunto se iba a complicar, se transportó a la salida de la habitación que daba al pasillo y corrió, desapareciendo en la oscuridad.
Seiya se dijo que no debía dejarle escapar o jamás acabarían con esto. Se acercó a su hija y depositó un beso en su mejilla.
— Quédate con el príncipe — ordenó y fue tras la mujer.
— ¡Seiya! — Sailor Moon lo alcanzó casi sin esperanzas de detenerlo esta vez — L-lo siento, no hice nada… yo…
— Bombón, escucha — acarició su mejilla — Esa mujer es un ser de otro mundo, sólo alguien igual a ella puede hacerla desaparecer.
— Es injusto que no pueda hacer nada con mi poder — sus celestes ojos se inundaron.
— Sí puedes hacer algo y es sobrevivir — le dio un beso suave en los labios y se fue antes de no poder hacerlo.
Corrió hacia el primer lugar que se le vino a la cabeza y que estaba precisamente fuera de la enorme fortaleza. En un campo de flores y algunos árboles que era donde él mismo había pasado su tiempo en ese mundo anteriormente.
Minerva observó llegar con severidad a Seiya, al parecer buscaba algo más de él, algo que se había perdido y no decidía la manera correcta de traerlo de vuelta.
— ¿Lo recuerdas? Las noches en vela, los sueños amargos, las voces que no se apagaban… — decía ella ponzoñosamente.
— ¿Seguirás con esto eternamente? ¿Ese es tu propósito?
— No querido, mi meta es cumplir un deseo
Seiya levantó su cabeza y clavó los zafiros ojos en ella ¿Qué clase de deseo y de quién? La castaña sonrió como si adivinara lo que él pensaba.
— Tu pequeña esposa tenía un corazón muy oscuro… ¿lo sabías? Aunque no te lo imaginaste hasta que fue demasiado tarde. Que mal gusto tienes con las mujeres — miró de reojo refiriéndose a Sailor Moon. Pero la plática iba directamente dirigida a Ayaka, trayendo de vuelta muchas cosas del pasado.
Seiya no pudo evitarlo, sus recuerdos viajaron muy atrás, en la época en que ella se acercó a él, en lo fascinada que estaba por sus relatos de las aventuras en la Tierra, en su preocupación por tener su entera atención y que no se alejara de ella.
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La primera vez que sintió a su bebé en la barriga fue un momento que no olvidaría jamás. Parecía que cada vez que lo escuchaba la pequeña danzaba en el vientre de su madre.
— Se movió de nuevo — sonreía la joven muchacha de reluciente cabello largo.
— Es genial — decía él mientras ponía su oído en la panza — Será muy activa, haremos muchas cosas juntos. Ayaka ¿no te parece adorable?
— Sí, será muy divertido… — pero a ella no le parecía tan divertido en absoluto ya que prefería una vida más tranquila y que preferentemente no tuviera nada que ver con lunas ni universos lejanos.
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— Seika… ¿No te parece lindo? Es la combinación de nuestros nombres — le dijo alegremente cuando la tuvo entre sus brazos.
— Lo has pensado bastante ¿verdad? — sonrió él. En verdad le parecía adorable su nombre.
— Un poco. Será la mezcla perfecta entre ambos — Ayaka tenía la convicción de que su hija sería la excusa para que su esposo dejara de soñar con esa patética ilusión de la Luna del sistema solar y al fin le dedicara una mirada de amor a ella.
Pero el parecido entre hija y padre era más que evidente. Seika parecía una copia fiel a su progenitor y desde pequeña odiaba las clases de etiqueta de su madre. Se escapaba de cualquier actividad que implicara quedarse quieta o ser introvertida. Desde muy niña se escabullía para mirar a las aprendices de Sailor Stars y cuando tenía tiempo libre practicaba. A sus tiernos 11 años anuncio que entrenaría con tío Yaten para ser una Sailor y proteger a su planeta, igual que lo hiciera su padre.
Ayaka casi tuvo un infarto y no podía creer que su pequeña fuera tan dispar a ella y la contradijera con su comportamiento cada vez que podía. Le frustraba que se salieran con la suya pero ver a Seiya feliz era lo que la impulsaba a seguir a pesar que poco a poco algunos sentimientos de incomodidad se fueran alojando en su corazón.
Esos recordatorios de que ella no era la soberana del amor de su esposo la destrozaban aun que él siempre fue sincero y ella acepto sus condiciones. Porque cuánto lo adoraba, él hacía que sus días cobraran vida al verlo despertar, siempre alegre y con regocijo de ver un nuevo amanecer cada día. Ella deseaba poder sentir igual… en verdad lo deseaba.
Un día ese anhelo se rompió. Cuando por casualidad encontrara una pequeña caja repleta de cartas. Se preguntó de quien serían y abrió la primera, hallando la conocida letra de su esposo. Se sorprendió de encontrar tan intensas palabras, eran melodías tristes y cubiertas de amor. Versos rebosantes de penetrantes emociones que le recordaron lo profundo que un ser podía llegar a sentir. La primera carta la llenó de tristeza, era el reflejo de un alma quebrada y doliente que gritaba por un alivio a su pesar constante. Le tocó una fibra del corazón que creyó extinta pero al llegar al final vio con el alma destrozada que esas palabras no eran odas lanzadas al viento, sino que tenían un nombre bien marcado y destinado a ser un dolor eterno en su pecho. Las siguientes palabras fueron de anhelo, algunas de dicha pero sobre todo de afecto, uno tan dulce e incomparable que el suyo propio se quedaba pobre en comparación.
Ella bien sabía que Seiya tenía un gran amor pasado que lo atormentó por mucho tiempo. Lo que no imaginaba es que ese sentimiento siguiera presente aun cuando ella había luchado tanto para ser parte de su vida y de su corazón
¡Era tan injusto!
— Sí, es indigno… — le habló una voz en sus sueños —…pobre mujer… tanto tiempo de dar y no recibir nada a cambio ¿no es desafortunada la vida?
— ¿Quién eres?
— Soy la voz de tus deseos, puedo darte todo lo que quieras, a cambio de un pequeño precio.
— Lo que quiero ya no lo podré tener, nunca — sufría mientras decía esas palabras. El corazón de Seiya era una luz que jamás podría hacer brillar y eso la estaba consumiendo… de dolor.
Y todos saben que el dolor te hace hacer cosas irracionales…
— Oh, pero qué pequeña alma desdichada. Cuantos años sufriendo por un hombre que no tiene corazón
— ¡Me duele!
— Lo sé, pequeña. Lo comprendo…
— Quiero que deje de doler… — lloraba, sola en su habitación, quebrando las últimas fibras de cordura que resistían en su cabeza. Sabiendo que su amado se había ido de este mundo sin haber tenido una simple mirada de sincero y dulce amor para ella.
— Y lo hará, querida. Dejará de hacer daño, lo prometo — y la voz misteriosa se transformó en su aliada, en su consuelo y se aferró a ella.
— Quiero que se vaya conmigo… quiero tenerlo a mi lado…
— ¿Quieres decirlo?
— Lo deseo, lo quiero para mí. Él debe ser mío, aléjalo de todos los demás ¡De todos!
Los delirios de la mujer se volvieron cada vez más graves y luego de tener un momento de claridad con su hija en su lecho de muerte, se entregó a su locura. Juró que Seiya Kou se iría a un lugar alejado de todos y ella se encargaría de ello.
Que felices serían en ese hermoso y soñado lugar. Porque seguro ahora no podría pensar en la princesa de la Luna, no había forma de que él la recordara ahí. Cuánto regocijo le trajo ver que su esposo despertaba de su muerte confinado al mundo de los Sueños, encarcelada su alma a ese lugar del cual no podría salir jamás. Y ese regocijo, irónicamente, le dolió.
Minerva observó cada pequeño proceso que tuvo a la mujer agonizante y consumió su alma con un deleite que nunca había sentido antes. Porque ella tenía un ferviente deseo, uno que la llevó a entregarse a ese ser que le dio una esperanza que creyó haber perdido. Ahora lo tendría para siempre, para ella.
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— ¿Dónde estoy? — dijo el hombre de cabello oscuro, abriendo sus grandes ojos zafiro.
— Es el mundo de los Sueños — una muchacha apareció a su lado agitando su largo cabello castaño. — Soy Minerva — le sonrió.
— Y ¿Qué hago aquí? Se supone que me iría a las estrellas.
— Alguien deseó verte aquí. Creo que estaba muy ansiosa de hablarte pero tuvo que irse.
— ¿Quién fue?
— Debes averiguarlo por ti mismo. Pero no te preocupes, aquí es hermoso y te sentirás a gusto. Te daré lo que sea para que estés cómodo y feliz.
— No puedes darme algo así— Seiya sonrió con ironía—
— ¿Por qué no?
— Porque antes ya lo he perdido — lo dijo con un sentimiento que a Minerva le pareció curioso.
Pensó que el dolor de Ayaka había sido una llama suficientemente encendida para su deleite pero descubrió que la tristeza de ese hombre le provocaba más curiosidad aún. Necesitaba saber si esa estrella tan brillante podía relucir más y por supuesto que lo averiguaría. Lo haría sufrir tan al extremo que su brillo reluciera para siempre. Y se regocijó al hacerlo, descubriendo una nueva sensación: satisfacción.
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— ¿Dónde está? — una voz ronca y rasposa salió del moreno.
— ¿A quién te refieres? — preguntó casi en tono de burla, la castaña.
— Mi… esposa — Seiya la miró de una manera desafiante.
— ¡Oh! Ella tenía un alma muy bonita… y deliciosa. La devoré con calma para disfrutar de cada sentimiento que emitió. La hubieras visto, fue un momento intenso — una carcajada llenó el lugar.
— ¡Maldita! — Seiya se retorció al escuchar las palabras de aquel ser que le pareció monstruoso.
— ¿Por qué te afliges de ese modo? Ahora es parte de mí y estará en paz hasta el fin de los tiempos. Así como deberías hacerlo tú querido mío.
— Ella era una buena mujer, no tenía oscuridad en su corazón ¡Fuiste tú quien la manipuló!
— Tal vez le di ideas, pero su deseo es propio yo no puedo interferir en eso. Reconócelo, ella te engañó.
Seiya se levantó y fue contra la mujer desenvainando la espada que había tenido guardada hasta ese momento. Pero no traspasó su cuerpo ya que Minerva desapareció al ver su intención. Apareció detrás de él pero Seiya era rápido, no en vano era el mejor guerrero de Kinmoku y se lo haría saber. Una y otra vez arremetió contra la mujer que lejos de enfrentarlo sólo aparecía y desaparecía a gusto.
Después de un rato en la misma dinámica, Minerva se dejó atrapar y se desplomó en el suelo con el cuerpo de Seiya sobre ella y su espada casi rozándole el cuello.
— ¡¿Qué debemos hacer para que desaparezcas para siempre?! — Seiya sabía que era inútil tratar de matarla ya que simplemente existía y no estaba viva.
Minerva sonrío con suficiencia.
— ¿Sabes qué se siente ver cómo todos pueden tener vidas y amar y sufrir mientras eres un espectador? — le dijo con los ojos fijos en él, quien la miró sin entender lo que quería decirle — Sentir… no sabía que es lo que era.
— ¿De qué hablas?
— Serenity tuvo contacto conmigo. En un momento me envolvió en sus brazos y me transmitió muchas cosas — elevó una de sus manos y la miró fijamente — Jamás me habían tocado antes — el ojiazul la contempló con un poco de lastima.
Ella extendió sus brazos hasta tocar el rostro del moreno y se acercó lentamente para apenas rozar sus labios. Luego se separó y su expresión fue una de dolor profundo.
Seiya a apenas asimiló lo que ocurrió cuando vio los ojos de la muchacha desbordar en lágrimas.
— ¿Qué...?
— Esa mujer me ha infectado desde que la devoré — escupió con dificultad — Pero no había notado cuanto de ella me había traspasado hasta que tu princesa me tocó… y esos pensamientos no me dejan en paz ¡No se callan!
Seiya retrocedió sentándose en el suelo y con una expresión que difícilmente Minerva podía descifrar.
— Entonces…ella… ¿sigue presente?
— Siento el pecho oprimido. Sus recuerdos se vertieron en mi cabeza y yo… yo siento… ella me ha obligado a sentir… — finalmente lo miró a los ojos y un brillo de intenso dolor se reflejó en los ojos de Minerva diciendo esas palabras con la voz quebrada —… y duele.
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…
Continuará…
Notas de la autora
Me debía muchas respuestas y eternos agradecimientos a quienes comentan lo que escribo.
- Azucena 45
- Kamisumi Shirohoshi
- Bombon Kou
- Chemical Fairy
- Karola
- Serena Lucy
- Rogue85
- Lisbeth Vara
- Alejasmin
- Gregorioabel
Espero ir cumpliendo con sus expectativas, ya que estamos llegando (por fin) a los capítulos finales. Hoy pudimos ver cual eran los motivos de quien armó todo el desastre y pienso que todos nos hemos sentido alguna vez frustrados de algún modo inexplicable y fatal. Me alegra decir que la idea principal no se ha borrado con el tiempo y los lineamientos del fic siguen estando ahí. Quizás mas adelante lo edite para darle mas forma pero no se saldrá de lo que es hasta aquí.
Mis mas sinceros agradecimientos y espero que me sigan en la locura que ha sido seguir esta obra. Es pequeño que ha resultado difícil pero por eso es hermoso.
Nos leemos
Bye
