En la semana siguiente, Hermione conoció a todos sus profesores, y también tuvo la oportunidad de hablar un poco más con sus compañeros. McGonagall y Lupin fueron sus favoritos, la verdad, profesores de Transformaciones y Defensa Contra las Artes Oscuras, respectivamente. Ambos parecían ser muy buenos en su trabajo, y se notaba que en serio lo disfrutaban. Mientras que McGonagall estaba más bien en el lado estricto, por así decirlo, todos le habían cogido gran cariño al amable Lupin. Luego de su primera clase de DCAO se enteró que el hombre era algo así como el tío de Harry, ya que si bien no estaban unidos por ningún lazo de sangre, había sido, y aún era, gran amigo de su padre James, y aunque su padrino era otro-Sirius era su nombre, si mal no recordaba, y también era del grupo-, lo consideraba un tío.

Luego estaba el profesor de Pociones, Horace Slughorn, un hombre…mayor, que sabía mucho de su área y era bastante jocoso. A algunos les pareció un poco molesto. Le contaron que hasta hace dos o tres años el puesto lo ocupaba Severus Snape, pero al parecer hubo alguna clase de problema que lo hizo renunciar, aunque claro, eso era lo que contaban los estudiantes.

Pomona Sprout era la profesora de Herbolaria; Madame Sprout la profesora de Vuelo, una clase que no disfrutó mucho; Filius Flitwick el profesor de Encantamientos, y Jefe de Ravenclaw, otra clase que le gustó bastante; también estaba la enfermera, Madame Pomfrey, Rubeus Hagrid, el guardabosques y el amargado conserje Argus Filch, y no podríamos olvidarnos de Dumbledore, obviamente. Claro que había muchísimos más profesores en el castillo, pero, la verdad, no es necesario nombrarlos ahora mismo.

Durante la primera semana también exploró un poco Hogwarts, y digo un poco porque ese lugar era inmenso, dudaba que nadie conociese todos los recovecos-claro que no había oído hablar de los merodeadores…-. No fue la única de primero en perderse por los corredores, varias veces. Fue en una de estas, justamente, cuando conoció personalmente a Filch, y no de la mejor manera. También tuvo oportunidad de ir a la biblioteca en sus ratos libres, ¡y vaya que tenía libros!

Otro suceso de la primera semana: Harry se convirtió en buscador del equipo de Gryffindor, debido a un altercado en la primera clase de Vuelo. Aunque eso solo lo sabían McGonagall, los miembros del equipo, Dumbledore, los padres de su amigo, Ron y ella, y algo le decía que Lupin también estaba enterado, ya que Wood, el capitán del equipo, quería conservarlo como una sorpresa.

Y así pasaron dos semanas más. Hacía ya casi un mes que estaba en Hogwarts, y francamente, Hermione aún no se lo creía. Aunque vale aclarar, las lechuzas llegando en el desayuno con el correo, los fantasmas paseando por los pasillos, Peeves incordiando la existencia de todo aquel a quien se encontrase, los alumnos de cursos mayores haciendo magia a escondidas en los pasillos, todo ya se le iba haciendo cada vez más familiar con el paso de los días y sabía que en cualquier momento esas cosas dejarían de parecerle sorprendente y pasarían a ser algo de todos los días.

A Harry y a Ron, por otro lado, aquello no les parecía extraordinario, principalmente debido a que venían de una familia de magos. Durante esas semanas se había hecho muy cercana a ambos chicos, y pasaban bastante tiempo juntos. También se llevaba bastante bien con sus demás compañeros de casa, en especial con Anna, pero su conexión con los dos chicos era más fuerte, por decirlo de algún modo.

Justamente, iban los tres caminando de vuelta a su sala común, hablando sobre la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras.

-No lo sé, es simplemente extraño tenerlo como profesor-dijo Harry refiriéndose a Lupin-. Estoy acostumbrado a decirle "tío", es raro de repente comenzar a llamarlo "profesor".

-¡Ah! ¡El pobre, el ciego y la sangre sucia!

Los tres se giraron hacía quien había hablado. Era un chico de Slytherin, a juzgar por el escudo de su uniforme, un curso por arriba de ellos, al menos. Hermione recordaba haberlo visto los pasillos un par de veces: era no muy alto, de cabello y ojos castaños, que usualmente tenía una sonrisilla de superioridad plasmada, y andaba siempre con una chica rubia y un chico moreno.

Hermione, mientras tanto, no entendía lo que pasaba, en especial ese apodo, ¿sangre sucia? ¿Qué significaba? Pero al parecer los demás sí sabían, a juzgar por sus reacciones: su amigo soltó una risotada, festejándole la gracia, pero la chica pareció molesta, y luego de gritarle que era un idiota se fue de allí, Ron miró a las serpientes con odio, al igual que Harry, pero el pelinegro le contestó.

-¿En serio? ¿Es que acaso no tienes cerebro para pensar al menos en mejores insultos? Además, ¿meterte con chicos menores? ¿Es que los de tu edad son demasiado inteligentes para ti?-Dicho esto, arrastró a sus amigos fuera de allí.

Sin ningún otro altercado, pudieron volver a su sala común, donde solo había algún alumno de sexto año tomando una siesta en un sofá algo apartado y los gemelos Weasley. Hermione se encontró con la mirada de Fred, quien parecía estar estudiándola, casi.

-¿Por qué esas caras? ¿Alguien murió?-preguntó con tono de broma George.

-Unos Slytherin de segundo llamaron a Hermione sangre sucia-respondió Ron, aun con una mirada iracunda.

Fred rápidamente rompió el contacto visual con la chica, para mirar a su hermanito con sorpresa y evidente enojo.

-¡¿Qué?!

Harry les contó brevemente lo que había pasado, solo acrecentando las expresiones de furia e incredulidad de los gemelos.

-¿Podría alguien explicarme qué significa eso?-exclamó finalmente la castaña, harta de no saber por qué hacían tanto escándalo por lo que un niño inmaduro había dicho.

Harry se giró hacia ella, con una mirada de disculpa, antes de explicarle que el término sangre sucia era usado despectivamente para referirse a magos hijos de muggles, aunque a día de hoy eran pocos quienes lo seguían usando, ya que era considerado por toda la comunidad mágica como una enorme falta de respeto.

-Aunque algunos magos, usualmente de las familias más ricas y antiguas, no lo consideran así-masculló Fred entre dientes.

Hermione, sin embargo, pensó que simplemente quien lo había dicho era un niñato malcriado, así que no le dio mucha importancia. Al fin y al cabo, sabía que era una bruja, y un idiota con aires de grandeza no la convencería de lo contrario.