Gwen sonrió al pensar en cómo Ben podía ser tan comprensivo. Ella asintió con la cabeza en señal de agradecimiento, gesto que a Ben le pareció extraño y, para ser sincero consigo mismo, bastante lindo.
Ben se levantó de la cama y fue a su escritorio, dándole la espalda a Gwen, permitiéndole sonrojarse sin que ella lo viera.
-Oh, por cierto, Ben…-comenzó a decir Gwen, cuando fue interrumpida por un hipo de ella misma e instantes después, por Sandra, quien entraba a la habitación con una bandeja con galletas de chispas de chocolate, una tetera plateada que humeaba y dos tazas vacías.
-Aquí tienen, pensé que les gustaría esto.-dijo mientras dejaba la bandeja en su escritorio.
-Gracias.-ambos respondieron al mismo tiempo, y se sonrieron el uno al otro.
Esa tarde, ambos la pasaron bastante agradable comiendo, jugando viejos videojuegos de Ben y viendo una película que el le permitió a ella escoger, hasta que oscureció.
Gwen, percatándose de eso, preguntó sorprendida:
-¿Ya ha oscurecido? ¿Qué hora es?
-Van a dar las once. ¿Piensas ir a casa?-preguntó Ben.
En toda la tarde, Gwen no había observado su teléfono, y cuando lo hizo, se encontró con llamadas perdidas de Kevin, con intervalos de una y dos horas.
-¿Por qué no te quedas esta noche, Gwen? El cuarto de huéspedes no es malo y mamá es fanática de la limpieza.-dijo Ben mientras observaba a Gwen checar su teléfono.
-¿Crees que me lo permita?-preguntó esta mientras bloqueaba su teléfono y se levantaba del sillón.
-¡Pero claro! Yo me encargo.-aseguró Ben con confianza mientras apagaba la televisión y un momento después salía del cuarto.
Gwen envió un mensaje de texto a su madre para avisarle que estaba con Ben, preguntando si había algún inconveniente sobre el quedarse en casa de sus tíos.
Inmediatamente después de enviar el mensaje, el teléfono sonó. Gwen se asustó un poco al escucharlo timbrar tan precipitadamente, y lo arrojó sobre la cama de Ben. Era Kevin.
