Aunque suene tedioso esto no puede faltar, los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, y la historia fue escrita por hikingurl, yo solo traduzco.

Y como siempre, no puede faltar mi agradecimiento a mi beta y amiga durante todo este tiempo en el fandom. Gracias Erica, con tu ayuda he crecido como traductora y ha mejorado un poco mi gramática :P


Capítulo quince

EPOV

Hay una belleza serena en el polvoso paisaje desértico y árido que nunca antes me había tomado el tiempo de ver. Nos movíamos a través de él, como un grupo, de camino a los acantilados al borde del páramo o de volver de ellos, por supuesto. Pero estábamos buscando evidencia de Yippers, o Thaays, o tratando de evitar Fangers territoriales—sin apreciar la tranquila serenidad que ahora me rodea.

No está completamente silencioso. Una ligera brisa hace susurrar las hojas de unas cuantas plantas de color verde opaco, y envía a las que se sueltan dando tumbos por mi camino. Levanta el polvo seco que agito con mis pasos y lo lanza hacia adelante, deslizándose y arremolinándose a lo largo del sendero frente a mí. Hay chirridos y gorjeos de pequeños animales que se escabullen de mi camino cuando paso trotando. Sabía que había más vida salvaje afuera de la que sospechábamos; solo que nunca nos tomábamos el tiempo de realmente prestar atención. Con mi percepción mental mejorada en alerta máxima, puedo sentirlos—deteniéndose abruptamente cuando me acerco, luego resumiendo sus actividades cuando paso.

Marrón hubiera sido la palabra que usaría para describir este lugar en el pasado. Pero ahora, solo… con solo mis pensamientos y mis propias apreciaciones para considerar… me doy cuenta que marrón es una pobre elección para la combinación de una selección de vivos colores ladrillo, dorados ámbar y beige oscuro coloreando el paisaje. Algunas de las rocas y peñascos que cubren el área tienen capas de tonos multicolores de canela, ladrillo y bronce; otras están tan oscuras que parecen casi negras, y se ven como el carbón que usamos en nuestros hornos.

El sendero es apenas visible, y muestra poco uso, el polvo que vuela ha oscurecido la mayor parte. Sin embargo, un ocasional hito de roca marca el camino, y me mantiene en la ruta. Mientras el sol cae lentamente hacia el horizonte a medida que progresa la tarde, he tratado de mantenerlo a mis espaldas, siempre dándole la espalda al dirigirme al este. Mientras esté detrás de mí, en realidad no puedo perderme.

De vez en cuando, encuentro pistas de que alguien ha pasado recientemente por este camino—una huella apenas visible de un pie, o una ramita quebrada, o una hoja aplastada—señales tan leves que nunca las habría notado sin mi entrenamiento; solo puedo esperar que sean de Bella y Alice. Todavía me es difícil aceptar el hecho que Bella tiene a Alice con ella—y que están por ahí, solo las dos, sin ninguna protección.

Pero, por otro lado, tal vez sí tienen algún tipo de protección.

Esos callos en las manos de Bella… su izquierda estaba áspera desde su palma hasta la punta de sus dedos, como si hubiese estado sujetando un arco; las puntas de los dedos de su mano derecha se habían endurecido, áreas más gruesas, justo donde descansaría la cuerda del arco. Y ese raspón a lo largo de su brazo izquierdo se veía como el tipo de herida que un aprendiz recibiría por no usar la protección de brazo apropiadamente—exactamente igual a esas que se forman cuando alguien está usando repetidamente un arco y flecha… y a menudo. ¿Es posible que ella haya estado entrenando con alguien durante los últimos meses, cuando aseguró estar con el Thaay?

Esa idea casi hace que me detenga en medio del sendero, al recordar a Hunter describiendo a Jasper como "un excelente tirador con el arco". Si Jasper sigue con vida – y si está todavía con el Thaay—¿podría ser él quien está entrenando a Bella? No puedo evitar maldecir cuando me doy cuenta que perdí la oportunidad perfecta frente al tribunal para preguntarle sobre Jasper. Más ideas entran y salen de mi cabeza al tratar de encajar las piezas de este complicado rompecabezas. Sin embargo, no puedo encontrar soluciones porque aún faltan demasiadas pistas.

Cuando el sol empieza a ponerse, la temperatura cae rápidamente, justo como me habían dicho que sucedería. Hunter me advirtió, una y otra vez, que no me helara demasiado cuando el sudor empezara a secarse; una repentina baja de temperatura en mi cuerpo podía llevar a una mente cada vez más lenta y confundida, evitando que tome decisiones racionales. Ya que planeo seguir en movimiento por al menos unas horas más si es posible, me detengo para un corto descanso y a ponerme la ropa térmica tejida bajo mis pantalones y mi camisa. Después de beber varios sorbos de agua y comer algo de fruta seca, continúo mi viaje hacia el cañón.

Las dos lunas están a la vista esta noche, y—entre su luz conjunta – puedo ver bastante bien. Sin embargo, la más pequeña y brillante se ocultará en un par de horas, y entonces tendré que detenerme por la noche. Incluso con todos mis sentidos en alerta, aún sería muy peligroso continuar. No puedo permitirme una torcedura de tobillo o alguna otra herida.

Por lo que puedo imaginar, Bella y Alice llevan unas dieciocho horas de ventaja. Espero poder viajar más rápido y más lejos que ellas, y disminuir parte de esa ventaja; pero aún significa que llegarán a Ares Vallis antes que yo. Cruzar el cañón será la parte más peligrosa de su viaje, por la creciente amenaza de los Yippers. Si se dirigen a Korinth para reabastecerse, puedo esperar de forma realista alcanzarlas ahí.

Aunque no quiero detenerme, para cuando se pone muy oscuro para continuar de forma segura, sé que tengo que hacerlo. Ya me he tropezado dos veces con rocas ocultas en el sendero, y los músculos de mis piernas empiezan a doler por casi ocho horas de correr sin parar.

Encuentro dos grandes formaciones de roca con un pequeño espacio casi oculto entre ellas. Después de revisar en busca de animales escondidos—incluyendo buscar mentalmente cualquier Fanger acechando—hago un campamento en la estrecha área bordeada por las formaciones. Las rocas han absorbido el calor del sol, y gradualmente la volverán a liberar durante la noche en el pequeño espacio, manteniéndome caliente. También me protegerán del viento nocturno, que se ha hecho más fuerte a medida que ha bajado la temperatura.

El suelo del desierto es arena profunda y suave, de modo que puedo hacer una zanja en donde quepa mi cuerpo, haciendo una cavidad más profunda para mis caderas y hombros. La vejiga de agua todavía tiene mucha agua, por lo que bebo libremente y a grandes tragos, pero reservo la suficiente para dos días más. Debería poder reabastecerme en uno de los agujeros de agua en el cañón; y si tengo que hacerlo, puedo llegar a Korinth con lo que me queda.

También me aseguro de comer suficiente de la comida que he estado cargando. Kate me ha dado tiras de puerco, sazonadas con especies y ahumada para prevenir descomposición. Además, encuentro algunas galletas y queso de cabra, con bayas secas y manzana fresca que devoro con ganas. Cuando termino de comer, me acomodo y a mis armas en mi campamento. Mi capa me envuelve por completo por debajo y a mi alrededor, la capucha está sobre mi cabeza. El arco y la espada están junto a mí a mi izquierda, la aljaba debajo de mi cabeza como almohada, y mi escudo de madera está cubriendo mi pecho. Mi cuchillo sigue atado a mi muslo derecho.

Con las lunas bajo el horizonte, el cielo encima de mí es de un negro intenso, su oscuridad rociada generosamente con estrellas. Algunas grandes, otras pequeñas, algunas brillantes y encendidas; otras tan apagadas que apenas pueden verse. Me pregunto si algunas de ellas pudieran ser otros planetas como el mío, y si hay gente en ellos, viviendo vidas como la mía. Esos pensamientos son demasiado fascinantes para considerar al final de un día tan largo y agotador—así que me ruedo sobre mi lado izquierdo, revisando que mis armas estén a mi alcance, y entrego mi cansado cuerpo a un profundo, profundo sueño.

Todavía está muy frío cuando despierto la mañana siguiente, rígido y adolorido por dormir en el suelo. Sin embargo, consigo permanecer caliente durante la noche, en parte gracias al sitio de campamento que seleccioné—pero mayormente por la ropa térmica de pelo de cabra, que demostró valer cada hora de labor que alguien dedicó a hacerla. Decido dejármela puesta hasta que mis músculos tengan la oportunidad de calentarse; por lo que con una comida rápida y un poco de agua, ordeno mi equipo y armas y empiezo la travesía hacia Ares Vallis.

Esta vez, me dirijo directamente hacia al sol naciente—el rosa profundo y apagado del cielo a su alrededor da paso a vetas de anaranjado y rojo al subir más alto en el cielo sobre mí. Solo pasa una hora o dos antes de que la ropa térmica sea demasiado caliente para usar; tomo un descanso y rápidamente me la quito. Cuando la empaco en mi camisa, encuentro otro paquete de galletas y queso de cabra, combinándolos con un puñado de fruta seca y un largo trago de agua, y continúo mi camino.

Paso todo el día alternando entre cortos periodos caminando y largos tramos corriendo. Bebo de mi vejiga de agua y como nueces y fruta seca mientras me muevo. Estoy tratando de llegar a la orilla del cañón al anochecer; una distancia que, de acuerdo al mapa, normalmente tomaría dos días completos. Desde ahí, es un día de viaje a través de Korinth—donde espero encontrar a Bella y Alice, a menos que encuentre evidencia que se hayan dirigido al sur, hacia el páramo. Podría viajar más rápido al correr a toda velocidad, pero significaría descender la pared del cañón con el sol detrás de mí, y entonces acampar en el suelo del cañón—algo que tengo que evitar, si es posible. Pero si calculo esto correctamente, estaré descendiendo con la luz de la mañana para guiarme, dejándome una ruta directa a través del cañón hacia el otro lado, la que planeo cubrir en un día.

Una vez más, me encuentro admirando la extraña belleza de este lugar. Cuando el sol llega a su cénit en el cielo, los colores parecen atenuarse, dejando el panorama con una apariencia más decolorada y árida, cubierto de tonos grises y beige. Atravieso el espacio—silencioso, solo—perturbando solo el polvo debajo de mis pies que se asienta cuando paso. Diez minutos después que me voy, nadie más que un explorador entrenado sabría que estuve alguna vez ahí.

Llego a Ares Vallis justo cuando el sol se desliza bajo el horizonte. Estoy cansado, hambriento y más sediento de lo que había anticipado; nuestro entrenamiento siempre ha sido vigoroso, pero nunca me he presionado tanto. La abundancia de peñascos significa muchos posibles lugares para acampar, y no pasa mucho tiempo para que ordene mi equipo y me instale para pasar la noche. Una vez más, me siento agradecido por el calor de las capas de ropa que agrego cuando la temperatura se desploma.

Todavía llevo suficientes raciones, así que como hasta llenarme, al saber que voy a necesitar de toda mi fuerza para cubrir la crucial distancia restante—desde mi campamento, cruzar el suelo del cañón y subir hasta el otro lado a Korinth—en solo un día. Sin embargo, el agua se está convirtiendo en un problema. Hoy consumí más de lo que había anticipado, e incluso ahora todavía estoy muy sediento. Decido beber la mitad de lo que tengo, para que mis músculos se puedan recobrar por el esfuerzo de hoy, y tratar de encontrar agua en la primera fuente del mapa. El cielo está brumoso esta noche, lleno de polvo que un fuerte viento del norte parece traer consigo, por lo que no puedo ver ninguna estrella. Minutos después que me instalo en mi cama improvisada, estoy profundamente dormido.

El cielo apenas está iluminado cuando localizo el hito de roca marcando la mejor ruta para descender la pared del cañón. El mapa muestra varias rutas, pero he tratado de encontrar la más cercana a la fuente de agua. El sendero usa los contornos naturales de la tierra para volver a bajar al nivel del suelo. No está muy inclinado, pero requiere de toda mi concentración no perder el camino cuando serpentea antes de nivelarse. Me alegra tener la luz de la mañana para ver por dónde voy.

De acuerdo al mapa, debe haber una posible fuente de agua localizada entre dos formaciones altas parecidas a capiteles a la vista desde la parte baja del sendero. Finalmente, las veo a mi derecha, un poco hacia adelante. Al dirigirme hacia ellas trotando cómodamente, dejo que mi percepción mental se extienda a mi alrededor, buscando evidencia de Yippers u otros peligros cerca. No encuentro nada; pero vuelvo a revisar para estar seguro, justo antes de meterme en el espacio protegido donde el manantial debería estar ubicado.

Justo como Hunter lo había descrito, una gran roca aplastada cubre un área de arena húmeda. Empujo la roca hacia un lado, y enterrada debajo está una pala con un mango corto y una pequeña taza de metal. Tengo que cavar casi un metro antes de que el agua comience a fluir dentro del agujero que he hecho. Está lodosa al principio; pero al usar la taza para sacar el agua semisalada, agua de apariencia más fresca empieza a filtrarse. Un sorbo vacilante de la taza me dice que el agua es potable, sin olor o un sabor extraño. Después de beber lo que queda en mi vejiga de agua, la vuelvo a llenar usando la taza. Considero por un momento llenar la segunda vejiga, pero me decido en contra de ello por el interés de ahorrar tiempo—y el hecho de que debería poder llegar a Korinth antes del anochecer. Usando la pala para empujar la arena de vuelta al agujero, coloco la taza y la pala encima antes de cubrir todo con la roca plana.

Ha pasado más tiempo del que esperaba, así que cuando dejo la fuente de agua, comienzo a correr con un ritmo más rápido al empezar a atravesar el suelo del cañón. La mañana se extiende, y hago un buen tiempo. Mis músculos se han relajado gradualmente; y con mucha agua, comida y descanso, me siento fuerte y relajado. El suelo del cañón es una mezcla de alío y arena intercalados con áreas rocosas que demandan toda mi cuidadosa atención al cruzar. Recuerdo a Hunter describiéndolo como un enorme drenaje de agua—aunque parece imposible que tanta agua libre alguna vez pudo haber existido—es simple de ver cómo el agua ha formado el cañón.

Aunque presto mucha atención a mi entorno, no siento peligro. De hecho, me doy cuenta que no puedo sentir ninguna vida en absoluto… ya sea cerca, o lejos. Brevemente me pregunto si debería estar preocupado, ya que la vida salvaje, incluyendo los Yippers, frecuentan esta área por agua; pero el extraño alivio de no tener que preocuparme de su amenaza eclipsa cualquier preocupación por su ausencia.

Es media tarde cuando empiezo a sentir que algo no está bien. Sigo sin sentir alguna vida a mi alrededor, de modo que sé que eso no es la causa.

Sin embargo, está ahí.

La sensación de perderme algo importante de lo que debería estar consciente. He sido cuidadoso de permanecer hidratado, tomando frecuentes tragos de agua, y he comido refrigerios durante el día para mantener mi fuerza. Pero la sensación de peligro continúa creciendo.

El viento se ha incrementado a medida que progresa el día, soplando continuamente desde el norte. Una o dos veces, he sentido fuertes ráfagas que me han hecho perder el ritmo temporalmente. El polvo también ha empeorado; y finalmente tengo que detenerme, levanto mi capucha, y sujeto el filtro para respirar sobre mi nariz y mi boca. Echo un vistazo hacia el norte… y lo que veo ahí me asusta más que nada de lo que he experimentado alguna vez.

Es un haboob: una tormenta de polvo tan grande—y tan intensa—que llena el horizonte tan lejos como puedo ver. Las nubes más altas del polvo son tonos de marrón que gradualmente se oscurecen casi a un color negro tocando el suelo. Incluso mientras veo, parece crecer y expandirse, bloqueando el sol, al bajar el cañón a toda velocidad hacia mí. Todavía está a kilómetros de distancia, pero puedo escuchar el chillido agudo del viento y el gruñido bajo de la arena restregándose.

Se nos ha enseñado qué son, pero en realidad nunca he visto una—al menos así; las montañas alrededor de nuestro valle nos protegen del fuerte choque de su furia siempre que bajan del norte, y se nos advierte que permanezcamos dentro para evitar respirar el polvo. Recuerdo a los entrenadores contándonos historias del viento y la arena despellejando la piel y el músculo del hueso, y pulmones incapaces de respirar por llenarse de polvo. Nadie tenía permitido salir de la protección del valle cuando llegaba un haboob.

Ahora estoy aquí desprotegido, en medio de un cañón que parece estar canalizando lo peor de la tormenta directamente hacia mí.

Me vuelvo hacia Korinth… y corro. Corro hasta que mi corazón late con fuerza en mi pecho y mi respiración rechina con cada jadeo. Corro mientras el viento trata de arrancar las armas de mi espalda y la capa de mi cuerpo. Corro mientras el cielo sobre mí se vuelve negro por el polvo, y apenas puedo ver frente a mí.

Cuando llego a mi límite, abro mi escudo y me envuelvo protegiéndome. En seguida siento los estragos de mantenerlo; pero me da la oportunidad de recuperar el aliento, beber algo de agua, y descansar por un minuto. Ver la arena golpear el escudo y deslizarse por él es una sensación extraña. Sin embargo, el viento lo está empujando, y estoy encontrando difícil permanecer de pie. También sé que no puedo mantenerlo indefinidamente, tengo que encontrar refugio, y el lugar más seguro sería Korinth.

Empiezo a correr otra vez.

Cuando llego a la pared del cañón, puedo encontrar refugio de lo peor del viento y arena detrás de unas grandes rocas. Dejo caer mi escudo. El viento chilla y aúlla sobre mí, y la arena golpea las rocas que protegen mi espalda. Sé que si voy resistir esta tormenta, debo ser muy cuidadoso y pensar en las decisiones que tomaré en el siguiente par de horas. Considero un número de opciones; pero al final, sé que tratar de llegar a Korinth es lo más lógico de hacer. No puedo sobrevivir sin mi escudo, y no puedo mantenerlo abierto el tiempo suficiente para soportar la tormenta. Los haboobs pueden durar varios días—y ni siquiera he visto lo peor todavía. Abro mi escudo nuevamente, y empiezo a subir la pared del cañón.

El tiempo parece detenerse mientras lucho por subir… deslizándome y patinando sobre la tierra que continúa moviéndose bajo mis pies, cuando el viento trata de sacarme del camino. En algún momento, expando mi escudo tratando de disminuir el efecto del viento. Ayuda por un tiempo, y soy capaz de hacer un mejor progreso. Pero cuando mi fuerza comienza a decaer, el escudo parpadea y empieza a colapsarse… así que rápidamente lo repliego, cerca de mí. Aun así, apenas puedo mantener la arena lejos de mí cuando finalmente recurro a trepar por las rocas y tierra para alcanzar la cima de la pared.

El viento parece ser menos poderoso cuando finalmente alcanzo el nivel del suelo, y puedo ponerme de pie otra vez; la profunda garganta del cañón debe intensificar el viento al canalizarse por ella. Apenas puedo distinguir una cordillera en la distancia, y lo que parece ser un muro de piedra hecho por el hombre con una puerta de entrada. Hay un camino bastante parejo que conduce a él.

Estoy cansado hasta los huesos, pero me tambaleo—con el escudo apenas sosteniéndose—hacia la puerta… y la seguridad.

Golpear la puerta no trae respuesta, por lo que a tientas me dirijo a lo largo del muro hasta encontrar una puerta lateral. En la cima, saliendo por una pequeña abertura está una gruesa soga ondeando en el viento; cuando tiro de ella una barra se levanta en el interior y puedo empujar la puerta para entrar.

Los gruesos muros de piedra disminuyen el ruido de la tormenta; pero aunque puedo llamar tan fuerte como puedo, nadie me responde. El edificio en el que estoy parece imitar la distribución de nuestras barracas en el muro. Hay una pequeña ducha de descontaminación que se abre hacia un pasillo cubierto de varias puertas cerradas. Las primeras dos revelan algún tipo de oficina o pequeña sala de reuniones; la siguiente es un enorme dormitorio, con camas y pequeños cofres de almacenamiento. Finalmente, encuentro un comedor con una cocina adjunta. A excepción de los muebles, todas las habitaciones están vacías. No veo cosas personales, ni ropa, ni armas. Todo el lugar da la impresión de estar abandonado, y una fina capa de polvo lo cubre todo.

A primera vista, los cuartos de almacenamiento de comida también parecen vacíos; pero el último que reviso contiene varias cajas de paquetes de comida seca y una docena o más de jarros de cerámica con algún tipo de líquido sellados. Luce como un almacén de provisiones de emergencia. Cuando rompo el sello del primer jarro, encuentro agua—fría por estar guardada en la gruesa vajilla en el oscuro cuarto de almacenamiento. Está deliciosa, y bebo casi la mitad antes de que mi sed esté saciada.

Hay ventanas y una puerta a un lado del comedor que da a un pequeño patio protegido en la parte trasera del edificio. Cuando abro ligeramente la puerta, puedo ver lo que parece ser un camino que conduce hacia lo que supongo es el resto del valle. La tormenta sigue azotando afuera, por lo que cierro rápidamente la puerta, regresando a sentarme en una de las mesas del comedor.

Es muy obvio que nadie ha estado aquí en algo de tiempo. Si Korinth se parece en algo a mi hogar, probablemente hay unas cuantas aldeas, y tal vez una ciudad central más grande. Es posible que los habitantes se hayan ido a un área más protegida, sobre todo al acercarse el haboob. Espero que Bella y Alice estén con ellos.

Enfrentando la realización de que no hay nada que pueda hacer para resistir la tormenta, retrocedo en mis pasos hacia el dormitorio. Buscando en uno de los cofres de almacenamiento, encuentro velas, un pedernal, y un surtido de ropa de cama y toallas. Encendiendo varias velas, regreso al cuarto de duchas, esperando que los tanques de almacenamiento puedan tener todavía suficiente agua para asearme. El chorrito que sale de la tubería está fría, pero acojo la oportunidad de quitarme el polvo y el sudor de mi cabello y mi cuerpo. Me rio entre dientes al ver los lodosos riachuelos desaparecer por el desagüe.

Mi ropa está sucia y cubierta de polvo, así que me pongo mi ropa térmica y regreso al dormitorio. No me toma mucho tiempo acomodar las mantas y la almohada en una de las camas, y en cuestión de minutos caigo en un sueño agotador.

La tormenta por fin se calma durante las últimas horas de la tarde del tercer día. He pasado mi tiempo limpiando mi equipo y mi ropa, comiendo, bebiendo, y durmiendo… mucho. Cuando desperté la mañana después que llegué, mis músculos estaban tan adoloridos que apenas pude cojear a los inodoros para orinar, y luego a la cocina para encontrar algo de comer y beber. Dormí la mayor parte de ese día.

Para la siguiente tarde, cuando es aparente que la tormenta finalmente está disminuyendo, me siento ansioso por explorar el resto del valle y buscar a sus habitantes. El cielo aún está polvoso cuando salgo por la puerta trasera y comienzo a bajar por el camino, dirigiéndome hacia una ciudad amurallada que puedo ver al otro extremo del valle.

El camino pasa por pastizales y campos cercados. El polvo de la tormenta se transforma en pilas contra cualquier cosa en su camino—dejando algunas áreas cubiertas de arena, y otras áreas erosionadas por la fuerza del viento. Los árboles de lo que alguna vez fue un huerto se han quedado sin hojas, y ramas rotas cubren el suelo.

Las cosas mejoran cerca de la ciudad. Este extremo del valle está rodeado por montañas más altas que ofrecen mejor protección; también empiezo a ver más verde en los campos y árboles. Paso varias torres que deben ser los 'molinos de viento' de los que habló Hunter. El agua fluye por uno, por una tubería y hacia una zanja de irrigación que serpentea hacia el campo de trigo.

Excepto por el sonido del viento extinguiéndose a través de la hierba y el chirrido de aspas encendiendo los molinos de viento, no hay otros sonidos: ni de animales, ni de pájaros, ni de gente.

La puerta de la ciudad está abierta cuando llego a ella. Paso las siguientes horas buscando en todas las casas, en las barracas, en la cocina, el comedor y los cuartos de almacenamiento… pero no hay nadie aquí. Al parecer no ha habido nadie aquí en algún tiempo. Uso mi percepción mental para buscar en toda el área circuncidante, pero no puedo sentir vida alguna en absoluto.

Cuando empieza a caer la noche, hago lo único que puedo hacer: regresar, decepcionado, a las barracas del muro de entrada—y me preparo para pasa otra noche. He estado en mi misión por cinco días, y todavía no he encontrado a Bella o Alice.

Pero he encontrado un vacío y abandonado Korinth.


Otro valle más abandonado y sin vida, ¿dónde estará la gente que vivía ahí? Hunter dijo que estuvo ahí después de la desaparición de Jasper y hace años que nadie llega a pedir asilo a Olympus, el valle de Edward. ¿Será que murieron? ¿O estarán con el Thaay? Mmmmm… algo que considerar. ¿Podrán Alice y Bella haber sobrevivido esa tormenta, o ya habrán llegado a un lugar seguro? ¿Ustedes qué creen? Por supuesto, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció el capi, y si estaba esperando un poco más, no se preocupen, que les aseguro que con los siguientes capítulos su mente quedará dando vueltas con tantas información que van a recibir, por lo pronto, el próximo confirma la teoría de muchas de ustedes. Así que, a usar el cuadrito y veamos si podemos leer más pronto ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: calvialexa, Nadiia16, Summer Suny, dushakis, Ome Taisho, Ali-Lu Kuran Hale, Brenda Cullenn, Lady Grigori, glow0718, Niny96, solecitopucheta, carolaap, Gabriela Negrete, AuroraShade, Say's Manligrez, Alma, Tecupi, Nancy, Cary, Adriu, Gabriela Cullen, lizdayanna, JessMel, Ericastelo, Melany, alejandra1987, ConiLizzy, saraipineda44, injoa, Sheei Luquee, Pili, Sully YM, Liz Vidal, lagie, SharOn, aliceforever85, Cristal82, Melina, myaenriquez02, Alma Figueroa, Rosy Canul, kaja0507, erizo ikki, Techu, sueosliterarios, andyG, patymdn, liduvina, Isabelfromnowon, Diablillo07, villachica, johanna22, Mafer, Tata XOXO, rjnavajas, ELIZABETH, AriGoonz, tulgarita, Noir Lark, Maryluna, bbluelilas, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Nos leemos en el siguiente, muy pronto, espero.