Aunque suene tedioso esto no puede faltar, los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, y la historia fue escrita por hikingurl, yo solo traduzco.

Y como siempre, no puede faltar mi agradecimiento a mi beta y amiga durante todo este tiempo en el fandom. Gracias Erica, con tu ayuda he crecido como traductora y ha mejorado un poco mi gramática :P


Capítulo veinticuatro

EPOV

Justo como Bella predijo, Alice me estaba esperando cuando salí de mi habitación la mañana siguiente. Estaba sentada en el piso, recargada contra la pared frente a mi puerta—luego se levantó de un salto cuando me vio, con una enorme sonrisa iluminando su rostro.

Una sonrisa que gradualmente desapareció cuando vio el ceño fruncido en el mío.

Un movimiento me había despertado temprano esa mañana, cuando Bella trató de salir de la cama sin que me diera cuenta. La observé con un ojo apenas abierto mientras caminaba de puntillas por la habitación, tratando de encontrar sin hacer ruido sus zapatos que habían sido arrojados al piso el día anterior. Cuando estuvo a mi alcance, de pronto agarré su mano—haciéndola saltar y chillar por la sorpresa. "¡Edward!" Me reprendió, cuando me reí de ella.

"¿A dónde te estás escabullendo tan temprano en la mañana?" Pregunté.

"Bueno, a diferencia de algunas personas," bufó, viéndome tendido en la cama. "Tengo trabajo que hacer… y no puedo holgazanear todo el día en la cama," dijo bromeando.

"Ah, por favor," le rogué, tirando de ella hacia mí y sentándome en la orilla de la cama. "Podríamos trabajar en nuestra 'conexión' otra vez," susurré, al rodearla con mis brazos cuando se paró entre mis piernas abiertas. Apoyé mi cabeza contra su cálido cuerpo, suspirando cuando empezó a pasar sus manos sobre mis hombros y masajeando mi cuello con sus fuertes manos. "Sabes que quieres, amor. ¿Solo un poco más?" Imploré otra vez.

"Oh, Edward," gimió. "Sabes que quiero quedarme…"

Bella se había acercado a mí, dejando una línea de pequeños besos que me provocaban cosquillas a lo largo de mi cuello antes de susurrar en mi oído. "De verdad, realmente me gustaría pero… ¡apestas!" Se echó a reír, alejándose de mí saltando hacia atrás y soltándose de mi agarre. "¡Ve a tomarte una ducha, lava tu cabello, y ponte algo de ropa limpia, amor! Estoy segura que te veré más tarde hoy."

Y con eso, se encaminó hacia la puerta, riendo con aún más ganas cuando me levanté y alcanzó a ver el evidente bulto en mis pantalones de dormir. "Pagarás por eso, pequeña provocadora," grité detrás de ella, cuando salió de la habitación.

Asomándose una vez más en la habitación, me dio una amplia sonrisa. "¡Oh, realmente eso espero!" Sonrió con suficiencia, antes de alejarse por el pasillo.

Una mirada en el espejo confirmó lo que Bella había dicho. Sí, necesitaba una ducha; mi cabello estaba grasoso y se pegaba a mi cabeza, todavía traía puesta la ropa del cuarto de hospital casi tres días después, y mis dientes y mi boca necesitaban desesperadamente limpieza.

Así que, me permití una muy larga ducha; lavando meticulosamente mi cuerpo y mi cabello, luego tomándome el tiempo para afeitarme e intentar domar mi desastroso y demasiado largo cabello rebelde. Estaba agradablemente sorprendido de lo bien que me sentí. Por primera vez desde la mordida del Fanger, estaba fuerte y descansado—sin dolor en mi mano—o ninguna otra parte, para esto. Toda la hinchazón había desaparecido, y después de flexionarla un poco, mi agarre parecía solo un poco débil. Esperaba que toda mi fuerza y destreza regresaría con el tiempo, y que mi habilidad para usar mis armas no se vería perjudicada.

Aunque la ducha había sido relajante y mi cuerpo ciertamente disfrutó del agua caliente, no había sido capaz de dejar de pensar; todo lo que Bella me había revelado se repetía, una y otra vez en mi mente.

No podía dejar pasar la comprensión que por un número desconocido de años, alguien había estado introduciendo medicina en secreto en la comida de los Protectores. Y, cuando analicé sus otras declaraciones sobre algunas mujeres que no podían tener hijos aceptando mi invitación—y otras diciéndome que 'no' por respeto a nuestra conexión—solo podía llegar a una conclusión lógica: que todas las mujeres en el valle tenían que saber sobre los anticonceptivos; y por lo tanto, todas tenían que saber no solo de mis habilidades, sino también de la historia de la fundación de nuestro valle, el verdadero propósito del programa Protector, y la verdad sobre el Thaay.

Me estaba afeitando cuando las piezas empezaron a encajar, los detalles faltantes finalmente empezaron a conectar y tener sentido. Me miré al espejo, vi la incredulidad en mi rostro al resistirme a lo que sabía tenía que ser la verdad—pero que no podía aceptar. Recordando la extraña mirada de Rose y sus palabras de la última fiesta simplemente confirmaron mi convicción recién encontrada: tenía razón en creer que Rose sabía lo que estaba ocurriendo con Emmett.

Todas ellas sabían.

Toda mujer con la que he tenido contacto—desde Kate, a las demás matronas; Hasta Rose, Bella y las otras mujeres en las fiestas; y finalmente mi propia madre— ¡todas ellas sabían la verdad!

Y si todas las mujeres sabían, ¿también los hombres? Jasper y Hunter eran Rangers; por lo que de acuerdo a lo que Bella había explicado, les habrían dicho. Ya que mi padre estaba aquí en el asentamiento, obviamente también lo sabía todo.

¿Era posible que todos en el valle, salvo los Protectores activos, estaban al tanto de esto? ¿Éramos algún tipo de broma para la gente que habíamos jurado proteger y servir? ¿Sonreían de forma engreída mientras nosotros dormíamos en nuestras habitaciones en las barracas y comíamos en nuestras mesas, ajenos a sus manipulaciones?

Una ira candente, como la que nunca antes había sentido contra un enemigo, me invadió. Me sentí traicionado, humillado y manipulado. Mis manos estaban temblando tanto que ya no pude sostener con firmeza la navaja para terminar de afeitarme. Dejándola en el tocador, me enjuagué el rostro en el lavabo, luego agarré una toalla para secarme.

Cuando levanté la vista al espejo, estaba atónito por el rostro que vi ahí. Me veía más que enojado; la furia retorció mis rasgos, y mis ojos resplandecían por la indignación. Me veía mayor, determinado y furioso.

El semblante de un enfurecido guerrero me devolvía la mirada.

Sin embargo, incluso cuando se enardeció mi furia—y mi mente despotricó y se encolerizó por los escenarios que imaginó—una parte de mí, más callada y apenas un poco más calmada, recomendaba paciencia. Era una guerrero: un Protector bien entrenado y disciplinado, al que le habían enseñado a usar la lógica y a razonar para evaluar una situación. Sabía que Bella, mis padres, mis hermanos, e incluso los ciudadanos de mi valle, todos eran gente buena. Que toda la población ocultara un secreto de esta magnitud por tantos años hubiera sido casi imposible.

También tenía que reconocer que todo lo que se me había revelado hasta ahora había sido mantenido en secreto por muy buenas razones. Razones que no podía cuestionar.

Eso no significaba que aceptaría que ocultaran algo por más tiempo.

Era el momento de la verdad. ¡Toda la verdad!

Y así, con esa resolución, me había puesto algo de ropa esta mañana—saliendo rápidamente de mi habitación, y determinado a demandar respuestas de mi madre—solo para encontrarme con mi hermanita esperando afuera de mi puerta, con su gran sonrisa feliz al verme.

La sonrisa que ahora veo desaparecer lentamente, cuando ve la ira en mi rostro.

"Edward…" Chilla, mirándome. "¿Estás bien? ¿Quieres que te deje solo?"

Desde que dejé el hospital, había pasado tiempo con mi madre, con Jasper, y más de un día y toda la noche con Bella; pero, con excepción de dos comidas—durante las que más que nada la ignoré—no había pasado nada de tiempo con Alice. Aun así aquí está ella, a pesar del desinterés que le mostré antes, aún emocionada de verme recuperado y de pie, todavía ansiosa por pasar tiempo con su hermano mayor—que ahora se alza sobre ella con una expresión llena de tanta ira que la está asustando.

Por solo un momento, quiero pasar junto a ella e ignorar la esperanza en su rostro, concentrándome en vez de eso en encontrar a mi madre—y desahogar mis frustraciones y sospechas en la persona que, siento, tiene todas las respuestas; pero una mirada de cerca a los asustados ojos de Alice, y todos esos pensamientos desaparecen.

En seguida me siento culpable.

Al tomar una respiración profunda para calmarme, me doy cuenta que todo con excepción de Alice puede esperar. Explicaciones y razones; la verdad completa y pequeños detalles; la ira y las frustraciones; acusaciones y manipulaciones… nada de eso es importante como la jovencita que está frente a mí.

Así que, tomando otra respiración profunda, le sonrío, agarro su mano y exclamo, "Alice, mi linda hermanita, no puedo pensar en nadie a quien preferiría ver hoy porque estoy absolutamente hambriento. Por favor, llévame a donde haya algo de comida antes de que mi estómago comience a gruñir con tanta fuerza que nos avergüence a ambos."

Y entonces, como si hubiese escuchado, hace justo eso—dejando escapar un gruñido tan fuerte que los dos reímos al caminar por el pasillo.

El comedor está vacío cuando entramos; pero Alice me hace cruzar la sala y pasar por las puertas abiertas de la cocina, donde varias personas todavía están trabajando. Ninguna de ellas es de nuestro valle, y titubeo brevemente antes de seguir a Alice dentro del lugar de trabajo. "Este es mi hermano, Edward," anuncia alegremente. "Y tiene mucha hambre," explica, antes de presentarme al hombre y la mujer que parecen amigables y deseosos de conocerme.

Veo cómo Alice interactúa con la gente en el lugar. Es claro a la vista que ella es su preferida. Se ríe a carcajadas, bromea y suelta risitas por la cocina, reuniendo ingredientes para el 'gran desayuno' que tiene intención de prepararme. Ellos, a su vez, la tratan como a su propia hija, alardeando de sus habilidades en la cocina e incluso limpiando cariñosamente algo de harina suelta de su mejilla. Se me ocurre que ella y Jared son los más jóvenes aquí; y me pregunto brevemente por qué no hay niños.

En poco tiempo, me encuentro sentado en una mesa de trabajo frente a un plato de huevos, tocino y algo que Alice llama panqueques. Ayudó orgullosa a una de los cocineros a hacerlos para mostrarme cómo verter masa en una plancha caliente, y luego darles vuelta para cocinarlos del otro lado cuando se pusieran cafés. Los cubrió con una generosa cantidad de espesa miel con bayas secas. Son deliciosos, y no tengo que exagerar cuando le digo que es el mejor desayuno que he comido.

Ella se sonroja por mis halagos, su placer por mis palabras tan radiante que ilumina todo su rostro, y en seguida me siento agradecido por decidir renunciar a mis anteriores planes y en vez de eso pasar la mañana con ella.

En el momento que termino, agarra mi mano y de inmediato me lleva por un pasillo diferente—todo mientras me explica que tiene una sorpresa para mí, y que voy a poder ver dónde está asignada a trabajar esa semana.

Cuando abrimos la puerta exactamente al final del pasillo, entro a un espacio tan completamente diferente a todo lo que he visto que no puedo—a primera vista—comprender lo que estoy viendo. Otro domo trasparente, muy parecido al que está sobre el comedor cubre la habitación; pero hasta ahí terminan las similitudes.

Esta habitación es un derroche de verde.

Donde sea que miro, hay plantas creciendo; incluso puedo ver la parte superior de pequeños árboles alrededor del perímetro exterior de la habitación. El resto del espacio bajo el domo se desborda de estantes, mesas y largas paredes con dos lados… algunas que se extienden más arriba de mi cabeza… y todo está cubierto de verde.

La luz del sol entra en la habitación, y el aire está perfumado con el intenso aroma a plantas en crecimiento—una combinación de tierra fértil, flores dulces, hierbas ácidas y el agua mineral usada para sustentarlas. La humedad y el calor, combinados con el aroma, me tienen respirando grandes bocanadas de aire.

Me vuelvo para encontrar a Alice riendo al ver la expresión en mi rostro, mientras me muevo en círculos tratando de asimilar la vista frente a mí. "¿Qué es este lugar?" Pregunto maravillado.

"Lo llamamos invernadero," sonríe. "¡Es una casa para plantas! ¿No es maravilloso, Edward?"

"Sí… sí, realmente lo es," asiento, todavía tratando de entender lo que estoy viendo. "Pero, ¿para qué lo usan?"

"Aquí es donde cultivamos la comida fresca que comemos en el asentamiento."

Examino una vez más la habitación, observando la cantidad de plantas que veo creciendo, luego comparándolas mentalmente con el número de gente que sé que vive aquí. La declaración de Alice no tiene sentido, y me vuelvo de nuevo hacia ella, arqueándole una ceja al ver su rostro con una sonrisa de suficiencia.

"¿Alice…? Sabes que eso no puede ser verdad. Esta habitación no es lo bastante grande; hay mucha gente aquí, y toma demasiado tiempo cultivar esa cantidad de comida. ¿Qué me estás ocultando?"

Mi pregunta le provoca otro ataque de risitas; pero mi paciencia está empezando a acabarse. "¡Alice!"

El tono de mi voz detiene su risa, y se disculpa tímidamente.

"Pero es verdad, Edward, y es casi como… como magia. Te lo mostraré. Pero es parte de la sorpresa, y todavía no está listo todo."

"Muy bien," asiento, decidiendo que tal vez sea momento de cambiar de tema. "Me dijiste que trabajabas aquí. ¿Puedes mostrarme lo que haces?"

Me recompensa con otra gran sonrisa cuando toma otra vez mi mano, acercándome a una mesa que contiene varias bandejas llenas de tierra, abarrotadas con pequeñas plantas verdes de unos ocho centímetros de alto.

"Estos son vegetales que van a ser cultivados para la ensalada que está planeada para el almuerzo de mañana," explica. "Mi trabajo es trasplantarlas de esta bandeja para sembrar a la pared para hacerlas crecer por ahí," dice, asintiendo hacia una de las paredes gruesas que había notado antes.

"Toma," dice, dándome la bandeja. "Puedes ayudarme."

La pared a la que Alice me lleva está tan gruesa como mi antebrazo, y de aproximadamente un metro y medio de alto y metro y medio de ancho; está cubierta de agujeros abiertos del tamaño de mi puño. Están separados por aproximadamente quince centímetros, y—cuando examino uno—me sorprende ver que está lleno de tierra. Usando un pequeño objeto parecido a una cuchara, Alice levanta una pequeña planta del semillero y la siembra con cuidado en uno de los agujeros.

Veo a Alice concentrarse en su tarea. Maneja cada planta con precisión, asegurándose que esté colocada correctamente en la abertura mientras presiona la tierra a su alrededor, para asegurar su estabilidad. Mientras trabaja, mis pensamientos vagan a mi determinación de esta mañana de descubrir la verdad sobre las mujeres en mi comunidad. Decido hacerle a Alice unas preguntas capciosas, para ver qué puede revelarme.

"Alice…"

"Sí," responde distraídamente, todavía concentrada en su tarea.

"¿Esta es la primera vez que has estado en este lugar? ¿Sabías que existía este asentamiento?"

"No," responde, sacudiendo su cabeza antes de levantar otra plantita. "¡Estaba de verdad sorprendida cuando llegamos aquí!"

Observo su rostro de cerca mientras continúa plantando, y continúo con mi siguiente pregunta. "¿Supongo que entonces también estuviste igual de sorprendida de ver a Jasper?"

"Oh, Edward," exclama, cuando se vuelve para mirarme. "¡Esa fue la mejor sorpresa! Cuando Bella me llevó por ese túnel, estaba un poco asustada; y luego salimos… y ahí estaba Jasper, recargado en el rover, esperándonos. Seguía abrazándolo y llorando, y abrazándolo y llorando. ¡Estaba muy feliz de verlo!"

No hay nada más que alegría en su rostro al contarme sobre ver a Jasper. No puedo encontrar ningún engaño, o evidencia de que esté ocultando algo de mí.

"Entonces, ¿realmente no sabías que aún estaba con vida?"

"No," sacude su cabeza, frunciendo el ceño. "Me refiero a que, tenía la esperanza de que estuviera bien, por supuesto; pero no lo sabía. ¿Sabías que estaba aquí?"

"No, me sorprendió tanto como a ti."

Alice continúa plantando, mientras considero que estaba tan desinformada como yo lo estaba. Si no sabía sobre este lugar o Jasper, entonces probablemente no sabía la verdad sobre el Thaay—o sobre los secretos del anticonceptivo. Casi me veo tentado a seguir preguntándole—pero entonces evito enseguida tener una conversación sobre sexo con mi hermana de trece años, ya que puedo imaginar lo incómodo que sería. En vez de eso, continúo sosteniendo la bandeja en silencio, mientras Alice continúa plantando.

Repite los pasos una y otra vez, hasta que todas las aberturas de este lado de la pared están llenas, antes de rodear hacia el otro lado y empezar de nuevo el mismo proceso.

Es entonces que me doy cuenta que las aberturas de las plantas no solo están llenas de tierra; sin que el espacio hueco entre las dos paredes exteriores también está lleno de tierra. Las raíces de las plantas puedes extenderse hacia adentro, hacia el interior de la pared para crecer. Es una forma ingeniosa de hacer crecer un gran número de plantas en un espacio muy compacto—pero aun así no explica cómo pueden madurar lo suficiente para ser cosechadas a tiempo para el almuerzo de mañana.

Después, Alice me da un gran cubo de agua y me muestra cómo verter líquido lentamente a lo largo de la parte superior abierta de la pared, para que pueda empapar gradualmente todas las plantas. Es mientras estoy vertiendo el agua dentro de la pared que veo a una pequeña abeja aterrizar en la orilla del cubo. Recorre despacio el largo del borde, disfrutando de la humedad que encuentra ahí.

La observo con cuidado, cuando escucho que Alice susurra, "¡Oh, una abeja! Entonces, él ya debe estar aquí."

Al ver mi mirada confundida, me advierte que esté callado; y luego, tira de mi mano, me conduce silenciosamente por un laberinto de paredes y mesas y estanterías hasta que llegamos al otro extremo del lugar. Se asoma por la esquina de una de las paredes, y se vuelve de nuevo hacia mí, sonriendo, antes de indicarme con un gesto qué debo mirar.

Hay varias colmenas instaladas a la lo largo de la pared, y mi padre está frente a una de ellas. En realidad no me sorprende verlo aquí; pero Alice aprieta mi mano, y luego sacude su cabeza cuando la miro para decir algo.

Mirando de nuevo, lo observo abrir cuidadosamente un lado de la caja y colocar su mano dentro de la colmena.

Y entonces, empieza a hablarles.

No puedo entender totalmente lo que está diciendo; pero su voz es reconfortante y relajada mientras les murmura. Lentamente y con calma, las abejas empiezan a dejar su colmena. Suben a lo largo de su brazo, sobre sus hombros, y bajan por su otro lado… hasta que todo su torso, incluyendo su cabeza, está cubierto en una masa de abejas vivas.

El agarre de Alice en mi mano es casi doloroso mientras observamos sin aliento a nuestro padre dirigirse lentamente a otra colmena, antes de colocar su mano dentro de la caja vacía y con delicadeza insta a las abejas a entrar a la colmena, todo mientras sigue susurrando tranquilizadoramente. Se mueven colectivamente, volviendo por sus hombros y brazo en una ondulante ola de abejas retorciéndose. Cuando están instaladas sin problemas en la nueva colmena, él cierra la puerta y se acerca a la caja usada, retirando las bandejas cargadas de miel antes de colocarlas en una bandeja y volverse sonriéndonos ampliamente a Alice y a mí.

"¿Sabías que estábamos aquí?" Pregunto, sorprendido de que nos hubiera escuchado. "Tratamos de no hacer ruido."

"Sí," se ríe entre dientes. "Aunque yo no los escuché. Las abejas me dijeron que teníamos audiencia. Sintieron su presencia."

Me le quedo mirando a mi padre, incapaz de responder a lo que acaba de divulgarme. Me sonríe alegremente y se ríe bajito entre dientes. "Hay mucho que no sabes de tu viejo, Edward," dice, palmeando mi hombro con su mano. "Tengo la esperanza de que tengamos tiempo para cambiar todo eso."

Se vuelve hacia Alice entonces, y le pregunta si he visto el resto de mi sorpresa. Cuando sacude su cabeza diciendo que 'no,' nos indica con un gesto que nos marchemos, explicando que todavía no ha terminado con las abejas.

Una vez más, Alice me conduce por un laberinto de plantas en crecimiento. Esta vez, bordeamos la pared exterior lo bastante cerca para mostrarme los árboles frutales que están creciendo en grandes macetas ahí. También me señala parras muy cargadas de tomate y calabaza subiendo por enrejados, y pepinos listos para ser recolectados.

Al acercarnos al otro extremo del lugar, Alice explica que la pared de crecimiento que vamos a ver había sido plantada con zanahorias el día anterior y que casi estaban listas para ser cosechadas para la cena de esta noche. Me sonríe con suficiencia al ver mi mirada escéptica—y me indica que guarde silencio, mientras me guía en silencio a la vuelta de otra esquina.

La pared frente a nosotros es más alta, y casi tres veces la altura de la que Alice y yo acabábamos de plantar. Cada abertura contiene un ligero brote verde de unos diez centímetros de alto. Había visto antes plantas maduras de zanahoria, y recolecté mi porción justa durante el tiempo de la cosecha; sé que estas plantas están lejos de estar listas para ser comidas. Antes de que pueda confrontar a Alice con su evidente error, pone un dedo en sus labios, sacudiendo su cabeza para evitar que hable. Luego articula en silencio, "Es magia, Edward. Solo observa."

Sacudiendo mi cabeza por sus tonterías, me vuelvo de nuevo para mirar la pared. De repente las plantas tiemblan, casi como si una ligera brisa pasara sobre ellas; pero no he sentido nada, y al mirar alrededor, no veo otro movimiento.

Se escuchan pasos desde el otro lado de la pared, y me sorprende ver a Bella dar la vuelta a la esquina y detenerse ahí, de frente. Observo, fascinado, cómo levanta sus dos manos para tocar los costados… y luego cierra los ojos. Se queda ahí, inmóvil, su respiración gradualmente se profundiza y se hace más lenta.

De nuevo las plantas tiemblan… y entonces… empiezan a crecer.

Frente a nuestros ojos, las observamos emerger más altas y más gruesas; los nuevos mechones de hojas como plumas desplegándose más rápido de lo que podemos apreciar, hasta que toda la pared es una densa capa de vibrantes tallos verdes, raíces y racimos de hojas, de casi treinta centímetros de alto. La parte superior naranja de rechonchas y robustas zanahorias puede verse sobresaliendo de cada abertura.

Impactado, vuelvo mi atención nuevamente a Bella. Sigue respirando profunda y lentamente, con sus ojos cerrados y su frente descansando en el borde de la pared. Hay un resplandor en ella; una sensación de inmenso poder, que parece irradiar de su cuerpo. Es esa misma sensación de poder puro que vislumbré en la formación rocosa durante el ataque de los Yippers. Sin embargo, incluso mientras observo, gradualmente se apaga… desvaneciéndose lentamente… hasta que solo sus manos parece estar encendidas con un resplandor residual.

Abriendo sus ojos, se aleja despacio de la pared y camina hacia una pequeña banca, metida entre dos árboles. Se deja caer en el asiento, descansando su cabeza contra el respaldo. Hay una bandeja de comida y algo de beber junto a ella, y ella estira sus temblorosas manos para coger el vaso, engullendo su contenido rápidamente antes de devorar el pan y el queso.

Suspirando, cierra sus ojos, y recarga de nuevo su cabeza en el respaldo.

Alice aprieta su agarre en mi brazo cuando empiezo a moverme hacia Bella. Una vez más, sacude su cabeza diciendo que no, instándome a permanecer callado y observar.

Después de descansar por un par de minutos más, Bella se pone de pie y se acerca a la mesa más cercana cubierta con amplias bandejas huecas llenas de tierra húmeda. Sonriendo ligeramente para sí misma, extiende su mano sobre las bandejas y camina lentamente alrededor de la mesa, murmurando bajito. Esta vez, veo que su mano empieza brillar mientras la pasa de un lado al otro sobre los contenedores.

En su segundo recorrido a la mesa, la tierra empieza a moverse, y veo—estupefacto una vez más—cómo cientos de diminutas plantitas de semilla se abren paso hacia arriba… saliendo de la oscura tierra, e inclinándose hacia la cálida luz. Los tallos se estremecen y se sacuden cuando las pequeñas hojas nuevas se despliegan. Cuando tienen unos ocho centímetros de alto, Bella se detiene.

Sonriendo, se vuelve hacia nosotros—y anuncia con una suave carcajada que el show de magia ha terminado. Luego, asintiendo hacia la mesa, le dice a Alice que tiene mucho que plantar.

Veo cómo Bella y Alice hablan tranquilamente del contenido de las diferentes bandejas, su uso previsto, y dónde debe ser plantado cada vegetal. Actúan como si lo que acabara de pasar fuera una algo ordinario y normal de todos los días. Tal vez lo es para ellas; pero observar esa dramática exhibición del don de Bella me ha dejado sin palabras, y más que un poco atónito.

Cuando Alice coge una bandeja y va a irse, logro ofrecerle mi ayuda otra vez; pero me dice que ella puede encargarse, y que vaya a cuidar de Bella—antes de reírse al ver mi rostro todavía deslumbrado y alejarse dando saltitos hacia la pared vacía.

Bella y yo la vemos irse, los dos sonriendo al ver su entusiasmo.

"Amo a tu hermana," Bella sonríe. "Ella es tan…" Se encoge de hombros, haciendo gestos desesperados con sus manos cuando no puede encontrar las palabras para describir a Alice.

"Lo sé," me echo a reír. "Yo tampoco puedo encontrar las palabras adecuadas para describirla. Vamos," añado. "Creo que necesitas descansar por un rato."

Cuando llegamos a la banca, me siento en un extremo, indicándole a Bella que me acompañe. Sin embargo, en vez de sentarse, se recuesta de costado atrayendo las rodillas a su pecho, y descansando su cabeza en mi regazo.

"¿Así está bien?"

"Por supuesto," le respondo, colocando su cabeza más cómoda sobre mi muslo.

Los ojos de Bella se cierran, y su respiración se hace más profunda mientras descansa callada junto a mí. "Solo necesito unos cuantos minutos," susurra.

La dejo descansar, pasando mis dedos de forma reconfortante por su suave cabello, tratando de pensar en las palabras adecuadas para decirle lo impresionado que estoy de su don, y por su dedicación a usarlo para la gente aquí en el asentamiento.

"Eso fue… ah… muy asombroso," digo finalmente, haciendo una mueca mentalmente por lo incompetentes que suenan mis palabras.

"Como magia," se ríe entre dientes. "Me alegra que vinieras hoy con Alice; ella estaba muy emocionada por mostrarte."

"A mí también me alegra. Es difícil decirle que 'no'."

Puedo sentir la sonrisa de Bella cuando asiente de acuerdo. Los minutos pasan mientras la dejo descansar, pensando en todas las preguntas que quiero hacer.

"¿Hace cuánto tiempo…? Uhm… ¿Cuántos años tenías cuando te diste cuenta que podías hacer crecer las plantas?"

Bella se mueve, para quedar de espaldas en la banca y poder mirarme a la cara. "En realidad no las hago crecer," explica. "Todo ser vivo tiene un tipo de energía que puedo sentir, si me concentro en ella. Las plantas ya están creciendo; solo les doy un empujón para que crezcan más rápido. Es como darles un impulso extra de energía."

Sus palabras me recuerdan su ayuda con mi escudo, cuando estábamos tratando de escapar de los Yippers. "Eso fue lo que hiciste conmigo en el páramo, ¿verdad? Me diste un impulso de energía."

"Sí. Aunque fue un impulso mucho más grande, del que le doy a las plantas," confiesa. "Tú estabas… empezabas a desvanecerte, Edward. Podía sentir que se escapaba tu energía de vida. Hubiera hecho lo que sea…" susurra, mirándome fijamente. "Lo que sea para asegurarme que sobrevivieras."

Por largos momentos solo nos quedamos mirando el uno al otro… asimilando el significado de su declaración, y su implicación para ambos. Finalmente, Bella desvía su mirada de mí, y aclarando su garganta, continúa su explicación.

"Era joven; muy joven, supongo. Un día, estaba jugando en el patio trasero cuando vi una flor marchita y caída. Recuerdo sentir lástima por ella, y la toqué, tratando de levantarla. El tallo se enderezó, y la flor floreció y creció más. Mi madre vio lo que sucedió, y me metió a la casa apresuradamente."

No puedo detener el suave suspiro que se me escapa cuando imagino a Bella como una pequeña niña tratando de sanar una flor moribunda. Brevemente, la imagino como una joven cuidando de los árboles en los huertos del valle. Estoy seguro que esa es otra razón por la que eligió esta como su asignación de trabajo.

"Después de ese día," continúa, "Mi madre empezó a enseñarme cómo enfocar y controlar el poder. También me enseñó cómo ocultar mi don, hasta que fuera seguro para mí el usarlo."

"Tu madre, ¿también podía sentir la energía de vida en las cosas y ayudarlas a crecer?"

"Sí, ella también estaba dotada," susurró tristemente. Una lágrima solitaria se escapa de la esquina del ojo de Bella, y cruza lentamente su mejilla. Sé que está pensando en sus padres… y el accidente que había tomado sus vidas, solo dos años antes. Todos en el valle habían asistido al funeral, viendo cómo los nombres de Renee y Charlie eran cincelados en el muro de la ciudad.

"Lo siento, amor. Sé que debes extrañarlos."

"Sí," responde tristemente, antes de moverse hasta que su rostro está pegado a mi abdomen. Mi mano frota reconfortantes círculos a lo largo de sus hombros y por su espalda. Me resisto a interrumpir este momento que tenemos juntos, sobre todo cuando la escucho suspirar de placer; pero la determinación de al fin tener todas las respuestas a mis preguntas supera mi vacilación.

"¿Bella…?"

"¿Uhm…?"

"Tengo algunas preguntas que necesitan respuesta, y creo que es el momento que hablemos de ellas."

Por un momento, no creo que vaya a decir algo; pero entonces, se sienta despacio, e inclina su cuerpo de forma que esté frente a mí.

"Tienes razón, Edward," sonríe con tristeza. "Te prometí que te diría todo lo que tengo permitido compartir. Haz esas preguntas ahora, amor, y te explicaré lo que pueda."

.

.

.


Bueno, supongo que las que se preguntaban cuál era el don de Bella ahora saben la respuesta. Recuerden que cuando Edward la tocó con su mente era energía pura y es esa energía la que utiliza para ayudar a crecer a las plantas, o como lo hizo con Edward, salvarlo de la muerte y darle las energías suficientes para utilizar de nuevo su escudo, lo que casi la mató a ella. Pero como dijo, estaba dispuesta a hacer lo que sea por salvar a Edward. Y también pudimos conocer un poco del poder de Carlisle con sus abejas :) Pues ahora sí, les puedo decir que los siguientes tres capítulos responden las dudas que quedan sobre esta extraña civilización y quienes han estado detrás de todas esas manipulaciones que tanto han molestado a Edward. Hoy él llegó a una conclusión muy significativa, que alguna de ustedes ya había mencionado, espero la hayan notado, pero sino, el próximo se los dejará muy claro. Así que, recuerden lo que tienen qué hacer, solo unos minutos de su tiempo y unas cuantas palabras diciendo lo que les pareció el capítulo, un gracias o un saludo y listo, pronto podremos leer el siguiente ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Niny96, Manligrez, Say's, annabolena, sagecristin, freedom2604, Ninee95, Tecupi, Adriu, Antonia, glow0718, Summer Suny, mariana09029718, liduvina, Brenda Cullenn, alejandra1987, Vrigny, Ali-Lu Kuran Hale, sueosliterarios, lagie, Cary, Noelia, carolaap, saraipineda44, solecitopucheta1, Kabum, rjnavajas, Lady Grigori, ConiLizzy, Melany, patymdn, erizo ikki, tulgarita, Gabriela Cullen, torrespera172, Mariana, Tata XOXO, Pili, kaja0507, JessMel, Noir Lark, Sheei Luquee, Diablillo07, Julieth, Alma Figueroa, Ericastelo, Conni Stew, Lizdayanna, Nadiia16, Rosy Canul, andyG, Liz Vidal, injoa, myaenriquez02, Mafer, Maryluna, Isabelfromnowon, Pam Malfoy Black, andreasotoseneca, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente.