Aunque suene tedioso esto no puede faltar, los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, y la historia fue escrita por hikingurl, yo solo traduzco.
Y como siempre, no puede faltar mi agradecimiento a mi beta y amiga durante todo este tiempo en el fandom. Gracias Erica, con tu ayuda he crecido como traductora y ha mejorado un poco mi gramática :P
Capítulo veintiséis
EPOV
Bella todavía está hablando cuando la vuelvo a mirar; pero su voz se escucha amortiguada, y tengo que concentrarme para escucharla a través de la barrera que nos separa. Solo entiendo frases cortas—dice algo sobre el agua, y las tormentas e irse—pero estoy demasiado absorto maravillándome por esta inmensa sensación que me invade, y el asombro por este nuevo y extraño escudo que me rodea para prestar mucha atención a sus palabras.
El domo chisporrotea y zumba y se hace más grueso, nutriendo la energía dentro de mí, incluso mientras alimenta esa parte de mí que desea el poder que representa.
Un movimiento devuelve mi atención a Bella, cuando titubea al dar un paso hacia mí. Me está mirando, sacudiendo la cabeza despacio, mientras estudia la expresión engreída que sé está en mi rostro. Debe notar tan solo al verme, los cambios que estoy sintiendo dentro de mí.
Observo como… casi en cámara lenta… estira su mano hacia mí; pero cuando toca la superficie del escudo, hay un intenso estallido de luz y un fuerte chasquido se mueve como un arco desde el domo, subiendo velozmente por su mano y su brazo.
Salta hacia atrás, asustada, sus ojos abiertos como platos por el miedo y el dolor, mientras examina la marca de quemadura en su piel. También estoy impactado, al ver lo que acaba de ocurrir; nunca antes había lastimado a alguien con mis habilidades. Y aunque todavía quiero hacer que ella—y todos los demás—hagan exactamente lo que quiero, nunca consideré siquiera la posibilidad de provocar daño físico para conseguir lo que deseo.
Esa diminuta parte racional de mí que he estado ignorando poco a poco se hace más insistente: recordándome el juramento… recordándome que hay razones para lo que se ha estado ocultando de mí… recordándome que es incorrecto usar mi poder para forzar a la gente a hacer lo que deseo.
Alarmado por lo que acaba de pasar, me doy la vuelta para distanciarme de ella; pero mi escudo choca contra el borde de la mesa, y—con un fuerte chasquido—se parte y cae en pedazos, las bandejas que están en la parte superior se hacen añicos en el suelo. Un rugido bajo llega a mis oídos, y puedo sentir la superficie debajo de mí empezar a estremecerse y sacudirse. Cuando giro mi cabeza de golpe para ver cómo está Bella, se me queda mirando con incredulidad al intentar desesperadamente recuperar el equilibrio contra la pared para plantar junto a ella.
Le doy la espalda en desesperación, intentando encontrar una salida de la habitación—solo para ver los estantes y mesas junto a mí balancearse y vibrar, mientras otro temblor sacude toda la habitación. Las herramientas de jardinería empiezan a caer en cascada de los estantes, y macetas llenas de tierra y plantas medio crecidas se desparraman a mi alrededor.
Detrás de mí, puedo escuchar a lo lejos que Bella me llama.
Ahora mi sensación de poder está combinada con ligera ansiedad por el miedo, al tratar de conseguir el control del duro cercado en torno a mí. Cierro mis ojos, deseando que vuelva a mí, que se repliegue a ese lugar en que reside dentro de mí.
Nada sucede.
Lo intento otra vez; frunciendo el ceño en concentración mientras lo agarro mentalmente, halando… tirando de él… esforzándome para forzarlo a regresar a mí.
Una vez más, nada sucede.
Luchando, me concentro aún más, la punzada intensa del miedo real intensifica mis esfuerzos para dirigir sus movimientos; pero mientras más esfuerzo hago, más se resiste—y más grueso y duro se vuelve.
Es en ese momento que me doy cuenta: que ya no estoy en control de mi escudo, mis emociones, o la destrucción que está ocurriendo en torno a mí.
El mismísimo poder que planeaba usar para forzar a la gente a obedecerme, en vez de eso, me ha atrapado dentro de su manifestación física. Incapaz de liberarme, siento pánico—asfixiándome con grandes jadeos de aire cuando mis pulmones se contraen y mi corazón se acelera.
Otro temblor sacude la habitación, y veo con horror cómo una profunda grieta zigzaguea al subir por una de las paredes exteriores. "Sal, Bella," empiezo a gritar al mismo tiempo que me vuelvo nuevamente hacia ella. "Sal… por favor," le suplico.
Me está sacudiendo su cabeza, sus ojos y palabras instándome a calmarme, a relajarme, a dejarla que me ayude. Pero no puedo; solo necesito que se vaya, que llegue a un lugar seguro.
Entonces, el temblor más violento hasta ahora retumba en la habitación, y la pared para plantar junto a ella empieza a fragmentarse, desprendiendo secciones grandes y dentadas. Bella se aleja velozmente de un salto, solo segundos antes de que pesados trozos empiecen a caer. Veo todo esto con impotencia desde el interior de mi escudo, cuando gira su cabeza en la dirección opuesta de donde estoy, y empieza a gritarle a mi padre. "Carlisle, apresúrate," grita. "¡Por favor, apresúrate!"
Las palabras apenas salen de su boca cuando mi padre viene corriendo desde el otro lado de las paredes divisorias, Alice detrás de él. Un vistazo a la destrucción en torno a mí, y las empuja a ambas hacia la puerta. "Salgan," lo escucho ordenarles. "¡Ahora! Vayan por Jasper y envíenlo aquí."
Tan pronto como se van, se vuelve hacia mí. Da solo un paso dudoso hacia mí; pero sacudo mi cabeza, advirtiéndole que se mantenga alejado, con temor de lastimarlo.
"Edward… hijo, no vas a lastimarme," declara con calma.
Quiero creerle. Pero aún tengo miedo, todavía me siento fuera de control; todavía luchando con la ira, la furia—y ahora el miedo—siento un conflicto dentro de mí. Sacudiendo nuevamente mi cabeza, me alejo unos pasos de él, tratando de mantener una distancia segura entre nosotros; tratando de asegurarme que no pueda ser lastimado al tocar mi escudo.
"¡No te acerques, no te acerques!" Le advierto. Otro temblor más débil sacude la habitación a nuestro alrededor.
Deteniendo su avance y bajando su brazo para dejarlo a su costado, mi padre empieza a hablarme. Su voz es baja, de alguna forma amortiguada por mi escudo. Solo puedo distinguir cada tres palabras o algo así; pero es el timbre de sus palabras… su tono, su cadencia… que me encuentro escuchando. Que me sorprendo, finalmente, capaz de escuchar.
Me habla de su amor y su orgullo por mí—me cuenta historias de mi infancia, bromeando de cosas que Jasper, Emmett y yo hicimos de niños.
Me recuerda mi juramento—mi promesa de proteger, y el futuro feliz que me espera.
Sus palabras son casi hipnóticas por la forma en que me afectan; y me encuentro inclinándome hacia él a medida que mi cuerpo se relaja. Mi respiración finalmente se hace más lenta… luego se profundiza… a medida que la intensidad de mis emociones disminuye gradualmente. Puedo sentir que toda la furia, la ira y la frustración… poco a poco, fragmento por fragmento… gradualmente desaparece.
Lo último que desaparece es ese deseo de poder. Poder que yo—en mi arrogancia—había pensado en controlar y usar para forzar mi voluntad en la gente que había jurado servir y proteger. El poder que me había atrapado en su agarre impenetrable, convirtiendo mi escudo en un arma de destrucción en vez de la barrera de protección que siempre había sido antes. El poder que me había llevado peligrosamente cerca de convertirme en la copia de mi tiránico ancestro que había ayudado a destruir nuestro mundo.
Se disipa de forma lenta y constante, y solo siento alivio cuando desaparece por completo.
Por la esquina de mi ojo, puedo ver a Jasper acercarse a mí cautelosamente. Quiero advertirle que se aleje; pero el esfuerzo para hacer algo es muy abrumador. Sin estar consciente de ello, mis ojos poco a poco se cierran a medida que la seguridad de las palabras de mi padre me envuelve.
.
.
No estoy seguro cuánto tiempo ha pasado; pero cuando abro mis ojos, mi escudo ya no está… y estoy recargado en mi padre, su brazo rodeándome y soportándome. Silenciosamente, me lleva hacia la banca donde Bella y yo estuvimos sentamos antes—y ahí me siento otra vez: con mis codos en mis rodillas y mi cabeza en mis manos, perdido en mis agotados pensamientos.
Cuando mi padre finalmente viene a sentarse junto a mí, me enderezo lentamente… y luego suspiro, inspeccionando los escombros en torno a nosotros.
"No puedo creer que mi ira estuviera tan fuera de control. No puedo creer que yo hice esto," continúo, haciendo un gesto hacia la mesa rota, las macetas hechas añicos y las grietas que marcan el piso y la pared más cercana.
Sacudo mi cabeza por la decepción que siento por mis anteriores acciones, me pongo de pie, encarando a mi padre con resignación. Cuadro los hombros, levanto la barbilla y sujeto mis manos detrás de mi espalda, enderezando mi postura y diciendo las palabras que se nos enseñó a decir después de cometer un error.
"Lo siento, padre," empiezo, las palabras formales saliendo atropelladamente de memoria de mis labios. "Me disculpo por mi falta de disciplina y control. Suplico perdón por abandonar mi entrenamiento." He dicho estas palabras muchas veces en mis años como cadete; pero esta es una de las pocas veces que comprendo muy bien el verdadero peso de su importancia. Esta vez, honestamente quiero decirlas.
"Oh, hijo," sacude su cabeza, antes de tomar mi mano y tirar de mi de nuevo hacia la banca. "Siéntate," me ordena. "No soy tu comandante, Edward, ni uno de tus entrenadores o superiores; y tú ya no eres un cadete. Soy tu padre, y no necesitas disculparte, no conmigo."
"La potencia de tus emociones es parte de tu don," empieza, cuando tomo mi lugar junto a él. "El poder que controlas con tu escudo, con tus habilidades mentales, con la rapidez de tu intelecto; ese poder viene con un costo considerable. Sientes las cosas—tanto buenas como malas—con mayor intensidad. Tu ira, tu furia, y tus miedos son, de hecho, una parte integral de tu don; pero también lo es tu habilidad de amar más profundamente, de comprender a otros, de encontrar belleza y paz en las cosas simples a tu alrededor. Tu don es algo maravilloso, con todas sus facetas—solo tienes que aceptarlas y comprenderlas como parte de un completo."
Sacudo mi cabeza en negación cuando termina de hablar, rehusando la absolución que él ofrece.
"No entiendes, padre. Las cosas que Bella me contó me enfurecieron tanto que quería usar mi poder para forzar mi voluntad en ella, en el resto de la gente de nuestro valle. Alimentó mi deseo de venganza, mi anhelo por manipular a alguien de la forma en que me he sentido manipulado. Quería que Bella y mi madre—y el resto de la gente—se vieran forzadas a entender que lo que yo demandaba era lo correcto. Sus opiniones no importaron; solo yo sabía lo que era mejor para nuestra sociedad."
"En ese momento—ese momento cuando sentí la excitante descarga de poder—olvidé mi entrenamiento, olvidé mi juramento, olvidé todo lo me han enseñado a valorar y proteger. Me convertí en un monstruo, un tirano, igual que mi ancestro, Avaro. Yo no… no merezco tu perdón."
Mi amarga confesión me deja emocionalmente agotado; y una vez más me inclino sobre mis rodillas, cubriendo mi rostro con mis manos. Siento una presión en mi pecho y encuentro difícil respirar. Pronto, estoy jadeando por aliento, luchando contra el repentino picor por la humedad que siento en mis ojos, cuando la reconfortante mano de mi padre empieza a frotar círculos en mi espalda.
"¿Edward?" Me pregunta en voz baja. "¿Qué querías que la gente del valle hiciera? ¿Qué pensaste que era mejor para todos?"
"Yo…" Pasando saliva, tomo una respiración profunda, tratando de aclarar mi garganta de las emociones que la obstruyen. "Quería que las cosas fueran normales otra vez. Quería que los hombres y las mujeres formaran familias y tuvieran hijos. Quería ver a nuevos Protectores entrenando y tomando su juramento. Quería que plantaran y cosecharan, y…" Mis palabras se detienen cuando trato de recordar lo que deseé con tantas ganas mientras estaba bajo mi escudo. "Supongo que solo quería que las cosas volvieran a ser como eran, antes…"
"¿Antes de que tomaras tu juramento?" Mi padre pregunta.
"Sí," al fin asiento. "Antes de que tomara mi juramento."
"¿Por qué querías volver a ese tiempo?"
Su pregunta me hace detenerme a considerar por qué querría volver a ser un cadete, cuando toda mi vida había estado tan ansioso por volverme un Protector. "Supongo… supongo que es porque…" Me detengo otra vez, tratando de expresar mis sentimientos. "Creo que porque entonces la vida era ordenada y rutinaria… y era feliz," finalmente logro decir.
"¿No eres feliz ahora, Edward?"
Una vez más, tengo que detenerme a pensar en su pregunta. Me doy cuenta que en realidad no soy infeliz; no me siento triste. En vez de eso, me siento… inquieto… inestable… inseguro de mi lugar, en esta nueva existencia en la que me encuentro. Admito que estoy más que decepcionado que ninguna de mis esperanzas en la vida como Protector han coincidido con la realidad.
Con un suspiro determinado, me enderezo. Volviéndome para ver a mi padre, empiezo a decirle todo eso—al fin compartiendo mis frustraciones y pensamientos que había tenido sobre mi vida desde que tomé el juramento. Le cuento de mi conmoción al descubrir mi escudo y le confieso, tímidamente, de mi orgullo por poseer una habilidad tan única. Hablo de mi entrenamiento con Hunter, y cómo mi destreza física conseguida tan difícilmente me hizo sentir fuerte y competente. Incluso admito lo mucho que significa para mí la amistad y aprobación de Hunter.
Asiente, a sabiendas, cuando le cuento sobre mi asombro en cuanto descubrí los archivos, y cómo las largas horas que pasé aprendiendo tantas cosas nuevas sobre nuestro mundo me dio tanto placer. Incluso sonríe ligeramente cuando le expreso mi necesidad y deseo de una relación física con Bella.
Y luego me abro con él sobre mis sentimientos conflictivos desde que desperté aquí, en el hospital del asentamiento. Le cuento sobre todas las cosas que me han dicho, y cómo aprender la verdad solo me ha hecho sentir que me han manipulado y mentido, en vez de sentirme aliviado por finalmente entender la historia y los hechos que rodean nuestra sociedad. Durante mi largo flujo constante de palabras, nunca me interrumpe, nunca me hace una pregunta; solo me escucha pacientemente, hasta que termino.
Pasan unos cuantos minutos en silencio mientras estamos sentados a un lado del otro. Puedo darme cuenta que está ordenando sus pensamientos mientras cambia su peso en la banca.
"Edward," por fin empieza a decir. "Nuestra sociedad ha diseñado un plan, un sistema, para criar a nuestros hijos. Ha evolucionado a lo largo de muchos años, adoptando cambios graduales cuando eran necesarios o justificados. Tu infancia era estructurada, consistente. Se te proveían todas tus necesidades básicas de comida, agua, ropa y refugio."
Cuando asiento de acuerdo, continúa.
"Fuiste educado por maestros que tenían en mente lo mejor para ti, y entrenado por adultos que te ayudaron a desarrollar tus habilidades físicas. Las rotaciones de trabajo te permitieron experimentar todas las diferentes ocupaciones de nuestro valle, permitiéndote explorar tus diferentes intereses. Al mismo tiempo, te dio la oportunidad de contribuir a tu comunidad, te permitió comprender lo importante que—tanto individualmente como parte de un grupo—eres para el éxito de nuestra comunidad."
"Pero quizás la mejor parte—la parte más importante—de tu desarrollo temprano es que por los primeros ocho años de tu vida, creciste en un hogar amoroso que incluyó una crianza de tiempo completo de parte de tus padres. Ni tu madre ni yo requeríamos de trabajar mientras tú, y tus hermanos, estaban todavía en casa. Nuestra sociedad fue diseñada de tal forma que pudiéramos darte la seguridad, atención y apoyo que necesitabas como niño. Se te dio amor y protección… resguardado, si puede decirse así… por una estructura familiar y un entorno hogareño que siempre puso tu bienestar en primer lugar."
Una vez más, se me recuerda lo inconsciente que he estado de muchas, pero muchas cosas. En realidad nunca había considerado las ramificaciones de mi educación y mi entrenamiento, o cómo las asignaciones de trabajo son designadas para el beneficio de las familias con hijos pequeños. Al haber crecido en este sistema, solo lo había aceptado como normal; simplemente así era.
Ahora, al contemplar lo casi perfecto que parece, no puedo evitar sentir una punzada de arrepentimiento por la inminente pérdida de esta manera de vivir. Sin embargo, antes de poder comentarlo, mi padre continúa hablando.
"Incluso después de que entraste a tu entrenamiento, estabas rodeado por tu cohorte, por tus amigos. Esa fue tu infancia, Edward," explica, "y no deberías sentirte culpable por echar de menos la felicidad que sentiste entonces; pero cuando tomaste tu juramento, todo cambió. Te convertiste en adulto, con las responsabilidades de un adulto. Para la mayoría de los Protectores, eso significa pasar a lo que más han deseado en la vida: una ocupación que desean; una relación física con una mujer; un lugar seguro en nuestra sociedad."
"Pero no para mí," susurro.
"No, no para ti, hijo," responde, con un suspiro pesado. "Y lamento eso, Edward. De verdad que sí. Desearía que todos estuviéramos de nuevo en el valle; desearía que tuvieras la opción de vivir como el resto de tu cohorte, ajeno a las duras verdades con las que nos enfrentamos. Pero tus habilidades te han hecho especial, y por ellas, hemos tenido que pedir excepcionales sacrificios de ti…y también de Bella. Pero aun así—sin duda tienes el derecho de sentir ira y frustración."
Sus palabras me ayudan a aliviar mi atribulada consciencia. Pero también hacen surgir preguntas sobre la utilidad de esos dones de los que él—y todos los demás—parecen tan orgullosos; los dones que ahora parecen totalmente inútiles cuando se comparan con el eventual deterioro y desaparición de nuestra civilización.
Cuando le expreso esos pensamientos a mi padre, me mira de forma extraña por un momento antes de preguntar si escuché lo que Bella me estaba diciendo. "Por supuesto," respondo. "Me dijo que no nacerán más niños en nuestro valle. Me dijo que las mujeres han decidido—por su cuenta, sin siquiera considerar nuestros sentimientos al respecto," añado con amargura—"simplemente dejar de tener hijos; dejar que nuestra sociedad muera."
"No, hijo," interrumpe, sacudiendo su cabeza. "¿Escuchaste qué más trató de explicarte mientras estabas dentro de tu escudo?"
"Yo…" Recuerdo ver a Bella desde el interior de mi escudo; en lo difícil que era escucharla, en cómo decidí ignorar sus ojos y palabras suplicantes. "No," al fin confieso. "Estaba muy enojado… muy molesto por lo que acababa de decirme… para escucharla. Pensé que solo estaba intentando manipularme otra vez," añado malhumorado.
Mi padre me arquea una ceja, su significado muy claro—incluso sin palabras. Avergonzado, desvío la mirada, apenado por el pequeño ataque de ira al que había sucumbido tan fácilmente.
"¿Qué…?" Me detengo y aclaro mi garganta, antes de continuar. "¿Qué estaba tratando de decirme?" Finalmente pregunto.
Mi padre se da la vuelta sobre la banca de manera que me está mirando directamente. Su rostro está muy serio cuando empieza a explicarme despacio.
"Edward… hijo… es cierto que en unos años, nuestra civilización cesará de existir eventualmente sin el nacimiento de nuevos niños; pero todos moriremos mucho antes de que eso suceda."
Mi jadeo por la conmoción provoca una mueca, así como un pequeño gesto afirmativo, antes de que continúe.
"Nuestro planeta está muriendo, Edward—y muy rápidamente. La capa de hielo en Olympus ya casi ha desaparecido. Es lo que queda del flujo de agua en nuestro planeta; después de que se derrita, no habrá más agua sobre la superficie del suelo en ninguna parte, para que la use cualquier forma de vida. Oh, todavía podríamos encontrar agua subterránea, y bombearla con los molinos de viento… como viste en Korinth, y como lo hacemos aquí; pero incluso eso sería retrasar lo inevitable—y solo por algunos años, como mucho."
"Las tormentas están empeorando progresivamente, por todas partes. De todo el planeta, nuestro valle es el único lugar que queda sobre la superficie del suelo que es lo bastante seguro para soportar lo peor de ellas… por ahora. De hecho, esa es una de las principales razones por las que tuvimos que mudar a los ciudadanos que quedaban de Korinth a este asentamiento; su ciudad simplemente ya no era segura. Los científicos en la estación espacial nos dijeron que el otro lado de nuestro planeta—la masa continental donde Avaro y su imperio estuvieron alguna vez—ha sido arrasada hasta quedar solo piedra, por las tormentas. Nada crece ahí, nada sobrevive ahí; y pronto todo nuestro planeta se verá también como ese lado. Las tormentas y los vientos solares son tan intensos, que lenta y gradualmente están desmantelando nuestra atmósfera."
Mi padre suspira—un agotado sonido resignado que expresa toda la desesperación que debe estar sintiendo. Sacude su cabeza con tristeza, antes de mirarme, una vez más.
"Con el tiempo…" Hace una pausa otra vez, la preocupación y la fatiga evidentes en su rostro. "Con el tiempo, nuestro mundo se convertirá en una roca sin vida girando alrededor del sol."
"¿Pero cómo…? ¿Quién…?" Apenas conseguí tartamudear, antes de continuar explicando.
"Desde hace muchos años ha habido un grupo que sabía que esto estaba ocurriendo; pero todas las mujeres de nuestro valle finalmente fueron informadas hace cinco años, y esa es la razón por la que tomaron la difícil decisión de dejar de tener hijos. Traer nueva vida vulnerable a este mundo muriendo a nuestro alrededor sería irresponsable y moralmente incorrecto—sobre todo si incluso nuestros mejores planes para sobrevivir no son exitosos."
"¿Entiendes lo que estoy tratando de explicarte, hijo?"
"Sí… eso creo," por fin reconozco. Las imágenes de campos vacíos, de hierba marchita y seca… de huertos cubiertos de árboles muertos, sus esqueléticas ramas desnudas de fruta y hojas… de jardines sin vida, reducidos solo a polvo, donde vegetales robustos crecieron saludables alguna vez… esas imágenes desoladas llenan mi mente, y me estremezco cuando imagino cómo se vería mi valle sin el agua que da vida que fluye del Olympus.
Pero incluso peor son los pensamientos de los que no puedo escapar: de mujeres y niños hambrientos; de la desesperación y el dolor que proviene de observar con impotencia, mientras todo y todos a los que amas simplemente dejan de existir, justo frente a tus ojos. Verlos perecer lenta y dolorosamente por falta de comida y agua tendría que ser la angustia más horrenda, impotente e interminable que cualquiera pudiera experimentar en su vida.
Es entonces que me doy cuenta que mi padre tiene toda la razón: sería irresponsable y moralmente incorrecto traer niños a nuestro mundo moribundo—sobre todo si no hay una clara oportunidad de supervivencia a la vista.
Un pequeño gemido se me escapa de los labios, al mismo tiempo que sacudo la cabeza con tristeza. "Estaba equivocado. Oh, padre, estaba muy, pero muy equivocado," confieso. "Pensé que su decisión era egoísta y cruel. No podía entender por qué harían algo como eso; pero debe haber sido dolorosamente difícil aceptar lo que tenía que hacerse. ¡Qué fortaleza debe haber requerido tomar esa decisión!... y luego guardárselo por tanto tiempo… todo mientras permitían que el resto de nosotros viviéramos nuestras vidas normales, felices en nuestra ignorancia."
"¿Es por eso? ¿Es por eso que se mantuvo en secreto, para que pudiéramos tener unos cuantos años más de normalidad, unos cuantos años más de felicidad antes de tener que enfrentar la horrible verdad?"
Veo a mi padre considerar mi pregunta cuidadosamente antes de responder. "Definitivamente fue una de las razones, Edward. Había muchas cosas qué considerar, muchas razones por las qué mantenerlo después en secreto. De hecho, demasiadas para que las discutamos todas en este momento."
"Tienes que entender, hijo: nunca fue algo fácil de hacer. Tu madre y yo lo discutimos por mucho tiempo antes de que ella finalmente sintiera que no tenía otra opción más que llevarlo frente al consejo para su consideración. Incluso entonces… incluso a sabiendas que no había nada más que pudiera hacerse… se llevaron meses debatiéndolo antes de que al fin todos concordaran."
"Pero eso es lo que hacen los líderes, Edward," dice con seriedad, diciendo mi nombre para asegurarse que estoy escuchando. "Tienen que tomar decisiones difíciles, y algunas veces esas decisiones impactan las vidas de las personas que amamos; las mismas personas que desearíamos proteger de la inquietante información que hace necesarias esas decisiones."
Siento que hay un significado oculto en sus palabras, algo de debo de entender; pero antes de que pueda preguntar, él empieza a hablar nuevamente.
"Tienes que hablar con Bella; y sí, realmente tienes que hablar con tu madre. Pero justo ahora, tenemos que hablar sobre los planes que se están haciendo, y cómo tus dones—los que antes consideraste como inútiles—van a ayudar a salvar nuestra civilización."
Sacudiendo mi cabeza, confieso que no entiendo cómo puedo hacer algo para cambiar la situación en el que está nuestro planeta.
"Edward," mi padre continúa. "No hay nada que podamos hacer para salvar nuestro planeta; es por eso que estamos haciendo planes para irnos."
Me le quedo mirando con incredulidad, tratando de encontrarle sentido a sus palabras. "¿Irnos…? No entiendo. ¿Vamos a dejar el valle? ¿Dejar el asentamiento? ¿Dejar el planeta? ¿A qué te refieres?"
Mi padre sonríe con arrepentimiento al ver mi confusión. "Sí, a las tres preguntas: el valle, este asentamiento, y el planeta."
Se gira un poco para poder verme más fácilmente. "Hijo," empieza a decir. "La gente de nuestro valle—y la gente de Korinth, que están aquí, y los pocos científicos que quedan en la estación espacial—son las últimas personas en nuestro planeta. Todos los demás se han ido; y ahora es nuestro turno para irnos también. Solo queda una nave espacial, y vamos a usarla para dejar este planeta mientras todavía hay tiempo. Pero la nave es vieja, y la tecnología está empezando a fallar. No tenemos el espacio suficiente para todas las personas y para todos los suministros que necesitarán para llevarnos al mundo que será nuestro nuevo hogar."
"No entiendo qué quieren de mí, padre," me encojo de hombros en un gesto de impotencia. "No sé nada sobre naves, o tecnología, cómo reparar nada de eso. ¿Cómo voy a ayudar? ¿Qué se supone que haga?"
"Oh, Edward, es tu escudo, hijo; ¡eso es lo que queremos de ti!" Dice, colocando su mano en mi hombro y apretándolo de forma reconfortante. "Es tu escudo lo que mantendrá unida la nave—y suspenderá el tiempo dentro de ella—para la mayoría de las personas. Es tu escudo y tus dones los que salvarán a nuestra gente y a nuestra civilización."
"Es por eso que eres tan especial, hijo. Es por eso que hemos estado esperando por ti, planeándote, y esperando que tus habilidades se desarrollen."
Mi padre me observa con atención cuando termina. Sé que está preocupado por mi reacción a sus palabras; pero no puedo encontrar nada qué decir. El alcance de lo que acaba de compartir conmigo ha inundado mis pensamientos, y todo lo que puedo hacer es mirarlo, horrorizado por la magnitud de la tarea que esperan que lleve a cabo.
"Padre," al fin susurro, sacudiendo mi cabeza en negación. "No creo… no puedo…" Suspiro tristemente, a regañadientes consigo mirarlo a los ojos de todos modos. "Es demasiado. No soy lo bastante fuerte para cubrir toda la nave y mantenerla en funcionamiento por tanto tiempo. Lo siento, simplemente no puedo hacer eso yo solo."
Una gran sonrisa divide su rostro al acercarme a él, palmeando mi espalda dándome ánimo. "Edward, Edward," se ríe entre dientes. "¿Después de lo que acabamos de ver aquí?" Se ríe otra vez, haciendo un gesto hacia los escombros que nos rodean. "Eres más que lo suficientemente fuerte por tu cuenta; pero no estarás solo. Bella va estar contigo—y los dos juntos serán más que lo suficientemente poderosos para llevarnos a nuestro destino."
"Pero…" Protesto otra vez, todavía sacudiendo mi cabeza en negación. "Ese tipo de poder, padre—tú viste lo que hice; sabes lo que pensé, lo que quería hacer. Tengo miedo… miedo de convertirme en lo que él era… si me dejo llevar."
"Oh, Edward," sigue sonriendo, todavía irradiando su confianza en mí. "Nunca serás como Avaro. Estás pensando en el ancestro equivocado, hijo."
Estudio su rostro, tratando de entender lo que me está diciendo; pero no me da indicios, solo una sonrisa que se ensancha mientras me observa.
"Elizabeth," susurro por fin, recordando las palabras de mi madre en el cuarto de archivos, cuando me reprendió por compararme con Avaro. "Mi madre me dijo que era como Elizabeth. Dijo que salvaría a mi familia y a mi gente. Dijo que nos encontraría un nuevo hogar y un nuevo comienzo."
"Sí," mi padre me dice, todo el tiempo asintiendo. "Sí, Edward, tú serás nuestra Elizabeth."
"Y como ella," me asegura, apretando mi hombro una vez más para énfasis al mismo tiempo que puro orgullo paternal cubre su rostro.
"Igual que ella, hijo mío, nos llevarás con seguridad a nuestro nuevo hogar."
.
.
.
Y bien, ¿quedó claro ahora por qué es el salvador? Su escudo permitirá que la nave se mantenga en una pieza durante su largo viaje a otro planeta y al detener el tiempo permitirá que no sean necesarios tantos suministros para todos porque todos los demás a diferencia de Edward y Bella, van invernar, por decirlo así, durante el viaje. ¿Y qué piensan ahora de la decisión de las mujeres de no tener hijos? Como dijo Carlisle era algo irresponsable y moralmente incorrecto traer una nueva vida a un planeta moribundo, y sin medios para sobrevivir. Una realidad a la que nos acercamos rápidamente como vamos hasta ahora. Espero que les haya gustado el capi y que hayan resuelto la gran mayoría de sus preguntas, aunque todavía falta un último jalón en el próximo capítulo, la conversación con Esme. Y empiezan los planes para partir. En cuanto a las que se preocupan por Emmett, ya pronto sabrán de él. Como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber a qué conclusiones llegaron con este capítulo. Si todavía no están muy claro, anímense a preguntar, supongo que ahora que leamos el próximo capítulo vamos a poder conversar libremente en mi grupo en Facebook para despejar algunas dudas que queden.
Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Dayis, Sully YM, TheYos16, Cary, Say's, dan-lp, Sheei Luquee, aliceforever85, liduvina, Melina, Tecupi, saraipineda44, torrespera172, erizo ikki, Ninee95, Nadiia16, Summer Suny, Ali-Lu Kuran Hale, calvialexa, freedom2604, Chiquita, Gabriela Negrete, ELMIRA, Nancy, Pau, alejandra1987, dushakis, lagie, glow0718, OLY02, Johanna22, ConiLizzy, tulgarita, Kriss21, Tata XOXO, Vrigny, andyG, Melany, kaja0507, rjnavajas, sueosliterarios, Noir Lark, Alma Figueroa, myaenriquez02, Lady Grigori, carolaap, Manligrez, Alma, Liz Vidal, NTde LUPIN, Tita03, Isabelfromnowon, Pam Malfoy Black, Lizdayanna, patymdn, Karina, Diablillo07, solecitopucheta, EriCastelo, rosycanul10, itzel1492ipr, Mafer, Rossmery, injoa, Gabriela Cullen, Pili, NoLoDigas, , Lyd Macan, Maryluna, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo capítulo. Espero que sea muy pronto ;)
