Aunque suene tedioso esto no puede faltar, los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, y la historia fue escrita por hikingurl, yo solo traduzco.

Y como siempre, no puede faltar mi agradecimiento a mi beta y amiga durante todo este tiempo en el fandom. Gracias Erica, con tu ayuda he crecido como traductora y ha mejorado un poco mi gramática :P


Capítulo veintisiete

EPOV

Mi madre está de espaldas cuando entro al cuarto de archivos.

Hago una pausa, tomándome unos momentos para observarla antes de entrar.

Sus hombros están caídos, su cabeza gacha, su frente descansando en el vidrio que separa las dos habitaciones. Por su reflejo en la ventana, puedo ver que sus ojos están cerrados; se ve cansada, derrotada. Siento un cambio repentino en mis emociones al observar los sutiles signos de la edad que nunca antes había notado: los círculos oscuros bajo sus ojos; unas cuantas canas mezcladas con el suave rojo de sus rizos; las arrugas en torno a sus labios y sus ojos.

No puedo evitar preguntarme qué tanto he contribuido a la preocupación reflejada en su rostro.

Mi padre y yo todavía discutíamos los planes para dejar el planeta cuando Jasper regresó, explicando en voz baja que mi madre me estaba esperando en el cuarto de archivos. Él me dio una sonrisa débil y sacudió su cabeza cuando traté de agradecerle por su ayuda, haciendo un gesto con su mano sin darle importancia mientras tomaba mi lugar junto a mi padre en la banca.

Solo había dado unos pasos hacia la puerta cuando mi padre me llamó.

"Edward," comenzó a decir, cuando me volví nuevamente hacia él. "Sé que te dije tienes derecho a lo que sientes sobre todo lo que ha pasado… y así es. Pero ahora eres un adulto, un Protector entrenado; y como tal, tienes que escuchar—realmente escuchar—todo lo que Esme va a decirte."

Observé cómo mi padre comenzaba a hablar otra vez, pero entonces se detuvo—sacudiendo ligeramente su cabeza, como si ordenara sus pensamientos. Entonces, me dio una larga mirada significativa… recalcando en silencio la seriedad de lo que estaba por decir… antes de continuar.

"Sé que todavía no te das cuenta… ni puedes siquiera esperar comprender todo, en este momento… pero tu madre no ha tenido una vida fácil. Tuvo que tomar decisiones que afectan no solo a cada una de las personas en este planeta, sino también la de aquellas en el cielo sobre nosotros. Y tal vez no estés de acuerdo en cómo se ha estado manejando todo, sabiendo solo lo que sabes—o crees que sabes—ahora; pero tienes que darle el beneficio de la duda—y el respeto que se merece—por las decisiones imposibles que tuvo que tomar."

"Y Edward," añadió, como una idea adicional. "Algunas de esas decisiones verdaderamente han sido de vida o muerte."

Me le quedé mirando por varios minutos, sin saber cómo responder a sus palabras—hasta que me despidió abruptamente, diciéndome que no dejara esperando a mi madre. Me di la vuelta una vez más, y me dirigí a la puerta; esta vez saliendo del invernadero con largas zancadas, determinado a encontrar el cuarto de archivo.

Y ahora, estoy aquí en la puerta… dudando y en silencio… observando a mi madre recargarse con cansancio contra la ventana que separa el área de lectura del lugar protegido, con sus hileras tras hileras de estanterías.

Caigo en cuenta de la dicotomía de la imagen frente a mí.

En primer lugar, está el apabullante volumen de esas estanterías interminables en el fondo, detrás de la ventana: llenos hasta la cima con libros y rollos secos y polvosos, conteniendo la historia, sabiduría y conocimiento colectivo de nuestro mundo. Miles sobre miles de palabras, escritas por autores que hace mucho tiempo partieron de esta vida.

Luego, está la pequeña figura de una mujer con vida con una apariencia casi frágil, de pie sola frente a ellos—que tengo que asumir, al menos por lo que mi padre ha dado entender—en una labor casi imposible… usando esa historia, y esa sabiduría, y ese conocimiento… para tomar decisiones necesarias para asegurar la supervivencia de cada hombre, mujer y niño en nuestro mundo.

Una mujer… mi madre… que ahora veo recargada con cansancio contra la ventana.

No se dirige a mí cuando me paro detrás de ella; solo levanta su cabeza y endereza su espalda, mientras los dos nos vemos a través del cristal frente a la información almacenada en esos estantes.

Sin querer interrumpir sus pensamientos, me quedo en silencio, esperando a que empiece la conversación. Después de unos minutos, la escucho tomar una respiración profunda—y luego me pregunta en voz baja si alguna vez me pregunté por qué trazábamos nuestro linaje a través de una línea de mujeres.

Me sorprendo por su pregunta. Es algo que en lo que en realidad nunca había pensado; simplemente siempre lo he aceptado como la forma normal de las cosas. Una vez más, una indicación inesperada de lo poco que en realidad he examinado nuestra comunidad. "No," respondo finalmente.

"En un mundo lleno de guerra y peligro… donde esposos y padres se iban, pero nunca regresaban; una sociedad cuyas mujeres viudas eran concedidas como premios a los soldados que sobrevivían… lo único verdaderamente constante en la vida de un niño era su madre."

Hace una pausa por un momento, todavía mirando a los estantes frente a nosotros. "En muchos casos, cada niño que una mujer daba a luz era procreado por un hombre diferente. Era más fácil seguir los lazos familiares al nombrar al niño por la madre; y la forma más fácil de hacer eso era al darle al niño un nombre que empezara con la misma letra que el nombre de su madre."

"Durante cientos de años, se convirtió en una costumbre aceptada; y la gente que conocías probablemente sabría, o podría adivinar, quién era tu familia, simplemente al saber tu nombre. Por consiguiente, soy la hija de Emily, que fue hija de Emma… así como tú y Emmett son los hijos de Esme."

Un ligero movimiento llama mi atención, y enfoco la vista en el reflejo de mi madre en el cristal; me observa con atención, y me doy cuenta que está esperando la pregunta que sabe que voy a hacer.

"¿Pero qué hay de Jasper y Alice? ¿No son ellos también tus hijos? Pero no les diste un nombre que empezara con la misma letra."

"Ah, sí, Jasper," asiente. "No le di un nombre con 'E' porque estaba enojada." Bufa ligeramente cuando ve la sorpresa en mi rostro. "Una emoción con la que estás muy familiarizado, según he escuchado."

Mi rostro se enciende por la vergüenza; pero ella solo me asegura que está bien, al mismo tiempo que coloca ligeramente su mano en mi brazo. "Comprendo tu enojo, Edward, porque yo también lo he sentido. Una furia tan abrumadora… tan incontenible… que quería cambiar todo de nuestra sociedad. Quería terminar con todas las salvaguardas que teníamos implementadas para proteger las rutinas ordenadas y predecibles de nuestras vidas; rutinas predeterminadas que creía eran restos inútiles de un pasado muy distante."

"Supongo que fue algo bueno que no poseyera los poderes que tú tienes—porque pudiéramos no estar aquí, teniendo hoy esta conversación, si hubiese sido capaz de forzar físicamente mi voluntad sobre nuestra gente. Al final," suspira, dándome la espalda para una vez más mirar dentro de la habitación, "las cabezas apacibles prevalecen… y mi rebelión se limitó a nombrar a mi primogénito Jasper en vez de Eamon, el que había sido elegido para él. Sin embargo, aprendí mi lección; y cuando tú y Emmett nacieron, seguí la tradición y usé los nombres que ya habían sido seleccionados para ustedes."

Una vez más, parece perdida en sus recuerdos; y espero, pacientemente, para que ordene sus pensamientos. En unos minutos, empieza a hablar otra vez.

"Tenía doce años—más joven de lo que Alice es ahora—cuando mi madre me llevó a mi primera reunión del consejo asesor; y ahí, aprendí lo diferente en que mi vida finalmente se convertiría. Oh, sabía que mi madre—tu abuela, Emily," añadió, mirándome—"era una mujer ocupada. Siempre tuvimos muchos visitantes; la gente parecía pasar a visitarnos a menudo, o ella visitaba a alguien, algunas veces incluso pasando la noche fuera de casa. Pero no fue sino hasta esa primera reunión que tuve una vista más clara del papel que ella representaba en la dirección de nuestro valle."

Mi madre deja de hablar y hace un gesto hacia una mesa y dos sillas cerca de nosotros. "Siéntate conmigo, Edward," dice. "Tengo mucho que decirte, y los dos hemos tenido una mañana ajetreada. Al menos deberíamos estar cómodos por el resto de nuestra conversación."

La sigo mientras se pone cómoda en una silla frente a una pequeña mesa y luego me siento frente a ella, descansando mis brazos sobre la mesa cuando continúa.

"Desde el tiempo de Elizabeth, el liderazgo de nuestro valle siempre lo ha tenido una mujer. Después que murió, la posición fue legada a su hija, Eleni; y luego a la hija de Eleni. Y ha continuado de esa forma, ininterrumpidamente, por generación tras generación de mujeres… cada una descendiente directa de Elizabeth a través de su hija, Eleni… hasta llegar a mí."

"No, no siempre fue un secreto," sacude su cabeza, respondiendo la pregunta tácita en mi rostro. "Al principio, todos conocían y aceptaban ese arreglo. Había sido parte del acuerdo original entre Elizabeth y los científicos en la estación espacial y este asentamiento, cuando accedieron a ayudarla a escapar de su padre."

"Igual que el programa Protector, el arreglo del linaje fue diseñado para ayudar a controlar el uso de habilidades heredadas en nuestra gente… pero particularmente en la población masculina. La gente de Ares no quiso—y no le confiaron—a ningún hombre la posición de liderazgo de nuevo, así que las mujeres se hicieron cargo de dirigir el valle."

"El consejo asesor fue formado para ayudar a guiar a la líder, y apoyarla en tomar las decisiones correctas. La mayor parte del tiempo, consistió en varias mujeres mayores, un oficial o dos de los Protectores, un representante del asentamiento, tal vez uno de las otras ciudades, y un científico o dos de la estación espacial."

Hace una pausa entonces y se ríe bajito antes de sonreírme. "Siempre pensé que probablemente era su forma de vigilar a nuestra comunidad—espiarnos, por así decirlo—y muy probablemente así era; pero después, su previsión e información se volvió invaluable para nuestra supervivencia."

"En fin," comienza otra vez, "por lo que he leído de sus historias, las cosas eran muy pacíficas en nuestro valle, con la vida en curso como de costumbre: las cosechas florecieron; la población creció; la gente estaba contenta, bien alimentada y mayormente feliz. Después de un tiempo, el programa Protector se convirtió en una parte aceptada e integral de nuestra sociedad—y resultó ser una forma muy útil de educar, entrenar y dirigir a nuestros hijos."

"El tiempo pasó; año tras año, generación tras generación. Entonces, gradualmente… a medida que pasaban estas cosas… se desarrollaron costumbres y rituales más formales; la verdad se convirtió poco a poco en leyenda; y con el tiempo, lo que alguna vez fue de conocimiento público pronto desapareció completamente de la memoria."

"Debe haber sido una bonita época para vivir en nuestro valle." Reflexiona distraídamente, antes de quedarse callada.

"Sin embargo," suspira, empezando su historia otra vez. "Eventualmente notaron que la tasa de natalidad decaía gradualmente; cada vez menos niños se concebían, y aún menos nacían. Estás fueron noticias alarmantes, en muchos frentes—pero particularmente porque aunque sabíamos que el valle solo sustentaría a un número limitado de personas, también comprendíamos que aún necesitábamos de una población estable para mantener nuestra forma de vida."

"Cuando se determinó oficialmente que el continúo uso de la formula anticonceptiva estaba provocando infertilidad en nuestras mujeres, los científicos y doctores de otras ciudades unieron fuerzas con los nuestros, ayudándonos a elaborar una fórmula que pudiera darse mejor a los hombres, sin riesgo."

"Esto tampoco era un secreto, Edward," se inclina hacia adelante, tranquilizándome. Cuando asiento en señal de que lo entiendo, continúa.

"Todos sabían; todos lo aceptaron como una parte necesaria de nuestra forma de vida. Curiosamente, sin embargo, ocurrió un efecto secundario: la gente pronto se dio cuenta que parecía bloquear las habilidades mentales que habían sido heredadas de Avaro. Y esto también se aceptó—y de hecho, incluso fue bien recibido—por muchos. Impedía que nuestra gente fuera una amenaza; y por eso, había más contacto entre ciudades, este asentamiento y la estación espacial. Nuestra sociedad se volvió más abierta, menos restrictiva. Todavía teníamos a una mujer como líder; pero de muchas formas, ella se convirtió en una simple figura decorativa… alguien que guiaba oficialmente a la gente durante nuestros días de fiesta o ceremonias y eso."

Mi madre se recarga en su silla, y la veo ordenar sus pensamientos por un momento.

"Las cosas cambiaron dramáticamente hace unos doscientos años, cuando los científicos empezaron a advertirnos que nuestro clima se estaba deteriorando mucho más rápido de lo que habían esperado. Más importante aún, las capas de nieve que proporcionaban el agua para cada una de las ciudades se estaban derritiendo más rápido de lo que cualquiera había predicho. Hubo reuniones urgentes y discusiones, argumentos y desacuerdos sobre lo que podía, y debería de hacerse. Finalmente se decidió que trataríamos de encontrar un mundo cercano apto donde pudiéramos vivir, y que usaríamos las naves espaciales que quedaban para dejar el planeta."

"Por supuesto, decirlo era mucho más fácil que hacerlo; y localizar un planeta—y entonces equipar una nave totalmente para llegar ahí—resultó ser mucho más difícil de lo que cualquiera esperaba. Las naves simplemente eran demasiado viejas, y no estaban equipadas para soportar un viaje de larga duración, sobre todo con muchas personas a bordo."

Una vez más, mi madre hace una pausa. La veo descansar sus codos sobre los brazos de la silla y unir sus manos frente a ella, una mano masajeando los dedos de la otra mientras considera sus siguientes palabras. Nunca he visto a mi madre tan nerviosa, tan dudosa. Estirando mi mano a través de la mesa, tomo las suyas en la mía.

"Madre," interrumpo sus movimientos nerviosos. "¿Estás bien? No tenemos que hacer esto ahora, si necesitas detenerte."

Sus ojos deambulan por mi rostro, intentando—creo—determinar mi sinceridad. Finalmente, sacude su cabeza.

"No, está bien. Tengo que continuar. Tengo que decirte todo. De hecho, probablemente debí haberte dicho todo esto hace dos días, cuando despertaste en el hospital. Pero, Edward…" Se detiene nuevamente, antes de darle vuelta a nuestras manos, apretándolas al continuar. "Acababa de pasar dos días viéndote luchar contra la fiebre por la mordedura del Fanger."

Baja la vista a nuestras manos unidas, y empieza a acariciar suavemente con su pulgar la herida ennegrecida aún visible en mi mano derecha. "El veneno…"Suspira, sacudiendo su cabeza despacio. "Vi ese terrible veneno de olor repugnante supurar de las perforaciones, mientras te revolcabas y gemías. Nunca antes había visto nada como eso. Fue espantoso verte sufrir, y ser incapaz de hacer algo al respecto."

La veo hacer una mueca, todo su cuerpo estremeciéndose.

"Todo en lo que podía pensar era en lo mal que estabas… y lo mucho que deseaba poder librarte—al menos por un poco más de tiempo, hasta que estuvieras un poco más fuerte—de la información que iba a tener que compartir contigo, de lo que se iba a pedir de ti y de Bella. Pero me temo… me temo que en mis esfuerzos por protegerte, solo hice que la revelación final fuera mucho más difícil. Y por eso, Edward, lo lamento mucho."

Nos miramos el uno al otro por varios minutos en silencio. Puedo ver el arrepentimiento en su rostro mientras observa mi reacción. Pero recuerdo las palabras de mi padre, recordándome: que aunque tengo derecho a sentirme frustrado, ahora soy un adulto—y es momento de que empiece a actuar como uno.

Comprender y aceptar las acciones de mi madre es el primer paso; disculparme por no escuchar a Bella será el segundo.

Y así le sonrío a mi madre, apretando sus manos para tranquilizarla antes de soltarlas. "Creo que tienes más historia que contarme, ¿no es así?" Le pregunto, acercándome para susurrar dramáticamente. "¿Algo sobre tratar de escapar de un planeta moribundo?"

Se ríe un poco al escuchar mi intento por ser gracioso, y asiente sonriendo a mi aceptación tácita de su disculpa. "Oh, sí, veamos… ¿dónde estaba? Bueno… fue Elexa—la líder de nuestro valle para entonces—la que finalmente ideó el plan que hemos estado siguiendo desde entonces."

"Recordó escuchar sobre Elizabeth y Ares, pero sospechaba que la historia tenía que ser más que una leyenda. De modo que, empezó a estudiar con atención todos los antiguos textos y rollos—descubriendo con el tiempo obscuras pero persistentes referencias a ciertas habilidades mentales y poderes que parecían haber desaparecido hace mucho tiempo. Pero fue cuando por fin descubrió información sobre implementaciones y ramificaciones documentadas del escudo de Elizabeth, que supo que había encontrado la respuesta al problema. Una investigación forense en la base de datos de las naves espaciales confirmó lo que había descubierto—y así comenzó un programa intensivo para reintroducir esos poderes en nuestra población."

La voz de mi madre ha perdido toda su vacilación al inclinarse hacia mí, contando la historia con entusiasmo.

"Eso sí, no todos estaban a favor de esta solución. Había quienes se negaban a creerles a los científicos, incluso cuando toda la evidencia les fue presentada. Los oficiales al mando—que gradualmente habían tomado un papel más importante y visual en el liderazgo del valle—no estaban felices con la idea de 'engendrar fenómenos' para ayudar a los otros valles. Las ciudades se volvieron paranoicas ante la posibilidad de un ataque militar de nuestro valle. Una vez más, casi de forma inevitable, nuestra gente y nuestros asentamientos se aislaron de forma lenta pero segura—con el miedo y la desconfianza evitando que trabajáramos juntos. Fue entonces cuando la antigua y gastada amenaza del 'Thaay' fue resucitada, haciendo que nuestra gente se replegara aún más en su aislamiento.

"Pero esta vez, la planeación continuó; los problemas y sus consecuencias eran demasiado importantes para ignorarlos. El consejo asesor y sus mujeres líderes comenzaron a reunirse en secreto—examinando los linajes y registros de nacimiento, trazando árboles genealógicos e historiales—buscando la aparición de dones. Y, gradualmente, en el transcurso de varias generaciones, el objetivo de producir un niño que poseyera las habilidades mentales de crear un escudo se realizó."

"Ese niño—un varón estrechamente relacionado a nuestro linaje, por cierto—fue instruido y entrenado intensamente por un grupo selecto de mujeres, que lo presionaron a desarrollar sus dones y su poder; y cuando alcanzó la madurez, se fue con la primer nave de refugiados. Sin embargo, su vida no fue feliz ni respetada; fue excluido por su cohorte por sus diferencias, se burlaban de él porque tenía que pasar mucho tiempo con algunas de las matronas, y era ignorado mayormente por los entrenadores de cadetes y los oficiales."

"Al ser tratado como un producto—más como una herramienta útil en vez de una persona—se le presionó para desarrollar sus habilidades mentales a una edad muy temprana; nunca tuvo la oportunidad de desarrollarse también física y emocionalmente. Sin embargo, según se dice, él aceptó estoicamente su deber designado; y en ese viaje colonizador lejos de nuestro mundo, probó que un escudo podía suspender el tiempo en la nave, protegiéndola de forma segura y a sus pasajeros hasta que llegaran al nuevo planeta."

Una expresión contemplativa cruza por el rostro de mi madre cuando añade, "Pensé mucho en él desde que conocí su historia. Él fue el primer escudo en generaciones. Debe haber sido difícil tratar de entender lo que se esperaba de él… y habría sido muy fácil para él darse por vencido, conformarse a las normas a su alrededor. Pero persistió; usó los dones que se le habían dado, y salvó la vida de cientos de personas. Siempre tuve la esperanza de que al fin fuera amado y apreciado cuando llegaran a su nuevo hogar."

Compartimos un momento de silencio mientras los dos pensábamos en los primeros de nuestros parientes en dejar nuestro planeta.

"¿Sabes cuál era su nombre?" Finalmente pregunto.

Su sonrisa en respuesta ilumina todo su rostro al mismo tiempo que se ríe entre dientes. "Su nombre era Jasper."

"¿Y fue por eso que tú…?" Me echo a reír, antes de que me interrumpa.

"Sí," mi madre asiente, sonriéndome. "Se merecía ser recordado y honrado por su sacrificio. Y además—me gustó más ese nombre que Eamon," bufa, rodando sus ojos en énfasis.

"¿Volvemos a la historia?" Pregunta después de un momento. Cuando asiento, continúa.

"Con el tiempo, fue seguido por una sucesión de individuos dotados: algunos hombres, otros mujeres, y la mayoría de ellos descendientes directos de nuestra línea, o estrechamente relacionados con ella. Hicieron su deber, protegiendo las naves que transportaban a la gente fuera de este mundo, hasta que solo quedaron dos naves; y solo las ciudades de Dellfi, Korinth y Olympus seguían ocupadas."

"Me enteré de todo esto—junto con la verdad sobre el Thaay, y Avaro y Elizabeth—a los doce años de edad; la edad en la que empecé a acompañar a mi madre a las reuniones; la edad en que me infancia tomó un giro muy drástico de lo ordinario. No me gustó ser diferente, tener que mantener secretos de las otras niñas. Odiaba cada minuto que pasaba en esas reuniones, cuando podía haber estado en casa con mi padre, o jugando con mis amigas; pero mi madre insistió en que estuviera presente en todas, incluso si le tenía resentimiento por ello. Nunca dejó de recordarme que era mi deber; que algún día tomaría su lugar como líder del valle. Sabía, subconscientemente, que lo que decía era cierto; pero creí que tenía años y años antes de que tuviera que asumir su posición, antes de que ella envejeciera demasiado para dirigir y me pasara a mí el papel."

Mi madre se mueve en su silla, tratando de encontrar una posición más cómoda. Puedo ver, al observarla con cuidado, que algo de su nerviosismo ha vuelto—y tengo que preguntarme que tiene que decirme que la haga sentir incómoda. Tomando una respiración profunda, continúa su historia.

"Yo tenía quince años cuando me dio una lista con los nombres de cinco jóvenes que habían sido seleccionados como esposos adecuados para mí—y se me dijo que los considerara solo a ellos como posibles parejas," finalmente compartió. "La rabieta que hice ese día fue épica."

Puedo sentir mi rostro sonrojarse al escuchar la referencia a rabietas épicas; pero mi madre solo me mira levantando una ceja antes de sonreír ligeramente y continuar.

"Estaba tan enojada de que se me hubiera negado el simple derecho de elegir mi propio esposo que ni siquiera escuché el argumento de mi madre sobre el deber, y habilidades heredadas, y linajes que tenían las mejores oportunidades de producir otro escudo. Mi padre finalmente le puso fin a nuestro concurso de gritos al arrastrarme físicamente afuera y hacerme tomar un largo y tranquilizador paseo con él."

"Sabía, por supuesto, que se necesitaba otro escudo; que nadie de mi generación parecía haber mostrado ningún indicio de tener ese tipo de poder. También sabía que las habilidades parecían ser más fuertes en nuestro linaje; y aunque yo no había desarrollado algún tipo de don, había una alta probabilidad que—con el padre correcto, y la correcta combinación de genes de ambos—uno o más de mis hijos podrían estar dotados con las habilidades mentales que necesitábamos. Por lo que entendía—en teoría, lo que mi madre pedía de mí; simplemente no lo hacía más fácil aceptarlo."

"Cuando finalmente me calmé, y tuve la oportunidad de ver en realidad la lista de nombres… bueno, encontré que varios de los jóvenes ya habían llamado mi atención," añade con timidez, echándome un vistazo antes de continuar.

"Sabía que mi madre me amaba, Edward; de verdad que sí. Pero con Emily todo era sobre el deber, sobre responsabilidad. Y nunca sentí que yo fuera su prioridad; siempre me sentí en segundo lugar, o incluso tercero, con ella—después de su posición, después de mi padre. Como la mayoría de los niños, solo quería su atención, su aprobación. Era lo bastante egoísta como para querer ser el centro de su atención."

Con un profundo suspiro, mi madre se recarga en su silla… encogiendo y girando sus hombros al hacerlo.

"Finalmente llegamos a aceptarnos renuentemente la una a la otra. Crecí y maduré; ella me trató más como una igual. Estaba disfrutando mi tiempo como mujer adulta—viviendo en una habitación en la ciudad, trabajando en mi campo elegido, y planeando mi futuro con Carlisle—cuando de repente ella puso mi mundo nuevamente de cabeza."

Mi madre hace una pausa, con un gesto arrugando su frente mientras la veo empezar a retorcer sus manos otra vez.

"Sabía que las condiciones en Dellfi y Korinth se deterioraban rápidamente, y que algo tenía que hacerse en seguida; pero no tenía idea que estuviesen planeando dejar el planeta tan pronto. Para todo el tiempo que había pasado con mi madre, y tan bien como pensaba que la conocía, ni una sola vez me reveló que ella era un escudo. Uno débil, sí; pero un escudo después de todo."

"Y así—justo cuando finalmente empezábamos a aprender aceptarnos la una a la otra… justo cuando estaba anhelando pasar muchos años disfrutando de mi esposo y mis hijos, sin preocuparme de deberes y responsabilidades… ella se fue. Se llevó a mi padre con ella para sustentar su escudo, cargó la nave con todos los ciudadanos de Dellfi y la mitad de los de Korinth, y dejaron el planeta."

"Ellos simplemente… se fueron."

Sacudiendo su cabeza como si eliminara los malos recuerdos, mi madre frota sus sienes con las puntas de sus dedos antes de estrellar su mano sobre la mesa. El inesperado sonido me hace dar un respingo en mi silla.

"¡Estaba muy enojada! Enojada por tener que aceptar el título y responsabilidades que se me habían legado; enojada porque no tendría esos años libres de preocupaciones para ser solo una esposa y madre; enojada porque cuando apenas empezaba a entender y apreciar realmente a mi madre por la fuerte mujer que era…la perdí. Perdí la oportunidad de decirle que finalmente había aprendido lo que había intentado enseñarme toda mi vida: a aceptar de forma digna y considerada el poder que se me había dado, y a usarlo sabiamente para el servicio de mi gente."

"Perdí la oportunidad de decirle que lo lamentaba."

Las emociones cruzan velozmente el rostro de mi madre cuando aleja su rostro de mí para mirar a la esquina de la habitación. Sé que está pensando en eventos de su pasado; en recuerdos tristes, llenos de arrepentimiento. Tragando de forma áspera, devuelve su atención a mí.

"Unos años después, nació mi primer hijo—un hijo al que llamé Jasper, en honor de un joven olvidado que había aceptado su destino; que había cumplido con su deber con honor y dignidad. Y juré que cada vez que dijera el nombre de Jasper, dejaría que me sirviera como un recordatorio de: primero, que aunque tal vez no haya querido el papel que se me había dado, es una parte de mi herencia y mi deber—y que lo desempeñaría con el mismo honor y dignidad con que lo hizo Jasper; y segundo, que tengo la responsabilidad de proteger a mis hijos dotados—de darles una crianza tan normal como fuera posible, para que no tengan que vivir con el agobio de la infelicidad como él lo hizo."

"Eso es lo que quería para ti, Edward. Quería que crecieras de forma tan normal como pudieras. Desde el momento en que naciste, todos en el consejo creyeron que tú podrías tener el poder y las habilidades que necesitábamos para escapar del planeta antes de que la vida se volviera imposible. Pero me negué a cometer los mismos errores contigo que se habían cometido con los otros jóvenes antes que tú. Insistí en que no te dijeran nada hasta que tuvieras la oportunidad de madurar, tanto física como emocionalmente."

"Si tu escudo no se desarrollaba, no quería que te sintieras un fracaso o una decepción. Fue por eso que la decisión de dejar de tener hijos se mantuvo en secreto de casi todos los hombres. Fue mi decisión—mi exigencia—que se ocultara de todos los que tuvieran contacto contigo. Mi mayor miedo era que te enteraras de esas expectativas mientras todavía eras un niño, aún un chico de catorce años en desarrollo."

"Sé que tal vez no estés de acuerdo con mi forma de pensar, con mi decisión. Sé que sientes que te han mentido, y manipulado; pero hice lo que pensé que era mejor por el momento, tanto como el líder de este valle como tu madre. Mi única preocupación por ti, y por todos los demás involucrados, siempre ha sido su bienestar."

Sentado al otro lado de la mesa donde está ella, escuchado contarme la historia de su vida… escuchándola explicar cómo las acciones de una abuela que nunca conocí influyeron en las decisiones que tomó que han afectado enormemente mi propia vida… comprendo cómo todos estamos interconectados. Cada uno de nosotros, todos nosotros… influyendo y dependiendo de la felicidad y destino de todos a nuestro alrededor.

También comprendo que no puedo culpar a mi madre por ninguna de las decisiones que ha tomado. Esas decisiones nos han conducido aquí, a este lugar, a este momento—cuando finalmente podemos implementar el último paso en el plan durante generaciones para salvar nuestra civilización.

El último paso que depende de que yo acepte mi deber, y lo cumpla con honor y dignidad.

Y por eso estiro mi mano sobre la mesa y, tomando la mano de mi madre en la mía, le digo todo esto.

Le agradezco por ser mi protectora; por amarme, y por darme la oportunidad de tener una vida normal.

Le aseguro que mi ira y frustraciones han desaparecido; que comprendo y acepto por qué algunas cosas se mantuvieron en secreto y se ocultaron de mí.

Le digo que estoy más que listo y dispuesto a hacer lo que se requiera de mí para ayudar a salvar a nuestra gente.

La felicidad que llena su rostro cuando termino de hablar es suficiente para borrar la tristeza que vi ahí antes. Nos quedamos sonriendo el uno al otro por varios minutos, antes de que aclare mi garganta y declare con fingida voz seria:

"Sin embargo, hay algo a lo que debo exigir una respuesta."

"¿Qué…?" Pregunta, frunciendo un poco el ceño.

"Alice," sonrío. "¿Por qué no le diste a Alice un nombre que siguiera la tradición?"

La sonrisa de mi madre ilumina su rostro, y echa su cabeza hacia atrás mientras se le escapa una alegre carcajada cuando me responde. "¡Oh, Edward, yo no le puse ese nombre a Alice… tú lo hiciste!"

"El sueño…" Murmuro, recordando las imágenes que han turbado mis sueños. "¿Entonces es real? ¿De verdad te abracé, y susurré 'Alice', igual que en mi sueño?"

"Oh, sí," asiente. "Es real, de verdad sucedió. Fue en el día de celebración de Jasper, el que nos dejaba para mudarse a las barracas de cadetes. Tu padre entendía lo mal que me sentía, y estaba tratando de hacerme sentir mejor al recordarme la nueva vida que llevaba. Acabábamos de enterarnos, y todavía no le había dicho a nadie; así que, cuando me abrazaste y susurraste ese nombre, lo supe… simplemente lo supe… que serías el que habíamos estado esperando. Estaba segura que estarías a la altura de tu potencial."

Me sonríe de nuevo, y no puedo más que devolverle la sonrisa al ver la felicidad en su rostro.

"¿Y esta vez te permitieron usar el nombre que querías?" Pregunto.

"Sí," asiente. "No me hicieron preguntas, ni me recordaron la tradición, cuando nombré a mi hija Alice."

"Para entonces…" Hizo una pausa, solo para continuar otra vez. "Para entonces al fin habíamos aceptado lo inevitable: a menos que encontráramos un escudo lo bastante fuerte para proteger la última nave vieja que nos quedaba, todos íbamos a morir en este planeta. No parecía haber ninguna verdadera razón para continuar con la tradición de los nombres. Era obvio que yo sería la última líder de nuestra coalición, por lo que no había verdadera razón para darle a Alice un nombre que indicara su herencia."

"De alguna forma, fue un alivio reconocer eso," confiesa. "Un alivio que no tendría que agobiar a Alice con el papel que yo había tenido que asumir muy pronto. Me sentí extrañamente reconfortada al saber que por un poco más de tiempo ella podría vivir su vida libre de al menos esas responsabilidades y preocupaciones; que no tendría que ocultarle cosas a sus amigas; que podría ser una niña normal y feliz."

Mi madre empuja su silla hacia atrás y de pronto se pone de pie. "Ven conmigo, Edward. Tengo algo que me gustaría mostrarte."

Me conduce a través de la puerta a la habitación protegida. Pasando junto a todas las estanterías llenas, camina con determinación hacia la pared del fondo de la habitación, donde se detiene frente a la última hilera.

"Estos estantes contienen todos los diarios, de todas las mujeres, que alguna vez sirvieron como líderes de nuestra sociedad. Una tras otra, un año tras otro; un registro de su tiempo, y de la forma en que la vida evolucionó y cambió en nuestro valle. Algunos de ellos son fascinantes, con descripciones detalladas de eventos que todavía influyen nuestra vida hoy. Algunos son aburridos con notas mundanas sobre cosechas y proyectos de construcción. Pero todo vale la pena leerlo."

Volviéndose para mirarme, continúa. "Antes de dejar este lugar, espero que puedas ver algunos de ellos. Los diarios pueden ayudarte a comprender más de lo que he sido capaz de explicarte."

"Mi diario también está ahí. Es el último," añade, señalándolo. "No habrá más. He escrito un resumen de nuestros últimos días en este planeta, y lo que pienso sobre nuestras vidas. Tal vez en algún momento, en el futuro lejano, alguien de otro mundo pudiera encontrar nuestro asentamiento… abandonado bajo las capas del tiempo… y disfrutar de leer sobre la gente que alguna vez llamo a este planeta su hogar."

"Quién sabe," sonríe. "Tal vez nuestros descendientes deciden algún día regresar a su lugar de origen… y se topen con estos relatos de nuestras vidas… y lean de los errores que cometimos."

Mi mirada se desvía de vuelta a esos diarios: historias de vidas plenas; de planes implementados; de desafíos encontrados. Cuentos de amor encontrado y perdido… de nacimiento y de muerte… de valentía y cobardía, y egoísmo, y generosidad.

Todo esto, y más, narrado por la pulcra mano de las mujeres de mi linaje… ahora muy bien ordenado, y esperando a que algún futuro explorador los encuentre, en esta última estantería.

"Quizás puedan adquirir sabiduría de las difíciles lecciones que hemos tenido que aprender nosotros mismos," mi madre susurra.

Y solo puedo asentir en respuesta.

.

.


Pues eso es todo, todas las explicaciones se han dado, la pregunta es: ¿ha quedado claro? Espero que sí, y si es así, me encantaría leer a que conclusiones han llegado ustedes. ¿Es suficiente la explicación que ha dado Esme? Como quiera, espero que podamos hablar un poco del tema en mi grupo de Facebook, para las que todavía están un poco confusas, aunque voy a dejar pasar un poco de tiempo para que todas puedan leer este capi y no las spoilee. Ahora toca ver como terminan de hacer los últimos arreglos para dejar el planeta y cómo van a convencer a la mayoría de los hombres en Olympus de que es lo que tiene que hacerse. Así que, usen el cuadrito de abajo y díganme qué les pareció, o si no saben que escribir, con un simple gracias, un saludo o una carita feliz es suficiente. Recuerden que son ustedes los que marcan el ritmo de actualización, no lo olviden.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Brenda Cullenn, Noelia, Sully YM, DrakiSwan, Julieth, liduvina, freedom2604, Cristal82, PRISOL, Ali-Lu Kuran Hale, torrespera172, Johanna22, bbluelilas, JessMel, Kabum, Liz Vidal, Kriss21, Maryluna, sueosliterarios, myaenriquez02, ConiLizzy, Alma Figueroa, Tecupi, patymdn, Gabriela Cullen, Melany, Melina, Nancy, Lizdayanna, EriCastelo, Adriu, Vrigny, Noir Lark, tulgarita, calvialexa, Diablillo07, rjnavajas, ELIZABETH, carolaap, Lady Grigori, saraipineda44, glow0718, alejandra1987, andyG, lagie, solecitopucheta, Mafer, Tata XOXO, injoa, Pam Malfoy Black, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, ¿cuándo? Depende de ustedes.