Aunque suene tedioso esto no puede faltar, los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, y la historia fue escrita por hikingurl, yo solo traduzco.

Y como siempre, no puede faltar mi agradecimiento a mi beta y amiga durante todo este tiempo en el fandom. Gracias Erica, con tu ayuda he crecido como traductora y ha mejorado un poco mi gramática :P


Capítulo treinta y dos

EPOV

Jasper ya ha abordado el otro transbordador, se puso el arnés de seguridad y se conectó a Ares a través de los auriculares y la bola de navegación, para cuando llego a la plataforma del transbordador. Al ver su mirada inquisitiva, le explico que le había pedido a Gagan que contactara con el valle y los prepara para nuestra llegada con los refugiados del asentamiento.

"Buena idea," concuerda, con su atención ya concentrada en otra parte.

Apenas hizo clic el último seguro del arnés del asiento del copiloto antes de que sintiera que el transbordador dejaba el suelo. Se queda suspendido en el aire por un momento con un movimiento extraño de suave balanceo, cuando Jasper empieza a maniobrarlo despacio y con cuidado hacia la puerta exterior.

Deslizarnos por la entrada nos concede una vista momentánea y que nos deja boquiabiertos de nuestro planeta marrón óxido delineado contra la oscuridad color ébano del espacio. Nuestro mundo se ve frágil… muy solitario… colgando ahí contra la fría oscuridad que lo rodea. No puedo evitar preguntarme, brevemente, cómo debe haberse visto antes que lo destruyéramos.

¿Brillaban en toda su gloria los vastos océanos azules que vi en el libro de fotografías de los archivos, cuando la luz del sol se movía a través de ellos? ¿Habría sido capaz de ver las amplias franjas de bosque, los brillantes prados de coloridas flores desde esta distancia? De repente me siento triste por todo lo que hemos perdido, y juro en silencio que haré todo lo que pueda por defender y proteger el planeta que será nuestro nuevo hogar.

Sin embargo, mi atención se centra de nuevo en nuestra misión, porque tan pronto estamos a una distancia segura de la estación, Jasper presiona la bola con tanta fuerza como puede—un movimiento que me recuerda al del despegue de esta mañana—y aceleramos con la suficiente fuerza para lanzarme hacia atrás en mi silla acojinada.

Cuando puedo mover mis brazos nuevamente, cojo los auriculares, ajustándolos para que encajen correctamente; pero antes de colocar mi mano sobre la esfera, le abro mi mente a Ares, esperando contactarlo en privado sin que mi hermano esté al tanto de nuestra conversación. A pesar de mi bravata frente a Jasper, Gagan y la tripulación, estoy muy consciente que este intento de rescate es muy riesgoso. Sería una tontería pensar lo contrario. También que requerirá de más fuerza, más determinación y más concentración para mantener mi escudo de lo que lo he intentado antes.

Para que esta misión tenga éxito, necesitaré la ayuda de Ares, su guía; pero más que nada, necesitaré acceso a sus años de conocimiento y experiencia acumulados. Mi veloz y entusiasta resumen de lo fácil de esta tarea puede haber convencido a mi hermano a acompañarme; pero es Ares y su cooperación lo que me hará tener éxito en mis planes.

Está esperando… ahí, al borde de mi percepción, justo como pensé que lo haría… y lo recibo en mi mente. No le toma mucho tiempo entender lo que quiero que haga.

"Este plan es insostenible, Edward. Es tonto he irresponsable creer que tendrás éxito si no incluyes enteramente las habilidades de Bella en tus esfuerzos—sobre todo en el segundo viaje, cuando las condiciones probablemente serán mucho peores. Dejarla en el valle significa que no tendrás a ningún dotado de naturaleza similar como respaldo o ahí cerca para ayudar, si lo necesitaras."

"Quiero que esté segura, protegida de esta tormenta. Una vez que la saque del asentamiento y la lleve al valle, necesito que se quede ahí. No puedo arriesgar su seguridad una vez más al permitirle regresar conmigo en el transbordador. Hazlo por mí, Ares. Prométeme que una vez que consiga que deje el transbordador, despegaremos tan rápido como sea posible, antes de que tenga la oportunidad de volver a abordar la nave."

"Edward, ese no es un curso de acción inteligente…"

Durante los siguientes minutos, Ares y yo discutimos mentalmente sobre mi deseo de lograr que Bella se quede en el valle. Por sobre todo lo demás, quiero mantenerla muy lejos del peligro, al menos sin encontrarse en medio de él. Está convencido que necesito su ayuda. Me informa que ninguno de sus cálculos pronostica un resultado favorable—a menos que la arrastre de vuelta a las profundidades del peligro del que todos mis instintos me gritan le ayude a escapar.

Finalmente, concordamos que usaré libremente la energía de Bella en el primer viaje, ahorrando mis fuerzas para el segundo. Si puedo convencerla de quedarse en el valle, nos iremos sin ella. Si no, y regresa con nosotros, Ares promete monitorear su condición e interrumpir nuestra conexión, si el esfuerzo se vuelve demasiado para ella.

Durante mi conversación privada con Ares, he intentado estar al tanto de Jasper y sus acciones. Al saber que no tengo explicación para no desear el contacto físico a la bola de navegación, ajusto mi arnés de seguridad varias veces, bufando en exasperación al dar la impresión que no logro ponerme cómodo. Mi hermano me echa un vistazo unas cuantas veces, frunciendo el ceño al ver mis torpes intentos, pero no dice nada. Ares ha cooperado al distraerlo con planes de vuelo y pronósticos de curso.

Al fin, satisfecho con el acuerdo al que Ares y yo hemos llegado con relación a Bella, coloco mi mano en la esfera redonda y al instante me conecto con él y con Jasper. Se me informan en seguida los planes que ya se han hecho.

Han planeado un curso hacia el planeta que nos llevará tan rápidamente como sea posible al asentamiento. Debido a la precesión giratoria de nuestro planeta, podremos evitar la mayoría de los campos de escombros, pero vamos a tener que rodear los bordes exteriores de algunos de ellos.

Sin embargo, sé que la etapa más peligrosa de nuestro vuelo—por mucho—será la velocidad y ángulo sin precedentes con el que entraremos a la atmósfera. Entre más inclinado y veloz golpeemos el manto de aire alrededor de nuestro planeta, es mayor el riesgo de un accidente o daño a la nave, ya que la fricción de nuestro reingreso calienta de forma desigual algunas áreas menos protegidas en el casco exterior del transbordador. Voy a tener que mantener mi escudo en su forma más dura y densa durante todo el tiempo que nos lleve volar a través de la atmósfera superior, antes de poder bajar la velocidad al acercarnos a la tormenta.

Por supuesto, entrar a menos velocidad y en un ángulo más gradual sería mucho más seguro; también añadiría treinta minutos o más a nuestro tiempo de vuelo.

Ese es un retraso que no estoy dispuesto a aceptar.

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Con la ayuda de Ares, uso mi escudo solo cuando se necesita—y solo al nivel más bajo posible—al navegar satisfactoriamente alrededor de los campos de escombros; y entonces… entonces nos precipitamos, de nariz, hacia el imponente borde exterior de la pared de aire que rodea nuestro planeta.

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Durante todo el tiempo de nuestro vuelo, mantengo mi mente totalmente abierta a Ares. La doble conexión sin impedimentos, tanto física como mental, significa que soy capaz de percibir mi escudo de una forma completamente diferente. Ahora, puedo sentir el aumento de presión de la atmósfera haciéndose más densa a nuestro alrededor; las pequeñas áreas de debilidad que necesitan reforzarse; el impacto de pequeñas pedazos de escombro espacial. Es con esta percepción intensificada que empujo mi escudo al máximo, al rugir, vibrar y chocar contra las capas de la atmósfera del planeta.

Desde que dejamos la estación espacial, no hemos podido determinar la verdadera velocidad de nuestra nave; pero tan pronto golpeamos la pared de aire, es bastante obvio la velocidad a la que estamos viajando. La resistencia y el freno resultante a nuestro vehículo se registran de inmediato por toda nuestra conexión en la nave. Mi escudo empieza a resplandecer como fuego azul cuando la fricción calienta su superficie externa. El transbordador se sacude y vibra, la sensación parecida a empujar algo mecánico y pesado a través del agua agitada en una de nuestras presas.

Periféricamente, estoy al tanto de Ares y Jasper haciendo constantes ajustes a nuestra velocidad y patrón de vuelo; pero mi área exclusiva de concentración es mi escudo. De modo que les dejo el vuelo a ellos, mientras monitoreo la presión colocada en nuestra protección.

Finalmente, el dificultoso viaje se facilita un poco… al caer más cerca de la superficie, y nuestra velocidad y ángulo de trayectoria se nivela ligeramente. Las ventanas de visualización frente a nosotros se despejan cuando dejamos atrás el resto de las nubes de polvo atmosféricas.

Ahora podemos ver la superficie de nuestro planeta debajo de nosotros—y la gigantesca y turbulenta tempestad que es la tormenta amenazando el asentamiento.

Era intimidante verla en los monitores en la estación espacial; pero es verdaderamente aterrador verla así de cerca.

Por un momento, ambos nos quedamos sin palabras al mirar con atemorizado desconcierto las enormes nubes de polvo, arena y escombros impulsadas por el viento. Junto a mí, Jasper finalmente murmura una maldición… y solo puedo, al menos en silencio, concordar con él.

Tuvo razón en burlarse a mi comparación entre la haboob y la tormenta debajo de nosotros.

Esta… fuerza no se parece a nada que alguna vez hayamos experimentado. Es una monstruosidad desmesurada de oscura y turbia malevolencia, aparentemente resuelta a destruir todo debajo de ella.

Por un breve segundo, cruza la idea por mi mente que estamos presenciando la manifestación de un planeta enojado demandando una venganza personal por el daño que le hemos hecho. Casi parece que la tormenta tiene una inteligencia propia, al buscar destruir los últimos miembros que quedan de la especie que lo dejó sin vida.

Sacudo mi cabeza para deshacerme de esos pensamientos mórbidos, apenas a tiempo para darme cuenta que Ares y Jasper están posicionando el transbordador para entrar en la tormenta. Mi escudo esta ahora a toda su capacidad—y escucho que Jasper me grita que me sujete, cuando nos deslizamos repentinamente a los niveles superiores de la tempestad.

Solo nos toma unos segundos más darnos cuenta de lo riesgosa que es esta aventura en realidad.

Ajustamos la velocidad para igualar la de la tormenta—en teoría nos moveríamos con los vientos, de ese modo reduciendo el riesgo de perder el control del transbordador. Pero en seguida nos damos cuenta que los vientos dentro de la tormenta no son uniformes, en lo absoluto; que hay bolsas dispersas de corrientes en movimiento más lentas y otras más rápidas, lo que requiere ajustes constantes a nuestra velocidad y ángulos de trayectoria. Con remolinos de ráfagas giratorias que amenazan con volcar el transbordador de lado, y súbitas corrientes descendentes succionando la nave con mucha velocidad hacia el suelo.

Es imposible ver algo más allá del borde de mi escudo; torrentes de polvo marrón óxido y remolinos de arena se combinan para formar tumultuosas nubes turbias que llena por completo el espacio a nuestro alrededor. A medida que empezamos nuestro descenso, comenzamos a reconocer grandes piezas de escombros que vuelan con el viento. En rápida sucesión, piedritas… y luego rocas de todos los tamaños, creciendo en densidad e impacto… toman velocidad al golpear contra el escudo. Una rama ocasional, o incluso el tronco de un árbol, pronto son lanzados hacia nosotros… así como varias piezas de metal y equipo conocido… arrancado, entero, del asentamiento.

Debido a eso, el transbordador se balancea, zarandea y golpetea—no solo por la increíble fuerza de los vientos contrarios, sino por los restos impredecibles y en aumento que transporta. De no ser por mi escudo, el transbordador y todo en su interior sería hecho trizas.

Usar y mantener ese escudo es la prueba más difícil y más fácil de lo que pensé que sería.

Difícil, porque podía sentir el desgaste de energía para mantenerlo en este nivel; pero de alguna forma más fácil, porque a través de Ares, estoy consciente de cada fisura de debilidad, cada grieta de inestabilidad. Lo que significa que juntos, lo ajustamos. Y lo ajustamos. Y lo ajustamos.

Por fin, escucho a Ares anunciar que se ha establecido contacto con la computadora del asentamiento, y el proceso de abrir las puertas del hangar ha comenzado. Él ha elegido un curso que nos permitirá deslizarnos gradualmente al centro de la tormenta; entonces, justo cuando demos el último giro en nuestra espiral descendente, inclinaremos el transbordador hacia el interior de la gran abertura, contando con que el viento nos empuje la distancia restante para entrar al lugar.

Funciona sin problema.

Tan pronto como despejamos las puertas abiertas, Ares las cierra rápidamente detrás de nosotros. Pero abrir las puertas del hangar ha creado un efecto de embudo a través de los compartimientos adyacentes: succionando el polvo y los escombros a través del cuarto de control colapsado, hacia la plataforma del hangar y sacarlo por las puertas abiertas. Rápidamente se llena de polvo, y tenemos que esperar hasta que todo se asiente antes de que Ares nos diga que es seguro salir del transbordador.

Hemos aterrizado en un lugar apenas reconocible como el que dejamos tan solo unas horas antes. Las ventanas panorámicas del cuarto de control que miraban hacia el hangar están rotas y hechas pedazos. Polvo y metal retorcido han llovido y golpeado a través de ellas, invadiendo el gran espacio. Donde sea que miramos, vemos montones de tierra, escombros y restos esparcidos.

El transbordador grande, aunque cubierto con una gruesa capa de polvo, no parece tener daños. Está estacionado al otro extremo de la habitación, lejos de los escombros invasores, y protegido de un lado por una sólida pared de roca que sostiene las armaduras de metal intactas en la parte superior. Tan pronto como salimos de la nave, Jasper se dirige directamente hacia él—explicando que mientras él empieza a deshacerse de la carga, yo puedo encontrar las escaleras al cuarto de evacuación de emergencia.

Con Ares dirigiéndome, no me toma mucho tiempo encontrarlas. Temiendo que la salida cerca del cuarto de control estaría bloqueada por los escombros, opto por usar la que está cerca de las puertas exteriores. La entrada está escondida en un pequeño hueco que parece haberla protegido efectivamente de lo peor de la tormenta. La puerta de metal es pesada, reforzada por seguridad, y difícil de mover. Uso una pieza de equipo desechado de uno de los rovers para dejarla abierta antes de descender las escaleras detrás de ella.

En el último escalón de las escaleras, encuentro un corto pasillo, y luego otra tremenda puerta. Abrir está también resulta difícil y el metal chirria en protesta cuando tiro de él. Una ráfaga de aire caliente y viciado se escapa y me envuelve cuando finalmente abro la puerta.

Mi impresión inmediata es que la habitación frente a mí se ve bastante extensa, y posiblemente podría dar cabida a cuatrocientas o quinientas personas. Sin embargo, tiene un techo bajo, dando una sensación claustrofóbica de encierro. El aire está húmedo, sofocante y la iluminación muy tenue. Apenas puedo distinguir algunas vagas figuras que parecen descansar en colchonetas, esparcidas desordenadamente en el suelo.

El ruido de mi entrada los ha alertado de mi presencia; y cuando las luces comienzan a iluminar en mi dirección, de repente puedo ver una multitud de sorprendidos rostros consternados y muy confundidos volviéndose para mirar hacia mí.

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Nunca me ha gustado llamar la atención.

Emmett siempre fue el líder; el que organizaba nuestro grupo de juego y, después, a nuestro cohorte. Sabía las palabras correctas para decir— las cosas correctas para hacer, la forma correcta de actuar—a fin de convencer a la gente de seguir sus sugerencias. Y Jasper—con su sonrisa relajada, su influencia tranquilizadora y humor dispuesto—siempre podía cautivar y persuadir a todos los que lo rodeaban, haciendo que estén más que felices de seguir a su guía.

Estaba satisfecho con quedarme en su sombra; perderme en el grupo de leales seguidores. Mis extrañas habilidades… junto con la confusión y baja autoestima que inspiraban… habían provocado que huyera de todo rol de liderazgo, sin dar lugar a la envidia o arrepentimiento.

Sin embargo, aquí estaba, frente a una habitación llena de extraños que—hasta solo hace unos momentos, cuando irrumpí por la puerta—se habían resignado a la posibilidad de que tal vez nunca dejarían esta habitación.

Necesito decir algo.

Necesito darles una razón para tener esperanza, aliviar su miedo que sé están sintiendo; y más que nada, de pronto necesito… de alguna forma… que crean en mí.

Pero aun aceptando mi papel como un adulto, un protector y potencial salvador de mi gente—y a pesar de mi bravata y seguridad al convencer a mi hermano de acompañarme en esta misión—sigo siendo esa persona que estaba satisfecha con nunca tomar la delantera, con nunca llamar la atención. De modo que cuando abro mi boca para hablar, las palabras se atoran en mi garganta… y se niegan a ser expresadas.

Pero cuando mi mirada recorre la habitación, veo aceptación ahí. Y al fin me doy cuenta, con una abrupta y recién encontrada claridad, que no necesito convencerlos de que confíen en mí, de creer en mí; veo que ya lo hacen. Puede que no los conozca; pero ellos me conocen a .

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Frente a mí hay casi cuatrocientas personas que hace mucho dejaron sus casas y se mudaron al asentamiento, preparándose para el día que abordaríamos una extraña nave de metal—esperando en el cielo sobre nosotros—y confiarían sus vidas a mi custodia. Aunque nunca nos conocimos, ya no somos extraños.

Aclaro mi garganta… y esta vez, mis palabras son seguras y firmes al explicarles que Jasper y yo estamos aquí para llevarlos a un lugar seguro.

Describiendo brevemente nuestro viaje a través de la tormenta, les afirmo la fuerza y confiabilidad de mi escudo. Mientras hablo… al resumir nuestros planes, nuestra experiencia siguiendo los vientos cambiantes, y el constante monitoreo de Ares y sus predictivos cálculos… veo que asienten de acuerdo, con sonrisas de aliento. Veo espaldas que se enderezan con determinación, y hombros listos para trabajar. Veo esperanza.

Para cuando termino de hablar, todo el grupo está de pie—avanzando, y luego pasan junto a mí, para salir de la habitación. Sus rostros están llenos de propósito, determinación y alivio al estrechar mi mano, palmear mi espalda, o darme abrazos de agradecimiento a su paso.

Pero en verdad, solo tengo ojos para la persona especial y querida para mí que veo sonriendo, mientras se acerca a mí apresuradamente.

El rostro sonriente de Bella está abiertamente lleno de amor, orgullo, y felicidad al verme. También puedo percibir un poco de engreída satisfacción; sabe que entendí sus últimas instrucciones, y después de todo no hecho nada más que seguir su mando.

También debe saber que escuché sus palabras de amor.

Cuando entra en mis expectantes brazos abiertos, la envuelvo con mi cuerpo… y deseo que sienta la emoción que vuelco en nuestro abrazo. Mi suspiro de alivio por finalmente poder abrazarla se iguala solo a su propia exhalación al aferrarnos el uno al otro.

Me doy cuenta que también tengo que decirle. Necesito expresar lo mucho que ella significa para mí, lo que siempre ha significado para mí.

He conocido a Bella toda mi vida. Estaba en cada parte de mi infancia; jugamos juntos, ocasional y constantemente, como niños, vecinos y amigos. Y aunque con el tiempo fuimos separados al entrar a nuestros años de entrenamiento, aún me parecía bien buscar su rostro familia durante los festivales y celebraciones.

Pero fue en su primera fiesta social—cuando alcanzó su madurez—que nuestra amistad se había profundizado mucho más; cuando supe que deseaba mucho más.

Es importante que ella lo sepa. Con todo lo que hemos pasado en los últimos meses… con todos los malentendidos de los últimos días… la sigo amando—con mucho más de mí de lo que nunca habría imaginado. Siempre la amaré; y tengo que decírselo, tengo que asegurárselo, en este momento—antes de confrontar el peligro que nos espera, y antes de que la incertidumbre de nuestra misión pueda posiblemente quitarme esta oportunidad.

Necesito, y Bella necesita, escucharme decir esas palabras. Escucharme decir, "Te amo." En voz alta.

Y es por eso, que me alejo un poco de ella, tomando su dulce rostro entre mis manos; pero antes de que pueda decirlas, me interrumpe un fuerte carraspeo cerca.

Cuando levanto la vista, es para ver otro rostro femenino de alguien que quiero mucho. Pero este rostro no se ve tan cordial; este rostro no está tan lleno de orgullo o alivio. De hecho, este rostro está muy enojado.

"¿Madre?" Consigo graznar.

"Edward." Responde a mi saludo asintiendo, antes de continuar descontenta fulminándome con la mirada. "¿Y Jasper?"

"Está arriba, preparando el transbordador grande."

Mi respuesta solo sirve para enojarla más; y el hombre seguro de sí mismo y ligeramente arrogante que había fanfarroneado con su hermano de lo fácil de esta misión… poco a poco e inevitablemente da paso al niño culpable que fue atrapado por su madre portándose mal.

"Madre, yo…"

No me permite terminar mi excusa—interrumpiendo para recordarme que no solo he desobedecido órdenes, sino que de alguna manera también he logrado involucrar a mi hermano en mi comportamiento imprudente. Su voz se ha elevado por la frustración, mientras continúa regañándome; pero comprendo que en realidad es su preocupación lo que está provocando su malestar.

Sabía—incluso cuando actué contra sus órdenes, y planeé está misión—que estaría enojada, que reaccionaría de esta forma. Lo sabía; pero aun así, decidí hacer lo que creí mejor—tan solo y precisamente porque comprendí que en realidad no tenía otra opción.

Sin embargo, su ira y autoridad son intimidantes, y me encuentro empezando a tartamudear una explicación.

"No."

Esta vez, es mi padre el que me interrumpe.

"No, hijo," repite. "No te disculparás por estar aquí; por seguir tu instinto de salvar y proteger."

Se vuelve hacia mi madre. "Déjalo así, Esme," dice, colocando su mano en el brazo de ella para calmarla. "Ya pasó el tiempo de dar órdenes y obedecerlas. Tenemos que concentrarnos en sobrevivir."

Mi madre se le queda mirando por un largo rato… al fin dejando escapar un suspiro, al mismo tiempo que su postura lentamente se relaja. Él le sonríe con ternura, antes de estirar su mano para alisar las líneas de preocupación de su frente. "Va a estar bien," lo escucho susurrarle. "Todo va a estar bien."

La mirada que comparten es intensa.

Hay confianza; hay afecto y devoción. Hay tenacidad, incesante esperanza y determinación. Hay deseos de reconfortar… y la amorosa y reacia rendición a ser reconfortada.

Pienso en las muchas veces que he visto a mi padre ofrecerle a mi madre pequeñas muestras de apoyo: un beso en su mejilla en la fiesta de Jasper; su mano sujetando su espalda baja, cuando Emmett y yo nos fuimos; las sonrisas y apretones de manos en la mesa del comedor familiar. Viéndolo ahora—a través de la nueva comprensión que tengo de las responsabilidades y obligaciones de mi madre—esas indicaciones de su devoción y apoyo hablan de un vínculo mucho más profundo que solo amor y afecto.

Es la unión de las almas de dos personas que juntos han superado lo bueno y lo malo; que han compartido la felicidad y la tristeza, la decepción y el peligro, el liderazgo, familia y responsabilidad… y juntos ha resurgido más fuertes por ello.

Dos personas que a través de estar juntos toda una vida, han limado todos los bordes ásperos hasta acoplarse, como uno solo.

Eso es lo que anhelo tener con Bella algún día.

Mi madre finalmente asiente de acuerdo, antes de que ambos se vuelvan para mirarme.

"Ahora," empieza a decir mi padre, "dime más de los planes que tú y Jasper hicieron para nuestra evacuación."

En los siguientes minutos, explico nuestras ideas y pensamientos con más detalle. Mientras hablamos, mantengo mi brazo alrededor de los hombros de Bella, renuente a dejarla ir, a dejar de tocarla. Veo que Mary Alice y mi hermana se acercan poco a poco en silencio, escuchando nuestra conversación. Les doy una breve sonrisa antes de continuar con mi explicación.

Mi padre hace una pregunta ocasionalmente, ofreciendo unas cuantas sugerencias de vez en cuando, antes de que él y mi madre salgan de la habitación.

Bella y yo caminamos de la mano, contentos—e incluso podemos por un breve y escaso momento, simplemente seguir al grupo—cuando Alice agarra mi otra mano. Echo un vistazo detrás de nosotros, buscando a Mary Alice, solo para que me digan que se ha adelantado al grupo corriendo para ver a Jasper.

"Alice," le susurro a mi hermanita. "¿Estás bien?"

Asiente, pero es fácil de ver que sigue preocupada. "Fue terrible, Edward," confiesa. "Estaba… de verdad estaba asustada."

Zafo mi mano de la suya y rodeo sus hombros con mi brazo, acercándola a mi lado. "Ahora, vamos a estar bien. Te lo prometo, Alice, todo va estar bien."

"¿Vamos a volver al valle? ¿Vamos a casa?"

"Sí. Solo tenemos que quitar algo de peso del transbordador, entonces abordaremos para salir volando de aquí y dirigirnos directamente a casa en el valle."

"Pero la tormenta… ¿Cómo…?"

"Alice, no hay tormenta en este planeta que sea más fuerte que mi escudo." Mi fanfarroneo consigue una inclinación de cabeza de parte de Bella, y los familiares ojos en blanco de mi hermana. "Oye, acabamos de volar a través de la tormenta, y mi escudo nos mantuvo a salvo todo el camino—y también nos mantendrá a salvo cuando nos vayamos. No hay nada de qué preocuparse, hermanita. Todo va estar bien."

Esta vez, mi intento por tranquilizarla consigue una sonrisa arrepentida, y un tímido gesto de aceptación con la cabeza.

"Vamos, chicas," me echo a reír, instándolas a subir las escaleras. "Tenemos trabajo que hacer."

La habitación sigue muy polvosa, y escucho a algunos tosiendo y estornudando cuando entramos al hangar. Muchas personas logran cubrir su nariz y boca con sus camisetas, u otros artículos de ropa. Pienso por un momento en mi capa, con su conveniente protección contra el polvo, y desearía tenerla conmigo ahora… solo para darme cuenta que la mayoría de mis pertenencias, incluyendo mis armas, se quedaron en mi habitación en el pasillo amarillo, que ya ha sido destruido por la tormenta. Siento una momentánea punzada de arrepentimiento por su pérdida; pero ahora no tengo tiempo para pensar en ello.

Jasper tiene las puertas laterales del transbordador y la rampa trasera abiertas, y ha reunido una reserva de herramientas que serán necesarias para desmontar los asientos extra y los contenedores de almacenamiento innecesarios. Rápidamente divide a todos en grupos de trabajo; y en poco tiempo, hay líneas de personas pasándose entre ellos partes desechadas y suministros, a medida que el transbordador es despojado gradualmente de cualquier peso innecesario.

Trabajar juntos parece mejorar el estado de ánimo del grupo; escucho algunas conversaciones, e incluso una risa o dos, a medida que progresa la tarea.

Sin embargo, es imposible olvidar la tormenta por más de un breve instante, ya que el viento aúlla y chilla justo al otro lado de las puertas y sobre nuestras cabezas.

De vez en cuando, uno o más de los soportes de metal del techo se inclina con un fuerte crujido; pero por el momento parecen mantenerse firmes. La tierra y los escombros del cuarto de control colapsado continúan acumulándose en un extremo del hangar, la mayoría contenidos solo por un una pequeña porción restante de la pared de división.

De repente, con un fuerte estruendo y un chirrido estremecedor, el resto de la división colapsa—enviando una avalancha de escombros en cascada dentro del área.

Por un momento, toda actividad se detiene mientras todos miramos con horror la pared de escombros avanzando lentamente hacia nosotros. El trabajo se reanuda de inmediato a un ritmo frenético, impulsados al saber que nuestro tiempo sin duda alguna—y muy rápidamente, se nos acaba.

Pronto, con una abrupta sensación definitiva, la rampa trasera del transbordador se cierra y se sella con fuerza.

Y entonces… es el momento de irse.

Hay despedidas rápidas, abrazos, y unos cuantos besos urgentes, antes de que Jasper y mi madre salgan de una puerta lateral, instando a todas las mujeres y adolescentes a darse prisa en abordar, colocándolos pronto en hileras compactas sentados en el piso. Los hombres, que esperarán el segundo viaje, forman rápidamente una línea a fin de caminar en fila directamente por las puertas angostas que conducen al cuarto de evacuación.

Mi padre agarra mi brazo, poniéndome a un lado, antes de que pueda abordar el transbordador.

"Cuando abran las puertas exteriores, va a crear un torbellino aquí dentro," me dice. "Asegúrate de permitirme llevar a todos de vuelta al búnker, antes de abrirlas. Y Edward," añade, "mientras se van, trataremos de construir una barrera de contención alrededor de la entrada a las escaleras. En el viaje de regreso, estaciona el transbordador tan cerca como puedas a la entrada."

Le echo un vistazo a la pared de escombros invasora; todavía se está moviendo, aunque despacio, y asiento de acuerdo con su miedo tácito. "Buen viaje, hijo," me dice, antes de alejarse e instar a los rezagados a apresurarse hacia el cuarto de evacuación.

Justo al acercarme a la última puerta abierta del transbordador, me encuentro con mi madre—bajando tranquilamente las escaleras de salida, y dando la vuelta para seguir a mi padre.

"¿A dónde vas? Madre, no puedes quedarte aquí. ¡Por favor, vuelve a subir al transbordador!" Agarro su brazo en desesperación, suplicándole a que venga conmigo.

"No," me dice, con determinación y decisión en sus palabras y su postura. "Soy la líder de esta comunidad, y la jefa del consejo gobernante. Mi lugar está aquí, con mi esposo y la gente que queda. No dejaré mi puesto hasta que todos estén a salvo."

"Pero…"

"No, Edward," me interrumpe otra vez. "Desobedeciste mis órdenes una vez, y puedo admitir la razón por la que sentiste que tenías que hacerlo."

La voz de mi madre se suaviza un poco con la expresión comprensiva que me da antes de seguir con su orden.

"Pero ahora me obedecerás. Sube al transbordador; saca a estas personas de aquí. Y entonces…" Hace una pausa. "Entonces puedes volver y rescatar al resto de nosotros."

Mi madre me da otra sonrisa para suavizar sus palabras antes de empezar a caminar otra vez.

"Oh, ¿y Edward?" Dice por encima de su hombro. "¡Apúrate!"

Subiendo al transbordador, de prisa me pongo el arnés, me ajusto los auriculares, luego me conecto mentalmente a Ares y a través de la bola. Jasper está en posición en el asiento del copiloto a mi izquierda, y Bella está sentada en otra silla a mi derecha. Coloca su mano en mi muñeca derecha, ligeramente por encima donde los cables del sensor se han unido a mi mano.

Cuando se da cuenta que estoy mirando a su mano, aprieta mi brazo—y siento un ligero aumento de energía fluir de ella a mí. "No demasiado, ¿de acuerdo?" Le pido, cuando me sonríe. "No quiero que te excedas."

Esto me gana otros ojos en blanco, y un bufido de exasperación por ser sobreprotector; pero asiente de acuerdo.

"Lento y constante," me responde. "Y más cuando lo necesites."

Con eso decidido entre nosotros, me vuelvo para mirar a la multitud de mujeres y adolescentes sentados en el suelo detrás de nosotros.

Cada centímetro de espacio disponible ha sido usado para acomodar a alguien en el transbordador. Mary Alice está justo al lado izquierdo de Jasper, con Alice y su hermano, Jared, sentados junto a ella. Está sujetando sus manos con firmeza, una expresión de determinada valentía en su rostro.

Al estudiar al resto del grupo, noto la misma determinación; esa misma expresión de titubeante valentía. Están asustados, sí—pero por ellos y por los demás, están tratando de ocultar su miedo.

Armado con una sonrisa confiada, hablo con ellos, usando las palabras que mi padre usó para tranquilizar a mi madre. "Va estar bien, lo prometo. Todo va a estar bien. Jasper va a ayudarlos para que se relajen, luego voy a abrir mi escudo y va a ser solo como dormir. Cuando despierten, vamos a estar seguros lejos de la tormenta."

Soy recompensando con algunas sonrisas cautelosas, y cuando me vuelvo otra vez hacia el frente, Jasper ya está frunciendo el ceño en concentración, enviando una tranquilizadora oleada de calma y serenidad. Sus ojos empiezan a cerrarse… y sus cabezas a inclinarse… cuando él hace más fuerte las ganas de dormir; y pronto, estamos rodeados por un grupo de pasajeros durmientes y relajados, listos para ser evacuados del asentamiento. Abro mi escudo, suspendiendo el tiempo para todos dentro del transbordador—excepto para mi hermano, Bella y yo.

Mientras terminamos el resto de nuestras preparaciones para el despegue, vemos a los últimos hombres con mi madre y mi padre en la parte trasera, desapareciendo por la puerta a las escaleras. Justo antes de que desaparezcan de la vista, nuestros padres nos dicen adiós… luego se vuelven nuevamente para entrar a las escaleras, cerrando la puerta detrás de ellos.

Ares empieza a abrir las puertas exteriores, y descargo más poder en el escudo para protegernos.

Las ráfagas de viento pasan por la puerta del hangar, llenándolo con remolinos de arena, polvo y ensordecedores aullidos. Junto a mí, Bella aprieta su agarre en mi brazo, con un pequeño gemido asustado escapando de sus labios.

Lento y con cuidado, Jasper se empieza a poner en posición de despegue… luchando contra la fuerza del viento mientras hace tambalear y sacude el transbordador, amenazando con volcarnos de lado.

"¡Prepárense!" Lo escucho gritar—y entonces arrancamos, a toda velocidad hacia las puertas exteriores del hangar—y directamente a la boca de la malévola tempestad esperándonos ahí.

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Aaaah que tensión, la primera parte ya casi está completa, solo falta que lleguen al valle y entonces viene el segundo viaje. ¿Logrará llegar todos bien? Bueno, ya lo veremos, y también veremos la reacción de la gente del valle a la presencia de los "Thaay". A pesar de sus inseguridades, Edward ha probado ser un buen líder y Protector. Al menos todo esto lo está preparando bien para el viaje más largo que les espera. Espero que hayan disfrutado del capítulo, y como siempre, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció. Recuerden que son sus reviews los que nos alientan a seguir aquí, compartiendo con ustedes estás maravillosas historias. Recuerden que un gracias, un saludo, o una carita feliz, no cuestan nada.

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: JessMel, kaja0507, Summer Suny, freedom2604, lagie, Vrigny, Cary, Tecupi, Gabriela Cullen, PRISOL, Maryluna, Ali-Lu Kuran Hale, Bookaholicreader, alejandra1987, carolaap, Lazz cullen, Dayis, Ivonne Evange, solecitopucheta, Nancy, Say's, Lizdayanna, Kriss21, FreyjaSeidr, Karina, Diablillo07, Manligrez, glow0718, patymdn, EriCastelo, Melany, sueosliterarios, myaenriquez02, injoa, Liz Vidal, Adriu, Lady Grigori, torrespera172, tulgarita, Sully YM, Tata XOXO, Pili, Rosy Canul, rjnavajas, Pam Malfoy Black, Alma Figueroa, Johanna22, saraipineda44, Mafer, andyG, Techu, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente ;)