Aunque suene tedioso esto no puede faltar, los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, y la historia fue escrita por hikingurl, yo solo traduzco.

Y como siempre, no puede faltar mi agradecimiento a mi beta y amiga durante todo este tiempo en el fandom. Gracias Erica, con tu ayuda he crecido como traductora y ha mejorado un poco mi gramática :P


NA: ADVERTENCIA: Un personaje muere al final de este capítulo. NO es Edward, o Bella, o Jasper. Entiendo que esto molestará a algunos, de modo que si quieren leer el capítulo; pero no esa escena en particular, entonces deberían saltarse los últimos párrafos.


Capítulo treinta y tres

EPOV

Dejar el asentamiento es una maniobra más difícil y complicada que entrar.

Las puertas de salida del hangar dan al sur. Cuando Ares las abre, podemos ver una pared turbia de arena y escombros volando casi horizontalmente—el torrente rugiendo desde el oeste, a nuestra derecha, lanzándose a través del vasto panorama hacia el este, a nuestra izquierda. Si tratamos de volar directamente hacia la tormenta, los vientos nos golpearían de costado y empezarían a rodarnos una y otra vez, haciendo casi imposible recuperar el control de la nave. Tendremos que dar vuelta con el viento antes de que eso suceda.

Ares y Jasper nos han colocado de manera que dejaremos el hangar inclinados hacia la izquierda. Incluso antes de que despejáramos las puertas, realizaron un brusco giro de 90 grados hacia el este—inclinando el transbordador sobre su lado izquierdo, y dejando que los vientos golpeen la parte inferior. La maniobra utiliza su fuerza, empujándonos y elevándonos de inmediato, justo en medio de la tormenta.

Entramos al vendaval, tratando de igualar nuestra velocidad a la de los vientos cada vez más fuertes… abriéndonos paso gradualmente hacia arriba y afuera, hacia el borde un poco más claro y ligero del recorrido de la masiva tormenta. Mi escudo es probado hasta sus límites, golpeado y apaleado por los escombros, mientras resistimos la turbulencia.

Una vez más, dejo el vuelo a Jasper y Ares, concentrándome en vez de eso en mantener nuestra protección. Dejo que Bella me provea una corriente constante de energía; extrayendo con cuidado lo que necesito, pero nunca sobrepasando su suministro de energía.

Trabajamos bien juntos.

Cuando la rotación del viento comienza a girarnos hacia el norte, Ares explica un plan designado para evitar la espiral gradual y más seguro para escapar de la tormenta. Es un riesgo calculado, y además, otra maniobra complicada; pero nos permitiría partir mucho más rápido, ahorrándonos un tiempo precioso.

Él enciende una pequeña pantalla de navegación entre Jasper y yo, mostrándonos nuestro progreso en relación con la tormenta. Si podemos incrementar nuestra velocidad al máximo antes de volver a girar hacia el oeste podemos utilizar la aceleración del transbordador, combinada con la fuerza del viento, para lanzarlos lejos de la tormenta—en un solo efecto violento de catapulta. Pero tendríamos que impulsar el transbordador ya de por sí sobrecargado a su capacidad máxima de velocidad; y cuando sobrepasemos la velocidad de los vientos a nuestro alrededor, la fricción provocará que se caliente mi escudo, igual que lo hizo al volver a entrar a la atmósfera.

Los beneficios son muy grandes para no considerarlo; y después de una consulta entre nosotros tres, decidimos tomar el riesgo.

Jasper se endereza en su silla, preparándose para usar toda su fuerza para manipular la bola de navegación. Los músculos en su brazo se flexionan y contraen al presionar y apretar la esfera, forzando los motores del transbordador a alcanzar su máxima potencia, mientras yo fortalezco velozmente mi escudo a su densidad más sólida. El chirrido de motores sobrecargados asalta nuestros oídos, y el transbordador empieza a sacudirse y rebotar mientras avanzamos—esta vez, dentro del viento y sus escombros en vez de con él.

Necesitaremos un mínimo de diez minutos de máxima aceleración para alcanzar el impulso requerido para escapar de la tormenta. Si no alcanzamos nuestro objetivo, nos arriesgamos a quedar atrapados en sus garras y ser golpeados de costado, mientras los vientos rotan al oeste. El poder de nuestro avance debe ser lo bastante fuerte para resistir la atracción gravitatoria de la tormenta mientras gira nuevamente hacia el oeste.

La pantalla de navegación entre nosotros registra nuestro progreso, al precipitarnos hacia el borde norte de la tormenta. Ares ha planeado nuestro curso y velocidad, y está representado como una línea adyacente de guiones verdes atravesando la pantalla. Junto a ella está una línea roja continua; eso es lo que debemos igualar, si queremos tener éxito.

Por los primeros cinco minutos, mantenemos el paso con la línea roja paralela; pero cuando pasa el sexto y séptimo minuto, se hace cada vez más evidente que nuestro progreso no va de acuerdo al plan. Con los motores ya sobrecalentados y las luces de advertencia parpadeando en los tableros de control frente a nosotros, rápidamente nos estamos quedando sin tiempo para tomar la decisión de proceder con nuestra maniobra riesgosa, o volver al más lento pero más seguro plan original.

Ni Jasper ni yo queremos admitir nuestra derrota; y por una fracción de segundo, los dos nos quedamos paralizados por la indecisión… hasta que Ares ofrece una tercera opción. Sugiere que extienda mi escudo frente al transbordador—creando un efecto de túnel que contendría los vientos, reduciendo así el arrastre de la nave al movernos a través del espacio protegido por el escudo en vez de con él.

Tan pronto como entiendo su plan, lo estoy implementando. Gruñendo por el esfuerzo de abrir un túnel a través de los vientos embravecidos, empujo con toda mi fuerza y determinación para forzar a la tormenta a alejarse del área inmediata frente a nosotros. A medida que el espacio empieza a despejarse, nuestra velocidad se incrementa—y, más pronto de lo que anticipamos, repentinamente avanzamos a toda velocidad y sin problemas hacia el borde exterior de la tormenta.

El esfuerzo para mantener la abertura es abrumador. Se me escapa un suave gemido, mientras me concentro en sostener el escudo. "Dos minutos más; solo dos minutos más…" Se vuelve el mantra que me repito, una y otra vez, mientras veo que nuestro progreso en la línea verde empieza a alcanzar—y luego sobrepasar—la línea roja de nuestro meta.

Solo dos minutos más.

Bella ha seguido proporcionándome la energía; una corriente constante que me respalda, pero no la agota. Pero cuando empiezo a temblar por el esfuerzo de mantener el túnel… y mi visión empieza a ponerse borrosa por la fatiga… de alguna forma puedo escucharla gritándome—por sobre el ruido de los cansados motores, y el aullido de la tormenta—que tome más.

De repente, aprieta mi brazo con sus dos manos—y me atraviesa una sacudida de energía vigorizante.

Recupero la consciencia en seguida, sosteniendo el túnel completamente abierto frente a nosotros… mientras los últimos segundos pasan dolorosamente lentos.

Salimos de la tormenta a una extraordinaria velocidad, elevándonos al cielo despejado más allá. Al instante, Jasper disminuye la velocidad: evitando que se fuercen más los motores, y deliberadamente haciendo más lento nuestro progreso mientras se prepara una estrategia más minuciosa para nuestro valle.

Mi escudo se cierra en seguida. Detrás de mí, puedo escuchar a nuestros pasajeros empezar a despertar cuando sus efectos empiezan a disiparse; pero no tengo un momento para dedicarles a ellos, porque es entonces que veo que Bella está desplomada en su silla junto a mí—con sus ojos cerrados y su piel ceniza.

"Ares," le suplico. "¡Ayúdame!"

En cuestión de segundos, los cables conectándome a la nave se retraen—y desabrocho su arnés de seguridad, atrayéndola a mí. Su cabeza cae hacia atrás a mi hombro, cuando la pongo sobre mi regazo.

Me escucho gritar su nombre, una y otra vez.

Ares está tratando de hablarme; y cuando por fin me calmo lo suficiente para escucharlo, me instruye colocar una de sus manos sobre la bola de navegación para que él pueda evaluar su condición. Los diminutos cables se envuelven velozmente alrededor de su mano… mientras espero por la eternidad que necesita hasta que finalmente me dice que ella estará bien.

Además, me asegura que con descanso y suficiente alimento y bebida, se recuperará completamente. Teoriza que su repentino y explosivo impulso de energía que introdujo en mí debilitó de inmediato su sistema, provocando que su presión arterial y nivel de glucosa bajaran demasiado rápido. Asiento en comprensión; esas son condiciones que entiendo. Sin embargo, los términos médicos que sigue usando son desconocidos para mí, pero no importa. Todo lo que en realidad me preocupa y necesito saber, es que ella va estar bien.

Sujetando el débil cuerpo de Bella en mis brazos, observo y escucho mientras Jasper se encarga del acercamiento final a nuestro valle. Han sucedido tantas cosas, desde que lo rodeamos esta mañana de camino a la estación espacial, que apenas si puedo creer que aún es el mismo día.

A diferencia de esta mañana—cuando Jasper se mantuvo fuera de la vista, muy por encima y más allá de las montañas circuncidantes—vuela directamente sobre la muralla de entrada, luego desciende en picada dentro del valle. Podemos ver personas debajo de nosotros, reunidos y esperando en el anfiteatro y el área abierta a su alrededor. Pilotea el transbordador con cuidado sobre el espacio vacío, y luego poco a poco desciende en un suave aterrizaje.

Por un momento, la nave está en completo silencio; nadie dice nada, hasta que mi hermano se vuelve para mirarme.

"Entonces," empieza a decir, antes de arquearme una ceja. "¿Tu muy detallado y bien pensado plan incluye qué haremos ahora?"

"Yo, uhh…"

Sonríe con suficiencia al escuchar mi inteligente respuesta, antes de decirme que espere; entonces, se vuelve hacia los pasajeros, pidiéndoles que por favor, se queden sentados por solo unos minutos más hasta que regrese. Abriendo la puerta de salida del piloto junto a él, mi hermano baja las escaleras y desciende rápidamente para hablar con el pequeño grupo esperándolo ahí.

Al darme vuelta en mi silla, apenas puedo ver a las personas que saluda. La jefa de las matronas está ahí, junto con varias de las mujeres, incluyendo a Kate. Puedo ver al doctor Banner escuchando con atención mientras Jasper habla. Sus cortas respuestas se escuchan amortiguadas, pero entiendo las palabras 'viaje de regreso' y 'urgente'; y finalmente, algo sobre Bella y atención médica. Hablan por otros minutos más antes de que Jasper suba las escaleras y vuelva a abordar.

Dirigiéndose a las mujeres y adolescentes que esperan, les explica que cuando baje la gran rampa del compartimiento de carga en la parte de atrás del transbordador, tienen que salir tan rápido como sea posible para que podamos regresar en el transbordador al asentamiento. Las matronas de nuestro valle estarán esperando para llevarlos al comedor para alimentarlos, y a habitaciones que han sido preparadas para ellos. Los hombres de nuestro valle, así como a todos los cadetes y Protectores, se les había ordenado quedarse dentro del anfiteatro hasta que se les pudiera explicar la situación. Entonces, justo antes de que camine hacia la parte trasera del vehículo para ayudar a salir a todos del transbordador, se vuelve hacia mí—informándome en voz baja que el doctor Banner ya está esperando para llevar a Bella a la enfermería.

Acunándola cuidadosamente en mis brazos, desciendo las escaleras para encontrar no solo al doctor Banner, sino también a Hunter, esperando pacientemente.

Por un momento, solo puedo quedarme mirando a mi compañero Ranger, mentor y amigo. Han sucedido tantas cosas—y he cambiado tanto—desde que nos separamos en el sendero fuera de los muros del valle.

"Hunter, yo…"

"Lo sé," responde, asintiendo al comprender mis pensamientos tácitos, antes de extender sus brazos hacia Bella. "Déjame llevarla, Edward. Cuidaremos bien de ella hasta que regreses. Entiendo que las cosas están mal en el asentamiento, y tienen que apresurarse. Hablaremos cuando regresen."

"Ella necesita comida y descanso," le digo al doctor Banner. "Si despierta antes de que regrese, por favor, díganle…"

Antes de que pueda terminar, me interrumpen fuertes gritos, luego sonidos de un altercado en alguna parte entre donde estamos parados junto al transbordador y el anfiteatro. Cuando miro hacia el ruido, puedo ver a mi hermano, Emmett, discutiendo acaloradamente con dos de las matronas que están bloqueando su paso.

Mis pies se están moviendo antes de que siquiera lo piense—y tan pronto me ve dirigiéndome hacia él, esquiva a las mujeres y empieza a correr hacia mí.

"¡Edward! ¡Edward!" Lo escucho gritar mi nombre, antes de detenerse frente a mí. Mi hermano me mira fijamente, mientras veo una miríada de emociones cruzar su rostro. Aprensión, curiosidad, un poco de ira y mucha confusión… todo remplazado finalmente por alivio, mientras escudriña mi rostro.

"Estás vivo," susurra. "Estás vivo, y volviste… en eso." Asiente hacia la nave detrás de mí.

"Uhh… Sí, se llama transbordador."

"¿Y vuela?"

No puedo evitar que se me escape una risita irónica cuando recuerdo el 'vuelo' que he tenido en tres diferentes transbordadores, todo en el periodo de un corto día. "Oh, sí," le digo a mi hermano. "Vuela."

Emmett vuelve a mirar el transbordador, y cuando me vuelvo para seguir su mirada, veo a Hunter acercándose a nosotros, aún cargado a Bella en sus brazos.

"Veo que la encontraste, ¿eh?" La voz de Emmett se ha vuelto fría, hostil.

"No es lo que piensas…"

Antes de que pueda continuar o explicar, Emmett me interrumpe. Con sus hombros tensos, las manos en puños, la ira deformando su rostro, me grita su frustración.

"¿No es lo que pienso? ¿Qué se supone que piense? Te fuiste, Edward, en una misión a través del páramo para encontrar a Bella y rescatar a nuestra hermanita—la que ella secuestró— ¡y no volviste! Y nadie… ni una sola persona, incluyendo ese pendejo de ahí," continúa, asintiendo hacia Hunter, "me dijo qué estaba pasando, o si al menos seguías con vida."

"¿Sabes que madre y padre se fueron? Así es. Esperé una semana, el tiempo más que suficiente para que encontraras a Alice y regresaras, y entonces fui a nuestra casa, esperando que ellos pudieran decirme algo— ¡y no estaban ahí! Simplemente está vacía… lo que significa que también desaparecieron. Todos desaparecieron, Edward; era el único de nuestra familia que quedaba en el valle. Y ahora, aquí estás , regresas en algún tipo de máquina voladora con ella, mientras el resto de nuestra familia está desaparecida. Así que: dime, querido hermano… ¿qué se supone que piense?"

Mirando asombrado a mi hermano por su arrebato, me quedo sin palabras al enfrentar su ira y frustración. Al mirarnos el uno al otro, soy incapaz de moverme, incluso mientras cautelosamente veo el rostro de mi hermano derrumbarse por el arrepentimiento… y entonces, de repente, Emmett me atrae para un abrazo de hermano.

"Ahh, mellizo," susurra con voz quebrada. "Lo siento. Es solo que he estado muy preocupado. Me alegra que estés aquí; de verdad que sí."

Cuando se aleja de mí, abro mi boca para explicar—solo para ser interrumpido de nuevo; esta vez, por voces, viniendo de la parte trasera del transbordador. Volviéndome hacia el ruido, me doy cuenta que el grupo de Korinth ha salido de la nave, y son conducidos a la ciudad. Mientras observamos, una pequeña figura se separa de la multitud y empieza a correr hacia nosotros.

A mi hermano le toma unos cortos instantes darse cuenta que es Alice la que se dirige hacia nosotros. "¿Alice?" Lo escucho preguntar, antes de que él también se eche a correr. Siguiéndolo de cerca, se me obsequia su alegre risita cuando él la carga y la hace girar.

"¡Emmett! ¡Emmett!" Se echa a reír, cuando al fin la deja en el suelo.

"Alice, me siento muy feliz…" La voz de mi hermano se apaga al mirar fijamente a la pareja acercándose a nosotros. "Oh, querido Ares," lo escucho jadear. "¿Ese es… Jasper?"

Jasper sostiene la mano de Mary Alice con firmeza mientras cierra la distancia entre nosotros. Cuando se detienen, le sonríe a Emmett vacilante, como si estuviera inseguro de la reacción de mi hermano después que estuviera desparecido por nueve meses.

Emmett, por primera vez, se queda mudo… mientras mira al hermano que asumimos habíamos perdido para siempre. Y entonces, al verdadero estilo de Emmett, rompe el silencio al demandar saber "¡qué demonios está pasando!"

Alice oculta otra risita detrás de su mano al escuchar a Emmett maldecir, y Mary Alice se ruboriza de un intenso color rojo. Jasper empieza a reír entre dientes… y yo no puedo contener el resoplido divertido que se escapa de mis labios. Pronto, todos estamos riendo… mientras mis dos hermanos se saludan, con torpes palmadas en la espalda y apretones de manos antes de tomarse abiertamente en un fuerte abrazo.

Entonces, casi tan rápido como apareció, nuestro humor desaparece en pausas pensativas y expresiones serias compartidas entre nosotros; solo un breve descanso de la urgencia de la tarea que nos espera a Jasper y a mí, y de la estresante tensión que irradia de Emmett.

Un silencio incómodo nos rodea cuando nos calmamos. Me muevo inquieto sobre mis pies, mientras Alice nos mira nerviosa. Finalmente, Jasper da un paso hacia adelante presentando a Mary Alice con Emmett; y entonces le explico, rápidamente, de la tormenta y nuestra necesidad de regresar al asentamiento tan pronto como sea posible para rescatar a madre y a padre—junto con el resto de la gente de Korinth.

Por supuesto, Emmett en seguida demanda ir con nosotros, argumentando que también son sus padres.

Nos empeñamos en negarnos a permitir que nos acompañe, lo que solo lo vuelve más determinado a ir.

Pero finalmente, de forma un poco sorpresiva, se da por vencido—motivado, sospecho, por un poco de 'persuasión' del don de nuestro hermano—cuando Jasper le pide que cuide de Mary Alice, y de nuestra hermana y de Bella mientras no estamos. Parte de mí se estremece al pensar en la ira de Emmett si alguna vez averigua lo que Jasper ha hecho.

Sin embargo, nuestro tiempo se acaba; de modo que con un último abrazo breve a Mary Alice y a nuestros hermanos, Jasper y yo nos regresamos al transbordador. Miro alrededor buscando a Hunter y Bella, pero no puedo encontrarlos; con suerte, la ha llevado a la enfermería de la ciudad para que la atiendan. Nos despedimos de nuestra familia, abordamos el transbordador, nos ponemos el arnés, y en cuestión de minutos nos elevamos. Jasper presiona la bola de navegación, y entonces volvemos al asentamiento a toda velocidad, ansiosos por reunirnos con la gente que dejamos ahí.

.

.

El curso de Ares nos lleva hacia el sur y oeste de nuestro valle. Nos hace tomar una amplia trayectoria circular, rodeando el borde de la tormenta y entrando justo en el punto donde el flujo de los vientos cambia proviniendo del sur y dirigiéndose hacia el este.

Ahora que sabemos más de la tormenta y qué esperar, él es capaz de introducirnos más cerca del suelo y de las puertas del hangar. Tan pronto como puede establecer contacto con la computadora del asentamiento, empieza el proceso de abrirlas.

Los sensores en el asentamiento informan de una atemorizante serie de eventos desde nuestra partida.

El domo sobre el comedor finalmente ha colapsado. Ese hermoso lugar acogedor, simplemente… ya no existe, completamente enterrado debajo de la arena, los restos y escombros de la tormenta. El sedimento también ha empezado a extender sus tentáculos para llenar el largo de cada uno de los pasillos, al llenar el comedor e introducirse en cada uno de las entradas circuncidantes.

El cuarto de archivos se ha salvado, al menos por el momento. Solo puedo esperar que las puertas dobles protegiendo el espacio de almacenamiento interior aseguren la conservación de los libros y rollos que se encuentran ahí y que contienen nuestra historia y conocimientos. Aunque todo lo que contiene lo hemos perdido—y sé que nunca volveré a entrar a esa cámara otra vez—aun así me dará una sensación de esperanza pensar que podrían continuar existiendo, encerrados para siempre en su tumba bajo tierra.

La noticia más alarmante es la condición de las gigantescas puertas del hangar. Los refuerzos alrededor de la entrada han empezado a ceder y retorcerse, haciendo que las puertas se doblen y se salgan de sus rieles corredizos—rieles que ahora están llenos de arena y escombros, ya que han estado expuestos a la tormenta. Todavía hay suficiente energía en las unidades de almacenamiento para impulsar la maquinaria que mueve las puertas; pero se está tomando más tiempo de lo normal abrir un espacio lo bastante grande para que pase el transbordador.

No estamos seguros de lo que encontraremos cuando finalmente entremos.

Las puertas apenas si se han medio abierto antes de detenerse. Ya que el transbordador es mucho más ancho que alto, Ares y Jasper tienen que inclinar la nave casi de costado para pasar a través de la estrecha abertura. De no ser por mi duro escudo, el lado izquierdo del transbordador habría sido arrancado al abrirnos paso por los escombros que llenan la entrada.

El hangar está casi completamente lleno de los desechos de la tormenta. Una capa de suciedad y arena de un metro de grueso cubre el suelo cerca de las puertas exteriores. De ahí, la pared de escombros aumenta gradualmente su altura hasta saturar cada grieta y recoveco, llegando casi hasta el techo al otro extremo del lugar, cerca del destruido centro de control.

Por un momento, parece haber disminuido su avance, el compactado cuarto de control sirviendo de tapón para evitar que más arena entre al área. Pero una vez más al abrir las puertas exteriores se ha creado un efecto embudo; e incluso mientras Jasper maniobra con cautela el transbordador en el reducido espacio, tratando de aterrizar tan cerca del cuarto de evacuación como es posible, podemos ver que la pila empieza a temblar cuando la succión arrastra las capas delanteras.

El aire está saturado del polvo que vuela—que solo empeora cuando Ares nos informa que está renuente a cerrar las puertas del hangar, temiendo no poder abrirlas cuando sea el momento de irnos. Para protegernos, Jasper y yo arrancamos una tira de tela de la orilla de nuestras camisas para atarlas a nuestra nariz y boca al salir del transbordador, resueltos a encontrar la puerta de entrada al búnker.

En seguida nos asalta la fuerza de los vientos; nuestra piel arde por la arena que vuela. Abro mi escudo, protegiéndonos a ambos de sus efectos, al caminar con dificultan por los restos acumulados.

Por un breve momento, recuerdo mi travesía por el cañón; con el haboob que me había hecho correr por mi vida, y siendo mi escudo la única protección que tuve contra sus letales vientos. Esa vez había estado solo, encarando un futuro desconocido. Esta vez, tengo a mi hermano a mi lado; y no puedo evitar sonreír por el consuelo que me da el saber eso.

Jasper debe sentir mi alivio, porque me arquea una ceja inquisitiva.

"¿Estás bien?" Pregunta.

"Bien," respondo.

"¿Y el escudo?"

"Fuerte y firme."

"¿Y los niveles de energía?"

"Estoy bien, Jasper, de verdad," respondo, sacudiendo mi cabeza al escuchar las preguntas de mi hermano.

En nuestro rápido viaje de regreso del valle al asentamiento, Jasper me interrogó sin descanso sobre mis niveles de energía y mi habilidad de sostener mi escudo. Le había asegurado, repetidamente, que me sentía fuerte y capaz. Entre el impulso de energía de Bella y las provisiones de emergencia en el transbordador que habíamos consumido en nuestro vuelo, volví a la normalidad—y estaba más que seguro de poder sostener mi escudo durante cualquier situación que estuviéramos obligados a enfrentar.

.

.

No nos toma mucho tiempo encontrar la puerta al cuarto de evacuación metida en su hueco protector. Justo como mi padre había dicho que harían, los hombres usaron lo que pudieron encontrar en el hangar para construir un muro de contención para guardar la entrada. Apilaron rovers, piezas de equipo desechadas y restos de metal para formar la barrera, incluso usando el transbordador que dejamos para reforzarla. Está haciendo un buen trabajo para prevenir que los escombros bloqueen la entrada; pero aun así tenemos que trepar sobre montículos de arena para llegar a la entrada.

Una vez más, forcejamos con la dura puerta, dejándola abierta con otra pieza de equipo rover abandonada. Corriendo al bajar las escaleras y por el pasillo adyacente, abrimos rápidamente la puerta que queda y entramos a la habitación donde nuestros padres, y el resto de los ciudadanos de Korinth, nos esperan.

La habitación está prácticamente igual a cuando la encontré antes. El aire sigue húmedo y sofocante; la luz tenue. Todos, incluyendo madre y padre, están descansando en las colchonetas esparcidas en el suelo. Pero esta vez, cuando las luces empiezan a hacerse más brillantes y el ruido de nuestra llegada ha alertado a la habitación, no hay titubeo, ni preguntas. Todos están de pie y apresurándose hacia la salida, incluso antes de que Jasper y yo podamos salir al pasillo.

Un caos ordenado sería la mejor manera de describir nuestra salida de la habitación. No hay atropellos, ni empujones, y se intercambian pocas palabras; pero a todos los embarga un sentido de urgencia al subir corriendo las escaleras hacia el transbordador que está cerca.

Madre, padre, Jasper y yo somos los últimos en dejar la habitación. Entramos al hangar para encontrar una línea de hombres avanzando sin parar, entrando velozmente por las puertas laterales del transbordador y acomodándose en la zona de carga vacía en la parte de atrás.

Aproximadamente la mitad está abordo—el resto esperando su turno, o trepando por la barrera—cuando repentinamente escuchamos el intenso crujido de vibraciones y el chirriante eco del metal cediendo. Nuestros ojos se elevan al instante al mirar con horror por el pánico, que los sólidos y fuertes soportes del techo sobre nosotros empiezan a doblarse y ceder. Todo debajo de ellos, incluyendo el transbordador y todos nosotros, será aplastado bajo su peso cuando caiga.

Sin titubear un segundo, abro mi escudo—extendiéndolo para cubrir el transbordador y a todos nosotros que aún esperamos abordar—justo cuando las primeras piezas rotas empiezan a caer del techo. Los primeros trozos rebotan y caen del escudo cuando lo golpean; las piezas más grandes se deslizan despacio por el bordo redondo de la barrera cuando los empujo.

Por el momento, estamos a salvo del metal que está cayendo; pero abrir mi escudo nos ha presentado otro problema. Todos debajo de él—excepto Jasper y yo, y sorprendentemente nuestros padres—están en pausa, cuando el tiempo se detiene para todos ellos.

Nos queda un transportador medio lleno y un grupo de hombres todavía esperando abordar, pero sin poder moverse.

Mientras mi hermano y yo nos miramos el uno al otro, pensando en las posibles soluciones, un tremendo estruendo y un temblor que sacude el suelo estalla por la habitación. Nos giramos al mismo tiempo hacia el sonido, solo para descubrir que una de las puertas del hangar finalmente se ha soltado de los rieles que la sostienen, y se ha caído. No hacia adentro a la habitación, o hacia afuera a la tormenta; sino de lado… retorciéndose al descender, hasta que está ahora apoyada contra la otra puerta que está en pie—bloqueando eficazmente nuestra salida, y dejándonos atrapados en el hangar que se deteriora rápidamente.

Básicamente, nos hemos quedado sin tiempo.

Solo me queda un curso de acción. Tengo que encontrar la forma de manipular mi escudo, de manera que nos proteja de los restos que caen desde arriba, al mismo tiempo que consigo liberar a los hombres debajo de él—para que puedan continuar abordando el transbordador, y todos podamos irnos antes de que todo el lugar colapse en torno a nosotros.

Cerrando mis ojos, me concentro en mi escudo: visualizándolo en mi mente como una delgada capa sobre nosotros; un techo alternativo apuntalando el defectuoso techo sobre nosotros, pero dejando libres para moverse a todos los que están debajo. Nunca antes he usado mi escudo de esta forma. Requiere de algo de fuerza, y me quejo por el esfuerzo—hasta levantando los brazos sobre mi cabeza, para soportarlo—mientras me concentro en sostenerlo en su lugar; extendiéndolo para cubrir toda el área, e inclinándolo un poco para permitir que los restos se deslicen hacia un lado.

Funciona.

Puedo escuchar que se restaura el movimiento a mi alrededor; el golpeteo de pasos y gritos, mientras mi madre y mi padre apresuran a todos a abordar.

Por un breve momento, mi madre se acerca, y se detiene junto a mí. "Oh, Edward," la escucho susurrar asombrada. "No me di cuenta que era tan hermoso."

Cuando abro mis ojos para mirarla, ella está mirando hacia arriba a mi escudo. Sigo su mirada; y por primera vez, veo mi escudo desde fuera de su barrera protectora. Forma un arco sobre nosotros reluciendo en la tenue luz del lugar… una cristalina capa de seguridad, que desvía el peligro sobre nosotros.

No puedo evitar la sonrisa satisfecha que se extiende por mi rostro mientras lo miro. Mi madre se ríe bajito junto a mí; y cuando me vuelvo hacia ella, me honra con una orgullosa sonrisa nostálgica… una peculiar y pacífica espera… antes de que Jasper aparezca de pronto, diciéndonos que es el momento de subir al transbordador. Una vez dentro, dejo que quede como un domo alrededor de la nave ahora llena.

Rápidamente nos ponemos los arneses, vinculándonos con Ares a través de las bolas de navegación y poniendo en marcha los motores del transbordador. Mi madre está sentada en la silla junto a mí; mi padre, en el suelo junto a ella. Nuestros pasajeros están una vez más suspendidos en el tiempo, mientras mi escudo nos protege de los restos cayendo sobre nosotros.

El compactado tapón de sedimento en el centro de control que estaba conteniendo la avalancha de los desechos de la tormenta, al fin ha cedido; aumentando el efecto de embudo en toda el área y la succión empieza a mover la imponente pared de escombros detrás de nosotros. Colapsa con un estruendo, disparándose hacia nosotros en una oleada de arenilla pulverizada y restos que Jasper apenas esquiva al elevar el transbordador en el aire cuando se mueve debajo de nosotros—llenando el espacio debajo de nosotros, y aplastando el equipo que era la barrera protectora alrededor de la entrada del búnker.

Suspendidos en el aire, con mi escudo protegiéndonos, mientras el viento trata de lanzarnos por la habitación—Jasper lucha por evitar que nos estrellemos en las paredes que nos rodean, o en el suelo debajo de nosotros. Nos coloca de frente a las puertas de salida mientras esperamos… con una esperanza que rápidamente se agota… a que Ares encuentre una forma de abrir la última puerta en pie.

El tiempo parece hacerse más lento, los segundos se detienen, mientras él desvía todo la energía que queda en el asentamiento hacia la maquinaria que controla su movimiento; y vigilamos… por cualquier indicio de progreso de su parte. Si la que queda en pie puede moverse solo unos metros, permitirá que la puerta caída termine de descender al suelo, dejándonos un espacio lo bastante grande por el cual escapar.

Vigilamos y esperamos, pero nada pasa.

A nuestro alrededor, el lugar continúa desintegrándose.

Trozos de metal y roca del techo y los soportes caen contra el escudo, golpeando el transbordador mientras nos mecemos de un lado al otro en el espacio cada vez más estrecho. Existimos en una provisional burbuja de seguridad, amenazados por todos lados por los restos que aumentan llenando el espacio a nuestro alrededor, poco a poco atrapándonos en su agarre. Y cuando mi fuerza falle, y ya no pueda sustentar mi escudo, seremos aplastados lentamente… enterrados debajo de toneladas de roca, tierra y arena… sepultados para siempre en nuestro impersonal lugar de descanso.

Todos esos pensamientos ocupan mi mente mientras estoy sentado con mis padres y mi hermano, mirando en silencio el último obstáculo que impide nuestro escape. Agradezco que estén conmigo; agradezco que estaremos juntos si este es nuestro final. Mis pensamientos se desvían a Bella, y estoy feliz de que no esté aquí; feliz de que esté a salvo, en nuestro valle.

Desearía haber podido decirle que la amo. Aunque ella conoce la magnitud de mis sentimientos, escucharme decir las palabras en voz alta habría significado mucho para ella… como escucharla decirlas me había conmovido.

Sus palabras me dijeron que me había perdonado—sin reservas, sin que se lo pidiera—por las ideas iracundas y acusaciones que le había lanzado, tan solo el día anterior.

Sus palabras me habían hecho creer en mí mismo y mis habilidades, me habían conducido a este preciso momento. Habían sellado, para siempre, el vínculo que compartimos; y ahora me dan la fuerza para enfrentar la probabilidad de que nunca la volveré a ver.

Bella me ama. Ama lo bueno y lo malo de mí; mis fortalezas y mis debilidades; mi pasado, mi presente, y mi futuro. Bella me ama, todo de mí, y eso es suficiente.

Cierro mis ojos, imaginando su dulce rostro en la pantalla del monitor cuando dijo las palabras que habían inspirado—incluso guiado y demandado—esta misión de rescate.

"Te amo, Edward," dijo, mientras el cuarto de control se colapsaba a su alrededor. "Te amo." Y luego había continuado: "Usa tu escudo."

Sus palabras hacen eco en mi mente… usa tu escudo… y de repente, me reprendo por mi indecisión, por permitir que el estrés del momento nublara mi juicio y determinación.

Ella creyó en mí. Yo creo en mí.

Manteniendo mi escudo firme en su lugar alrededor del transbordador, no titubeo en extender la parte frontal. No en el abierto efecto de túnel que habíamos usado antes para escapar de la tormenta; sino en una delgada lanza de poder que uso para empujar con fuerza la aferrada puerta de salida. Siento la inmediata aprobación de Ares.

"Sí, Edward," susurra en mi cabeza. "Empuja, con todas tus fuerzas. ¡Empuja!"

Con su guía, concentro toda mi energía y mi poder en el área de la puerta donde ha caído su compañera; ese debe ser su punto más débil y vulnerable. Ares ayuda al alternar los mecanismos para abrir y cerrar. Primero, utiliza los motores para abrir la puerta; luego rápidamente los revierte, para tratar de cerrarla. Si podemos conseguir que la puerta empiece a balancearse en sus rieles corredizos, empujarla con mi escudo puede hacerla caer hacia afuera—permitiendo que la otra puerta termine de caer al suelo.

Al principio, nada sucede.

Entonces, creo veo la puerta bambolearse un poco.

Ares continúa abriendo y cerrando alternativamente, empujando y tirando de los rieles con ruedas que deslizan las puertas, y yo mantengo la presión sobre la puerta. Todo mi ser está centrado en forzar la energía de mi escudo contra el último obstáculo de nuestro escape.

Y entonces… hay un notable movimiento en la puerta que está en pie.

Junto a mí, escucho el jadeo de sorpresa de Jasper cuando ve que la puerta se mueve ligeramente… de pronto entiende lo que Ares y yo estamos haciendo. Maniobra el transbordador acercándolo a la salida—manteniéndonos a una distancia segura de las puertas, pero acortando la distancia de la extensión de mi escudo. Con renovada insistencia, ahora me está alentando, todo el tiempo, que continúe empujando.

Empujo… arremeto… me esfuerzo… forzando todo mi poder y energía en ese punto de presión contra la puerta. La puerta se bambolea; pero cada vez que creo que va a ceder, vuelve a su lugar, resistiendo todos mis esfuerzos para hacerla rendirse.

El tiempo continúa demorándose, los minutos y segundos pasan en agonizante lentitud, mientras me concentro… me concentro en la puerta que nos está atrapando en este lugar que se derrumba. Puedo sentir que mi mente se aleja gradualmente de mi debilitado cuerpo, al extender cada diminuta chispa de energía que puedo canalizar a mi escudo—transformándolo en un implacable ariete que martillea incesantemente contra la firme superficie.

Estoy vagamente consciente que estoy respirando con grandes bocanadas de aire, jadeando por fuerza a medida que mi visión se pone borrosa y mi cabeza empieza a punzar por el dolor. Puedo sentir en mi pecho que se hace más lento el latido sordo de mi corazón; un adormecimiento que aumenta y se extiende poco a poco por mi cuerpo. Pero me niego a detenerme, me niego a darme por vencido.

Empujo… arremeto… me esfuerzo; pero no es suficiente. Yo… no soy suficiente.

Mi escudo parpadea a nuestro alrededor, y sé que está fallando. Estoy fallando. Lágrimas silenciosas caen por mi rostro; pero no siento vergüenza. Solo remordimiento por mis limitaciones, y lamento que nunca volveré a ver a Bella.

Movimientos apresurados y fuertes voces me rodean; pero no puedo pensar en ello, prestarle atención. Aprovechando el último aliento dentro de mí, le grito a Ares. "¡Ayúdame, Ares, ayúdame!" Le suplico.

Hay una repentina presión en mi mano que está conectada a la bola de navegación, y entonces… lo siento. Un impulso de energía, de poder—tan puro, limpio y diferente a todo lo que había sentido antes—que por un instante, mis sentidos se abruman mientras recorre mi cuerpo. Me aferro a esa fuerza; absorbiendo su renovada vitalidad en mi cuerpo, y transmitiéndola hacia afuera a mi escudo.

Empujo… arremeto… pero ya no tengo que esforzarme. El poder me deja en una fuerte oleada—estallando en un haz de luz tan ancho, tan fuerte, tan contundente—que abarca toda la puerta cuando golpea. La última barrera para nuestro escape es levantada de sus amarres, derribada de sus rieles, y arrojada hacia afuera a la tormenta… donde es atrapada por el viento, y desaparece en un instante.

Más allá de la entrada al hangar está un túnel amplio y estable: un agujero claro y despejado que atraviesa lo peor de la tormenta, y se mantiene por las rígidas paredes de mi escudo; una ruta de escape que conduce del peligroso caos de nuestro entorno desintegrándose, a la segura serenidad de los cielos tranquilos esperando fuera de la tormenta. Antes de que pueda comprender lo que ha pasado, el transbordador se lanza por el túnel—las piezas restantes del lugar derrumbándose cayendo a nuestro alrededor.

El influjo de energía continúa hasta que hemos salido del túnel; pero entonces de pronto ya no está, desapareciendo tan rápido como llegó, justo cuando llegamos a un lugar seguro y el escudo ya no se necesita. Su ausencia me deja débil y temblando, desesperado por descanso y el olvido del sueño.

Detrás de mí, los hombres de Korinth empiezan a despertar… y vagamente me doy cuenta que Jasper deja su silla y se mueve detrás de mí, al ceder el pilotaje a Ares. Cuando trato de apartar mi mano de la bola de navegación, me doy cuenta que los cables están firmemente en su lugar, el peso que sentí antes sigue presionando sobre ella.

Con un agotamiento tan abrumador que apenas puedo abrir mis pesados párpados, lucho por enfocar la vista en mi mano derecha, desesperadamente tratando de entender lo que estoy viendo y sintiendo. Hay otra mano sobre la mía—las dos envueltas por los cables con tanta fuerza que es imposible distinguir entre ambas. Mis ojos siguen lentamente el brazo que está conectado a esa mano hasta que termina en un hombro… en un cuello… y entonces, en un rostro.

Por el resto de mi vida—ya sea corta o larga, feliz o triste—nunca olvidaré lo que veo y oigo de la imagen que está frente a mí. Es un cuadro inmóvil de desesperación… de abrumadora tristeza, gravado para siempre en mi memoria… tatuado, por toda la eternidad, en mi mismísimo ser.

Mi hermano, Jasper, está de pie a mi derecha… con su boca abierta en un estremecedor grito de desesperación, mientras mira a nuestro padre… que ahora está sentado junto a mí, meciéndose de forma miserable… mientras sostiene la figura inmóvil de nuestra madre contra su pecho.

Sus ojos están cerrados.

Sus pulmones silenciosos.

Su amoroso y generoso corazón en paz.

¿Y su mano? Su mano todavía descansa en la mía.

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Damn you! Por su culpa aquí estoy chillando de nuevo con este capítulo :'( Sí, murió Esme. Se sacrificó para salvar a todos los que estaban en la nave. Sin duda, va a ser difícil para la familia y todos los demás, el aceptar su muerte y seguir adelante sin ella. Y Edward, ¿se imaginan lo culpable que se va a sentir? En el próximo capi se verá eso, y sí, ya lo tengo porque sé que van a querer saber qué va a pasar ahora que la líder ya no está. En fin, como siempre, esperaré ansiosa sus reviews y espero que si responden bien, podamos leer pronto el siguiente ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Jgav28, nydiac10, Say's, Nadiia16, FreyjaSeidr, karen McCarty, aliceforever85, Manligrez, glow0718, Diablillo07, Ivonne Evange, liduvina, Summer Suny, Maryluna, Vrigny, injoa, lagie, Lizdayanna, Ali-Lu Kuran Hale, Lazz cullen, alejandra1987, kaja0507, Mafer, Antonia, myaenriquez02, carolaap, Kriss21, Alma Figueroa, Melany, Antonia, Johanna22, desiblack, Liz Vidal, Lady Grigori, solecitopucheta, Techu, torrespera172, JessMel, patymdn, Nancy, saraipineda44, Lur Fary, Tata XOXO, Marie Sellory, Tecupi, Cristal82, Gabriela Cullen, rjnavajas, tulgarita, ELIZABETH, andyG, Pam Malfoy Black, Pili, Sully YM, Adriu, y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el siguiente, que espero sea pronto :)