Aunque suene tedioso esto no puede faltar, los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, y la historia fue escrita por hikingurl, yo solo traduzco.

Y como siempre, no puede faltar mi agradecimiento a mi beta y amiga durante todo este tiempo en el fandom. Gracias Erica, con tu ayuda he crecido como traductora y ha mejorado un poco mi gramática :P


Capítulo treinta y seis

EPOV

El día de nuestra partida… el día final de nuestra vida en este valle, y en este planeta… Bella y yo estamos sobre una de las torres vigía de los muros de nuestro ciudad.

A ambos nos llenan extrañas y confusas emociones mixtas cuando el primer grupo de ciudadanos se prepara para abordar el transbordador. Después de semanas de intensa actividad hacia un objetivo compartido—un mutuo propósito que fusionó dos pueblos diversos en un solo equipo consolidado—casi había una sensación de decepción por terminar al fin nuestras preparaciones, porque todo estaba completo y era el momento de partir.

Al mismo tiempo, hay emoción por la aventura que nos espera. No puedo evitar imaginar las increíbles cosas que Bella y yo veremos y experimentaremos en el viaje a nuestro nuevo hogar.

Pero es difícil decirle adiós a este lugar que ha sido mi único verdadero hogar, y el hogar de toda mi gente, generación tras generación; dejar a mis ancestros—tal vez para siempre—que, como mi madre, están enterrados en lo más alto de las laderas superiores de Olympus.

Mi mirada se desvía hacia esa montaña, cuya cúspide cubierta de nieve se destaca por sobre el valle debajo. Cuando escapamos del asentamiento devastado por la tormenta con información sobre la capa de nieve deteriorándose rápidamente, los científicos e ingenieros ascendieron al área de hielo y regresaron con prueba de que, de hecho, se estaba derritiendo mucho más rápido de lo que esperaban.

Dejo que mis ojos sigan los senderos sinuosos del sistema de irrigación que canaliza la nieve derretida de la montaña… distribuyendo agua por las laderas, cubiertas de huertos y luego los campos de cultivo en crecimiento en el suelo del valle… y me pregunto: ¿cuánto tiempo falta para que el sistema—la maravilla de ingeniería que admiré tanto durante mis rotaciones de entrenamiento—ya no funcione? ¿Cuánto tiempo más antes de que nuestros campos y huertos se asemejen a los secos, marchitos y sin vida de Korinth?

Sacudiendo la cabeza para disipar esos tristes pensamientos, en vez de eso me enfoco en otras partes de mi valle; recordando días más felices corriendo en el sol con mis hermanos y amigos en nuestra pequeña villa, que apenas puedo ver desde nuestra torre vigía. Recuerdo picnics en el vecindario llenos del parloteo de adultos, chillidos de niños jugando, y el aroma a comida. Recuerdo dejar esa villa cuando los entrenadores vinieron por Emmett y por mí en el primer día de nuestro octavo cumpleaños, y la extraña sensación del uniforme de cadete que portamos con orgullo por primera vez al día siguiente.

Recuerdos… tanto felices como tristes, buenos y malos… plagan mi mente al permitir que mis pensamientos divaguen por todos los años de mi vida que pasé en el valle.

Incluso ahora, puedo sentir la suave madera pulida de mi primer arco; el pesado metal de una espada demasiado grande para mi joven brazo; los músculos adoloridos que son el resultado de horas de entrenamiento físico—deliberadamente compensadas por horas en un salón de clases aprendiendo matemáticas, historia y ciencia. Aún puedo recordar el sorprendente descubrimiento que las marcas en la página eran letras que formaban palabras—y que si aprendía a leerlas, me hablarían. Años de escuela, aprender y rotaciones de trabajo… de entrenamiento en armas, simulacros y obedeciendo órdenes…revividos, a medida que mis ojos deambulan por edificios conocidos y espacios abiertos de mi hogar.

Esta ciudad, en cuyas paredes nos encontramos, encierra nuestros recuerdos colectivos de celebraciones, de festivales de cosecha y rituales de tomas de juramento. ¿Cuántas jóvenes parejas enamoradas tuvieron aquí sus ceremonias de compromiso? ¿Cuántos bebés dieron su primer respiro en la enfermería cercana? Y, me pregunto, ¿cuántos nombres de mis ancestros están tallados en el muro conmemorativo?

Pensar en esos nombres me hace especular cómo debió haberse visto el valle cuando llegaron por primera vez. Estoy seguro que habría césped, árboles, y unos cuantos animales. Sé que pasaron dificultades; estoy consciente de lo duro que trabajaron para sobrevivir, y sé que tuvieron la ayuda de la gente viviendo en los otros valles. De pie ahí, estoy rodeado por la evidencia de su perseverancia y fortaleza. Donde sea que mire, veo su obra. Toda nuestra civilización está construida sobre los cimientos que nos dejaron.

Pero son cimientos que se desmoronan; una civilización que ha llegado al final de su vida en este mundo, y solo puede sobrevivir al dejar el lugar donde comenzó.

Por un momento, me permito imaginar qué le ocurrirá a mi hogar en el futuro. Con el tiempo, inevitablemente, el suministro de agua disminuirá y se secará. Las plantas y el césped morirán, dejando al suelo vulnerable a las tormentas—que solo se harán más poderosas. Si un solo fenómeno de tormenta pudo destruir el asentamiento subterráneo, ¿qué tanta destrucción podría infligir una serie de ellas en nuestras construcciones expuestas? ¿Cuánto tiempo más pasará antes que el tamaño de Olympus ya no pueda proteger a ninguno de nosotros de la furia del mundo moribundo?

Imágenes de edificios destruidos… de ruinas arrasadas por el viento y campos cubiertos de polvo… cubriendo todo lo verde que me rodea. No puedo evitar preguntarme cuánto de lo que hemos construido en realidad sobrevivirá. Seguramente algo quedará de los edificios de piedra y los muros de nuestra ciudad, ¿verdad? ¿O los futuros siglos de exposición reducirán la piedra en nada más que polvo fino, donde la arquitectura de pensamientos… de nuestra sociedad ordenada, de nuestros recuerdos, de nuestras experiencias… quedará como escombro?

Si nuestros descendientes pudieran lograr regresar, ¿encontrarían rastros de la gente que vivió y murió aquí? ¿Podrán los archivos de nuestra civilización que hemos metido y asegurado, detrás de las puertas selladas de una cueva de almacenamiento perforada en lo más profundo de los acantilados de Olympus, sobrevivir realmente al prolongado paso del tiempo?

La idea de intentar preservar algo de nuestra herencia había sido idea de Bella.

Una tarde, por casualidad habíamos estado hablando del asentamiento cuando mencioné distraídamente que tenía la esperanza que el cuarto de archivos sellado hubiera sobrevivido—y que continuara sobreviviendo en las eras por venir—bajo su protectora capa de desechos y arena. Recuerdo vívidamente cómo su rostro se iluminó en seguida con la idea que tal vez también podríamos dejar algo de nuestro valle.

Mencionamos el tema en nuestra siguiente reunión de planeación, y a todos les gustó la idea. De modo que empezamos nuestro proyecto para recolectar y almacenar información, así como remanentes de nuestra sociedad, que esperábamos nos representaran mejor.

Libros y rollos de los archivos del valle fueron empacados cuidadosamente. Muestras selectas de nuestras armas, telas y artesanías también fueron añadidas al tesoro. Incluimos unas cuantas piezas de la ropa diaria, junto con túnicas ceremoniales más formales. Muestras de la comida que consumíamos fueron preservadas e incluidas; paquetitos de semillas y piezas de pelaje de animal y plumas, fueron colocadas en sus contenedores. Cualquier cosa que era importante para comprender al menos los fundamentos y funcionamiento rudimentarios de nuestra sociedad fue guardado cuidadosamente, con notas de referencia anexas, en las cajas de almacenaje.

Se alentó a la gente a dejar recuerdos personales; incluso a escribir historias sobre sus vidas, y cómo era vivir en nuestro valle. Finalmente, el último documento que se añadió fue un largo rollo que contenía las firmas de todos los que dejaban el planeta.

Se determinó que las cuevas de almacenamiento tenían la mejor oportunidad posible de sobrevivir a cualquier forma de destrucción, por lo que todas las cosas recolectadas—todos los recuerdos, registros y testimonios de nuestras vidas—fueron colocados en lo más profundo de la cueva más grande. La entrada se había sellado minuciosamente, en una ceremonia que marcaba nuestro último atardecer en este mundo.

¿Alguno de nuestros descendientes—o quizás un explorador de algún pueblo desconocido—se encontraría algún día los artefactos que hemos dejado? ¿El futuro en alguna otra parte alguna vez se vería marcado—y aprendería—de los errores y éxitos que hemos tenido aquí?

Una vez más, sacudo mi cabeza para deshacerme de estas reflexiones casi abrumadoras. Bella debe sentir mi inquietud, porque se acerca a mí, rodeando mi cintura con su brazo y acurrucándose a mi costado. Mirándola, me regala una sonrisa—y levanta sus cejas de forma inquisitiva. La abrazo, asegurándole que estoy bien antes de alejar mis pensamientos del mundo que estamos dejando, hacia el que tiene nuestro futuro.

¿Qué encontraremos cuando finalmente lleguemos? ¿Será hermoso y sustentador de vida? ¿Qué nuevos peligros y desafíos encontraremos? ¿Podemos sobrevivir y prosperar ahí?

Otras naves partieron en el pasado, y sabemos que al menos algunas de ellas llegaron a salvo; pero no tenemos información sobre lo que sucedió con la gente después que dejaron sus naves, o cómo les fue cuando intentaron establecerse en el planeta.

Ares dice que nuestros planes son aterrizar en alguna parte bastante cerca de la ubicación de otros grupos, si es posible. Él describe nuestro destino final como una cadena de islas, dispersas alrededor del borde de un gran mar interior.

Me sorprende de nuevo lo similares que son nuestras vidas a las de Elizabeth y Ares, y ese primer grupo de refugiados. Nosotros también dejamos un mundo destruido, buscando un lugar seguro para construir nuestro nuevo hogar. Nosotros también tendremos que esforzarnos y trabajar duro a fin de sobrevivir; y también necesitaremos la ayuda de la gente de otras ciudades, esas almas que se fueron antes que nosotros.

Esas y otras reflexiones llenan mi mente mientras observamos un grupo tras otro abordar los transbordadores que esperan, solo para ser transportados al cielo hacia la gran nave esperando por ellos. Cada persona lleva una pequeña maleta, llena de cosas personales y simples recuerdos de la vida que dejan atrás.

Una vez en la nave, serán dirigidos a su área asignada y a su cama—donde pueden guardar de forma segura sus pertenencias, y recibir la ayuda para dormir que el doctor Marcus y Riley, su nuevo asistente, han preparado para ellos. Cuando todos estén abordo, tomarán el medicamento… y todos nos pondremos en marcha.

Mi padre y Alice observan las partidas con nosotros. Jasper, Mary Alice, Jared, Emmett y Rose están ayudando con la evacuación, así como con las actividades a bordo.

Se nos unen discretamente a observar un pequeño grupo de gente que no van a dejar el valle. Un gran número de ellos son ciudadanos de mayor edad que han decidido, por varias razones, no irse en nuestro viaje; optando, en vez de eso, vivir el resto de sus vidas en el único hogar que han conocido. Nuestros ingenieros y los científicos les han asegurado que el suministro de agua debería durar lo suficiente para cultivar cosechas y cuidar de los animales que pueden alimentarlos en los años que les quedan.

No me sorprende encontrar a Eleazar y Carmen en el grupo que se queda.

Durante las semanas desde que me obsequiaron mi ropa Ranger, había podido pasar más tiempo con ellos, acompañándolos en varias comidas cada semana. Ellos compartieron historias de su infancia; relatos de sucesos que ocurrieron mucho antes de que yo naciera. Sus recuerdos—tanto buenos como malos, graciosos y tristes—revelaron un amor profundamente arraigado por su hogar, y comprendo su deseo de quedarse aquí.

También me enteré que soy un pariente lejano de ambos, a través del linaje de mi madre y de la familia de mi padre. Han comenzado a llamarme 'primo', y me alegra la sensación de familia que ese título me da.

Sin embargo, me sorprende cuando el doctor Banner anuncia que él también se quedará en el valle. Explica que se siente obligado a cuidar de los que no se irán; pero sé que su esposa y su único hijo están sepultados en las laderas de Olympus, y debe desear unirse a ellos ahí algún día. Hasta entonces, se quedará y cuidará de sus conciudadanos, dándoles alivio a la hora de su muerte cuando su tiempo aquí llegue a su fin.

El último grupo se ha ido en el transbordador grande cuando nos encaminamos hacia el campo abierto, dónde nos han dejado el transbordador más pequeño. Nos despedimos, bendecidos con deseos para un buen viaje, y damos una última y larga mirada a nuestro hogar.

Carmen envuelve a Bella en un cálido y maternal abrazo antes de entregarle un paquete envuelto. Lo que sea que susurra en el oído de Bella provoca que se sonroje un poco, ante de desviarse de mis ojos inquisidores. Eleazar la besa con dulzura en la mejilla y le desea mucha felicidad, luego se vuelve hacia mí. Se pone en posición de firmes antes de honrarme con saludo perfectamente ejecutado, dirigiéndose a mí como Ranger Edward. Le devuelvo el saludo, antes de abrazarnos. Después de una última y prolongada despedida, nos unimos a padre y a Alice.

Cuando llegamos al transbordador, nos damos la vuelta y agitamos nuestras manos despidiéndonos… de esos pocos que quedan observando desde la cima de los muros… antes de entrar a la nave. Bella y yo nos sentamos en las sillas de control, de pronto concentrados y ocupados—atando los arneses de seguridad, ajustando los auriculares, y conectándonos con Ares a través de las bolas de navegación.

El transbordador se eleva despacio, permitiéndonos un vistazo final a los que se quedan atrás. Entonces, bajando nuestra ala, viramos bruscamente a la derecha—elevándonos y pasando por encima de los huertos y campos, los caminos y las villas, los sistemas de irrigación y las presas de agua, los edificios de los telares y los talleres de herrería, la barrera de la muralla con sus barracas—y finalmente, los bosques y el pico cubierto de nieve de Olympus. Rodeamos el valle en un gigantesco círculo… un último saludo de despedida… antes de elevarnos velozmente al cielo, hacia la puesta de sol.

El viaje es silencioso; cada uno de nosotros perdidos en nuestros pensamientos de una vieja vida que dejamos atrás, preguntándonos por la nueva que nos espera. Pronto empujo al transbordador a su velocidad máxima; protegiéndolo con mi escudo, al abrirnos paso entre algunos de los campos de escombros en la atmósfera en un intento de hacer lo más breve posible la duración del viaje.

Cuando llegamos a la nave, nos enteramos que todo ha transcurrido sin problemas, de acuerdo con nuestros planes considerados cuidadosamente. La gente está en su lugar, descansando pacientemente en sus camas asignadas; y el resto de nuestra familia está esperando nuestra llegada. Bella y yo ayudamos a mi padre y a Alice a colocarse en sus lugares, con Jasper y Mary Alice, y Emmett y Rose a un lado de ellos. Riley de alguna manera ha conseguido disponer su cama junto a Alice, y comparten una sonrisa tímida antes desviar rápidamente su mirada cuando se dan cuenta que los estoy observando. Una risita ahogada de Bella me dice que ha visto la misma interacción entre mi hermana y su hermano.

Ares hace el anuncio en toda la nave para tomarse el medicamento para dormir, y abro mi percepción mental para monitorear las reacciones de todos. Buscando en la nave, puedo percibir que las personas se relajan poco a poco; y cuando le asiento a Jasper, él envía su calmante oleada de adormecimiento. Bella y yo vemos desde el interior de mi escudo cómo todos a nuestro alrededor sucumben al sueño… mi familia nos sonríe una última vez antes de que ellos también cierren sus ojos en un sueño feliz.

Jasper es el último en irse. Lo vemos tomar la poción para dormir, colocarse de manera que está frente a Mary Alice, y estirar su mano para tomar la de ella. Justo antes de que sus ojos se cierren, lo escucho susurrar que me verá cuando lleguemos a nuestro nuevo hogar.

"Cuida de nosotros, hermanito," murmura, antes de finalmente permitirse caer en un sueño profundo.

Expandiendo mi escudo, envuelvo la nave en su abrazo protector, suspendiendo el tiempo para todas las personas que duermen dentro de su refugio seguro. Por un largo rato, Bella y yo nos quedamos ahí tomados de la mano—abrumados por lo que acabamos de presenciar, por lo que acabamos de hacer. En torno a nosotros, la nave está completamente silenciosa; no hay crujidos, ni chirridos, ni sonidos de gente moviéndose o respirando.

Los dos estamos confinados en el silencio total.

Por el resto de mi vida, siempre recordaré esos momentos siguientes con Bella; están tatuados indeleblemente en mi memoria. Aunque estamos rodeados por miles de nuestros conciudadanos durmiendo—y por una gigantesca nave de metal, con su propia percepción e inteligencia única—estamos solos; total y absolutamente solos… juntos.

Es como si la existencia misma se haya pausado; como si fuéramos los únicos en el mundo, en el mismísimo universo. Detrás de nosotros están todos los días y horas de nuestras vidas. Frente a nosotros está un futuro desconocido, una página en blanco que llenaremos con las decisiones que tomemos. Estamos de pie en el umbral que separa el pasado y el futuro… suspendido, por ahora, entre los dos. Es aterrador y excitante a la vez.

Bella debe sentirse como yo, porque siento que un escalofrío se extiende por su cuerpo; y se mueve suavemente hacia mí, descansando su cabeza en mi pecho y rodeando mi cintura con sus brazos. Mis brazos la rodean, acercándola a mí… dando y recibiendo la fortaleza y el consuelo que los dos parecemos necesitar. Mientras la abrazo, estoy vagamente consciente de que mi respiración y el latido de mi corazón se han adaptado a los de ella; que nos complementamos para este momento fuera del tiempo.

Por cuánto tiempo nos quedamos de esa forma, nunca lo sabré; pero finalmente, Ares atenúa las luces en el espacio cavernoso que alberga a nuestra gente dormida, y los dos comprendemos que es el momento de irnos; es el momento de iniciar nuestro viaje para el que nos hemos estado preparando.

Bella se aleja de mí entonces, levantando su cabeza para mirarme. "¿Es hora de irnos?" Pregunta en voz baja.

Asiento en silencio; y entonces, tomando su mano una vez más, la saco de la bodega, caminando por el pasillo y entrando a la sala de control de la nave—donde nos ponemos cómodos en las sillas de los pilotos, y empezamos nuestras preparaciones para dejar el planeta. Una vez que estamos conectados a Ares y a los controles de la nave, comenzamos el proceso de separar la nave de la estación espacial.

Enormes pantallas de visualización sobre los paneles de control frente a nosotros nos permiten observar cuando, una por una, las enormes abrazaderas del muelle que aseguran la nave a la estación se despegan y se repliegan. Pequeños motores de propulsión comienzan a maniobrar para alejarnos de la plataforma y ambos percibimos y observamos, cuando la nave empieza a dejar el planeta.

Cuando estamos a suficiente distancia de la estación, Ares enciende los enormes motores que nos pondrán en marcha a toda velocidad. Hay una sacudida repentina cuando se ponen en marcha—y por unos segundos, nos pegamos a nuestras sillas, incapaces de movernos, a medida que la nave acelera velozmente. Las pantallas de visualización muestran la estación haciéndose más pequeña en la distancia tras de nosotros. Pronto, es demasiado pequeña para verse… otra indicación de la inmensa velocidad de nuestra nave.

Sin embargo, nuestro planeta todavía puede verse; su fiero color rojo óxido claramente visible contra la profunda oscuridad del espacio a su alrededor. Lo miro hasta que finalmente también empieza a desaparecer, haciéndose cada vez más pequeño.

"¿Tiene un nombre?" Pregunto de pronto, rompiendo el silencio en la sala.

"¿Qué?" Bella me mira inquisitivamente.

"El planeta, nuestro antiguo hogar," asiento hacia la pantalla. "Nunca escuché que lo llamaran de otra forma además de 'nuestro planeta' o 'nuestro mundo'. ¿Sabes si tiene un nombre?"

"Oh," Bella responde, inclinando su cabeza mientras estudia la pantalla frente a ella. "En realidad no sé cómo solían llamarlo. A través de los años, los científicos y otros comenzaron a llamarlo 'Ares'—y supongo que el nombre simplemente se le quedó. De algún modo, parece el adecuado," continúa. "Un tributo al hombre que alguna vez nos ayudó a encontrar un lugar seguro para vivir; y no está ayudando, una vez más, a encontrar un nuevo hogar."

Nos quedamos en silencio una vez más, cada uno de nosotros observando el planeta llamado Ares hacerse cada vez más pequeño a medida que lo dejamos atrás. Mis pensamientos son un enredo de arrepentimiento por ese mundo destruido, mezclado con anticipación por el nuevo que encontraremos.

"¿Y el lugar al que vamos?" Pregunto, interrumpiendo nuevamente el silencio. "¿El nuevo planeta también tiene un nombre?"

"Bueno… por mucho tiempo, todos se refirieron a él como 'Elizabeth'," Bella explica. "Parecía una apropiada distinción para la mujer que nos dio esperanza en tiempos desoladores, como lo está haciendo ahora. Sin embargo, algunas de las mujeres han sugerido que lo llamemos 'Esme'—en honor a tu madre, y el tiempo de su vida que pasó haciendo de este viaje una realidad. Pero creo que puede que haya encontrado un nombre que honrará a ambas mujeres."

Bella se da la vuelta en su silla para poder mirarme más fácilmente. "Recientemente, he estado pasando mucho tiempo conectada a Ares, y encontré imágenes del planeta al que nos dirigimos. ¿Te gustaría verlas?" Pregunta.

"¿Tenemos fotos? ¿Ares tiene fotos?"

"Sí, enviadas por una de las naves que se fueron." Se ríe entre dientes al ver la expresión sorprendida en mi rostro. "Algunas veces," continúa, "tienes que ser muy específico en las preguntas que le haces para conseguir las respuestas que estás buscando."

Aunque ha estado callado desde nuestra partida, sé que Ares está consciente de nuestra conversación porque puedo percibir humor viniendo de él a través de nuestro vínculo, al escuchar esa declaración. Antes de que Bella pueda pedirlo, una de las pantallas de visualización cambia a la imagen de un planeta diferente.

Es impresionante con su belleza mística.

Se ve más grande que nuestro planeta, aunque es difícil de decir por las imágenes. La mayoría está cubierto por un intenso azul oscuro. Hay áreas de verde y marrón, dividas por vetas sinuosas de azul plateado. Una sólida capa blanca parece cubrir tanto la cima como la parte inferior de la esfera. Porciones de un blanco tenue flotan sobre la superficie del planeta aquí y allá. La imagen me recuerda algunas de las fotos de nuestro mundo que encontré en los antiguos libros de archivo de nuestra ciudad.

Escuchamos con incredulidad cuando Ares describe las grandes áreas azules como océanos y mares; vastas extensiones de agua profunda, llenas de animales que pasan toda su vida bajo la superficie. Señala las masas de tierra, cubierta de vegetación; así como las zonas más áridas, que se ven en varios tonos de marrón. Las vetas en azul plateado son ríos—corrientes de agua a la vista, que transportan la lluvia que cae de las porciones de blanco tenue llamadas nubes. La cima y el fondo redondo de la esfera son más fríos, explica, y el agua ahí está congelada en sólidas capas de hielo grueso.

El contraste con el desolado y moribundo planeta que estamos dejando atrás es dolorosamente evidente; y me atraviesa una punzada de remordimiento y arrepentimiento por los estragos que causamos en ese mundo.

Ares continúa hablando de nuestro nuevo hogar, a medida que la imagen rota lentamente en la pantalla frente a nosotros. Escuchamos descripciones de montañas cubiertas de árboles y bosques interminables; de extensas y llanas planicies, donde vastas manadas de animales se alimentan de la hierba que crece ahí. Nos cuenta de campos de flores silvestres; sobre grandes desiertos, cubiertos de dunas de arena que se mueven lentamente por el paisaje, impulsadas por el viento que sopla entre ellas. Todas ellos—las montañas, los océanos, las planicies, los desiertos, los campos de flores—todos ellos albergan una infinita abundancia de vida; una multitud de especies… demasiadas para nombrarlas, o numerarlas, o incluso comprenderlo.

Nuestro nuevo hogar es un hermoso paraíso en blanco y azul, rebosante de vitalidad, pendiendo rodeado por el negro vacío del espacio.

Mucho después que Ares ha dejado de hablar, Bella y yo seguimos mirando asombrados y en silencio la siempre cambiante faz del planeta, mientras rota lentamente en la pantalla frente a nosotros.

"Dijiste que encontraste un nuevo nombre que honraría a ambas mujeres," finalmente pregunto. "¿Qué encontraste?"

"Es una vieja palabra," responde de forma pensativa. "Una antigua palabra que significa 'Madre' o 'Dador de vida'. Creo que sería muy adecuada para nuestro nuevo hogar. Honrará tanto a Elizabeth como a Esme—y a todas las otras madres que nos dieron vida."

Deja de hablar entonces, con una sonrisa triste y nostálgica en su rostro cuando mira la imagen en la pantalla. Me pregunto si está pensando en Renee, y extrañándola tanto como yo extraño a mi madre en este momento.

"¿Bella?"

Me regala una sonrisa más feliz cuando vuelve su rostro hacia mí una vez más. "Tierra," responde. "La palabra antigua que encontré es 'Tierra'."

"Creo que así deberíamos llamar a nuestro nuevo hogar, Edward."

Extendiendo su mano izquierda, Bella la sube y baja lentamente por mi antebrazo antes de apretarlo de forma reconfortante.

"Creo que deberíamos llamarlo Tierra."


¿Alguien captó eso? Desde que se mencionó las dos lunas algunas hablaron de la posibilidad de que el planeta donde estaban no era la Tierra y ya vieron que no, la tierra es el lugar a dónde se dirigen. El planeta donde iniciarán una nueva vida. Disculpen la tardanza, pero la temporada de vacaciones, que para nosotros aquí lo es, es muy ajetreada en mi trabajo ;) pero aquí tienen el capi y espero que hayan disfrutado de él y por supuesto, estaré esperando saber qué opinan de este último detalle que había faltado aclarar. Queda un capi, un corto epílogo y un outtake, así que no falta mucho para terminar esta historia, y como siempre les recuerdo que son sus reviews los que nos animan a seguir haciendo esto para ustedes, así que usen el cuadrito de abajo para decir qué les pareció, mandar un saludo o hasta una carita feliz :)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Cullenland, KAREN, Say's, patymdn, DrakiSwan, calvialexa, crysty katy, kaja0507, liduvina, Jenifer, Karina, Sully YM, Maryluna, Summer Suny, andyG, Nancy, Julieth, Melany, lagie, JessMel, Tecupi, Diablillo07, glow0718, torrespera172, Tata XOXO, Ali-Lu Kuran Hale, Pam Malfoy Black, Cristal, Sky TwiCullen, Nadiia16, Vrigny, PRISOL, Gabriela Cullen, Kriss22, alejandra1987, dushakis, Alexandra Nash, ELIZABETH, carolaap, aliceforevere85, injoa, Liz Vidal, Lizdayanna, Lady Grigori, Pili, Adriu, myaenriquez02, Mafer, Alma Figueroa, Techu, sueosliterarios, EriCastelo, rjnavajas, solecitopucheta y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el próximo.