Aunque suene tedioso esto no puede faltar, los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, y la historia fue escrita por hikingurl, yo solo traduzco.

Y como siempre, no puede faltar mi agradecimiento a mi beta y amiga durante todo este tiempo en el fandom. Gracias Erica, con tu ayuda he crecido como traductora y ha mejorado un poco mi gramática :P


Capítulo treinta y siete

EPOV

"Tierra."

Pruebo la palabra en mi boca, disfrutando de la forma en que suena, la forma en que se siente pronunciarla. Es una palabra fácil; sin complicaciones por su simplicidad, sin embargo, muy compleja en su significado.

"Me gusta," le digo a Bella, devolviéndole su sonrisa feliz. Luego se ríe mientras trata, y falla, de reprimir un enorme bostezo. "¿Estás cansada, amor?"

"Sí," sonríe con timidez. "Ha sido un largo día."

"Cierto," concuerdo, asintiendo hacia la puerta a mi habitación. "Por qué no te adelantas y te preparas para dormir. Voy a…"

De pronto, me callo—preguntándome si eso es lo que ella realmente quiere.

Es verdad que hemos compartido una cama durante el tiempo que pasamos en la casa de mi familia; pero en realidad no lo vimos como una elección, porque no había otros cuartos disponibles en la casa, y la habitación de Alice era mucho muy pequeña para dos personas. Cuando Riley llegó, compartió habitación con mi padre. De modo que nuestras caricias nunca habían ido más allá de los abrazos y caricias tranquilizadoras que me dio cuando las pesadillas turbaban mis sueños. La incomodidad de hacer algo más en la casa de mi familia con Alice, Riley y mi padre cerca casi había puesto fin a cualquier pensamiento o deseo que podría tener de una relación más física.

Ahora aquí estamos, solos, y libres de ser y hacer lo que queramos; pero no sé lo que Bella quiere. Las palabras de mi padre la noche de juramento: "Un Protector puede invitar; pero la mujer decide" se repiten en mi cabeza. Tal vez tengo que darle esa opción.

"Bella," comienzo a decir. "Quiero compartir una habitación contigo en este viaje, pero comprendo si tú no lo deseas; si crees que sería muy difícil o incómodo con las restricciones que tenemos. Hay dos recámaras adjuntas a la sala de control. Cada una tiene un área de descanso, y un baño completo," añado, asintiendo en dirección de las dos puertas.

"Mis cosas han sido guardadas en la habitación a mi izquierda, y me gustaría que la compartieras conmigo; pero es tu elección."

Bella me observa con atención mientras hablo. Cuando termino, me da una alegre sonrisa.

"Gracias por la invitación, Protector," responde, parafraseando el discurso de aceptación más formal a un ofrecimiento a pasar la noche juntos. "Sería un honor ser su compañera esta noche, Ranger Edward."

Frunzo el ceño confundido. He aceptado las limitaciones a nuestra relación física, por lo que no entiendo por qué ha respondido con su consentimiento para más de lo que podemos hacer.

"No," empiezo a decir. "No quise decir…" Pero ella me detiene antes de que pueda decir más.

"Edward, ¿recuerdas que te dije que últimamente he pasado mucho tiempo conectada a Ares?"

"Sí; aunque no entendí cómo o por qué."

"Bueno… cuando Ares tomó una muestra de mi sangre después que me desmayé cuando regresábamos del asentamiento, descubrimos algo muy interesante. Al hacerme pruebas cada dos días, él puede llevar un registro de las fluctuaciones de mis hormonas, y al seguir los niveles de las fluctuaciones, puede predecir cuándo es más probable que conciba. Justo ahora, están muy bajos; por lo que es muy poco probable que un bebé resulte de… de, ahh…"

La congruente explicación científica de Bella se detiene con un tartamudeo al mismo tiempo que se sonroja un poco al considerar la implicación de sus palabras. Estoy seguro que la emocionada sonrisa burlona en mi rostro no ayuda. Al ver su ligero ceño fruncido, rápidamente me pongo serio, pronunciando las palabras que finalizan nuestro acuerdo.

"Su aceptación me honra."

En algún momento durante nuestra conversación, Ares ha replegado los cables que nos han conectado a él a través de las esferas de navegación. Bella se quita su arnés de seguridad y se pone de pie, cogiendo en seguida el paquete que Carmen le había entregado.

"Voy a entrar a refrescarme un poco," explica, antes de dirigirse hacia mi habitación.

Me quedo solo en la sala de control, paseándome nervioso al anticipar lo que está por suceder.

"Edward," Bella susurra.

Levanto la vista para verla parada en la entrada a nuestra habitación. Está cubierta completamente por la capa Ranger—los pliegues ocultando todo su cuerpo, y la capucha ocultando la mayor parte de su rostro y su cabello. Observo mientras echa la capucha hacia atrás lentamente, revelando su cabello recogido descubriendo todo su cuello y arreglado en un complejo moño. Deja su cuello desnudo, y estoy maravillado con su grácil arco.

Agarra los cordones de la capa en el cuello… y, sin quitarme los ojos de encima todo el tiempo, los suelta y se quita la capa, dejándola caer en el suelo. Mi respiración se atora en mi garganta con un audible jadeo—y me sonríe con timidez, al alejarse del montón de tela a sus pies.

Bella está vestida con la ropa de cuero Ranger. Los pantalones le sientan como una segunda piel, enfatizando el ancho de sus caderas y lo estrecho de su cintura—que ahora está expuesta la vista, ya que prescindió de su camisa, eligiendo en vez de eso envolver dos tiras de cuero suave alrededor de sus senos. Dejando desnudos sus hombros, brazos y abdomen.

Mis ojos vagan por la piel expuesta.

Su estómago es plano y tonificado, con un destello de músculos debajo de la suave cintura de los pantalones bajando más allá de su ombligo, y puedo ver los huesos de sus caderas justo encima del borde del cuero. De pronto siento ganas de trazar esa línea de cadera a cadera con mis labios.

"Bella," finalmente consigo graznar, al acercarme a ella. "Eres muy, pero muy hermosa."

Su sonrisa se hace más grande cuando escucha mis palabras. "Una vez me dijiste que te gustó cómo me veía en mi ropa de cuero." La sonrisa cambia a una suave risita. "Pensé que tal vez también te gustaría esta versión."

"¡Oh me gusta… muchísimo!" Le devuelvo la sonrisa.

Pensar en arrancarle esas prendas de cuero del cuerpo me deja mudo y luchando por encontrar las palabras una vez más. "¿Esto uh… esto estaba en el paquete que Carmen te dio?"

Cuando asiente, le doy un silencioso "gracias" a la dulce mujer que dejamos atrás.

Nuestras sonrisas desaparecen cuando nos quedamos mirando el uno al otro, las implicaciones de lo que estamos a punto de hacer ocupando nuestros pensamientos.

Bella lleva su mano hacia atrás para quitar el cuero alrededor de su pecho; pero la detengo con un suave, "No, permíteme. Por favor."

Me observa solemnemente mientras me acerco, deteniéndose cuando solo unos centímetros nos separan. Mis dedos se extienden para tocar un rizo suelto que cuelga justo frente a su oreja. Cuando mis dedos pasan apenas rozando la curva de su cuello y por un hombro desnudo, ella se estremece y su piel se eriza.

"Edward," suspira sin aliento.

Quiero responderle; pero de pronto soy incapaz de hablar, mi garganta se cierra por las emociones y se obstruye con todas las palabras que quiero decir.

"Bella," finalmente digo con voz ahogada. "Estos últimos días, semanas… Yo… tengo que decirte…" Las palabras se atoran en mi garganta al tratar de explicarle lo avergonzado que estoy por todo lo que sucedió, por cada vez que dudé de ella, por cada vez que perdí la paciencia.

"Shh, Edward, shh," me tranquiliza. "Ya pasó, amor. Todo va estar bien."

Con otra sonrisa tímida, toma mi mano y empieza a conducirme a nuestra habitación. Después de una última revisión de la sala de control y un toque de percepción para asegurarme de que el escudo esté en su lugar, la sigo.

Cerrando la puerta con firmeza detrás de mí, la encuentro esperándome. Me da su espalda… y desato el nudo que sostiene lo que cubre sus senos, dejando que las tiras suaves caigan olvidadas al suelo. Los pantalones de cuero bajan lentamente por sus piernas, su flexible cuero deslizándose por una piel aún más flexible. También se quedan tirados en el suelo.

Por último, levanto mis manos y suelto las peinetas y prendedores que sujetan su cabello encima de su cabeza… pasando mis dedos por sus rizos, hasta que caen desordenados por su espalda y por encima de sus hombros.

Nunca antes he considerado la belleza de la espalda de una mujer. Los músculos definidos que recubren los omóplatos y delinean la cresta de su columna; la evidencia de labor física, y las horas que pasó entrenando con arco y flecha. Sigo la sinuosa curva con mis ojos. Hay algo encantadoramente frágil en las puntas abultadas de su espina dorsal. Aunque parecen delicadas y fáciles de romper, en vez de eso, son duras y fuertes—soportando todo su cuerpo y manteniéndola erguida, incluso al ayudar a sostener la caja torácica que protege sus delicados órganos. Costillas que también puedo ver claramente, bajo la ligera capa de piel y tejido.

Bella está demasiado delgada.

Saber que usó su fuerza vital, su energía, para cultivar comida desinteresadamente para la gente que, en algún momento, eran unos completos extraños; saber que usó esa misma fuerza de vida para ayudar a mantener mi escudo, durante nuestro escape de la tormenta; y al comprender también el estrés y la culpa con la que ha estado viviendo… todo ello me llena de una abrumadora necesidad de protegerla. Quiero envolverla con mi cuerpo, rodearla con mi amor y cuidados, defenderla de cualquier tristeza o estrés.

Prometo en silencio el mimarla en nuestro largo viaje; hacer que coma y descanse, hacerla reír y que se relaje, hasta que pueda recuperar la saludable curvatura que tuvo alguna vez, antes de que nuestras vidas cambiaran tan drásticamente.

No puedo evitar arrastrar suavemente mi dedo por su espalda, trazando esas protuberancias hasta que terminan, desapareciendo en la hendidura entre sus nalgas. Un visible estremecimiento sacude su cuerpo, y la piel se le eriza de nuevo cuando dejo que mi dedo baje aún más.

El movimiento de su cuerpo ha cambiado su posición, y dos hoyuelos aparecen justo en la base de su columna sobre los huesos de sus caderas. Me les quedo mirando, fascinado, hasta que no puedo controlarme—y me agacho, dejando un prolongado beso en cada marca.

"Edward, Edward," Bella gime con un suspiro mi nombre.

Su voz es mi perdición; y me enderezo, colocando mis manos en sus caderas, dándole la vuelta lentamente para mirarnos a la cara.

Ella está asombrosa en su desnudez: piel tersa y carne como piedrecitas; cavidades suaves y curvas redondeadas.

Permito que mis ojos divaguen por cada centímetro de ella… los delicados huesos de sus hombros y caderas, la fuerza oculta en sus bíceps y los músculos de sus muslos. Admiro el grácil arco de su cuello, el rosado grosor de sus labios, las pestañas oscuras que enmarcan sus relucientes ojos verdes y retienen la única gota de líquido que veo ahí. Cuando mis ojos han recorrido todo su cuerpo y mi vista está completamente saturada de ella no puedo contenerme más, cierro mis ojos, me acerco… y toco.

Mis manos siguen el mismo sendero que mis ojos recorrieron. Mis dedos tocan la misma piel, esos mismos huesos, las mismas cavidades y curvas. Delinean los mismos labios, el arco de su cuello y hombro. Atrapan la gota de humedad que baja lentamente por su mejilla. Mis manos sostienen y acarician, provocan y tocan, separan y exploran. Y cuando mis manos han aprendido todo de ella… todas sus partes temblorosas, toda su exótica feminidad… entonces dejo que mi boca y mi nariz exploren lo que mis ojos y mis manos han explorado.

Su piel está impregnada con aroma a hierbas y flores; su cabello es un verdadero buqué de fragancia floral. Inhalo, al mismo tiempo que mi boca encuentra una zona sensible detrás de su oreja. Los labios que he explorado con mis ojos y dedos ahora se rinden bajo los míos, y la dulzura de su beso llena mi boca. Mis propios labios dejan un sendero bajando por su cuello, a través de sus clavículas y su pecho, antes de desviarse para explorar el grosor erótico de cada seno. Beso y mordisqueo, y chupo al pasar por su estómago, sus músculos contrayéndose y flexionándose al seguir ese seductor sendero de cadera a cadera.

Y luego me dirijo más abajo.

Un beso en la parte de atrás de su rodilla le provoca una risita tímida; el delinear un delicado empeine provoca un jadeo. Cada dedo debe ser examinado haciéndole cosquillas. Los músculos de sus pantorrillas y muslos apreciados por su fortaleza y su firmeza. La redondez resplandeciente de su trasero llena mis manos; y masajeo y aprieto, dejando que mis dedos y mi boca se desvíen poco a poco a la unión entre sus muslos.

Su aroma y su sabor saturan mi nariz y mi boca; mis oídos están colmados de sus suaves gritos y delicadas suplicas. Se estremece y tiembla, se agita y vibra… mi nombre una letanía de trémulos deseos.

Ya nos hemos desplazado a nuestra cama, y mi ropa ya no está. Sus manos y sus labios tiran de mí… acercándome a ella, guiándome… al acomodarme en la acogedora cuna de sus caderas y sus muslos. Mi piel cobra vida cuando toca la suya. Pecho con pecho, abdomen con abdomen, cadera con cadera; sus piernas me rodean, acercándome aún más… instándome a tomar, a reclamar, a dar.

Levantándome sobre mis antebrazos para poder ver su rostro, nos observamos el uno al otro, sus ojos llenos de amor y adoración, al abrirse a mí; y entro, sellando nuestra unión en un acto tan antiguo como el tiempo, tan nuevo como el exquisito placer recorriendo nuestros cuerpos.

Los sobreexcitados nervios nos dejan jadeando y sin aliento—mientras ella se estremece debajo de mí, y yo tiemblo sobre ella. Somos suaves gemidos y fuertes gritos, músculos tensos y suaves besos. Yo consumo, y ella se entrega; ella demanda, y yo me rindo. Somos vista y tacto, sabor, olor y oído. Y entonces, cuando mis sentidos están saturados a toda su capacidad con ella… cuando ya no puedo absorber más del intenso deleite físico que es Bella… abro mi mente, y la encuentro esperándome ahí.

Reconozco la resplandeciente energía palpitante de la mente de Bella que toqué brevemente esa noche en mi habitación. Esta vez, no hay titubeos, ni indecisiones; con osadía entro en su mente, sumergiéndome en el placer, aceptación y en el amor que encuentro ahí. Tampoco hay vacilación de su parte, cuando se mueve dentro de la mía. Breves destellos de recuerdos infantiles, pensamientos y sueños se comparten entre nosotros al mismo tiempo que nuestras consciencias se unen.

Me veo a los cinco años con algunos dientes faltantes compartiendo un pastelillo con una niñita de cuatro años, cuyo nombre no puedo pronunciar, mi boca trastabillando con los sonidos de la 'R' y la 'S'. Le echo un vistazo a un breve recuerdo de la fiesta en que ella y sus padres me dieron un regalo para celebrar el día que partía a mi entrenamiento, y siento su tristeza porque ya no tendremos permitido jugar juntos.

Sus pensamientos sobre mí a través de los años pasan rápidamente por mi mente: un vistazo robado a un Edward de catorce años en el campo de entrenamiento, tirando del arco y sonriendo en triunfo, cuando su flecha da en el centro; una fuerte punzada de celos y frustración proveniente de la niña a la que nunca se le permitirá sentir la tensión del arco, o la satisfacción de darle al blanco. Revivo su alegría y felicidad al verme de pie para honrarla en su primera fiesta social… así como la sonrisa tímida y satisfecha que le di cuando se me acercó. Finalmente, veo, desde su escondite con Jasper, cuando levanto mi mano sangrando para todo nuestro pueblo y juro protegerlos con mi vida, mi cuerpo, y mi sangre.

Todos sus recuerdos… todos sus sueños y planes e ideas… los comparte libremente conmigo. Me da su tristeza, sus penas, su soledad, su culpa. Me da su alegría, su felicidad, su orgullo… y su constante e inquebrantable confianza en nosotros. Me da todo.

Es este sexto sentido—el compartir el cuerpo y mente, lo físico y mental—lo que realmente nos convierte en uno.

Su cuerpo es mi cuerpo; su placer, mi placer. El intenso anhelo de sostenerla tan cerca de mí que no hay un principio y un final entre ella y yo finalmente se ha realizado, al movernos juntos hacia nuestra culminación. Cada empuje… cada apretón… cada penetración, y cada espasmo… todo se amplifica por la dualidad de ser ambos, el dador y el receptor al mismo tiempo.

Dividido por el placer de nuestro coito, me acoge el éxtasis, me destroza el deleite.

Mi nombre es una súplica de sus labios al entregarme a la veneración de su mente y su cuerpo. Durante el presente y el futuro… en este momento y por el tiempo infinito… con un cegador clímax de placer tan incontenible, tan abrumador que nos quedamos atónitos y asombrados… finalizamos el acto físico de nuestro amor.

Después, yacemos brazo con brazo, saciados y contentos, las endorfinas de nuestro placer aun recorriendo nuestros cuerpos. Percibo que la mente y el cuerpo de Bella se relajan poco a poco al moverse sobre su costado, tranquilamente cayendo en un profundo sueño reparador. Envuelvo su cuerpo con el mío; atrayéndola a mí, su espalda pegada a mi pecho; protegiendo y cuidando de ella, incluso en el descanso. La dicha del sueño cae furtivamente sobre mí; pero antes de que me entregue a él, dejo un último beso en el cuello de Bella… susurrando en su oído lo mucho que la amo, y siempre la amaré. Debe escucharme, al menos inconscientemente, porque sonríe… una expresión suave y tierna, llena de felicidad… antes de que un suave suspiro deje sus labios.

Permito que mis ojos se cierren—abriendo mi mente a la nave y la gente, y al escudo que nos protege a todos. Todo es como debería ser; todo está sereno, tranquilo y en paz. A salvo.

Y entonces… después que me he asegurado que mi deber, mi responsabilidad ha sido cumplida… solo entonces doy la bienvenida al dulce alivio del sueño, cayendo en ese tranquilo refugio de descanso.

A nuestro alrededor, la nave—envuelta en su escudo protector—acelera desde nuestro antiguo mundo… dejando atrás un planeta moribundo, envenenado por las repercusiones de la avaricia y la violencia.

Nos apresuramos hacia un nuevo mundo, un nuevo comienzo. Una segunda oportunidad para aprender de nuestros errores, y construir una sociedad de igualdad y respeto.

Un planeta nos espera—impoluto en su belleza, y acogedor en su fertilidad sustentadora de vida.

Un planeta, nombrado en honor de nuestras madres, y nuestras abuelas, y nuestras bisabuelas. Nombrado por todas las mujeres que nos dieron vida.

Mujeres que criaron, apoyaron, protegieron—hasta que fue nuestro turno compartir esa responsabilidad.

Mujeres que persistieron, resistieron, soportaron—hasta que tuvieron el poder de cambiar.

Viajamos a ese planeta, con sus posibilidades interminables, sus incontables oportunidades, y su potencial ilimitado.

Viajamos a un nuevo destino, a una nueva historia… a un futuro elegido y forjado por nosotros.

Nos apresuramos hacia nuestro destino… a nuestro nuevo hogar.

La Tierra.

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¡Al fin se le hizo al pobre de Edward! Al menos no tuvieron que esperar hasta que llegaran a la Tierra y ahora su conexión es completa *suspiros* Bueno, ahora toca ver un poco de su vida futura, el epílogo es cortito pero el outtake nos deja saber lo que muchas de ustedes se pregunta. ¿Qué pasó cuando llegaron a la tierra? Así que espero saber pronto de ustedes para poder compartirles lo que nos queda de esta historia. No olviden que son sus reviews los que nos animan a seguir compariendo estas historias con ustedes y son también los que animan a las autoras a seguir dando permiso para traducir sus historias. Depende de ustedes que sigamos haciendo esto, que el fandom viva ;)

Muchas gracias a quienes dejaron su review en el capítulo anterior: Angie Muffiin, Dayis, freedom2604, Alexandra Nash, calvialexa, sueosliterarios, Cristal82, MariePrewettMellark, crysty katy, Sully YM, JessMel, liduvina, Vrigny, Diablillo07, alejandra1987, Manligrez, Techu, Ross, Cullenland, Adriu, Maryluna, kaja0507, dushakis, aliceforever85, tulgarita, Gabriela Cullen, Tecupi, rjnavajas, Lizdayanna, PRISOL, cary, Nadiia16, Ali-Lu Kuran Hale, Lady Grigori, Kriss22, torrespera172, Melany, AuroraShade, Sky TwiCullen, Rosy Canul, Liz Vidal, bbluelilas, carolaap, lagie, Pam Malfoy Black, Nancy, frances-k, myaenriquez, Pili, Mafer, EriCastelo, glow0718, patymdn, Tata XOXO, Alma Figueroa, solecitopucheta y algunos anónimos. Saludos y nos leemos en el epílogo.