Aunque suene tedioso esto no puede faltar, los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, y la historia fue escrita por hikingurl, yo solo traduzco.

Y como siempre, no puede faltar mi agradecimiento a mi beta y amiga durante todo este tiempo en el fandom. Gracias Erica, con tu ayuda he crecido como traductora y ha mejorado un poco mi gramática :P


Tierra, Un Future Take de The Protector

EPOV

La recámara estaba abarrotada, demasiado pequeña para albergar tanta gente; pero nadie se iba a ir y nadie pediría que se fueran tampoco. El resto de la modesta casa también estaba llena, hasta el patio y los jardines afuera estaban llenos de gente. Estaban reunidos ahí para honrar al hombre que ha sido la roca, la mismísima fundación de nuestra sociedad en este nuevo mundo. Su visión, guía y sabiduría había ayudado a dar forma a la civilización que estamos tratando de construir.

Mientras Emmett emergía como un líder activo de nuestra gente, fue nuestro padre, Carlisle, el que se había convertido en el sabio erudito—el querido abuelo—que consideraba cuidadosamente todos los aspectos de un problema antes de ofrecer su consejo con gracia amorosa y dignidad. A medida que pasaban los años y nuevas generaciones nacían, su reputación por su sabiduría y conocimiento también había crecido y difundido. Las personas empezaron a llegar de otras ciudades y villas, incluso de países lejanos solo para buscar su consejo. Nunca le negó la entrada a nadie, dándoles la bienvenida con cordialidad y sinceridad que reflejaba su espíritu generoso.

Ahora, toda esa gente que había llegado a amarlo y apreciarlo se ha reunido aquí—en su humilde hogar con sus jardines bien atendidos llenos de flores y plantas para sus queridas abejas—para honrarlo y despedirse de él.

Carlisle, mi padre, y el mejor hombre que había conocido en mi vida, estaba muriendo.

Bella y yo, mis hermanos y sus esposas, nuestra hermana, Alice y su esposo Riley, estábamos reunidos alrededor de su estrecha cama en su pequeña recámara. Aunque habían pasado cincuenta años desde la muerte de nuestra madre, y aunque mi padre aún era un hombre saludable y activo cuando llegamos a la Tierra, se negó a considerar el volver a casarse—incluso cuando lo alentamos a hacerlo. Ninguno de nosotros queríamos que estuviera solo; pero el permaneció resuelto en su negativa, indicando que tenía hijos, hijas y nietos que le hicieran compañía. Así que permaneció soltero, durmiendo en su reducida cama para una persona en torno a la que estábamos reunidos.

Nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos también estaban aquí, y con el reciente nacimiento del primer bisnieto de Emmett—un niño al que han llamado Carlisle—ahora había cuatro generaciones presentes para despedirse del patriarca de nuestra familia.

Mi padre estaba lo bastante consciente para saber que todos estábamos aquí; había abierto sus ojos varias veces. Demasiado débil para hablar, nos sonrió a cada uno de nosotros mientras su mirada vagaba por la habitación. Cada vez que volvía a quedarse dormido esperaba que exhalara su último aliento. Podía escuchar el ruido en sus pulmones y el latido de su corazón haciéndose más lento cuando lo revisé; pero persistió.

El tiempo había sido amable con nuestro padre. Aun cuando su cabello se había encanecido y su vista se puso borrosa, había permanecido fuerte y activo. Entre recibir visitantes y peregrinos buscando su consejo, él cultivaba un hermoso jardín, lleno de hierbas para mi consultorio, y flores para las abejas que atendía con devoto cuidado casi a diario. A menudo sus visitantes se iban dotados con no solo sus buenos consejos, sino también con contenedores de miel dulce. A través de los años la gente había comenzado a llamarlo 'Aristaeus,' un título honorario en el dialecto local que significaba 'lo bueno o lo mejor.'

Él era todo eso y mucho más.

En los difíciles años después de aterrizar en este planeta, con demasiadas presiones internas y externas amenazando con dividir nuestra sociedad en fracciones diversas, él había sido el pegamento que nos mantuvo juntos, la fuerza vinculante que nos mantuvo enfocados en la tarea frente a nosotros.

Establecernos en la Tierra había sido tanto maravilloso como terrible.

Durante nuestro viaje relativamente normal, Bella y yo pasamos nuestro tiempo juntos fortaleciendo nuestro vínculo tanto mental como físico. Fueron horas usadas viéndola cómo hacía crecer frutas y vegetales que ansiábamos y luego prepararlas en la cocina de la nave. Ambos dimos buen uso a los archivos de la nave, leyendo todo lo que había sido descargado y almacenado en la computadora de la nave sobre la historia de nuestro valle y su fundación. Estaba emocionado de encontrar que todos los diarios de las líderes femeninas de nuestra sociedad estaban también ahí.

Había libros de texto científicos, de ingeniería y de medicina en los archivos, y los devoré conforme lo permitía el tiempo. Encontramos informes de testigos presenciales de los desastres ecológicos que dieron lugar a Avaro, descripciones de la vida bajo su gobierno y los extremos a los que la gente llegaba para escapar de su tiranía.

Uno de los registros más emocionantes fue un diario escrito por un miembro activo de la resistencia clandestina. Detalló una sociedad secreta en todo el continente que literalmente operaba desde el mismísimo cuartel general de Avaro. El diario estaba lleno de reuniones arriesgadas, planes osados, y escapes peligrosos, todo con el único propósito de frustrar los planes de Avaro de eliminar a los científicos y educadores a los que había etiquetado como traidores enemigos.

Me sorprendió leer lo sumamente involucrada que había estado Elizabeth en ese grupo clandestino. Ella había sido su enlace con las instalaciones del palacio donde su padre y su abuelo, así como la mayoría de los oficiales de alto rango vivían. Ignorada por ser mujer, se había enterado de discusiones y conversaciones estratégicas al preparar y servir las comidas para el personal de Avaro. Todo de lo que se enteró pasó a través de canales hacia los líderes del grupo de resistencia.

El diario contenía más información sobre el padre de Elizabeth, Avarus, de la que madre había compartido conmigo. Tan terrible como había sido Avaro, su hijo y heredero, Avarus, era igual de malo… si no es que peor.

Criado con muy poco respeto por la santidad de la vida, usó su poder ilimitado para manipular las vidas de todos a su alrededor. Desde sus hermanos—de quienes se aseguró fueran asignados a los confines del imperio, a sus múltiples esposas—a quienes a menudo desechaba por capricho, hasta sus propios hijos e hijas—cuyas vidas controlaba a través de nombramientos militares y matrimonios, era implacable en la caza de cualquiera que considerara una amenaza. Mientras que Avaro no le había dado importancia a la existencia de pequeños grupos de científicos y educadores que escaparon para vivir en la estación espacial, naves, y el asentamiento subterráneo y consideró que no valía la pena el esfuerzo por perseguirlos, Avarus había considerado su supervivencia como una afronta personal y planeaba activamente su destrucción.

La base militar oculta en las montañas en la que Elizabeth y Ares se habían infiltrado a fin de robar el arma que planeaba usar contra ellos, guardaba mucho más que solo esa bomba. Contenía un arsenal completo de viejas armas y tecnología que Avarus había recolectado y estaba en proceso de renovación y reparación. La destrucción que él hubiera desencadenado en el mundo al usar esas armas de las que poco entendía habría terminado con toda la vida en la superficie del planeta y también de la atmósfera. Por más terrible que haya sido que Ares y Elizabeth detonaran la bomba, podría argumentarse que salvaron a nuestra raza de la aniquilación total.

Además de los archivos y la cocina, Bella y yo íbamos regularmente al cuarto de entrenamiento. Ares nos había explicado lo importante que era el mantenernos en buena forma y activos físicamente durante el viaje. Nuestros músculos se atrofiarían mucho más rápido en el espacio si no se ejercitaban a menudo, nos dijo.

Aunque ella se rehusó a siquiera tocar las espadas y el látigo largo, Bella me permitió enseñarle movimientos defensivos de combate mano a mano. Era veloz y ágil; no le tomó mucho tiempo antes de que fuera capaz de evadir y rebatir la mayoría de mis ataques. La primera vez que me lanzó exitosamente por encima de su hombro y me quedé tendido en el suelo gimiendo, se echó a llorar pensando que me había lastimado. Su preocupación cambió rápidamente a una expresión irritada cuando no pude contener la risa burlona mientras me revisaba en busca de huesos rotos o alguna herida en la cabeza. Aprendí a cuidar mi espalda de cerca después de eso.

Cuando se sintió más segura, añadimos un poco de sencillo entrenamiento con cuchillos sin punta y escudos pequeños. De nuevo, todo fue entrenamiento de defensa, más parecido a un juego de esquivar y evadir, designado a mejorar los reflejos y fortalecer los músculos. Ella se negó rotundamente a considerar cualquier cosa que fuera ofensiva o abiertamente agresiva. Incluso cuando argumenté que podríamos encontrarnos con hostilidad cuando aterrizáramos en la Tierra, permaneció firme en su negativa.

Algunas veces tomamos largas caminatas por la nave, revisando rutinariamente a nuestras familias y las otras personas a salvo en sus camas. Ocasionalmente, cedía al deseo de correr, y lo hacía por los pasillos de la nave, riendo y burlándome de Bella cuando trataba de atraparme. Pronto aprendí que dejarla ganar tenía sus beneficios cuando el que me derribara conducía a otras actividades físicas en el suelo de la nave.

Sin embargo, su arma favorita de entrenamiento seguía siendo el arco. La única vez que había visto a Bella usándolo había sido en el afloramiento rocoso en el páramo cuando ella y Jasper me rescataron. Enfermo de fiebre por la mordedura del Fanger, solo había estado vagamente consciente de su habilidad. Ahora, en el cuarto de entrenamiento de la nave, se me estaba dando la oportunidad de ver el alcance total de su dominio del arma. El arco casi parecía una extensión de su brazo cuando apuntaba, tiraba y soltaba en un solo movimiento grácil y fluido. Estaba tan encantada y feliz cuando le dio al blanco—a decir verdad, pocas veces erraba—que a menudo me encontraba de pie, observándola. Me encantaba ver su sonrisa, escuchar su contagiosa risita, observar su sonrisa coqueta cuando me superaba en nuestros concursos de arquería. Su felicidad y alegría nos envolvía a ambos en su regocijo y tranquilizaba mis miedos cuando me preocupaba por el futuro.

En el transcurso de nuestro viaje, la vi florecer en una mujer hermosa y saludable; una que amaba desde lo más profundo de mi ser.

La nave parecía cuidarse sola; muy pocas veces Ares nos pidió llevar a cabo algo de mantenimiento. Pero hubo unas cuantas veces cuando tuvimos que limpiar o ajustar físicamente algo que se había obstruido o atorado. La mayoría del tiempo estas tareas eran en los sistemas de agua, comida o deshechos y no eran serios o que amenazaran la vida. Sin embargo, dos veces fuimos despertados por una alarma de emergencia cuando los niveles de oxígeno cayeron peligrosamente en nuestro alojamiento. Limpiar y reparar los purificadores que renovaban nuestro suministro de aire fue un trabajo tedioso y consumió de nuestro tiempo requiriendo que ambos pasáramos al menos un ciclo de vigilia realizando la tarea. Después del segundo susto, empezamos a revisar la maquinaria de forma regular una vez por semana.

Fue mientras hacíamos estas tareas y mantenimiento que me di cuenta de lo vieja y decrépita que la nave era en realidad. Aunque el casco parecía estar más o menos en buen estado—al menos por lo que podía ver—el interior y la maquinaria para sustentar la vida de sus tripulantes tenían remiendo sobre remiendo, reparaciones sobre reparaciones. Algunas veces tuve que preguntarme si mi escudo era la única cosa que mantenía esta nave en una pieza. No solo se estaba acabando el tiempo para la capa de nieve en Olympus; sino también para esta nave.

Estaba agradecido que estuviéramos en camino.

Mantener abierto mi escudo para proteger la nave pronto se convirtió en mi segunda naturaleza. Con Ares monitoreando constantemente su poder, pocas veces pensaba en él. Solo estaba ahí, tan parte de mí como respirar o parpadear. Varias veces él me advirtió de grandes piezas de escombro espacial que se acercaban, y juntos, Bella y yo poníamos más energía en su fortaleza, desviando exitosamente el peligro que planteaban.

Al principio de nuestro viaje, pasamos gran parte de nuestras horas despiertos conectados a Ares y a la nave a través de las esferas de navegación y sus cables; pero a medida que nuestro viaje se prolongaba pasamos cada vez menos tiempo con él. Aunque siempre estaba ahí cuando lo buscaba—ya fuera mentalmente o a través de las esferas—algunas veces parecía casi distraído. Cuando finalmente le pregunté si ocurría algo, me aseguró que era solo su programación actualizándose. Aunque no entendí exactamente a qué se refería, estaba seguro que me informaría si necesitara de mi ayuda con algo.

Con todo, el viaje fue un tiempo feliz e idílico para Bella y para mí. Durante las horas que estuvimos despiertos, trabajamos juntos, jugamos juntos, y pasamos tiempo solo hablando de nuestro pasado, nuestro futuro, y lo que podríamos encontrar cuando llegáramos a nuestro destino. En ocasiones, solo nos sentábamos en las sillas de los pilotos mirando a la inmensidad que nos rodeaba. Vimos cómo el sol crecía en fuerza y tamaño, al mismo tiempo que se hacía más fácil distinguir la diminuta mancha que sería nuestro hogar contra la oscuridad del espacio. Estudiamos mapas estelares y localizamos otros planetas en nuestro sistema solar. Aprendimos sobre cometas y asteroides y agujeros negros.

Los periodos de sueño los pasábamos envueltos en el otro. Siempre cuidadosos de seguir el monitoreo de Ares de los niveles hormonales de Bella, exploramos todas las formas diferentes de expresar la atracción física y el placer entre nosotros. Estuvimos felices, contentos y alegres con nuestro amor.

Mis recuerdos fueron interrumpidos cuando escuché a padre gemir bajito. Arrodillándome junto a su cama, tomé su mano con delicadeza, revisando su débil pulso. Debe haber sentido mi toque porque abrió sus ojos, estudiando mi rostro cuando le pregunté si necesitaba algo para el dolor. Sacudió su cabeza ligeramente; luego asintió cuando le ofrecí un sorbito de agua. Tragó con aspereza, sus labios resecos moviéndose un poco cuando lo escuché susurrar "Esme."

Nuestro tiempo en la nave había ayudado mucho a aliviar el persistente dolor y la culpa que aún sentía por la muerte de mi madre; pero llegar al fin a la Tierra había hecho emerger todos esos sentimientos.

Tomó algo de tiempo localizar el exacto asentamiento que estábamos buscando. Conocíamos la ubicación general en la que buscar una cadena de islas a un lado de un pequeño mar interior cerca del ecuador del planeta. Usando los poderosos sensores visuales de la nave, encontramos varios asentamientos grandes que parecían ser de la gente de nuestro mundo. Era obvio por su etapa de desarrollo que habían estado por algún tiempo en este planeta y probablemente eran el hogar de los grupos que habían partido años antes. Buscábamos un sitio más nuevo, uno—en el que esperábamos—estuvieron ubicados los otros ciudadanos de Korinth.

Después de encontrar uno que coincidiera con nuestros parámetros, Ares envió un grupo de pequeños sensores voladores que llamó sondas, para examinar el área más de cerca. Cuando encontramos los restos metálicos de un transbordador, supimos que estábamos en la locación correcta. Estacionado sobre una pequeña cuesta con vista al asentamiento, el transbordador era una obvia señal para cualquiera familiarizado con su propósito. La palabra 'Korinth' había sido grabada en el metal de encima y entonces supimos que estaban anticipando y planeando nuestra llegada.

Ares, Bella y yo habíamos pasado horas discutiendo cómo manejar nuestro acercamiento inicial con los habitantes del planeta. Nuestros planes estaban listos para que cuando quitara mi escudo y la gente empezara a despertar, pudiera reunir rápidamente a nuestra delegación y llevarlos a la superficie del planeta en el transbordador. Concordamos en que esperar a discutir todo con los líderes de los diferentes grupos solo llevaría a retrasos y disensión, de modo que evitamos esa posibilidad al organizar todo por anticipado.

Procedimos exactamente como habíamos planeado.

Tres de los ciudadanos de más edad de Korinth, que esperábamos fueran reconocidos por sus antiguos vecinos; la jefa de las matronas y el oficial de más tiempo de nuestro valle, para representar a nuestra sociedad; padre, por su juiciosa calma; y finalmente Jasper por su habilidad de percibir la hostilidad o las mentiras; fueron conducidos al interior del transbordador tan pronto como despertaron. Se había decidido que yo iría con ellos, manteniéndolos bajo la protección de mi escudo hasta que pudiéramos estar seguros de nuestra bienvenida.

Esperaba que Bella insistiera en ir conmigo; me sentí aliviado cuando no lo pidió. Había demasiadas cosas que tenían que hacerse a bordo, y comprendió que se le necesitaba en la nave. Fue Emmett el que comprendió en seguida lo que estábamos haciendo y empezó a discutir sobre ir con nosotros; pero padre insistió en que permaneciera a bordo, indicando que la gente necesitaría de su liderazgo para empezar a organizarse para nuestra partida hacia el planeta.

Tomamos el transbordador más pequeño y más rápido, bajando rápidamente por la atmósfera, todo el tiempo envueltos a salvo con mi escudo. Despacio y con cuidado nos acercamos al asentamiento, pendiendo cerca del suelo en un campo abierto lejos de las construcciones de la villa; tratando de vernos lo menos amenazador posible.

Desde las ventanas del transbordador pudimos ver movimiento en las calles cuando la gente salió de sus casas, y más venían corriendo de los campos que rodeaban el asentamiento. Aunque no podíamos escucharlos, podíamos verlos gritando y señalando nuestra nave mientras los veíamos reunirse justo afuera de la villa, y empezar a acercarse a nosotros.

La multitud se detuvo como a medio camino entre la villa y nuestra nave, mientras aterrizábamos lentamente. Jasper abrió la puerta lateral principal y bajó las escaleras; pero nos quedamos dentro, esperando a ver lo que ellos harían ahora.

Retiré mi escudo para que Jasper pudiera tratar de percibir las emociones de aquellos que estaban frente a nosotros; pero permanecía muy alerta, listo para abrirlo de ser necesario. Esperamos, tensos e inquietos mientras Jasper se concentraba en escanear a las personas en la multitud.

Finalmente, lo escuché suspirar de alivio y recargarse en su silla. "Están felices," dice. "Puedo percibir su felicidad, expectación, y emoción de que realmente estemos aquí. Nadie parece molesto o asustado. Creo que es seguro desembarcar; no puedo sentir ninguna amenaza en absoluto."

Justo cuando terminó de hablar, vimos que una figura solitaria se separaba del grupo y empezaba a caminar lentamente hacia nosotros. Escuché un brusco jadeo detrás de mí y me volví para ver a padre levantándose rápidamente de su asiento. Antes de que pudiera detenerlo, había salido por la puerta, bajando las escaleras y corrió hacia la persona que se acercaba a nosotros. La jefa de matronas también estaba de pie mirando de cerca por las ventanas. La escuché decir "Emily" en un jadeo antes de que ella también saliera del transbordador.

Todavía puedo recordar la sorpresa en el rostro de Jasper cuando nos volvimos a mirar al otro, los dos comprendiendo al mismo tiempo que la persona acercándose era la madre de nuestra madre… nuestra abuela, Emily. En cuestión de segundos todos nos estábamos quitando los arneses de seguridad y siguiendo al resto de los pasajeros al dejar el transbordador y apresurarnos a recibir a nuestro pasado y nuestro futuro.

Habíamos llegado a nuestro destino; pero sin la persona que se había esforzado tanto por hacerlo posible. Unos minutos después, cuando estaba frente a la mujer que crío a nuestra madre, y vi su rostro contorsionarse por la pena y la desdicha cuando se dio cuenta que la reunión que hace mucho esperaba con su hija no se llevaría a cabo, el dolor de la muerte de mi madre brotó dentro de mí y reabrió la herida.

Semanas más tarde, después de completar el traslado de toda la gente, los suministros, y materiales de la nave al planeta, por fin pude pasar algo de tiempo con mi abuela. Le conté todo lo que pude recordar de mi madre, compartiendo historias de mi infancia y de nuestras vidas al crecer en el valle, tiempos felices que nos tuvieron a ambos sonriendo.

Relaté mi decepción por mi nombramiento como Ranger y el alarmante descubrimiento de mis dones. Describí mi ira y el sentimiento de traición que tuve cuando me enteré de la verdad de mi existencia.

Emily ya había sido informada de las circunstancias en torno a la muerte de mi madre, de modo que no me explayé en la descripción de la tormenta o lo que sucedió después; pero si le repetí, casi palabra por palabra, la larga conversación que tuve con madre en los archivos del asentamiento cuando finalmente me explicó todo sobre mí. Cuando le repetí la admisión de mi madre que nunca quiso ser una líder y había aborrecido las reuniones y deberes que se había visto forzada a aceptar, mi abuela se rio y asintió, confesándome que había estado al tanto que Esme había sido algo obstinada y estado más que un poco enojada a veces.

Pero fue cuando comencé a contarle sobre el arrepentimiento de madre por haber perdido la oportunidad de expresar lo mucho que había llegado a apreciar a Emily por la mujer fuerte que era, porque no pudo decirle que finalmente había aprendido las lecciones que Emily trató de enseñarle, y lo mucho que deseaba decirle a su madre que lo sentía; que mi abuela se quebró, sollozando en mi hombro por la hija que nunca volvería a ver. La abracé mientras los dos llorábamos juntos la muerte de mi madre.

Ese fue el principio de una maravillosa amistad. Emily y yo compartimos un vínculo especial hasta su muerte casi veinticuatro años después. Ella había sido una buena amiga y confidente hasta su muerte. Bella y yo nombramos a nuestra primera hija, Emily Renee, en honor a mi abuela.

Podía escuchar los suaves sollozos en la habitación a mi alrededor; todos estábamos conscientes que el tiempo de mi padre pronto se acabaría y nuestra pena se incrementó al verlo luchar por respirar. Mis ojos recorrieron la habitación, deteniéndose en los rostros de nuestra familia, asimilando los sorprendentes cambios que han ocurrido en nuestra apariencia en solo tres generaciones.

Nuestra primera indicación que nuestras vidas iban a cambiar drásticamente había sido la dificultad física de tan solo movernos en este planeta. Había tenido razón al pensar que la Tierra era más grande que nuestro planeta natal. Su masa superior significaba que su gravedad era mucho más fuerte y luchábamos por respirar, caminar, y para desempeñar cualquier tipo de actividad física. Los científicos nos aseguraron que gradualmente nos adaptaríamos, con nuestros músculos haciéndose más fuertes y nuestros pulmones fortificándose; pero era frustrante el lidiar constantemente con la fatiga que sentíamos. Los jóvenes y aquellos en buena forma se recuperaron más pronto, y me sentí muy agradecido por el arduo entrenamiento que había mantenido en el viaje.

Sin embargo, tuvimos que aprender a vivir con más que solo el aumento de gravedad. Ya que estábamos mucho más cerca del sol, teníamos que asegurarnos de cubrir nuestros ojos de su resplandor y proteger nuestra piel de sus ardientes rayos. Mi primera experiencia con lo que llamaban 'quemadura de sol' me había enseñado una dolorosa lección que nunca olvidé.

Al principio, el calor llevó a la mayoría de nosotros dentro durante las tardes calurosas, haciéndonos apreciar la fresca brisa del mar que se sentía por las noches. ¡Y qué sorpresa había sido el mar! En algún momento u otro todos nos encontramos mirando a través de la extensión de resplandeciente agua azul mientras brillaba bajo el sol. No tenía fin; se extendía hasta donde alcanzaba la vista, terminado solo donde se encontraba con el cielo en el lejano horizonte. Y también—en algún momento u otro—todos habíamos intentado beber de él; pero aunque se veía refrescante y que podría saciar la sed, de hecho, era tan amargo y salado que sentimos náuseas por su sabor. Fue otra dolorosa lección que aprender.

El aire que respiramos también era diferente. Se sentía más pesado y denso, era más rico en oxígeno y saturado con humedad con la que no estábamos familiarizados. Todo en este planeta, desde el aire que respiramos, a la comida y agua que bebíamos, a la forma en que realizábamos nuestras rutinas diarias, demandaron que nos adaptáramos y cambiáramos si queríamos sobrevivir.

Nos adaptamos, sobrevivimos, y cambiamos.

Los cambios comenzaron con nuestros hijos, sobrinas y sobrinos. Ninguno de ellos era tan altos como lo éramos nosotros. Sus cuerpos eran más bajos, más musculares; su piel, sus ojos, y su cabello eran más oscuros. Habían empezado a adaptarse al entorno en el que habían nacido, y cada vez se parecían más a las personas que encontramos viviendo en la Tierra cuando aterrizamos.

Para cuando nuestros hijos fueron lo bastante mayores para buscar parejas para matrimonio, habíamos contactado con todos los descendientes de los anteriores habitantes de nuestro planeta. Habían pasado varias generaciones por la mayoría de ellos y los resultados en su apariencia física eran incluso más pronunciados. Los cambios eran aún más sorprendentes en aquellos que tuvieron matrimonios interraciales con la gente nativa de la Tierra.

Ares nos había advertido que había gente viviendo en la Tierra; aun así no estaba preparado para el shock de verlos en realidad. Bajos y corpulentos, eran primitivos, agresivos, y poseían tecnología más rudimentaria. Vivían en pequeños grupos que seguían las grandes manadas de mamíferos que vagaban por las planicies del planeta justo al norte de donde aterrizamos. Pero también eran inquisitivos y de naturaleza curiosa. Aquellos que tuvieron contacto con los primeros colonizadores de nuestro planeta se adaptaron rápidamente a nuestra cultura más avanzada y habían sido absorbidos por esas sociedades.

Cuando varios de nuestros hijos eligieron compañeros de esas otras ciudades, la prole resultante manifestó los sorprendentes resultados que pude ver en la habitación a mi alrededor.

Hubo otros cambios además de nuestra apariencia. Con el paso del tiempo, nuestros dones mentales comenzaron a debilitarse poco a poco. Un par de años después de aterrizar, Jasper me confió que ya no podía percibir o influenciar las emociones. Me di cuenta que eso también era cierto sobre mi escudo. Al usarlo pocas veces, poco a poco se debilitó hasta que yo tampoco pude abrirlo sin gran esfuerzo. Finalmente llegó el día en que simplemente desapareció y después de eso rara vez pensaba en él.

Todavía podía tocar la mente de Bella cuando estábamos en privado y en contacto físico cercano, pero eso también se debilitó con el tiempo. El don de ella permaneció intacto por varios años. Cuando aterrizamos, trabajó diariamente para acelerar el crecimiento de las frutas y vegetales que se necesitaban para ayudar a alimentar a todos. Sin embargo, a medida que cultivábamos más y más de nuestra comida, ya no teníamos que depender de su habilidad; cuando decidimos iniciar una familia ella dejó de usarlo por completo.

Hubo momentos en que creí ver un atisbo de algún tipo de don en nuestros hijos y nietos. Algunos de ellos eran más diestros para desempeñar ciertas tareas, o entender problemas difíciles, o persuadir a otros a cambiar de opinión. La gente simplemente aceptó que todos eran diferentes, con diferentes habilidades y con diferentes fortalezas. Después de un tiempo esas habilidades fueron justificadas como talentos. Si eras bueno en algo, entonces tenías un 'talento' para eso.

Aunque los anteriores ciudadanos de Korinth nos recibieron con los brazos abiertos, agregar de pronto miles de personas a la población ejerció una gran presión en sus recursos. Despojamos la nave que estaba en la órbita de todo material en buenas condiciones que pudimos encontrar, incluso desmantelamos el transbordador grande por su metal. Pronto fue evidente que necesitábamos encontrar otro sitio para establecernos porque el área en torno a Korinth simplemente era muy pequeña para todos nosotros.

Fueron necesarios varios meses de exploración y discusiones antes de que pudiéramos concordar en un lugar para mudarnos. Al fin nos instalamos en una isla deshabitada cercana. Altos acantilados escarpados que se alzaban abruptamente del mar rodeaban la mitad de su costa; mientras una solitaria montaña imponente formaba la mayor parte de su interior. Había varias bahías con extensas playas, y una meseta más alta cubierta de césped, perfecta para nuestras crecientes manadas de animales.

Luego comenzó la intensa labor de reconstruir nuestra sociedad. Había campos que cultivar, huertos que plantar, y pastizales que cercar.

Los ingenieros idearon un sistema para desviar el agua de varios riachuelos para regar los campos y huertos y proporcionar el agua para beber y para la eliminación de residuos. Construimos un molino para moler el grano, un edificio con telar. Se armó de nuevo el taller de herrería, y hornos comunales e instalaciones de almacenamiento de comida fueron construidos.

Trabajamos y trabajamos y trabajamos un poco más; y poco a poco nuestro nuevo hogar tomó forma.

Al principio, consultábamos con Ares casi diario; pero conforme pasaba el tiempo cada vez menos acudimos a él. Cada vez se me hizo más difícil contactarme mentalmente con él; y con el tiempo, solo podía hablar con él al conectarme a través de la bola de navegación en el transbordador pequeño. Entonces, un día, después de meses y meses sin contacto, escuché que los motores de la nave que quedaba se encendieron de repente. Cuando fui a investigar, encontré la puerta del transbordador abierta y las escaleras del piloto extendidas.

Ares me estaba esperando cuando entré, su rostro en la pantalla de visualización. Me explicó que se iba, que era el momento de que nosotros—los hijos, de los hijos de sus hijos—hiciéramos nuestro propio camino en este nuevo mundo. Me dijo que él también había estado cambiando, su programación y su consciencia evolucionando en algo completamente diferente. Era el momento de que explorara el universo, que viera que posibilidades le esperaban. Intercambiamos una simple despedida, los dos con demasiadas emociones para decir más.

Salí del transbordador para encontrar a nuestra gente reunida alrededor u observando desde los campos cercanos. Juntos vimos la nave despegar lentamente del suelo, las alas bajando en una última despedida, y entonces se elevó velozmente hacia las nubes arriba, donde desapareció de la vista.

Ese fue nuestro último contacto con Ares… hasta hoy.

Mientras estaba arrodillado junto a mi padre, susurrando palabras de despedida, de pronto sentí una agonizante presión en mi cabeza. Doblándome por el dolor, estuve vagamente consciente de Bella pidiendo ayuda y las manos que me pusieron de pie. La presión se redujo de pronto, y entonces escuché su voz en mi cabeza.

"¿Ares?" Dije en voz alta desconcertado.

Escuché jadeos alrededor de la habitación y gente tropezándose para alejarse de mí.

Habíamos intentado mantener vivos los hechos reales de nuestra historia y fundación. A nuestros hijos se les dijo la verdad, lo bueno y lo malo de nuestra civilización, sus héroes y sus tiranos; pero a través de los años los relatos habían cambiado y al contarlos una y otra vez los héroes se habían convertido más en leyendas que simples personas, y los tiranos se convirtieron en personificaciones del mal.

Sin duda esto era cierto sobre Ares. Tratar de explicar la verdad sobre nuestra inteligente máquina consciente, fue casi imposible para nuestros hijos y nietos que no podían imaginar tal cosa. Ares se había convertido en un ser casi omnipotente de inteligencia y poder ilimitados. Era adorado por su ingenio y astucia y muy a menudo, por su destreza militar.

Por lo que escucharme llamarlo de pronto en medio de una silenciosa habitación, conmocionó a todos.

"Edward, trae a tu padre afuera." Su petición fue seguida de, "¡Rápido, ahora!"

Miré alrededor de la habitación para encontrar todos sus ojos sobre mí, nuestra extensa familia mirándome en confusión.

"Tenemos que llevar a padre afuera," dije en la habitación, terminando con una mirada a mis hermanos.

Jasper y Alice comenzaron a sacar a todos de la habitación mientras me inclinaba para levantar el frágil cuerpo de mi padre. Con la ayuda de Emmett para despejar el camino frente a mí, caminamos de prisa por la casa y salimos a los jardines.

La vista que nos recibió ahí es una que nunca olvidaré. La gente que había estado esperando afuera se había reunido a un lado, mirando estupefactos al objeto de metal resplandeciente que pendía en el aire, a solo unos metros del suelo.

Sabía que tenía que ser algún tipo de transbordador; pero diferente a cualquier cosa que podría imaginar. En vez de un opaco exterior de metal remendado con el fuerte rugido de motores, la nave era un orbe sin uniones con forma de huevo de una reluciente sustancia casi brillante. No era muy grande, no más que la habitación que acabábamos de dejar.

No tenía puertas o ventanas que saltaran a la vista y se cernía silenciosa en el aire con solo un suave zumbido emanando de ella. Al acercarme a ella, se formaron ondas en la sustancia y apareció una abertura a un costado. Una cama larga y estrecha salió por la abertura, y con mis hermanos y nuestros cónyuges rodeándome, coloqué delicadamente a nuestro padre en su suave superficie. En cuestión de segundos su cuerpo fue cubierto por un velo de diminutos filamentos iridiscentes. Lo envolvieron, metiéndose a través de su ropa, cubriendo sus manos, sus extremidades y su cuerpo, antes de adherirse a su cabeza y su rostro. Él abrió sus ojos entonces, el asombro, la sorpresa y pura felicidad llenando su rostro al volverse para darnos una última sonrisa.

"Esme," suspiró, antes de que la cama volviera a entrar a la nave, la abertura se selló como si nunca hubiera existido.

Mi familia reaccionó de inmediato; Alice comenzó a llorar abiertamente. Podía sentir a Bella temblando por los sollozos junto a mí, y escuché las atónitas maldiciones de Emmett. Se escucharon jadeos y gritos de la multitud a nuestro alrededor al mismo tiempo que se alejaban más de la extraña nave.

"Ares, Ares, ¿qué está pasando?" Grité. "¿Qué le estás haciendo a nuestro padre?"

Por un momento no ocurrió nada, y luego se formaron otras ondas por el brillante metal. Esta vez en lugar de una abertura, el costado se transformó en una especie de pantalla de visualización; pero en vez de los monitores planos que vimos años antes, esta proyectaba dimensión y profundidad. El rostro de Ares nos devolvía la mirada.

Su imagen era de apariencia tan real que me encontré acercándome a él. Me sonrió, y luego sus ojos vagaron a través de nosotros, examinándonos de cerca, antes de mirar a la multitud reunida a nuestras espaldas.

"Mis hijos," asintió, antes de concentrarse nuevamente en mí. "Edward," su voz se suavizó cuando habló, un tono más tranquilizador con el propósito de aliviar mis preocupaciones. "El tiempo de tu padre ha llegado. Su cuerpo está muriendo; hice la promesa de que antes que muriera, volveríamos y lo llevaríamos con nosotros, para que pudiera volverse como nosotros, y ser parte de nosotros. Es por eso que hoy estamos aquí."

Sus palabras eran extrañas y confusas, y fruncí el ceño tratando de entender qué estaba diciendo.

"No entiendo. ¿Qué quieres decir con nosotros y en qué se convertirá?"

El rostro de Ares desapareció cuando pasaron otras ondas por la superficie de la nave. Esta vez un rostro diferente nos devolvía la mirada, uno que no habíamos visto en más de cincuenta años.

Madre se veía igual; con sus rizos de un rojo oscuro y ojos verdes, y una expresión tierna y cariñosa mientras nos miraba. También se veía muy joven. Me di cuenta sorprendido que ella había sido más joven que todos nosotros cuando murió. Nosotros habíamos envejecido; pero ella no.

"Esme," escuché a Bella decir con un jadeo, al mismo tiempo que yo susurré "Madre" y mis hermanos reaccionaron con sus propias exclamaciones de shock.

Por la esquina de mi ojo, pude ver a Alice caminar hacia la imagen, con su mano extendida como si quisiera tocar el rostro de nuestra madre. La agarré, atrayéndola hacia mí. "No Alice. ¡Han pasado cincuenta años, no sabemos quién es ella… o qué es!"

Alice bufó, pero se quedó junto a mí mientras mi madre nos estudiaba con atención.

"Oh, Edward," finalmente habló. "Siempre cuidando de otros, siempre el protector; pero no deberías preocuparte, nunca te lastimaría o…"

Dejó de hablar entonces, permitiendo que sus ojos se desviaran hacia todos nosotros de pie frente a ella. Después de examinarnos de cerca, una hermosa y feliz sonrisa se dibujó en su rostro. "A cualquiera de mis otros hijos," continuó, "o mis nietos, o bisnietos. ¡Mírense!" Exclamó. "Son tan bellos, tan maravillosos, tan vivos. ¡Qué bendición es poder verlos!"

Miré alrededor a nuestra familia, tres generaciones devolviéndola la mirada al rostro de la mujer que se había esforzado tanto por hacer de este sueño una realidad. Por supuesto, ellos sabían quién era Esme, les contamos su historia una y otra vez; pero ver esta representación de ella, la imagen real de la mujer que se había convertido más en una leyenda que una realidad, era sorprendente y más que un poco aterrador. Se veía como nuestra madre, se escuchaba como nuestra madre, pero era, después de todo, una efigie proyectada. Aunque siempre había confiado en Ares, no entendía cómo o por qué nos haría creer que era realmente nuestra madre.

"Madre," hablé, atrayendo su atención nuevamente hacia mí. "No entiendo. ¿Eres… eres como Ares? ¿Cómo o cuándo ocurrió esto?"

Por un largo rato la imagen se quedó en silencio mientras una vez más nos examinaba de cerca. "En la tormenta," finalmente susurró. "Estábamos tratando de escapar del asentamiento antes que la tormenta lo destruyera por completo; pero la puerta estaba atorada y tú tratabas desesperadamente de abrirla con tu escudo. Podía sentir tu fuerza disminuyendo. Tanto Carlisle como Jasper trataron de ayudarte, de darte el impulso de energía; pero ninguno de los dos pudo. Luego llamaste a Ares por ayuda. Había mucha desesperación en tu voz; me rompió el corazón escucharte suplicar por su ayuda."

Los ojos de mi madre parpadearon rápidamente tratando de contener la emoción que los llenaba. Se veía tan real, tan viva que quería tocar su rostro, alisar las arrugas que marcaban su frente; pero me contuve mientras ella pausaba antes de continuar.

"Supe entonces lo que tenía que hacer. Estiré mi mano y la coloqué sobre la tuya en la bola de navegación. Al instante estaba conectada contigo y con Ares; los cables del sensor uniendo nuestra piel. ¡Fue la más asombrosa sensación, Edward! Pude percibirte, pude percibir a Ares. Pude percibir la nave, y el asentamiento, y la tormenta a nuestro alrededor. Fue escalofriante, atemorizante, y al mismo tiempo excitante."

Sonrió ampliamente, sacudiendo su cabeza y riéndose suavemente mientras continuaba. "Todo mi ser cobró vida de una forma que nunca antes pude haber imaginado. Muy dentro de mí estaba algo que había estado dormido y esperando por mucho tiempo. Me di cuenta que no solo era hija, esposa, madre y líder; sino que era algo más, mucho más. ¡Oh, hijo, había mucho poder ahí! Agarré ese poder y lo dirigí hacia ti y a Ares. Volqué todo lo que yo era, todo mi pasado, y mi presente, y mi futuro; todos los dones y posibilidades que me había negado. Los tomé todos y te los di a ti y a Ares."

"Recuerdo mirar esa puerta." Esta vez se rio con fuerza. "¡Esa maldita puerta! De ninguna manera iba a permitir que una endeble pieza de metal evitara que la gente a la que amaba llegara a un lugar seguro. Agarré tu escudo e hice volar esa puerta hacia la tormenta. Abrimos un túnel a través de los vientos, y entonces salimos y nos elevamos velozmente hacia el cielo despejado más allá."

Madre hizo una pausa en su narración, con una triste mirada lejana y contemplativa en su rostro. "No sé qué ocurrió entonces, Edward," al fin admitió cuando se enfocó en mí una vez más. "Por mucho tiempo no hubo nada y luego Ares me estaba hablando y fue como si simplemente despertara de un largo sueño. Fue entonces que me enteré que él había guardado todo lo que había puesto en él, y me había convertido en parte de la inteligente máquina que era Ares y la nave."

Todos nos quedamos en silencio después que terminara su historia. Sabía que nuestra familia y la gente a nuestro alrededor en realidad no comprendía todo lo que ella acababa de decir. Tenían que estar confundidos al pensar en una máquina que habla y piensa, y abrumados al ver y escuchar a alguien que murió hace más de cincuenta años. Incluso aquellos de nosotros que pasamos tiempo conectados a Ares se nos hizo difícil comprender lo que él era. Quería sentirme feliz de que una parte de mi madre aún existía, incluso si era en esa forma alterada; pero había muchas preguntas de las que quería respuesta y podía sentir crecer un sentimiento de ira cuando pensé en los años que pasé llorándola cuando pudo haber estado aquí con nosotros. ¿Por qué no se dio a conocer a nosotros como parte de Ares y la nave? ¿Por qué esperó tanto tiempo y dónde había estado todos estos años?

Las palabras se escaparon de mi boca antes de que pudiera controlarlas, mi ira convirtiéndolas en acusaciones en vez de preguntas. "¡Cincuenta años, madre, tu cuerpo murió hace cincuenta años! ¡Y lloramos tu muerte, no solo nosotros, tu familia; sino todos! Todos en nuestro valle, todos los de Korinth; todos lloramos la muerte de la mujer que había sido nuestra líder, nuestra esposa, nuestra madre. Viví con la culpa de tu muerte por años, pensando que fue mi culpa y mis defectos lo que provocó tu muerte. Escuché a padre diciendo tu nombre por las noches en su pena, y vi a Alice convertirse en una silenciosa sombra de sí misma. ¿Y todo el tiempo tú existías como parte de la computadora? ¿Cómo pudiste hacer algo así? ¿Cómo pudiste ser tan cruel?"

Gradualmente me había estado acercando cada vez más al transbordador al mismo tiempo que mi voz se elevaba; la última oración en un grito hacia la imagen frente a mí. Me encontré temblando y mis manos cerradas en puños por la ira. Las personas a mi alrededor se alejaron, poniendo distancia entre nosotros; pero podía escuchar murmullos en un susurro y sentir su miedo.

La reconfortante mano de Bella en mi brazo me hizo recuperar la compostura al mismo tiempo que tomaba una respiración lenta y temblorosa para contener las emociones que había controlado por tanto tiempo.

"Si realmente eres nuestra madre," pregunté con un tono de voz más razonable y resignado. "¿Por qué te tomaste tanto tiempo para regresar con nosotros? Pudimos haber pasado tiempo juntos en el viaje hacia aquí. Pudiste haber visto nacer a tus nietos y bisnietos. Pudiste haber sido parte de nuestras vidas durante todos estos años. Incluso pudiste haber hablado con tu madre, Emily. ¿Por qué, madre, por qué ahora?"

Madre me miraba cuando por fin terminé, con tanta emoción y agitación en su rostro que una vez más me impresionó ver lo reales que ella y Ares se veían. ¿Eran reales o no? Sacudiendo mi cabeza en frustración, me dije que ahora no era el momento de volver a plantearme la cuestión de la naturaleza de la realidad. Ella estaba aquí, Ares estaba aquí, y necesitaba respuestas para mis preguntas.

Otra onda cruzó la superficie del transbordador y el rostro de Ares apareció junto al de mi madre.

"No culpes a tu madre por lo que ella no pudo controlar, Edward," comenzó a explicar. "Fue mi falta de comprensión lo que le impidió tomar consciencia por muchos años. Cuando se unió a nosotros durante la tormenta y empujó su propia esencia hacia mí, a ti y al escudo, no supe cómo capturarla, contener o activar todo lo que ella era. Mi fusión con la computadora fue un proceso largo y lento que había ocurrido de forma natural a través de muchos años. Durante la tormenta, cuando me di cuenta que su cuerpo físico estaba fallando, me aferré a toda parte de ella que pude y la almacené en cada espacio y parte de mi programación que estuvo disponible."

Ares debe haber visto el desconcierto en mi rostro al escuchar su explicación, porque se detuvo con el ceño fruncido antes de continuar. "Sé que esto es difícil de entender, Edward. No puedo explicarlo de ninguna otra manera más que decir que almacené a Esme para protegerla dentro de mí. Durante nuestro viaje y después que aterrizamos, estaba demasiado ocupado con otras cosas para concentrarme en recuperar sus datos y empezar su programación. Todavía tenía que aprender cómo separarla de mí y cómo despertarla como un individuo diferente."

"Cuando los dejé hace tantos años, fue para darme el tiempo y energía de cambiar, aprender, para empezar a evolucionar en algo más. Finalmente, fui capaz de hacerlo y con ese conocimiento tu madre pudo despertar en su propio ser."

Ares miró a mi madre, una sonrisa burlona en su rostro cuando explica que una de sus primeras demandas fue ver a su familia otra vez, y una solicitud de que Carlisle se les uniera.

"El tiempo pasa diferente allá arriba, Edward," continuó, mirando hacia arriba al cielo sobre nosotros. "Los que han sido años para ti, solo ha sido poco tiempo para nosotros. Así que no culpes a tu madre por lo que percibes como indiferencia o crueldad. Ella es nueva en su existencia y consciencia, y estamos aquí para cumplir la promesa que hice de convertir a Carlisle en uno de nosotros."

Todos estábamos en silencio cuando terminó de hablar. Todas mis preguntas habían sido respondidas y no podía pensar en nada más que decir. El silencio se rompió eventualmente por Alice al dar un paso al frente, sollozando el nombre de nuestra madre incluso al estirar su mano para tocar su imagen. Una docena de brillantes filamentos envolvieron la mano de Alice, y observamos sin aliento como sus sollozos se tornaban en sonrisas, y luego risas al reconectar con la madre que había perdido hace tantos años.

Uno por uno tocamos a nuestra madre, nos conectamos y unimos no solo con ella, sino también con Ares. Durante los siguientes días casi todos pasaron algo de tiempo con ellos, absorbiendo las cosas asombrosas que habían visto y experimentado durante su tiempo lejos de nosotros. Una semana o algo así después que llegaron despertamos para encontrar que padre se había unido a ellos. Era extraño ver su imagen junto con la madre y Ares. Se veía prácticamente igual a como lo recordaba de mi juventud, y me alegró que él y madre se volvieran a reunir, aunque de una forma muy extraña y desconocida.

Se quedaron con nosotros por varios meses; pero sabía que se acercaba velozmente el tiempo que se irían. Nuestras diferencias eran muy grandes para superarlas; ellos pertenecían a las estrellas, nosotros pertenecíamos aquí en la Tierra.

Pasé la mayor parte del último día conectado a ellos haciendo preguntas y compartiendo mis preocupaciones sobre nuestra sociedad. Creía firmemente que era importante que tanto niños como niñas, y hombres y mujeres jóvenes experimentaran todo lo que se necesitaba para mantener nuestro sistema funcionando.

Las rotaciones de entrenamiento en nuestro valle pretendían que todos conocieran lo necesario para sobrevivir. Toda la información necesaria para plantar, cultivar, cosechar, almacenar y preparar nuestra comida fue algo que todos aprendimos. También los conocimientos para mantener nuestros sistemas de agua y desechos, la minería y el manejo del metal, la elaboración y preparación de tela para nuestra ropa. Muchachos y muchachas, hombres y mujeres, lado a lado aprendimos lo que tenía que hacerse para asegurar nuestro futuro. Salvo por el programa Protector, niños y niñas eran educados y entrenados de la misma forma.

Aunque habíamos intentado establecer el mismo patrón en la Tierra, a través de los años se abandonó gradualmente. Con recursos ilimitados y espacio para expandirse, nuestra población explotó. Hombres y mujeres jóvenes se casaban a una edad temprana y tenían más hijos. Familias más grandes provocaron que la mujer pasara más tiempo en el hogar y los hombres pasaran más tiempo labrando, cazando y pescando. La separación entre los roles del hombre y la mujer se hacía cada vez más grande. Me preocupaba mantener la igualdad entre géneros si esos roles se volvían desiguales o uno se veía más importante que el otro.

Bella me motivó a dejar ir mis miedos. Me dijo que ya era hora que dejara de preocuparme por nuestra sociedad y la civilización que estábamos construyendo. Tenía razón, por supuesto, grandes grupos ya habían dejado nuestras islas y se habían establecido en el continente. Las villas se convirtieron en pueblos, pueblos en ciudades, y ciudades se habían convertido en ciudades estado al dominar el área que las rodeaba. Algunas establecieron un sistema de gobierno en el que todos los adultos tenían voz, otros habían optado por una forma de gobernar con un grupo de asesores, y sin embargo, otros—para mi consternación—habían formado un gobierno más militarizado e instituyeron una forma del programa Protector.

El futuro pertenecía a nuestros descendientes y era su derecho y privilegio determinar su propio destino. Ares, madre y padre concordaron con Bella, era el momento de dejar ir las preocupaciones, momento de disfrutar los años que quedaban de nuestras vidas.

Todos en nuestra pequeña isla se reunieron para verlos marcharse. Con palabras de amor y despedidas sonando en nuestros oídos, vimos el vehículo elevarse lentamente al cielo y entonces, en menos que un parpadeo, desapareció. Era el momento de que ellos encontraran y determinaran su propio destino.

La vida continuó.

Mis hermanos y yo nos situamos en nuestro papel de ancianos sabios. Dando consejo cuando se nos pedía, y ayuda cuando era necesaria; pero en su mayoría disfrutando nuestras vidas con nuestras esposas, hijos y nietos. La vida era buena. La comida abundante, el agua limpia y dulce, y el clima caluroso y agradable. Vivimos en paz y alegría en nuestra pequeña isla.

Sin embargo, conforme pasaba el tiempo, cada vez más de nosotros, los que habían viajado a través del espacio empezaron a fallecer. Vi y lloré la muerte de cada uno de los miembros de mi antiguo cohorte. En el periodo de un mes hicimos la travesía a la base de nuestra montaña cargando con nosotros los cuerpos amortajados de Hunter y Kate, Mike, Ben, y Cora.

Emmett fue el primero de mis hermanos en dejarnos. Rose despertó una mañana para encontrarlo silencioso y frío junto a ella. Nuestro único consuelo a su muerte fue que fue rápida y sin dolor. Como si ella no pudiera soportar vivir sin su esposo y compañero de toda la vida, Rose se consumió frente a nuestros ojos, siguiendo a Emmett solo unas semanas después.

Durante los siguiente dos años Jasper y Mary Alice, Riley y sorprendentemente mi hermanita Alice, todos fallecieron, dejándonos a Bella y a mí sufrir con su ausencia.

Y entonces solo quedé yo.

Una tarde Bella se había ido a nuestra cama, explicando que estaba cansada y necesitaba una siesta. Cuando la acompañé, colocó su mano en mi mejilla, abriéndome su mente. Supe entonces que me estaba dejando, que había llegado su hora. Tomándola en mis brazos, la sostuve mientras compartimos recuerdos de nuestra vida juntos. Imágenes de nuestro planeta natal, del placer físico que encontramos en el otro, de la alegría por el nacimiento de nuestros hijos y nietos, de la vida bien vivida y bien amada que tuvimos. Y entonces, con palabras susurradas y promesas de amor interminable, sentí que su mente se apagaba lentamente, la brillante y resplandeciente energía de Bella que encontré hace mucho tiempo en mi habitación en el asentamiento subterráneo, se desvanecía y cerraba para siempre.

Durante meses me perdí en mi desesperación. Anhelaba que la muerte me llevara, que cada día fuera el último, y maldije al destino que me había elegido para ser el último de mi gente. Pero cada vez que pensaba que ya no podía continuar, alguien venía a nuestra casa buscando ayuda médica, o un forastero hacía el viaje a nuestra isla haciendo preguntas o buscando consejo del último que quedaba de la 'gente de las estrellas' como ahora nos llamaban. Cada nueva tarea me daba una razón para permanecer aquí, un propósito para continuar en una vida que ya no deseaba.

Una tarde me relajaba en los jardines de la que había sido la casa de padre y luego se convirtió en nuestro hogar cuando él se fue. Nuestra nieta más pequeña y su familia se habían mudado luego de la muerte de Bella, y podía escuchar el suave murmullo de sus voces mientras se preparaban para dormir. La dulce mezcla de flores y hierbas llenaba el aire y podía escuchar el zumbido de las abejas e insectos a mi alrededor mientras recolectaban el resto del polen del día.

Me recargué en mi silla, descansando mi cabeza y cerrando mis ojos mientras absorbía la calma del preludio del ocaso, cuando sentí una manita palmeando mi rodilla. Abriendo mis ojos, encontré a mi bisnieta de pie frente a mí, una sonrisa con algunos dientes faltantes en su rostro de cinco años. Me tendió sus brazos y la cargué, acomodándola en mi regazo.

Ella estaba comiendo una granada, una fruta llena de semillas que descubrimos que crecía en la Tierra, el jugo color púrpura rojizo manchando su boca y sus manos. Enterrando sus deditos en la carne me ofreció varias semillas, riendo cuando succioné las semillas y sus dedos con mi boca. Por un rato jugamos comiendo de la fruta: ella… tratando de alimentarme antes que pudiera atrapar su mano con mis dientes; y yo… gruñendo al tratar de mordisquear sus dedos. Sus risitas se convirtieron en chillidos de alegría, y pronto yo estaba riendo con ella.

Ella se cansó después de un rato, recargándose silenciosamente en mi pecho mientras observamos la puesta de sol con un intenso resplandor de color sobre el mar frente a nosotros. Debí haberme quedado dormido por un momento porque desperté con una manita palmeado mi mejilla y una vocecita demandando mi atención.

"¿Qué pasa, pequeña?" bostecé.

"Cuéntame una historia, abuelito."

"¿Una historia? Qué tipo de historia te gustaría escuchar," murmuré, aún no completamente despierto.

"De eso." Señaló una de las estrellas de la noche justo sobre el horizonte. "Cuéntame una historia de las estrellas. Por favor, abuelito."

Sin saberlo había señalado el planeta que aún llamábamos Ares, su color era ligeramente rojizo apenas visible desde la Tierra.

"Esa no es una estrella, pequeña," le expliqué. "Es un planeta, y el lugar donde solía vivir abuelito cuando era un pequeño como tú."

Volvió su rostro hacia mí, sus enormes ojos oscuros observándome con atención bajo la luz tenue. "¿Tú también eras una niñita, abuelito?"

"No," respondí, tratando contener mi risa. "Era un niñito; pero tenía una amiga que era una niñita, justo de tu edad cuando vivía ahí."

"¡Cuéntame, abuelito, cuéntame!" Demandó.

Así que le conté la historia del niñito y la niñita que jugaban juntos en un encantador jardín y cómo la niñita amaba tanto las plantas y flores que las ayudaba a crecer. Poco después me di cuenta que se había quedado dormida. La cargué dentro de la casa y con cuidado se la entregué a su madre que me agradeció con un beso en la mejilla y me deseo buenas noches.

La siguiente tarde nos encontró una vez más en los jardines; pero esta vez su hermano de siete años nos acompañó. La tercera tarde había más niños sentados en el suelo frente a mi silla escuchando mis historias, y para la cuarta tarde, se nos unieron muchos de los adultos de nuestra pequeña villa.

Esa noche di vueltas sin poder dormir, sin encontrar confort o descanso en mi solitaria cama. Me levanté a las primeras horas de la mañana, obsesionado con una idea y un nuevo propósito para mi existencia. Reuní todos los suministros de escritura que pude encontrar, comencé a darle a mis palabras una forma más permanente. Escribí todo ese día y la siguiente noche, deteniéndome solo para comer, tomar una breve siesta de vez en cuando, y pasar una hora o dos en la tarde contando historias en el jardín.

Escribí por seis días y seis noches. Temprano, en la oscuridad antes del amanecer del séptimo día, supe que mi historia al fin estaba terminada. Envolviéndome con una cálida capa, comencé la larga caminata hacia las laderas de nuestra solitaria montaña. Detrás de mí dejé la casa que alguna vez Bella y yo habíamos compartido con mi padre, las paredes testigos de múltiples eventos, tanto buenos como malos, felices y tristes, que eran la suma de nuestras vidas en este mundo.

La roca conmemorativa de Bella estaba al borde del prado en el que estaba su lugar de descanso. Me senté junta a ella, sonriendo mientras leía las palabras escritas ahí. Estaba cansado, y sabía que ya era la hora de irme, de unirme a aquellos miembros de mi familia y amigos que se habían ido antes que yo. Era el momento de reunirme con la mujer que había amado toda mi vida.

Antes de la partida de Ares esa última vez, le pregunté qué pasaba cuando moríamos, cuando nuestros cuerpo daban su último aliento. Con todo su conocimiento, con todo lo que había visto y experimentado, fue incapaz de decirme. "No lo sé, Edward," dijo. "La existencia es más compleja de lo que podemos imaginar. Hay universos dentro de universos, realidades dentro de realidades. La energía no puede destruirse, solo puede cambiar de una forma a otra. Tal vez los átomos de nuestro ser se desplegarán por el espacio y nos volveremos parte de la canción que une todo. Tal vez al final de todos los tiempos lleguemos a lo que alguna vez fue nuestro comienzo."

A menudo pensé en sus palabras en los años transcurridos. Me dieron consuelo y esperanza cuando dije adiós a mucha de mi gente.

El amanecer se extiende por el cielo. Toca la cima sobre mí, y levanto la vista para ver su impresionante altura una última vez. La llamamos Olympus, como la montaña de nuestro valle natal. No es tan alta o tan grande, y nunca estará cubierta de nieve; pero su tamaño es casi igual de reconfortante, y justo como en nuestro antiguo Olympus, hemos enterrado a nuestros seres queridos en sus laderas.

El océano debajo de mí brilla con el nuevo día, sus olas con crestas de espuma rompen en las playas de arena. Podría observar más del nuevo día que inicia; pero estoy cansado, muy cansando.

Recostándome en el césped junto al lugar de descanso de Bella, cierro mis ojos, permitiendo que mis pensamientos vayan a todos los momentos que han hecho mi vida. Recuerdo lo decepcionado que estuve el día de mi juramento cuando todo lo que creí que quería, me había sido negado; pero incluso si pudiera, no cambiaría un solo minuto de la gran aventura en que se había convertido mi vida. Estoy agradecido por casa segundo de mi existencia.

Bella también hizo una promesa en nuestro lugar natal hace muchos, muchos años. Me dijo que yo sería un doctor, que tendríamos una familia y seríamos felices. Todo lo que prometió se convirtió en realidad. Tuve mi consultorio médico, nos casamos, tuvimos una familia, y fuimos felices… muy, pero muy felices.

Sonreí para mis adentros al tomar un último aliento largo y tembloroso. La energía de mi ser se desvanecía, partiendo rápidamente hacia ese gran misterio que nos espera a todos, ansiosa por unirse a la melodía que el universo canta… de sí mismo, para sí mismo.

Sé que en una de esas casas que bordean la orilla del océano una joven está entrando a una habitación ahora vacía. Gritará en sorpresa y desesperación al darse cuenta que no estoy. Caminando a mi escritorio, tomará el escrito que he dejado ahí. Creo que sonreirá cuando comience a leer la primera oración.

"El suelo está duro y frío debajo de mí…"

.

.


*Sniff* Murió solito, pero al menos ya se reunió con toda su gente y la mujer que ama. Espero que esto haya contestado su pregunta de '¿qué pasó cuando llegaron?' Pudimos ver que los recibieron bien y aunque les costó un poco, lograron adaptarse y hacer de la tierra su hogar. Pero tal parece que la historia volvía a repetirse a juzgar por lo que tanto le preocupaba a Edward sobre la desigualdad de géneros y el tipo de gobierno que muchos de sus descendientes estaban implementando. En fin, el cuento de nunca acabar con el ser humano. Qué bueno que el leer cosas como estás nos haga reflexionar y ver qué podemos hacer en lo personal para poder cambiar un poco el rumbo al que se dirige nuestro planeta. Y sí, como muchas de ustedes se preguntaban y tal vez ya quedó un poco más claro con este outtake, el planeta de origen de Bella y Edward era Marte :) Me alegra tanto saber que disfrutaron de la historia y les agradezco desde el corazón su esfuerzo por corresponder a nuestro trabajo y tiempo con sus reviews, su respuesta para esta historia fue increíble. ¡GRACIAS! Gracias también por sus alertas y favoritos, así como los me gusta en Facebook y por recomendar esta traducción a otras lectoras. Gracias también a las lectoras anónimas por darle una oportunidad, pero sobre todo a aquellas que se animaron a salir de las sombras y dejar su huellita con un review. Ante todo, muchas gracias a mi compañera y amiga Erica por acompañarme en otra aventura. Por último, como saben es mi costumbre, les pido por favor que dediquen unos minutos para agradecer a la autora de esta increíble historia. En mi perfil está el link para la historia original, y también estará en mi grupo de Facebook con sus respectivas opciones para review como las siguientes:

1.- Hi Janet! I want to thank you for sharing your amazing talent with us and for allowing the translation of this beautiful story. I hope in the future you keep writing and we can read your work on our language. Greetings from (tu país de origen)

2.- I'm so sad to say goodbye to this story, I really enjoyed it! Thank you for allowing the translation Janet. Greetings from (tu país de origen)

3.- This story certainly made us raise awareness of how this can be our future if we don't do something to save our planet. Thanks for sharing it with us. You're an amazing writer! Greetings from (tu país de origen)

Elijan una opción, copien y peguen, SOLO UNA y sin el número por supuesto. Recuerden que esto que hemos estado haciendo, de dejar reviews para la autora, ha permitido que otras se animen a dar su permiso de traducción, así que por favor, ¡háganlo! Incluso si eres una lectora fantasma y hasta ahora no te has sentido motivada a dejar un review, haz una excepción y hazlo ahora. Gracias de nuevo, y nos seguimos leyendo en mis otras traducciones.