En lo cierto
Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto
Era un viernes nublado de otoño, y aunque la lluvia amenazaba con caer a él no le importaba si el agua lo tomaba por sorpresa en el trayecto a su casa. Tomó las llaves de su auto y se dirigió lo más rápido que pudo hacia su hogar, no sin antes pasar por la comida que había ordenado hacía unos minutos.
Cuando Naruto llegó a su destino no vio luces encendidas, sin embargo eso no le desanimo para bajar del auto a toda prisa. Tras pasar la puerta se percató de la atmósfera hogareña que inundaba su pequeña pero acogedora casa. Hacía cinco años que habían decidido formar una familia y a pesar de los momentos amargos de aquellos días en los que se cuestionaba su destino, podía decir, sin temor a equivocarse, que la decisión había sido la correcta.
Aunque la casa parecía vacía él sabía bien que no lo estaba. Encendió las luces y dejó las bolsas sobre la mesa de la cocina, se aflojó los botones de la camisa y se dirigió hacia el sótano.
Vislumbró una espalda encorvada hacia un escritorio y una cabellera oscura que había crecido con el paso de los meses. Se acercó sigilosamente y rodeó por los hombros a quien tanto amaba.
—Estoy en casa —susurró al oído de su interlocutor mientras depositaba un suave beso en la sien.
—Bienvenido.
—La oficina que adoptamos quedo muy bien, Sasuke.
—Era necesaria —respondió el aludido sin despegar sus ojos del monitor.
Tras graduarse de la universidad como arquitecto, Sasuke había empezado a trabajar en una prestigiosa firma, y en ocasiones tomaba proyectos independientes que desarrollaba en casa, pero la poca capacidad de Naruto para mantener un ambiente sereno y tranquilo fueron objeto de disputas, hasta que acordaron que acondicionarían el sótano como oficina para el primero.
—¡Que va! Eres un exagerado —se defendió el rubio sin romper el abrazo.
—Mis padres me preguntan que si cuando voy a independizarme —el rubio tragó con dificultad. —Les dije que hasta diciembre cuando me den el bono de fin de año.
Naruto acercó una silla al lado de Sasuke y tomó asiento, para después depositar su cabeza sobre el hombro del arquitecto.
—Creo que ya es hora de hablar con tus padres y con los míos de lo nuestro —dijo el rubio mientras acariciaba el brazo de su compañero.
—Nuestras madres lo saben, Minato y mi padre son los que me preocupan —Naruto asintió. —Aunque probablemente Itachi nos pueda ayudar.
El profesor no podía estar más de acuerdo, Itachi se había tomado muy bien la sorpresa de su relación.
—Itachi se dio cuenta de la manera menos delicada.
—Ni que lo digas, me costó ver a mi hermano a la cara durante días.
Ambos chicos sonrieron al recordar la embarazosa escena en la que Itachi los encontró en actividades no muy convencionales para unos compañeros de piso.
—Traje ramen, iré a calentarlo, no te esfuerces mucho.
Sasuke asintió y se estiró un poco sobre la silla.
—Iré a cenar, estoy cansado, esto puedo terminarlo mañana temprano. Si me levanto a las 05:00 a.m. podría tenerlo listo para mediodía.
Al rubio le pareció una idea grandiosa y apoyó la moción. Dio un suave masaje en los hombros del chico frente al monitor y depositó otro corto beso en el hombro.
Mientras tomaban la cena Naruto observaba cómo Sasuke jugueteaba con los fideos, al parecer no tenía mucha hambre, solía pasar cuando estaba largas horas trabajando. Lo había llegado a conocer tan bien como a sí mismo. Al principio había sido difícil, la dinámica de pareja que habían adoptado les hacía sentir algo extraños, pero no pasó mucho tiempo para que se acostumbraran, Naruto a veces sentía que Sasuke era como una extensión de su propio ser.
Y lo amaba, por supuesto que lo amaba demasiado, como nunca creyó poder amar a nadie. Simplemente no se imaginaba sin él, Sasuke era sagrado, intocable e irremplazable.
—¿En qué piensas? —la voz de Sasuke lo sacó de sus pensamientos, al parecer había pasado minutos perdido en ellos.
—Ya van a ser cinco años desde la ultima vez que vi a Hinata.
Si las miradas mataran, Naruto estaba seguro que él habría muerto víctima de la mirada que Sasuke le dirigió.
—Es lógico, después de romper tu compromiso con ella no esperabas que todo siguiera igual ¿O si?
—No, es sólo que a veces me llega la culpa.
—Ella está muy bien, está en Europa, despegó su carrera como chef. Quizás el estar contigo le había impedido crecer.
Naruto se quedó serio, pensó un poco, Sasuke tenía razón.
—Si alguna vez sientes que te detengo, dímelo Sasuke.
—Por favor Naruto, cuando yo quiera hacer algo lo haré sin importar si te parece bien o no. Cada quien es dueño de su vida, ni tú te consagraras a mí ni yo me consagraré a ti.
A Naruto le causaba cierta gracia y ternura escuchar a Sasuke hablar con tanta madurez, en el fondo sabía que esas palabras no eran tan ciertas.
—Vaya, y yo que pensaba darte el anillo de compromiso frente a todos en la cena de Navidad.
Después de escuchar la declaración Sasuke se puso inmediatamente de pie, llevó el plato desechable a la basura e intentó cambiar de tema radicalmente.
—¿Cómo te ha ido en el puesto de director? —preguntó sin dar la cara al rubio. Había tomado unos cubiertos ya limpios y fingía que los lavaba.
De pronto su pareja le rodeó por la espalda y recargo su barbilla en su hombro.
—No me cambies de tema, pequeño bastardo.
Sasuke se giró hasta quedar cara a cara y correspondió el abrazo de Naruto, pero fue más allá descendiendo sus manos hasta tener ambas sujetando los firmes glúteos de su novio.
—Idiota. Está bien, vayamos a la cama —ordenó el moreno.
Se dieron un corto beso y Naruto habló.
—¿No estabas cansado?
—No mucho.
El rubio sonrió malicioso y se tomó unos segundos para verse reflejado en los ojos oscuros de su pareja. No se había equivocado al tomar la decisión de quedarse con él, porque ahora Sasuke era su familia, su hogar, el lugar al que siempre querría regresar.
Y Sasuke era feliz, porque estaba al lado del hombre del que se había enamorado secretamente desde que él era un adolescente de trece años y vio a un Naruto de veinticuatro en casa de sus padres.
No sabían que les depararía el futuro, pero de lo que estaban seguros era de que se amaban inmensamente.
