Aquí el tercer capitulo. Espero que os guste.
Los ojos de Iván no podían estar más abiertos, de todas las personas que pensó en encontrarse ahí, nunca habría imaginado a aquel chico. Un sonrojo leve tiñó su cara, el moreno le sonrió mientras se acercaba a él con gracilidad, se sentó en la cama y le miró con una sonrisa haciendo que el corazón de Iván latiese muy deprisa, nadie, aparte de sus hermanas, le había sonreído nunca.
-¿cómo te sientes?-preguntó amable-¿te duele mucho?
-Bien, gracias….esto…
-Antonio, puedes llamarme Antonio-le dijo con una sonrisa
-Ah, yo soy Iván-dijo sonriéndole también-¿eres tu quien me ha cuidado?
-Claro, no podía dejarte tirado en el suelo con esa pedazo herida,-le obligó a tumbarse- ahora si no te importa voy a cambiarte los vendajes
-Puedo hacerlo yo-se quejó, pues estaba desnudo, a lo que el otro rió.
-No seas idiota, llevo cambiándote las vendas dos días, no voy a ver nada que no haya visto antes.-le dijo tranquilo.
-Espera, ¿llevo dva dien aquí?-preguntó haciendo que el joven le mirase extrañado.
-Eso es lengua del Noreste ¿verdad?-inquirió- ¿eres de allí?
-Da-asintió algo incómodo
-no se si tu incomodidad es por que te estoy viendo desnudo o por que no quieres decirme nada de tus orígenes- le sonrió mientras le cambiaba los vendajes- no te preocupes si es lo segundo no te voy a preguntar, y si es lo primero decirte que sintiéndolo mucho vas a tener que aguantar un poco más así
Iván asintió dócil mientras el moreno le curaba, nadie, jamás había sido tan amable con él, en un momento se fijó en el moreno, tenía buen cuerpo, su piel parecía canela, pero lo que mas le gustaba, aparte de la eterna y cálida sonrisa eran los ojos,
-¿Por qué me ayudas?, podrías haberme dejado morir-preguntó notando como las cálidas manos del moreno le rozaban la piel con delicadeza al vendarle
-Ya te lo he dicho, no podía dejarte ahí tirado, no esta en mi naturaleza.
-Gracias- murmuró cuando Antonio se alejó de él
-No es nada-le sonrió,-por cierto, supongo que no tienes lugar donde quedarte-el rubio agachó la cabeza apenado, recordando que ahora no tenía a nadie, que la única famila que tenía había sido consumida por las llamas.
Antonio observó con pena el rostro del joven, en los dos días que había estado inconsciente le había oído quejarse en sueños, llegando a un punto en que incluso lloraba llamando a unas tal Natalia y Yekaterina, seguramente familiares, los llamaba con tanta pena y tanto dolor que muchas veces se había metido en la cama con el abrazándole y susurrándole cosas bonitas para que estuviese tranquilo.
-La comida estará en cinco minutos-avisó sacando al rubio de su melancolía- tienes ropa de tu talla en el armario, vístete y ven a comer-salio por la puerta del cuarto, pero antes de abandonar del todo la estancia se giró y miro a Iván con esas brillantes esmeraldas que tenía por ojos- por cierto bienvenido a mi casa Iván
Iván vio con sorpresa como aquel amable chico se marchaba de la habitación, no se lo podía creer, tenía un hogar, al menos hasta que el moreno dijese "fuera de mi casa". Sonrió feliz y salió de la cama acercándose a la ventana, miró la luz del sol, tras dos días inconsciente le pareció extremadamente brillante.
-Como la sonrisa de Antonio- pensó sonrojándose en el acto- ¿Por qué narices pienso yo eso?
Sacudió la cabeza para alejar ese pensamiento y se dirigió al armario para ponerse ropa, encontró unas camisetas que le irían bien y unos pantalones, se los puso y bajo con el moreno que le esperaba en una amplia cocina de madera con una mesa llena de cosas que olían que daba gusto.
-Espero que te guste-sonrió- no sabía que hacer así que preparé un poco de todo.
Se sentaron a la mesa y comenzaron a comer, hablando de cuando en cuando conociéndose, haciendo que dentro del corazón del licántropo surgiese algo cálido que no había sentido nunca
Espero que os haya gustado nos vemos
