Aquí el cuarto capitulo, espero que os guste Sam, Ariadonechan y Shasa.
La casa donde Antonio vivía junto a Iván era una casita modesta de dos pisos que el moreno había heredado de su difunto padre, en la planta baja había dos salas una era la cocina con un pequeño fuego, una mesa de madera de roble sobre la cual reposaba un vaso de cuello largo con unas rosas rojas que aun conservaban su rocío y un par de sillas, la otra sala era un pequeño salón con un par se sillones mullidos y un montón de estanterías con diferentes libros.
El piso de arriba tenía dos habitaciones, una cerrada a cal y canto en la que nadie que no tuviese una llave especial no podría entrar, la otra era el dormitorio, el único dormitorio de toda la casa, era un dormitorio amplio con una gran cama de matrimonio, a cuyos pies había un arcón de madera y oxidada cerradura, al lado de esta había un armario de madera con algunas muescas, y era en ese cuarto donde a Iván casi le da un infarto la primera noche, ¿la razón? pues que como solo había una cama ambos debían compartirla, Iván no olvidaría nunca esa noche, Antonio con el pelo mojado y únicamente en calzoncillos se metió en la cama sin decir nada, alejando, eso si, su cuerpo del de Iván, como si este fuese a hacerle algo, y algo si que hizo, no pegar ojo hasta bien entrada la noche, y al día siguiente despertar abrazando al moreno, se separó quizás un poco brusco pues cuando lo hizo Antonio se revolvió un poco y se quejó en sueños.
Desde esa primera noche y ya iba a hacer casi un mes, Iván tenía por costumbre despertarse casi al amanecer, cuando el sol aún no asomaba por las montañas y las estrellas aún no se habían ido, solo para observar dormir al moreno, que aun dormido sonreía, como si estuviese en el mas dulce de los lugares, se había dado cuenta de que Antonio le gustaba, le gustaba de una manera de la que quizás no debería gustarle, pero no podía evitarlo, el mes que había pasado junto a él había sido como siglos de radiante sol y felicidad, todo era perfecto si Antonio estaba con él, solo con su sonrisa y su mirada cariñosa hacía que todo alcanzase la absoluta perfección.
Con delicadeza Iván acarició el rostro de su acompañante que dormía ajeno a la mirada dulce que le dedicaba el dueño de unos hermosos ojos amatista, Antonio se revolvió un poco ante el contacto, ante esto Iván aparto la mano y observo como Antonio abría los ojos.
-Buenos días- saludó medio dormido Antonio con una sonrisa mientras se frotaba los ojos de manera adorable-¿Qué hora es?
-Buenos días-le devolvió la sonrisa- Acaba de amanecer.
Antonio se levanto tras unos minutos de dar vueltas sobre si mismo, una vez fuera de la cama se estiró e indicó a Iván que hiciera lo mismo, hoy debían ir a la ciudadela a vender lo que habían recolectado del huerto que había tras la casa y lo que habían cazado en el bosque, y a comprar algunos alimentos que en el bosque no podían encontrar.
Tras desayunar salieron de la casa Antonio abrigado con su capa roja e Iván con su inseparable bufanda y un abrigo grueso del padre de Antonio. Mientras caminaban a la ciudadela Iván se fijo en que Antonio lucía más feliz de lo habitual.
-Hoy pareces más feliz que de costumbre- comentó Iván como si nada
-Bueno, es que hoy voy a ver a mi hermano, hace un mes que no le veo-dijo ampliando su sonrisa.
Iván se acordó en ese momento de que Antonio tenía un hermano mayor que trabajaba en el pueblo como herrero, según recordaba se llamaba Paulo y al parecer antes de ser herrero había sido teniente general del ejercito suroeste del actual rey, el motivo por el cual había sido expulsado de su puesto no había sido mencionado por Antonio.
Tras una larga caminata en la que casi no hablaron llegaron a una gran muralla de piedra cuyo único punto de acceso era una puerta de metal con dos leones grabados en ellas. Estas murallas rodeaban por completo la cuidad protegiéndola de cualquier invasión. Delante de la puerta había dos figuras, una de ellas sentada en el suelo y otra apoyada en el muro mirando al cielo, cuando se acercaron más Iván pudo distinguir que eran dos mujeres.
-Sam-saludó Antonio alzando la mano- Ariadonechan- amabas mujeres giraron la cabeza para ver al joven que alzaba la mano en señal de saludo- cuanto tiempo.
-Capitán general Antonio-saludaron las dos poniéndose firmes y haciendo un saludo militar.
Iván se fijo en ambas mujeres, la que había estado apoyada en el muro y que respondía al nombre de Sam era una joven de cabellos castaños cortos, ojos marrones verdosos que vestía, a pesar del frío, unos pantalones anchos piratas azul marinos y una camiseta holgada blanca, sobre sus hombros llevaba una capa parecida a la de Antonio, solo que esta era negra y llevaba el escudo real bordado en azul eléctrico en uno de los laterales, a su lado reposaba un enorme mazo de metal que seguro que hacía mucho daño a quien golpease.
La otra chica, Ariadonechan era una joven de cabellos castaños, ojos del mismo color que vestía unos pantalones ajustados azules oscuros, una camisa negra, y unas botas del mismo color-sobre los hombros llevaba una capa igual que la de Sam, a su espalda había atada un par de escopetas mientras que bajo la capa ocultaba un par de pistolas.
-Ya no soy capitán, dejaos de formalismos- rió Antonio aunque en su voz pudo notar un deje de tristeza-así que solo debéis llamarme Antonio-las chicas se miraron como si no supieran que hacer-veo que vais bien armadas, ¿ha pasado algo?
-Son ordenes de la jefa-apuntó Sam- el rey va a volver al castillo y el germano ha ordenado que se refuerce la seguridad, así que a la jefa le ha tocado dar esa orden.
-Pero no es solo por eso-apuntó Ariadonechan- últimamente ha habido algo rondando el pueblo, y ya van tres muertos-sonrió triste.-hay que tener cuidado.
-¿y tenéis alguna idea de que puede ser?-inquirió el de ojos esmeralda
-Todos creen que son los lobos que han bajado de las montañas-suspiró Sam- o al menos es lo que parece por la forma en la que han aparecido los cadáveres, casi devorados, costo un montón reconocerlos.
-¿y donde esta Whisper?-preguntó Antonio mirando a ambos lados-¿no debería estar aquí?
-Ha salido a inspeccionar el terreno junto a la alférez Shasa-informó Ariadonechan con una sonrisa-pero si te das la vuelta la veras por que ya vienen
Ambos se giraron para ver como otras dos mujeres se acercaban, la que parecía la mayor vestía unas botas negras, junto a unos pantalones del mismo color y una camiseta morado oscuro, sobre esto llevaba un abrigo largo de cuero negro en cuello brazo había colgado un brazalete rojo con el escudo real, sus cabellos castaños estaban recogidos en una coleta alta y sus ojos castaños se posaron en Antonio mostrando una gran sorpresa, enfundado en una funda de piel llevaba un machete bastante afilado. La otra era una joven de cabellos castaños largos con mechas rubias, ojos castaños avellana, vestía un uniforme militar marrón oscuro, sobre sus hombros también llevaba una capa como Sam y Ariadonechan, Iván pudo distinguir unos brillos plateados dentro de los bolsillos del uniforme, a su espalda ocultos bajo la capa la joven llevaba dos dagas bien afiladas.
-Antonio-murmuraron ambas al llegar a la altura de los otros.
-Hola chicas- de pronto fue abrazado por la joven de cabellos rubios que le miraba sonriente y llena de cariño- hola Shasa- cuando se quiso dar cuenta Ariadonechan y Sam también le estaban abrazando.
-Que alegría capi-dijo la de las mechas- hacía mucho que no venías a vernos.
-Pero esa alegría no quita que las tres seáis soldados y debáis guardar la compostura- apunto divertida la única que no se había unido al abrazo.
-Oh vamos jefa- se quejó Sam- seguro que tu también estas deseando abrazar a Antonio-la chica tosió y de pronto también salto sobre el moreno dándole un abrazo- ya decía yo.
Fue entonces cuando las cuatro chicas notaron un aura oscura y asesina que se cernía sobre ellas, buscando el origen se encontraron con Iván que sonreía de una manera tan tierna como aterradora.
-¿y tu eres?-preguntó Sam acercándose un poco al rubio.
-Iván Braginski-saludó el rubio deteniendo su aura al ver que las cuatro se habían separado ya de Antonio, que se sentía un poco culpable por haber ignorado a su nuevo amigo e inquilino.
-Nunca te he visto por el pueblo-apuntó Whisper mirándole desconfiada
-Eso es por que no soy de aquí-explicó- soy de Rus de Kiev
-¿Rus de Kiev?-Shasa miro a Ariadonechan- eso esta muy al este de aquí.
-Ya veo, eres un eslavo- expresó Sam.
El país de Rus de Kiev estaba muy al este, pasado el imperio Germánico, no se sabía mucho de la gente de esa región a la que solían llamar el desierto de hielo, este dato solo logro que las cuatro chicas mirasen con más desconfianza al extranjero.
-Nací en Rus de Kiev, pero cuando era pequeño mi familia y yo nos mudamos a un pueblo al norte de aquí-explicó dándose cuenta de que había metido un poco la pata.
Antonio miro a las chicas, estaba claro que no se fiaban mucho del rubio, suspiro cansado, en épocas de peligro todos tendían a desconfiar, pero al parecer que Iván fuese acompañado por él había calmado un poco a las muchachas.
-Bueno, nosotros entramos al pueblo, no te preocupes Whisper, yo respondo de él ¿vale?-la sonrió ganándose una mirada de "como haga algo la culpa será tuya"-
Antonio se despidió de las chicas y tomo a Iván de la mano sonrojándole en el acto para emprender una pequeña carrera al interior de la ciudadela, dejando a las cuatro mirando a la pareja alejarse.
-Jefa quite esa mirada matadora haga el favor- se quejó Sam volviendo a su posición anterior- que ya se han ido, además ese extranjero no parece malo.
-Es muy lindo- opinó Ariadonechan – sus ojos parecen dos amatistas
-Pero hay algo que no me ha gustado- opino Shasa- ¿tu que dices jefa?
-Antonio parece feliz-dijo con una sonrisa amable- parece que ese tipo le hace feliz-sus compañeras asintieron solemnemente- pero eso no quita que no vallamos a vigilarlo como a los demás. ¿Entendido?
-Si, jefa-sonrieron las otras tres.
-¿me pregunto si Antonio se habrá dado cuenta de que esta cogido de la mano de Iván?-pensó Ariadonechan mirando a la pareja que aún no se había soltado.
Espero que os haya gustado, me ha costado lo mío, en el próximo capitulo aparecerá Paulo. No vemos
