Aquí os dejo este capitulito al final del cual plateare una pregunta que ustedes habrán de responder ¿vale?.

Bueno espero que os guste, un besazo.

Este capitulo también va dedicado a mi querida Katy, a ver si deja de darme por culo en clase con que saque a Portugal de una vez.

La ciudadela por la que paseaban Iván y Antonio era bastante grande, estaba dividida de Norte a sur y de Este a oeste por dos calles siguiendo el modelo de las ciudades romanas, donde las calles se cruzaban, justo en el centro del pueblo había una fuente de agua fresca con la imagen de la Virgen María, la estatua hecha de piedra bien tallada y pulida, parecía observar a los viajeros dándoles su bendición.

Las casas eran de piedra y madera, en varias había algunos escaparates, donde se exhibían ropajes, relojes y diversos artículos, una de ellas, la mas grande era una taberna, al parecer regentada por el hermano de uno de los amigos de Paulo. AL final de la calle principal hacia el norte había un castillo de piedra, con banderas rojas y púrpuras en lo alto de las torres, en ese castillo era donde residía el rey todo el año salvo en invierno que viajaba al sur junto a sus nietos. Normalmente la ciudadela solía estar tranquila, pero en aquellos momentos los puestos del mercado inundaban las calles principales de Norte a Sur.

AL llegar a la estatua de la virgen, desde la cual tenían que tomar la calle oeste para llegar a la tienda de Paulo, Iván se fijo en los ojos de la virgen que brillaban de una manera peculiar, eran azules, pero de un azul zafiro, tan profundo que llego a cautivarle un poco.

-son zafiros auténticos-dijo Antonio deteniéndose un poco- mi padre le pidió al escultor que los pusiese-sonrió algo triste- madre decía que esta estatua vela por nosotros y nos protege de todo mal.-respiro profundamente- basta de sentimentalismos, venga vámonos, la tienda de Pau no esta lejos.

Tras andar un poco más hacia el oeste llegaron a una pequeña casa con un gran escaparate donde había varios escudos, mazas y armaduras de aspecto bastante sólido, en la puerta había tallado un escudo con un gallo en el centro. Entraron en la tienda del hermano mayor de Antonio mientras una pequeña campanilla anunciaba la entrada, la tienda de Paulo estaba muy bien organizada, en la pared de la derecha había espadas, lanzas algunas hachas y machetes, estoques todos organizados en unas estanterías, también había dagas sobre un mostrador, en la pared sur estaban los escudos y las armaduras y al norte el mostrado desde el cual Paulo solía atender a la clientela, tras este había varias pistolas de diferentes tipos con sus cajetillas de balas, había también una cortina verde y roja que ocultaba una puerta por la cual se accedía al piso de arriba donde Paulo vivía con su pareja.

-Ya bajo-se escucho la voz de Paulo- no robéis nada u os apuñalaré- Antonio bufó divertido, la amenaza de su hermano nunca había sido llevada a cabo por dos razones.

1. Paulo era un buenazo al que no le gustaban mucho las peleas

2. No había huevos a robarle, Paulo era un lanzador de dagas excepcional, tenía la mejor puntería del mundo, siendo capaza de alcanzar a un conejo a veinte metros de distancia y en movimiento.

-No voy a robar a mi propio hermano-dijo Antonio con una sonrisa en los labios al joven que apareció tras la cortina.- hola Pau.

-Antonio-sonrió el mayor y se fijo en el hombre alto que acompañaba a su hermano- ¿y tú eres?

-Me llamo Iván-dijo el eslavo agachando la cabeza a modo de saludo- soy amigo de Antonio

-ah ya veo-sonrió- ¿entonces por eso vais cogidos de la mano?

Fue entonces cuando Antonio se dio cuenta de que aún tenía la mano de Iván tomando la suya, se sonrojó tanto que su cara hacía juego con su capa, soltó la mano del eslavo rápidamente y apartando la mirada, ¿Cómo es que no se había dado cuenta antes?. Iván por su parte tubo que contener un bufido molesto, con lo a gusto que estaba él con la mano morena entrelazada con la suya. El mayor de los hermanos se dio cuenta de la decepción en los ojos del eslavo y se permitió reír un poco con suavidad, fue cuando escucho la risa que Iván se fijó en Paulo de verdad por primera vez, el joven era casi de la misma estatura que Antonio, puede que unos centímetros más bajito, tenia los cabellos castaños algo mas oscuros que los de Antonio y los ojos igual de verdes, una cicatriz le cruzaba el ojo izquierdo, vestía una camisa blanca y unos pantalones negros atados con un cinturón de cuero del que pendían varias dagas.

-Anda ven aquí y dale un abrazo a tu hermano mayor- extendió los brazos para que Antonio le abrazase cosa que no tardó en hacer- me alegro de verte hermano.

-Lo mismo digo-dijo Antonio aspirando el aroma de su hermano mayor, guardándolo en su memoria.

-déjame verte-le separó un poco- has vuelto a crecer, ya eres más alto que yo-rió.

Desde lejos, ajeno a esta alegría Iván observaba la escena con algo de envidia, Paulo le recordaba a su hermana Yekaterina, siempre preocupada por él, dándole abrazos que le asfixiaban, pero que ahora tanto extrañaba.

-¿Queréis subir a tomar un café?-inquirió Paulo mirando su hermano- acabo de hacer.

-Claro-sonrió Antonio que miró a Iván, se le encogió el corazón un poco al ver a su amigo con aquella mirada tan triste- ¿Iván pasa algo?

-¿ah? Nyet (no)- negó volviendo a sonreír- no te preocupes, estoy bien.

Antonio le miró no muy convencido, ya le preguntaría luego, siguieron a Paulo hasta la planta de arriba donde solo había una pequeña cocina, un pequeño salón y una habitación algo más grande con una cama de matrimonio donde dormían Paulo y su pareja.

-¿no esta Vincent?-inquirió Antonio quitándose la capa y dejándola en el respaldo de una silla.

-No, ha salido a ver a Emma que necesitaba ayuda con no se que historia-sonrió mientras servía café en tres tazas- estoy contento de verte, ojalá pudiéramos vernos más a menudo-suspiró mientras se sentaba en frente de la pareja.

-A mi también me gustaría, pero ya sabes que yo no puedo entrar al pueblo nada mas que una vez al mes-Antonio tomó un sorbo de su café.- y tu no puedes dejar la tienda o salir por la noche al bosque, Shasa te mataría si lo intentases.

-Estúpido rey- dijo Paulo con la voz cargada de rabia- mira que expulsarte del pueblo.

-Prefiero esto a estar muerto o a haber aceptado su petición- Antonio sonrió de manera forzada, en su voz había un deje de tristeza que Iván captó muy bien- así aunque solo sea una vez al mes puedo verte y pasar un rato contigo.

-La verdad es que así mejor-suspiró Paulo-prefiero verte una vez al mes que tener que ir a visitar tu tumba todos los días.

-¿sabes si están Gilbert o Francis?-preguntó Antonio dejando su taza en la mesa- me gustaría verlos antes de irme

-No, partieron hace una semana a recoger al rey, ¿sabías que volvía?

-Algo había oído-suspiró- creo que no saldré de casa en algún tiempo.

-¿y eso?-inquirió Iván que había estado escuchando la conversación, dándose cuenta de que el rey no caía bien a ninguno de los hermanos.

-No es que me apetezca mucho encontrarme con el rey-sonrió Antonio- como ya imaginarás no me causa simpatía.

-Después de lo que te hizo no me extraña, si ya le odiábamos antes por lo que pasó, con eso que te hizo…-Paulo paró al ver la cara del menor, se había ido un poco de la lengua.

-Antonio, ¿Qué te hizo el rey?- tras la pregunta de Iván se formo un incómodo silencio, la mirada esmeraldina de Antonio se volvió triste, como si lo que hubiese pasado hubiese sido una experiencia muy negativa para él-¿Antonio?- no hubo respuesta, la mirada de Antonio estaba perdida en algún punto de la habitación como si estuviese recordando algo muy doloroso. Paulo suspiró

-No es algo agradable de contar-dijo Paulo cruzándose de brazos- digamos que el rey hizo le hizo algo a Antonio que le ha dejado marcado.

-¿tiene que ver eso con que te echasen del ejército?-inquirió el rubio, Paulo asintió

-Tras lo que pasó con Antonio yo me enfrenté al rey, este enfrentamiento fue bastante fuerte, y si no fuera por que el rey me tenía algo de aprecio me habrían matado,-suspiró- en lugar de mandarme a la hoguera me destituyó.

Iván miró sorprendido a Paulo, había tenido mucha suerte, aún así quería saber que le había pasado a su amigo, iba a preguntar pero una mirada de Paulo bastó para que no lo hiciese, quizás si preguntaba hundiese más al menor de los hermanos.

-Bueno Iván es hora de irse-dijo Antonio volviendo a la realidad con una sonrisa, aunque en sus ojos quedaban rastros de tristeza- tenemos que ir al mercado, vender las cosas y comprar lo que necesitamos.

SE despidieron de Paulo que les acompañó a la salida.

-Cuídate mucho Toño- de pidió Pabilo abrazándole con fuerza- ten mucho cuidado por favor, las cosas en el bosque andan raras.

-No te preocupes, lo tendré

Cuando ya iban a irse Iván fue tomado por la bufanda por el mayor que le hizo agacharse para susurrarle algo.

-Cuida de él por favor-le pidió- se que te gusta por eso te lo pido.-Iván se puso rojo.

-¿cómo..?

-¿Cómo lo se?-rió un poco- es obvio por como le miras-sonrió cálido- por eso te pido que le cuides, gracias a ti puede que lo supere.

-¿superar el que?-el de ojos violetas le miró sin comprender.

-¡Iván vamos!-gritó Antonio agitando la mano desde el fondo de la calle-¡venga lentorro!

-¡ya voy!-gritó el eslavo, miró a Paulo y sonrió de manera tranquilizadora- no te preocupes, daría mi vida por él- dijo antes de salir corriendo hasta el chico de rojo que le esperaba con una sonrisa.

Antes de volver a entrar a su tienda Paulo observó con una sonrisa tierna como su hermano se alejaba con el eslavo sonriendo de una forma que hacía mucho tiempo no veía en su rostro. Suspiró feliz, quizás Iván era el milagro por el que había estado rogando a la virgen de la plaza.

Bueno aquí termina el capitulo, en el próximo capítulo aparece el rey. Esta es la pregunta: .

¿Que "país" les gusta más: el principado de Mónaco o la república de San Marino?

Es urgente la respuesta