Hola peña, aquí dejando este capitulo, por el que doy gracias a la luz de mi oscura vida filosófica por sacarme de mi ralladura de cabeza.

Gracias Shasa

Espero que os guste.

Antonio e Iván caminaban por el mercado repleto de personas, parecía como si todo el pueblo se hubiese congregado para comprar las cosas, mujeres que parloteaban entre ellas sobre el cotilleo del día, que según Iván pudo escuchar se trataba de que la hija del panadero estaba esperando un hijo del pescadero, también había hombres que gritaban sus mercancías diciendo cosas como "malacatone señoras tengo malacatone ricos y frescos resien sacados del arbol" o "hay que me lo quitan de las manos". En aquel lugar se mezclaban, gentes, voces, sabores y olores, algunos mas agradables que otros, pero que todo en conjunto ocasionaba que Iván, debido a que su condición de licántropo le hacia tener los sentidos mas sensibles, tuviese un dolor de cabeza tan grande como su país de origen.

-¿estas bien?-le pregunto Antonio al ver la cara de sufrimiento de Iván-¿te encuentras mal?

-Me duele un poco la cabeza-dijo sonriendo un poco

-Entonces ¿Por qué no me esperas en la fuente?, allí no hay tanta gente-le sonrió – yo iré cuando termine de comprar ¿vale?

Iván asintió y se fue de allí hasta la fuente, donde un grupo de niños escuchaban a un hombre que parecía menor que él, de cabellos plateados recogidos en una coleta y ojos azules y al que una cicatriz le atravesaba la cara, que estaba contando un cuento ayudado de unos títeres.

-cierta noche una muñeca de ojos de vidrio se puso a cantar-comenzó el titiritero moviendo un títere de una hermosa muñeca bailarina que se acercaba a una muñeca de cabellos dorados- hey ¿que te parece si te llevo a un lugar maravilloso?,-el titiritero comenzó a mover a la joven de cabellos dorados- persiguiendo a un conejo blanco se cayo por un profundo agujero, mira ya no podrá regresar

Iván observo con gracia la cara de los niños que miraban como la pobre muñeca desaparecía del escenario, una niña pequeña miraba enfadada al titiritero, no le había gustado esa parte.

Cuando Antonio llego la historia del titiritero estaba llegando casi al final, desde lejos observó a Iván que poco a poco se había ido interesando por la historia de la pobre muñeca rubia, no pudo evitar sonreír al ver la cara de niño que Iván ponía escuchando la historia, parecía uno más, hacia muecas raras cuando lo que pasaba no le gustaba y sonriera ampliamente cuando le gustaba aquello.

-Tiene una linda sonrisa y sus ojos brillan cuando sonríe de verdad-pensó Antonio sonrojándose en el acto por haber pensado eso, sacudió la cabeza, él no podía haber pensado eso del eslavo ¿verdad?

Un niño pequeño cruzó corriendo el mercado gritando, la gente se quedaba en silencio al escuchar el grito del niño, quietos, como si no supiesen que hacer, pero ninguno estaba tan estático como Antonio.

-Que viene el rey-gritaba el niño- el rey ya esta aquí

En menos de unos minutos la gente se había colocado a ambos lados de la calle, muchas madres habían cogido a sus hijos y los habían puesto con ellas, el titiritero empezó a recoger ante la extrañada mirada del rubio que no sabía por que el hombre no terminaba la historia.

-Ha vuelto, el rey ha vuelto-dijeron varias personas que parecían felices ante la perspectiva de que el monarca regresase, varias personas mas también parecieron alegrarse, incluso varios niños, todos alegraban al buen rey, toso salvo uno, cierto chico que había tratado de meterse dentro de una tienda, pero que la masa de gente que salía a recibir a su rey no le había dejado cumplir su cometido.

-¿Antonio?-le llamo Iván acercándose a él-¿Qué te pasa?

-Nada-dijo secamente tratando de huir entre la multitud, que ante el sonido de los cascos de los caballos de la guardia real seguía saliendo de cualquier local-joder.

Viendo que no podía entrar a ningún lugar se puso la capucha y agachó la mirada, Iván no le comprendía ¿acaso no quería ver al rey como todos los demás?

Llegaron en primer lugar los guardias reales dirigidos por dos jóvenes, uno albino, de cabellos grises y mirada rojiza que llevaba un pollito en la cabeza y un brazalete rojo con el símbolo real bordado en él, era el capitán general de la guardia germana Gilbert Weilchmith, príncipe heredero de Germania, a su lado un joven que bien podría ser una muchacha, un joven de cabellos rubios y ojos azul cielo que al igual que Gilbert llevaba un brazalete rojo con el símbolo real, su nombre era Francis Bonefoy, conde de Galia y capitán general del ejercito galo, ambos mirando al frente, el primero con superioridad y el segundo guiñándole el ojo a cualquier chica bonita. Tras ellos venia varios soldados y tras estos venían el rey y su amigo el rey de Germania, el segundo era un hombre pálido de caballo rubio muy largo y fríos ojos azules, su cara parecía no mostrar ningún sentimiento, a su lado el rey recibía los halagos de todos los allí presentes, el rey era un hombre alto, de cabellos castaños chocolate de los que sobresalía un rulo, ojos ambarinos y sonrisa tonta, era la primera vez que Iván le veía y no pudo evitar preguntarse ¿Cómo un hombre así había llegado a rey?.

Antonio por su parte mantenía la vista fija en el suelo, acercándose poco a poco a Iván para ocultarse tras este, no quería ver al rey, no quería que el rey le viera, pero la cosa no salió como él deseó, antes de que pudiera ocultarse el rey detuvo su caballo ante él y bajó de este con gran habilidad.

-Antonio, ¿no piensas saludarme?-el joven de ojos jade trato de ignorarle- vamos Antonio no seas mal educado, quítate la capucha quiero verte bien-a regañadientes alzó la cabeza pero no se quitó la capucha de eso ya se encargó el rey- como siempre tus ojos brillan con luz propia-la mano del monarca se deslizó por el cuello del ex-capitán que tembló un poco y aguanto un suspiro, aquella parte era muy sensible para él- y tu piel sigue tan suave como siempre.

Los ojos de Antonio tenían una mezcla de odio y temor mal medida, su corazón estaba latiendo muy rápido, odiaba a ese hombre pero no podía hacerle nada, antes de tocarle estaría muerto y el rey lo sabía muy bien, por eso se aprovechaba, pero con lo que no contó el rey fue con un aura maligna que alejó a media multitud ni con una mano grande y fría que le agarro la muñeca con fuerza. Los ojos ambarinos se encontraron con unos violetas que le miraban con odio, tubo miedo, pero no lo demostró.

-déjele en paz-ordenó Iván con esa sonrisa tan suya y que no presagiaba nada bueno.

EL rey se zafó del agarré, y miró muy mal a Iván.

-Parece que tengo que irme-cogió a Antonio de la barbilla- pero nos veremos muy pronto Antonio, nos veremos muy pronto- y dicho esto le besó en los labios de manera lujuriosa.

Tras el beso Iván maldijo mil veces al rey, pero algo le hizo dejar de hacerlo, Antonio cayó al suelo cual saco de patatas a su lado.

Quizás por la preocupación que le causo este hecho Iván no se dio cuenta que acompañando al rey había un hombre encapuchado que sonrió de manera lobuna la verlo.

-Te pille cachorro-

Fin de este capitulo, lamento la tardanza