Hola lamento el retraso. Espero que podáis perdonarme.

Aquí la continuación.

El cortejo fúnebre pasaba por la calle principal de la ciudadela, muchas mujeres tiraban flores desde los balcones en señal de apoyo, algunos pétalos de las blancas flores se quedaban sobre el ataúd de madera en el cual descansaban los restos de Michael Bonnefoy. LA caja que ahora contenía el maltrecho cuerpo, devorado por aquel licántropo era llevada por su hermano Francis, Antonio, el capitán Gilbert y Paulo, ninguno decía nada, cada uno sumido en sus pensamientos.

Mientras el cortejo caminaba hacia la iglesia del bosque, desde la ventana del castillo la joven princesa observaba con lágrimas en los ojos aquel triste desfile que se llevaba para siempre a su amado. Unos brazos la rodearon, sue hermano mayor, Lovino la estaba abrazando con fuerza.

-No llores hermana-le dijo mientras el acariciaba los cabellos- no debes llorar por un plebeyo.

-pero es que le amaba-dijo abrazándose al pecho de su hermano-le amaba

-pues tendras que olvidarle, jamás volverá, además solo era un plebeyo-suspiró-es mejor así.

La princesa Marina se separó de su hermano como si este quemase y le miró dolida, se marchó de la habitación tras soltar una pequeña daga verbal.

-desde que Antonio ya no vive aquí te has vuelto muy insoportable- fue lo que le dijo antes de cerrar la puerta del cuarto, dejando al príncipe heredero sin saber que hacer.

Mientras, el cortejo fúnebre hábia llegado al cementerio de la iglesia, posaron el ataúd en el suelo, al lado del agujero que se le tragaría, entonces dio comienzo el funeral.

Antonio escuchaba atentamente las palabras del cura mientras, junto a Gilbert, abrazaba a su amigo Francis, que inútilmente trataba de contener las lágrimas, acababa de perder a la única familia que le quedaba, su pequeño hermano Michael yacía muerto a manos de una bestia.

Rezaron por el alma del difunto y bajaron el ataúd al agujero que fue cubierto por flores blancas tiradas por los allí presentes.

-Me preguntó porqué la gente da flores cortadas a los muertos- se preguntó el excapitán mientras echaba una rosa blanca a la tumba.

-Señor Bonnefoy-avisó el cura al rubio para que terminase el ritual.

Francis asintió, se agachó y tomó entre su mano derecha un puñado de tierra, miró por última vez el ataúd ahroa cubierto de blanco y arrojó la tierra. Los sepultureros comenzaron a enterrar el cuerpo mientras el grupo se dirigía a la taberna de Scott Kirkland, el hermano menor de uno de los capitanes, que por diversos asuntos no se encontraba en la ciudad.

-Vamos Francis-trató de animar Scott Kirkland, un pelirrojo de grandes cejas y ojos verdes sirviéndole una copa de vino- anímate, seguro que tu hermano no querría verte así.

-Quiero encontrar a esa bestia-dijo el galo mirando su copa de vino- quiero encontrarla y matarla.

-Fue culpa mía, esos guardias que puse eran novatos- dijo Whisper que estaba sentada con Shasa, Sam y Ariadonechan-si los hubiese elegido mejor.

-Entonces también fue culpa nuestra-suspiro Sam- a los vigilantes los elegimos entre las cuatro.

-Lo sentimos capitán-dijo apenada Ariadonechan, mas el rubio negó.

-No es culpa vuestra, Michael era un trasto-rio un poco mirando a las chicas que le sonrieron de manera quedada.

AL cabo de un rato el grupo estaba riendo recordando cosas del difunto. Paulo tomó un trago de su bebida para luego mirar a su hermano que se había mantenido algo apartado, suspiró y se acercó a él.

-¿se puede saber qué te pasa hermano?-preguntó sentándose a su lado.

-si hubiese llegado antes podría haber salvado a Michael-dijo culpable- si hubiera llegado antes

-Al menos llegaste- le cortó el mayor- si no lo hubieses hecho ahora mismo serían dos los muertos, gracias a ti la princesa está viva-suspiró y entonces se dio cuenta de que faltaba alguien- oye, ¿y el chico que vino contigo el otro día, ese tal Iván, dónde está?

-Se ha ido-su mirada se volvió triste- se marchó ayer en la noche- el mayor acarició el rostro del menor, pues aunque su querido hermano menor se mostrase indiferente con ese tema, él le conocía lo suficiente como para saber que estaba muy preocupado.

-seguro que esta bien-dijo levantándose-además seguro que volverá

-¿y como lo sabes?-inquirió confuso

-Por que hay algo que le liga a ti

Antonio se sonrojó un poco, no tubo tiempo de disimularlo pues unos achispados Gilbert y Francis les agarraron cada uno de un brazo para que cantase y bailase con ellos, accedió y esto ocasionó que la mayoría acabase en el suelo producto de la risa, por el show que montaron.

La luna estaba alta cuando Antonio llegó a su casa con un poco de borrachera, cerró la puerta de su casa asegurándola con unos tablones y subió a su cuarto, dejó su preciada hacha a un lado y se quito la ropa para luego tumbarse en la cama, desde que el eslvao se había ido aquella cama le parecía enorme. Se tapó hasta la barrbilla con la sábana blanca, acordándose de lo que Paulo haía dicho.

-Solo espero que estes bien y vuelvas pronto-pensó antes de quedarse dormido, sin darse cuenta de que una figura encapuchada le había seguido y ahora estaba parado ante la puerta de su casa mirando la ventana abierta.

-Te encontré cachorro-sonrió