Hola! Aquí vengo con el segundo tema de la OkiKaguWeek~
Día 2: Boda.
Espero que les guste!
Disclaimer: Los personajes no son míos, le pertenecen a Hideaki Sorachi, autor de Gintama.
Desde los cerezos.
Observarlos y velar por ellos ya era cosa de todos los días en aquel lugar lleno de árboles de cerezo que se mantenían siempre en flor y un pasto tan verde y aromático que cautivaba a cualquiera.
Los habían visto crecer y convertirse en las hermosas personas que eran ahora. Personas fuertes y decididas, también divertidas y a veces un tanto infantiles.
Y es que, la noticia de que ellos dos se iban a casar no les sorprendía para nada, de hecho, las ponía felices y dichosas de tener a esos familiares que planeaban comenzar finalmente una bella vida juntos.
Ellas lo sabían, a veces eran como el agua y el aceite, como perros y gatos, pero también sabían que en momentos de peligro o necesidad, podían trabajar juntos de la manera más sublime posible y hacían un equipo que pocos podían formar, porque de alguna forma ellos se entendían.
Sí, Sougo y Kagura se entendían a la perfección. Kouka y Mitsuba lo habían notado.
— Kouka-san, nunca pude conocer a Kagura-chan en persona, ¿sabe? – le decía con la sonrisa cálida que siempre la caracterizaba – pero ahora que la veo siempre con Sou-chan, pienso que crio muy bien a su hija. Es tan alegre que contagia mucho a mi pequeño hermanito con su felicidad. Es lo que Sou-chan necesita. Las únicas veces en las que bajaba la guardia era conmigo, pero veo que con ella no es diferente.
Kouka la había observado con total sonrisa tranquila a la vez que tomaba una bocanada de su kiseru. Comprendía lo importante que era Kagura para Sougo y como haberla conocido había cambiado su vida.
— Nunca pensé que mi Kagura se terminara enamorando de tu hermano, Mitsuba-chan. Al parecer a las mujeres nos gustan los patanes.
— Jo… No sea cruel, Kouka-san – le había dicho mientras se reía ante tales palabras – aunque creo que es mi culpa por haberlo criado tan consentido.
— Eso me agrada, de cierta forma… Ellos dos se complementan. Nunca tuve la oportunidad de consentir bien a Kamui o a Kagura, estaba a enferma y ellos solo estaban pendientes de mi salud o de la ausencia de su padre. Me alegra que Kagura haya encontrado a alguien con quien divertirse y escapar del mundo que le rodea.
Mitsuba la mirada pensativa y con una cálida sonrisa.
Ella también estaba feliz de que Sougo conociera a alguien que lo distrajera del mundo que lo rodeaba.
— Siempre pensé que querrían una boda simple al estilo japonés, pero al parecer son bastante extrovertidos – decía la mayor de cabellos bermellón mientras observaba cómo su pequeña niña, quién ya era toda una mujer, vestía un hermoso vestido de novia, con detalles en rosa y tan ancho como el de una princesa mientras que su novio llevaba puesto un smoking blanco y se había peinado de forma sumamente elegante.
— Sou-chan está nervioso. Se ve muy lindo – estaba feliz. Quizás los demás no lo notaran, pero ella sabía cuándo su hermano estaba ansioso y feliz. – Kouka-san, ¿deberíamos enviarles un regalo?
— ¿Un regalo? – preguntó extrañada la mayor con tal pregunta. – ¿Cómo lo haríamos para que llegase?
Mitsuba le sonrió divertida. Ya sabía cómo hacer el regalo perfecto para su pequeño hermano y su ahora cuñada.
Se acercó a Kouka, le dijo al oído unas cuantas cosas y la mayor asintió alegre.
De seguro ese regalo les iba a gustar.
OoO
¿Quién se hubiera imaginado que el gran Umibozou estaría llorando a moco tendido mientras veía como su pequeña niña salía de la iglesia alegremente tomada del brazo del policía de cabellos castaños? Sin lugar a dudas, era el que más lloriqueaba, junto con Gintoki claro está.
— China, controla a esos padres que tienes. – le decía Sougo por lo bajo mientras seguía caminando por el sendero que los invitados le habían dejado hasta el carruaje de bodas.
— Déjalos así, Sádico. Es gracioso verlos llorar. – le había sonreído alegremente mientras seguía tomada de su brazo.
Fue entonces, que en unos instantes, los gritos de felicidad de la muchedumbre fueron acallados por una suave brisa primaveral, brisa que había sido acompañada de pequeños pétalos de cerezo que adornaron la senda por donde pasaba la feliz pareja y se depositaron algunos de ellos con gracia sobre los hermosos trajes blancos que los novios llevaban puestos.
— China… No, Kagura. Se ve muy lindo ese pétalo en tu vestido. – le había dicho a la vez que la miraba con dulzura, como si aquella brisa hubiera apaciguado todo su característico sadismo o sus ganas de burlarse de ella.
— Tú también tienes uno. – le dijo para retirar ese rosado pétalo de la blanca solapa del ojicarmín y depositar un tierno beso en este para luego entregárselo a él. – Es un lindo regalo, Sougo.
— Ellas siempre tendrán los mejores regalos para nosotros. – le decía mientras le sonreía y le tocaba suavemente la mejilla a la vez que ella le correspondía con dulzura y acariciaba su mano.
Se acercó lentamente a sus labios y plantó en ellos un tierno beso que significaría el comienzo de una vida juntos.
Se separaron mirándose a los ojos mientras sonreían para luego observar aquel cielo azulado que se presentaba inmenso ante ellos.
— Gracias. – dijeron al unísono sabiendo de dónde venían los pétalos y el significado que les habían dado.
Y mientras sonreían, seguían caminando por el sendero de cerezos para llegar por fin a su carruaje de "Recién casados".
"Los amamos, Sougo y Kagura.
Con cariño, Kouka y Mitsuba".
