Hey~ ¿qué tal, bellezas?
Aquí les traigo el quinto fic de la OkiKaguWeek con la temática de Reencarnación. Espero que les guste.
Advertencias: Puede contener OoC.
Disclaimer: Los personajes le pertenecen a Sorachi Hideaki... Ahora te nos fuiste a la Ginga, Gorila. Puede que tengamos un cap cada tres meses, pero sé que le harás un buen final al manga. Mis respetos, Sorachi-sensei.
Mariposas.
Las canas ya se hacían presentes en sus cabellos
Sus arrugas adornaban sus ojos y sus voces sonaban cansadas mientras entrelazaban sus manos en aquella cama de sábanas blancas donde yacían recostados con suma expresión de serenidad, demostrando que sus vidas habían sido prósperas y llenas de las mejores cosas que pudieron haber tenido.
Sus dos hijos ya se habían casado y habían formado su propia familia. Tanto Kanna como Souji les habían dado unos hermosos nietos y un montón de felicidades.
Kanna era la dueña de una importante empresa y se había casado con el hijo de Gintoki y Tsukuyo, mientras que Souji aspiraba a ser el nuevo jefe de la policía de Edo y mantenía una relación con la hija de Shinpachi y Soyo. Habían criado a unos hijos excepcionales.
Se miraron un rato a los ojos, ella perdiéndose en esos carmines que siempre la habían enamorado y él hundiéndose en la profundidad de esos azules como el mar mismo.
— Sádico. – le había dicho con una voz rasposa mientras le sonreía cálidamente. – Lo hicimos bien, ¿no? Nuestra vida-aru
— Nunca hubiera podido desear algo mejor, China. Aunque sigues teniendo ese acento a pesar de los años. Nunca se te pudo quitar. Al igual que ese extraño gusto por el sukonbu. – reía tranquilo mientras que una de sus manos comenzaba a acariciar el arrugado rostro de Kagura.
Ella solo atinó a sonreír. Ya no había fuerzas para discutir, los dos estaban en sus últimos momentos. Cerró sus ojos y abrió sus labios lentamente.
— Estoy tan cansada, Sougo… Cuando despierte, ¿nos volveremos a encontrar para hacer las mismas travesuras que hacíamos cuando jóvenes-aru? – le decía aún con los ojos cerrados mientras acariciaba la mano que Sougo tenía en su mejilla.
— Duerme… yo también lo haré. Y no te preocupes, Kagura. Nos volveremos a encontrar, es una promesa.
Los dos mantenían en sus rostros una sonrisa.
Okita cerró sus ojos mientras daba su último suspiro al igual que ella y se sumieron en un descanso eterno para no volver a despertar.
Las vueltas que la vida da son extrañas y singulares.
Bien lo descubrieron cuando luego de muchos años, sentían sus cuerpos livianos y se aproximaban para salir de un lugar estrecho y apretado.
Lo primero que pudieron ver era el cielo azul adornado de nubes blancas y acompañado de una brisa primaveral que acariciaba sus pequeñas caritas.
Los capullos se abrían despacio y al fin pudieron salir de aquel envoltorio que los tenía aprisionados para volar en lo alto de los cielos.
Ella era una mariposa Morfo Azul, compartía el color de ojos que tenía en su antigua vida y sus bordes eran de un hermoso negro
Y él una mariposa Monarca, de líneas negras con puntitos blancos en sus extremos y con alas del mismo color que sus antiguos orbes carmines.
Se observaron mutuamente. Ya se habían reconocido. ¿Cómo olvidar aquellos matices en donde siempre se perdían?
— ¿China? – se comunicó Sougo con ella por medio de sus antenitas porque, obvio, las mariposas no hablan.
— ¿Sádico? ¿Ahora eres una mariposa? Te ves mucho más femenino que antes-aru – le decía burlesca – ¿Puedes mover tus alas como toda una niñita?
— Cállate, China. Ese acento de mierda no se te quitó ni reencarnando.
— ¡¿Qué dijiste, bastardo?! Mira que aún puedo golpearte con mis seis patas. – Kagura estaba completamente enojada y revoloteaba por el mismo sector una y otra vez demostrando lo cabreada que estaba. – A ti tampoco se te quitó esa actitud de mierda ni siquiera siendo mariposa-aru.
Sougo se posó sobre un árbol ya que no estaba acostumbrado a volar y decidió descansar por un rato. Nunca pensó que sus alas podrían cansarse. ¿En serio era tan difícil ser una mariposa?
— La actitud viene con el alma, China. Discúlpame por no ser la mariposa perfecta, pero por lo menos cumplí mi promesa, ¿no? Nos volvemos a encontrar.
Kagura se acercó a él y se posó a su lado en el mismo árbol para descansar también sus azules alas.
— Aunque no esperaba que fuera así. Yo quería hacer travesuras como las que hacíamos antes y destruir todo con nuestras peleas-aru. ¿Cómo vamos a hacer eso con esta forma tan delicada? Aparte, vamos a durar solo una semana, ¿y luego qué? ¿Reencarnamos de nuevo-aru?
— No me preguntes a mí, China. Apenas pude volar por un rato. Esto cansa demasiado.
— ¡Eres más débil que una maldita mariposa-aru! – una venita se había hinchado en su pequeña cabecita de mariposa mientras trataba de golpearlo con una de sus patas delanteras.
— ¡Pero si soy una mariposa! ¡¿Cómo puedo ser más débil que una?! – le decía mientras se protegía de los golpes de Kagura.
— ¡También me pregunto lo mismo! ¡¿Cómo mierda puedes ser más débil que una mariposa?! Maldito insecto.
— ¿Ahora te crees Vegeta? También eres un insecto por si aún no te has dado cuenta, China.
La pequeña mariposa azul se mantuvo en silencio un rato. Efectivamente su acompañante le había hecho un jaque mate.
— ¿Qué hacen las mariposas-aru? – preguntó dudosa para encontrar una manera de divertirse en aquella semana de transacción a sus nuevas y diferentes vidas.
— Volar, posarse en las flores… Cosas aburridas de mariposas. – contestó Sougo sin ánimos ni ganas, hubiera preferido reencarnar en gato o en perro, por lo menos ellos podían hacer travesuras y dormir todo lo que quisieran.
— Sádico… – se notaba que algo estaba pasando por la mente de Kagura. – ¿Gin-chan habrá reencarnado ya? – Sougo se quedó observándola comprendiendo a lo que quería llegar, fue entonces que sonrió sádicamente.
— Me pregunto si Hijikata-san habrá reencarnado también…
Se miraron maliciosamente comprendiendo lo que en realidad trataban de decir.
Comenzaron a mover sus alas y emprendieron su vuelo en búsqueda de esas dos personas a las que seguramente molestarían.
Edo había cambiado desde la última vez que lo habían visto.
Las calles estaban pavimentadas y tranvías pasaban por ellas. La gente se veía diferente. Salvo por algunas personas, la mayoría usaba trajes elegantes y andaban en carretas tiradas por caballos.
Los amantos habían abandonado Japón y con ello, los avances tecnológicos se habían ido. Todo estaba tomando su propio curso y los humanos comenzaron a crear cosas a base del conocimiento que esos alienígenas les habían dejado.
— Es como si en vez de avanzar, la Tierra hubiera retrocedido-aru – decía la mariposa azul mientras observaba todo a su alrededor.
Pudo divisar un periódico a lo lejos para saber en qué lugar y año estaban. Los dos se sorprendieron al ver la fecha.
— ¿Tokio, 14 de agosto de 1919? ¿De verdad han pasado tantos años? … Espera, ¿ya no es Edo? ¿En qué momento la ciudad cambió de nombre? – preguntaba Sougo mientras seguía observando aquel periódico.
— ¿Qué se yo? Estábamos muertos-aru. Es como si hubiéramos viajado en el tiempo y hubiera muchos vacíos argumentales, como en FCA.
— Ponte seria, China. No rompas la cuarta pared. – una patita se posaba en su cabeza en plan de "facepalm" – busquemos a Hijikata-san y al Danna, seguramente ya reencarnaron.
Emprendieron nuevamente su vuelo por las calles de Tokio mientras observaban a la gente y varias caras conocidas se les hacían presentes. Al parecer varios de sus antiguos amigos ya habían reencarnado, sin embargo, tenían aspecto de niños.
Fue entonces que se encontraron al fin con la primera de sus presas: Sakata Gintoki.
Se veía normal, parecía tener unos 8 años y vestía un trajecito bien cuidado y planchado. Absolutamente no tenía la cara de ser alguien pobre como lo era en su otra vida.
— Gin-chan es un niño-aru. Y parece un niño consentido. ¿Qué clase de peinado es ese-aru? Es como si trataran de bajarle la permanente natural a la fuerza. – decía Kagura al ver como el cabello de Gintoki estaba perfectamente arreglado y trataba de mantenerse liso arriba de su cabeza.
— No te preocupes de su cabello, China. Mira donde vive. – le indicó Sougo al notar la gran mansión al estilo japonés donde el peliplateado vivía. – ¿Acaso sus padres son narcotraficantes?
Las dos mariposas se acercaron al pequeño Gin y se dieron cuenta de que estaba tomando tranquilamente un poco de la leche de fresa que tanto le gustaba. Al parecer los gustos nunca cambian.
Fue entonces que el permanentado dejó el vaso donde tomaba leche reposando un rato en la mesa para ir por unos segundos adentro de la casa a buscar algo.
Se miraron mutuamente y formaron una divertida sonrisa en sus rostros para así acercarse al vaso de leche de fresa.
Con la fuerza de los dos, lograron botarla haciendo que se derramara por el suelo y en cuanto Gintoki volvió, su rostro palideció y su peinado se desarmó.
— ¡NOOOOOOOOOOOO, MI LECHE DE FRESA! ¡VIEJO GENGAI, MI LECHE DE FRESA! – gritaba colerizado, como si hubiera ocurrido la peor de las desgracias.
— Cálmate Ginoji, puedo traerte otra. – El viejo Gengai había entrado en escena de manera tranquila.
— ¡Es que no entiendes, viejo! ¡Esa leche era especial…! Era… era… ¡La primera del día!
Sougo y Kagura no pudieron evitar reír al ver como el niño no para de gritar y de tomar con fuerza sus cabellos. Entonces, Gin los vio.
Los observó un rato, estaban revoloteando sobre su leche de fresa como si nada, y por unos segundos, su pequeño cerebro de niño pudo unir todo.
— ¡Fueron las mariposas! – gritó, señalando a esas revoloteadoras.
— Ginoji, creo que esa leche de fresa estaba caducada.
— ¡No miento, viejo! ¡Fueron las mariposas, míralas, como revolotean sobre la leche! ¡Malditas, se creen inocentes, pero en realidad son un par de mariposas sádicas y malévolas!
Gengai se le quedó mirando con cara de póker y tomó al pequeño Gin por el cuello de su camisa para arrastrarlo nuevamente hasta la casa y así alejarlo de la escena del crimen.
— Creo que es mucha leche de fresa por hoy. – le dijo tranquilamente mientras seguía arrastrándolo.
— ¡Noo! ¡Déjame ir, viejo! ¡Te digo la verdad, fueron las mariposas! ¡FUERON LAS MARIPOSAAAAS! – Y escuchaban como la voz de Gin se iba perdiendo por la lejanía que estaba tomando.
Sougo y Kagura estaban contentos, por lo menos habían podido fastidiar aunque sea un poco a Gintoki.
Emprendieron nuevamente su vuelo en busca de Hijikata. No les costó mucho encontrarlo, sin embargo, las condiciones en las que el pelinegro vivía eran diferentes a las del peliplateado.
Su casa era humilde, como las típicas de Japón, y al lado de esta, había una verdulería.
— Toushi, no juegues mucho afuera, recuerda que tienes que venir a desayunar. – decía una voz maternal mientras veía al pequeño niño de unos 7 años jugar con unos envases de mayonesa creando así una especie de castillo.
— ¡Sí, mami! – le dijo feliz a la vez que seguía acomodando esos envases.
— Es igual de pequeño que Gin-chan. – Kagura lo observaba a lo lejos y veía el entusiasmo que salía desde su cara de niño al jugar.
Los dos se acercaron a Toushiro y comenzaron a observar el castillo que estaba haciendo. Era increíble lo que podía hacer con meros envases de mayonesa.
Sougo se posó sobre uno de los sectores del castillo al ver que no estaba muy firme y con un poco de fuerza, derrumbó aquella construcción.
— ¡AAAAAHHH! ¡MI CASTILLO! – gritaba el niño con flequillo en "V".
Kagura se posó al otro lado de este y también lo derrumbó junto con la mayonesa que el pelinegro estaba comiendo.
— ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHH! ¡MI MAYONESAAAAAAAAAAAAAAAAA! – gritaba entre sorprendido y enojado, llamando así la atención de su madre.
— ¡¿Qué ocurre, Toushi?! – llegó a toda velocidad aquella señora de cabellos negros y ojos azules como su hijo.
— ¡Las mariposas derrumbaron mi castillo, mami! – estaba sollozando y sus ojos se cristalizaban mientras se los refregaba con las manos para evitar que las lágrimas cayeran. – ¡También botaron mi mayonesa! ¡Waaaaaah! – lloraba a mares y sus mejillas se enrojecían por el llanto.
Sougo y Kagura lo observaban divertidos y reían a carcajadas. Menos mal que solo podían escucharse entre ellos.
— ¡Nunca pensé que Hijikata sería todo un bebé llorón! ¡JA, JA, JA! – Las carcajadas de Sougo eran tales que una pequeña lagrimita se asomaba por la esquina de su ojo.
— ¡Mami, mami! ¡Sálvame, las mariposas me invaden-aru! – decía burlesca Kagura para tomarse la panza con sus patas y comenzar a reír de nuevo. Pobre Toushiro.
La madre de Hijikata lo tomó en sus brazos y le acarició la cabeza con compasión mientras una gota de sudor se asomaba por su frente.
— Por eso te dije que no comieras tanta mayonesa después del desayuno… Mi pobre hijo, ¡Su cerebro será consumido por esa cosa amarilla! – la mujer sollozaba a la vez que abrazaba fuertemente al niño.
— ¡Que no es culpa de la mayonesa, mami! ¡Esas mariposas en verdad me estaban molestando! – gritaba el pequeño mientras intentaba zafarse de su madre.
— Ya… ya… – le daba una palmaditas en la espalda para entrarlo a la casa. – Lo que tú digas, hijo.
— ¡FUERON LAS MARIPOSAAAAAAAS!
Toushiro ya había entrado a la casa y esas revoltosas mariposas estaban felices por hacer sus travesuras sin que nadie sospechara de ellas.
Salieron de aquella casa para conocer un poco más del nuevo "Edo", ahora llamado Tokio.
Se habían dado cuenta de que muchas cosas habían cambiado y que los avances tecnológicos estaban tomando su propio y natural curso.
También se dieron cuenta de otras cosas que simplemente nunca hubieran esperado y es que, por las tantas calles de Tokio, pudieron divisar a dos mujeres las cuales en sus antiguas vidas se habían ido de sus lados cuando solo eran unos jóvenes.
— ¿Mami…? – Kagura había visto a esa hermosa mujer de cabellos bermellón y ojos turquesa en una tienda de hermosas flores. Estaba radiante y joven y podía notarse que en su vientre se esperaba la llegada de alguien. La mariposa azul se había emocionado de verla y sentía como unas pequeñas lagrimitas salían de sus ojos.
— Por fin puedo conocer a tu madre, China. – le interrumpió Sougo en un tono ameno mientras se acercaba a ella. – Una vez leí que las mariposas estamos en este mundo para cuidar de nuestros seres queridos.
— Sádico…
— No te preocupes, China. Está bien. Debes extrañarla mucho, además, yo también encontré a mi ser querido. – Tomó una leve pausa y continuó – ¿Sabes, Kagura? Siempre quise que conocieras a mi hermana. – la pequeña mariposa carmín le había señalado a una pequeña niña de unos 6 años, de cabello castaño y ojos de un hermoso escarlata, quien iba de la mano con una mujer con las mismas características que la infante y con una panza igual de grande que la de Kouka. – A Mitsuba le hubiera gustado conocerte. – Se mantuvo un rato en silencio y continuó – Además, sería una linda forma de agradecer la lluvia de pétalos de cerezo que nos regalaron en nuestra boda.
El sosiego gobernaba el ambiente mientras volaban en el aire, comprendiendo lo que debían hacer en esos momentos.
— Siempre pensé que podríamos estar juntos durante nuestra reencarnación, Sougo…
— El destino es unión, Kagura. Nos vamos a volver a encontrar, inclusive después de estas vidas. Quizás no recordemos nada de lo que hemos hecho hasta ahora, pero… – de un momento a otro se observaron mutuamente y lo que veían ya no eran sus cuerpos de mariposa, sino su forma humana, un tanto transparente y armoniosa, como si sus almas hubieran salido a la luz. Él con la apariencia que tenía a los 18, de cabellos castaños y ojos carmín, y ella con la edad de 14, con bermellones mechones y azules orbes. – Volveremos a estar juntos.
La bermellón mantenía sus ojos llorosos y dibujó una hermosa sonrisa en su rostro, confirmando que aquello era una promesa, que el hilo rojo los unía y que no importaba cómo, siempre se iban a reencontrar en todas sus vidas.
Sus apariencias volvieron a tomar las formas de unas mariposas y cada uno tomó su camino.
Kagura cuidaría de Kouka, y Sougo de Mitsuba.
OoO
Las promesas se cumplen y la unión existe.
Puede que ellos no se hubieran reconocido o ya no se acordaran de sus antiguas vidas, pero el destino los había unido nuevamente cuando Sougo la vio por primera vez en aquella visita a la mansión Yato y se había enamorado de la chica de cabellos bermellón y ojos azules a primera vista un 3 de noviembre de 1937.
"Sus orbes azules cual profundo mar, sus labios rosados con un deje de brillo. Sus mejillas sonrosadas, su piel tan blanca como la nieve y sus ojos grandes y penetrantes… No había visto en su vida tanta belleza parecida a la de las muñecas de porcelana".
Y es que Kagura también había sentido una inexplicable conexión en cuanto vio a ese joven de cabellera castaña y ojos carmín, quien acompañaba a su pretendiente el mismo día en el que ella había cumplido los 14 años.
Con solo haber visto ese nerviosismo que él sentía frente a su presencia, había llamado de sobremanera la atención de la más joven de los Yato.
Aquel hilo rojo los mantenía unidos, de formas variadas e impenetrables.
Bien~~ espero que les haya gustado.
La última parte del fic está relacionado con mi fanfic Us, para el que no lo haya leído o no captó la referencia (?), así que si les da curiosidad, pueden ir a leerlo :3 (when te haces autopublicidad... bien hecho, Musume, bien hecho).
¡Nos leemos!
