Extensión: 830 palabras
Pareja: Misa x Matsuda
Categoría: K
Género: Amistad
Summary: Misa está devastada por la muerte de Light, Matsuda la encuentra en el cementerio y decide consolarla.
Serenidad
Observó su respirar. Era sereno, pero no de aquella serenidad que a él se le antojaba como buena. Era pausado, anormal. Era triste.
-Misa- susurró separando las sílabas.
Los nervios se apoderaban de él. ¿Hacía cuanto tiempo que había dejado de saber de ella? ¿Un año? ¿Más?, los días habían pasado de forma eterna desde que el caso de Kira había llegado a su final y Misa había anunciado su retiro del mundo del espectáculo y la moda.
La creyó olvidada, muerta. Sin embargo ahora estaba frente a él, adornando el deprimente lugar con su imponente presencia. Por un largo rato la escuchó conversar sola, dirigiendo la mirada únicamente a la lápida que emergía del piso y se coronaba con una cruz grisácea y mugrienta. No parecía percatarse de que realmente hubiera algo o alguien más a su alrededor, mucho menos él.
-Ha venido aquí cada día desde hace mucho y no hace nada más que hablar- recitaba en su mente recordando las palabras exactas de quien cuidara aquella sección del cementerio- pobre chiquilla, debió ser alguien muy importante para ella
Él se mordió el labio inferior con ligereza dudando de si lo que pensaba hacer era lo correcto y, tras tomar una bocanada de aire, se dio valor. Colocó una mano en uno de los delgados y desnudos hombros de la chica rubia y la giró con sutileza.
-Misa-Misa- volvió a susurrar, esta vez con más ternura- ¿Me recuerdas?
El hombre echó un vistazo rápido en la espera de la respuesta, era casi como la recordaba. Tan hermosa, tan femenina. Hecha de fina porcelana y cubierta por una horrible pero costosa tela negra que no alcanzaba a cubrir del todo su perfecta figura de mujer y que dejaban a la vista las cicatrices de abundantes cortadas en longitudes variables. Pudo reconocer a simple vista que sus brazos también eran más delgados y su cara había perdido color.
Ella continuó hablando por un par de segundos hasta percatarse que aquello que observaba con más tristeza que fascinación había desaparecido.
Subió la vista.
Y al instante ella frunció el ceño de forma tan agresiva como nunca antes en su corta vida. Su presencia angelical no existía más. Su sonrisa había desaparecido y el brillo de sus ojos se había apagado. Parecía perdida, frágil, ignorante de la dimensión y el mundo en el que vivía.
Se parecía a L.
-Misa…- repitió con un deje de preocupación en su tono, inclinándose a ella como si se preparara a escuchar la explicación más fantástica del planeta- ¿Qué has hecho?... Misa…
Ella giró la cabeza hacia la derecha, concentrándose ahora sí en el camino de concreto que la había llevado a ese lugar horas antes. Por un par de minutos reinó el silencio.
-Se fue, Matsuda- logró emitir con razonamiento- me quedé sola de nuevo
Un nudo en la garganta se creó inmediatamente en el policía. Había olvidado la delicadeza que los demás investigadores habían decidido tener con ella, más para protegerla de la verdad, que por protegerlo a él del odio de la modelo.
Él siguió sin responder. Esperó por largos segundos creyendo que las lágrimas caerían en cualquier momento llevándose consigo el imperfecto maquillaje en los rasgos de Amane, pero no sucedió. Sus ojos parecían secos y habían dejado en su lugar una mirada vacía y carente de vida.
Una risa queda y no intencional rompió el silencio. Ella sonreía mostrando sus dientes superiores, pero cubriendo sus ojos con hebras de oro. Matsuda abrió la boca para emitir alguna palabra, pero la cerró casi al instante en que se dio cuenta que aquello que había comenzado como risa devenía en lágrimas.
Ella se dejó caer. En pocos segundos sus sollozos se convirtieron en un llanto tan brutal, que su compañero creyó la terminaría por destruir internamente.
-¡Se fue, se fue!- golpeó el piso con sus puños, quería sangrarlos, terminar de desgraciarse sus muy heridas manos. Gruñó jalando su propio cabello, rasguñando su cuero cabelludo, bajando sus uñas por su demacrado rostro.
Ella gritó lastimando su ya ronca garganta, sacando todo dolor que llevaba guardado únicamente para sí y, aún sin palabras ni respuestas, Touta se hincó sobre su rodilla diestra y la jaló a él uniendo sus cuerpos en un protector abrazo que a ella le provocó un Déjà Vu.
-Pero yo estaré contigo, Misa- Rezó mientras apoyaba sus labios con suavidad sobre la frente de la rubia. Ella guardó silencio por un rato, quizás más por falta de energía que por querer hacerlo.
En sus brazos sintió a Light por un momento…
Y luego lo sintió a él, hundiendo sus caricias en su sedosa cabellera rubia. Transmitiéndole un sentimiento que reconoció legítimo.
Ya no estaría sola.
Misa cerró los ojos cediendo al cansancio excesivo de su cuerpo, logrando una sonrisa antes de quedar dormida en el regazo de su antiguo representante.
Él observó su respirar. Era sereno, pero no de aquella serenidad que él había considerado mala. Era pausado, normal. Era pacífico.
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Gracias por leer.
-Saga/KandraK
