Extensión: 1,000 palabras exactas.
Pareja: LxWedy
Categoría: K+ / T
Género: ¿Romance?
Summary: L va en busca de Wedy para pedirle que trabaje con él. Ella parece no considerar que el olor del cigarro no es del todo agradable para el olfato del detective.
Sabor a chocolate
La alarma de su celular le anunciaba un nuevo día. A las afueras, el tráfico no tan lejano evidenciaba la triste rutina para las personas comunes y corrientes que vivían día a día con la esperanza de poder mantener una familia de una forma más o menos decente.
Merrie Kenwood se desperezó bajo sus sábanas, no hacía más de 3 horas había culminado con uno de sus mejores trabajos en su carrera y sentía que merecía un descanso, pero sabía a la perfección que todo el escándalo no pararía sólo con que ella lo exigiera.
Resignada, se sentó en la orilla de su cama y sin tallar sus ojos se levantó con dirección a la puerta corrediza que daba al balcón de su habitación, llevándose consigo la caja de cigarrillos que había dejado en su buró antes de dormir.
El viento de la mañana golpeó su rostro y la totalidad de su cuerpo se erizó. Se recargó en la barda y encendió uno de sus tabacos exhalando su humo casi al instante. Tras repetir el proceso unas cuantas veces más, se deshizo del humo restante en su boca y no reparó en dejar caer la colilla del tabaco a la calle. Qué más daba. Aquel hábito se había vuelto una necesidad de tal forma que ya casi no lo disfrutaba.
Chasqueó la lengua y se giró decidida a volver a su cama a dormir un poco más, pero al hacerlo pudo percatarse de algo: No estaba sola.
Había alguien más en su habitación, ahí, sentado en el sofá junto a una lámpara de metro y medio de altura. Un ligero escalofrió recorrió su cuerpo. ¿Cómo era posible que alguien entrara en su intimidad?... sintió impotencia, y más aún cuando, después de todo, reconoció la silueta a la perfección.
Flacucho, encorvado, cabello desordenado, escondido detrás de una hoja de periódico que colgaba de entre cuatro de sus dedos.
-Fue un trabajo muy limpio el que hiciste esta madrugada. –Dejó caer el periódico a la alfombra del lugar y sacó un chocolate de las bolsas de su pantalón- Un robo a la sede principal de la cadena de telefonía más grande, ¿no?
-¿Se puede saber qué haces aquí y como entraste?- preguntó con leve furia ignorando la pregunta de su visitante
-No eres la única persona que sabe ser sigilosa
Ella hizo una mueca de molestia involuntaria, aquel hombre no se dignaba siquiera a verla a los ojos sino que observaba su chocolate con detenimiento. Ella sabía a la perfección que L solía ser un hombre escurridizo e impredecible, pero nunca antes se había atrevido a salir de sus escondites para tratar asuntos con ella –o con cualquier otro- en persona.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí?-
-Haces muchas preguntas, Wedy
-Ryuuzaki-insistió, cruzándose de brazos, clavando una fría mirada de sus orbes color olivo
-Lo suficiente para saber que hablas dormida
La ladrona sólo desvió la mirada. Aquel sujeto había respondido a dos de sus tres preguntas y aunque la curiosidad era mucha, prefirió por permanecer callada y esperar. El detective terminaría diciéndole el objeto de su visita tarde o temprano. Luego, optó por encender un cigarrillo más sin importar que su habitación se llenara de humo y cenizas.
Elle mordió su chocolate y se dedicó a observar la escena. Wedy vestía solamente un diminuto short de pijama en color rojo a cuadros, que acentuaba sus caderas y sus tonificadas piernas; y un top de tirantes en color negro que dejaba ver una marcada silueta S y unas muy pronunciadas clavículas. El pelinegro podía asegurar, exagerando un poco, que su rubia cabellera suelta cubría más piel que la ropa que portaba.
La ladrona regresó la mirada ante la nula respuesta y lo miró subir uno de sus pulgares hasta sus labios y morderlo con suavidad mientras sus orbes ónix seguían el perímetro de sus curvas de mujer. Una indescriptible sensación se apoderó de su cuerpo. Por un lado, le agradaba saberse observada, pero por otro, la fría mirada sin vida del detective le provocaba incomodidad. Él no era ni de broma su prototipo de hombre.
-Hace unos meses me involucré en el caso de Kira, el asesino que mata a criminales con ataques al corazón-comenzó a hablar- Necesito de tus habilidades para que mi equipo y yo podamos, principalmente, infiltrarnos en una corporación de la que sospechamos
-¿Una corporación? –sonrió de lado, los trabajos grandes le gustaban y el hecho de pensar en una gran empresa significaría buenos sistemas de seguridad. Luego se le antojó ser sarcástica- Para que el gran y todopoderoso L viniera a buscarme en persona, debe ser algo muy importante
-Para haberme involucrado en ello, lo es
-¿De cuánto estamos hablando? -La mujer examinó la alfombra y jugó un momento con ella moviendo los dedos de sus pies descalzos. Quería una cifra, una buena.
Cuando subió la mirada, pudo observar los ojos casi negros de su espía a pocos milímetros de los suyos. Ella intentó alejarse en un involuntario acto de sorpresa, pero antes de hacerlo pudo sentir los labios de Ryuuzaki presionando los suyos con suavidad, batallando para poder introducir su lengua en su boca. Ella cedió casi por inercia, creyendo que la situación era cada vez más extraña. Se sentía como una colegiala que recibía un beso de un completo inexperto.
Intentó seguir el beso de una forma más decente, enseñarlo a besar, pero algo se lo impidió. Él había introducido algo en su boca. Era dulce, sólido… era chocolate.
Ella lo miró con confusión y un deje de asco en su rostro.
-Tu olor a cigarro al hablar es simplemente desagradable
Luego Ryuuzaki volvió al lugar que ocupaba momentos antes dejando a una Wedy completamente indignada, hundida en sus pensamientos. La golosina comenzaba a derretirse con el calor de su lengua y ella permanecía exigiendo una explicación sólo con la mirada.
-Quiero que te infiltres en el Grupo Yotsuba, ¿lo conoces? abarca desde la industria pesada hasta el desarrollo de recursos…
Merrie Kenwood escuchaba solamente murmullos inentendibles.
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-Saga/KandraK.
Dedicado a Nicole, mi esposa ficticia, porque la he comenzado a querer mucho y a considerarla una amiga, aunque esté lejos.
